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La memoria de la Otra Europa

Acto en desagravio a la Legión Cóndor (II). Intervención de Jorge Alvarez

Acto en desagravio a la Legión Cóndor (II). Intervención de Jorge Alvarez

Estamos hoy aquí para reparar un ultraje, para dar respuesta a una injusticia.La primavera pasada, el Partido Socialista instó al Ayuntamiento de Madrid a retirar una placa situada aquí mismo, en la que se honraba a siete aviadores de la Legión Cóndor caídos durante nuestra guerra civil en los alrededores de Madrid y cuyos restos reposan aquí. Ante la pasividad del equipo de gobierno, los socialistas acudieron a la Embajada de la República Federal de Alemania con su demanda revanchista. Y sorprendentemente, la legación diplomática alemana decidió acceder a las exigencias de los socialistas madrileños y procedió a borrar la inscripción grabada en la placa.

 Los socialistas sabían lo que hacían al acudir a la embajada alemana. En el año 1997 y con motivo del LX aniversario del bombardeo de Guernica, el presidente de la República Federal de Alemania, Roman Herzog, pidió públicamente perdón a las víctimas. Al año siguiente, siguiendo la estela del presidente, el parlamento alemán aprobó una ley por la que se retiraban los honores a todos los aviadores alemanes que hubiesen formado parte de la Legión Cóndor. En base a esta ley, la fuerza aérea de la República Federal de Alemania debía cambiar los nombres de todas las unidades e instalaciones que honrasen a estos aviadores. Como ejemplo ilustrativo, el Ala de Caza 74 Werner Mölders, acantonada en el Sur de Baviera, fue obligada a cambiar de nombre. Poco importaba que Mölders hubiese sido el primer piloto de caza con cien victorias acreditadas en combate. Su nombre fue borrado.

 Todo esto, nos llena aún más de indignación al ver que sólo en los alrededores de Madrid hay cerca de media docena de monumentos a los extranjeros que lucharon a favor de la República. En concreto, en el Cementerio de Fuencarral existe un monumento a los soviéticos caídos en la guerra civil. Y muy cerca de Madrid, en el pueblo toledano de santa Cruz de la Zarza, en el que estuvo ubicado un aeródromo republicano, en 2009 se erigió un monumento a los cinco aviadores soviéticos allí enterrados. La respuesta del gobierno de la Federación Rusa fue completamente distinta a la del gobierno de la República Federal de Alemania. Los rusos enviaron a la inauguración del monumento en Santa Cruz de la Zarza a una delegación diplomática y militar con una corona de flores con los colores blanco, azul y rojo, los de Rusia, no el rojo de la Unión Soviética. Todos sabemos que el régimen de la Rusia actual no tiene nada que ver con la Rusia bolchevique, de la misma forma que el régimen de la Alemania actual no tiene nada que ver con la Alemania nazi. Sin embargo, los rusos han sabido asumir su pasado, como parte de su historia y sin complejos. Alemania no.

Como consecuencia de esta connivencia cobarde y mezquina de los socialistas españoles y de la embajada alemana, esta placa fue borrada. Y nosotros hoy, hemos venido aquí para reparar el ultraje a estos jóvenes aviadores alemanes que vinieron voluntarios a luchar por la libertad y la unidad de España y que aquí quedaron para siempre.

Caídos de la Legión Cóndor ¡Presentes!

 

Fuente: Asoc In memorian Juan Ignacio

Declaración de guerra de identitarios franceses (Génération Identitaire)

Juan Antonio López Larrea: Conferencia en la sede Madrileña del MSR

Juan Antonio López Larrea: Conferencia en la sede Madrileña del MSR

Buenas tardes a todos los asistentes, gracias por vuestra presencia .

Mi nombre es Juan Antonio López Larrea y soy fascista.

Y quiero comenzar mi intervención con esta declaración por si algún día, los dioses no lo quieran, sufro algún infarto cerebral o algún tipo de meningitis bacteriana o cualquier trastorno mental, que me llevara a escuchar los cantos de sirena de plataforma equis libertad o similares o fuera de merienda con algún representante de nuevas generaciones para hablar del tiempo en mi pueblo.

Esta declaración con la que he comenzado mi intervención, me invalidará "ad hoc" para semejante dislate.

Fui militante de FUERZA NUEVA, con carnet número 9 de Valencia, desde 1976 hasta 1979, fecha en la que causé baja para afiliarme en el escindido FRENTE DE LA JUVENTUD, partido del que llegué a ser Secretario Provincial y miembro de la Junta Nacional. En él permanecí hasta su disolución en 1982.

Hoysoy miembro de la AC In Memoriam Juan Ignacio, una asociación donde cohabitan camaradas de distintas sensibilidades políticas, remando todos y por igual en una misma dirección y cuyas principales virtudes son la hermandad y la lealtad.

De tal manera, que podemos hacer nuestro y hacemos nuestro, sin ningún rubor, aquel antiguo compromiso del Jefe:

"Pues bien, si os engañamos alguna soga encontraréis en vuestros desvanes y algún árbol quedara en vuestra llanura, ahorcadnos sin misericordia, la última orden que yo daré a mis camisas azules será que nos tiren de los pies para justicia y escarmiento ".

Una vez realizada la presentación y antes de dar comienzo a mi conferencia, quiero recordar a Roberto Luengo, a Josué Estébanez y a todos los patriotas que están en prisión como consecuencia de haber desafiado al sistema. Esta conferencia, es en su honor .

LA VIDA COMO UN COMPROMISO MILITANTE.

Siempre que doy una conferencia sobre este tema, me siento un poco abochornado porque no puedo evitar pensar en camaradas, en mayúsculas la palabra camarada , como Pedro Pablo Peña, Juan Antonio Llopart , Jorge Álvarez , Felipe Pérez o tantos otros que no han dejado de militar ni un minuto desde que les salieron los dientes y ya peinan canas .

También para ellos está dedicada mi intervención como humilde homenaje.

LA TRANSICION, EL MARCO HISTORICO.

Es fundamental para empezar a hablar de militancia, situar en el tiempo la época que a mí me tocó vivir; tan diferente a la que vosotros, jóvenes escuadristas, os encontráis en la actualidad.

Yo nací en los felices 60, la época del baby boom español. No hay familia de mi generación que no estuviera compuesta por, al menos cinco o seis miembros. Con un índice de natalidad tan alto, realmente era difícil una invasión alienígena como la que llevamos sufriendo los últimos años en nuestro país. Además, aquel régimen tampoco la hubiera consentido.

Una década de bonanza económica, estabilidad social y españoles que –tal vez por primera vez en nuestra historia– miraban el futuro unánimemente con optimismo.

Tras la dureza de los 40, con la hambruna y las carencias de una posguerra, un país entero se puso a trabajar, impulsado por un régimen autoritario, que tenía que enfrentarse además a un aislamiento internacional impuesto por los vencedores de la última contienda civil europea.

Si los 40 fueron años de desescombro y reconstrucción, los 50 fueron los años del asentamiento de las bases de una sociedad. Fueron años de trabajo duro, que permitieron que la década siguiente amaneciera sin negros nubarrones. Fueron los años de la Falange. O mejor dicho, de los falangistas, porque como bien sabemos, el tiempo de la Falange jamás llegó. Pero sí estuvieron los Girón o los Arrese para acometer las leyes y las medidas más sociales que jamás se vieron –ni se han vuelto a ver– en nuestra anciana patria.

Llegados a este punto y antes de que nadie pueda pensar que está oyendo un discurso de Blas Piñar, quiero hacer una matización y también dar una opinión personal.

La matización es obvia, yo no soy franquista. Y no puedo serlo por causas objetivas: la primera porque como ya declare de forma rotunda al comienzo, yo soy fascista. Y Franco no sentía ningún aprecio por aquellas formaciones paramilitares que pregonaban una revolución social como acto ineludible para rescatar Europa.

Y en segundo lugar, porque como ya he indicado, nací en los 60 y la muerte del Caudillo me sorprende al comienzo de mi adolescencia. Nada me une pues al régimen, salvo la necesidad de dar testimonio de una época que casi nadie quiere reconocer. Supongo y espero que la historia será la que situé a cada uno en el lugar que merece.

Y con respecto a la opinión personal; esta es, acerca del ideal truncado falangista.

Soy de los que piensan –como muchos más, aunque jamás lo reconocerán- que el verdadero problema de la perversión del ideario nacional sindicalista, no estuvo en el nefasto decreto de unificación, ni en Franco, ni en los militares monárquicos, ni en Varela y sus Carlistas, ni en los trágicos sucesos de Salamanca o Begoña. El verdadero problema que causó todas las desgracias del Falangismo fue, sin ninguna duda, la derrota del Eje.

Y de este convencimiento, no me saca ni el mismísimo Perales que se me apareciera cual figura del Tenorio.

Y como muestra un botón:

En 1944, Dionisio Ridruejo nos dejaba su "Canto a los muertos de Stalingrado" en su obra "Poesía en armas":

"Cuando los cien mil hombres han, al fin sucumbido
como una isla de honor y terquedad, bajo la presión del cataclismo. El paisaje era blanco y helado en torno a mi conciencia y mas realmente que mi cuerpo, en los días recientes, mi alma se erguía arropada en vuestro sagrado uniforme."

La suerte del Falangismo se libró en las estepas rusas y en las playas de Francia. Cuando los Panzer se clavaban en las puertas de Stalingrado, con los aviones de Goering varados por falta de combustible y los yankees pusieron su bota en el sagrado suelo europeo, fue cuando los hebreos comenzaron a ganar su guerra.

Y fue en ese mismo momento cuando todos los movimientos nacionalistas y revolucionarios, firmaron su acta de defunción. El sueño de una Europa libre se desvaneció .

Pero volvamos a la conferencia.

Ya he dicho que apenas viví el franquismo, pero si fui testigo directo y también anónimo figurante, de la tan cacareada transición.

La transición... uffff, aquí también se impone una definición correcta.

Para los políticos, los medios de comunicación y la inmensa mayoría de los historiadores, la transición es el periodo histórico que arranca un 20 de Noviembre de 1975, con la muerte del General Franco y concluye el 23 de Febrero de 1981, con el levantamiento de una pequeña parte del ejercito, sofocado por la actitud gallarda y valiente de "su majestad".

Para otros –los menos, entre los que yo me cuento– la transición da comienzo oficialmente el 20 de Diciembre de 1973, cuando la CIA, con la mano ejecutora de ETA (posiblemente) y la aquiescencia de buena parte del régimen, pone en órbita al almirante Carrero Blanco, a la sazón, presidente del gobierno, de lealtad indiscutible a los valores del 18 de julio y hombre elegido por Franco para salvaguardar éstos. Aquí comienza la descomposición del régimen, premeditada largo tiempo por los gurús del nuevo sistema que se implantaría. Si con esta traición, vestida de magnicidio, situamos el comienzo de la transición, también con una traición la cerramos.

La cometida por el Borbón a sus militares más fieles, llevándolos a una especie de comedia bufa de la que tan solo él saldría reforzado entre loas unánimes de periodistas y lacayos. Y desembarazándose de paso de las pocas personas que aún le recordaban que por encima de las órdenes, estaba el honor.

Aquí sí coincidimos, el 23 de febrero se cierra oficialmente la transición. Y comienza una de las épocas más negras y peligrosas para España, la que estamos viviendo actualmente.

Es en este periodo, el de la transición, cuando me incorporo a la militancia política.

DE LA TRANSICION, los años de plomo.

En 1979, el entonces ministro del interior Juan José Rosón, ex falangista, como tantos miembros del gobierno, incluyendo a su presidente, daba el pistoletazo de salida por parte de sus asalariados armados y provistos de licencia para matar, a la caza indiscriminada del fascista, allá donde se le encuentre, con una frase que pasará a la historia por su falta de rigor, su estupidez y su mal disimulado rencor: "El Frente de la Juventud es el mayor enemigo de la democracia después de ETA" .

No obstante, no es su frase más desafortunada, como veremos más adelante, el "camarada Rosón" se despachaba con el laconismo de un Vito Corleone y como el personaje de Puzzo, sus frases se vestían de sentencia. En el entierro de Juan Ignacio, secretario del Frente de la Juventud, asesinado en circunstancias aun hoy no aclaradas y ante la demanda de justicia de un padre tan entero y valiente que mirarlo ponía la piel de gallina, el antiguo camarada le espetó, gravemente y sosteniéndole la mirada, "entierre a su hijo, llórelo y recuerde que tiene otra hija" .

El sumario del caso Juan Ignacio, pasó al olvido tras intentar - sin éxito - incriminar a sus propios camaradas. La familia del líder silenciado, comenzó una nueva vida lejos de Madrid y aun de la península, poniendo tierra y mar de por medio. Las diligencias se extraviaron y hasta el informe forense o las pruebas de balística están en paradero desconocido en la actualidad.

El asesinato de Juan Ignacio González Ramírez, como hemos repetido hasta la saciedad es el único crimen perpetrado contra un líder político desde el secuestro y asesinato de Calvo Sotelo por parte de policías y guardias civiles con adscripción al partido socialista, que ha quedado sin resolver.

Pero, ¿cómo llega el camarada Rosón a aseverar tamaño disparate contra el Frente de la Juventud?.

¿Cuántas muertes fueron imputadas al Frente? Ninguna, siquiera procesada. ¿Cuántas bombas o atentados con heridos o estragos de consideración? Ninguno tampoco. Posteriormente a la fecha de tan rimbombante acusación, sí fuimos acusados de un atentado en Valencia, contra un bar llamado Sifo, que fue ametrallado, pero los encausados salieron absueltos años después, tras recurrir al tribunal supremo.

Estas declaraciones del ministro del interior fueron realizadas tras la gran operación policial que llevo a los calabozos de la DGS a decenas de militantes patriotas, tras el conocido como "asalto a la facultad de derecho de Madrid".

Veamos, la facultad de derecho de Madrid era un autentico estercolero a finales de los 70. Lejos quedaban ya los tiempos de Defensa Universitaria, en los últimos años del franquismo, donde falangistas y nacional-socialistas, hacían el trabajo sucio de los grises. La universidad se había convertido en una cloaca, donde apenas si se impartía docencia entre asambleas y actos de apoyo a terroristas y separatistas con el beneplácito de rectores y profesorado. Los alumnos que no compartían aquel fétido ambiente eran marginados y golpeados.

Se tomó la decisión de poner fin de una vez por todas a aquella situación.

Escuadristas de todas las organizaciones juveniles se unieron para dar el escarmiento necesario.

Falange de las Jons con su Primera Línea, FN, con Fuerza Joven y el recién nacido Frente de la Juventud, entraron en la universidad y desalojaron a la chusma, limpiaron pasillos, aulas y claustros de cartelería y demás miseria.

Los únicos conatos de resistencia, se dieron al principio de la acción y varios disparos disuadieron a los guarros de emular al Che.

El golpe de mano fue espectacular y la acción de castigo apenas duró unos minutos. Pero la repercusión en la prensa fue digna de un golpe de estado. Una hora después, las radios interrumpían su programación para dar cuenta "del atentado terrorista". Fue noticia prioritaria en los telediarios y portada en los periódicos.

Fue entonces cuando Juan José Rosón, el otrora camarada, salió con su lista de detenciones y pronunció aquellas abominables palabras que os refería al principio.

De la larguísima lista de detenciones que se produjeron, tan solo tres acabarían en prisión. Casualmente, los tres miembros del Frente de la Juventud: Peña, Gismero y Abelardo, fueron a dar con sus huesos a chirona.

Pero no quiero dejar pasar la ocasión de situar en el tiempo este hecho. Decía al comienzo que estas palabras de Rosón daban el pistoletazo de salida a una carrera enloquecida por criminalizar a la ultra de casi todos los males en materia de orden público en este país, situando al Frente de la Juventud, tan solo un peldaño por debajo de ETA.

Fue sin duda éste, el detonante de la nueva situación que los militantes patriotas empezarían a vivir. Pero hacía ya mucho tiempo que la historia de amor -no correspondido- con las fuerzas de orden público se había roto, dejando al descubierto las miserias humanas con las que se construye "el aparato de los servicios secretos del Estado". Los jóvenes falangistas pasaron de desplazarse al país vasco y recibir una lista con objetivos en Intxaurrondo o cualquier otro puesto destacado de la Guardia Civil, a ser manipulados primero y traicionados después en casos como Montejurra 76 o el tristemente conocido como caso Atocha en el 77, que sirvió para que Suárez legalizara el PCE sin posibilidad de protesta por los sectores más reacios del ejercito y que dejó muchos años en prisión a algunos de los mejores camaradas.

Confió que algún día, el gran Pepe F. Cerrá se decida a escribir sus memorias, arrojando así algo de la luz que falta en este juego de sombras que fue el papel que nos toco hacer a la ultra en la transición; verdaderas marionetas de un siniestro guiñol que levantó su telón aquel 20 de Diciembre del 73 y que concluyó con el supuesto golpe de estado que legitimaría a la corona a los ojos de un ingenuo pueblo español, un 23 de febrero de 1981.

En el transcurso de estos escasos 7 años, se dejaron su futuro, su libertad e incluso la vida, algunos de los mejores jóvenes que yo he conocido.

¿Qué se buscaba con la creación de un inexistente terrorismo ultra o con la potenciación de grupos fascistas radicales? La respuesta no puede ser más obvia, llevar a la sociedad española al punto exacto de temor que los situara, sin tomarse la molestia de pensar, decididamente bajo la protección del paraguas de papá Estado. Todos sabemos que una masa temerosa no razona, reacciona instintivamente. Ante los atentados de ETA y el fantasmal GRAPO por un lado y el nacimiento del terror negro -lanzado al estrellato por todos los medios de comunicación-, el españolito se abrazó a la democracia liberal como un naufrago a su tabla.

En ese teatro, me inicié yo en la actividad política. En 1976, ingresé en FUERZA NUEVA. Tenía entonces 14 años. Tal vez desde el prisma de la sociedad actual pueda parecer una precocidad, pero entonces era lo habitual. Resulta curioso que en esta sociedad "moderna" que hemos creado, sea aceptado como normal que un crío de esa edad fume, beba, mantenga relaciones sexuales -incluyendo homosexuales- acceda a todo tipo de contenidos e incluso sea consumidor de drogas. Sin embargo la mayoría de los padres, además de sorprenderse, evitarían con celo que un chaval de esa edad se relacionara con ninguna actividad política militante. Se ha instalado en nuestra sociedad la idea de que cualquier actividad lúdica es asumible, incluso aunque sea aberrante; pero que, pensar y tener ideas propias es peligroso para tu integridad.

A diferencia del momento actual, de apatía, pasotismo e indiferencia, en mi juventud la actividad política se ejercía con gran intensidad y tanto los rojillos, como nosotros, vivíamos con pasión cada minuto y de tal manera defendíamos nuestras ideas, haciendo de las calles nuestro lugar natural de enfrentamiento. Ni que decir tiene, que las ganamos; aunque no nos sirvió de mucho ya que nuestros líderes no supieron gestionar aquel potencial humano.

Anécdotas, lógicamente podría contaros a cientos.

Recuerdo y sirve como muestra de el grado de politización que había en los colegios e institutos, cuando en una clase de historia fui expulsado por tres días del colegio por mantener "virilmente" una tesis diferente de la que mantenían el curita que impartía su magisterio y su coro rociero de greñudos.

Al día siguiente, aparecieron unas pintadas en el muro de la iglesia del colegio, junto a una puerta que se encontraba tapiada desde la guerra y que daba antiguamente acceso a los sótanos de dicha iglesia.

En la pintada se podía leer, "aquí hubo una cheka",cosa que era cierta: la famosa cheka de Carniceros se instaló en los sótanos de los Escolapios. En la pared contigua, un recuerdo a la madre del curita rojo y una esvástica como toda firma, para dar más énfasis al slogan.

Bien, de manera inverosímil fui acusado y expulsado definitivamente de los Escolapios, acabando mis estudios en el instituto.

Recuerdo también, como uno de los pocos éxitos cosechados en mi vida de militante, las elecciones que sacamos diputado a Blas Piñar. Un hito sin precedentes y que a día de hoy, estamos muy lejos siquiera de soñar.

Fuerza Nueva, como partido político, siempre fue una amalgama de ideologías, difíciles de conciliar, en el que tan solo la personalidad y el magnetismo de su líder, mantenía unido.

Aquel año y con su flamante recién estrenada representación parlamentaria, FN dio un giro radical a su política, deshaciéndose de aquellas etiquetas que podrían sonarle mal a una sociedad española, como ya hemos dicho antes, "muy centrada". La revolución soñada por los jóvenes se tornó más pendiente que nunca para una formación que empezó a entablar pactos con partidos más moderados con el fin de formar una amplia coalición de derechas.

Como no podía ser de otra manera, aquello acabo con una escisión y yo pasé a formar parte del Frente de la Juventud .

De mi etapa en Fuerza guardo muchísimos buenos recuerdos, los puestos de venta dominicales, la ilusión con la que madrugaba los domingos para ponerlos, las tertulias que se formaban todas las tardes entre camaradas de todas las edades, mayores, de camisa vieja o divisionarios, con otros barbilampiños como yo; que revisábamos viejos textos sin parar, para poder meter cuchara en los debates. Aunque lo que de verdad era fascinante, era escuchar. Tampoco se me olvidará la noche del recuento que daba el acta de diputado al notario. Yo había trabajado toda la campaña en el departamento de prensa, encargándome de las crónicas de los mítines y llevándolas personalmente después, una por una a todos los diarios valencianos. En verdad os digo que no hay palabras para contar lo que se vivió en la sede. También hay recuerdos amargos, la bomba en el local, el robo de los ficheros y su publicación en Interviú, la paliza a mi camarada y hermano Bari -que esta por aquí- que lo dejó en coma y con secuelas de por vida.

También al redactar estas líneas, recordaba una pequeña anécdota sin importancia aparente pero que espero que os haga reflexionar sobre la importancia que tiene en nuestro pensamiento la jerarquía. Acudíamos a una cena en una localidad cercana a Valencia que se llama Algemesí. Al llegar a ella, el joven jefe de la delegación de Fuerza Nueva se acercó a recibirnos, su nombre Josema Llácer –también se encuentra en la sala-. Yo acompañaba al carismático jefe de Fuerza Joven, Javier Mompó. Al llegar a la altura de Llácer y mientras le estrechaba la mano, Mompó le dijo, "a tus órdenes". Para mí Mompó era como el espartano Leónidas y en ese mismo momento aprendí una de las lecciones más importantes de nuestra ética y estilo: saber obedecer.

Tal vez uno de los grandes problemas que tenemos en la actualidad es que nadie se pone ya a las ordenes de nadie. Muchos prefieren crearse un patio privado para su ego antes que decir, "a tus ordenes" .

En fin, éramos jóvenes y soldados de una causa. Tan jóvenes éramos, que hoy 30 años después, aun no somos mayores.

GANAR EL FUTURO, EL COMPROMISO MILITANTE

Os he contado un poco como fue mi advenimiento a la militancia y las circunstancias históricas en que la ejercí. Por supuesto, fui detenido en numerosísimas ocasiones, dos de ellas con aplicación de la ley antiterrorista, una ley tan dura que tuvo que ser abolida (curiosamente "la dictadura franquista" nunca manejó una ley ni similar ni parecida). En 1981, a las pocas semanas del asesinato de Juan Ignacio, el Frente de la Juventud fue disuelto y la mayoría de sus cuadros y militantes más significados detenidos y condenados. A mí, me adjudicaron 16 añitos de nada. Cumplí 8, más 4 de libertad vigilada. Durante este tiempo el mundo patriota siguió aportando presos y argumentos al sistema y decepciones a sus fieles, hasta llegar al inevitable tsunami que nos ha traído hasta aquí.

Ahora toca levantarse, aprender de los errores cometidos, pisar con fuerza el siglo XXI y reconocernos a nosotros mismo como la única alternativa al orden establecido. Creérnoslo y trabajar para llegar a serlo también a los ojos de la sociedad.

Somos los malos de las películas, el coco con el que asustan a los niños, somos los novios que no quieren las madres para sus hijas, somos el hombre del saco. Somos más malos que el Dioni. Y sin embargo, aquí estamos. Nos han metido en chirona, nos han proscrito, censuran nuestros libros, incluso utilizan el genérico que nos asignaron, para cualquier acción deleznable que cometa algún sujeto, usando fascista como adjetivo oprobioso. Nos han querido enterrar, manipulando la historia con mentiras y golpeándonos con dureza generación tras generación. Y sin embargo, aquí estamos. Nuestra hora llegará, pero hemos de ser fuertes tanto colectiva como individualmente para que ese tren no pase de largo.

¿Cómo debe comportarse un hombre o una mujer nacional revolucionario en estos tiempos? , ¿Cuál debe ser su actitud, su estética y su postura?

Todas las respuestas se resumen en una palabra: COMPROMISO.

Y el primer compromiso pasa por uno mismo con sus ideas.

¿Qué supone para mí el compromiso político?

Es sencillo, ser capaz de no renunciar nunca al espíritu de rebeldía.

El dar testimonio cada día y en cada situación de lo que significa ser un patriota revolucionario.

Podéis encontrar en nuestro pequeño mundo a militantes de larguísima trayectoria, algunos que han pasado por todos los proyectos, habidos y por haber y que han salido de todos ellos, dejando donde había ilusión, un inmenso erial.

Y encontraréis también a muchos que abandonaron en su día la militancia activa, pero jamás dejaron de ser activistas de sus principios.

Principios, he aquí la base sobre la que se sustenta el ejemplo.

No nos pueden valer aquellos que con su actitud personal, lejos de convertirse en estandartes, se convierten en un lastre para nuestras ideas.

No pueden valernos los que agiten la bandera de la revolución desde el hoyo 7 de un campo de golf o desde la barra vip del último garito de moda, por mucho que declamen de manera vehemente combativos discursos.

Haced de vuestro ejemplo personal la primera de las banderas de nuestro movimiento; pensad siempre que incluso cuando no podáis estar encuadrados, seguís siendo soldados de nuestra causa y como tales vais a ser mirados.

Aquél que consiga a través de su vida personal, familiar y laboral ser un ejemplo para los que le rodean, conseguirá de esa manera ser el principal activo de sus ideas.

Aquellos que por el contrario, en su vida personal se abandonen en manos de la molicie, de drogas, de corruptelas o de cualquier otra actitud perniciosa, se convertirán de facto en el peor enemigo para nuestra imagen en la sociedad a la que pretendemos convencer.

Es pues, el primer argumento de un militante, ser una persona ejemplar, da igual donde desarrolle su labor profesional, ya sea en una fábrica, vendiendo seguros o impartiendo docencia en un instituto.

Es importante también a mi modo de ver, seguir una estrategia que nos acerque a la sociedad, que nos permita hablar con el vecino, con el compañero de trabajo, con un viajero en el metro, con el pueblo llano en pocas palabras. No recrearse en la marginalidad que antes mencionábamos, por una razón fundamental, porque en esa marginalidad nos ha situado el propio sistema y mientras nos mantenga allí ubicados, se encuentra seguro. No tengo nada contra la estética de nadie, cada camarada puede adoptar el look personal que más le guste, pero debemos ser inteligentes y comprender que determinados uniformes antisistema son precisamente los que les gusta al sistema que adoptemos.

Os plantearé una reflexión. Al que han acosado hasta encerrarlo tres años en prisión ha sido a Pedro Varela, editor de libros, no al líder de ningún grupo radical de futbol.

Su temor es a las ideas, no a las turbas, porque contra las turbas ya tienen sus esbirros con licencia para golpear. En cambio contra nuestras ideas, carecen de argumentos y eso es lo que nos hace tan peligrosos. Adoptemos pues, estrategias que permitan acercarnos al pueblo y ser escuchados.

Y aquí llegamos al último peldaño del compromiso, que es la militancia. Aquí ya entran determinados factores ajenos a nuestra voluntad. La incompatibilidad de horarios por asuntos laborales, la dificultad para armonizar activismo y familia, la época de exámenes en el caso de los jóvenes estudiantes. Al final, cada camarada aportará el tiempo del que pueda disponer. Pero si que os pediría una cosa: militar. Robar algo de tiempo a otras actividades pero dedicar un espacio a la militancia. Hay muchísimas razones para hacerlo, pero yo me quedaría con dos que se me antojan fundamentales.

La primera, obviamente es la lucha por nuestra ideología. Toda idea necesita de mano de obra para difundirla, jamás impregnará entre la gente por ciencia infusa. Como decía el poeta, "el hombre que no esté dispuesto a morir por sus ideas, o sus ideas no valen nada o el no vale nada".

Y en segundo lugar, por un concepto mucho mas romántico, por tus camaradas. La dimensión de la palabra camarada solo puede entenderla el que lo es. No intentéis explicárselo a alguien que no sea fascista, no lo comprenderá.

CONCLUSIONES, A MODO DE REFLEXION.

Y dicho todo esto, solo nos queda ya llegar a las conclusiones.

Señalar con claridad a nuestro enemigo y combatirlo con tesón y sin tregua.

No olvidar nunca que nuestro verdadero enemigo es astuto y se viste de patria para aproximarse a nosotros diciendo, "yo soy de derechas, soy de los tuyos". Debemos tener muy claro que nuestro verdadero enemigo es el capital y el extracto social que lo sustenta. Las plutocracias y ese "pueblo elegido" para dirigirlas. Si no existiera el capitalismo, no existiría el marxismo.

Hemos de ser tenaces y asumir el COMPROMISO como forma de vida.

Por supuesto, habrá quien os diga que no vale la pena tanto esfuerzo, que no hay nada que hacer, siempre habrá quien al mirar la botella, la vea medio vacía, pero yo soy de los que prefieren pensar que solo le falta un culín. ¿Por qué ese optimismo con lo que está cayendo? Pues bien, porque soy de los que piensan que nuestra ideología se encuentra en las raíces mismas de nuestra patria, que existe de una manera latente en nuestros genes y desde luego mucho, muchísimo tiempo antes de que Ramiro y Onésimo la proclamaran .

Y pienso que la tarea de cambiar España es una tarea secular que algún día se va a resolver.

Cuando Quevedo declara "ahíto me tiene España", sin ninguna duda estaba realizando un análisis similar a aquél, posiblemente más conocido por la mayoría de los que aquí os encontráis, de José Antonio, cuando proclamaba:

"Nosotros amamos a España porque no nos gusta". Pero anticipándose centenares de años al movimiento de las cinco flechas yugadas.

Cuando Quevedo, en su conocido soneto, "Miré los muros de la patria mía", nos muestra su infinita tristeza por la situación de desmoronamiento físico y moral de su patria, está describiendo sentimientos que sin duda alguna os son muy familiares.

"Miré los muros".
Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados de la carrera de la edad cansados por quien caduca ya su valentía".

Hayamos este sentimiento de amor a la patria más allá de lo razonable precisamente por una voluntad férrea de cambiarla, a lo largo de toda la historia de España, en escritores, poetas o pensadores hasta llegar a nuestros tiempos. Desde Quevedo a Unamuno, de Larra a Maeztu.

Gil de Biedma, nada sospechoso de camarada, vuelve a recordarnos nuestra misión cuando nos dice:

Nuestra famosa inmemorial pobreza

cuyo origen se pierde en las historias

que dicen que no es culpa del gobierno,

sino terrible maldición de España,

triste precio pagado a los demonios

con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,

a menudo he pensado en la pobreza

de este país de todos los demonios.

Y a menudo he pensado en otra historia

distinta y menos simple, en otra España

en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno

es un vulgar negocio de los hombres

y no una metafísica, que España

puede y debe salir de la pobreza,

que es tiempo aún para cambiar su historia

antes que se la lleven los demonios.

Es por este motivo que soy de los que siempre verán la botella medio llena, porque nuestra patria se ha forjado a golpe de espada y de verso, por eso nuestra ideología es poesía y milicia, siempre, a lo largo de la historia de nuestra anciana y amada madre, España, han existido románticos luchadores irreductibles que han proclamado la gran verdad a los cuatro vientos sin temer las consecuencias de su aserto:

 ESPAÑA NECESITA SU REVOLUCION.

Y SOLO LOS QUE AMAN A SU PATRIA, LA LLEVARÁN A CABO.

Amigos y camaradas, esto fue todo, tan solo pediros antes de despedirnos que recordéis siempre el compromiso de nuestra lucha:

¡¡ PATRIA, JUSTICIA, REVOLUCION !!

Juan Antonio López Larrea

Madrid , sala de conferencias del MSR

29 / 9 / 2012

Fuente: Asoc In memoriam Juan Ignacio

Serguei Olric: Yat´il une vie apres la mort

Serguei Olric: Yat´il une vie apres la mort

 

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Acto en desagravio a la Legión Cóndor (I). Intervención de José Luis Jerez Riesco

Acto en desagravio a la Legión Cóndor (I). Intervención de José Luis Jerez Riesco

 

Antes de comenzar este acto entrañable, con la lectura de unas breves, sencillas y emocionadas cuartillas, en honor de los siete aviadores alemanes, de edades comprendidas entre los 20 años del más joven, el alevín del panteón, y 27 años, el más veterano entre sus compañeros yacentes, todos ellos combatientes de la legendaria Legión Cóndor, que reposan el sueño eterno en estas sepulturas colocadas en correcta formación, excavadas en la tierra noble y soleada de España, voy a invocar sus respectivos nombres y a solicitar de vosotros una exclamación firme, sonora y unánime, de fiel  compromiso y recuerdo, con un rotundo y mayestático ¡PRESENTE!

 

·         Heinz Lignitz

 

·         Joseff Ullmann

 

·         Johann Seitz

 

·         August Heyer

 

·         Leo Falk

 

·         Georg Übelhack

 

·         Walter Brotzmann

 

 

 

 

 

                Camaradas de la lealtad:

 

                Nos encontramos, aquí y ahora, en tierra sagrada, en un camposanto , si, en un camposanto, en la ciudad de los muertos y de las reliquias, junto a un panteón que guarda las cenizas de siete héroes, de siete camaradas alemanes que, rompiendo la barrera del olvido y de la muerte, perviven y gozarán de la eternidad perenne en el latir de los corazones, que, como vosotros, valoren como referente el sacrificio de su inmolación y la entrega de sus jóvenes vidas y de sus almas,  por un ideal superior e inmortal.
 Aquí, junto a sus tumbas, se percibe, mejor que en ningún otro lugar,  su presencia y su energía espiritual,  en este recoleto recinto bautizado por la sangre fecunda y valiente de estos siete aviadores, que encuadrados en un magnífico cuerpo expedicionario eligieron la muerte como meta del honor.
El 18 de julio de 1936 España lanzaba un estentóreo grito de salvación nacional,  invocando una convocatoria inapelable: ¡A MI LA LEGION!
 A la llamada, a la cita de la voz que salía de una Patria amenazada y en difícil trance, concurrieron solícitos dos cuerpos legionarios, de guerreros bisoños y curtidos, que escucharon y respondieron al emplazamiento: al sur de la Península, al otro lado del Estrecho que guardan y custodian  las columnas de Hércules, se alzaba, altiva y a paso legionario, la Legión Española de los soldados de Franco, de Yagüe y de Millán Astray; en la Europa Central, en la Alemania Nacional-socialista, al paso de la oca, impulsados por la conciencia racial y el sentido del deber, desde Germania, la tierra de los genuinos germanos, que su traducción literal es, de nuestros auténticos hermanos, se pusieron en marcha hacia los confines del occidente europeo, hacia el Finisterre peninsular, donde la tierra firme gana los últimos espacios al océano Atlántico, formando otra Legión, la Legión Cóndor, en una compacta fuerza de intervención, de caballeros del aire, de ahí su calificativo de Cóndor, para venir a auxiliar a España del dilema amargo en el que estaba inmersa.
En la Legión Cóndor se alistó la mejor juventud alemana, lo más granado y florido del nuevo amanecer, que vinieron al encuentro y al socorro de sus camaradas españoles, combatientes de la nueva Reconquista, a la que se bautizó con el sacrosanto nombre de Cruzada de Liberación.
En la escarapela de las alas, en el fuselaje de sus aviones, los mandos de la Legión Cóndor  colocaron, como distintivos de identificación, las aspas de San Andrés, que recordaban, de forma estilizada, la enseña nacional de nuestros viejos Tercios, para redimir en aquellos momentos de peligro, la cultura y la historia memorable de nuestro pueblo.
Si la formación de la invicta Legión Cóndor fue posible, se debe, en primer lugar, a la decisión acertada y responsable, adoptada durante la celebración del Festival de Bayreuth, en la noche del 25 al 26 de julio de 1936, tras la audición de la ópera “Sigfrido” de Richar Wagner, por el gran Führer y Canciller del Reich, Adolf Hitler, que supo querer y entender las esencias más nobles e hidalgas del ser español, a quien respaldaron, en su valiente  iniciativa, con ardiente  entusiasmo, su fiel  lugarteniente Rudolf Hess, honor y gloria eterna al prisionero y mártir de la paz, y su ministro de Aviación Hermann Goering, quien se afanó a la empresa con verdadero entusiasmo, a cuya operación se la impuso, en un principio, el nombre de “Fuegos mágicos”.
Formaron aquella Legión, esa unidad mítica de voluntarios, en las diversas expediciones, un total de 5.000 hombres, marciales, técnicos, audaces, disciplinados, desafiantes, que surcaron con sus aparatos, sobrevolando  el espacio con sus aviones de combate, de transporte, de caza o de reconocimiento, modelos Heinkel, Donier, Junkers, Messerschmitt y Skudas, como águilas en el cielo, auténticos escuadrones volantes, blandiendo los vientos, atravesando las rutas aéreas de España, al mando del general Von Sperrle y del coronel Von Richtofen, en los que están representados los grandes ases de su unidad, entre los que encontramos hombres de la talla de Adolf Galland o Wernër Mölders, leyendas vivas, mitos vivientes, de las grandes hazañas bélicas de todos los tiempos.
La Legión Cóndor se apuntó, en su ejecutoria militar, en su brillante hoja de servicios, el derribo de 296 aviones rojos, 235 de los cuales lo fueron por la pericia y la audacia de sus pilotos en el fragor del combate aéreo.
Nuestros camaradas de la Legión Cóndor, nos acompañaron hasta final de la Cruzada, hasta el último disparo, y marcharon con nuestras fuerzas, al unísono, en el desfile de la Victoria, cuya parada tuvo lugar en Madrid el 19 de mayo de 1939, dejando entre nosotros, para siempre, a los mejores, a los Caídos en combate, en el fragor de la batalla, a 300 héroes que nos llenan de orgullo y a quienes debemos honrar con eterna gratitud, porque ellos murieron para que nosotros hayamos podido vivir, para seguir su ejemplo de los valores que, con su muerte y con su ideal,  nos trasmitieron mejor que con las palabras huecas de la corrupta democracia que ahora nos circunda y nos asfixia.
Sus veteranos combatientes se hicieron acreedores de la Cruz Española, al mérito, al coraje, al valor, a la camaradería y al compañerismo hispano.
Como santuario del Honor de lo que fue la hazaña de la Legión Cóndor en España, están enterrados, en esta necrópolis de La Almudena, los cuerpos de estos siete héroes, tres de ellos  caídos el día 8 de diciembre de 1936 en Arenas de San Pedro, en la provincia de Ávila, y los otros cuatro el 26 de julio de 1937, en la provincia de Madrid.
Fue el 2 de julio de 1942,  hace ahora exactamente 70 años, cuando los ataúdes de los gloriosos aviadores alemanes, envueltos en la bandera española con la cruz esvástica, la España auténtica  y la gran Alemania genuina, solidariamente unidas, y sobre sus féretros el casco de acero y las ramas de laurel que ganaron con su gesta.
Hace unos meses, en la canícula de julio del presente año, la leyenda y la sepultura de aquellos que ofrendaron su vida en lucha abierta contra el comunismo internacional, ha sido recientemente profanada por los fariseos y los hipócritas que hoy gobiernan tanto en Alemania como en España, que no respetan a los muertos gloriosos, que no pueden soportar en su radical iniquidad, la verdad de una evidencia, que estaba escrito en este mausoleo, en la cabecera de sus sepulcros, donde se podía leer, en una lápida  con razón y con justicia, en alemán,  que “Los aviadores alemanes aquí enterrados murieron luchando por una España Libre” y donde en español se apostillaba, de forma lapidaria: “Aviadores alemanes muertos por Dios y por España” ¡Presentes!
Parafraseando  las palabras pronunciadas, en este mismo lugar, por el Embajador de Alemania Von Stohrer, cuando fue elegido como espacio para la morada perpetua de estos siete luchadores que sabían que la muerte no era el ocaso, y como recuerdo para quienes, con arrojo y altruismo sin límites, tomaron parte en nuestra Cruzada, refrendar que este solar por su fuerte significado “destaca el espíritu de hermandad que existe entre los Ejércitos español y alemán, pues en la gloriosa guerra española, Alemania, con su Legión Cóndor, luchó unida al Ejército Español para combatir al enemigo común, y hoy,- se pronunciaban estas palabras en julio de 1942- en los campos de Rusia, la gloriosa División Azul lucha brillantemente al lado de las tropas alemanas, para arrollar al comunismo, enemigo de Europa de la civilización” y que con este póstumo honor, a los aviadores de su Patria, sería siempre para el pueblo alemán “un recuerdo inolvidable”.
La vandálica actuación de la Embajada alemana actual, contra este vestigio de los más altos valores humanos representado en esta plataforma de gloria y victoria, de muerte y redención, funcionarios despreciables y sin escrúpulos,  amordazados y esclavizados por los manejos de Judea, con su odio incondicional y sempiterno, merecen nuestro desprecio más absoluto, al tiempo que rendimos tributo de homenaje y admiración por estos hombres, nuestros mejores camaradas, que con su muerte épica elevaron el sentido de la dignidad a su más alto rango.

 

Una vez más: Caídos de la Legión Cóndor ¡Presentes!

 

Heil Hitler!

 

¡Arriba España! 
Fuente: Asoc In memoriam Juan Ignacio

Miguel Serrano: La muerte de Ezra Pound

Miguel Serrano: La muerte de Ezra Pound

Ezra Pound murió en Venecia el 2 de noviembre de 1972, menos de cinco meses después de nuestra entrevista. Me encontraba en España, recorriendo esa dura y antigua tierra. Había visitado Ronda, en el sur, la ciudad sobre el abismo, donde Rilke viviera por un tiempo. Estuve leyendo sus cartas en el pequeño museo que los españoles le han dedicado en el hotel que habitara. Sus cartas de amor a Lou Salomé, también amada e inspiradora de Nietzsche. Reflexionaba que los españoles han rendido homenaje a este poeta universal, que pisara por breve tiempo su suelo lleno de historia y de leyenda. Seguí luego hacia el norte, a una ciudad pequeñita, cercana a Madrid, Medinaceli, donde el Cid buscara refugio en el destierro, ciudad de piedras y ruinas, romana y visigoda, pesada de misterio ibérico, quizá céltico, druídico. Está empinada sobre una colina y mira a un mar seco, árido, de olas parduscas, amarillas, lunares, como la visión de un planeta muerto. A veces, en el horizonte lejano, aparece un árbol solitario, colocado allí por la belleza, por ese alguien que se goza en ordenar el paisaje de Castilla para luego contemplarlo desde la cumbre de Medinaceli, a través del viejo Arco Romano, resto de una antigua fortaleza.

 ..... Me enteré de la muerte de Ezra Pound en Madrid, en los periódicos. Los españoles le rendian sentido homenaje. Eugenio Montes refería el entierro en Venecia, donde me transportaba con la imaginación nuevamente, hasta su casita de la calle Querini, viéndole ahora ir en su último viaje en góndola oscura, por los canales, hasta el cementerio de la isla de Saint Michele. El periodista Eugenio Montes contaba que en la última entrevista que tuvo con el poeta -hace muchos años, seguramente-, éste le había preguntado: "¿Cantan aún los gallos del Cid al amanecer en Medinaceli?". Y agregaba que Pound había visitado Medinaceli en 1906, siguiendo la ruta del Cid. Pound amaba el poema del Cid, que consideraba superior aun a la Canción de Rolando. Había viajado a España para rehacer el antiguo camino del "Campeador". De este modo había llegado a ese misterioso pueblito de las alturas, que se conserva como en el medioevo.
..... De nuevo me encontraba en un cuarto de hotel, en Madrid ahora. Era de noche y quise continuar el diálogo, interrumpido en otra noche de Venecia, con el fantasma de mi amigo, ya desprendido en definitiva. Y el fantasma vino y se sentó en una silla, no sé dónde, de seguro no allí en ese cuarto de hotel, y se puso a hablar, a hablar, como no lo haría hace tanto tiempo. Estaba otra vez joven y recitaba poemas cósmicos, decía cosas inmortales, bellas, inmensas, como la ciudad de Venecia, como el paisaje de Castilla, como las montañas de la Luna. Yo escuchaba y olvidaba. Porque todo eso se olvida, y no se debe recordar.

Un monumento en Medinaceli

..... Días después volví a Medinaceli. Me enteré que allí vivía un chileno, el profesor Fernando de Toro Garland. Conversamos. Me habló también del artículo de Eugenio Montes y de las palabras de Pound sobre los gallos del Cid. Se le había ocurrido la idea de sugerir a las autoridades españolas erigir un monumento a Pound en Medinaceli, que registrara esa frase y el paso por allí del gran poeta americano al comienzo del siglo. Le animé en su empeño. Desde ese momento estuvimos en contacto personal o por carta. Seguí así todas las vicisitudes de sus esfuerzos. Las autoridades españolas del pueblo y varios amigos de Madrid colaboraron con entusiasmo. Labradores, picapedreros con sus mulas, transportaron una enorme piedra de los montes celtíberos, descascarada por los milenios, a través de las nieves del crudo invierno. Herreros del medioevo forjaron letras simples y antiguas para ser enclavadas en la piedra, con la frase de Pound: "¿Cantan todavía los gallos del Cid al amanecer en Medinaceli?".
..... Se eligió la más bella plaza de la ciudad de las alturas (Medina en árabe significa ciudad; celi es cielo), y, allí bajo un árbol añoso, se enclavó la piedra. Será también una fuente, porque el agua correrá por su arrugada y resquebrajada superficie. Esa piedra es como el rostro de Pound en sus últimos años. Se eligió el día 15 de mayo de 1973, día de San Isidro y de los festivales de la ciudad, para la inauguración del monumento. Me encargué de que Olga Rudge, la compañera de Ezra Pound, pudiera ir. Olga tenía setenta y ocho años y no iba a parte alguna. Pero fue a Medinaceli.
..... Vinieron ese día poetas jóvenes españoles desde Madrid, con Jaime Ferrán, traductor de Pound. Se hallaban presentes en Medinaceli también algunos norteamericanos y pintores que allí viven. Y todo el pueblo vestido de día de fiesta, con sus trajes cuidados, con sus boinas, sus bastones de pastores, sus bordones de peregrinos de las alturas, sus rostros nobles, de roca castellana, sus hijos, sus nietos, que ya parten a las grandes urbes de la planicie, ciudades sin poesía. Todos estaban allí para rendir homenaje a ese poeta de otras tierras, de otros mundos, que ellos nunca conocieron, que no leyeron -porque muchos no saben leer-, pero que conocen desde dentro, con su alma de roca, que se parece al rostro del poeta muerto, del poeta ecuménico. Se encontraban allí los perros y las mulas que acompañaron y trajeron la piedra, estaba el herrero, el cura, el guardia civil, y el vino y el agua y el pan, la yerba y los pájaros de Medinaceli, de la Vieja Castilla. También estaban los gallos del Cid y Pound. De esos dos guerreros desaparecidos.

Los signos celestes

El dia anterior supe que debia hablar en el homenaje Olga Rudge quería que yo dijera algo en ese momento. ¿Qué cosa? ¿Qué decir que pudiera parecerse al silencio de Pound y de la Ciudad de Cielo? De amanecida me fui a caminar por las calles de la ciudad muerta, entre ruinas. Llegué a la plazuela del monumento y me senté bajo el árbol, junto a la roca. Llevaba conmigo un libro recién publicado en Barcelona por la Editorial Barral: Introducción a Ezra Pound, con traducciones y comentarios de Carmen R. De Velasco y Jaime Ferrán. Lo abrí y leí: "La piedra bajo el olmo / tomando forma ahora / curva la piedra en su borde / la piedra que en el aire toma forma..."
..... Era el canto XC. Me detuve perplejo. Pero... ¡aquí está la piedra y, precisamente, éste es un olmo! Nadie lo había pensado antes, nadie lo supo. Esto se hizo solo. Pero... ¿se hizo en verdad solo? Recordé la frase de Nietzsche: "Las cosas vienen a nosotros deseosas de transformarse en símbolos". Y Rilke: "¿Qué otra cosa quieres tú, mundo, sino transformarte en invisible dentro de nosotros?".
..... O bien, los sueños se hacen visibles fuera de nosotros... Esto es lo que Jung llamó "sincronismo", "coincidencias", "fenómenos acausables", y Nietzsche, "azares llenos de sentido". Puro "sentido", pura "magia", puro milagro, en verdad, todo y nada. ¿Quién dirige esto? ¿Quién lo ha ordenado? ¿Acaso el mismo Pound? ¿O ese Ser que compone el paisaje, según el más alto sentido de la belleza, que hace crecer allí un árbol en el horizonte de Castilla, para que pueda ser contemplado desde la altura a través de un arco de piedra en ruinas? Ese Ser, emocionado, "tocado" por la belleza o la profundidad de los pensamientos, de los sueños, de los versos de un hijo del cielo y de la tierra, quiere así manifestarse cuando él vuelve a su seno. ("La naturaleza imita el arte"). Tal vez sea la misma tierra, la Madre Tierra, el Espíritu de la Tierra. Cuando Jung murió, estalló una tormenta inesperada en esa época del año y un rayo cayó sobre el árbol bajo el cual se sentaba, marcándolo para siempre. Cuando Ezra Pound murió, las cosas, la roca, el árbol, la naturaleza, recitaron un poema suyo, se ordenaron como uno de sus versos: "La piedra bajo el olmo...".
..... Y aún más:
..... "Ha penetrado el árbol en mis manos, / la savia por mis brazos ha ascendido / el árbol en mi pecho se hizo grande, / hacia abajo, / salen de mí las ramas como brazos. / Árbol eres, / musgo eres, / eres violeta que acaricia el viento... / Mueren los árboles y el sueño permanece".
..... En la tarde del día del homenaje, en presencia de todo el pueblo, como he dicho, también de la heroica compañera de Pound, se descorrió la bandera de España que cubría el monumento, el "rostro", la "piedra bajo el olmo". Y, entonces, en el olmo cantó un mirlo. Y el pueblo comentó el suceso y lo seguirá comentando por mucho tiempo, porque los habitantes de esas viejas ciudades en ruinas, de los pueblos de antaño, son como los griegos de la leyenda, como los celtas y los druidas, descubren en el canto de un pájaro, en un día de auspicios, un echo digno de ser interpretado y que llena así sus vidas hasta la muerte.
..... ¿Qué más puede desear un gran poeta que sus poemas sean recitados por las cosas? ¿Qué más puede desear que un mirlo cante en su homenaje?

¿Qué más puede desear un gran poeta que sus poemas sean recitados por las cosas? ¿Qué más puede desear que un mirlo cante en su homenaje? ¿Qué prueba mayor puede darse de que un hombre es grande, de que un poeta lo es, que el cielo, o la naturaleza, se manifiesten así para confirmarlo?

..... Aún canta un mirlo en Medinaceli. Y canta por Ezra Pound.

A treinta y cinco años del fallecimiento del poeta norteamericano, el escritor chileno Miguel Serrano recuerda un emotivo acto celebrado en su memoria en Medinaceli, España

Fuente

Ernesto Milá: Es hora de cambiar Los Hombres y las Ruinas por Cabalgar el Tigre

Ernesto Milá: Es hora de cambiar Los Hombres y las Ruinas por Cabalgar el Tigre

 

Este artículo será entendido perfectamente por los evolianos (gentes familiarizadas con el pensamiento de Julius Evola) y acaso sonará raro a quienes no se hayan aproximado hasta este autor que es considerado como el maestro de la “derecha tradicional” del siglo XX. En efecto, cuando Evola regreso a Italia en 1949 tras su periplo hospitalario tras la II Guerra Mundial, inmovilizado por las heridas en su médula, empezó a relacionarse con los medios activistas de la derecha radical, los neofascistas que formaban en las filas del entonces recientemente constituido Movimiento Social Italiano.

Percibía en ellos las mismas componentes que habían estado presentes en el fascismo de los orígenes con su activismo y su militantismo desenfrenado y en el fascismo de la República Social Italiana, con su fideísmo y su compromiso con una causa irremisiblemente perdida. En ambos casos se entregaba todo a cambio de nada. Evola había identificado en las primeras generaciones del MSI el mismo estado de ánimo y por eso se comprometió con ellos. A finales de los años 40 escribió un pequeño folleto, Orientamenti (Orientaciones), que con 14 breves puntos anticipaba lo que en 1954 iba a ser el verdadero manifiesto político de la “derecha tradicional” en la postguerra: Gli uomini e le rovine (Los hombres y las ruinas). Los dedica a los hombres que representan a un “tipo humano superior”, dotados de un carácter que hace de la acción el centro de su vida casi como si los antiguos guerreros hubieran resucitado entre las ruinas morales y materiales herederas del segundo conflicto mundial.


El libro iba dirigido a los militantes que creían que todavía podía hacerse algo, a aquellos en cuyos cerebros ardía un ideal. En el marasmo de la postguerra, esa generación se preocupaba mucho más de las actitudes que de la doctrina, pero en ese gesto estaba implícito su valía. Evola les facilitó elementos doctrinales y una ideología coherente, completa y orgánica. Muchos, desde las columnas de las múltiples revistas neofascistas de aquellos tiempos asumieron esos ideales y salieron a la calle desarrollando un activismo frenético con el respaldo de un proyecto político.
Pasaron 10 años, en ese tiempo (entre 1950 y 1960) Evola siguió colaborando con los generaciones del MSI, pero también tuvo entre sus alumnos (los que le iban a visitar a su domicilio romano) a cuadros de las organizaciones juveniles que se habían ido desgajando del MSI. Evola colaboró con Ordine Nuovo y con Avanguardia Nazionale. A partir del congreso de Bari del MSI (1950), fueron habituales la presentación de mociones evolianas que intentaron siempre encarrilar a esta organización sobre rieles tradicionalistas.


Justo cuando la “contestación” empezó a despuntar en los primeros años 60 desde los EEUU, Evola que con el tiempo se había configurado como un agudo observador de la sociedad norteamericana entendió cuál iba a ser el signo de los tiempos que estaba por llegar: fue el primero en analizar el pensamiento de Herbert Marcusse y percibió en elunderground algo que ya había visto en sus escritos sobre la beat-generation, entendió que la revolución sexual de los 60 y el descubrimiento de la píldora anticonceptiva iban a revolucionar los usos sociales. Entrevió también los contenidos de la agitación estudiantil y empezó a preguntarse si todos estos elementos de crisis afectaban a quienes defendían ideas tradicionales. El fruto de estas reflexiones le llevó a establecer importantes conclusiones que cristalizarían, primero en la publicación de ensayos y artículos en las revistas próximas al MSI y a los grupos extraparlamentarios y luego en la publicación de un libro que todavía hoy no ha perdido actualidad: Cabalcare la tigre (Cabalgar el Tigre).

Esta nueva obra va dirigida a otro público: si Los hombres y las ruinas iba dirigido a los hombres que todavía querían hacer algo, Cabalgar el Tigre lo está a los “hombres diferenciados”, esto es, a aquellos que se sienten alejados de la modernidad, que no tienen sitio en la modernidad, que se reclaman “ciudadanos” de otra realidad (el mundo tradicional) y de otros valores y que no están dispuestos a la “acción exterior” simplemente porque ya no creen que pueda hacerse nada en este terreno. ¿De qué manera hombres así pueden vivir en el seno de la modernidad? Y Evola responde a lo largo de 250 intensas páginas.

El título, como se sabe, responde a la antigua idea oriental de que la única forma con la que alguien puede escapar del ataque de un tigre es… subiéndose a sus espaldas, cabalgándolo. En esa situación el tigre no puede atacar con sus garras y, finalmente, cansado con el peso de alguien que es invulnerable a sus espaldas, se sentirá agotado y se le podrá derrotar. De lo que se trata es, pues, de no dejarse ganar por la virulencia y la omnipresencia del “tigre”, sino vivir en una especie de permanente exilio interior. Evola utiliza entonces una frase de Hoffmansthal para definir un futuro en el que se darán la mano los que han estado en vela en la noche oscura con los que hayan nacido en el nuevo amanecer. Y plantea una imagen evocadora: la modernidad es como un alud que desciende por una montaña cada vez arrastrando más masa y a mayor velocidad: nadie puede detenerlo y situarse ante él para intentar frenarlo constituye la forma más directa de suicidarse. Evola, ya no está hablando de “mantenerse en pie entre las ruinas”, la actitud de aquellos jóvenes de la postguerra que intentaban detener el alud con la mera fuerza de su activismo. Está hablando a otro tipo humano, a los “hombres diferenciados”, aquellos que ESTÁN EN EL SENO DE LA MODERNIDAD, pero que NO SON DE LA MODERNIDAD.
Cabalgar el Tigre es hijo de dos influencias: la de Ernst Jünger, de sus Tempestades de acero y de su Trabajador, y de la experiencia acumulada por Evola a lo largo de su extenso periplo por las doctrinas tradicionales y especialmente por la llamada “Vía de la Mano Izquierda”. Así como en la “Vía de la Mano Derecha” de lo que se trata es de rechazar el mal y combatir las destrucciones, contraponiendo un programa positivo, en la “Via de la Mano Izquierda” de lo que se trata es de “convertir el veneno en remedio”, ver en todos los procesos de disolución, puntos de apoyo. Es evidente que la primera vía es la que corresponde a lo redactado para el “tipo humano superior”, mientras que la segunda es propia del “tipo humano diferenciado”. La primera es la propia de los lectores identificados con el proyecto político de Los hombres y las ruinas, y los segundos con los contenidos deCabalgar el Tigre.

Evola explica que las destrucciones presentes en la modernidad no deben ser tenidas por el hombre que vive su exilio interior como algo negativo: a fin de cuentas, ese no es su lugar, no es la “sociedad tradicional” la que está en crisis sino la “sociedad moderna”, no es la “familia tradicional” sino la “familia burguesa” y las “nuevas fórmulas familiares” las que están en crisis, no es la “metafísica” la que experimenta una crisis terminal, sino las viejas fórmulas religiosas agotadas e inadaptadas por su dogmatismo y su rigidez; no es la economía orgánica y comunitaria la que vive su período postrero, sino la economía liberal que después de su fase industrial, luego multinacional y finalmente globalizadora, ha llegado a su última etapa; así pues, es la totalidad del mundo moderno lo que está en crisis, no los valores, las ideas y el mundo tradicional. El “hombre diferenciado” no debe entristecerse por estas desintegraciones que no son las de su mundo, sino las de una estructura que no tiene nada que ver con él. No debe hacer, por tanto, nada para defender ese mundo: su hundimiento es garantía de la próxima renovación, del “nuevo amanecer” al que aludía Hofmansthal.
Durante cuarenta años de mi vida he creído que “aún podía hacerse algo”, incluso que era posible hacerlo disponiendo de cuadros políticos perfectamente formados doctrinal y técnicamente. He creído que era posible, utilizando técnicas políticas, generar un movimiento de masas capaz de detener el proceso de disolución de la modernidad y revertirlo. He creído que en la misma lucha política operaría a modo de “fuego purificador” que afectaría en primer lugar a los “combatientes” (los “hombres en pie”, aquellos en cuyo cerebro arde un proyecto político que quieren dar vida) y que sería posible operar una transmutación del mundo: que el poder no estuviera en manos de una casta política degenerada y miserable que considera la política como la mejor relación “esfuerzo-beneficio”, que la comunidad nacional se viera libre de las ideas nacidas en 1789 con la revolución liberal, la ley de la cantidad (la democracia numérica) y el marxismo que vino luego, que desaparecieran partidos y sindicatos como sujetos políticos y fueran las estructuras intermedias de la sociedad quienes asumieran la representatividad en el marco de un Estado Orgánico y Comunitario. He creído incluso que la “construcción de Europa” superaría las carencias de los Estados Nacionales surgidos tras el Renacimiento lograría un marco con “dimensión adecuada” para responder a las necesidades de un tiempo en el que los “bloques” han condicionado le mundo y que una Europa surgida de la hermandad entre combatientes de distintos países estaría en condiciones de ser “primera fuerza” o bien un “espacio cerrado” a la economía globalizada. He creído que la “lucha cultural” era un complemento de la lucha política y que en ese terreno podía realizarse un trabajo que afectaría a toda la sociedad y construiría las bases de un “nuevo orden”. A fin de cuentas, combatir los “productos culturales” que llegan de la “cultura americana”, supone hoy una prioridad en la medida en que se trata de meros productos de intoxicación  contaminación. Todo eso (y mucho más) valdría la pena hacerlo y se podría hacer a través de la lucha política. Nadie me podrá reprochar que no lo intentara hasta el punto de que mi propia vida se ha visto comprometida y que incluso he recibido ataques (en Internet las mentiras sobre mí son uno más de los motivos que inducen a pensar que hoy calumniar salen gratis) de personajillos irrelevantes que jamás me han interesado ni preocupado. Pero todo esto ha llegado demasiado lejos y vale la pena detenerse un momento y reconocer, no solo mi fracaso personal, sino el de todo el ambiente que en un tiempo ya lejano pensó que era posible combatir “a la bestia” e incluso, vencerla.


Cuando escribí las Ultramemorias resultaba evidente mi alejamiento de la extrema-derecha y el análisis crítico que vertía en relación a los últimos 40 años de este ambiente político. Pero no quedaba cerrada la puerta a una acción política posterior. La puerta para desembocar en ella cada vez se ha ido estrechando más y más, y no creo que en la actualidad haya motivos para ser optimista: el percibir en España 7.000.000 de inmigrantes y un signo de desfiguración de la identidad nacional no implica que ese fenómeno vaya a generar una reacción y una respuesta a partir de la cual se vaya a construir un movimiento político sólido y en condiciones de responder a las exigencias de la lucha contra la modernidad, quiere decir solamente que la tierra sobre la que he nacido perderá su rostro y el pueblo al que he pertenecido puede desaparecer… La actual crisis económica es de una envergadura suficiente como para que no nos hagamos ni la más mínima esperanza sobre cómo va a desembocar: en Grecia se ha vivido en los últimos tres años una situación igual y la reacción ha sido mínima, a través del Amanecer Dorado, casi como una respuesta exclusivamente económico-social y el problema trasciende con mucho esa dimensión. En España ni siquiera ha aparecido un fenómeno similar. La economía liberal en su última etapa de desarrollo deglutirá naciones y pueblos enteros y estas naciones y pueblos solamente pensarán –solamente están pensando- como sucumbir antes y de manera más extrema, pues los gobiernos que han elegido democráticamente, ni tienen interés en defender otros intereses que los suyos propios, es decir, los de meros siervos del gran capital financiero internacional. En la modernidad y en la España actual no existen intelectuales y “hombres de tipo humano superior” como para establecer un pensamiento que alguien afecto a los principios tradicionales puede compartir ni mínimamente, ni existe tampoco un “pensamiento crítico” que abarque siquiera a una pequeña élite cultural en condiciones de repercutir sobre un sector social con claridad e impacto suficiente como para hacerse ilusiones de que algo pueda cambiar.

Introducirse en los circuitos culturales y políticos de la modernidad (y, por tanto, tener repercusiones y ver que el trabajo realizado sirve para algo) implica tal nivel de compromisos, renuncias y adaptaciones que, simplemente, no vale la pena ni abordarlo. En cuanto a los que hoy todavía tienden a presentarse como “intransigentes” y activistas que responderían a un “tipo humano superior”, o se engañan, o están en la lucha política por alguna carencia, o simplemente, por una dinámica endiablada, casi como si una fuerza de inercia les impulsase desde el pasado.
Evola me enseñó dos cosas: en primer lugar la necesidad de esforzarse en todo momento, a toda hora, en percibir los rasgos de un tiempo. A eso se le llama “objetividad” (y a definir una “nueva objetividad” utiliza 40 páginas de su Cabalgar…). Hay que esforzarse  continuamente en percibir el mundo tal cual es, intentando sobre todo no engañarse queriéndolo ver tal como a nosotros nos gustaría (o nos interesaría) ver. Objetividad siempre, objetividad ante todo. En segundo lugar me enseñó la importancia de la claridad: renuncias las mínimas, compromisos solamente cuando sean inevitables, calidad anterior y superior a cantidad, élite antes que masa, pero la élite es tal solamente cuando lo demuestra, no cuando se califica así misma como tal; la política no es un fin en sí mismo sino un medio para alcanzar un fin, la construcción de un marco orgánico para la Comunidad del Pueblo, de otra manera no es más que una forma para satisfacer egocentrismos de pobres tontos, carencias afectivas o simplemente para llenar el tiempo libre…
Lo esencial. Lo importante, lo auténticamente importante, es ser “de verdad” o bien un “tipo humano superior” o un “hombre diferenciado”, y demostrárselo a uno mismo, todo lo demás es completamente secundario.  

Por todo esto, estos días, mientras estaba escribiendo un ensayo sobre Julius Evola y el neofascismo que se publicará en los dos próximos meses en la Revista de Historia del Fascismo, he caído en todas estas reflexiones que transmito a los lectores de esta página. Los textos de apoyo pueden encontrarse en http://juliusevola.blogia.com en la Biblioteca Evoliana. No se trata de un debate nuevo sino de la continuación de una conversación que tuve en el invierno de 1980 con Philipe Baillet en París. Era Baillet traductor al francés de los textos de Julius Evola y autor de una notable biografía de Evola que traduje y edité al regresar a España. Un reciente viaje a Sardegna este mes de septiembre me ha dado la ocasión de meditar nuevamente sobre aquella conversación y de realizar una relectura de los textos de Evola para la confección del ensayo sobre las relaciones de Evola con los grupos neofascistas entre 1949  y 1974. Y esas líneas que he escrito suponen un hablar sólo en voz alta. Porque, en realidad, estamos solos, nacemos solos, aunque nos veamos rodeados de seres queridos, mantengamos una vida social intenta, en realidad, siempre estamos solos: dentro de mí no hay nadie… si hubiera alguien no sería yo, sería otro. Y si fuera otro estaría alienado, por tanto, cuando escribimos hablamos sólo para nosotros mismos. Evola lo sabía y sus libros no son más que las reflexiones interiores de un hombre preocupado por el tiempo en el que le había tocado vivir y que, en realidad, no era su tiempo.

© Ernesto Milà – infokrisis – Ernesto.mila.rodri@gmail.com

Pd: Dedico estas líneas a Carlos Oriente Corominas, muy querido camarada, diez o doce años más joven que yo, que ha fallecido en Barcelona este fin de semana de manera inesperada. El hecho de que los “amados de los dioses mueran jóvenes” no implica que muchos dejemos de lamentar su pérdida. Él era uno de esos “tipos humanos superiores” capaces de comprometerse con cualquier causa con una completa entrega. Valiente, con un sentido del humor que impedía aburrirse a su lado, también él pertenecía a otro tiempo.
E.M

Muerto los perros ... no se termina la rabia

Muerto los perros ... no se termina la rabia

 

Mas de 6000 muertos enterrados (previamente torturados) en las fosas comunes de Paracuellos exijen ¡¡justicia!!