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La memoria de la Otra Europa

Literatura

Revista Vertice (1937-1946)

Revista Vertice (1937-1946)

Con fecha «abril 1937» se publicó en Guipúzcoa («en los talleres de la Excma. Diputación de Guipúzcoa, en la ’Nueva Editorial S. A.’, Casa Navarro y del Teso y en la ’Editorial Itxaropena’ de Zarauz») el primer número de Vértice, revista nacional de la Falange. Gran formato (355×280mm), magníficos papeles y cartulinas, impresión de lujo, subido precio («3 ptas. el ejemplar»), cuidados fotograbados, más de ciento veinte páginas (sin numerar), buena parte de ellas ocupadas por anuncios que buscaban mostrar actividad económica y apoyos empresariales, fotografías, dibujos a todo color, mapas, partituras, textos de Federico de Urrutia, Dionisio Ridruejo, Carmen de Icaza, Martín Almagro, José María Usandizaga, Benito Perojo... hasta una traducción de Aldous Huxley, &c., ofrecía, tras el Sumario, tres páginas de retratos donde, a toda plana, aparecen José Antonio, el Generalísimo y Manuel Hedilla. Primer plano del rostro del Ausente, ligeramente desenfoncado, y sobreimpreso con grandes tipos: «JOSÉ ANTONIO». Franco, montado sobre su caballo, en fotografía con dedicatoria autógrafa, fechada dos meses antes: «A la revista Vértice, Francisco Franco. Salamanca, 7-2-937», y el pie «El Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado español y Generalísimo de los Ejércitos Azules de Tierra, Mar y Aire, que desde hace nueve meses combaten por España, contra las fuerzas internacionales de la anti-patria». Manuel Hedilla, primer plano de su rostro, de perfil, con el yugo y las flechas de fondo, y dedicatoria autógrafa: «Para la revista ’Vértice’ a la que deseo un gran futuro. ’Arriba España’. M. Hedilla», y un sobrio pie, «Manuel Hedilla». La cubierta es una magnífica acuarela de Carlos Sáenz de Tejada: tres blancas palomas de la Paz revolotean entre banderas: la bicolor de España, la de Falange con el yugo y las flechas de las JONS, la roja de Alemania con su cruz gamada nazi, la real de Italia con la cruz blanca sobre fondo rojo de la casa de Saboya, la de Portugal; banderas portadas triunfantes por uniformados sin armas, uno de ellos muestra la rama de olivo símbolo de la Victoria y de la vida, hasta se adivina un turbante moro en uno de los abanderados...

Pero mientras en Guipúzcoa se ultimaba la impresión de este primer número de Vértice, en Salamanca se producían acontecimientos determinantes para el curso de la guerra de España, al acumular Franco la jefatura del Partido a la del Estado: el día 18 de abril se reunía el III Consejo Nacional de Falange, que ratificaba como Jefe Nacional y sucesor de José Antonio, fusilado cinco meses antes, al austero Manuel Hedilla... mientras Ernesto Giménez Caballero redactaba a toda prisa el Decreto de unificación, que firmaba Franco el día 19 y era publicado por el Boletín Oficial del Estado de 20 de abril de 1937, disponiendo que Falange Española y Requetés se integren, bajo la Jefatura de S. E. el Jefe del Estado, en una sola entidad política, de carácter nacional, que se denominará «Falange Española Tradicionalista de las JONS» quedando disueltas las demás organizaciones y partidos políticos. Manuel Hedilla, Martín Almagro y otros falangistas fueron detenidos; Hedilla fue condenado a muerte, y aunque se le indultó, quedó apartado entonces de la vida pública. Vértice tuvo que añadir tras la cubierta, al encuadernar su primer número, media página vertical con el siguiente texto: «¡¡muy importante!! Las disposiciones recientísimas del Jefe del Estado unificando a la Falange y al Requeté, que habrán conmovido a todo el ámbito nacional en un profundo sentimiento de españolismo, nos han sorprendido con el primer número de Vértice a punto de salir a la calle. Y como el proceso de tirada de las portadas en color es muy duradero y complicado, no nos es posible preparar otras cubiertas ateniéndonos a las últimas órdenes que regulan los subtítitulos de las revistas o periódicos españoles. La primera y segunda portada están ya tiradas por entrar en máquina juntas, por lo que esperamos de las autoridades militares y del público en general nos perdonen esta aparente infracción en gracia al volumen y esfuerzo enorme que supone haber creado una revista como Vértice que no puede improvisarse y que ofrecemos emocionados a la consideración de todos nuestros compatriotas. Vértice es ya y será siempre la gran revista nacional, honra y orgullo de nuestra nueva España.» Y así, con Hedilla detenido, se difundió el número primero de Vértice, con su retrato como segunda jerarquía viva del sistema... y es que la foto de Manuel Hedilla no podía arrancarse sin más, pues ocupa el verso de la misma hoja que en su recto soporta el retrato del Jefe del Estado jinete, recien elevado a la jefatura de la nueva Falange Española Tradicionalista de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas.

El número 2 de Vértice, mayo de 1937, todavía ofrece en su cubierta como subtítulo: «Revista Nacional de la Falange», aunque impresa en tinta roja, a la izquierda del Sumario, la página titulada «la revista habla» repite explicación: «Recordamos que como el proceso de tirada de las portadas en color de Vértice es muy duradero y complicado, no nos fue posible preparar otras cubiertas que se atuvieran a las últimas órdenes que regulan los subtítulos de las revistas o periódicos españoles. Del mismo modo que la primera, la segunda portada de la revista estaba ya tirada, por lo que, como ya dijimos, esperamos de las autoridades y del público nos perdonen esta aparente infracción, que quedará subsanada a partir de nuestro tercer número, correspondiente al mes de Junio». En efecto, la cubierta del número 3 de Vértice ya pregona: «Revista Nacional de la Falange Española Tradicionalista y de las J. O. N. S.», y en su interior se justifica el retraso de unos días en la aparición del número por la «espera obligada para recoger una completa información gráfica de la toma de Bilbao y una avería reciente en el suministro de fluido eléctrico». Aunque el número 4 prescinde en su cubierta de todo subtítulo, quizá para que mejor destaque sobre el fondo negro el dibujo de un casco de acero y la dedicatoria en letras rojas del que se presenta como número extraordinario (julio-agosto 1937, 6 pesetas): «Al Ejército.» Los retrasos obligan a tachar en la cubierta del número 5, que recupera el subtítulo ampliado, el nombre del mes de agosto, y en la página interior dedicada al Sumario se hace figurar que corresponde a los meses de «Septiembre-octubre del año 1937, II Año Triunfal»; éste Sumario destaca ahora un nombre: «Confeccionador: Tono.» Responsabilidad que en el número siguiente, el 6 (noviembre 1937), queda redefinida: «Dirección artística: Tono.» Los retrasos y dificultades se resuelven con otro número extraordinario, el 7-8 (diciembre de 1937 y enero de 1938), aunque Vértice no puede aparecer ni en febrero ni en marzo de 1938.

El número 9 (abril de 1938) hace figurar un nuevo nombre: «Director: Manuel Halcón. Dirección artística: Tono», e informa a los lectores que la revista utiliza ahora papel español, y que su precio sube de 3 a 4 pesetas: «Vértice a sus lectores. Nuevamente Vértice asoma en estas líneas su inquietud de superación. Como así prometió a sus lectores en el primer número, ni hemos regateado esfuerzos, ni hemos reparado en sacrificios, para lograr que la Revista Nacional de la Falange, llegara a ser el exponente digno de nuestra Prensa y de nuestra Cultura. Ya allí anunciábamos, como una de las deficiencias que estaba en nuestro propósito el subsanar, que el papel empleado en aquellos números, sería sustituido por otro superior, vencidas las dificultades que entonces se nos oponían y cuando éste pudiera ser adquirido sin recurrir a la importación del extranjero. Desde ahora, Vértice aparecerá, editado con papel ’couché’ fabricado especialmente por ’La Papelera Española’, y su precio será de cuatro pesetas. Esperamos que el público acogerá con satisfacción esta diferencia de precio ampliamente compensada, orgullosos todos los españoles de que la Revista Nacional de F. E. T. y de las JONS, haga llegar nuestra voz a todos los rincones del mundo, en un marco y en una tribuna, digna de la Nueva España de Franco. ¡Arriba España!» El último número de 1938 (el 17, diciembre), es también el último en el que figura Tono a cargo de la dirección artística (es decir, el fecundo dibujante y escritor Antonio Lara de Gavilán, Jaén 1896-Madrid 1978).

Manuel Halcón Villalón-Daoiz (Sevilla 1900-Madrid 1989) siguió dirigiendo Vértice durante todo 1939, el «Año de la Victoria», una vez terminada la guerra el 1º de abril de 1939 (los números 18, 19 y 20, de enero, febrero y marzo, hacen figurar: «III Año Triunfal»; a partir del nº 21, abril de 1939: «Año de la Victoria»). El último número de 1939 (el 27, noviembre-diciembre) informa del nuevo domicilio de Vértice, que se ha trasladado de San Sebastián a Madrid (Avenida de José Antonio, nº 62).

En el primer número de 1940 (el 28, impreso en Sucesores de Rivadeneyra, Madrid), figura ya el nombre del nuevo director de Vértice, Samuel Ros (Valencia 1904-Madrid 1945), quien sigue en el puesto en el último número del siguiente año (50-51, noviembre-diciembre 1941). Vértice se mantuvo hasta que la Delegación de Prensa y Propaganda de la F.E.T. y de las J.O.N.S. decidió dejar de publicarla, a principios de 1946, número 83. Contó la revista con varios suplementos, números dobles y extraordinarios.

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Así fue posible… Antecedentes de la II Guerra Mundial

Así fue posible… Antecedentes de la II Guerra Mundial

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Vive peligrosamente: Soldados sin bandera (2011)

Vive peligrosamente: Soldados sin bandera (2011)

El coronel del Ejército de Biafra, el alemán Rolf Steiner, antiguo legionario, tituló su libro de memorias “El último aventurero”. Probablemente el término aventurero, en su sentido vital y nunca peyorativo, es uno de los calificativos más adecuados para definir a todos esos soldados europeos, desarraigados de su entorno, tras la liquidación de los imperios coloniales de sus respectivas naciones, que lucharon, principalmente, en el continente africano con la excusa del dinero; fueron los últimos aventureros que se dieron en los cuarenta años postreros del siglo XX. Figuras solitarias ya extintas que han sido sustituidas en su oficio de hacer la guerra por compañías mercantiles, algo que puede ser una premonición de lo que supondrá el siglo XXI. Entre estos hombres no faltaron los españoles que pelearon en el Congo, para hacer bueno y válido el tópico del quijotismo hispánico; unos guerreros que supieron combatir bajo otra bandera pero con respeto hacia la población autóctona, con sentido de la misericordia y de los valores integrados en su propia cultura, la de Occidente; resultaron ejemplares en su comportamiento pero tan buenos soldados como sus homólogos anglosajones, belgas y franceses… Su historia, la de estos soldados sin bandera, en la historia de la condición humana, recorrida a través del Congo, el Yemen, Biafra, Angola, Rhodesia, el Líbano, Birmania, Afganistán, la antigua Yugoslavia…mostrando con verdadera exageración, lo mejor y lo peor del hombre.” El autor. Joaquín Mañes Postigo es abogado de profesión. Su inclinación por la historia y la investigación de sus acontecimientos y lugares poco comunes, le ha llevado a publicar varios trabajos y libros. Destacar, “El mito de Camerone”, “Sueños de conquista. Españoles en Saigón…”, “La Quimera de un Reino”; el penúltimo, exitoso y muy valorado tanto por historiadores como por lectores aficionados a la historia, “Españoles en la Legión Extranjera francesa”. Todos ellos magníficos, en los que se conjuga el rigor con la amenidad, la precisión con el entretenimiento. Por último, destacar su último y soberbio trabajo, fruto de varios años de intensa investigación: “Soldados sin bandera”, libro imprescindible para conocer el fenómeno militar de los mercenarios, que con tanta fuerza se dio en la 2ª mitad del siglo XX. A reseñar en dicho libro, el esfuerzo realizado para dar a conocer a a nuestros compatriotas que optaron por ese camino. De ellos, muchos, optaron por combatir sin bandera, pero con honor y humanidad, desprendimiento e hidalguía, virtudes enraizadas en todo ser humano que las practica, y de las que muchos españoles han hecho gala a lo largo de nuestra historia, en donde el existir les situó.

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Vive peligrosamente: La forja de un legionario (2007)

Vive peligrosamente: La forja de un legionario (2007)

Ramón Lencero Nieto, nació en plena posguerra, (1948) en la extremeña ciudad de Medellín, patria chica de uno de los hombres más grandes que estas tierras dieron para gloria de España y de su historia, Hernán Cortes. Las lacras propias de esta época, la muerte de su queridísima madre en plena niñez y la falta total de sintonía con la figura del padre, lo encuadraron en un marco existencial, romo, triste y asfixiante, del que deseaba salir huyendo con todas sus fuerzas. A estas ganas de escaparse del horizonte angosto y negruzco, carente de afectos y lazos familiares sólidos a los que agarrarse, que tenía ante sí, iba parejo un carácter inquieto, aventurero, ansioso de libertad, que le tentaba con fuerza a conocer nuevos mundos y dejar atrás, la estrechez de miras del pequeño rincón en el que vivía. De haber vivido en la época de su paisano Hernán Cortes, y de otros ilustres extremeños como Pizarro, Cabeza de Vaca...es posible que hubiera seguido sus pasos e incluso su nombre hubiera brillado con letras de oro en el glorioso libro de aquellos valientes aventureros y grandes guerreros, que sin temor alguno a lo desconocido, se adentraron en un continente, inmenso y desconocido, descubriéndolo y luego conquistándolo para gloria de la nación española. Pero, desgraciadamente, no le tocó vivir esa época. Su tiempo era otro...más chato y vulgar. Desde crío comenzó a escaparse de la casa, las primeras veces sólo unas horas, luego varios días, hasta que en la adolescencia dio el salto definitivo. Tras años de febriles aventuras por toda la vieja piel de toro y por la vecina Francia, (se hizo experto en cruzar la frontera por diversos lugares) ingresó en la Legión, en el Tercio Duque de Alba, donde comenzó una nueva vida que parecía plenamente encauzada y encarrilada para bien. En el García Aldave parecía que nuestro protagonista había alcanzado el sentido último de su existencia, se encontraba feliz, realizado y sobretodo amparado por esa especie de Madre que es la Legión, conformada por la suma de los que la sirvieron desde el primer momento hasta el último alistado. Ascendió a cabo y cuando todo iba sobre ruedas, un caluroso día de Santiago cometió una tontería que se complicó hasta límites insospechados, dándole un giro de 180º a su destino. Los años siguientes fueron duros, difíciles, vividos en constante nomadeo por todas partes, pero siempre en positivo y mirando hacia adelante, pues es un luchador nato. Eso sí, sólo, desarraigado, adjetivos que le perseguirán durante muchos años. Volvió a alistarse al Tercio, en el entonces Sáhara español, pero una " cruz" que había dejado en Canarias, le destrozó su estancia en él, cuando de nuevo había encontrado su senda y las ilusiones comenzaban a florecer en otro inicio de primavera vital que fue aplastada y cercenada por las circunstancias. De nuevo se lanzó a la aventura por todo el mundo, España se le había quedado chica, trabajando en mil cosas; ocupado en barcos cargueros se recorrió muchísimos rincones de la tierra, desde las costas africanas donde le pasaran peripecias incontables a el conocimiento profundo de las dos formas de entender América, Los EE.UU y México, cada cual con sus pros y sus contras, con sus defectos y virtudes. Después de varios años de vida azarosa se alistó en la Legión Francesa, y dentro de ella, posteriormente, en el grupo paracaidista, el regimiento de élite por antonomasia de toda Francia, siempre destacando por su espíritu de sacrificio y dureza hasta límites insospechados que no desvelaré al futuro lector. Volvió a España y tras merodear un tiempo, de nuevo ingresó en la Legión, en otro Tercio y con otro nombre, allí comenzó desde cero y su vida empezó de nuevo a tener sentido y su persona a sentirse querida y arropada por el Tercio. Continuó en la Legión, al final ha pasado por los cuatro tercios, finalizando en la Unidad de Operaciones de la Legión y luego en la legendaria BOEL. Allí era querido, respetado y de nuevo había encontrado el sentido a su vida. Eso sí, en cuanto a afectos personales profundos, se encontraba, como siempre, solo, tremendamente solo. Se sintió tremendamente feliz al conseguir tras diez meses, duros pero muy ilusionados, en la Academia de Operaciones Especiales de Jaca, el Diploma de Operaciones Especiales. Estaba muy ilusionado con la nueva U.O.E.L. En Granada, practicando el esquí junto a sus alumnos, tuvo un accidente, en principio las consecuencias se limitaban a una rotura en la rodilla, que fue escayolada y a la que no se le dio mayor importancia. Era la época en que hacía el curso para sargento y esto le mantenía muy ilusionado,había aprobado los primeros exámenes del mismo. Pero lo de la rodilla se complicó y para mayor inri se ocuparon de echarle fuego al asunto, los "matasanos" de un hospital rondeño, que cometieron por impericia o negligencia... una cadena de atrocidades que le pudieron costar la vida además de dejarle la rodilla hecha una pifia. Nadie protestó o se quejó al Hospital, no había ningún ser querido esperando en los pasillos de dicho hospital. Era el "leif motiv de su vida", la soledad, la falta de afectos, durísima en un hombre afectuoso, sensible y cariñoso por naturaleza. Acudió al Gómez Ulla, donde destaca el cariño que encontró en médicos militares, enfermeras y hasta en las limpiadoras, le operaron de nuevo y vieron la " barrabasada" que le habían realizado los "médicos civiles rondeños". Pero aunque lo intentaron todo, las cosas no podían volver a un estado satisfactorio para seguir, de forma activa y combativa en los puestos de más riesgo de la naciente BOEL. Resistió, con resignación la nueva situación y continuó varios años más en la BOEL, en destinos más en sintonía con su nueva situación. Esto le quemaba la sangre, pues es un hombre de acción, un combatiente nato, y hacía todo lo humanamente posible para superar su problema, pero lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible... Le ofrecieron el ascenso a Sargento, que ya estaba a punto de conseguir, antes del accidente de Sierra Nevada, merecido por completo, pero lo rechazó, pues consideraba que si no lo conseguía en igualdad de condiciones, no era merecedor de dicho rango.. De esta manera está tallado este hombre. En un periodo de permiso, marcha a México, ya no como un desarrapado, sino con el honor y la honra de ser un hombre de bien, un auténtico Caballero Legionario que se había ido forjando en muchos años, de fuego, martillo yunque.. Tuvo la inmensa fortuna de conocer a la mujer de su vida, con la que posteriormente se casó y tuvo tres hijos. En la actualidad vive en un pueblo de Badajoz. Podría decirse que de forma definitiva, pero quien sabe, esta palabra parece que no está marcada en sus genes. Su autobiografía, es interesantísima, está escrita con el corazón y con la llaneza y la claridad de un hombre del pueblo, que llama a las cosas por su nombre, para que sean bien entendidas por sus congéneres que la quieran leer. Su amenidad es tan grande que se lee a paso legionario, y la página final llega como cuando se presencia un marcial desfile del Tercio, en el qué la intensidad y la rapidez del mismo es de tal calibre que sin haberse acostumbrado todavía la vista, ya ha pasado el último legionario, tras la estela de roncos tambores y agudos sonidos de cornetas de guerra. No tiene "carné" de escritor profesional, pero tiene madera y alma de poeta, la posible falta de técnica literaria que pudiera existir, es suplida de manera innata por la interesantísima contundencia de los hechos que relata. Recomiendo muchísimo la lectura de estas Memorias. Os vais a encontrar con todo un pesonaje sin igual, alguien que en esta época "enana" de la vida española sólo se puede encontrar en la Legión, es el último reducto para estos hombres sin tacha, espejo fiel, puro y destilado de las esencias más excelsas del Credo de la Legión a la que ama y siente casi tanto como a su querida España, por la que daría su vida si fuera menester, pues así se lo enseñó, su Madre Legión y el lo juró tres veces besando con pasión el símbolo rojigualda de la Patria. Ramón , ha sido Caballero Legionario de los Tercios, Gran Capitán I de la Legión, Duque de Alba II de la Legión, Don Juan de Austria III de la Legión, y Alejandro Farnesio, IV de la Legión y en la Legión Extranjera Francesa. Paracaidista en la dos Legiones y Caballero de la Bandera de Operaciones Especiales de la Legión, así como de la Unidad de Operaciones especiales de la misma. En su vida legionaria y en la civil, en donde vivió innumerables e intensas aventuras por diversos países, en especial México, Puerto Rico y USA, se llamó Francisco Rivera Sánchez, Albert Vergara, Nelson Romero, Ramondo Lozano y el más conocido y querido por él, Rogaciano Goana Nelson, Cabo 1º y Caballero Legionario, con el que dejó forzosamente el servicio tras serle concedida la medalla de Sufrimiento por la Patria. En la actualidad volvió a su nombre y apellidos primigenios, aquellos que le unen a sus raíces telúricas, en especial a su queridísima y amadísima madre que le dejó, después de caer enferma, cuando era sólo un niño que comenzaba a asomarse a la vida. Su recuerdo es lo único imperecedero en una vida tan intensa y agitada. El único faro al que agarrarse en la noche de su devenir, aquí abajo.

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R. V. Wehrt: 1939. Cómo se gestó la II Guerra Mundial

R. V. Wehrt: 1939. Cómo se gestó la II Guerra Mundial

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Jean Lartéguy: Descansa en paz camarada

La ira de las legiones

La ira de las legiones

Nos habían dicho, al abandonar la tierra madre, que partíamos para defender los derechos sagrados de tantos ciudadanos allá lejos asentados, de tantos años de presencia y de tantos beneficios aportados a pueblos que necesitaban nuestra ayuda y nuestra civilización.

Hemos podido comprobar que todo era verdad, y porque lo era, no vacilamos en derramar el tributo de nuestra sangre, en sacrificar nuestra juventud y nuestras esperanzas. No nos quejamos; pero, mientras aquí estamos impulsados por este espíritu, me dicen que en Roma se suceden conjuras y maquinaciones, que florece la traición y que muchos, cansados y conturbados, prestan complacientes oídos a las más bajas tentaciones de abandono vilipendiando así nuestra acción.

No puedo creer que todo esto sea verdad, y sin embargo las guerras recientes han demostrado hasta qué punto puede ser perniciosa tal situación y hasta dónde puede conducir.

Te lo ruego, tranquilízame lo más pronto posible y dime que nuestros conciudadanos nos comprenden, nos sostienen y nos protegen como nosotros protegemos la grandeza del Imperio.

Si ha de ser de otro modo, si tenemos que dejar vanamente nuestros huesos calcinados por las sendas del desierto, entonces ¡Cuidado con la ira de las legiones!


Carta de Marcus Flavinius, Centurión de la segunda cohorte de la legión Augusta, a su primo Tertulio en Roma.

 

Los Centuriones:

La acción de los paracaidistas de Dien-Bien-Fu, trasladados al nuevo teatro de guerra de Argelia, es apenas el fondo de un penetrante estudio psicológico de tipos y caracteres que encuentra en los episodios bélicos el motivo para manifestarse.

Los Pretorianos:

Los Centuriones se convierten en Pretorianos. El asesinato de uno de sus camaradas lleva a los amigos de éste a desbordar el marco nacional de la acción militar y a "hacer política".

Los Mercenarios:

El último volumen de la trilogía trata sobre los combatientes del Batallón Francés de Corea. Es la novela del orgullo nacional burlado, de las energías que no hallan donde emplearse, de los sacrificios sin sentido y sin causa.

Pierre Eugène Drieu la Rochelle

Pierre Eugène Drieu la Rochelle

 

Delinear la vida de Pierre Eugène Drieu la Rochelle equivale a tratar de relatar el colapso de Occidente. Su vida abarca las dos guerras mundiales europeas. Su obra y su trayectoria reflejan la enorme desorientación y hasta la desesperación que produjo el derrumbe de toda una cultura en medio de un mar de sangre y de destrucción. Hoy quizás resulte fácil la crítica a un hombre que partió del liberalismo nacional burgués romántico de la Revolución Francesa y la gesta napoleónica, pasó por el fascismo de Mussolini y el nacionalsocialismo de Hitler, para terminar, en un último gesto desesperado, esperando algo del comunismo de Stalin. Pero la mayor parte de la generación que vivió aquellas dos guerras no tuvo, tampoco, una trayectoria demasiado distinta. Es tan sólo que algunos consiguieron disimularla exagerando alguna de sus etapas, pero lo hicieron hacia el final, cuando el derrumbe terminal ya se había producido y los sobrevivientes devenidos en famosos se hicieron los distraídos ante la verdad objetiva del comunismo ruso al tiempo que consentían en apuntalar sus posiciones sociales y su prestigio con las muletillas oficialmente aceptadas de lo políticamente correcto. Drieu La Rochelle no entró en ese juego. Pero lo vio venir y prefirió suicidarse.

Nació un 3 de Enero de 1893 en el seno de una familia burguesa poco feliz cuyo ambiente le hubiera resultado asfixiante de no ser por sus abuelos maternos. Es la época que relata en su Estado Civil, publicado en 1921, cuando ya tenía 28 años.

Aprendió a leer en los grandes álbumes ilustrados que relataban las guerras napoleónicas y los relatos épicos inflamaron al principio su imaginación. A los catorce años se cuestiona su fe católica — que había ampliado en el ámbito del colegio marista de Santa María de Monceau — al descubrir el Zaratustra de Nietzsche. Junto con Georges Bataille y André Malraux, La Rochelle fue uno de los nietzscheanos franceses más destacados de su generación.

El contacto con la cultura inglesa se inicia en su adolescencia con varios viajes a Inglaterra. A los 18 años ingresó a la Escuela de Ciencias Políticas para inscribirse luego en La Sorbona y preparar su licenciatura de inglés, una lengua que llegó a dominar a la perfección.

En Noviembre de 1913 lo llamaron para ingresar al 5° Regimiento de Infantería, en el cuartel de Pépinière. La vida militar lo decepcionó pronto pero, al amanecer del 4 de Agosto de 1914 estalla la Primera Guerra Mundial.

El 23 de Agosto el ejército francés se bate en retirada en la batalla de Charleroi y La Rochelle es herido en la cabeza por las esquirlas de un obús que estalla a cincuenta metros de su posición. A su lado muere su amigo judío André Jéramec cuya hermana se convertirá tres años más tarde en su primera esposa. Bajo un estado de aturdimiento, inconciencia y dolor tiene la revelación brutal del guerrero y jefe que tenuemente se dibujaba en su interior y que aparece en su relato La Comedia de Carleroi, publicado en 1934.

Durante su convalecencia escribe poemas sobre la guerra. Algunos de ellos, donde elogia el coraje del adversario, despertaron la ira y la censura militar francesa. Sólo la oportuna intervención de Marcel Sembat, un antiguo ministro socialista, permitió que, en 1917, esos textos aparecieran publicados sin mutilaciones.

Después de recuperarse de su herida, siguió combatiendo en varios lugares: en Champagne, en los Dardanelos y en Douaumont, dónde recibe su tercera herida de guerra. La guerra moderna, inhumana y caracterizada por "el coraje y el miedo", lo marcaría para siempre. Al igual que al Jünger de Tormentas de Acero y a tantos otros. Por cierto que no se convirtió en pacifista, pero consideró que la guerra moderna traicionó el espíritu de la verdadera guerra al imponer, de modo definitivo, el triunfo de la tecnología por sobre lo humano. Al horror industrial se añadía, además, el mesianismo de los demócratas quienes, pretendiendo encarnar al derecho y a la justicia, transformaban al adversario en un demonio; en un "espíritu del mal" al cual es necesario aniquilar a cualquier precio.

Drieu La Rochelle fue condecorado con la Cruz de Guerra. Nunca se la puso.

Terminada la guerra, lee y se hace amigo de Aldous Huxley, el autor de Un Mundo Feliz. Pasan por sus manos las obras de Shakespeare, Goethe, Schopenhauer, Dostoievski, Proudhon, Sorel, Barrès, Kipling, D'Annunzio, Péguy, Guénon y Maurras, entre muchos otros. En 1922 publica Medida de Francia, un libro profético en dónde anuncia la desaparición de su país como gran potencia y, al mismo tiempo, denuncia el aterrador declive de la natalidad en Francia. Entrevé que el futuro pertenece a las naciones más pobladas — Estados Unidos, Rusia, India, China — mientras que Francia sólo puede aspirar a desempeñar un papel de relevancia internacional si se integra a una gran federación europea a la cual La Rochelle considera posible sólo si se impone la igualdad entre los pueblos, sin exclusiones ni hegemonías. Sobre Europa profetiza y denuncia:

“Europa se federará, o se devorará o será devorada (. . .). Ya no hay más que categorías económicas, sin distinciones espirituales, sin diferencias en las costumbres (. . .). Ya no hay más que «modernos», gentes en los negocios, gentes con beneficio o con salario, que sólo piensan en eso y que no discuten más que de eso. Todos carecen de pasiones, son presa de los vicios correspondientes (…); se pasean satisfechos por el universo de baratija en que se ha convertido el mundo moderno, donde muy pronto no penetrará ningún brillo espiritual”

En 1927 publica El Joven Europeo y La Prolongación en las Ideas. Ese mismo año conoce a Malraux y un año después publica Ginebra o Moscú dónde, en una época en que Europa se debatía entre chauvinismos absurdos, escribe:

Entre Calais y Niza me desaliento: quisiera llegar hasta los Urales. Mi corazón, nutrido de Goethe y de Dostoievski, burla las aduanas, traiciona las banderas y se disfraza de timbre postal en las cartas de amor. Quiero ser grande y finalizar el monumento europeo para la mayor gloria del mundo. . . somos 360 millones.

Viaja a Grecia dónde se inspira para Una Mujer en su Ventana que publicará en 1930 y cuyo personaje principal es un comunista militante muy poco preocupado por la ideología. Al año siguiente publica Europa Contra las Patrias dónde profetiza el triunfo de Europa sobre los chauvinismos que la desgarran. Mientras la derecha francesa se nuclea alrededor del antigermanismo de Maurras y la derecha alemana alimenta un revanchismo antifrancés, La Rochelle sueña con una Europa grande y libre. El sueño terminará siendo soñado por muchos otros ante la presión del comunismo ruso triunfante. Pero eso será desde la mitad de la Seguda Guerra mundial en adelante. Y ya será demasiado tarde. Se retomará mucho más adelante, y a medias, con el Mercado Común Europeo primero y la Unión Europea después, pero fuera de todo contexto cultural y sólo bajo parámetros económicos.

El sueño de Drieu La Rochelle era mucho más amplio. Pretendía "establecer un lazo entre la ciudad y el espíritu". No creía para nada en la autoridad moral del régimen vigente. Su concepción libre, casi anarquista, del papel del artista lo llevará a rechazar en Julio de 1931 la condecoración de la Legión de Honor.

En 1933 La Rochelle está en la Argentina. Da conferencias en el Jockey Club; conoce a Borges y lo aprecia. Y conoce también a Victoria Ocampo. En realidad su "affaire" con ella había comenzado probablemente bastante antes ya que se conocieron en París, en 1929. Llegará a llamarla — cariñosamente — "la vaca más hermosa de la Pampa". Ricardo Güiraldes lo lleva a San Antonio de Areco y le hace conocer los pagos de don Segundo Sombra.

Hasta aquí La Rochelle había ofrecido un testimonio sin compromisos irrevocables, que oscilaba entre un comunismo libremente interpretado y un capitalismo renovado. Denunciaba las taras, las mezquindades, los conformismos. Pero una noche de Febrero de 1934, cuando se produce una violenta manifestación en la Plaza de la Concordia contra la corrupción del gobierno con el resultado de 17 muertos y más de 2.300 heridos — la mayoría de ellos pertenecientes a la Action Française de Charles Maurras — La Rochelle se declara fascista. Algunos dirán que lo hizo por provocación, por bravuconería. Lo cierto es que antes de eso había viajado por Alemania, dónde había conocido Otto Abetz, el futuro embajador alemán en París, y los sucesos de la Plaza de la Concordia lo convirtieron en fascista por oposición a un régimen corrupto, protector de estafadores, de apátridas y de policías asesinos.

“Comunistas, patriotas, no es lo mismo. . . Y, sin embargo, estaban muy cerca los unos de los otros. En determinado momento, a eso de las diez del martes, en la rue Royale, la multitud que se precipitaba hacia la plaza de la Concordia para sufrir la gran descarga de las once cantaba lo mismo La Marsellesa que La Internacional. Me habría gustado que aquel momento durara siempre (. . .). Ahora me juntaré con cualquiera que eche este régimen al suelo, con cualquiera, con cualquier condición”.

A partir de entonces abriga una esperanza casi imposible: reunir a todos los revolucionarios, sean de derecha o de izquierda, en un gran movimiento. En Noviembre de 1934 publica Socialismo Fascista que, al decir de Julien Brenda, refleja su "pasión moral" por "hacer una política de izquierda con gente de derecha". Aunque quizás haya sido a la inversa. En todo caso, es un intento de romper las fronteras de los partidos políticos y de las ideologías. Un intento, casi desesperado, de salvar a Europa en su conjunto, más allá de banderías partidistas y de esclerosis dogmáticas. En Socialismo Fascista La Rochelle, ve en el fascismo italiano y en el nacionalsocialismo alemán una posibilidad para:

". . . alterar el sistema capitalista en la medida en que las necesidades del nacionalismo lo obliguen a hacer el socialismo; menos quizá de lo que prometió al principio, pero más de lo que quería".

Y agrega:

"El nacionalismo es el eje de la actividad fascista. Es un eje, no un fin. Lo que importa para el fascismo es la revolución social; la marcha lenta, alerta, diversa, sutil, según las posibilidades europeas del socialismo".

Por otra parte, en sus artículos periodísticos del mismo año subraya la idea desde diferentes ángulos:

“Hace falta un tercer partido que siendo social sepa también ser nacional, y que siendo nacional sepa también ser social y ese tercer partido no debe predicar la concordia, debe imponerla. No debe yuxtaponer elementos tomados de la derecha y de la izquierda, sino imponerles a éstas que se fusionen en su seno”.

A principios de Septiembre de 1935 La Rochelle asiste al Congreso del Partido Nacionalsocialista Alemán en Nüremberg. Hoy, en medio de la apatía y la indiferencia política que ha inundado a Occidente, cuesta imaginarlo, pero en aquél momento los tremendos y poderosos movimientos políticos del fascismo de Mussolini, el nacionalsocialismo de Hitler y el comunismo de Stalin, con sus despliegues de masas, con su intensa propaganda, con una discusión feroz a todos los niveles, descolocaron a prácticamente todos los intelectuales de la época. Algunos se refugiaron en las más cómodas torres de cristal de dogmas preestablecidos, elaborados, cerrados. Otros salieron al ruedo tratando de entender la realidad que, de algún modo, los había sobrepasado. La Rochelle, en medio de ese hervidero de actividad política, creyó poder vislumbrar un "semi-socialismo" en el fascismo y un "semi-fascismo" en el comunismo. La probabilidad de que eso cristalizara en un gran movimiento revolucionario europeo era de una en un millón, pero Drieu La Rochelle se animó a apostar.

En Junio de 1936, Jacques Doriot, alcalde de Saint Denis y antiguo diputado comunista, funda el Partido Popular Francés. La Rochelle se convierte en miembro del Comité Central y escribirá más de cien artículos en su periódico L'Émancipation Nationale. No obstante, con el tiempo, su militancia se debilita. Es que su personalidad no es la de un hombre de partido. Cuestiona demasiado, interroga demasiado, duda demasiado. En 1939 abandona el PPF y logra la primer edición, muy recortada por la censura, de su obra más importante: Gilles. Pero, aun así, el libro es un éxito. Volverá a ser editado, esta vez sin mutilaciones, en 1942.

El 10 de Mayo de 1940 Alemania invade Francia que termina dividida en dos: al Norte ocupada por el Reich y al Sur, con capital en Vichy, dónde la Cámara le confía por abrumadora mayoría el poder al Mariscal Pétain. Después de la ocupación de París, La Rochelle reemplaza a Jean Paulhan — a quien salva dos veces de la Gestapo — como director de la Nouvelle Revue Francaise y despliega una intensa actividad periodística y literaria colaborando, además, con la revista La Gerbe dirigida por Alphonse de Chateubriant. En el París de la Segunda Guerra Mundial, Drieu La Rochelle y Ernst Jünger, los otrora enemigos de la Primera Guerra Mundial, se reunirán amigablemente junto con otros como Luis Ferdinand Céline y Robert Brasillach para discutir sobre mil temas. La guerra que los había enfrentado en el campo de batalla los vuelve a reunir en el campo de la especulación intelectual. Que es confusa, contradictoria, insegura. Los sucesos, los hechos concretos, escapan a toda previsión; a veces incluso a toda imaginación. Los intelectuales ya no impulsan los hechos; los corren desde atrás. La realidad los ha superado y, en última instancia, sólo queda la posibilidad del arte para tratar de interpretar de alguna manera lo que está sucediendo.

Después de la guerra, los otros intelectuales, los que hubieran querido ir por su cabeza pero los que en su momento no se ensuciaron las manos con la realidad y, después, sin arriesgar más que fama y notoriedad, lo acusaron de colaborador y antisemita. La etiqueta le ha quedado pegada hasta el día de hoy. Y, sin embargo, ambas acusaciones, al menos en lo que tienen de peyorativo, no resisten el análisis. La Rochelle jamás renegó, ni de sus ideas, ni de sus amigos. Y las acusaciones lo tuvieron siempre sin cuidado. Al respecto llegó a escribir:

“Los amigos judíos que he ocultado están en la cárcel o han huido. Me ocupo de ellos y les hago algún que otro favor. No veo contradicción alguna en ello. Acaso la contradicción de los sentimientos individuales y de las ideas generales es el principio mismo de toda humanidad. Se es humano en la medida en que le hacemos trampas a nuestros dogmas”.

Hacia el otoño de 1941, sus esperanzas respecto de los alemanes se están enfriando. Los ve cada vez más nacionalistas y cada vez menos socialistas. De hecho, Berlin está ocupada en un juego mucho más peligroso que el de hacer reformas políticas: desde el 22 de Junio el Tercer Reich está comprometido en una guerra con Rusia. En ese momento, en 1941, los alemanes todavía creen que pueden ganarla.

La Rochelle regresa a las filas del Partido Popular Francés. En 1942 se reencuentra en París con Malraux y acepta ser el padrino del segundo hijo de éste. En 1943 publica Crónica Política y El Hombre a Caballo. El 8 de Mayo aparece su primer artículo en La Révoluction Nationale que dirige Lucien Combelle. Los restantes 34 le traerán serios problemas con los alemanes.

Se va a Suiza. A pesar de la insistencia de sus amigos para que se quede allí, regresa a París y, en Mayo de 1944, termina Los Perros de Paja que es su balance de la colaboración con los alemanes. El 12 de Agosto, después de escribir su Carta a un Amigo Gaullista intenta suicidarse. Gabriela, su ama de llaves, le salva la vida a último momento aunque él insisite tratando de cortarse las venas estando todavía en su cama en el hospital. Recuperado a medias, termina Relato Secreto (que editará póstumamente su hermano Jean en 1951). Allí expresa:

No soy un patriota común, un nacionalista cerrado. No soy más que un francés, un europeo.

He examinado una por una todas las soluciones posibles para llegar a la de Europa. Siempre he estado en contra de las hostilidades franco-alemanas como uno de los principales obstáculos de Europa.

Siempre he hablado libremente a los alemanes con dureza. Les expliqué que no habían comprendido en absoluto la revolución socialista europea que habría podido justificar y transfigurar sus agresiones y sus conquistas.

La verdad es que los alemanes se acordaron tarde de Europa. En el caso específico de Francia, la Legión de Voluntarios Franceses que combatió junto a las tropas alemanas se formó recién el 8 de Julio de 1941, cuando los alemanes ya estaban en guerra contra Rusia. Tardaron tres años más en formar la Brigada SS Charlemagne y recién en Febrero de 1945 ésta se convirtió en División. Es cierto que, hacia el final de la guerra aproximadamente el 60% de las SS estaba constituido por europeos no-alemanes. Pero la idea de hacer de la Segunda Guerra Mundial una guerra por Europa llegó demasiado tarde.

Dos guerras mundiales, con sus chauvinismos y sus revanchismos terminaron siendo más de lo que Drieu La Rochelle pudo soportar. También fueron más de lo que la vieja Europa pudo soportar.

Después de sus intentos de suicicidio La Rochelle permanece escondido durante un tiempo en París, para mudarse primero a Orgeval, luego a Chartrettes, en pleno campo francés, donde halla cierto reposo y comienza a escribir su última novela, Memorias de Dirk Raspe, inspirada en la vida de Vincent Van Gogh. En marzo de 1945 regresará a la ciudad, al mismo apartamento de la rue Saint Ferdinand en el que había intentado quitarse la vida por primera vez.

Mientras tanto, ha seguido atentamente la creación de una famosa lista de "escritores indeseables" para quienes los vencedores exigían la prisión o la pena de muerte: Paul Morand, Louis-Ferdinand Céline, Charles Maurras… Céline ha huido de Francia, Georges Suarez es condenado a la pena capital; igual que Robert Brasillach tras un polémico y mediatizado juicio. Otros están presos. Personas como André Malraux y Drieu La Rochelle supieron ser amigos hasta el final, a pesar de las diferencias y a pesar de los desencuentros. Otros sólo pensaron en venganzas y revanchas.

El 15 de marzo de 1945, al enterarse por los diarios que se había emitido una orden de captura en su contra, Drieu La Rochelle se traga el contenido de tres tubos de somníferos y, encima, deja abierta la llave de gas de la cocina.

Sobre la mesa encuentran una nota dirigida a su ama de llaves: “Gabriela, esta vez déjeme dormir”.

y su trayectoria reflejan la enorme desorientación y hasta la desesperación que produjo el derrumbe de toda una cultura en medio de un mar de sangre y de destrucción. Hoy quizás resulte fácil la crítica a un hombre que partió del liberalismo nacional burgués romántico de la Revolución Francesa y la gesta napoleónica, pasó por el fascismo de Mussolini y el nacionalsocialismo de Hitler, para terminar, en un último gesto desesperado, esperando algo del comunismo de Stalin. Pero la mayor parte de la generación que vivió aquellas dos guerras no tuvo, tampoco, una trayectoria demasiado distinta. Es tan sólo que algunos consiguieron disimularla exagerando alguna de sus etapas, pero lo hicieron hacia el final, cuando el derrumbe terminal ya se había producido y los sobrevivientes devenidos en famosos se hicieron los distraídos ante la verdad objetiva del comunismo ruso al tiempo que consentían en apuntalar sus posiciones sociales y su prestigio con las muletillas oficialmente aceptadas de lo políticamente correcto. Drieu La Rochelle no entró en ese juego. Pero lo vio venir y prefirió suicidarse.

Nació un 3 de Enero de 1893 en el seno de una familia burguesa poco feliz cuyo ambiente le hubiera resultado asfixiante de no ser por sus abuelos maternos. Es la época que relata en su Estado Civil, publicado en 1921, cuando ya tenía 28 años.

Aprendió a leer en los grandes álbumes ilustrados que relataban las guerras napoleónicas y los relatos épicos inflamaron al principio su imaginación. A los catorce años se cuestiona su fe católica — que había ampliado en el ámbito del colegio marista de Santa María de Monceau — al descubrir el Zaratustra de Nietzsche. Junto con Georges Bataille y André Malraux, La Rochelle fue uno de los nietzscheanos franceses más destacados de su generación.

El contacto con la cultura inglesa se inicia en su adolescencia con varios viajes a Inglaterra. A los 18 años ingresó a la Escuela de Ciencias Políticas para inscribirse luego en La Sorbona y preparar su licenciatura de inglés, una lengua que llegó a dominar a la perfección.

En Noviembre de 1913 lo llamaron para ingresar al 5° Regimiento de Infantería, en el cuartel de Pépinière. La vida militar lo decepcionó pronto pero, al amanecer del 4 de Agosto de 1914 estalla la Primera Guerra Mundial.

El 23 de Agosto el ejército francés se bate en retirada en la batalla de Charleroi y La Rochelle es herido en la cabeza por las esquirlas de un obús que estalla a cincuenta metros de su posición. A su lado muere su amigo judío André Jéramec cuya hermana se convertirá tres años más tarde en su primera esposa. Bajo un estado de aturdimiento, inconciencia y dolor tiene la revelación brutal del guerrero y jefe que tenuemente se dibujaba en su interior y que aparece en su relato La Comedia de Carleroi, publicado en 1934.

Durante su convalecencia escribe poemas sobre la guerra. Algunos de ellos, donde elogia el coraje del adversario, despertaron la ira y la censura militar francesa. Sólo la oportuna intervención de Marcel Sembat, un antiguo ministro socialista, permitió que, en 1917, esos textos aparecieran publicados sin mutilaciones.

Después de recuperarse de su herida, siguió combatiendo en varios lugares: en Champagne, en los Dardanelos y en Douaumont, dónde recibe su tercera herida de guerra. La guerra moderna, inhumana y caracterizada por "el coraje y el miedo", lo marcaría para siempre. Al igual que al Jünger de Tormentas de Acero y a tantos otros. Por cierto que no se convirtió en pacifista, pero consideró que la guerra moderna traicionó el espíritu de la verdadera guerra al imponer, de modo definitivo, el triunfo de la tecnología por sobre lo humano. Al horror industrial se añadía, además, el mesianismo de los demócratas quienes, pretendiendo encarnar al derecho y a la justicia, transformaban al adversario en un demonio; en un "espíritu del mal" al cual es necesario aniquilar a cualquier precio.

Drieu La Rochelle fue condecorado con la Cruz de Guerra. Nunca se la puso.

Terminada la guerra, lee y se hace amigo de Aldous Huxley, el autor de Un Mundo Feliz. Pasan por sus manos las obras de Shakespeare, Goethe, Schopenhauer, Dostoievski, Proudhon, Sorel, Barrès, Kipling, D'Annunzio, Péguy, Guénon y Maurras, entre muchos otros. En 1922 publica Medida de Francia, un libro profético en dónde anuncia la desaparición de su país como gran potencia y, al mismo tiempo, denuncia el aterrador declive de la natalidad en Francia. Entrevé que el futuro pertenece a las naciones más pobladas — Estados Unidos, Rusia, India, China — mientras que Francia sólo puede aspirar a desempeñar un papel de relevancia internacional si se integra a una gran federación europea a la cual La Rochelle considera posible sólo si se impone la igualdad entre los pueblos, sin exclusiones ni hegemonías. Sobre Europa profetiza y denuncia:

“Europa se federará, o se devorará o será devorada (. . .). Ya no hay más que categorías económicas, sin distinciones espirituales, sin diferencias en las costumbres (. . .). Ya no hay más que «modernos», gentes en los negocios, gentes con beneficio o con salario, que sólo piensan en eso y que no discuten más que de eso. Todos carecen de pasiones, son presa de los vicios correspondientes (…); se pasean satisfechos por el universo de baratija en que se ha convertido el mundo moderno, donde muy pronto no penetrará ningún brillo espiritual”

En 1927 publica El Joven Europeo y La Prolongación en las Ideas. Ese mismo año conoce a Malraux y un año después publica Ginebra o Moscú dónde, en una época en que Europa se debatía entre chauvinismos absurdos, escribe:

Entre Calais y Niza me desaliento: quisiera llegar hasta los Urales. Mi corazón, nutrido de Goethe y de Dostoievski, burla las aduanas, traiciona las banderas y se disfraza de timbre postal en las cartas de amor. Quiero ser grande y finalizar el monumento europeo para la mayor gloria del mundo. . . somos 360 millones.

Viaja a Grecia dónde se inspira para Una Mujer en su Ventana que publicará en 1930 y cuyo personaje principal es un comunista militante muy poco preocupado por la ideología. Al año siguiente publica Europa Contra las Patrias dónde profetiza el triunfo de Europa sobre los chauvinismos que la desgarran. Mientras la derecha francesa se nuclea alrededor del antigermanismo de Maurras y la derecha alemana alimenta un revanchismo antifrancés, La Rochelle sueña con una Europa grande y libre. El sueño terminará siendo soñado por muchos otros ante la presión del comunismo ruso triunfante. Pero eso será desde la mitad de la Seguda Guerra mundial en adelante. Y ya será demasiado tarde. Se retomará mucho más adelante, y a medias, con el Mercado Común Europeo primero y la Unión Europea después, pero fuera de todo contexto cultural y sólo bajo parámetros económicos.

El sueño de Drieu La Rochelle era mucho más amplio. Pretendía "establecer un lazo entre la ciudad y el espíritu". No creía para nada en la autoridad moral del régimen vigente. Su concepción libre, casi anarquista, del papel del artista lo llevará a rechazar en Julio de 1931 la condecoración de la Legión de Honor.

En 1933 La Rochelle está en la Argentina. Da conferencias en el Jockey Club; conoce a Borges y lo aprecia. Y conoce también a Victoria Ocampo. En realidad su "affaire" con ella había comenzado probablemente bastante antes ya que se conocieron en París, en 1929. Llegará a llamarla — cariñosamente — "la vaca más hermosa de la Pampa". Ricardo Güiraldes lo lleva a San Antonio de Areco y le hace conocer los pagos de don Segundo Sombra.

Hasta aquí La Rochelle había ofrecido un testimonio sin compromisos irrevocables, que oscilaba entre un comunismo libremente interpretado y un capitalismo renovado. Denunciaba las taras, las mezquindades, los conformismos. Pero una noche de Febrero de 1934, cuando se produce una violenta manifestación en la Plaza de la Concordia contra la corrupción del gobierno con el resultado de 17 muertos y más de 2.300 heridos — la mayoría de ellos pertenecientes a la Action Française de Charles Maurras — La Rochelle se declara fascista. Algunos dirán que lo hizo por provocación, por bravuconería. Lo cierto es que antes de eso había viajado por Alemania, dónde había conocido Otto Abetz, el futuro embajador alemán en París, y los sucesos de la Plaza de la Concordia lo convirtieron en fascista por oposición a un régimen corrupto, protector de estafadores, de apátridas y de policías asesinos.

“Comunistas, patriotas, no es lo mismo. . . Y, sin embargo, estaban muy cerca los unos de los otros. En determinado momento, a eso de las diez del martes, en la rue Royale, la multitud que se precipitaba hacia la plaza de la Concordia para sufrir la gran descarga de las once cantaba lo mismo La Marsellesa que La Internacional. Me habría gustado que aquel momento durara siempre (. . .). Ahora me juntaré con cualquiera que eche este régimen al suelo, con cualquiera, con cualquier condición”.

A partir de entonces abriga una esperanza casi imposible: reunir a todos los revolucionarios, sean de derecha o de izquierda, en un gran movimiento. En Noviembre de 1934 publica Socialismo Fascista que, al decir de Julien Brenda, refleja su "pasión moral" por "hacer una política de izquierda con gente de derecha". Aunque quizás haya sido a la inversa. En todo caso, es un intento de romper las fronteras de los partidos políticos y de las ideologías. Un intento, casi desesperado, de salvar a Europa en su conjunto, más allá de banderías partidistas y de esclerosis dogmáticas. En Socialismo Fascista La Rochelle, ve en el fascismo italiano y en el nacionalsocialismo alemán una posibilidad para:

". . . alterar el sistema capitalista en la medida en que las necesidades del nacionalismo lo obliguen a hacer el socialismo; menos quizá de lo que prometió al principio, pero más de lo que quería".

Y agrega:

"El nacionalismo es el eje de la actividad fascista. Es un eje, no un fin. Lo que importa para el fascismo es la revolución social; la marcha lenta, alerta, diversa, sutil, según las posibilidades europeas del socialismo".

Por otra parte, en sus artículos periodísticos del mismo año subraya la idea desde diferentes ángulos:

“Hace falta un tercer partido que siendo social sepa también ser nacional, y que siendo nacional sepa también ser social y ese tercer partido no debe predicar la concordia, debe imponerla. No debe yuxtaponer elementos tomados de la derecha y de la izquierda, sino imponerles a éstas que se fusionen en su seno”.

A principios de Septiembre de 1935 La Rochelle asiste al Congreso del Partido Nacionalsocialista Alemán en Nüremberg. Hoy, en medio de la apatía y la indiferencia política que ha inundado a Occidente, cuesta imaginarlo, pero en aquél momento los tremendos y poderosos movimientos políticos del fascismo de Mussolini, el nacionalsocialismo de Hitler y el comunismo de Stalin, con sus despliegues de masas, con su intensa propaganda, con una discusión feroz a todos los niveles, descolocaron a prácticamente todos los intelectuales de la época. Algunos se refugiaron en las más cómodas torres de cristal de dogmas preestablecidos, elaborados, cerrados. Otros salieron al ruedo tratando de entender la realidad que, de algún modo, los había sobrepasado. La Rochelle, en medio de ese hervidero de actividad política, creyó poder vislumbrar un "semi-socialismo" en el fascismo y un "semi-fascismo" en el comunismo. La probabilidad de que eso cristalizara en un gran movimiento revolucionario europeo era de una en un millón, pero Drieu La Rochelle se animó a apostar.

En Junio de 1936, Jacques Doriot, alcalde de Saint Denis y antiguo diputado comunista, funda el Partido Popular Francés. La Rochelle se convierte en miembro del Comité Central y escribirá más de cien artículos en su periódico L'Émancipation Nationale. No obstante, con el tiempo, su militancia se debilita. Es que su personalidad no es la de un hombre de partido. Cuestiona demasiado, interroga demasiado, duda demasiado. En 1939 abandona el PPF y logra la primer edición, muy recortada por la censura, de su obra más importante: Gilles. Pero, aun así, el libro es un éxito. Volverá a ser editado, esta vez sin mutilaciones, en 1942.

El 10 de Mayo de 1940 Alemania invade Francia que termina dividida en dos: al Norte ocupada por el Reich y al Sur, con capital en Vichy, dónde la Cámara le confía por abrumadora mayoría el poder al Mariscal Pétain. Después de la ocupación de París, La Rochelle reemplaza a Jean Paulhan — a quien salva dos veces de la Gestapo — como director de la Nouvelle Revue Francaise y despliega una intensa actividad periodística y literaria colaborando, además, con la revista La Gerbe dirigida por Alphonse de Chateubriant. En el París de la Segunda Guerra Mundial, Drieu La Rochelle y Ernst Jünger, los otrora enemigos de la Primera Guerra Mundial, se reunirán amigablemente junto con otros como Luis Ferdinand Céline y Robert Brasillach para discutir sobre mil temas. La guerra que los había enfrentado en el campo de batalla los vuelve a reunir en el campo de la especulación intelectual. Que es confusa, contradictoria, insegura. Los sucesos, los hechos concretos, escapan a toda previsión; a veces incluso a toda imaginación. Los intelectuales ya no impulsan los hechos; los corren desde atrás. La realidad los ha superado y, en última instancia, sólo queda la posibilidad del arte para tratar de interpretar de alguna manera lo que está sucediendo.

Después de la guerra, los otros intelectuales, los que hubieran querido ir por su cabeza pero los que en su momento no se ensuciaron las manos con la realidad y, después, sin arriesgar más que fama y notoriedad, lo acusaron de colaborador y antisemita. La etiqueta le ha quedado pegada hasta el día de hoy. Y, sin embargo, ambas acusaciones, al menos en lo que tienen de peyorativo, no resisten el análisis. La Rochelle jamás renegó, ni de sus ideas, ni de sus amigos. Y las acusaciones lo tuvieron siempre sin cuidado. Al respecto llegó a escribir:

“Los amigos judíos que he ocultado están en la cárcel o han huido. Me ocupo de ellos y les hago algún que otro favor. No veo contradicción alguna en ello. Acaso la contradicción de los sentimientos individuales y de las ideas generales es el principio mismo de toda humanidad. Se es humano en la medida en que le hacemos trampas a nuestros dogmas”.

Hacia el otoño de 1941, sus esperanzas respecto de los alemanes se están enfriando. Los ve cada vez más nacionalistas y cada vez menos socialistas. De hecho, Berlin está ocupada en un juego mucho más peligroso que el de hacer reformas políticas: desde el 22 de Junio el Tercer Reich está comprometido en una guerra con Rusia. En ese momento, en 1941, los alemanes todavía creen que pueden ganarla.

La Rochelle regresa a las filas del Partido Popular Francés. En 1942 se reencuentra en París con Malraux y acepta ser el padrino del segundo hijo de éste. En 1943 publica Crónica Política y El Hombre a Caballo. El 8 de Mayo aparece su primer artículo en La Révoluction Nationale que dirige Lucien Combelle. Los restantes 34 le traerán serios problemas con los alemanes.

Se va a Suiza. A pesar de la insistencia de sus amigos para que se quede allí, regresa a París y, en Mayo de 1944, termina Los Perros de Paja que es su balance de la colaboración con los alemanes. El 12 de Agosto, después de escribir su Carta a un Amigo Gaullista intenta suicidarse. Gabriela, su ama de llaves, le salva la vida a último momento aunque él insisite tratando de cortarse las venas estando todavía en su cama en el hospital. Recuperado a medias, termina Relato Secreto (que editará póstumamente su hermano Jean en 1951). Allí expresa:

No soy un patriota común, un nacionalista cerrado. No soy más que un francés, un europeo.

He examinado una por una todas las soluciones posibles para llegar a la de Europa. Siempre he estado en contra de las hostilidades franco-alemanas como uno de los principales obstáculos de Europa.

Siempre he hablado libremente a los alemanes con dureza. Les expliqué que no habían comprendido en absoluto la revolución socialista europea que habría podido justificar y transfigurar sus agresiones y sus conquistas.

La verdad es que los alemanes se acordaron tarde de Europa. En el caso específico de Francia, la Legión de Voluntarios Franceses que combatió junto a las tropas alemanas se formó recién el 8 de Julio de 1941, cuando los alemanes ya estaban en guerra contra Rusia. Tardaron tres años más en formar la Brigada SS Charlemagne y recién en Febrero de 1945 ésta se convirtió en División. Es cierto que, hacia el final de la guerra aproximadamente el 60% de las SS estaba constituido por europeos no-alemanes. Pero la idea de hacer de la Segunda Guerra Mundial una guerra por Europa llegó demasiado tarde.

Dos guerras mundiales, con sus chauvinismos y sus revanchismos terminaron siendo más de lo que Drieu La Rochelle pudo soportar. También fueron más de lo que la vieja Europa pudo soportar.

Después de sus intentos de suicicidio La Rochelle permanece escondido durante un tiempo en París, para mudarse primero a Orgeval, luego a Chartrettes, en pleno campo francés, donde halla cierto reposo y comienza a escribir su última novela, Memorias de Dirk Raspe, inspirada en la vida de Vincent Van Gogh. En marzo de 1945 regresará a la ciudad, al mismo apartamento de la rue Saint Ferdinand en el que había intentado quitarse la vida por primera vez.

Mientras tanto, ha seguido atentamente la creación de una famosa lista de "escritores indeseables" para quienes los vencedores exigían la prisión o la pena de muerte: Paul Morand, Louis-Ferdinand Céline, Charles Maurras… Céline ha huido de Francia, Georges Suarez es condenado a la pena capital; igual que Robert Brasillach tras un polémico y mediatizado juicio. Otros están presos. Personas como André Malraux y Drieu La Rochelle supieron ser amigos hasta el final, a pesar de las diferencias y a pesar de los desencuentros. Otros sólo pensaron en venganzas y revanchas.

El 15 de marzo de 1945, al enterarse por los diarios que se había emitido una orden de captura en su contra, Drieu La Rochelle se traga el contenido de tres tubos de somníferos y, encima, deja abierta la llave de gas de la cocina.

Sobre la mesa encuentran una nota dirigida a su ama de llaves: “Gabriela, esta vez déjeme dormir”.

 

Fuente:

La editorial virtual