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La memoria de la Otra Europa

Caso Papus (I) Xavier Casals: Entrevista a David Fernández Castro

Caso Papus (I) Xavier Casals: Entrevista a  David Fernández Castro

A LAS 11.40 HORAS DEL 20 DE SEPTIEMBRE DE 1977 un atentado cometido con explosivos contra la redacción de la revista de humor y sátira El Papus, en la calle Tallers de Barcelona, causó la muerte del conserje; heridas muy graves a la telefonista y heridas menores a cerca de quince personas, así como graves destrozos en el local. La agresión fue reivindicada por teléfono por la llamada Triple A [Alianza Apostólica Anticomunista]  y fue uno de los episodios terroristas más sangrientos de la transición democrática en Cataluña que hasta hoy no ha sido objeto de estudio. Como ya anunciamos en este blog, se inició el rodaje de un documental que ahora ya está concluido.

Titulado El Papus, anatomia de un atemptat, se hizo un pase previo en la sede del Memorial Democràtic en Barcelona el pasado 1 de octubre al final del cual hubo un intercambio dialéctico entre el ultraderechista Alberto Royuela- entrevistado en la cinta- y dibujantes de la extinta revista. Lo que más sorprendió del reportaje es que al cabo de 33 años sigan inaccesibles archivos policiales y de la diputación. De ello hablamos con su director, David Fernández Castro. 

¿Por qué decidió investigar el atentado contra la revista El Papus 33 años después?
Todo empieza con un recuerdo infantil. Yo tenía 8 años cuando estalló la bomba y mi padre estaba dentro de la redacción conjunta que tenía El Papus y la revista El Cuervo, de la que era redactor jefe. Mi padre habla poco del asunto y siempre me picó la curiosidad. Creo que la generación de los hijos de los que hicieron la Transición, ahora en la cuarentena, nos empezamos a hacer preguntas…
 
¿Cuáles han sido los principales obstáculos para su labor documental?
Nos hemos encontrado obstáculos de todo tipo. En primer lugar las víctimas directas: la telefonista que todavía hoy arrastra secuelas, no se veía con fuerzas para rememorar los hechos. Los hijos de Juan Peñalver, la víctima mortal, no quisieron ni oír hablar del documental. Desde la Asociación de víctimas me comentaron que era normal, que muchas familias que los sufrieron en aquella época consideran que se las ignoró del todo. El antiguo director de la revista y la única persona de la acusación que queda con vida tampoco quisieron hacer declaraciones. 
Siguiendo con los problemas, uno muy desagradable, fue que el actual propietario del local de El Papus, un arquitecto de renombre en la ciudad que hace bares de diseño, nos pidió más de 4.000 euros por filmar ahí. Finalmente, el más sorprendente de todos fue la negativa de la policía nacional a dejarme acceder a su documentación sobre el caso. Ante mi insistencia se limitaron a contestarme que “no tenían por que darme explicaciones sobre su política de comunicación”. Otro caso diferente fue el de la Delegación del Gobierno que custodia la documentación del antiguo Gobierno Civil. Ahí, inicialmente, no me negaron nada, simplemente llegó un momento en que se limitaron a no contestar mis llamadas ni mis correos electrónicos. A eso creo que en derecho se le llama “silencio administrativo”. También he de decir que la Sala Segunda de la Audiencia Nacional me dio todas las facilidades para acceder a la voluminosa causa del proceso judicial. Menos mal, les estoy muy agradecido, de otra manera no se cómo podría haber argumentado todo el guión del documental.

¿Ha podido concluir quienes fueron los autores de aquel acto terrorista?
Todo el caso Papus es un  tema muy oscuro. Parte de un grave problema inicial y es la deficiente investigación policial. Al no llegar a ninguna conclusión fue absolutamente imposible probar nada por parte de la acusación. De todas formas, tras haber consultado la causa y haberme entrevistado con gente del entorno de este suceso, en mi opinión, creo que los condenados tuvieron algún grado de implicación, pero también que hubo gente más “importante” a la que no se la molestó. 
 
¿El caso Papus es un acto excepcional en el marco de la Transición o un reflejo de la violencia que caracterizó el proceso?
Los que crecimos en la Transición se nos educó en la tesis de que fue un proceso modélico y de gran madurez por parte de ambos bandos. Personalmente coincido con esta idea, pero parece que no se puede cuestionar nada. No hay que tener miedo en revisar la historiografía oficial y, como he dicho antes, los de mi generación, con el paso del tiempo, nos damos cuenta de que también hubo unos “años de plomo” en el que mucha gente se quedó por el camino. Y no me refiero sólo a violencia, que menos que poder enterrar tus muertos. Quizás la justicia es la gran reforma pendiente de este país.

Fuente

Caso Papus (II) Infokrisis: Una entrevista ...

Caso Papus (II) Infokrisis: Una entrevista ...

Infokrisis. A instancias de Helena S.T., respondo a unas preguntas sobre el atentado que tuvo lugar en Barcelona en septiembre de 1976, el llamado "Caso Papus". A pesar del tiempo transcurrido, 34 años, va siendo hora de recuperar la memoria histórica de hechos que están cerca nuestro y que se han cerrado de manera excesivamente apresurada. Me resulta imposible olvidar que tras este caso, hay la vida de una persona modesta y unos cuantos militantes que quizás hubieran merecido ir a la cárcel por otros delitos, pero no desde luego, por el "Caso Papus". He juzgado oportuno reproducir en infokrisis estas declaraciones textualmente.


- ¿Qué significó el atentado de El Papus más allá de los heridos y la víctima mortal... Qué significado y qué repercusión tuvo?

- Supuso un extraordinario impacto especialmente en la ciudad de Barcelona porque demostró que había gente que estaba dispuesta a matar a no importa quien por sus presuntas ideas políticas. Fue el atentado simétrico al atentado atribuido a gente de la CNT que mató a cuatro personas en el local Scala el 4 de enero de 1978. Ambos atentados -y otros muchos más similares que se cometieron en la época- tuvieron como consecuencia el aislamiento de los extremistas de derechas y de izquierdas.   

- ¿Cómo fue la actuación policial? ¿Se actuó con diligencia o con simbolismos? ¿Usted cree que las personas que se señalaron como culpables realmente lo eran?

- El grupo policial encargado de investigar aquella operación trabajó interviniendo los teléfonos habituales de los ultras más conocidos en la época en BCN, deteniendo finalmente a un grupo de activistas que hubiera podido detener muchos meses antes por otros atentados (incendio de una barraca de mendigos, artefactos explosivos en la librería PPC y en la Sala Villarroel, asalto con un herido grave en la sede del PSC de calle Canuda, y un largo etc.).

Toda la extrema-derecha de Barcelona (sólo en Fuerza Nueva había varios comisarios afiliados) sabía perfectamente quién había cometido esos atentados (concretamente tras los disparos en la sede del PSC, algunos de los asaltantes corrieron inmediatamente a refugiarse en el local de Fuerza Nueva -situado en esos momentos a menos de 100 metros de distancia en la misma calle Canuda delante del Ateneo y explicaron lo que acababa de ocurrir).

Sin embargo este grupo formado en torno a Juan Bosch, no fue detenido hasta el atentado al Papus. Eran los culpables perfectos: si habían cometido todas las agresiones y atentados anteriores... también podían haber cometido el del Papus. Hacía falta decir, que ese grupo estaba compuesto por confidentes habituales de la policía e individuos que vendían informaciones (habitualmente falsas) a Interviu y a otros medios de prensa (de hecho, fueron detenidos en la sala de espera de El Diario de Barcelona, cuando intentaban vender informaciones sobre un fantasioso atentado contra Tarradellas. Uno de estos elementos -Isidro Carmona-, unas semanas antes, se había atribuido en nombre de una inexistente "Alianza Apostólica Anticomunista" la desaparición de Eduardo Moreno Bergareche (a) "Pertur"...).

No, no creo que el grupo detenido cometiera ese atentado. La policía presionó simplemente un poco a los detenidos para que uno de ellos realizara una confesión en la que fallaba lo esencial: ¿quién había llevado personalmente la bomba? Era cierto que ese grupo había recibido unos cartuchos de dinamita por parte de Juan Gómez-Benet (ex-lugarteniendo de la Guardia de Franco en Lérida). Pero esos cartuchos -según me confesó la persona que lo había recibido, Juan Bosch Tapies- estaban exhudados, no servían absolutamente para nada. Y lo que es más curioso: Gómez-Benet había dado cartuchos inservibles... pero no había dado los detonadores. El tal Bosch, para colmo, se movió para buscar detonadores en Barcelona... y, entre otros, se los pidió a conocidos confidentes y colaboradores de la policía. El atentado escapaba a las posibilidades reales de este pequeño grupo activista.

En definitiva: los detenidos y procesados podían haber sido acusados de cualquier delito, pero no del Caso Papus. Como suele ocurrir en estos casos, resultaron detenidos los "culpables perfectos". Para alcanzar esa categoría, además hace falta no tener posibilidades de defenderse, ni saber hacerlo. Los acusados del atentado (no la docena y pico de detenidos en el primer momento) era gente muy joven, sin experiencia política, algunos completamente alocados, otros con tendencia a la violencia visceral, con mentalidad infantil, alguno con la inteligencia muy limitada (en un caso, incluso, este elemento fue alegado por la defensa en el juicio), otros susceptibles de ser manipulados por cualquiera. En fin, gente incapaz de planificar un atentado, en la medida en que, caractereológicamente, era gente visceral, capaz de cometer cualquier barbaridad instantánea, pero sin planificación.

En resumen: tengo la convicción moral de que el asesinato de Juan Peñalver Sandoval sigue impune.

En el momento en que se publicó la sentencia, nadie se preguntó ni cuál era el autor material, ni el autor intelectual, ni de dónde habían sacado detonantes los condenados, ni siquiera de dónde habían salido los explosivos (si a los detenidos se les ocupó el mismo número de cartuchos de dinamita que los que habían bajado de Lérida en el vehículo de Rico Cros -otros de los condenados- de dónde habían salido los explosivos....) simplemente eran culpables (y, desde luego, lo eran de muchos atentados y agresiones) y se evitó reconocer los agujeros negros de la sentencia.

Por cierto: al ser detenidos, los abogados de cubrieron la defensa en los primeros meses -de origen falangista- tuvieron un curioso comportamiento: en lugar de explotar la debilidad de las pruebas aportadas por la policía, convinieron en pedir la aplicación de la amnistía de junio de 1977. Si no recuerdo mal, el atentado al Papus, se produjo en septiembre de 1977... Lo más curioso del asunto es que uno de estos abogados, volvería a defender a los detenidos por el Comado Barcelona de los GAL. En lugar de aportar como defensa, en esa ocasión, que los detenidos habían sido instigados por policías con nombres y apellidos... solicitó la puesta en libertad por "actuar por motivos patrióticos". Argumentos en ambos casos que ningún tribunal regular hubiera considerado. Decididamente, con demasiada frecuencia los abogados defensores son los peores enemigos de los detenidos. En el caso de este abogado, no sorprenderá que su nombre constaba en la Jefatura Superior de Policía de Barcelona como confidente del IVº Grupo de la Brigada de Información, como mínimo hasta 1986.

-    ¿Cómo cambió la actuación policial hacia los grupos de la ultra derecha a raíz del atentado?

- No cambio. Fue la misma. La policía barcelonesa, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, en general, nunca colaboró con la extrema-derecha... a pesar de que algunos de sus dirigentes tuvieran un origen falangista (por ejemplo, el coronel Apestegui que dirigió la Policía Armada durante un período y algunos más), pero como militares que eran les habían dado la orden de mantener el orden y esto iba también dirigido contra la ultraderecha. La policía antes y después del Caso Papus intervenía teléfonos de ultras, leía su correspondencia, mantenía confidentes y seguimientos. Solamente en algunos casos de falangistas vinculados a la Guardia de Franco, existía cierta ósmosis con los medios policiales. Quienes estaban fuera de esos círculos no gozaron del favor policial.

- ¿Cómo afectó el atentado a los grupos de la ultraderecha?

- A los grupos no les afectó directamente; siguieron realizando sus actividades habituales como si nada hubiera ocurrido. Solamente el Frente Nacional de la Juventud decidió realizar una campaña de solidaridad con los detenidos con la consigna: "Libertad Caso Papus - Son inocentes". Esta campaña dio fama al FNJ de activista y, a partir de aquí, tuvo un crecimiento importante en los 18 meses que siguieron.

De todas formas, globalmente, el atentado fue uno de los que contribuyeron a aislar políticamente a la extrema-derecha. Otros atentados similares (la matanza de Atocha) contribuyeron a lo mismo. Pero, cabría añadir, que aunque el atentado no se hubiera producido, la extrema-derecha tendía en la época a autoaislarse y no comprendía la transición que estaba en marcha, sin olvidar que los pactos de la transición imponían el aislamiento político de ese sector.

En el interior de la extrema-derecha hubo sospechas sobre los autores del atentado, pero en general, ni Fuerza Nueva, ni Falange Española, ni El Alcazar, se preocuparon del tema y pensaron siempre que no les afectaba. Algunos tuvimos la sensación de que estaba ocurriendo "algo" de lo que solo años después tuvimos conciencia de qué era: alguien estaba cometiendo atentados firmados por la extrema-derecha y por la extrema-izquierda para aislar a estas opciones y reforzar el centro político. Así se hizo la transición.

No es que una sociedad democrática aislara a los extremistas, sino que el aislamiento de los extremos políticos (que no terroristas) mediante provocaciones, facilitó que la sociedad transitara hacia el centro político. Hubo en torno a 200 muertos en la transición. Varias decenas de ellos iban incluidos en el "paquete" de provocaciones. Hubieran podido evitarse.

No estoy muy seguro ahora mismo de si el asesinato de Juan Peñalvert Sandoval entra dentro de este "paquete", lo que sí sé es que la policía no hizo lo suficiente para llegar al fondo de la cuestión y evitó por todos los medios investigar otros atentados con explosivos que en aquella misma época se cometieron, sin ir más lejos, en Valencia. A partir de aquí sólo puedo especular.


Quedaría, finalmente, por explicar mi posición personal. Nunca fui interrogado por el Caso Papus. Era lo normal: simplemente no tenía nada que ver. En aquella época (1977), yo estaba muy vinculado a elementos italianos de Avanguardia Nazionale y conocía muy bien que en Italia, prácticamente desde la postguerra, se habían utilizado atentados provocadores contra la extrema-derecha y contra la extrema-izquierda, según conveniencias políticas. Conocía a algunos de los detenidos y sabía perfectamente que no estaban en condiciones de planificar un atentado como el del Papus. Por algún motivo siempre he tolerado mal el que se acuse a alguien de crímenes que no ha cometido. La gracia (o la desgracia...) estriba en que años después, yo mismo sería acusado de un crimen similar (con resultado de cuatro muertes) cometido por un terrorista palestino en París (el atentado contra la Sinagoga de París de la rue Copernic) en 1980. La diferencia estriba en que, en Francia desde el principio, la policía sabía mi completa extrañeidad al atentado (el culpable fue detenido finalmente en el verano de 2008...). De ahí que este tipo de casos siga teniéndolos a flor de piel y conozca lo que supone que te acusen de crímenes que no has cometido.

(c) Helena S.T.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - http://infokrisis.blogia.com - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Hemeroteca: Rebuscando en la mierda para encontrar respuestas

Hemeroteca: Rebuscando en la mierda para encontrar respuestas

Siete testigos declaran que Baniandrés denunció la desaparición de 5.000 documentos policiales.

Recurso del ex jefe de la Brigada de Interior contra un expediente de la dirección.

Siete testigos -tres periodistas y cuatro policías- declararon ayer ante la Sala IV de la Audiencia Territorial de Madrid sobre el expediente abierto por el director general de la Policía, Rafael del Río, al ex jefe de la Brigada de Interior Mariano Baniandrés por unas declaraciones a la Prensa sobre la desaparición de más de 5.000 informes de la mencionada dependencia policial en las vísperas de la llegada del equipo socialista al Ministerio del Interior.

Todos los testigos reconocieron que Baniandrés informó a sus superiores de dicha irregularidad al hacerse cargo de la Brigada en enero de 1983, en contra de la postura de Rafael del Río, que le abrió expediente por falta grave y Je sancionó con cinco días de haber. Los periodistas que declararon ayer en la prueba testifical de la defensa fueron Santiago Aroca, de la revista Tiempo, y Antonio Peiré, de Radio Nacional de España, así como los policías Félix Alonso, José Luis López Esteban, Mariano Briones y José Antonio Rodríguez. Carlos Yárnoz, del diario EL PAIS, declaró el pasado viernes.El director general de la Policía, Rafael del Río., abrió un expediente por falta grave al ex jefe de la Brigada Interior Mariano Baniandrés, por no haber informado regularmente a sus superiores de la desaparición de los 5.000 expedientes. Baniandrés ya aclaró que informó de lo ocurrido nada más llegar a la Brigada en enero de 1983-y tomar acta de los documentos que faltaban y estaban inscritos en libro de registro.

Baniandrés, acompañado de otros policías, informó en aquellas fechas a Del Río que tales afirmaciones recogidas por la Prensa eran falsas y le aclaró que si la Dirección General de la Policía no rectificaba dichas informaciones tendría que hacerlo él personalmente. Al no rectificarse estas afirmaciones por la dirección, Baniandrés realizó unas declaraciones públicas desmintiendo que no hubiera informado, a tiempo de la desaparición de los documentos, hecho por el que Del Río le abrió este expediente por falta grave ahora recurrido.

Se da la circunstancia de que los dos policías que devolvieron 2.000 expedientes de los 5.000 que desaparecieron de la Brigada, bastante tiempo después de que fuera denunciado el hecho por Baniandrés, fueron absueltos de cualquier culpa.

Entre los documentos sustraídos de la Brigada se encontraban numerosos informes confidenciales sobre el frustrado golpe de Estado del 23-F y sobre actividades involucionistas dirigidas por militares y grupos ultraderechistas civiles.

El País

La Brigada Antigolpe, formada en su mayoría por hombres de ’Billy el Niño’

 La mayoría de los funcionarios que componen la Brigada Antigolpe procede del grupo anti-GRAPO, que dirigía durante la época franquista, en la Brigada Central de Información (BCI), Juan Antonio González Pacheco, más conocido por Billy el Niño, antes de que éste fuera depurado de los servicios de información de la policía por el comisario Manuel Ballesteros. El actual segundo jefe de esta brigada, Manuel Sandoval, fue durante largo tiempo jefe del grupo de estudiantes -grupo que se ocupaba de reprimir los movimientos universitarios-, quien también dejó de prestar sus servicios en la BCI para pasar a la Brigada Antigolpe, según sabe este periódico de fuentes policíales de toda solvencia.La Dirección General de la Policía hizo pública el pasado lunes una nota en relación con una información que sobre la Brigada Antigolpe publicó EL PAIS el día anterior, en la que expresaba "su más enérgica protesta por el calificativo de ’hombres de conocida ideología ultraderechista’" que se hacía de los miembros de esta brigada. Esta opinión fue recogida en medios policiales, y calificaciones similares han sido publicadas en más de una ocasión en revistas y periódicos.

El grupo anti-GRAPO que dirigía Billy el Niño estaba considerado, incluso en medios policiales, como uno de los más duros durante la época de la más fuerte represión franquista, y la relación de algunos de sus miembros -entre ellos, Baldomero- Araujo o los hermanos Reglero- con personas de la extrema derecha es bien conocida en medios periodísticos.

El propio jefe de la Brigada Antigolpe, Emilio Sánchez, cuando presentó al ministro del Interior la lista de los funcionarios que iban a componer la mencionada brigada, tuvo que explicarle a Juan José Rosón, sorprendido por las personas que había elegido, que había escogido a hombres de exacerbado pensamiento conservador porque así le resultaba más fácil infiltrarlos en los grupos de la extrema derecha y golpistas.

 Un hombre de Roberto Conesa

 Emilio Sánchez, hombre de confianza del director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína, de quien depende directamente la también llamada brigada del amanecer, se fraguó profesionalmente en torno al conocido ex comisario Roberto Conesa, hombre muy conocido también por la intensa actividad que desplegó en la policía franquista.

Asimismo, la nota de la Dirección General de la Policía precisaba que "no existe constancia del malestar de altos cargos policiales por las actuaciones de la Brigada Antigolpe", lo que no impide que altos cargos policiales hayan asegurado a EL PAIS que desconflaban de la operatividad y eficacia de esta brigada, que, a pesar de contar con importantes medios técnicos y humanos, no ha conseguido, desde su creación tras la intentona golpista del 23-F, procesar a civil alguno que estuviera implicado en las tramas golpistas ni, como es su cometido, interceptar cualquier movimiento involucionista como el recientemente descubierto, en el que la Brigada Antigolpe no intervino en ningún momento.

El País

La Guardia Civil entregó a la policia un informe falso que vincula al comisario Baniandrés con el narcotráfico

El instituto armado obtuvo a cambio pruebas contra un miembro del sindicato ilegal

La Guardia Civil de Guipúzcoa hizo llegar a dos policías un informe falso que vincula con el narcotráfico al comisario de Irún Mariano Baniandrés. El documento relaciona al antiguo responsable de la Brigada de Interior (antigolpe) con el contrabando y la apropiación de joyas y oro robados. A cambio, la Guardia Civil obtuvo de dos agentes expulsados del Sindicato Unificado de Policía (SUP) un vídeo que le sirvió para identificar a un miembro del sindicato ilegal del instituto armado.

Baniandrés protege a la propietaria de un bar de alterne de Irún dedicada al tráfico de cocaína y de oro y joyas robadas y recibe por sus servicios dinero y favores femeninos. Estas acusaciones están contenidas en los cuatro folios mecanografiados de que consta un informe supuestamente realizado por el Grupo Fiscal de la 513 comandancia (Guipúzcoa) de la Guardia Civil.El documento, que ha sido ofrecido por dos millones de pesetas a algún medio de comunicación, se suma a una campaña lanzada hace meses por un grupo de policías de conducta dudosa para desplazar de Irún a quien en el pasado representó ante el público a los sectores de convicciones democráticas de la policía. En cada una de las hojas aparece el sello oficial correspondiente, en tinta seca. El comisario ha declarado que todo el con tenido del documento es falso y ha anunciado que demandará a los responsables.

El informe está poder de la juez de primera instancia de Irún, Ruth Alonso, para unirlo a las diligencias abiertas a raíz de una denuncia de dos policías contra Baniandrés. Los denunciantes, José Antonio Atienza y Emilio Prado, lo recibieron del cabo primero de la Guardia Civil Segundo Morales Ojaos, ex miembro del Servicio de Información y actualmente destinado en el Grupo Fiscal del aeropuerto de Hondarribia (Guipúzcoa).

El Grupo Fiscal de la Guardia Civil suspendió las investigaciones a finales de febrero por orden superior, afirma el texto. El documento fue elaborado para dar cuenta del resultado de las pesquisas al Servicio de Información de la comandancia, al que se le entregó el 28 de febrero contra un recibo. Participaron en las indagaciones un teniente, con carné profesional 1.976.428, y cuatro números, con carnés profesionales 1.976.428, 29.342.287, 1.876.428 y 29.342.275.

Ninguno de estos códigos corresponde al documento nacional de identidad de miembros de la Guardia Civil, según ha confirmado el Ministerio del Interior. Los miembros del instituto armado, a diferencia de los del Cuerpo Nacional de Policía, carecen de un carné profesional con numeración distinta a la de su documentación personal y usan como identificativo el DNI.

El número de DNI citado para identificar al teniente corresponde en realidad a Nicolás Ángel Aguado, profesor nacido en Toledo y residente en Madrid. El segundo, a Félix Santos Real, nacido en 1901 y posiblemente fallecido. La última renovación de este documento se registró en octubre de 1964. El tercero, a Agustín Viva Freita, nacido en 1887 en Badajoz y con último domicilio conocido en Nerva (Huelva). El cuarto es un número sin asignar y el quinto pertenece a Piedad León, nacida en 1930 en Zalamea la Real (Huelva) y con domicilio en Nerva.

Los policías Atienza y Prado presentaron el informe falsificado a la juez de Irún el 19 de junio pasado, acompañado de un escrito donde relatan como llegó a sus manos. Los cuatro folios les fueron entregados por el cabo primero Morales en el automóvil de Atienza, en el aparcamiento público del aeropuerto de Hondarribia. Los policías dieron a cambio al cabo, que les había propuesto el "cambio de información", un vídeo grabado por ellos en la manifestación del Primero de Mayo de San Sebastián.

El vídeo contiene imágenes de dos encapuchados con una pancarta del ¡legal Sindicato Unificado de la Guardia Civil (SUGC). Once miembros del cuerpo están en la actualidad encarcelados en prisiones militares, acusados de sedición. Gracias a las imágenes del video fue identificado y detenido, según fuentes policiales, el guardia José Vega, aunque sólo permaneció unas horas "de advertencia" bajo arresto y luego fue trasladado desde Guipúzcoa a Cádiz.Atienza y Prado pertenecen al llamado SUP crítico, uno de los núcleos sindicales de la policía que más apoya al SUGC. Los dos policías habían presentado una denuncia contra Baniandrés por intento de asesinato de un subordinado y protección a un traficante de drogas, apodado El Negro. Los dos principales testigos aportados en la denuncia son los policías Félix Díaz Deive y José Carlos Revenga. El primero está suspendido de sus funciones por tráfico de drogas y el segundo por falsificación de un parte médico de baja. Díaz Deive no ha confirmado la acusación al ser citado a declarar por la juez.

El gobernador civil de Guipúzcoa, José María Gurrutxaga, ha declarado que todo el asunto está sujeto a investigación judicial y que iniciar ahora una investigación interna paralela sería "demasiado complejo". "Algo he oído", señaló, "pero he preguntado a la Guardia Civil y me ha dicho que no hay ningún informe de esa naaturaleza".

El Pais

 

Tuvieron todas las juventudes (I)

Tuvieron todas las juventudes ... (II)

Luis del Pino: (Apuntes para una crisis) Infiltrar, controlar, desactivar

Luis del Pino: (Apuntes para una crisis) Infiltrar, controlar, desactivar

 

¿Quién quema retratos de los Reyes?

La respuesta a esa pregunta es: ¿y qué más da? Lo que verdaderamente importa no es quién quema los retratos de los Reyes, sino quién paga a los que los queman. En otras palabras, la pregunta verdaderamente relevante es: ¿quién ha puesto en marcha esa campaña y qué objetivos espera conseguir?

Ya advertí en un artículo anterior que los Servicios del Estado tenían información puntual de lo que iba a ocurrir en Gerona, cuando se produjo la quema del primer retrato. A pesar de lo cual no se impidió. Para entender qué está pasando, y qué puede llegar a pasar, es necesario primero comprender algunos aspectos importantes del funcionamiento y objetivos de los Servicios del Estado españoles.

Permítanme que plantee la cuestión comenzando por una pregunta aparentemente irrelevante. ¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué no existe una extrema derecha en España? ¿Es que acaso la extrema derecha española está formada por personas con menor capacidad organizativa que en otros países o en otras partes del propio espectro político español?

La respuesta es que la extrema derecha no existe en España porque el Estado lleva treinta años dedicando una ingente cantidad de recursos a evitar que pueda llegar a existir. Los servicios de información de la Policía o del CNI han dispuesto de abundante personal específico y de los suficientes medios como para controlar todo lo que se movía a la derecha de Alianza Popular, primero, y del Partido Popular, después. Dentro de la Policía funcionaron, desde finales de los 70, la Brigada Antigolpe y la Brigada de Involución, brigadas en las que, por cierto, jugaron un papel relevante algunos de los mandos policiales cuyos nombres aparecen después en las investigaciones del 11-M. El CNI, por su parte, no escatimó esfuerzos para la infiltración en las extremas derechas de distinto pelaje que han pululado por el panorama político de nuestro país. Por decirlo de manera jocosa, si la extrema derecha no existe en España es porque cinco de cada cuatro afiliados a grupúsculos de extrema derecha trabajan para los propios Servicios del Estado.

Esa tarea de infiltración fue dirigida, desde el principio, a dos objetivos distintos: obtener información sobre los distintos grupos de extrema derecha y asegurar su no consolidación en un partido que pudiera tener una mínima posibilidad de representación parlamentaria. La manera de garantizar que no apareciera una opción electoral sólida de extrema derecha consistió en ir dinamitando desde dentro los grupos existentes, provocando una atomización que, en la práctica, equivale a dejar reducidas a la nada sus aspiraciones electorales. El caso más evidente es el de Falange, donde se indujeron desde fuera escisiones, escisiones de las escisiones y escisiones de las escisiones de las escisiones, hasta conseguir que existieran no menos de media docena de "Falanges" de distintas especies. Lo mismo ha sucedido con los partidos de corte neonazi o con los de orientación lepenista.

Dinamitar desde dentro cualquier grupo que represente una amenaza es sencillo. Cuanto más bunkerizada está una formación política, cuanto más radicales son sus planteamientos, cuanto más antisistema es su discurso, más sencillo resulta aprovechar las debilidades humanas para provocar enfrentamientos personales, luchas por el mando o discusiones puristas sobre los "principios" del partido. Ni siquiera hace falta, en realidad, aprovechar las debilidades de ese grupo que ha sido infiltrado: ¿qué impide, por ejemplo, que dos de tus agentes infiltrados se enzarcen en una lucha ficticia y la disfracen de enfrentamiento ideológico? Esa lucha ficticia, provocada ex-profeso por tus infiltrados, terminará inevitablemente contagiándose al resto del grupo, que no es consciente de estar siendo manipulado. El resultado final es, casi siempre, la desactivación del grupo.

Toda la panoplia de técnicas de infiltración y atomización de grupos potencialmente molestos es conocida y está estudiada, y se aplica tanto a formaciones políticas como, también, a grupos de carácter violento o con tentaciones terroristas. Y esas técnicas no sólo se han aplicado en España a la desarticulación de la extrema derecha. El mismo procedimiento se ha seguido, desde los Servicios del Estado, con todas las organizaciones situadas a la izquierda del PCE, primero, y de IU, después.

¿Es lícito que los Servicios del Estado dediquen sus esfuerzos a impedir que puedan consolidarse determinadas opciones políticas? La verdad es que se trata de una discusión interesante. Por un lado, muchos nos sentiríamos tentados de felicitarnos de que se inviertan recursos públicos en evitar el crecimiento de los extremismos. ¿A quién puede parecerle mal, por ejemplo, que se evite a cualquier precio que el nazismo pueda resurgir de sus cenizas?

El problema surge cuando esa labor de infiltración y control se extiende a otros ámbitos del espectro político o de los movimientos ciudadanos. No me consta (y por tanto no puedo afirmarlo) que los Servicios del Estado hayan dinamitado también, por ejemplo, los partidos de corte ecologista. Pero, si uno analiza el panorama actual de esos partidos dentro del espectro político español, resulta muy llamativa la proliferación de movimientos, muy al estilo de lo que sucede con Falange. La pregunta inevitable es: ¿esa proliferación de movimientos ecologistas es casual, o también ha sido inducida desde los Servicios del Estado para evitar la aparición de un partido ecologista fuerte?

Donde sí me consta que los Servicios del Estado han actuado de manera consciente es, por ejemplo, en el campo de las asociaciones de víctimas del terrorismo, donde se ha intentado aplicar exactamente las mismas técnicas de infiltración y control para desactivar la resistencia a la Hoja de Ruta puesta en marcha tras el 11-M. Aunque, en este caso, el fracaso de esa labor de neutralización de las víctimas ha sido clamoroso.

Y aquí es donde surge el dilema moral. Si la infiltración y desactivación de los movimientos de corte neonazi nos parece a todos un objetivo loable, ¿podemos decir lo mismo de la infiltración y desactivación de los partidos ecologistas o de las asociaciones de víctimas? ¿Qué sucede cuando los Servicios del Estado, en lugar de limitar su actividad de infiltración a los grupos potencialmente peligrosos, amplía el ámbito de su actuación y comienza a dinamitar cualquier tipo de partido, o de movimiento ciudadano, que represente un peligro para el poder de turno o para el simple statu quo?

Esa posible conversión de los Servicios del Estado en un instrumento de dominación social es la primera de las grandes preguntas que cabría plantearse con respecto al papel de esos Servicios del Estado en nuestro actual sistema democrático. En términos abstractos, cabría plantear esa pregunta de la forma siguiente: ¿están haciendo esos Servicios del Estado cosas que no deberían hacer en un régimen democrático?

Pero hay una segunda pregunta muchísimo más inquietante que ésa, y que enlaza directamente con las reflexiones que apuntaba al principio del artículo. En términos abstractos, la pregunta sería: ¿están dejando de hacer los Servicios del Estado otras cosas que sí deberían hacer? Dicho así, no suena muy inquietante, ¿verdad? Pero déjenme que les plantee la pregunta en términos más concretos:

Sabemos que los Servicios del Estado han invertido una ingente cantidad de recursos en desarticular esas potenciales amenazas al Estado llamadas "extrema derecha" y "extrema izquierda". ¿Podría alguien explicarnos, entonces, por qué no se ha invertido una cantidad de recursos similar en infiltrar, controlar y desactivar esas otras amenazas al Estado llamadas "nacionalismos radicales"?

¿Por qué los Servicios del Estado no han invertido sus esfuerzos en infiltrar, controlar y dinamitar, por ejemplo, los movimientos nacionalistas radicales en Galicia, en Cataluña o en el País Vasco? ¿De quién han partido las órdenes para desarticular a cualquier precio a la extrema derecha y a la extrema izquierda, al mismo tiempo que se "dejaba hacer" a organizaciones políticas cuya vocación declarada es la voladura de la Constitución y la ruptura de la Nación española? ¿Por qué se han dedicado los esfuerzos a dinamitar, por ejemplo, a la AVT, en lugar de a ERC?

La pregunta es todavía más inquietante cuando se constata que, en realidad, los Servicios del Estado sí que se han infiltrado desde hace treinta años en los movimientos nacionalistas radicales. Pero esa labor de infiltración no se ha dirigido a acabar con esos movimientos, sino justamente a lo contrario: a consolidarlos en una opción con posibilidades electorales. Dejando aparte el caso vasco, donde el fenómeno terrorista hace que la situación sea infinitamente más compleja, en Cataluña y en Galicia la labor de los Servicios del Estado ha ido dirigida, precisamente, a consolidar ERC y BNG como opciones nacionalistas radicales. En Cataluña, por ejemplo, se ha puesto especial cuidado en evitar que una dispersión del voto independentista radical diera al traste con las posibilidades electorales de ERC. En Galicia, donde el BNG está compuesto de una multiplicidad de grupúsculos que serían presa fácil de una operación de atomización bien diseñada, se ha intentado por todos los medios consolidar esos grupúsculos en un frente unificado que garantizara la obtención de representación parlamentaria.

Así que podemos replantear la pregunta anterior de una manera mucho más cruda: ¿Por qué los Servicios del Estado no sólo no han dinamitado, sino que han contribuido a mantener los nacionalismos radicales? ¿Para qué es útil, a quién sirve, el mantenimiento de la presión nacionalista? ¿Quién marca, en realidad, los objetivos de los Servicios del Estado? ¿Estamos seguros de que los Servicios del Estado trabajan realmente para el Estado?

Volvamos ahora a la cuestión que planteaba al principio y analicemos lo que está pasando en Cataluña, y en toda España, con la ofensiva contra la Corona. Esas quemas de imágenes de los Reyes no son algo improvisado. Se trata, por el contrario, de una campaña perfectamente orquestada y perfectamente temporizada.

Una campaña que dio comienzo con el inexplicable secuestro de la revista El Jueves, secuestro que dio publicidad a una viñeta que, de no ser por ello, nunca hubiera llegado a ser vista por un número significativo de personas. Campaña que ha continuado con la aprobación de mociones en favor de la III República por parte de PSOE e IU en diversos ayuntamientos. Campaña que tiene su plasmación gráfica más llamativa en esas quemas de retratos de los Reyes.

Decía al principio que la primera de las quemas, en Gerona, era conocida por los Servicios del Estado antes de que se produjera, a pesar de lo cual no se impidió. Permítanme que vaya un poco más lejos y que pregunte con toda la crudeza: ¿están participando colaboradores de los Servicios del Estado en la organización o implementación de esa campaña de quema de retratos? ¿Están participando en esas quemas, directa o indirectamente, algunas de las personas que trabajan para esos Servicios del Estado desde el ámbito de las organizaciones independentistas radicales catalanas? ¿Qué información tiene, por ejemplo, el CNI sobre los movimientos que han hecho posible esa campaña?

Si yo fuera el PP, solicitaría por vía parlamentaria que se remita a la Comisión de Secretos Oficiales toda la documentación que el CNI haya elaborado para analizar o informar de esos ataques contra la institución monárquica. Y creo que tampoco estaría de más que alguien iniciara las acciones judiciales oportunas para que quedara constancia de quién o quienes están permitiendo esas quemas. Por ejemplo, creo que sería muy interesante conocer cuál es la cadena de mando que permitió que la primera de las quemas se produjera en Gerona. Más que nada, para que cada cual tenga que hacer frente a sus responsabilidades cuando llegue el momento de pedirlas.

La pregunta que quedaría por responder es la siguiente: ¿qué objetivo se persigue con esa campaña de ataque contra la figura de los Reyes? En realidad, no es un único objetivo, sino varios. Entre otras cosas, pretenden disfrazar de ataque a la Monarquía lo que no es sino un asalto frontal, a bayoneta calada, tanto a la Nación como al edificio constitucional en que ésta se plasma. Pero responder en condiciones a esa pregunta nos llevaría muy lejos, así que dejaremos el análisis para un futuro artículo.

 

Fuente: Blog de Luis del Pino

Entrevista a Riccardo Marchi (Xavier Casals)

Entrevista a Riccardo Marchi (Xavier Casals)

 

Riccardo Marchi es historiador del Instituto de Ciências Sociais [ICS] de la Universidad de Lisboa que acaba de publicar dos interesantes estudios académicos sobre la extrema derecha portuguesa que recogen su evolución desde los años cuarenta hasta el fin del Estado Novo en 1974. Se trata de Folhas Ultras. As ideias da direita radical portuguesa (1939-1950) (ICS, Lisboa, 2009) e Impèrio, Nação , Revolução. As Direitas Radicais Portuguesas no fim do Estado Novo (1959-1974) (Texto, Alfragide, 2009). Sus aportaciones son interesantes, pues existe un notable vacío académico bibliográfico sobre este tema en el país vecino y permiten establecer unas primeras visiones comparativas entre la ultraderecha española y la lusitana.

De este modo, las tesis que sostienen sus trabajos (especialmente Impèrio) proyectan una evolución de la extrema derecha portuguesa similar a la española: constituye una suerte de aliada-enemiga de la dictadura; desaparece con el fin de la misma sin dejar una fuerza con representación permanente en el parlamento; presenta dos polos urbanos -Coimbra y Lisboa- de gran similitud con los de Barcelona y Madrid en España. Asimimo, dibuja una posición ambivalente del ultrapatriotismo portugués en relación al español: por una parte, el primero presenta cierta atracción por el segundo, visible en la seducción de las ideas falangistas entre medios lusos; por otra parte, predomina un recelo en este espectro ideológico ante las pretensiones unificadoras iberistas de la extrema derecha española.

Por todo ello nos ha parecido interesante entrevistar a Marchi. Agradecemos que haya accedido responder a nuestras preguntas, pues -como puede apreciarse- sus respuestas reflejan de modo sucinto sus tesis sobre la trayectoria que ha seguido la extrema derecha portuguesa desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el presente.

En Folhas Ultras alude a la existencia de un neofascismo portugués carente de fascismo nacional. ¿Qué significa esta tesis?

La tesis quiere aludir al hecho de que la derecha radical portuguesa posterior al fin de la Segunda Guerra Mundial no se ha reconocido en la experiencia del nacional-sindicalismo de Rolão Preto (1893-1977) de los años treinta, que se considera comúnmente como la expresión por excelencia del fascismo lusitano. Tampoco se identificó plenamente con la Revolución Nacional de Salazar iniciada en 1933. En el primer caso, los pocos intelectuales militantes de la posguerra consideraron el nacional-sindicalismo apenas una expresión folclórica, privada de consistencia doctrinaria y estéril en términos de legado político; esta crítica fue reforzada por la trayectoria antisalazarista y antifascista de Rolão Preto después de la Segunda Guerra Mundial.

En relación a Salazar, y a las principales fuerzas que lo sustentaron, los neofascistas portugueses siempre tuvieron una clara conciencia de que el dictador no era un agitador de masas, un duce o un revolucionario, sino mas bien un conservador o un contrarrevolucionario. En suma, era un personaje óptimo para regir un régimen autoritario, pero insuficiente para representar un fascismo nacional. Así, en el Portugal de la postguerra los heredes ideológico del fascismo tuvieron que mirar hacia fuera de su patria para encontrar referencias militantes y doctrinarias.

En Impèrio, Nação , Revolução alude a un nacionalismo radical sin pasado. ¿En qué sentido?

En los años sesenta una parte considerable de la juventud portuguesa se politiza y radicaliza en sentido nacionalista, como consecuencia principalmente del estallido de la guerra colonial de África, entre 1961 y 1974. Los militantes nacional-revolucionarios tienen entonces en su bagaje cultural a los teóricos radicales del Integralismo Lusitano -un movimiento tradicionalista, católico y monárquico- y algunos de ellos incluso intentan inspirarse en el nacional-sindicalismo -que sus antecesores de los años 40 y 50 rechazan- como una forma de diferenciarse del salazarismo y procurar una síntesis entre revolución, nacionalismo y justicia social, pero sin grandes consecuencias.

Una vez más, el nacionalismo radical portugués no encuentra su inspiración en la tradición nacional de preguerra. Busca modelos militantes e ideológicos del género de los squadristi o los camisas viejas y no los halla en su patria. Es sintomático que los grupos radicales portugueses más dinámicos desde el punto de vista militante elijan sus modelos en el marco del neofascismo francés e italiano y que los más heterodoxos desde el punto de vista ideológico encuentren más su inspiración en el falangismo joseantoniano y en el nacionalismo revolucionario y el tercerismo sudamericanos que en las experiencias autóctonas portuguesas. Para la ultraderecha de esta segunda postguerra no existe un fascismo nacional en el que se pueda reconocer y al que pueda vincular su pensamiento y su lucha.

¿La dictadura favoreció a la extrema derecha?

Si hablamos de la extrema derecha asociándola a los seguidores de Salazar -o sea de los contrarrevolucionarios- o, como se diría en España, de los adeptos del nacional-catolicismo, tal vez sí. Pues estos vieron garantizado su ideario como pilar del régimen durante cuarenta años y han conservado la centralidad de sus valores en la cultura oficial del país, a pesar de los cambios en la cultura política europea de las derechas.

Si entendemos como extrema derecha las corrientes nacional-revolucionarias y fascistas que veían en las revoluciones nacionales de los años veinte y treinta unos modelos para refundar la comunidad nacional, pienso que no. En este caso, la extrema derecha se ha acomodado a la sombra del régimen, se ha acostumbrado al paternalismo de Salazar, se ha contentado del conservadurismo del Estado Nuevo como el máximo de revolución posible en aquellas contingencias históricas. Ha perdido así la capacidad de renovar su pensamiento político, de elaborar nuevas síntesis, de representar una alternativa viable. Ha mantenido una posición de marginalidad impuesta por el régimen, como sus congéneres en otros países de Europa occidental, sin todavía disfrutar de la condición de ser una fuerza de oposición anti-sistema que permite a muchos de los camaradas que actúan en las democracias iniciar caminos y promover experiencias interesantes e innovadoras desde el punto de vista ideológico y de la acción política.

En sus estudios alude Coimbra y Lisboa como dos núcleos muy distintos de extrema derecha. ¿Qué papel tiene cada uno?

Bueno, hay una distinción casi ontológica entre las ciudades de Lisboa y Coimbra. Lisboa es identificada con la capital; con la proximidad al poder y a las instituciones; con la oficialidad de régimen. Coimbra, por el contrario, es el símbolo de la autonomía, principalmente intelectual, representada por una de las más antiguas universidades de Europa, por sus repúblicas de estudiantes (comunidades autogestionarias de universitarios), por su vida bohemia. Ello repercute en todos los medios sociales y políticos, incluso en la extrema derecha. Entre 1945 y 1974 (y tal vez antes), todas las iniciativas más arrojadas, las heterodoxias, las experimentaciones de la extrema derecha portuguesa se han producido y vivido en Coimbra mucho más que en Lisboa. Es lo mismo que ha pasado en España con el ambiente neofascista de Barcelona respecto al de Madrid.

¿Por qué la descolonización no favoreció el ascenso de la ultraderecha?

La descolonización no solo desfavorece el ascenso de la ultraderecha, sino que causa su desaparición física como actor político en el Portugal democrático. La razón es que la élite de la derecha radical más joven, más interesante e activa desde el punto de vista de la elaboración cultural e de la acción política surge en el Portugal de los años sesenta y setenta en torno al mito del imperio, de la defensa intransigente de una cierta idea de Portugal: la patria multirracial, pluricontinental, no solo europea, sino también africana y asiática al mismo tiempo: Portugal abarca desde el Minho (región del interior metropolitano) hasta Timór (en Insulíndia). Al concluir el proceso de descolonización en 1975 termina abruptamente esta concepción de Portugal, pues éste se reduce únicamente al territorio europeo. Desaparece así un elemento que ha influido el imaginario colectivo de las generaciones de los años sesenta radicalizándolas en el campo del nacionalismo imperial.

Mis actuales intereses de investigación se dirigen a percibir porque esta élite política radical no ha conseguido (o no ha querido) reelaborar un nuevo proyecto político acorde con la realidad postcolonial, manteniéndose en su tradición político-cultural. Fuera de esta élite, han existido partidos de la extrema derecha que se han mantenido activos después de la descolonización, pero pertenecen más a la tradición del nacional-catolicismo o del conservadurismo más vigoroso, que a la del nacionalismo revolucionario y del neofascismo. Igualmente, no han logrado conquistar la derecha sociológica portuguesa, que prefirió dirigir su voto útil a los partidos moderados de centroderecha, percibidos como garantes suficientes de políticas anticomunistas y anti-socialistas.

Por fin, los movimientos y partidos de la extrema derecha activos en Portugal en los últimos 25 años (por ejemplo el Partido Nacional Renovador) ya no tienen nada a ver con la tradición del nacionalismo radical portugués de cariz imperial, que -por el contrario- rechazan, sino más bien con el emerger en Europa de una ultraderecha anti-inmigración, identitaria y defensora del Welfare chauvinist o de un Estado del Bienestar para los autóctonos.

¿Por qué ha habido tan pocos contactos entre la ultraderecha española y la portuguesa?

Para explicar los pocos contactos, se pueden apuntar dos tipos de razones: unas de carácter histórico-cultural y otras más ligadas a las contingencias históricas de los años sesenta.

En el primer caso, debe señalarse que los nacionalistas portugueses siempre tuvieron una relación difícil con España, pues la han considerado una amenaza a la soberanía nacional, a la independencia. En este sentido, la restauración de la independencia en 1640 siempre ha tenido un lugar destacado en su imaginario colectivo y aún celebran hoy con manifestaciones el 1 de diciembre [de 1640] como día del orgullo nacional. Este sentimiento de desconfianza se ha visto consolidado por las aspiraciones de una unificación ibérica muchas veces explícita por parte de los ultranacionalistas españoles (incluyendo a la Falange).

En el segundo caso, el elemento más importante de estos “pocos contactos” ha sido sin duda la ausencia en España de la “cuestión colonial”, que llevó a los nacionalistas portugueses a sentirse mucho más solidarios y próximos al ultranacionalismo francés que combatía por Argelia. Esta comunión de lucha ha apretado los lazos luso-franceses mucho más que los luso-españoles.

A pesar de todo, la escasez de intercambios culturales y personales entre portugueses y españoles de Falange, SEU, etc., a lo largo de los años 50, 60 y 70, no ha impedido que las relaciones se volviesen más operativas durante la transición portuguesa, cuando los militantes de la extrema derecha portuguesa refugiados en Madrid se benefician de la ayuda y colaboración fundamental de los camaradas españoles en su acción contrarrevolucionaria.

Marchi ha abierto un blog donde recoge los comentarios de militantes o exmilitantes de extrema drecha y de los medios de comunicación sobre su libro: http://imperionacaorevolucao.blogspot.com/

Fuente

Memoria y olvido de Rafael Garcia Serrano

Memoria y olvido de Rafael Garcia Serrano

Lo conocí por otros escritos que me lo nombraban, y en el ardor de los dieciocho años lo busqué para leerlo. A mí es que los títulos siempre me han podido, y un heptasílabo tal, levemente aliterativo y sobradamente heroico como La fiel infantería, no podía sino atraerme.

Era bronca la novela, y escrita con la premura del hombre de acción que condesciende a hacer líneas que una detrás de otra componen un artículo, un libro. Pero tenía prosa y estilo vigorosos, algo que no quiso ver Antonio Muñoz Molina en una columna suya publicada en El País hace meses. De las muchas opiniones que sobre García Serrano se puedan emitir, ninguna que afirmase su tibieza podría sostenerse. De muchos hierros salen muchos yerros, y él participó mucho en el vivir y en las armas de su época. Tomó una bandera y luchó por ella, primero con el ahínco del joven enamorado, tiempo después con la fidelidad del adulto al amor de juventud. Violencia hubo, y refrendada por el autor de La fiel, pero también generosidad, ideal y altruismo.

Ya a su primer libro, Eugenio o proclamación de la primavera (1938), asoma su falangismo militante, que se hace tan omnipresente que asfixia a quien no comulgue con el movimiento político que fundara José Antonio Primo de Rivera (precisamente a él está dedicada la breve obra o novella). El rojo y el negro teñirán ya para siempre su prosa, que cuando no está claramente mediatizada por el mensaje político brilla como pocas: es apasionada y de una riqueza formidable, y al mismo tiempo sencilla, nada barroca, o al menos de un lujo nada versallesco. La de un joven que se estrenaba en la hombría y que, si no la sangre, sí tiene azul el corazón, y de ahí su tinta.

Yo no sé si por vallisoletano (allí nacieron las JONS), por culto o respondón ante unos y otros, Francisco Umbral es, desde presupuestos políticos opuestos, uno de los escritores españoles que mejor ha sabido ver qué cosa fue la Falange y quién José Antonio, al margen de la conversión de ambos en apoyaturas y símbolos del Régimen del 18 de Julio. Y Umbral ha tenido palabras elogiosas para nuestro escritor. García Serrano fue, como he dicho, una de las voces de la Falange, pero por muchos motivos diferente a otras con las que se podría comparar.

Más joven que Foxá, Sánchez Mazas y el propio José Antonio, no aportó nada al ideario o estilo del movimiento político en el que se encuadró a una edad demasiado escasa para ello. Pero luchó, sí, y fue herido en la contienda, y desde entonces ésta quedó como una fijación, sobre la que gravitaron el resto de sus años y muchas de sus innumerables páginas.

Por ejemplo, las de la ya citada La fiel infantería (1943), que obtuvo el Premio Nacional de Literatura (en aquel momento se llamaba Premio Nacional de Literatura José Antonio Primo de Rivera) y que fue inmediatamente secuestrada, según el autor “gracias a la denuncia del arzobispo primado de Toledo y a la pasión eclesial de Gabriel Arias Salgado”. De alguna forma, este hecho llevado a la categoría de emblema es el acta de defunción de lo que de nacionalsindicalista o revolucionario y juvenil tuviera el Régimen, y su sustitución por un modelo nacionalcatólico y ñoño. Eran también los días en que se desmantelaba la Divisón Azul. Para mí que en la cuenta del debe de García Serrano está el no haberse opuesto con mayor afán a esta conversión forzada. Pero lo que es indudable es que fue fiel a sus ideas hasta el final, y sin voces revolucionarias y de genuino patriotismo como la suya el Movimiento, con ese aluvión de recién llegados de la CEDA y otros cuerpos extraños, hubiese sido algo más como una derecha torpe, miope y timorata.

Tal vez por su procedencia navarra (nació en Pamplona el año de la revolución rusa), García Serrano no vio como un hecho antinatural la unificación de falangistas y requetés en ese engendro híbrido —mulo que tiraba del carro triunfal de Franco— que fue Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Camaradas suyos evolucionaron: Ridruejo se hizo socialdemócrata, Foxá escéptico y gordo, a Sánchez Mazas se le fue yendo la combatividad con las nostalgias de sus Pedritos de Andía y Tarines. Sólo él quedó apegado a ese verano perpetuo de 1936, mas con una particularidad que lo ennoblece: como el púgil que se parte la cara y al sonar la campana abraza al contrincante, siempre estuvo más cerca del enemigo corajudo que del espectador que se apoltrona en su almohadilla y todo lo más apuesta.

Publicó mucho: Plaza del Castillo, Los ojos perdidos, Diccionario para un macuto... y tantos y tantos títulos que aquí se omiten. En los últimos años redobló sus esfuerzos en el artículo y llevó su “Dietario personal” a las páginas de El Alcázar. Escribía muy bien —nadie de ese periódico le llegaba al final de sus días a la altura del zapato, con excepción de Vintila Horia, otro olvidado—, y yo alternaba su lectura con el hojeo del “rojo” y efímero diario Liberación.

Tantos años después sigue siendo víctima de otra censura, esta vez tácita (no tanto por razones políticas como por el adocenamiento del público). Hoy echo en falta una reedición de sus escritos menos circunstanciales. Era orgulloso y combativo, y, aunque yo creo que a él se le daría una higa, por placer, por egoísmo, alguien debería plantearse antologarlo.

 

Antonio Rivero Taravillo


Publicado: en La mirada, 121 (El Correo de Andalucía, 23-5-97)