Victor Ricardo Azuaje: Cantos al amanecer
Pincha en la imagen para descargarlo. Enlace a la web del autor
Pincha en la imagen para descargarlo. Enlace a la web del autor
Hace unos treinta años atrás, aproximadamente, el estudio del nacionalismo no era considerado corno un tema historiográfico. En general, en el mundo no hubo interés hasta fines de los sesenta. En Chile, sólo desde fines de los setenta se ha considerado un tema de interés para la historiografía chilena, producto del quiebre del sistema democrático ocurrido en nuestro país en dicho período.
El nacionalismo en Chile durante el siglo XIX fue un mecanismo, utilizado por la elite dirigente, para lograr la integración nacional, el cual se fue afianzando en la sociedad más como un sentimiento que una doctrina política.
Sin embargo, a partir del siglo XX, surgió una corriente de pensamiento nacionalista expresada en ensayos, revistas, grupos políticos y periódicos. A partir de esta nueva corriente, comenzaron a desarrollarse diversas propuestas que dieron un contenido político a las ideas nacionalistas, transformándolas en una ideología.
La ideología nacionalista implica, aparte de una actitud o un sentimiento, una propuesta política, económica y social que responde a una tradición política, cultural y nacional.
Las hipótesis a trabajar son las siguientes: en primer lugar, los distintos grupos que han adherido a la ideología nacionalista chilena se han caracterizado por su constante presencia, fortalecimiento y relevancia política en períodos de crisis, a pesar de lo cual han sido marginales en períodos normales de la vida política nacional; y en segundo lugar, resaltar que existen varios matices de diferencia entre el nacionalismo puro y las variantes de los movimientos fascistas.
La presente investigación nos permite rastrear la influencia que ejercieron entre si los diferentes grupos nacionalistas chilenos del siglo XX, y desde ahí evaluar la relevancia de estos grupos a lo largo de nuestra historia. Finalmente, nos permitirá analizar el proceso de polarización y sobre-ideologización que caracterizó el período a partir de 1960 y que introdujo a la violencia como forma de hacer política.
La metodología usada para recopilar el material y organizarlo se compone de revisiones bibliográficas, acceso a Internet y otros estudios hechos sobre el tema. Se incluyen anexos al final del trabajo como una forma de apoyo para el análisis y como temas suplementarios.
La ausencia de análisis sobre este tipo de grupos se vincula a la reticencia de la historiografía chilena de tratar temas recientes por considerar que existe poca objetividad, debido a que sus protagonistas están vivos (por ejemplo, en el caso de Patria y Libertad), lo que implicaría una carga afectiva que no permitiría su estudio histórico, puesto que evidentemente existen discrepancias en el imaginario social y en la memoria histórica.
Un segundo elemento a considerar es la dificultad de encontrar material bibliográfico sobre el nacionalismo en el período que comprende nuestros últimos años, debido a la relativa poca notoriedad que alcanzó en este tiempo y, por lo tanto, a un cierto poco interés de los estudiosos por estudiar un fenómeno que no siempre tuvo repercusión en la vida nacional.
No obstante lo anterior, se han podido encontrar alusiones sobre el tema, las cuales pasaremos a detallar a continuación.
Período 1924 — 1973
Durante los años veinte aparecieron grupos nacionalistas, tales como la T.E.A. o “Trabajo, Entusiasmo y Abnegación” (Quema y Alumbra), conformado por oficiales conservadores, a la cabeza de Ladislao Errázuriz, quien atacó la desintegración moral de los que rodeaban a Arturo Alessandri.
Otros grupos nacionalistas de esta década fueron el Partido Popular Corporativo (1926), la Vanguardia Nacionalista de Empleados y Obreros (1927) y el Comité Central Nacionalista (1927); todos los cuales vieron a Ibáñez como el único capaz de dar orden y autoridad a la nación (1).
Las nuevas alternativas ideológicas, como el fascismo, tuvieron fuerte impacto en el nacionalismo chileno. Este fue subyugado por los principios de jerarquía, la “tercera alternativa”, frente al liberalismo y al marxismo: el Estado corporativo, la violencia como herramienta de lucha política, el liderazgo carismático, entre otros.
El grupo más importante de esta década en materia nacionalista fue el Movimiento Nacional Socialista de Chile (MNS), liderado por Jorge González Von Marées y Carlos Keller Rueff, surgido el 5 de abril de 1932.
Este presentó un discurso antiliberal y anticomunista como una respuesta ante la crisis política institucional que para ellos se venía arrastrando desde el siglo pasado. El MNS partió de la base de que Chile atravesaba por la crisis política, social y moral más grave de su historia, causada por la degeneración del ideal democrático, la incapacidad de los viejos partidos políticos para adaptarse a las nuevas necesidades sociales y económicas del siglo y el egoísmo individual y colectivo (2).
Rescataron, por consiguiente, la concepción portaliana del Estado fuerte y autoritario que controlara las actividades de la nación y las dirigiera en pro de su beneficio. Era por esto que el Estado “debe hacer lo que desea y debe hacer sin necesidad de esperar las demandas, reclamos y protestas de opinión pública” (3).
En relación a la organización del Estado, al igual que el fascismo europeo, planteaban suprimir los partidos políticos, lo que refleja el ideal de Estado unipartidista, donde las Corporaciones pasarían a ser los únicos órganos de representación de la población.
Durante el año 1938, el MNS comenzó a desintegrarse, desembocando en los trágicos sucesos del 5 de septiembre del mismo año con la llamada “Matanza del Seguro Obrero”. De este grupo se desprendieron dos agrupaciones de corte nacionalista: la Vanguardia Popular Socialista, que mantuvo como líder a Jorge González Von Marées y que siguió la línea política de éste, y el Partido Nacional Fascista, dirigido por Raúl Olivares y Osvaldo Gatica.
Este último grupo se separó de la VPS, pues para ellos Jorge González von Mareés había dejado de ser el “Jefe”, alejándose de los principios originarios que inspiraron al nacismo.
(N.d.E.) Debe también señalarse que Carlos Keller Rueff, segundo Jefe del MNS y director de la Revista Acción Chilena, rechazó el viraje ideológico de Jorge González y su apoyo a la “lucha de clases”; permaneciendo invariable en la línea histórica del MNS, que se mantuvo como tal hasta 1942. En 1941, Keller hizo entrega de la dirección de la Revista Acción Chilena a Roberto Vega Blanlot. Adicionalmente, Carlos Keller -hasta su muerte- jamás renunció a los ideales que había defendido el Movimiento Nacional Socialista Chileno).
El Partido Nacional Fascista tomó todos los planteamientos del fascismo europeo y, a diferencia del MNS, reconoció abiertamente su vinculación con los movimientos surgidos en italia, Alemania y España. Esto obedeció fundamentalmente al éxito del fascismo en el período, y la llegada del Frente Popular al poder, a fines de 1938 (4), trasladando el conflicto fascismo v/s comunismo, aunque no mecánicamente, a la realidad nacional.
Cabe destacar que, a pesar de la derrota sufrida por los nacistas el 5 de septiembre de 1938, el triunfo del Frente Popular reorganizó y fortaleció a nuevos grupos nacionalistas, pues percibieron a este gobierno como una amenaza para la nación dada la presencia de socialistas y comunistas en la coalición.
La debilidad de las autoridades frente populistas en los primeros años abrió la posibilidad de una conspiración golpista, el “Ariostazo”, levantamiento militar que desconoció la autoridad constituida y pretendió derrocar el gobierno.
Inspirados en los principios que motivaron este complot, surgió en 1940 el “Movimiento Nacionalista de Chile” (MNCH), encabezado por Guillermo Izquierdo Araya y el general “golpista” Ariosto Herrera. Al igual que grupos nacionalistas anteriores, su propuesta partió de la evaluación de una decadencia nacional, planteando que Chile se encontraba en el momento más critico de su historia producto de la acción de partidos políticos que se entregaban a sus intereses particulares y postergaban los problemas nacionales. De este modo, criticaron la democracia liberal. Como sistema político más adecuado propusieron la instauración de un Estado Nacional Corporativo, basado en una democracia funcional (5).
Si bien el MNCH tenía influencias fascistas, defendió constantemente su carácter nacional, recalcando su vinculación con el Ejército a través del general Ariosto Herrera. Esta situación permitió un acercamiento con la derecha tradicional, que se encontraba debilitada y por ello necesitaba apoyo electoral para lograr escaños en el Congreso. No obstante, el reacomodo de este sector político a partir de 1941, disminuyó la polarización reinante desde 1938. Esto significó para los grupos nacionalistas quedar en una posición de marginalidad al no contar con el apoyo del único tronco que podría haberlos fortalecido (6).
Es así que estos grupos van a desaparecer hacia 1942, al fusionarse todos en la “Unión Nacionalista”, cuyo Jefe máximo fue Juan Gómez Millas. Este grupo rechazaba tanto al liberalismo como al socialismo, manteniendo la propuesta corporativa (7). En resumen, todos estos grupos de tendencia nacionalista, que optaron por la línea pro-totalitaria fascistoide, desconocieron por completo la llegada del Frente Popular al gobierno y lucharon por su destitución y la destrucción del orden democrático liberal (8) que había permitido el ascenso de esta coalición al poder.
La situación mundial de post-guerra, el auge del comunismo en Chile y el desgaste partidario, entre otros factores, tensionaron el sistema político de tal manera que terminaron por revitalizar los planteamientos básicos del pensamiento nacionalista chileno. La sensación de amenaza y el miedo frente al comunismo fortalecieron su rechazo a la izquierda, aglutinándose en torno a la bandera del anticomunismo. Este proceso se materializó en el surgimiento de varias organizaciones que se plantearon en abierta oposición a estas ideas y dispuestas a impedir que ellas se desarrollaran aún más en nuestro país, sentimiento al que también se unió la derecha tradicional.
Entre esos grupos se puede mencionar a “Acción por Chile”, “Acción Chilena Anticomunista” (ACHA) y al grupo “Estanquero”, todos formados durante el último gobierno radical (1946-1952). A todos ellos los unió sentir el avance comunista como algo concreto al cual había que combatir.
Es así como el ACHA se planteó en una abierta oposición al Partido Comunista, llegando incluso a la violencia, decididos a anular o excluir a los comunistas de la vida política. Este grupo contaba con varias tendencias en su interior, cumpliendo un rol instrumental en la consecución de un objetivo de corto plazo; de este modo sus fundadores, “solidarios de un mismo sentimiento patriótico, sin distinción de clases ni de credos políticos y religiosos se agruparon en defensa de la nacionalidad amenazada por la acción desquiciadora del comunismo entronizado en el gobierno”
Pero quienes, en cierta medida, aportaron algo más que puro anticomunismo, fueron los Estanqueros, encabezados por Jorge Prat Echaurren. En sus inicios, el tópico principal de esta organización fue la reacción anticomunista, pero en una oposición inserta en una crítica global al sistema democrático de partidos, lo que reveló el típico sentido antipartidario del nacionalismo chileno, organizaciones a las que se les asociaba la cobardía y la falta de principios (9). Por ello su accionar estuvo destinado a excluir de la actividad política al Partido Comunista, lo cual se logró con la dictación de la Ley de Defensa de la Democracia.
Para los Estanqueros, el problema por el que atravesaba el país era la pérdida de ambición histórica y la ausencia de conciencia de un destino común compartido con el mundo iberoamericano. Debido a esto, se reforzó la tendencia autoritaria del nacionalismo, recreando el legado portaliano y apoyando tendencias iberoamericanistas. En materia de proyecto político, hicieron hincapié en la necesidad de constituir una nueva conciencia nacional, consubstancial a un nuevo tipo de política, de carácter auténticamente nacional, asociado a la figura y obra de Portales.
En general, en el pensamiento Estanquero se dio una mezcla de elementos nacionalistas tradicionales, reconocidos por un sentimiento de miedo subyacente. La posibilidad de salvación nacional, la situaba en el rescate de los valores espirituales y en las tradiciones nacionales, junto, por supuesto, al logro de un gobierno que fuera reflejo de ese ideario.
El contexto histórico nacional fue propicio para convocar adeptos a estos ideales, por cuanto la sociedad se encontraba cansada y escéptica del orden político del modelo económico desarrollista aplicado y del clima de desorden social. En síntesis, el contexto histórico de la post-guerra fue un aliciente para el pensamiento nacionalista en peligro de desaparecer tras la caída de los totalitarismos fascistas. La nueva polarización del mundo obligó al nacionalismo chileno a replantearse en términos ideológicos, moderando algunas propuestas e incorporando nuevos protagonistas al proyecto de salvación nacional.
La candidatura presidencial de Carlos Ibáñez del Campo canalizó dichos sentimientos y posibilitó el acercamiento del nacionalismo, por primera vez, al poder. El Partido Agrario Laborista (PAL) fue fundado el 15 de Diciembre de 1945, siendo el principal sostén de la campaña ibañista. A él confluyeron tres corrientes fundadoras: el Partido Agrario (creado entre fines de 1931 y principios de 1932), el cual proporcionó un grupo de parlamentarios con fuerte apoyo en la Araucanía. Se consideraban la voz de las provincias y específicamente del sur, fustigando duramente el centralismo santiaguino y a su extensión, la burocracia radical (10).
Otro sector era la Alianza Popular Libertadora, ibañista, de tendencia corporativista y con una marcada añoranza del estado portaliano. El tercer grupo eran elementos dispersos del Movimiento Nacional Socialista (MNS), los cuales propugnaban el corporativismo y la exclusión de los partidos políticos.
El Agrario Laborismo fue un “movimiento de ruptura” con la política “doctrinaria” de los partidos históricos, lo cual le valió el rechazo de la derecha tradicional. Tal como dejó de manifiesto el candidato presidencial derechista en 1952, quien hizo esfuerzos permanentes por señalar sus diferencias con Ibáñez, el que era denunciado como conspirador dictatorial. Entre otros aspectos el Partido Agrario Laborista, se proponía la construcción de una estructura política nueva, verdaderamente nacional, provista de autoridad y eficiencia, alentadora de la natural solidaridad entre los chilenos, llamada a reemplazar una pseudo-democracia carcomida por el partidismo político y dañada irreparablemente por los efectos atomizadores de las corrientes político ideológicas.
La heterogeneidad de fuerzas y grupos políticos que formaban la agrupación provocó un permanente proceso de discusión programática en su interior, al definirse como fuerza de tercera posición entre el liberalismo y el marxismo, se desgastaron paulatinamente. Ya en 1957 los resultados electorales de las parlamentarias habían mostrado una recuperación de los principales partidos afectados por los terremotos de 1952 y 1953 y por un debilitamiento de los partidos del régimen.
La formación del Partido Demócrata Cristiano en 1957, se convirtió en un verdadero problema electoral para el PAL, el cual terminó absorbiendo su base de apoyo. Por lo demás, es preciso advertir que ambos partidos asumían determinadas actitudes en comunidad de perspectivas (la crítica del partidismo, cierta impronta corporativista, su ambiguo programa socioeconómico, etc.). A su vez influía una percepción anárquica de la realidad nacional y un diagnóstico fragmentado e incluso contradictorio en su interior. Es así que el PAL y sus variantes terminarían, pues, como simple extensión de la plataforma presidencial de Eduardo Frei Montalva, integrándose como uno de los tantos afluentes al PDC, sin condiciones (11).
El nacionalismo -que se había agrupado bajo la bandera del Ibañismo-, resultó debilitado al concluir el período de gobierno, ya que el PAL había albergado en su seno a personalidades de distinto origen y formación y que en los años siguientes siguieron participando en la política chilena desde las posiciones más diversas y contradictorias (12). De este modo, la heterogeneidad del grupo se reflejó en la crisis del gobierno.
Otro grupo, representante del nacionalismo doctrinal y radicalizado, fue el Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista (MRNS), fundado el 5 de agosto de 1952. Existía desde 1947 bajo el nombre de Movimiento Nacional Sindicalista.
Como consecuencia de la candidatura de Ibáñez, pasaron a la política activa como oposición, puesto que creían inevitable su fracaso desde el punto de vista nacionalista. Además, no apoyaban a ningún candidato. Con el MRNS asistimos a una corriente de pensamiento muy especial dentro del nacionalismo. En ciertos aspectos es más radical que cualquiera de los otros grupos nacionalistas. Si alguno de éstos había hecho la crítica del capitalismo y de la cultura burguesa, el MRNS llegaba al rechazo mismo del mundo moderno. Recogía el pensamiento católico tradicional español, constituyendo el grupo más representativo del pensamiento hispanista en Chile.
A pesar de no ser gravitante en la política contingente, cobró notoriedad en la década de los sesenta por sus violentos enfrentamientos con los militantes comunistas, lo que le valió ser procesado conforme a la ley de Seguridad del Estado, a requerimiento del ministro del interior del gobierno de Alessandri (13). Produjo una gran variedad de medios escritos para la reflexión y la divulgación de sus ideas, como las revistas “Bandera Negra” y “Guerra Obrera” en Santiago; “Doctrina y Estilo” en Concepción y en Valparaíso “Tizona” (primera época, 1958), “Aspas” (1965-1966) y, desde Agosto de 1969, “Forja”.
De todos los elementos constituyentes de su doctrina, especial atención genera la idea de Patria en la cual subyace el corporativismo. Por Patria entienden la organización misional y jerárquica de cada tarea humana, en función de las tareas nacionales (14). De esta forma, la función determinará el rol social que el individuo tendrá en la sociedad en bien de la comunidad.
El fracaso del proyecto autoritario Ibañista, permitió el resurgimiento de los partidos de la derecha tradicional en la coyuntura de las elecciones de 1958. El triunfo de Jorge Alessandri Rodríguez provocó la desaparición del Ibañismo como fuerza política y social, afectando negativamente, sin duda, al nacionalismo. Alrededor de 1960, coincidiendo con la vuelta al poder de los partidos históricos, las manifestaciones nacionalistas son débiles o encuentran poca aceptación (15).
En 1963, el grupo Estanquero reapareció como “Pratismo”, cuando un grupo de hombres de empresa de la provincia de Cautín lanzó la candidatura presidencial de Jorge Prat Echarurren. El “Pratismo”fue un nacionalismo de base social en los sectores medios, de rechazo a la práctica de los partidos. Jorge Prat habló de una “Democracia Directa” en oposición a la “Democracia de intermediarios” que sería el sistema de partidos republicano, centrando su discurso en la necesidad de permitirle al Presidente de la República gobernar. Un elemento destacado de su pensamiento, lo constituye la revitalización del rol de las Fuerzas Armadas bajo la idea de que forma parte del cuerpo social y que, por tanto, debe impedir la crisis final de la nación, ante la posible victoria “comunista” en las elecciones (16).
El Movimiento Pratista fue el núcleo sobre el que se fundó el “Partido de Acción Nacional” en 1964 concebido como un movimiento de prescindencia doctrinaria y de anchura patriótica. Su diagnóstico del país coincidía con la de los movimientos nacionalistas anteriores: “…una estructura política inadecuada, un eje débil e inoperante, un parlamento que legislaba sin estudiar ni conocer los problemas, una organización sindical ineficaz e injusta” (17). En este sentido mantuvo una línea de continuidad con los movimientos nacionalistas precedentes. A pesar de ello, adscribió al sistema político participando en las elecciones presidenciales de 1964 y en las parlamentarias de 1965.
Como consecuencia del fracaso del proyecto autoritario de Ibáñez, se produce el fortalecimiento de la tendencia nacionalista corporativista, pero que ha experimentado un proceso de renovación política al haber asimilado posiciones de un grupo de economistas afines al neoliberalismo. Se hace fuerte en una serie de instituciones corno la Universidad Católica, el diario El Mercurio y las revistas Portada y Qué Pasa; y constituye la base del “Movimiento Gremialista” (18).
Contemporáneamente, hacia fines de la década del sesenta, surgían y resurgían grupos de carácter nacionalista que coincidían en diagnosticar una crisis, reflejada en lo que llamaron la caducidad del modelo político clásico. Estos grupos son los que adscribían a las revistas Tizona y Forja, y el grupo Tacna, este último involucrado en el intento de secuestro y asesinato del General René Schneider.
Las revistas Tizona y Forja comenzaron a publicarse casi simultáneamente en 1969, en la provincia de Valparaíso y tenían relación directa con el Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista (sus redactores pertenecían a este movimiento) (19).
A pesar de tener un mismo origen, ambas revistas enfocaban el nacionalismo desde ópticas distintas. Tizona se orientaba hacia el tradicionalismo católico planteando el nacionalismo no como doctrina política, sino como fuerza capaz de oponerse de manera eficaz a los partidos marxistas en el poder (20). De este modo, sería un sentimiento nacional o actitud nacional, agregando que incluso podría asociarse a la manifestación de un “…complejo de inferioridad política”, expresada en momentos de peligro para la nación, es decir sólo como reacción ante la amenaza que veían en el marxismo (21).
Por su parte, Forja se autodefinía como tribuna abierta del Nacional Sindicalismo, afirmando que el nacionalismo tenía una larga trayectoria ideológica y organizativa que arrancaba de la escuela corporativa y cuyo fundamento era la patria en cuanto poseedora de tradición, cultura y conciencia de Nación.
Así adscribían a un nacionalismo definido como doctrina política basada en el ser nacional, diferenciándolo del nacionalismo como sentimiento del valor de la nacionalidad, el que incluía, según ellos, a la democracia liberal como parte integrante de la tradición nacional, situación que Forja rechazaba de plano. Para este grupo el sistema demoliberal no servía a los intereses de la nación, agregando que las formas políticas debían adecuarse a cada pueblo. Por otro lado, siguiendo la línea del MRNS, Forja planteaba la existencia de un nacionalismo revolucionario, marcado por el nasserismo, el Tercer Mundo e Iberoamérica. En relación a este último se definían como antiimperialistas y defensores de la unidad iberoamericana.
El Grupo Tacna desarrolló una postura similar a la descrita. Partía afirmando que el nacionalismo tenía larga historia como fenómeno político chileno e iberoamericano, lo que implicaba una concepción nacionalista como doctrina política capaz de solucionar los problemas nacionales y continentales. Tenían además, una concepción nacionalista revolucionaria puesto que planteaban el cambio de las estructuras sociales y políticas y la liberación de la tutela imperialista.
Esta evolución del nacionalismo coincidió con un momento de profunda crisis para la derecha política. En efecto, al hacerse evidente el fracaso del proyecto político de la derecha tradicional en el gobierno de Jorge Alessandri, ésta perdió confianza en sí misma. Evaluando el comportamiento electoral consideró inviable mantener los tres tercios históricos para enfrentar la elección de 1964, lo cual auguraba la llegada al poder de los sectores marxistas representados en su candidato Salvador Allende. De allí que optaron por el “mal menor” cometiendo un acto suicida: el respaldo incondicional a Eduardo Frei Montalva… la muerte política del partido Liberal y Conservador, como efectivamente quedó demostrado en las elecciones parlamentarias de 1965 y, sobre todo, en la formación del Partido Nacional, el cual fue conducido por los sectores nacionalistas basta entonces marginados de la derecha tradicional… es así que el Partido Nacional surge como una fuerza política confrontacional.
Bajo esta coyuntura se produjo el marco necesario para el surgimiento de una alianza entre el nacionalismo y la derecha política, que desembocó en la fundación del Partido Nacional. Desde entonces hasta 1970, la derecha se vio replanteada en su posición, revitalizada en su actuar, dejando atrás la negociación y buscando la confrontación. Este nuevo estilo confrontacionalista se adecuaba mejor a los sectores nacionalistas de la Derecha, que a las antiguas elites parlamentarias expertas en la negociación y el acuerdo pactado. No es extraño pues, que el nacionalismo hasta entonces marginal pasara ahora a tener predominio en la nueva derecha.
De esta manera, las condiciones históricas dieron importante participación a las fuerzas nacionalistas a partir de 1966, lo que vendría a explicar, entre otros factores, el surgimiento del Frente Nacionalista Patria y Libertad. En las publicaciones de su periódico, la entidad presentó su propuesta, en el ámbito político, económico y social, la que no era nueva, ya que en varios aspectos recogía el legado nacionalista chileno, surgido a comienzos de siglo. Ejemplo de esto es la concepción portaliana de Estado, la percepción de crisis, el corporativismo, la democracia funcional y la actitud crítica hacia los partidos políticos, además de contar con preparación paramilitar. De este modo, la base ideológica del grupo “Patria y Libertad” estaría en lo que podríamos llamar la tradición nacionalista chilena.
Al igual que algunos anteriores movimientos nacionalistas, Patria y Libertad obedeció a un objetivo cortoplacista, cual era el derrocamiento del régimen de la Unidad Popular, después de lo cual se disolvió, obedeciendo al bando de la Junta Militar que decretaba la recesión de los partidos y movimientos políticos.
Período 1973-1989
Luego del Golpe Militar del 11 de septiembre de 1973, el nacionalismo entró en un relativo receso. La organización nacionalsocialista que existió en Chile en forma estructurada antes del golpe militar, era el Partido Nacional Socialista Obrero (PNSO) de Franz Pfeiffer, que se disolvió de acuerdo al Bando Número 1 de la Junta Militar. En un primer momento, en el régimen de Pinochet hubo una influencia de sectores nacionalistas, que se extendió hasta 1976. Cuando entraron al Gobierno los llamados Chicago Boys, eso terminó. Si bien no hubo vínculos estrictos, sí existió una suerte de simpatía, que los movió a colaborar con el régimen.
La Declaración de Principios del Régimen Militar declaraba al nuevo régimen como un gobierno nacionalista, aunque despojado de los matices ideológicos que caracterizaron las décadas pasadas y acentuando tan sólo los aspectos básicos del nacionalismo puro, cuales eran los emblemas patrios, el sentimiento de nacionalidad, etc. La diversidad ideológica no encontraría ya ningún eco al estar bajo un régimen autoritario, donde se había decretado la disolución de los partidos políticos y se apuntaba a la consolidación de un nuevo orden, lo cual requería un concepto fuerte de autoridad.
Sin embargo, en esta época se adivina un paulatino resurgimiento de diversos grupos nacionalistas que no están reunidos bajo el alero de ninguna organización única. La expresión de todos estos grupos se vio reflejada en la aparición de la revista “Avanzada”, donde se expresaba el apoyo de los grupos nacionalistas al general Pinochet.
Los referentes ideológicos más cercanos de sus publicadores eran Corneliu Zelea Codreanu (N.d.E.: jefe de la “Guardia de Hierro” rumana), el Falangismo Español (N.d.E.: de José Antonio Primo de Rivera), el Hungarismo (N.d.E.: De Ferenc Szálasi) y el Pratismo.
La revista, más tarde, pasaría a ser órgano del “Movimiento Avanzada Nacional”, el grupo de apoyo más fuerte de Pinochet. Entre sus líderes figuraban el ex miebro de la CNI, Alvaro Corbalán, y Benjamín Matte, ex Patria y Libertad. En sus estatutos, “Avanzada Nacional” afirma que cree en la Unidad Nacional y rechaza el esquema de izquierdas y derechas. Rechazan igualmente todo sistema político “cuya acción se sustente en el manejo de mezquinos intereses de las oligarquías, sean éstas económicas o políticas…”. Su enfoque dista sustancialmente de la filosofia “chicaguista” (N.d.E.: sustentada por los sectores neoliberales que se formaron en la Escuela de Economía de Chicago, EE.UU., bajo la dirección del economista Milton Friedman). También se manifiestan partidarios del corporativismo.
El Nacional Sindicalismo también se reagrupaba por la misma época. La reestructuración del nacional sindicalismo como formación política en 1983 —la misma fecha por la cual se estructura Avanzada Nacional- bajo la dirección de Werner von Bischofaussen como jefe nacional y Misael Galleguillos como Presidente de la Comisión Política, dio inicio a una etapa de acción pública abierta para participar en el proceso de transición, con el respaldo de dirigentes tradicionales de las jerarquías y con el apoyo de sectores juveniles y sindicales que le dieron un nuevo perfil político y social.
Werner von Bischoffausen impuso una actitud de realismo político e insistió en la formación de los nuevos camaradas en la línea de definir metodologías para conocer la realidad política, social, económica y cultural; mantuvo el sentido misional y católico del movimiento. Además estableció la urgencia de definir y realizar un plan de acción. En esta etapa se fortaleció el Frente Laboral de Chile, surgió Generación Universitaria y se organizó el Frente de Pobladores.
En esta nueva etapa del nacionalsindicalismo apareció su experiencia gubernativa: Eugenio Cáceres Contreras fue Director de Educación Superior del Ministerio de Educación y Misael Galleguillos fue Director de la Secretaría Nacional de los Gremios.
En este período, el movimiento se fortalece como escuela de pensamiento y como corriente de opinión. Su acción a nivel gremial alcanza gran profundidad y se extiende a todo el país. En el terreno universitario se logra gran penetración en sectores estudiantiles y se gobiernan varias federaciones de estudiantes. Lo mismo ocurría por la fecha de elecciones sindicales que lograron se normalizaran en 1978. En esta etapa destacan los dirigentes sindicales Jorge Salinas, René Sottolichio, Juan Vergara, José Cavalien, José Bodelón y Jaime Saura.
Su fortalecimiento y desarrollo creó rivalidades y pronto comenzaron intentos por desestabilizar sus acciones al interior del Régimen Militar: Cáceres fue acusado de comunista por haber viajado a Cuba a un encuentro internacional de estudiantes como presidente del Centro de Arquitectura. “El nacionalismo es la antesala del comunismo”, publicó Jaime Guzmán. Su crecimiento e influencia lo hizo revisar y actualizar proposiciones e ideas. Surgió el estudio de los cuerpos sociales de la nación y alternativas de participación social. De ello devino la creación del Consejo Nacional del Trabajo y la proposición de crear Consejos Asesores a nivel de ministerios para hacer posible la participación social plena.
También surgió la iniciativa de transformarse en fuerza política, para participar orgánicamente del Poder Político del Estado. Se visualizó que la política era multi institucional y que debían crearse organismos autónomos sectoriales y culturales para diversificar la acción y darle eficacia al cumplimiento de las metas y objetivos. Se creó la Corporación de Estudios Superiores y la Corporación de Estudios Liberales que prestó apoyo al Frente Laboral de Chile.
En 1982 se involucró al Movimiento en el asesinato de Tucapel Jiménez, entonces Presidente de la ANEF (Asociación Nacional de Empleados Fiscales).
(N.d.E.: Tucapel Jiménez había sido un férreo opositor a Salvador Allende y un claro Nacionalista. Su brutal asesinato –preparado por la Dirección de Inteligencia del Ejército, DINE- fue un mensaje directo a los sectores nacionalistas quienes –junto a el ex integrante de la Junta Militar, el ex Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh Guzmán-, estaban desarrollando planes para que Pinochet entregara el poder anticipadamente, o bien, para deponerlo por la fuerza y llamar a Elecciones anticipadas).
Esto impactó fuertemente a sus seguidores y el Gobierno, como era de esperar, congeló su actitud de simpatía por este sector político. Al académico de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación se le requirió a petición de la CNI “por ser comunista”. Hubo que hacer gestiones a alto nivel para aclarar los hechos, lo que al final quedó superado. Cáceres fue nombrado rector de la Universidad del Bío-Bío.
Es bueno para una revisión de la historia recordar que Ramón Callís Arrigorriaga, fundador del movimiento, fue detenido el 11 de septiembre de 1973 acusado de “pertenecer a una célula comunista” y que el propio Cáceres, junto al padre Osvaldo Lira —adherente al movimiento- y el Dr. Jorge Vargas, realizaron múltiples gestiones para lograr su libertad. Callís se dedicó a la formación de dirigentes sindicalistas en la Escuela Sindical de Chile.
Por esta misma época se reagrupa el movimiento Nacional Socialista, que después de la muerte de Franz Pfeiffer, pasó a ser liderado por el escritor esótérico Miguel Serrano, Hugo Lara, Eugenio Lutz y el catedrático Erwin Robertson. Su acto de fundación oficial fue el 5 de septiembre de 1987, en el Cementerio General, coincidiendo con la muerte de Rudolph Hess. Su principal órgano de expresión fue la revista “La Ciudad de los Césares”, de corte filosófico y esotérico, dirigida por Erwin Robertson (N.d.E.: esta es la opinión del autor del trabajo, aunque está mal informado de las fechas y algunos hechos).
Al alero de esta nueva corriente Nacionalsocialista, surgen los “cabezas rapadas” o Skinheads, que se desarrollan entre 1984 y 1989, casi coincidiendo con la irrupción de Miguel Serrano. Todos los skinheads nacionalsocialistas tienen características comunes: su amor por la cerveza y su admiración casi religiosa por Hitler y el Tercer Reich, su antisemitismo y xenofobia, su apología de una imaginaria “raza aria” en Chile, su creencia en la existencia de un ZOG (“Gobierno Sionista de Ocupación”), su aversión contra la izquierda y el anarquismo, así como contra homosexuales, hippies y consumidores de droga. Su odio no es sólo intelectual: en forma compulsiva se entrenan en artes marciales y defensa personal. Se han caracterizado por su violencia contra estos grupos y contra la inmigración peruana, a la vez que por su propaganda.
Período 1989 en adelante
El Movimiento Socialista Nacional, Patria Nueva Sociedad —la cara más visible del nacionalismo actual- fue fundado el 1º de mayo de 1999 en Puerto Montt.
Su lanzamiento público fue el resultado de las resoluciones del “Primer Encuentro Ideológico Nacional Socialista Chileno”, realizado en Quintero en abril de ese año. En esa oportunidad, los casi 20 delegados asistentes concluyeron que “el nacional socialismo histórico era inviable de aplicar a la realidad chilena, y que por ello debía fundarse un movimiento Político, Público y Legal”, que diera cuenta de las concordancias y divergencias con las tesis originales del nazismo. La svástica fue reemplazada por una “cruz solar” y el clásico saludo romano, brazo en alto, por uno similar, pero con los tres dedos levantados.
La convocatoria al cónclave había sido publicada por primera vez en la Revista Pendragón, provocando una indignada carta del Centro Simón Wiesenthal, al entonces Presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle. Su divulgación instaló el tema en la agenda pública, concitando el generalizado rechazo de la mayoría de las organizaciones políticas y, por cierto, de la comunidad judía.
Para militar en el movimiento los postulantes deben realizar un Curso de Formación, que se dicta cada seis meses en forma permanente. En el curso, los alumnos reciben conocimientos en cuatro áreas: Ecofilosofía, Filosofía, Antropología y Excursionismo y Media Montana.
El movimiento es fundador de la “Red Nacionalista Americana”, que agrupa a diversas organizaciones del continente. De igual modo, el movimiento constituye la continuación histórica en Chile del Partido Nacional Socialista Obrero (PNSO), organización política con existencia legal entre 1964 y 1968, de acuerdo a la ”Declaración del 12 de Octubre de 1999” firmada por el último directorio en funciones de dicha organización.
Según su “Declaración de Principios” el Movimiento “sustenta una Cosmovisión de carácter espiritual, que rechaza el materialismo en todas sus formas, y que persigue el sostenimiento de la vida en todas sus manifestaciones, a través del fomento de una Ecología del pensamiento y la acción”.
Con estas declaraciones, dan cuenta de un segmento que no había sido abarcado por los grupos nacionalistas tradicionales, cual es la preocupación por el Medio Ambiente y por el Bienestar Espiritual, a los cuales también atribuyen importancia en la formación de un “Hombre Nuevo” (N.d.E.: la definición “Hombre Nuevo” es del autor del texto).
En la misma Declaración se concibe al Estado “como medio de administración, estructura y expresión de la identidad nacional, cultural y natal del pueblo que lo compone…” “Se concibe al Estado Orgánico como algo en continua evolución, basado en el reconocimiento de las diferencias biológico-culturales de las poblaciones que habitan en un territorio”. Con esto, pretenden, sin duda, negar cualquier identificación con la teoría de la superioridad racial. El resto de su declaración aboga por el rechazo a la lucha de clases, la oligocracia y la partitocracia; el respeto a los Derechos Humanos y la promoción de una jerarquía horizontal.
En general, se aprecian matices de diferencia con el nacionalismo clásico, aunque se preservan tradiciones como la soberanía nacional y el respeto por los valores patrios y todos los elementos de la nacionalidad.
Conclusión
A partir del análisis de la trayectoria de la alternativa nacionalista en Chile, podemos establecer que han existido grupos políticos con una propuesta nacionalista a lo largo de todo el siglo XX, adquiriendo especial relevancia en períodos de crisis. Sin embargo, su característica principal es la marginalidad dentro de la política nacional.
Por otro lado, la propuesta de estos grupos ha presentado elementos que le dan un carácter de continuidad, que nos permite plantear la existencia de una Tradición Nacionalista en Chile. Es así que todo lo grupos estudiados parten de la base de que el país se encuentra en crisis, frente a lo cual se presentan como una tercera alternativa, con un discurso antiliberal y antimarxista, una propuesta marcada por el Corporativismo y una concepción Portaliana del Estado.
A pesar de esto, es un fenómeno político bastante heterogéneo, ya que en él convergen distintas tendencias, desde las más moderadas hasta las mas radicalizadas.
Las tendencias moderadas se van a caracterizar por participar en el sistema político, a pesar de criticarlo, estableciendo alianzas con la derecha tradicional, como es el caso del Pratismo y el Movimiento Nacionalista Chileno, entre otros.
En cambio, las tendencias más radicales critican fuertemente al sistema político, y en algunos casos intentan, como es el caso del MNS, abolirlo por la fuerza. Otras llaman a realizar una revolución nacionalista, tal como es el caso del PNF y el MRNS.
La presencia del nacionalismo en Chile, por tanto, la encontramos a lo largo de todo este siglo, fortaleciéndose en momentos de crisis, en los cuales se tiende a culpar de ella a agentes específicos del sistema (liberalismo económico, políticas inmigratorias etc.) Una vez superada la crisis, estos grupos tienden a desaparecer, por no tener un discurso que vaya más allá de la simple respuesta a una coyuntura determinada.
Fin
Mayo del 2003
Breve Comentario del Editor
Hemos querido publicar este sintético trabajo del joven estudiante Walter Bilbao Vilches, de la Carrera de Sociología de la Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez, porque proporciona –pese a algunos errores de contexto y cronología mínimos-, un adecuado diagnóstico de la historia del Nacionalismo chileno desde 1924 a la fecha.
Obviamente, ello deja de lado la influencia de la Generación del Centenario, e incluso, de los precursores, como Nicolás Palacios y “Raza Chilena”, aunque para efectos de reforzar la tesis presentada serían igualmente válidos.
Patria Nueva Sociedad asumió desde un comienzo el error que consistía plantear un proyecto nacionalista cortoplacista, y así, desde su fundación, se planteó un lapso de 10 años sólo para constituirse en Partido Político. Por ello, al menos en términos de su propuesta, Patria Nueva Sociedad constituye un verdadero punto de inflexión en la historia del Nacionalismo en Chile, ya que surgió precisamente como resultado del análisis crítico de la misma historia que se ha resumido en éstas páginas.
No estamos aquí por motivos contingentes: La Patria y la Comunidad de Pueblo son Permanentes. Eso es nuestro fundamento, y su Conducción y Gobierno son nuestro Objetivo.
Por ello Patria Nueva Sociedad está, efectivamente, Construyendo Futuro.
Notas
(1) Hernán Ramírez Necochea, “El Fascismo en la Evolución Política de Chile, hasta 1970”, en Araucaria de Chile 1978, páginas 13 a 15.
(2) Rodrigo Alliende, “El Jefe”, Santiago, 1990, página 49.
(3) Erwin Robertson Rodríguez, “Nacismo Chileno”. Santiago 1986, página 32.
(4) Verónica Valdivia. “Las nuevas voces del Nacionalismo Chileno, 1938-1942”, en Boletín De Historia y Geografía. Número 10, 1994, página 128.
(5) Erwin Robertson Rodríguez, “Ideas nacionalistas”, página 171.
(6) Verónica Valdivia, “Las nuevas voces del Nacionalismo Chileno, 1938-1942”, en Boletín De Historia y Geografía. Número 10, página 131.
(7) Carlos Maldonado. “El ACHA y la proscripción del Partido Comunista”
(8) Verónica Valdivia, “Las nuevas voces del Nacionalismo Chileno, 1938-1942”, en Boletín De Historia y Geografía. Número 10, página 119.
(9) Revista “Estanquero”, número 188, página 3.
(10) Cristián Garay Vera, “El Partido Agrario Laborista (1945-1958)”, Santiago, 1990. Pág.32
(11) Cristián Garay, op.cit., páginas 25 y 26.
(12) Mariana Aylwin, “Chile en el Siglo XX”, página 232.
(13) Erwin Robertson Rodríguez, op.cit., páginas 261 y 262.
(14) Erwin Robertson Rodríguez, op.cit., páginas 274.
(15) Ibid. P. 220.
(16) Ibid. P. 227 a 257.
(17) Cristi y Ruiz, “El Pensamiento Conservador en Chile”, página 259.
(18) Ibid. página 259.
(19) Erwin Robertson Rodríguez, op.cit, página 286.
(20) Ibid. página 8.
(21) Ibid. página 9.
Bibliografía
Alliende, Rodrigo; "El Jefe", Santiago, 1990.
Aylwin et al, "Chile en el Siglo XX", Ed. Pehuén, Santiago, 1985.
Cristi, Renato; Ruiz, Carlos; "El Pensamiento Conservador en Chile", Ed. Universitaria, Santiago, 1992.
Garay, Cristián; "El Partido Agrario Laborista. 1945-1950", Ed. Andrés Bello, Santiago, 1990.
Maldonado, Carlos; "El ACHA y la proscripción del Partido Comunista", FLACSO, 1988.
Ramírez, Hernán; "El Fascismo en la evolución política de Chile hasta 1970", Ed. Araucaria de Chile, Madrid, 1978.
Robertson Rodríguez, Erwin; "Ideas Nacionalistas", Tesis de Licenciatura en Derecho - Facultad de Derecho Universidad de Chile, Santiago, 1978.
Valdivia, Verónica; "Las nuevas voces del Nacionalismo chileno. 1938 - 1942" Boletín de Historia y Geografía Nº 10, 1994.
Sitios Web:
Portal Patria Nueva Sociedad: www.pns.cl
Revista Acción Chilena: www.accionchilena.cl
Nacional Sindicalismo Chileno: www.aspas.org
Revista La Huella, Nº 9, "¿Un Le Pen para Chile?", Mayo del 2002, Santiago de Chile.
Nosotros somos socialistas, enemigos mortales del sistema capitalista actual y sus modos económicos de explotación, con su injusticia del sistema de asalariados, con su inmoral valoración del ser humano según sus propiedades y riquezas en lugar de según su servicio y responsabilidad.
Nosotros estamos decididos a destruir este sistema del modo que sea necesario.
Y respecto a esto, no es en absoluto suficiente el substituir un sistema económico por otro – sino que lo que es absolutamente necesario por encima de todo es un absoluto cambio de mentalidad. La mentalidad que debe ser superada, es la mentalidad materialista.
¡Debemos alcanzar una mentalidad económica totalmente nueva! – un pensamiento que se libere de los conceptos actuales, cuyas raíces se hallan en el dinero, la posesión, la rentabilidad y una falsa idea del éxito.
Es característico del marxismo, el falso socialismo, que su orden de ideas sea exactamente el mismo que el del capitalismo, por ello los considero desde hace algunos años y ya para siempre a ambos unidos en espíritu, sólo diversos en su diseño.
El Socialismo Nacional, (N.d.E.: transcripción literal del original) directamente originario de la vida orgánica, destruye las mentirosas palabras de una teoría ajena al mundo así como también los conceptos sin vida de una moribunda civilización.
Nosotros debemos aprender, que en la economía de un pueblo la cosa no depende de la rentabilidad, ni del beneficio, sino sólo y exclusivamente de la cobertura de las necesidades de cada uno de los miembros de ese pueblo. Ésta y no otra cosa es la tarea de la economía de la Nación.
Nosotros debemos aprender que los conceptos como “economía mundial” – “balanza de pagos” – “nivel de exportaciones”, son únicamente conceptos de una época que se apaga, que desde ya hace demasiado tiempo llevan hacia el absurdo, pues chocan directamente contra lo que hay de eterno en la vida orgánica, que ha nacido EXCLUSIVAMENTE de especulaciones y no de la TIERRA. También debemos aprender que es un engaño, cuando la producción especuladora crea necesidades artificiales, ficticias, mediante reclamos y estímulos –esto es una burla al trabajo de las personas y sus vidas.
La excitada avidez acrecienta las exigencias, las acrecentadas exigencias multiplican la esclavitud humana, la cual es una esclavitud mental que ha tomado posesión de la vida en el lugar del alma. ¿Qué saben todavía los hombres actuales sobre lo que significa vivir? Ellos corren y se ajetrean, se torturan, se esfuerzan, se esclavizan como los remeros de las galeras – todo para llevar una vida cuya vacuidad, cuyo vacío, es indescriptiblemente cruel.
Y la cuestión no es relativa al excedente (sobreproducción), tal y como afirma el marxismo, sino al alma de las personas. Y la producción, la economía, tiene aquí sólo una tarea: cubrir las necesidades económicas de cada persona del pueblo, y la negación de los bienes que sólo existen a causa de necesidades artificialmente creadas, con la negación también de la esclavitud de la “Rentabilidad y Beneficio”.
(1) Gregor Strasser (también Straßer) (31 de Mayo de 1892 – 30 de Junio 1934). Político alemán y Presidente del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP) de 1923 a 1925, con motivo del encarcelamiento de Hitler a resultas del fracaso del golpe de estado de la cervecería Burgerbräukeller, en noviembre de 1923. Fue asesinado en Berlín durante la llamada "Noche de los cuchillos largos", donde se eliminó el ala Socialista del Partido, de la cual únicamente sobreviviría Joseph Goebbels, el cual tomó partido por Hitler.
Rescatado del olvido por: Acción Chilena
Lectores, camaradas ¡¡Amigos!!
Con profunda preocupación hemos contemplado en los últimos meses la evolución del NSDAP y con creciente recelo nos hemos visto forzados a observar cómo cada vez más a menudo y en cuestiones cada vez más importantes el partido entra en conflicto con la idea esencial del nacionalsocialismo.
En numerosas cuestiones de política exterior, de política interior y, sobretodo, de política económica, ha ido tomando el partido un posicionamiento que cada vez con mayor dificultad puede considerarse acorde con el espíritu de los 25 puntos (*2), en los cuales nosotros vemos el único (y exclusivo) programa del partido. Y todavía mucho más que eso ha pesado el creciente aburguesamiento del partido, una primacía de los intereses tácticos sobre los principios fundamentales, y la preocupante caciquización del apartado del partido, el cual cada vez más se ha convertido en la meta del movimiento y ha puesto sus intereses por encima de las exigencias programáticas de la Causa.
Nosotros habíamos comprendido y comprendemos aún al nacionalsocialismo como un movimiento conscientemente antiimperialista, cuyo nacionalismo se centra en la conservación y protección de la vida y el desarrollo de la Nación Alemana, sin ninguna clase de tendencias dominantes sobre otros pueblos y tierras.
Para nosotros había sido y sigue siendo aún, la negación del intervencionismo contra Rusia del capitalismo internacional y del imperialismo occidental, una exigencia esencial resultante tanto de nuestra ideología fundamental como de la necesidad de una política exterior propiamente alemana (*3). Alrededor de esto, hemos considerado las posturas de la dirección del partido cada vez más abiertamente favorables a una guerra de intervención, como contraria a la causa Nacionalsocialista y a las necesidades de una política exterior alemana.
Para nosotros había sido y sigue siendo todavía la solidaridad con el pueblo indio en su lucha por su libertad del yugo inglés y la explotación capitalista (*4) una necesidad, la cual se resulta del hecho de que para una política de liberación alemana, cada debilitamiento de los poderes tras el Pacto de Versalles (*5) es favorable, así como la afirmación por la lucha de cualquier pueblo oprimido contra la explotación de los usurpadores, ya que es consecuencia forzada de nuestra idea del nacionalismo, que el derecho a la autoafirmación de cada pueblo a su manera, lo que nosotros exigimos para nosotros, también corresponda a los demás pueblos y naciones.
En este aspecto para nosotros el concepto liberal de las “bendiciones de la cultura (civilizadora)” nos es completamente desconocido.
(N.d.E.: Para Otto y Gregor Strasser, el Nacionalsocialismo era una ideología enteramente aplicable por otras Razas y Culturas, de acuerdo a su propia realidad, y no limitada por ello exclusivamente a los alemanes. En este párrafo queda de manifiesto, además, que Otto no concebía la idea de "superioridad cultural", que es completamente contradictoria con una concepción "Nacional" -es decir, diversa- del mundo).
Nosotros habíamos sentido por lo tanto la política de la dirección del NSDAP, la cual a menudo tomó partido por el imperialismo británico contra la libertad de la India, contrario a los intereses esenciales del Nacionalsocialismo.
Nosotros habíamos entendido y seguimos entendiendo al Nacionalsocialismo según toda su naturaleza, como un movimiento alemán, cuya labor en el interior del Estado no es únicamente es la creación de una Gran Alemania Popular, con el rechazo de pequeños estados separados y privilegios particulares basados en criterios dinásticos, religiosos o puramente arbitrarios (¡Intervención Napoleónica!) (*6), los que impiden la reunificación de todas las fuerzas nacionales, imprescindibles para la liberación y la autodeterminación de Alemania. Nosotros hemos sentido por lo tanto la cada vez más abierta toma de posición de la dirección del partido a favor de este sistema de estados y privilegios particulares, cuya salvación e incluso ampliación fue proclamada como una tarea propiamente del Nacionalsocialismo, como perjudicial tanto para los intereses del Estado como enemiga de la idea de una gran unidad alemana.
Nosotros habíamos entendido y seguimos entendiendo al Nacionalsocialismo como un movimiento republicano, en el que existe tan poco espacio para la monarquía hereditaria como para cualquier otro privilegio que no descanse en el servicio a la Nación.
Nosotros habíamos visto y seguimos viendo en él el movimiento revolucionario que busca acabar con el Estado autoritario del mismo modo que con la democracia formal, y que ve su meta para el Estado es un modelo estatal orgánico de auténtica democracia germánica. Nosotros habíamos sentido por lo tanto que los intencionados claroscuros entre republicanismo y monarquismo de la dirección del partido son un lastre; y el excesivo culto por el autoritarismo fascista, como se manifiesta cada vez con mayor fuerza en los puestos oficiales del partido, verdaderamente como un peligro para el movimiento y un crimen contra la causa.
Nosotros hemos considerado y seguimos considerando al Nacionalsocialismo ante todo como el gran antídoto del capitalismo, el cual pone en práctica la idea del socialismo verdadero (aquel que está libre de la corrupción marxista) que lleva a la economía común de una Nación para el bien de esta Nación y rompe con el ese sistema de gobierno del dinero sobre el trabajo que impide el natural desarrollo de los pueblos y la verdadera creación de una economía popular.
Para nosotros el socialismo significa economía de necesidad en interés de la totalidad de los productores, participando en la posesión, dirección y ganancias de toda la economía de la Nación, es decir, la quiebra del monopolio de la propiedad del sistema capitalista actual, y ante todo la quiebra del monopolio de su poder de decisión, actualmente ligado a la propiedad.
Nosotros hemos notado por lo tanto, y en contra del espíritu original de los 25 puntos, que las formulaciones de nuestra voluntad socialista quedan cada vez más descoloridas desde la dirección; y las múltiples atenuaciones de las exigencias socialistas del programa (considérese por ejemplo el punto 17) (7*) que se han tomado, como una falta contra el espíritu y el programa del Nacionalsocialismo original, algo contra lo cual desde hace años hemos estado luchando con nuestra labor de enfatizar las exigencias socialistas del programa.
Nosotros habíamos sensibilizado y seguimos sensibilizando al Nacionalsocialismo conforme a su esencia, como el enemigo tanto de la burguesía capitalista como del marxismo internacional y vemos su tarea en la superación de ambos, a partir del hecho de que el sentimiento genuino socialista está unido en el marxismo a sus falsas enseñanzas del materialismo y del internacionalismo, y la burguesía, el de por sí correcto sentimiento nacionalista está unido a las falsas enseñanzas del racionalismo liberal y el capitalismo, y ambas fuerzas esenciales y acertadas (nacionalismo y socialismo) estarán condenadas a permanecer infructuosas en sus nefastas alianzas para la Nación y para la Historia.
Nosotros hemos visto y seguimos viendo por ello en nuestra lucha contra el Marxismo y contra el Capitalismo ninguna diferencia esencial, pues el liberalismo (y materialismo) existente en ambos es nuestro enemigo por igual.
Nosotros consideramos por tanto que las consignas de lucha de la actual dirección del NSDAP siempre en una sola dirección, “contra el marxismo”, como insuficientes y vemos en medida creciente que en todo ello existe un guiño de simpatía a la burguesía, que bajo las mismas consignas defiende sus intereses particulares y capitalistas, con los los que nosotros no hemos tenido ni tendremos nada en común.
Reforzados, subrayados y patentes se hicieron estos temores de naturaleza fundamental al comprobar las preocupaciones sobre las vías tácticas tomadas por la actual dirección del partido.
Desde siempre nos ha llenado de pesar y malestar, el que Adolf Hitler se haya explicado siempre tan a menudo en los círculos directores del empresariado y a los grandes capitalistas sobre los motivos y vías del NSDAP, pero (casi) nunca se ha tomado la molestia de hacer lo mismo con los círculos directores de los trabajadores y campesinos. Nosotros consideramos que el sentimiento resultante de ello, el de que el Nacionalsocialismo está más cerca de los primeros círculos que de los segundos, como un gran obstáculo. Tanto más cuando la franqueza nuestra voluntad socialista, debería excluir cualquier clase de entendimiento con esos círculos para los cuales la defensa de sus intereses capitalistas siempre será más importante que la realización de las metas nacionales y colectivas, sobretodo cuando esta realización tiene al Socialismo como premisa.
Por los mismos motivos hemos visto con creciente preocupación la estrecha relación de la dirección con Hugenberg y con el Partido Nacional del Pueblo Alemán (DNVP) (8*), y en parte también con los “Cascos de Acero” (Stahlhelm) (9*) y los llamados “patriotas alemanes”, porque todos estos hechos –aún cuando por el bien del pueblo pueden ser aceptables en sus fines tácticos–, parecen hechos expresamente para dar una equivocada imagen de nuestro movimiento.
Como punto fundamental del carácter revolucionario del Nacionalsocialismo ha estado siempre y sigue estando para nosotros el rechazo frontal de cualquier clase de política de compromiso y/o coalición, pues toda coalición sólo puede servir a los intereses del sistema (y orden) establecido, el sistema de la explotación capitalista, y por lo tanto contrario a la libertad nacional.
Se nos muestra según la esencia del Nacionalsocialismo y su tarea, la realización de la Revolución Alemana, que es simplemente imposible elevar la consigna de “entremos en el Estado”, al cual todavía no hace dos años, con los “Cascos de Acero”, hemos combatido con toda la crudeza de la voluntad revolucionaria.
La decisión de la dirección del partido de llevar a cabo una coalición con partidos burgueses en Thüringen, ha sacudido con fuerza nuestra fe en que nuestra idea de la esencia y tarea del Nacionalsocialismo, que tanto en el programa como en la actividad del partido fueron expresados hasta ahora, puede seguir siendo sostenida. Nuestros reproches fueron dejados sin respuesta por la dirección. En ello se ha situado el NSDAP en la misma situación que el SPD tras el 1918, cuando tomaron la decisión de ir junto a los enemigos de su voluntad político-económica, acabando con ello, forzosamente, traicionando sus metas originales. Con implacables consecuencias se ha realizado en el NSDAP la misma línea de traiciones a los fundamentos, como se muestra en su rebaja de los impuestos a particulares, el aumento de los alquileres y otras muchas políticas realizadas en Thüringen.(10*)
La objeción de que el peligro de la persecución estatal obligue a tamaños sacrificios de las convicciones, no es sólo inexacta, como la prohibición en Baviera y en Prusia muestran, sino socava ante todo el carácter y el valor del movimiento, pues con este argumento de la cobardía toda traición puede quedar cubierta. Mientras que para nosotros toda táctica debe encontrar su fin en los fundamentos, la dirección del partido ha abandonado cada vez más a menudo y en cada vez aspectos más decisivos las cuestiones esenciales del Nacionalsocialismo por consideraciones tácticas.
Junto con el aburguesamiento del partido ha venido también un creciente caciquismo que ha acabado por tomar formas estremecedoras. No sólo los llamados altos dirigentes de las SA sino, en creciente medida, también los funcionarios políticos del partido se han desarrollado según su actitud y su forma de vida de un modo, que se encuentra en contradicción tanto con las leyes internas de nuestro movimiento revolucionario como con las mínimas exigencias de un carácter honrado. La -entre tanto- casi general dependencia material directa o indirecta de los funcionarios del partido y su líder, ha dejado aparecer una tamaña atmósfera de indignidad, que hace virtualmente imposible la reivindicación de cualquier opinión independiente; asimismo ha llevado las cosas a un estado de corrupción material e ideal, que no se puede conseguir ayuda sin el apoyo de toda la organización (estructura) del partido. Los numerosos desacuerdos y problemas con los conflictos personales dentro del partido tienen aquí su más profunda y esencial causa.
Este desarrollo que nosotros aquí observamos con creciente preocupación, en los campos de fundamentos, tácticas y organización del partido, nos ha visto en cada hora del los últimos años como los primeros, profundos y severos enemigos y denunciantes. Los cinco años de “cartas nacionalsocialistas” (nationalsozialistischen Briefe), dan aquí un claro testimonio, tanto en la opinión personal como expresada, que hemos tomado sin consideración a las presiones y tentaciones llegadas desde arriba. En ninguna hora hemos tomado en cuenta la posibilidad de variar nuestros posicionamientos por motivos oportunistas, y en numerosas ocasiones nos hemos encontrado ante la cuestión de si debíamos tomar una manifestación pública de nuestra disconformidad con la dirección del partido en sus duros choques con la esencia del Nacionalsocialismo.
El que no hayamos hecho esto hasta el día de hoy se debe a que la dirección del partido no había renegado del programa de los 25 puntos abiertamente, y también porque confiábamos en que el espíritu revolucionario que vive sobretodo en los militantes base de las SA podría vencer sobre las actitudes de una dirección caciquista.
Esta esperanza se ha hecho vana con el último acto de voluntad de la dirección del partido.
A través de una carta de Adolf Hitler del 30 de Junio, el Gauleiter de Berlín fue forzado a llevar a cabo una limpieza sin contemplaciones de todos los “bolcheviques de salón” del partido.
Junto con esta exhortación fue decretada la exclusión de todos los militantes reconocidos o sospechosos de ser socialistas revolucionarios.
Con ello quedó pronunciado el definitivo divorcio del NSDAP con las metas y exigencias de una Revolución Alemana, y también de los puntos socialistas del programa original.
Como firmes, indoblegables, partidarios del Nacionalsocialismo, como ardientes luchadores de la Revolución Alemana, rechazamos este falseamiento del carácter revolucionario, de la Voluntad Socialista y de los fundamentos esenciales del Nacionalsocialismo y permaneceremos al margen del NSDAP convertido en ministerial, y siendo lo que siempre fuimos:
¡¡Nacionalistas revolucionarios!!
4 de julio de 1930
(1) Otto Johann Maximilian Strasser (10 de septiembre 1897 – 27 de agosto 1974). Político alemán del ala izquierda del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP). Mantenía posiciones más radicales que las de Hitler a quien consideraba demasiado moderado, en especial en su política económica complaciente con el capitalismo industrial. Propugnaba una revolución nacionalsocialista anticapitalista con factores socialistas estatizantes.
(2) Gregor Strasser (también Straßer) (31 de Mayo de 1892 – 30 de Junio 1934). Político alemán y Presidente del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP) de 1923 a 1925, con motivo del encarcelamiento de Hitler a resultas del fracaso del golpe de estado de la cervecería Burgerbräukeller, en noviembre de 1923. Fue asesinado en Berlín durante la llamada "Noche de los cuchillos largos", donde se eliminó el ala Socialista del Partido, de la cual únicamente sobreviviría Joseph Goebbels, el cual tomó partido por Hitler.
(*3) Los "25 Puntos" constituyeron la base programática del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP). Sin embargo, una vez que Hitler fue nombrado Canciller del Reich, su gobierno se alejó en diversos aspectos de lo que establecían dichos principios. En parte, ello se debió a necesidades tácticas, y en parte, a la imposibilidad de llevar a la práctica cada uno de los puntos en la forma que originalmente habían sido planteados. No obstante, es evidente que los "25 Puntos" poseían una clara y contundente orientación Socialista, que en la praxis fue menoscabada o al menos soslayada en muchos aspectos por el Tercer Reich. En ello, hubo adicionalmente razones de Estado que debieron anteponerse una vez que Francia, Inglaterra y EE.UU. (y a la postre, 156 países), le declararon la guerra a Alemania.
(*4) Alemania sólo tomó decidido partido por el movimiento independentista Hindú de Subhas Chandra Bose y Sri Asit Krishna Mukherji (el esposo de Savitri Devi), una vez en guerra contra Inglaterra.
El Movimiento Nacional hindú (salvo en las particularidades religiosas) fue muy semejante a los movimientos occidentales como el austríaco o alemán. Se constituyó a partir de los años veinte en torno a la Asociación de Voluntarios Nacionales (Rashtriya Swayamsevak Sangh, RSS), una asociación consagrada a "reforzar" y "fortalecer" a los hindúes frente a la minoría musulmana de aquel tiempo. A modo semejante del Movimiento Nacionalsocialista alemán de esa época, se estableció una red nacional de ramas locales que se reunían diariamente en sesiones de entrenamiento de artes marciales. Al entrenamiento paramilitar se le añadían los discursos ideológicos que no que eran la versión hindú del ideal nacionalsocialista del Kulturkampf (Lucha por la Cultura Nacional), que era coreado por fervorosos de militantes: "Hindu, hindi, hindustán" ("Un pueblo, una lengua, un país"). Había 25.000 ramas que agrupaban a más de dos y medio millones de seguidores.
(*5) El llamado "Pacto de Versalles" fueron condiciones ignominiosas y absolutamente injustas, impuestas por las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial contra Alemania, por haber pedido el armisticio y dar término a la guerra.
(*6) Napoleón en su invasión de Alemania y su control de los Territorios del Rin creó pequeños estados, derechos y privilegios que sobrevivieron durante varios Siglos.
(7*) 17) "Exigimos la reforma de la propiedad rural para que sirva a nuestros intereses nacionales; la sanción de una ley ordenando la confiscación sin compensación de la tierra con propósitos comunales; la abolición del interés de los préstamos sobre tierras y la prohibición de especular con las mismas". Este punto afectaba directamente los intereses de los "Junkers" (la "nobleza" hereditaria alemana), que poseía enormes fincas improductivas. En la práctica, una vez que Hitler llegó al poder este punto no se aplicó con la fuerza requerida contra los "Junkers", aunque con otras medidas, sí se mejoró rápida y notablemente el nivel de vida de los campesinos.
(8*) Partido ultranacionalista y ultraconservador dirigido por un millonario.
(9*) Grupo paramilitar ultranacionalista generalmente formado por veteranos de la Primera Guerra Mundial y en parte ligado al DNVP.
Rescatado del olvido por: Acción Chilena
La sociedad de los escudos que he formado está compuesta por menos de cien miembros, no dispone de armas y es el ejército más pequeño del mundo. A pesar de acoger a nuevos miembros todos los años, he decidido no superar los cien afiliados, pues no deseo mandar a más de cien hombres.
No se les paga nada. Sólo se les proporciona un uniforme estival y otro invernal, birretes, botas y un uniforme de combate. Este último es extraordinariamente vistoso y fue diseñado por Tsukumo Iragashi, el único estilista japonés que creó uniformes para De Gaulle. La bandera de nuestra Sociedad es simple: un blasón rojo sobre seda blanca. Yo diseñé personalmente nuestro emblema, que consiste en un círculo que encierra dos antiguos yelmos japoneses. El mismo dibujo aparece en los birretes y en los botones. Para ser miembro de la sociedad de los Escudos es conveniente ser estudiante universitario. Ello obedece a una razón bastante obvia: se es joven y se dispone de tiempo. Quien trabaja no puede concederse arbitrariamente largos periodos de
vacaciones. Para ser admitido en la Sociedad se requiere además cumplir un mes de ejercicios militares en un regimiento de infantería del Ejército de Defensa y luego aprobar un examen.
Una vez convertido en miembro de la sociedad, se participa en una asamblea mensual donde se consagra a alguna actividad encomendada a grupos de diez; al año siguiente se pasa un nuevo periodo de adiestramiento en el Ejército de Defensa. Actualmente, los miembros de la Sociedad se están ejercitando para la marcha que se llevará a cabo sobre la terraza del Teatro Nacional el 3 de noviembre. La Sociedad de los Escudos es un ejército preparado para intervenir en cualquier momento. Es imposible prever cuándo entrará en acción. Tal vez nunca. O tal vez mañana mismo. Hasta ese momento, la Sociedad de los Escudos no cumplirá ningún otro cometido. Ni siquiera participará en las demostraciones públicas. No distribuirá octavillas. No
lanzará cócteles molotov. No arrojará piedras. No hará manifestaciones contra nada ni nadie. No organizará comicios. Sólo participará en el encuentro decisivo. Este es el ejército espiritual más pequeño del mundo, compuesto por jóvenes que no poseen armas sino músculos bien templados. La gente nos insulta llamándonos “soldaditos de plomo”.
Como comandante de los cien hombres, cuando me toca pasar un mes junto a los miembros del Ejército de Defensa me levanto como todos al toque de diana de las seis de la mañana, o a veces a las tres, cuando hay una convocatoria de emergencia, y corro con ellos cinco kilómetros… (yo, habitualmente, no me despierto antes de la una de la tarde).
En efecto, en la vida civil me dedico a la redacción de largas, larguísimas novelas, que me parecen interminables. Durante la noche selecciono las palabras una a una, sopesándolas igual que haría un farmacéutico con sus drogas sobre una balanza sumamente sensible, para después unirlas. Logro conciliar el sueño cuando ya ha llegado la mañana.
Sé que debo mantener un equilibrio constante entre mi actividad en la Sociedad de los Escudos y la calidad de mi trabajo literario. Si este equilibrio se quebrara, la sociedad de los Escudos degeneraría hasta convertirse en la distracción de un artista, o bien yo terminaría por transformarme en un político. Cuanto más comprendo las sutiles funciones de las palabras, con mayor claridad veo que frente a la realidad, el artista es absolutamente irresponsable, como un gato. En mi calidad de artista, no me sentiría responsable ni siquiera aunque el mundo se derritiese como un helado. Pues he sido yo, en efecto, el que le dio el gusto que deseaba a ese helado… En cambio, asumo toda la responsabilidad en lo que respecta a la sociedad de los Escudos. Es una obligación que me he impuesto libremente. Y es imposible que yo pueda sobrevivir a todos sus miembros.
Después de haber fundado esta pequeña agrupación, comprendí que la ética de un movimiento, cualquiera que ésta sea, se halla condicionada por el dinero. Jamás he
aceptado de nadie ni un solo céntimo para nuestro grupo. Los fondos de que disponemos provienen en su totalidad de mis derechos de autor. Esta es la razón económica por la que no puedo permitir que los miembros sean más de cien.
En mayo de este año fui invitado a una reunión de estudiantes de la izquierda más radical, con los que me enzarcé en un emocionante debate. Cuando transcribí tal encuentro en un libro, la edición se convirtió en un best-seller. Decidí, de acuerdo con los estudiantes, repartir a partes iguales los derechos de autor. Probablemente con ese dinero habrán comprado cascos y fabricado cócteles molotov; yo, por mi parte, compré los uniformes estivales para la Sociedad de los Escudos. Todos me dicen que no hice un mal negocio.
La hipocresía del Japón de posguerra me provoca náuseas. No creo que el pacifismo sea una hipocresía en sí mismo, pero estoy convencido de que, a causa del abuso que han hecho los exponentes de la izquierda y la derecha, de nuestra pacífica Constitución, usada como un pretexto político, no existe en el mundo un país donde el pacifism se haya convertido tan perfectamente en sinónimo de hipocresía como en Japón. En este país, la condición de vida más respetada y segura es la de los pacifistas, que reniegan de la violencia y asumen posiciones parecidas a las de los partidos de izquierda. Es cierto que en ello no habría nada de censurable. Pero cuanto más crece el conformismo de los intelectuales, más me pregunto si un intelectual no tiene el deber de someter a crítica este conformismo y de elegir una existencia más aventurada. Y, por si esto fuera poco,
hoy se difunde estúpidamente, entre otras cosas, el denominado “socialismo de salón” de la élite intelectual, cuya influencia social es notoria. Las madres gritan que no es lícito poner armas de juguete en las manos de sus niños, y que la obligación de colocarse en fila y de ser reconocidos por un número en la escuela son reminiscencias del militarismo, y por ello ahora los escolares se reúnen en ocioso desorden, como parlamentarios.
Alguien objetará: “¿Pero por qué tú, que eres un intelectual, no te limitas a realizar una actividad verbal?” Como hombre de letras, sé demasiado bien que en Japón todas las palabras han perdido su peso y se han convertido en elementos falsos y sin trascendencia, como ese plástico que imita al mármol. Además, se las utiliza de modo que un concepto oculta otro, pues así, quien las escribe, se procura una coartada para abrirse cualquier posibilidad de fuga. En cada palabra se ha infiltrado la falsedad, como el vinagre en las verduras. En mi condición de hombre de letras, creo
que nada más que en las palabras perfectamente falsas de las obras literarias; como ya indiqué, estoy convencido de que la literatura es un mundo absolutamente alejado de la lucha y de la responsabilidad. Y éste es el motivo que me induce a amar, de la literatura japonesa, sobre todo la tradición del refinamiento. Si todas las palabras que se refieren a la acción se han corrompido, es necesario, para resucitar la otra tradición de Japón, es decir, el mundo de los guerreros y los samurai, actuar en silencio, sin la ayuda de las palabras y corriendo el riesgo de que se produzca alguna confusión. En mi ánimo anidaba desde hacía tiempo la convicción de que, como consideraban los samuráis, justificarse a sí mismo es un acto de bajeza.
Impulsado por una fuerza interior, comencé a dedicarme al kendo. Lo practico desde hace trece años. Este arte, modelado sobre el de los antiguos guerreros, consiste en el dominio de una espada de bambú y no requiere palabras; gracias a él, he sentido renacer en mí el antiguo espíritu de los samurai.
La prosperidad económica ha transformado a los japoneses en comerciantes y el
espíritu de los samuráis se ha extinguido por completo. Ahora se considera anticuado arriesgar la vida para defender un ideal. Los ideales se han convertido en una especie de amuletos adecuados únicamente para proteger la vida de los peligros que la acechan.
Sólo cuando los estudiantes, erróneamente considerados los tranquilos continuadores de la obra de los Maestros, se enfrentaron a los intelectuales con una violencia aterradora, éstos se dieron cuenta (aunque ya era tarde) de que para defender las propias ideas es necesario estar dispuesto a sacrificar la vida.
Los actuales desórdenes estudiantiles recuerdan el periodo en que los sofistas, los antagonistas de Sócrates, aislaron a los jóvenes en el ágora y éstos se rebelaron. Pero yo creo que la vida de los jóvenes –y no sólo de los jóvenes sino de todos los intelectuales debe transcurrir entre el gimnasio y el ágora. Defender la propia opinión con opiniones representa una contradicción de método: yo soy de los que creen que una opinión debe defenderse con el cuerpo y las artes marciales. Mediante este razonamiento llegué espontáneamente a entender la noción que en la
estrategia militar se conoce como “invasión indirecta”. Vista desde el exterior, ésta parece una lucha ideológica encubierta dirigida por una potencia extranjera, mientras que esencialmente es (al menos respecto a Japón) una batalla entre quien intenta violar la identidad nacional y quien se esfuerza por defenderla. Tal estrategia asume las formas más variadas y complejas, pues a veces provoca una lucha popular que adopta la máscara del nacionalismo y en otras se convierte en un combate de milicias irregulares contra un ejército regular.
Sin embargo, se puede afirmar que en Japón la modernización del siglo XIX echó por tierra el concepto de milicias irregulares y que fue así como el ejército regular asumió una importancia exclusiva. En la actualidad, una tradición similar se ha extendido incluso al Ejército de Defensa. A partir del siglo XIX Japón dejó de tener una milicia popular, a tal punto que en la Segunda Guerra Mundial el Parlamento aprobó una ley para enrolar voluntarios sólo dos meses antes de la derrota. Los japoneses consideramos que los ejércitos irregulares, que son las fuerzas adecuadas para las nuevas formas de guerra del siglo XX, deben emplear las simples estrategias del ejército convencional. Mi concepción de la milicia popular recibió siempre las críticas de todos aquellos con los que he conversado sobre el tema, que querían convencerme de que en Japón tal milicia no podría llevarse a la práctica. Les rebatía ese argumento afirmando que yo crearía una,
sólo con mis fuerzas. Y éste fue el origen de las Sociedad de los Escudos.
En la primavera de 1967, a los cuarenta y dos años, obtuve un permiso especial para participar durante dos meses en las maniobras del Ejército de Defensa, siendo admitido en una división de infantería como alumno oficial. Mis compañeros eran todos jóvenes de poco más de veinte años. Compartí hasta el límite de mis posibilidades su adiestramiento; corrí, marché y participé incluso en un entrenamiento para rangers.Fueron experiencias muy duras, pero logré superarlas. Se me ocurrió entonces que era imposible que jóvenes de veinte años no lograran realizar aquello que había sido capaz de hacer un hombre de cuarenta y dos. De mis experiencias deduje que, con un mes de prácticas, los jóvenes ignorantes de cualquier disciplina militar estarían en condiciones de conducir pequeños pelotones de hombres, y con la ayuda de expertos estudié y perfeccioné en seis meses un plan racional de ejercicios.
En la primavera de 1968 realicé mi primer experimento: me dirigí a un cuartel en las laderas del Fujiyama con una veintena de estudiantes y comencé el adiestramiento. Los militares nos recibieron con un evidente escepticismo. Pensaban que esos jóvenes, cuya educación de posguerra les había enseñado a evitar todo esfuerzo físico y a sustraerse a toda disciplina, no podrían sobrellevar un mes de severa vida militar.
Pero, para su sorpresa, esos jóvenes superaron la prueba comportándose como espléndidos jefes de pelotón durante simulaciones de combate en las que, después de una marcha de cuarenta y cinco kilómetros y una carrera de dos kilómetros, había que desarrollar diversas estrategias de ataque a una posición enemiga. Transcurrido ese mes nos separamos con gran pesar de los oficiales instructores y de los suboficiales, estrechándonos las manos con lágrimas en los ojos.
En los años siguientes volví a llevar una vida de cuartel con los nuevos inscritos en la Sociedad, y adquirí el hábito, para mí insólito, de participar en sus ejercitaciones más difíciles. A continuación, en el otoño de 1968, bauticé a nuestro grupo con el nombre de Sociedad de los Escudos. En Europa, un fenómeno semejante sería inconcebible. En Japón, como he dicho, aparte del Ejército de Defensa, no existen jóvenes civiles que hayan recibido adiestramiento militar, ni siquiera de un mes, a excepción de los inscritos de la sociedad de los Escudos. Por tanto, a pesar de ser sólo cien, la importancia militar de nuestro grupo es relativamente grande. En caso de necesidad, cada uno de ellos podría ponerse a la cabeza de cincuenta hombres y ocuparse de cumplir servicios auxiliares o de vigilancia, o de realizar incursiones o dedicarse a la información.
Pero el objetivo fundamental de mi esfuerzo al crear esta Asociación fue volver a
encender la llama del espíritu de los guerreros, que en el Japón moderno se está
extinguiendo.
Por último, deseo narrar un episodio que me parece adecuado para reflejar el carácter de nuestra Sociedad. Este verano fui huésped del cuartel que se halla emplazado en la ladera del monte Fujiyama en compañía de una treintena de estudiantes. El primer día nos dedicamos a cumplir un arduo entrenamiento bélico, bajo un cielo de fuego. Al regresar al cuartel cenamos y tomamos un baño, y después algunos estudiantes se reunieron en mi habitación. Sobre la llanura reverberaban relámpagos violáceos, se oían truenos lejanos y nos llegaba más cercano el canto de los grillos. Después de haber conversado sobre la dificultad de conducir un pelotón, un estudiante de Kioto extrajo una flauta travesera de un elegante estuche con forma de bolsa. Se trataba de un antiguo instrumento de Gagaku, la música de la corte; en la actualidad son muy escasas las personas que saben tocarlo. El estudiante confesó que había comenzado a estudiarlo alrededor de un año antes y que a menudo lo tocaba cuando llegaba el primero al lugar donde solía encontrarse con su novia, en un antiguo templo en los alrededores de Kioto, pues era la señal para que ella pudiese saber dónde estaba él. Vibraron las primeras notas de la flauta. Era una melodía antigua, melancólica y encantadora, una música que evocaba la imagen de un campo otoñal rociado de escarcha. Había sido compuesta en la época del Genji monogatari, en el siglo XI, y había acompañado a la danza Olas del mar azul en la que se exhibió el protagonista de la obra, el Príncipe Esplendoroso.