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La memoria de la Otra Europa

La Gran Esperanza 51: especial Juan Ignacio

La Gran Esperanza 51 "especial Juan Ignacio 3" from José López García on Vimeo.

7 Enero: Strage de Acca Larentia

7 Enero:  Strage de Acca Larentia

¡¡Vamos de copas!!

Memoria histórica: 26 mayo 1979, California 47

Memoria histórica: 26 mayo 1979, California 47

 

A las once de la mañana, el cortejo fúnebre que acompañaba los ataúdes con los cadáveres del teniente general Gómez Hortigüela, los coroneles Laso y Ávalos y el conductor Gómez Borrero, asesinados por ETA el día anterior, salía por la puerta principal del Cuartel General del Ejército y enfilaba poco después la calle de Alcalá, hasta la Plaza de la Independencia, donde estaba prevista la despedida del duelo. Cerca de cinco mil personas se habían congregado en las inmediaciones y algunos lanzaban gritos de «Gobierno, dimisión», «Ejército al poder» y «Franco, Franco», así como insultos contra el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez y el vicepresidente, teniente general Gutiérrez Mellado. Aquel enlutado 26 de mayo de 1979 era sábado. Y Fernando Manso, de 37 años y vecino de Madrid, agente comercial, casado y con una hija que aún no había cumplido los cuatro años, acudió, junto a su suegro, a la manifestación contra estos crímenes.

Llovía sobre mojado. El día anterior, dos de los integrantes del comando del Grapo -Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, brazo armado del PCE-R-, que la víspera habían asesinado a un policía del Cuerpo Superior en Sevilla, y que se disponían a liquidar a un teniente coronel del Ejército, habían caído abatidos en Teruel durante un enfrentamiento con la Guardia Civil.

Días de miedo

«Los atentados eran constantes -recuerda María Luisa Ordoñez, viuda de Manso-. De hecho, ese sábado íbamos a sacar entradas para el cine que hay junto a California 47, para la sesión de la noche, ya que al día siguiente era mi cumpleaños, y, desistimos porque nos daba miedo andar a esas horas por la calle, así que pensamos que mejor merendaríamos en la cafetería de Goya, que tanto frecuentábamos. Llegamos a "California" minutos antes de las siete de la tarde y bajamos a la planta inferior, ya que la primera estaba hasta arriba. Como mi marido no se encontraba bien, entró al baño, y yo me quedé sentándome en la mesa con mi niña. Entonces estalló. Es un milagro que no tuviéramos heridas graves. Sufrí una conmoción y perdí el conocimiento. Me llevaron al Hospital Provincial. Desperté sobre una camilla hacia las nueve de la noche. Había un movimiento impresionante de enfermeros y de médicos. No sabía dónde estaba mi hija. Al parecer, los bomberos la sacaron y la dejaron fuera y un matrimonio que pasaba por allí la cogió y la llevó al Ruber. La niña estuvo desaparecida entre dos y tres horas».

«Al volver en mí, pregunté por mi marido. Tenía un presentimiento terrible. Me dijeron que estaba muy grave, pero supe que había pasado lo peor. Fernando falleció en el momento». «Nunca piensas que a ti te va a pasar. Antes que en California 47 ya habíamos conocido el ataque indiscriminado con el atentado de la calle de Correos. Pero a pesar de eso, lo sigues viendo como algo lejano. El Grapo estaba en su apogeo y enseguida nos enteramos de que habían sido ellos».

María Luisa ya no volvió nunca más a su casa. «Me llamaron para los juicios, pero no tuve valor. Me daba miedo enfrentarme a todo eso». Hoy, junto a la madre, se sienta la hija, María Luisa, la huérfana. Dice mirando fijamente a los ojos que «las víctimas del Grapo hemos sido olvidadas, somos víctimas de segunda» y su madre explica que «en aquella época hasta nos rechazaban. No se me olvidará cuando llamé al Ministerio de Trabajo para enterarme de las pensiones, ya que mi marido era autónomo y me quedé sin nada cuando murió, y al decir que era víctima del terrorismo me colgaban el teléfono. Tuve que vender mi casa. No tenía seguro. Mi familia nos ayudó a salir adelante. Al mes justo de enviudar, me puse a pedir trabajo. Ni el Gobierno ni la Casa del Rey, nadie se preocupó por nosotros. Así lo digo y así fue». Luego vino la ignominia. «¡Qué dolor y qué rabia tener que escuchar que habían volado la cafetería porque estaba llena de fascistas! ¡Éramos ciudadanos corrientes y molientes que merendaban un sábado por la tarde! Sí, había algunas mesas en la calle de Fuerza Nueva, donde vendían banderas y todo eso, pero nosotros no éramos de nada. Fue un crimen vil».

La bomba, en papel de regalo

Según el relato de los hechos que consta en la sentencia por la matanza de nueve personas y que causó heridas a 61 en la cafetería, «José María Sánchez Casas, dirigente de una banda perfectamente estructurada y provisto de armamento, dio orden a uno de sus subordinados, Alfonso Rodríguez García, de que en unión de la compañera de éste, María del Carmen López Anguita, colocaran una bomba de gran potencia en la cafetería California 47 de Madrid, el 26 de mayo de 1979».

La terrorista metió la bomba, envuelta en papel de regalo, en un armario de los servicios, en la planta inferior, y la conectó para que explosionara a las 18,50 horas. «Es de insistir -señaló el fiscal- que la bomba había sido especialmente preparada para un atentado de gran magnitud y excedía, con mucho, el tamaño y potencia de otros artefactos preparados hasta entonces».

A Julián Gómez Nava, camarero de 34 años, que había entrado a trabajar a la una de la tarde y que en ese momento atendía las mesas de la planta baja, la bomba le reventó «por la tripa y por mis partes, me rompió la dentadura, me abrasó las piernas y las manos, me hirió en la clavícula y el riñón, además de dejarme sordo del oído izquierdo. Me dieron por muerto. Estaba casado y tenía dos niñas chiquititas. Ese día -concluye- me destrozaron la vida».

Julián, que desde aquel maldito 26 de mayo no ha podido separarse de los ansiolíticos para poder vivir y, a duras penas dormir, sirvió al asesino. «El que hacía de jefe de la banda, ese tal Sánchez Casas, iba todos los días a comer a California 47 y yo le tomaba la comanda. Le conocía de cliente habitual; venía de los primeros y se sentaba en una mesa para dos. Comía y "adiós" , "adiós". No hablaba más. Les reconocí a él y a la chica que puso la bomba. Creo que por eso -explica con miedo y pesadumbre- me amenazaron durante un tiempo».

A los tres años del atentado, Julián Gómez Nava volvió a trabajar. «Me había curado de algunas heridas, otras no, porque no tienen solución. Volví con más gana y regresé, aunque me ofrecieron otra cafetería, a California 47. El primer día que volví a cruzar la puerta me dio pena y miedo; pero seguí ahí y nos pusimos el desafío de sacar adelante el local y lo logramos. Los clientes nos animaban mucho. Estuve hasta que se murieron los jefes, casi veinte años». Nunca recibió una peseta de indemnización y aún hoy batalla en el Supremo para recibir compensación por aquel golpe, que sólo le dejó sordera y desolación.

No hubo psicólogos

Otros, sin embargo, no volvieron más. Victoria de la Cuesta y su marido, Francisco de Juan, habían quedado aquella tarde con sus hermanos para merendar, después de una tarde de compras con su hija. «¿Quién nos iba a decir que aquel día nos iba a pasar una cosa así?», lamenta esta mujer a la vuelta de un cuarto de siglo desde el horror del atentado. «¿Quién no entraba a merendar a California?», repite. «¡Pues todo el mundo! Mi única hija no entró porque empezaba a salir con el chico que hoy es su marido y se marchó. Por eso no tuvo heridas físicas, pero ver casi muertos a sus padres -"corre para el Francisco Franco que tu padre no sale, corre para la Paz que operan a tu madre a vida o muerte"- le provocó tal conmoción que abandonó la carrera de Farmacia que estaba terminando. Ella sí que hubiera necesitado psicólogos, pero allí no había nadie que te echara una mano y cada uno se buscaba la vida como podía para tirar para adelante. Y qué le voy a decir de mí: ahora soy vieja, pero entonces estaba en lo mejor de mi vida y me arrancaron la cara. Cuando me encontraron, sin dientes, tenía el ojo derecho sobre la boca».

Cundió el pánico en Madrid. Tras el atentado, desalmados anónimos llamaban anunciando bombas en bares, lugares de trabajo, colegios y grandes almacenes. La crispación se adueñó de la calle. Cuatro días después, la misma jornada en que «Naranjito» -la mascota del Mundial-82- se daba a conocer al mundo, comparecía en el Congreso de los Diputados el presidente Adolfo Suárez. Su intervención decepcionó porque sus palabras no fueron más que un recopilatorio de las mismas condenas de siempre. Nada nuevo, nada decisivo.

Jordi Pujol, «de la minoría catalana», le espetó desde la tribuna: «El país espera algo más que palabras, espera una eficacia que le libre del miedo». Y el 4 de junio, a primeras horas de la tarde, el Grapo asesinaba a tiros a dos guardias civiles en Madrid.

Fuente: ABC

Juan Ignacio ¡¡Justicia!!

Uno de los nuestros: José Mari Arrizabalaga Arcocha

Uno de los nuestros: José Mari Arrizabalaga Arcocha

 

Alrededor de 1982 mi querido amigo Gonzalo Ruiz me hablaba de José María Arrizabalaga Arcocha, era la época en la que empecé a militar en el Carlismo. Los que no veníamos de familia carlista, nos formábamos con los pocos libros que podíamos adquirir y sobre todo de la tradición oral de nuestros mayores y las mil historias y experiencia que cada uno nos explicaba desde su particular versión de las cosas. Aún estaban muy recientes los sucesos de Montejurra y los carlistas continuábamos diseminados y desunidos.

 
Por y en diversos frentes, todos luchábamos por un lado y por otro por nuestro cuatrilema. Las historias de las hazañas de los Requetés en nuestra Cruzada, la caballerosidad de los combatientes, el respeto hacia sus enemigos y obras como las de SMC doña Margarita con las damas de la Caridad y miles de anécdotas más, nos fueron seduciendo a un grupo de jóvenes, políticamente iletrados, y socialmente muy confusos.
 

 

A pesar del orgullo de la gloria conseguida, todo quedaba un poco lejos, hasta que mi querido Gonzalo, al que no veo desde hace muchísimos años, empezó a hablarme de José María Arrizabalaga Arcocha. Un muchachón del norte, un vasco euskaldun, apegado a su tierra, a sus tradiciones y por tanto..... CRISTIANO y ESPAÑOL hasta la médula. Grande como un castillo, para que su pecho albergara ese enorme y noble corazón con el que Nuestro Señor le premió.

Enseguida empezó a interesarme la historia de José María Arrizabalaga, tanto llegó a impresionarme la historia de este mártir carlista que semanas más tarde, Gonzalo me enviaba desde Madrid desde Madrid dos fotografías de José María Arrizabalaga, dentro del ataúd en el salón de su casa.

“Estas fotos me las dio la madre de José María para que su lucha, pasión y muerte no caigan en el olvido, no lo permitas nunca”, me dijo Gonzalo, a eso me comprometí y eso es lo que voy a hacer.

Tanto me impresionaron esas fotografías y la historia de José María que las conservé en una hoja plastificada para evitar que se deterioren y me han acompañado siempre en mis viajes a Estados Unidos, Israel y Europa. Especialmente emotivo fue cuando en mi primer viaje a Israel, esta fotos de nuestro último mártir, fueron puestas durante unos largos minutos en los Santos Lugares que visité, creo que al le hubiera gustado. Y José Mari me acompañó a la basílica de la Natividad, al Santo Sepulcro, a Getsemaní, al monte Calvario y al cenáculo; y daba gracias a Dios por ponerme el ejemplo y entrega de este Caballero Carlista, para no desfallecer y caer en la vida fácil. Al final del día siempre repetía la misma oración: “Señor, hazme como él. Hazme como José María”. De forma discreta las fotografías de José María pasaban de la mesita de noche al maletín de trabajo y a un lugar de honor cuando regresaba a casa.
Jamás supe como contactar con la familia de José María y al iniciar este Blog, su figura y la difusión de su vida y muerte continuaban siendo una idea perenne en la memoria. No sabía que hacer ni por dónde empezar para poder escribir sobre este noble vizcaíno al que no conocía, pero al que admiraba y respetaba profundamente. A medida que contactaron conmigo personas de todas partes de España, tuve la suerte y el privilegio de entablar buena amistad con uno de los mejores amigos del mártir y gracias a su colaboración y la de otros podemos difundir desde este Blog la historia de este Requeté y Mártir Carlista. Caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita y si me permiten la libertad: Me importa un bledo, en este caso, quien sea el Gran Maestre de esta Orden, pero sin duda José María se merecía esta condecoración, no a título postumo, sino en vida, porque siempre fue un valiente que ni se ocultó bajo pasamontañas o tras pseudónimos.
Somos conscientes que en opinión de algunos, hablar de José María será “políticamente incorrecto”, pero al grupo de Carlistas que trabajamos y colaboramos en este Blog eso no nos importa. Le guste a quien le guste y le disguste a quien le disguste, José María Arrizabalaga Arcocha fue vil y cobardemente asesinado porque luchaba por Dios, por la Patria, los Fueros y el Rey legítimo de las Españas. Murió por su Religión y por su Patria, es por tanto un héroe y un mártir carlista, como tal fue asesinado, como tal vivió y como tal fue enterrado, tocado con su sagrada BOINA ROJA y su uniforme de REQUETÉ. José María Arrizabalaga Arcocha sigue VIVO en nuestra memoria, nuestro recuerdo y nuestras oraciones.
 
 
Nos decía el año pasado en Madrid nuestro querido Pepe Arturo Márquez; "Cuando asesinaron a José María, es como si me hubieran matado a un hijo".
FUNERALES EN ONDÁRROA

NO SE PERMITIÓ EL PASO A DON SIXTO DE BORBÓN
FUNERALES EN ONDÁRROA
FUERTE DISPOSITIVO POLICIAL EN TORNO AL ACTO

 

Ondárroa, 28. (Resumen de Europa Press).- Fuerzas de Orden Público han controlado esta tarde la entrada a la población de Ondárroa con motivo de la celebración, a las cinco de la tarde, de un funeral por José María Arrizabalaga Arcocha, jefe de las Juventudes Tradicionalistas de Vizcaya, asesinado ayer por un comando. El dispositivo montado ha sido similar al que se arbitró el domingo en Arrigoriaga con ocasión del entierro de “Argala”. Fuerzas de la Guardia Civil han rodeado la población, y controlado los accesos a Ondárroa, con el fin de evitar la llegada de personas ajenas a la familia del fallecido o no pertenecientes a la población. Únicamente se ha permitido el acceso de familiares, y de naturales de Ondárroa.

En el interior de la localidad se han desplazado efectivos de la Policía Armada, en evitación de posibles incidentes de orden público durante el funeral.

Según se informa a Europa Press, entre las personas que han sido retenidas en los controles de acceso a Ondárroa, figura don Sixto de Borbón-Parma (hermano de don Carlos-Hugo) que está encuadrado en la Comunión Tradicionalista Carlista. Sixto de Borbón intentaba asistir al funeral, dado que el joven muerto en Ondárroa pertenecía a la Comunión Tradicionalista. Sin embargo la Fuerza Pública no le ha permitido llegar al casco urbano, por no ser miembro de la familia del fallecido ni residente en la localidad. Don Sixto fue retenido durante un rato, y posteriormente se le permitió abandonar la zona.

FUNERAL

A las cinco y media de esta tarde se inició en la iglesia de Santa María de Ondárroa, el funeral. El templo apareció repleto de público, y la ceremonia fue oficiada totalmente en vascuence, salvo el Evangelio. El féretro estaba cubierto con la Bandera Española. La caja fúnebre fue trasladada previamente a la iglesia desde el domicilio del señor Arrizabalaga. Acompañaron al féretro unas doscientas personas entra las que figuraban cuatro o cinco mujeres con boina roja. Al salir el féretro a la calle, una de ellas gritó: “ETA asesina, ETA criminal”. El resto le indicó con siseos que debía callarse.Entre el público asistente al funeral figuraban numerosos vecinos de Ondárroa, y entre ellos personas de ideología “abertzale”. También asistió la madre del etarra “Mamarru” – Uno de los históricos de esta organización.

En las introducción a la ceremonia, el sacerdote Jesús Garitaonaindía pidió el cese de la violencia y dijo que por encima de toda ideología hay que desterrar rencores y venganzas. Este sacerdote había sido golpeado hace unos años cuando se negó a obligar a un grupo de encerrados en la iglesia a que abandonaran el templo. Ofició el funeral el Padre Basterrechea, que no pronunció homilía.

Al término de la ceremonia, el cadáver fue trasladado al cementerio, situado a unos cinco minutos de la iglesia. El féretro llevaba doce coronas de flores con la bandera española.

TELEGRAMAS

Blas Piñar, presidente de Fuerza Nueva, ha enviado sendos telegramas a la familia de José María Arrizabalaga Arcocha, jefe de las Juventud Tradicionalistas Carlista de Vizcaya, asesinado ayer en Ondárroa, y a la Comunión Tradicionalista.

El telegrama dice: “En nombre Fuerza Nueva y mío propio, manifiesto pesar e indignación por asesinato José María, víctima del odio de los enemigos de España. Un abrazo”.

El dirigido a la Comunión Tradicionalista: “Mostramos solidaridad con Comunión Tradicionalista por indignación asesinato José María Arrizabalaga, víctima del terrorismo separatista y debilidad del sistema. Suscribimos íntegramente nota difundida por esa Comunión”.

Por otra parte, fuentes de Fuerza Nueva han manifestado a Europa Press que esta organización en el País Vasco ha enviado una corona al entierro del señor Arrizabalaga, y se ha movilizado para asistir al sepelio.

CIRCUNSTANCIAS DE LA MUERTE

La munición utilizada en el atentado perpetrado ayer en Ondárroa (Vizcaya) contra José María Arrizabalaga, era calibre 9 milímetros Parabellum, tipo Geco, marca utilizada con frecuencia por la organización ETA militar. Según fuentes policiales, en el lugar de los hechos se encontraron 9 casquillos de bala.

Se desconocen todavía detalles del atentado. La versión más generalizada afirma que hacia las 6,45 dos niñas subieron a la Biblioteca pública del Ayuntamiento donde trabajaba el joven y donde fue encontrado su cadáver, situado en un primer piso. Al ver el cuerpo de José María Arrizabalaga en el suelo, las niñas pensaron que había sufrido un desvanecimiento, por lo que volvieron a bajar y contaron lo presenciado a otras dos jóvenes. Estas subieron y comprobaron que se encontraba muerto, víctima de un atentado.

Otra versión afirma que las niñas se encontraban en el local cuando ocurrieron los hechos. A las 9 de la noche todavía se encontraban dos libros abiertos en una de las mesas aunque no parecían muy propios para niños de tan corta edad, por lo que tampoco se descarta la idea de que los autores del atentado estuvieran dentro y se hicieran pasar por lectores esperando el momento propicio para realizar el atentado.

Una hermana de la víctima ha declarado a Europa Press que José María había muerto por Dios y por España informando que en el momento de su muerte llevaba un rosario en el bolsillo. (Europa Press).

Fuente: Carlismo Catalan

La OAS: Los Centuriones de la Argelia francesa

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