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La memoria de la Otra Europa

Juan Antonio López Larrea: Conferencia en la sede Madrileña del MSR

Juan Antonio López Larrea: Conferencia en la sede Madrileña del MSR

Buenas tardes a todos los asistentes, gracias por vuestra presencia .

Mi nombre es Juan Antonio López Larrea y soy fascista.

Y quiero comenzar mi intervención con esta declaración por si algún día, los dioses no lo quieran, sufro algún infarto cerebral o algún tipo de meningitis bacteriana o cualquier trastorno mental, que me llevara a escuchar los cantos de sirena de plataforma equis libertad o similares o fuera de merienda con algún representante de nuevas generaciones para hablar del tiempo en mi pueblo.

Esta declaración con la que he comenzado mi intervención, me invalidará "ad hoc" para semejante dislate.

Fui militante de FUERZA NUEVA, con carnet número 9 de Valencia, desde 1976 hasta 1979, fecha en la que causé baja para afiliarme en el escindido FRENTE DE LA JUVENTUD, partido del que llegué a ser Secretario Provincial y miembro de la Junta Nacional. En él permanecí hasta su disolución en 1982.

Hoysoy miembro de la AC In Memoriam Juan Ignacio, una asociación donde cohabitan camaradas de distintas sensibilidades políticas, remando todos y por igual en una misma dirección y cuyas principales virtudes son la hermandad y la lealtad.

De tal manera, que podemos hacer nuestro y hacemos nuestro, sin ningún rubor, aquel antiguo compromiso del Jefe:

"Pues bien, si os engañamos alguna soga encontraréis en vuestros desvanes y algún árbol quedara en vuestra llanura, ahorcadnos sin misericordia, la última orden que yo daré a mis camisas azules será que nos tiren de los pies para justicia y escarmiento ".

Una vez realizada la presentación y antes de dar comienzo a mi conferencia, quiero recordar a Roberto Luengo, a Josué Estébanez y a todos los patriotas que están en prisión como consecuencia de haber desafiado al sistema. Esta conferencia, es en su honor .

LA VIDA COMO UN COMPROMISO MILITANTE.

Siempre que doy una conferencia sobre este tema, me siento un poco abochornado porque no puedo evitar pensar en camaradas, en mayúsculas la palabra camarada , como Pedro Pablo Peña, Juan Antonio Llopart , Jorge Álvarez , Felipe Pérez o tantos otros que no han dejado de militar ni un minuto desde que les salieron los dientes y ya peinan canas .

También para ellos está dedicada mi intervención como humilde homenaje.

LA TRANSICION, EL MARCO HISTORICO.

Es fundamental para empezar a hablar de militancia, situar en el tiempo la época que a mí me tocó vivir; tan diferente a la que vosotros, jóvenes escuadristas, os encontráis en la actualidad.

Yo nací en los felices 60, la época del baby boom español. No hay familia de mi generación que no estuviera compuesta por, al menos cinco o seis miembros. Con un índice de natalidad tan alto, realmente era difícil una invasión alienígena como la que llevamos sufriendo los últimos años en nuestro país. Además, aquel régimen tampoco la hubiera consentido.

Una década de bonanza económica, estabilidad social y españoles que –tal vez por primera vez en nuestra historia– miraban el futuro unánimemente con optimismo.

Tras la dureza de los 40, con la hambruna y las carencias de una posguerra, un país entero se puso a trabajar, impulsado por un régimen autoritario, que tenía que enfrentarse además a un aislamiento internacional impuesto por los vencedores de la última contienda civil europea.

Si los 40 fueron años de desescombro y reconstrucción, los 50 fueron los años del asentamiento de las bases de una sociedad. Fueron años de trabajo duro, que permitieron que la década siguiente amaneciera sin negros nubarrones. Fueron los años de la Falange. O mejor dicho, de los falangistas, porque como bien sabemos, el tiempo de la Falange jamás llegó. Pero sí estuvieron los Girón o los Arrese para acometer las leyes y las medidas más sociales que jamás se vieron –ni se han vuelto a ver– en nuestra anciana patria.

Llegados a este punto y antes de que nadie pueda pensar que está oyendo un discurso de Blas Piñar, quiero hacer una matización y también dar una opinión personal.

La matización es obvia, yo no soy franquista. Y no puedo serlo por causas objetivas: la primera porque como ya declare de forma rotunda al comienzo, yo soy fascista. Y Franco no sentía ningún aprecio por aquellas formaciones paramilitares que pregonaban una revolución social como acto ineludible para rescatar Europa.

Y en segundo lugar, porque como ya he indicado, nací en los 60 y la muerte del Caudillo me sorprende al comienzo de mi adolescencia. Nada me une pues al régimen, salvo la necesidad de dar testimonio de una época que casi nadie quiere reconocer. Supongo y espero que la historia será la que situé a cada uno en el lugar que merece.

Y con respecto a la opinión personal; esta es, acerca del ideal truncado falangista.

Soy de los que piensan –como muchos más, aunque jamás lo reconocerán- que el verdadero problema de la perversión del ideario nacional sindicalista, no estuvo en el nefasto decreto de unificación, ni en Franco, ni en los militares monárquicos, ni en Varela y sus Carlistas, ni en los trágicos sucesos de Salamanca o Begoña. El verdadero problema que causó todas las desgracias del Falangismo fue, sin ninguna duda, la derrota del Eje.

Y de este convencimiento, no me saca ni el mismísimo Perales que se me apareciera cual figura del Tenorio.

Y como muestra un botón:

En 1944, Dionisio Ridruejo nos dejaba su "Canto a los muertos de Stalingrado" en su obra "Poesía en armas":

"Cuando los cien mil hombres han, al fin sucumbido
como una isla de honor y terquedad, bajo la presión del cataclismo. El paisaje era blanco y helado en torno a mi conciencia y mas realmente que mi cuerpo, en los días recientes, mi alma se erguía arropada en vuestro sagrado uniforme."

La suerte del Falangismo se libró en las estepas rusas y en las playas de Francia. Cuando los Panzer se clavaban en las puertas de Stalingrado, con los aviones de Goering varados por falta de combustible y los yankees pusieron su bota en el sagrado suelo europeo, fue cuando los hebreos comenzaron a ganar su guerra.

Y fue en ese mismo momento cuando todos los movimientos nacionalistas y revolucionarios, firmaron su acta de defunción. El sueño de una Europa libre se desvaneció .

Pero volvamos a la conferencia.

Ya he dicho que apenas viví el franquismo, pero si fui testigo directo y también anónimo figurante, de la tan cacareada transición.

La transición... uffff, aquí también se impone una definición correcta.

Para los políticos, los medios de comunicación y la inmensa mayoría de los historiadores, la transición es el periodo histórico que arranca un 20 de Noviembre de 1975, con la muerte del General Franco y concluye el 23 de Febrero de 1981, con el levantamiento de una pequeña parte del ejercito, sofocado por la actitud gallarda y valiente de "su majestad".

Para otros –los menos, entre los que yo me cuento– la transición da comienzo oficialmente el 20 de Diciembre de 1973, cuando la CIA, con la mano ejecutora de ETA (posiblemente) y la aquiescencia de buena parte del régimen, pone en órbita al almirante Carrero Blanco, a la sazón, presidente del gobierno, de lealtad indiscutible a los valores del 18 de julio y hombre elegido por Franco para salvaguardar éstos. Aquí comienza la descomposición del régimen, premeditada largo tiempo por los gurús del nuevo sistema que se implantaría. Si con esta traición, vestida de magnicidio, situamos el comienzo de la transición, también con una traición la cerramos.

La cometida por el Borbón a sus militares más fieles, llevándolos a una especie de comedia bufa de la que tan solo él saldría reforzado entre loas unánimes de periodistas y lacayos. Y desembarazándose de paso de las pocas personas que aún le recordaban que por encima de las órdenes, estaba el honor.

Aquí sí coincidimos, el 23 de febrero se cierra oficialmente la transición. Y comienza una de las épocas más negras y peligrosas para España, la que estamos viviendo actualmente.

Es en este periodo, el de la transición, cuando me incorporo a la militancia política.

DE LA TRANSICION, los años de plomo.

En 1979, el entonces ministro del interior Juan José Rosón, ex falangista, como tantos miembros del gobierno, incluyendo a su presidente, daba el pistoletazo de salida por parte de sus asalariados armados y provistos de licencia para matar, a la caza indiscriminada del fascista, allá donde se le encuentre, con una frase que pasará a la historia por su falta de rigor, su estupidez y su mal disimulado rencor: "El Frente de la Juventud es el mayor enemigo de la democracia después de ETA" .

No obstante, no es su frase más desafortunada, como veremos más adelante, el "camarada Rosón" se despachaba con el laconismo de un Vito Corleone y como el personaje de Puzzo, sus frases se vestían de sentencia. En el entierro de Juan Ignacio, secretario del Frente de la Juventud, asesinado en circunstancias aun hoy no aclaradas y ante la demanda de justicia de un padre tan entero y valiente que mirarlo ponía la piel de gallina, el antiguo camarada le espetó, gravemente y sosteniéndole la mirada, "entierre a su hijo, llórelo y recuerde que tiene otra hija" .

El sumario del caso Juan Ignacio, pasó al olvido tras intentar - sin éxito - incriminar a sus propios camaradas. La familia del líder silenciado, comenzó una nueva vida lejos de Madrid y aun de la península, poniendo tierra y mar de por medio. Las diligencias se extraviaron y hasta el informe forense o las pruebas de balística están en paradero desconocido en la actualidad.

El asesinato de Juan Ignacio González Ramírez, como hemos repetido hasta la saciedad es el único crimen perpetrado contra un líder político desde el secuestro y asesinato de Calvo Sotelo por parte de policías y guardias civiles con adscripción al partido socialista, que ha quedado sin resolver.

Pero, ¿cómo llega el camarada Rosón a aseverar tamaño disparate contra el Frente de la Juventud?.

¿Cuántas muertes fueron imputadas al Frente? Ninguna, siquiera procesada. ¿Cuántas bombas o atentados con heridos o estragos de consideración? Ninguno tampoco. Posteriormente a la fecha de tan rimbombante acusación, sí fuimos acusados de un atentado en Valencia, contra un bar llamado Sifo, que fue ametrallado, pero los encausados salieron absueltos años después, tras recurrir al tribunal supremo.

Estas declaraciones del ministro del interior fueron realizadas tras la gran operación policial que llevo a los calabozos de la DGS a decenas de militantes patriotas, tras el conocido como "asalto a la facultad de derecho de Madrid".

Veamos, la facultad de derecho de Madrid era un autentico estercolero a finales de los 70. Lejos quedaban ya los tiempos de Defensa Universitaria, en los últimos años del franquismo, donde falangistas y nacional-socialistas, hacían el trabajo sucio de los grises. La universidad se había convertido en una cloaca, donde apenas si se impartía docencia entre asambleas y actos de apoyo a terroristas y separatistas con el beneplácito de rectores y profesorado. Los alumnos que no compartían aquel fétido ambiente eran marginados y golpeados.

Se tomó la decisión de poner fin de una vez por todas a aquella situación.

Escuadristas de todas las organizaciones juveniles se unieron para dar el escarmiento necesario.

Falange de las Jons con su Primera Línea, FN, con Fuerza Joven y el recién nacido Frente de la Juventud, entraron en la universidad y desalojaron a la chusma, limpiaron pasillos, aulas y claustros de cartelería y demás miseria.

Los únicos conatos de resistencia, se dieron al principio de la acción y varios disparos disuadieron a los guarros de emular al Che.

El golpe de mano fue espectacular y la acción de castigo apenas duró unos minutos. Pero la repercusión en la prensa fue digna de un golpe de estado. Una hora después, las radios interrumpían su programación para dar cuenta "del atentado terrorista". Fue noticia prioritaria en los telediarios y portada en los periódicos.

Fue entonces cuando Juan José Rosón, el otrora camarada, salió con su lista de detenciones y pronunció aquellas abominables palabras que os refería al principio.

De la larguísima lista de detenciones que se produjeron, tan solo tres acabarían en prisión. Casualmente, los tres miembros del Frente de la Juventud: Peña, Gismero y Abelardo, fueron a dar con sus huesos a chirona.

Pero no quiero dejar pasar la ocasión de situar en el tiempo este hecho. Decía al comienzo que estas palabras de Rosón daban el pistoletazo de salida a una carrera enloquecida por criminalizar a la ultra de casi todos los males en materia de orden público en este país, situando al Frente de la Juventud, tan solo un peldaño por debajo de ETA.

Fue sin duda éste, el detonante de la nueva situación que los militantes patriotas empezarían a vivir. Pero hacía ya mucho tiempo que la historia de amor -no correspondido- con las fuerzas de orden público se había roto, dejando al descubierto las miserias humanas con las que se construye "el aparato de los servicios secretos del Estado". Los jóvenes falangistas pasaron de desplazarse al país vasco y recibir una lista con objetivos en Intxaurrondo o cualquier otro puesto destacado de la Guardia Civil, a ser manipulados primero y traicionados después en casos como Montejurra 76 o el tristemente conocido como caso Atocha en el 77, que sirvió para que Suárez legalizara el PCE sin posibilidad de protesta por los sectores más reacios del ejercito y que dejó muchos años en prisión a algunos de los mejores camaradas.

Confió que algún día, el gran Pepe F. Cerrá se decida a escribir sus memorias, arrojando así algo de la luz que falta en este juego de sombras que fue el papel que nos toco hacer a la ultra en la transición; verdaderas marionetas de un siniestro guiñol que levantó su telón aquel 20 de Diciembre del 73 y que concluyó con el supuesto golpe de estado que legitimaría a la corona a los ojos de un ingenuo pueblo español, un 23 de febrero de 1981.

En el transcurso de estos escasos 7 años, se dejaron su futuro, su libertad e incluso la vida, algunos de los mejores jóvenes que yo he conocido.

¿Qué se buscaba con la creación de un inexistente terrorismo ultra o con la potenciación de grupos fascistas radicales? La respuesta no puede ser más obvia, llevar a la sociedad española al punto exacto de temor que los situara, sin tomarse la molestia de pensar, decididamente bajo la protección del paraguas de papá Estado. Todos sabemos que una masa temerosa no razona, reacciona instintivamente. Ante los atentados de ETA y el fantasmal GRAPO por un lado y el nacimiento del terror negro -lanzado al estrellato por todos los medios de comunicación-, el españolito se abrazó a la democracia liberal como un naufrago a su tabla.

En ese teatro, me inicié yo en la actividad política. En 1976, ingresé en FUERZA NUEVA. Tenía entonces 14 años. Tal vez desde el prisma de la sociedad actual pueda parecer una precocidad, pero entonces era lo habitual. Resulta curioso que en esta sociedad "moderna" que hemos creado, sea aceptado como normal que un crío de esa edad fume, beba, mantenga relaciones sexuales -incluyendo homosexuales- acceda a todo tipo de contenidos e incluso sea consumidor de drogas. Sin embargo la mayoría de los padres, además de sorprenderse, evitarían con celo que un chaval de esa edad se relacionara con ninguna actividad política militante. Se ha instalado en nuestra sociedad la idea de que cualquier actividad lúdica es asumible, incluso aunque sea aberrante; pero que, pensar y tener ideas propias es peligroso para tu integridad.

A diferencia del momento actual, de apatía, pasotismo e indiferencia, en mi juventud la actividad política se ejercía con gran intensidad y tanto los rojillos, como nosotros, vivíamos con pasión cada minuto y de tal manera defendíamos nuestras ideas, haciendo de las calles nuestro lugar natural de enfrentamiento. Ni que decir tiene, que las ganamos; aunque no nos sirvió de mucho ya que nuestros líderes no supieron gestionar aquel potencial humano.

Anécdotas, lógicamente podría contaros a cientos.

Recuerdo y sirve como muestra de el grado de politización que había en los colegios e institutos, cuando en una clase de historia fui expulsado por tres días del colegio por mantener "virilmente" una tesis diferente de la que mantenían el curita que impartía su magisterio y su coro rociero de greñudos.

Al día siguiente, aparecieron unas pintadas en el muro de la iglesia del colegio, junto a una puerta que se encontraba tapiada desde la guerra y que daba antiguamente acceso a los sótanos de dicha iglesia.

En la pintada se podía leer, "aquí hubo una cheka",cosa que era cierta: la famosa cheka de Carniceros se instaló en los sótanos de los Escolapios. En la pared contigua, un recuerdo a la madre del curita rojo y una esvástica como toda firma, para dar más énfasis al slogan.

Bien, de manera inverosímil fui acusado y expulsado definitivamente de los Escolapios, acabando mis estudios en el instituto.

Recuerdo también, como uno de los pocos éxitos cosechados en mi vida de militante, las elecciones que sacamos diputado a Blas Piñar. Un hito sin precedentes y que a día de hoy, estamos muy lejos siquiera de soñar.

Fuerza Nueva, como partido político, siempre fue una amalgama de ideologías, difíciles de conciliar, en el que tan solo la personalidad y el magnetismo de su líder, mantenía unido.

Aquel año y con su flamante recién estrenada representación parlamentaria, FN dio un giro radical a su política, deshaciéndose de aquellas etiquetas que podrían sonarle mal a una sociedad española, como ya hemos dicho antes, "muy centrada". La revolución soñada por los jóvenes se tornó más pendiente que nunca para una formación que empezó a entablar pactos con partidos más moderados con el fin de formar una amplia coalición de derechas.

Como no podía ser de otra manera, aquello acabo con una escisión y yo pasé a formar parte del Frente de la Juventud .

De mi etapa en Fuerza guardo muchísimos buenos recuerdos, los puestos de venta dominicales, la ilusión con la que madrugaba los domingos para ponerlos, las tertulias que se formaban todas las tardes entre camaradas de todas las edades, mayores, de camisa vieja o divisionarios, con otros barbilampiños como yo; que revisábamos viejos textos sin parar, para poder meter cuchara en los debates. Aunque lo que de verdad era fascinante, era escuchar. Tampoco se me olvidará la noche del recuento que daba el acta de diputado al notario. Yo había trabajado toda la campaña en el departamento de prensa, encargándome de las crónicas de los mítines y llevándolas personalmente después, una por una a todos los diarios valencianos. En verdad os digo que no hay palabras para contar lo que se vivió en la sede. También hay recuerdos amargos, la bomba en el local, el robo de los ficheros y su publicación en Interviú, la paliza a mi camarada y hermano Bari -que esta por aquí- que lo dejó en coma y con secuelas de por vida.

También al redactar estas líneas, recordaba una pequeña anécdota sin importancia aparente pero que espero que os haga reflexionar sobre la importancia que tiene en nuestro pensamiento la jerarquía. Acudíamos a una cena en una localidad cercana a Valencia que se llama Algemesí. Al llegar a ella, el joven jefe de la delegación de Fuerza Nueva se acercó a recibirnos, su nombre Josema Llácer –también se encuentra en la sala-. Yo acompañaba al carismático jefe de Fuerza Joven, Javier Mompó. Al llegar a la altura de Llácer y mientras le estrechaba la mano, Mompó le dijo, "a tus órdenes". Para mí Mompó era como el espartano Leónidas y en ese mismo momento aprendí una de las lecciones más importantes de nuestra ética y estilo: saber obedecer.

Tal vez uno de los grandes problemas que tenemos en la actualidad es que nadie se pone ya a las ordenes de nadie. Muchos prefieren crearse un patio privado para su ego antes que decir, "a tus ordenes" .

En fin, éramos jóvenes y soldados de una causa. Tan jóvenes éramos, que hoy 30 años después, aun no somos mayores.

GANAR EL FUTURO, EL COMPROMISO MILITANTE

Os he contado un poco como fue mi advenimiento a la militancia y las circunstancias históricas en que la ejercí. Por supuesto, fui detenido en numerosísimas ocasiones, dos de ellas con aplicación de la ley antiterrorista, una ley tan dura que tuvo que ser abolida (curiosamente "la dictadura franquista" nunca manejó una ley ni similar ni parecida). En 1981, a las pocas semanas del asesinato de Juan Ignacio, el Frente de la Juventud fue disuelto y la mayoría de sus cuadros y militantes más significados detenidos y condenados. A mí, me adjudicaron 16 añitos de nada. Cumplí 8, más 4 de libertad vigilada. Durante este tiempo el mundo patriota siguió aportando presos y argumentos al sistema y decepciones a sus fieles, hasta llegar al inevitable tsunami que nos ha traído hasta aquí.

Ahora toca levantarse, aprender de los errores cometidos, pisar con fuerza el siglo XXI y reconocernos a nosotros mismo como la única alternativa al orden establecido. Creérnoslo y trabajar para llegar a serlo también a los ojos de la sociedad.

Somos los malos de las películas, el coco con el que asustan a los niños, somos los novios que no quieren las madres para sus hijas, somos el hombre del saco. Somos más malos que el Dioni. Y sin embargo, aquí estamos. Nos han metido en chirona, nos han proscrito, censuran nuestros libros, incluso utilizan el genérico que nos asignaron, para cualquier acción deleznable que cometa algún sujeto, usando fascista como adjetivo oprobioso. Nos han querido enterrar, manipulando la historia con mentiras y golpeándonos con dureza generación tras generación. Y sin embargo, aquí estamos. Nuestra hora llegará, pero hemos de ser fuertes tanto colectiva como individualmente para que ese tren no pase de largo.

¿Cómo debe comportarse un hombre o una mujer nacional revolucionario en estos tiempos? , ¿Cuál debe ser su actitud, su estética y su postura?

Todas las respuestas se resumen en una palabra: COMPROMISO.

Y el primer compromiso pasa por uno mismo con sus ideas.

¿Qué supone para mí el compromiso político?

Es sencillo, ser capaz de no renunciar nunca al espíritu de rebeldía.

El dar testimonio cada día y en cada situación de lo que significa ser un patriota revolucionario.

Podéis encontrar en nuestro pequeño mundo a militantes de larguísima trayectoria, algunos que han pasado por todos los proyectos, habidos y por haber y que han salido de todos ellos, dejando donde había ilusión, un inmenso erial.

Y encontraréis también a muchos que abandonaron en su día la militancia activa, pero jamás dejaron de ser activistas de sus principios.

Principios, he aquí la base sobre la que se sustenta el ejemplo.

No nos pueden valer aquellos que con su actitud personal, lejos de convertirse en estandartes, se convierten en un lastre para nuestras ideas.

No pueden valernos los que agiten la bandera de la revolución desde el hoyo 7 de un campo de golf o desde la barra vip del último garito de moda, por mucho que declamen de manera vehemente combativos discursos.

Haced de vuestro ejemplo personal la primera de las banderas de nuestro movimiento; pensad siempre que incluso cuando no podáis estar encuadrados, seguís siendo soldados de nuestra causa y como tales vais a ser mirados.

Aquél que consiga a través de su vida personal, familiar y laboral ser un ejemplo para los que le rodean, conseguirá de esa manera ser el principal activo de sus ideas.

Aquellos que por el contrario, en su vida personal se abandonen en manos de la molicie, de drogas, de corruptelas o de cualquier otra actitud perniciosa, se convertirán de facto en el peor enemigo para nuestra imagen en la sociedad a la que pretendemos convencer.

Es pues, el primer argumento de un militante, ser una persona ejemplar, da igual donde desarrolle su labor profesional, ya sea en una fábrica, vendiendo seguros o impartiendo docencia en un instituto.

Es importante también a mi modo de ver, seguir una estrategia que nos acerque a la sociedad, que nos permita hablar con el vecino, con el compañero de trabajo, con un viajero en el metro, con el pueblo llano en pocas palabras. No recrearse en la marginalidad que antes mencionábamos, por una razón fundamental, porque en esa marginalidad nos ha situado el propio sistema y mientras nos mantenga allí ubicados, se encuentra seguro. No tengo nada contra la estética de nadie, cada camarada puede adoptar el look personal que más le guste, pero debemos ser inteligentes y comprender que determinados uniformes antisistema son precisamente los que les gusta al sistema que adoptemos.

Os plantearé una reflexión. Al que han acosado hasta encerrarlo tres años en prisión ha sido a Pedro Varela, editor de libros, no al líder de ningún grupo radical de futbol.

Su temor es a las ideas, no a las turbas, porque contra las turbas ya tienen sus esbirros con licencia para golpear. En cambio contra nuestras ideas, carecen de argumentos y eso es lo que nos hace tan peligrosos. Adoptemos pues, estrategias que permitan acercarnos al pueblo y ser escuchados.

Y aquí llegamos al último peldaño del compromiso, que es la militancia. Aquí ya entran determinados factores ajenos a nuestra voluntad. La incompatibilidad de horarios por asuntos laborales, la dificultad para armonizar activismo y familia, la época de exámenes en el caso de los jóvenes estudiantes. Al final, cada camarada aportará el tiempo del que pueda disponer. Pero si que os pediría una cosa: militar. Robar algo de tiempo a otras actividades pero dedicar un espacio a la militancia. Hay muchísimas razones para hacerlo, pero yo me quedaría con dos que se me antojan fundamentales.

La primera, obviamente es la lucha por nuestra ideología. Toda idea necesita de mano de obra para difundirla, jamás impregnará entre la gente por ciencia infusa. Como decía el poeta, "el hombre que no esté dispuesto a morir por sus ideas, o sus ideas no valen nada o el no vale nada".

Y en segundo lugar, por un concepto mucho mas romántico, por tus camaradas. La dimensión de la palabra camarada solo puede entenderla el que lo es. No intentéis explicárselo a alguien que no sea fascista, no lo comprenderá.

CONCLUSIONES, A MODO DE REFLEXION.

Y dicho todo esto, solo nos queda ya llegar a las conclusiones.

Señalar con claridad a nuestro enemigo y combatirlo con tesón y sin tregua.

No olvidar nunca que nuestro verdadero enemigo es astuto y se viste de patria para aproximarse a nosotros diciendo, "yo soy de derechas, soy de los tuyos". Debemos tener muy claro que nuestro verdadero enemigo es el capital y el extracto social que lo sustenta. Las plutocracias y ese "pueblo elegido" para dirigirlas. Si no existiera el capitalismo, no existiría el marxismo.

Hemos de ser tenaces y asumir el COMPROMISO como forma de vida.

Por supuesto, habrá quien os diga que no vale la pena tanto esfuerzo, que no hay nada que hacer, siempre habrá quien al mirar la botella, la vea medio vacía, pero yo soy de los que prefieren pensar que solo le falta un culín. ¿Por qué ese optimismo con lo que está cayendo? Pues bien, porque soy de los que piensan que nuestra ideología se encuentra en las raíces mismas de nuestra patria, que existe de una manera latente en nuestros genes y desde luego mucho, muchísimo tiempo antes de que Ramiro y Onésimo la proclamaran .

Y pienso que la tarea de cambiar España es una tarea secular que algún día se va a resolver.

Cuando Quevedo declara "ahíto me tiene España", sin ninguna duda estaba realizando un análisis similar a aquél, posiblemente más conocido por la mayoría de los que aquí os encontráis, de José Antonio, cuando proclamaba:

"Nosotros amamos a España porque no nos gusta". Pero anticipándose centenares de años al movimiento de las cinco flechas yugadas.

Cuando Quevedo, en su conocido soneto, "Miré los muros de la patria mía", nos muestra su infinita tristeza por la situación de desmoronamiento físico y moral de su patria, está describiendo sentimientos que sin duda alguna os son muy familiares.

"Miré los muros".
Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados de la carrera de la edad cansados por quien caduca ya su valentía".

Hayamos este sentimiento de amor a la patria más allá de lo razonable precisamente por una voluntad férrea de cambiarla, a lo largo de toda la historia de España, en escritores, poetas o pensadores hasta llegar a nuestros tiempos. Desde Quevedo a Unamuno, de Larra a Maeztu.

Gil de Biedma, nada sospechoso de camarada, vuelve a recordarnos nuestra misión cuando nos dice:

Nuestra famosa inmemorial pobreza

cuyo origen se pierde en las historias

que dicen que no es culpa del gobierno,

sino terrible maldición de España,

triste precio pagado a los demonios

con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,

a menudo he pensado en la pobreza

de este país de todos los demonios.

Y a menudo he pensado en otra historia

distinta y menos simple, en otra España

en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno

es un vulgar negocio de los hombres

y no una metafísica, que España

puede y debe salir de la pobreza,

que es tiempo aún para cambiar su historia

antes que se la lleven los demonios.

Es por este motivo que soy de los que siempre verán la botella medio llena, porque nuestra patria se ha forjado a golpe de espada y de verso, por eso nuestra ideología es poesía y milicia, siempre, a lo largo de la historia de nuestra anciana y amada madre, España, han existido románticos luchadores irreductibles que han proclamado la gran verdad a los cuatro vientos sin temer las consecuencias de su aserto:

 ESPAÑA NECESITA SU REVOLUCION.

Y SOLO LOS QUE AMAN A SU PATRIA, LA LLEVARÁN A CABO.

Amigos y camaradas, esto fue todo, tan solo pediros antes de despedirnos que recordéis siempre el compromiso de nuestra lucha:

¡¡ PATRIA, JUSTICIA, REVOLUCION !!

Juan Antonio López Larrea

Madrid , sala de conferencias del MSR

29 / 9 / 2012

Fuente: Asoc In memoriam Juan Ignacio

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