Blogia

La memoria de la Otra Europa

El movimiento nacionalsindicalista durante la transición

El movimiento nacionalsindicalista durante la transición

1. Precisiones previas

Prácticamente desde el momento en que el proceso de transformación política del postfranquismo superó las diatribas en torno a su planteamiento reformista —defendido desde las esferas del poder establecido—rupturista —propio de la izquierda radical y la ultraizquierda— o de ruptura pactada —planteado por algunos sectores liberales avanzados y, sobre todo, por una socialdemocracia aún imperfecta, no desligada completamente del marxismo—, la profundización en el fenómeno que comenzaba a denominarse la transición comenzó a traducirse en numerosos textos. Lo que en un principio se limitaba al desarrollo de propósitos políticos, económicos y sociales fue concretándose —muy especialmente desde la promulgación de la actual Constitución en diciembre de 1978— en estudios parciales, limitados en el tiempo, el espacio o el propósito, que darían lugar a una ya amplia bibliografía1. Con la llegada de los socialistas al poder tras su victoria electoral en octubre de 1982 —momento que puede considerarse como hito del fin de la transición, aunque lógicamente sólo un paso más en la lógica evolución política continua de la sociedad española— se abre ya la etapa en que la transición pasa a ser objeto de investigación histórica, coincidiendo con la recuperación en España de la Historia Política y el auge en nuestro ámbito cultural —occidental y mediterráneo— de la Historia del Tiempo Presente.
 En esa abundante bibliografía, acrecentada en los últimos tiempos con motivo del vigésimo aniversario de la muerte del general Franco, encontramos obras de las más variadas características, aunque entre las más populares se hallan las memorias, las recopilaciones de artículos y los relatos periodísticos2. Tanto en obras de este calibre como en otras de mayor profundización metodológica3 se ha destacado el papel del rey en este proceso —curiosamente, fueron autores extranjeros los primeros en profundizar en esta línea4—, sin olvidar la trascendencia de la Unión de Centro Democrático y —por qué vamos a negarlo— del mismo Partido Socialista. Sin embargo, el papel jugado por la Falange resulta prácticamente silenciado, incluso por los propios falangistas que tuvieron algún tipo de protagonismo en alguna de las etapas del período y que han publicado con posterioridad sus memorias5. Posiblemente, la razón estribe en que el papel jugado por estos personajes no resultó a la postre demasiado brillante, como tampoco lo fue el de aquellos falangistas que se encontraban en la otra orilla del poder. No fue aquella la oportunidad de la Falange; durante el franquismo pasó el tiempo de intentar —al menos— la revolución nacionalsindicalista, y a la muerte del Caudillo otras fuerzas reclamaron para sí el protagonismo histórico que los falangistas habían dilapidado.6
 Con estos condicionantes, es inevitable creer que la historia del falangismo se cierra lustros atrás, con la muerte de Franco o incluso en el fracaso institucional de Arrese. Pero lo cierto es que la bandera rojinegra de la Falange siempre ha encontrado alguien que —con mayor o menor acierto— la ondeara frente a las adversidades y también —por qué no decirlo— quien la enarbolarse errónea o espuriamente. De forma que existe una historia falangista que llega hasta el día de hoy, aunque los historiadores apenas le hayamos prestado atención7. Hoy, cuando el pasado más inmediato reclama su justo lugar en la historia, la transición política en España parece un proceso definitivamente cerrado y nacionalsindicalismo un proyecto político que al menos merece el derecho a ser conocido —tanto más por quienes desean proseguir la aventura de la Falange—, parece llegado el momento de reconstruir ese pasado. Ardua tarea es ésta, en la que el primer paso será la recopilación de materiales muy dispersos, fuera de archivos, recogidos si acaso en colecciones particulares de difícil acceso, dada la escasez y reducida fiabilidad de fuentes bibliográficas, como las obras de Enest Milá o los volúmenes de la editorial Albia8. Por eso, en esta intervención de hoy apenas nos proponemos una primera aproximación a la historia del movimiento nacionalsindicalista durante la transición, abriendo una línea de investigación social, política e histórica de la que quizá dentro de algunos años podamos comenzar a recoger frutos.
 Existe un detalle intencionado y en absoluto nimio al que entiendo debe prestársele cierta atención. Cuando hasta ahora nos hemos referido a la historia de la Falange no hemos querido circunscribirnos a los estrechos límites de un nombre o una sigla. La Falange fundacional desapareció con el Decreto de Unificación de 1937, y la posterior conversión del partido único en el Movimiento Nacional disolvió aún más la posibilidad de aludir con el nombre de Falange a un grupo político concreto. Además, las peculiares circunstancias que ha atravesado la familia falangista —no sólo durante el franquismo, sino con posterioridad, e incluso también durante el período republicano— hace que nos parezca más correcto la utilización de la expresión movimiento nacionalsindicalista para aglutinar bajo su aparente ambigüedad a cuantos personajes, corrientes y grupos se hayan autoproclamado falangistas.
 
2. Componentes del movimiento nacionalsindicalista

 Ya en otro lugar tuvimos ocasión de referirnos a esta cuestión9, pero es esta una oportunidad en la que nos parece útil recordar los diferentes sectores en que el movimiento nacionalsindicalista se desgajó como consecuencia de la Unificación. No nos confundamos. Tampoco el movimiento nacionalsindicalista durante el período republicano fue el frente monolítico que todos han presentado. La disparidad de orígenes de sus militantes —desde upetistas y fascistas al uso hasta cenetistas—, la variedad conceptual y de personalidad de los Fundadores y la propia evolución de los sucesos —la aparición de La Conquista del Estado hasta la clausura definitiva de locales en la primavera trágica de 1936, con la creación de las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalistas, el Movimiento Español Sindicalista y posteriormente de Falange Española, la intervención de monárquicos reaccionarios, la fusión de los grupos liderados por José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma, la posterior exclusión de este segundo...— son factores que hicieron del movimiento nacionalsindicalista una pluralidad desde sus mismos orígenes, y es ésta una circunstancia que no ha variado hasta el presente.
 Cuando realizamos nuestro primer acercamiento a la oposición falangista al régimen de Franco, establecimos para su análisis tres bloques en absoluto estancos, más bien categorías permeables, a la que habría que sumar la familia de los falangistas colaboracionistas, aquellos entregados al régimen franquista, acomodados en las estructuras del régimen, prácticamente conformes con el papel meramente coreográfico que a la Falange se le había otorgado cuando definitivamente fue postergada en beneficio de católicos, tecnócratas y otras especies. Hablábamos entonces de la Falange crítica, encarnada por quienes desde dentro de la estructura del Movimiento Nacional aspiraban al cumplimiento de los postulados doctrinales nacionalsindicalistas, prescindiendo de vías clandestinas y radicales. Normalmente, estos falangistas se encontraban encuadrados en las organizaciones juveniles del Movimiento y en las Asociaciones discrepantes del oficialismo movimientista. El sector más ligado al mito hedillista aglutina a los falangistas que actuaron en la clandestinidad y al margen de las escasas vías que proporcionaba el Movimiento, aunque no perdieran el contacto con él de forma absoluta nunca. Es lo que llamamos entonces Falange alternativa. Junto a estos bloques, existió un grupo de militares más o menos cercano a la Falange que en su momento pudo asimilarse a la Falange crítica, representado fundamentalmente por los generales Juan Yagüe Blanco y Agustín Muñoz Grandes y del que formarían parte jóvenes oficiales surgidos de las filas del Frente de Juventudes. De todos estos bloques, acaso el único que se desactivó con el paso del tiempo fue el de los militares, sobre los que se cebó el espíritu de cuerpo, de forma que el período de la transición se abrió con la presencia de las familias alternativa —que, aunque sólo sea a efectos expositivos, relacionaremos con experiencias como la de Falange Española de las JONS (Auténtica) o Falange Española Independiente—, crítica —en la que podemos destacar por su importancia a los Círculos José Antonio— y, lógicamente, la Falange colaboracionista, que quedaría aglutinada entonces en torno a la personalidad de Raimundo Fernández-Cuesta.
 Además, debemos considerar un factor de cierta trascendencia para comprender no pocas actitudes personales, y cuya valoración escapa a cualquier capacidad de medida. Nos referimos a una cierta corriente de asimilación que arrastró a no pocos miembros de la Falange crítica —especialmente a los excombatientes— a alinearse en las posiciones de los colaboracionistas a la vista de los ataques que padeció desde su muerte la figura del general Franco. Pese a su posicionamiento inicialmente crítico —conocemos varios casos de falangistas recluidos en su vida profesional o aún perseguidos por el régimen franquista—, a partir de ese momento pesó sobre ellos su condición de soldados de Franco, cerrando filas en torno a la memoria del general que les llevó a la victoria y que proporcionó a España —estos son los términos de su discurso— cuarenta años de paz. Como reacción irreflexiva que es, resulta muy difícil comprenderla desde postulados racionalistas, y esto fue causa de no pocos conflictos en el seno del movimiento nacionalsindicalista durante el período, cuando esta humana fidelidad se convertía en el cuerpo de una actividad política que debía mirar hacia el futuro.
 
3. Los precedentes de la transición

 Aunque bastantes autores señalan el comienzo del período de la transición en el momento mismo del fallecimiento del general Franco —registrado oficialmente en las primeras horas del 20 de noviembre de 1975, el trigésimo noveno aniversario del fusilamento de José Antonio—, no hay quien duda en señalar sus orígenes con anterioridad, retrotrayéndose incluso a hechos como el conocido como Contubernio de Munich10. Nosotros preferimos situarlo —especialmente en el caso que nos ocupa— en el año 1972, cuando José Antonio Girón de Velasco pronunció un discurso en Valladolid ante más de cinco mil falangistas —convocados por los excombatientes de la Primera Bandera de Castilla— en el que planteaba la canalización de la pluralidad en el seno del Movimiento Nacional a través de tres tendencias, algo que suponía la racionalización del régimen pero que, sin duda alguna, no satisfacía las aspiraciones democráticas liberales.
 El siguiente hito se encuentra dos años más tarde, en 1974, con las primeras actuaciones de Carlos Arias Navarro como Presidente del Gobierno en sustitución del Almirante Carrero Blanco, asesinado por ETA en diciembre del año anterior. El 12 de febrero de aquel año, el presidente Arias proclamó en su discurso ante las Cortes algunos principios aperturistas que dejaban paso al asociacionismo político. La reacción de ciertos sectores involucionistas del Movimiento —entre los que se encuentran los falangistas colaboracionistas— no se hizo esperar mucho tiempo. Hasta el propio ministro Secretario General de Movimiento, José Utrera Molina, se sorprendió cuando, coincidiendo con la fecha de conmemoración de los combates de la Sierra de Alcubierre, Girón de Velasco hizo pública una declaración política, reproducida íntegramente en el diario oficial Arriba —a la sazón, dirigido por Antonio Izquierdo—, en la que se acusaba al Gobierno de pretender «que los españoles pierdan la fe en Franco y en la Revolución Nacional». El Gironazo contra el espíritu del 12 de febrero surtió su efecto, pero el proceso aperturista sólo se retrasó.
 De hecho, poco tiempo después se pusieron en marcha en el seno del Movimiento las primeras asociaciones políticas, con el fin de abrir una senda para la —como se decía entonces— «concurrencia de criterios y contraste de pareceres». Comenzó así la larga marcha para la recuperación del nombre de Falange Española de las JONS, algo que —según el testimonio de Raimundo Fernández-Cuesta11— Franco sólo estaba dispuesto a que se concediera a la asociación en que figurasen José Antonio Girón —acaso el falangista con mayor ascendencia sobre el viejo general— y el propio Secretario General de la Falange en tiempos de José Antonio. Aún así, la asociación promovida por los citados y otros históricos falangistas como Manuel Valdés Larrañaga —primer Jefe Nacional del SEU—, Agustín Aznar Gerner, José María Gutiérrez del Castillo y Eugenio Lostau, y en la que figuraban otros falangistas de la siguiente generación, no pudo inscribirse con el histórico nombre en virtud de la interpretación oficial del Estatuto Regulador de las Asociaciones, de forma que se constituyó finalmente bajo el nombre de Frente Nacional Español.
 
4. En el inicio de la transición
 
 Muerto Franco y, meses después, puesto Adolfo Suárez al frente del gabinete ministerial, se produce el primer avance de la transición, al aprobar las Cortes Españolas, con el sólo voto en contra de 92 procuradores, el hasta entonces proyecto de Ley del Derecho de Asociación Política. Una de las enmiendas a la totalidad del proyecto fue presentado y defendido por Fernández-Cuesta. No es cuestión de resumir ahora su intervención, en la que abogó por el carácter perfectible de las instituciones del franquismo, pero acaso resulte ilustrativo este párrafo con el que justificaba su actitud:
 
  Libre mi ánimo del influjo de cualquier egoísmo o ambición personal, al presentar esta enmienda, lo hago en definitiva, por la firmeza de mis convicciones en punto tan trascendental de la doctrina de la Falange, como es la admisión de los partidos políticos, por lealtad a ella; no por sentimientos nostálgicos, sino en razón de la valía intrínseca de esa doctrina, por el deseo de que quede bien definida la posición de cada uno, y de que se oigan en este recinto esas palabras de afirmación y lealtad; sin gran esperanza de la eficacia de las mismas en el presente, pero con mucha sobre el juicio que merecerán en el futuro. Y por el deseo, también, de servir al pueblo español y al Rey, como antes he servido a ese mismo pueblo y a Franco.12
 
 Mientras tanto, otras organizaciones falangistas trataban igualmente de acomodarse a la nueva situación. Se trata de un período sumamente confuso, en el que el trasvase de hombres y siglas es continuo. La permanente e indiscrimanada utilización del nombre de Falange Española de las JONS por diversas organizaciones no facilita la labor de identificación, y sólo un pormenorizado análisis cronológico y nominativo de los sucesos —con la colaboración de los protagonistas— permitirá algún día el esclarecimiento de los hechos, algo que no es nuestro propósito realizar en este momento. Sin embargo, es preciso dibujar al menos las líneas seguidas por los grupos más importantes, para conocer su situación en el momento en que la transición política en España rueda a mayor velocidad, el segundo lustro de los años setenta.
 Los Círculos José Antonio —nacidos al amparo del Movimiento, pero integrados por falangistas que se querían libres de lo que el Movimiento significaba— crearon en 1970 las Juntas Promotoras de FE de las JONS, posicionándose de esta manera en una situación que creían ventajosa para recuperar el viejo nombre cuando se iniciase la liberalización efectiva del régimen franquista, al tiempo que preconizaban una unidad de los falangistas que estaban muy lejos de lograr. Los incidentes de Alicante de ese mismo año —cuando la policía bloqueó la ciudad levantina para impedir  que la Falange no oficial conmemorara allí el aniversario del fusilamiento de José Antonio— creó para las Juntas Promotoras un halo que atrajo a numerosos falangistas dispersos. En 1972 alcanzaría la presidencia Diego Márquez, momento en que aquellas demostraciones pasaron a denominarse Concentraciones Nacionales de Falange Española, si bien los problemas se cebaron sobre su organización, hasta el punto de que cuando en la IV Concentración —celebrada en Toledo— tomó la palabra el titular de la Secretaría General del Movimiento, Manuel Valdés Larrañaga fue interrumpido. El tumulto consiguiente se saldó con la suspensión temporal de los Círculos y la definitiva de las Concentraciones.
 Por otra parte, un grupo de falangistas pretendió durante todo el franquismo mantener viva la llama del nacionalsindicalismo al margen del movimiento. Herederos de la tradición de la Falange Española Auténtica nacida como respuesta a la forzada Unificación13, actúan con el común referente de la figura del segundo Jefe Nacional, Manuel Hedilla, lo que no quiere decir con su apoyo o respaldo. Así, surgen esfuerzos aislados de muy diferente carácter, como la Alianza de los Sindicalistas, la Organización de Recobro Nacional Sindicalista (ORNS), las Juntas de Agitación Nacional Sindicalistas (JANS), el Frente Nacional de Trabajadores (FNT) o el Frente de Estudiantes Sindicalistas (FES). En la década de los sesenta se crea el Frente Sindicalista Revolucionario (FSR), en el que participan Narciso Perales y hasta el propio Manuel Hedilla, quien dos años más tarde creará el Frente Nacional de Alianza Libre (FNAL), que pasará a ser dirigida por Patricio González de Canales a la muerte de éste en 1970. De la estrategia de ambas organizaciones surgirá más adelante Falange Española de las JONS (Auténtica).14
 El Frente de Estudiantes Sindicalistas tuvo como inspiradores a Sigfredo Hillers de Luque y Ceferino Maestú, y en su inicio se nutrió de alumnos disidentes de la Escuela Nacional de Mandos "José Antonio". Durante muchos años, el FES fue la viva voz del movimiento nacionalsindicalista en la Universidad, ahogada en la manipulación de unos y el desprecio de otros hacia el SEU. Su actividad se incrementó durante un tiempo con la creación de la Unión de Trabajadores Sindicalistas y las Juventudes Falangistas, mientras buscaban una cierta cobertura legal a través del Círculo Ruiz de Alda y la Asociación Juvenil Octubre. Acaso su principal preocupación fuera el dogmatismo doctrinal y la pureza de estilo, algo que resultaría poco compatible con sus esfuerzos unitarios, en los que al parecer se empeñaban todos los grupos falangistas... por separado.
 No obstante, las reuniones, los encuentros y aún las actividades conjuntas fueron nota predominante de este período de la historia del movimiento nacionalsindicalista. Las discrepancias —empero— fueron siempre mayores que la voluntad de unidad, y ninguno de esos intentos alcanzaron definitivamente el objetivo propuesto. Algunos, incluso, acabaron en auténticas batallas campales entre camaradas, reiterándose una y otra vez el referente histórico de los sucesos de Salamanca de 1937, aunque afortunadamente sin víctimas mortales. Acaso uno de los intentos que más posibilidades tuvo de prosperar fue el de las sesiones unitarias del llamado Club Don Hilarión, organizadas a instancias del FES, y a las que inicialmente asistieron representantes de los dos extremos del movimiento nacionalsindicalista, tanto los llamados hedillistas del FNAL como los colaboracionistas. Pronto los primeros se desligaron del proyecto de constitución de lo que sería el Frente Español por la común intransigencia entre estos y los históricos del Movimiento Nacional. Al poco tiempo, los Círculos José Antonio anunciaron su intento de legalizar la asociación Falange Española, desvinculándose así de los resultados de estos encuentros. El enfrentamiento entre Raimundo Fernández-Cuesta y los representantes del FES no se hizo esperar, y se tradujo incluso en roces con miembros de la Vieja Guardia. Al final, aquel proyecto político lo llevaron adelante sólo los hombres de Raimundo.
 En toda esta historia de desencuentros, sólo fue posible un acuerdo, el Pacto de Matute, llamado así por haberse firmado en los locales de la antigua Delegación del SEU en la citada plaza madrileña el 28 de junio de 1976. Lo hicieron las Asociaciones Juveniles Amanecer y Octubre, así como las Juventudes Falangistas y Jóvenes Falangistas; la Asociación de Antiguos Miembros del SEU; los Círculos José Antonio, Ruiz de Alda y Cuatro de Marzo; las Agrupaciones Bandera Roja y Negra y Nacional de Hermandades de Banderas de Falange; el Frente de Estudiantes Sindicalistas y el Frente Nacional Español. De esta forma, quedaron prácticamente autoexcluidos los falangistas de tradición hedillista, mientras que los seguidores de Hillers suplían su ya escasa fuerza militante con la presencia de todas sus entidades organizativas. Estos grupos acordaron que aquel que obtuviese legalmente la denominación Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista abriría el oportuno proceso constituyente para la integración de todos los españoles fieles a las doctrinas de José Antonio.

  Lo importante es conseguir este objetivo. De lograrse, y nos parece que nadie podrá impredirlo, tomamos la firme resolución de reunirnos bajo nuestra bandera roja y negra todos los Nacionalsindicalistas, en igualdad de condiciones, sin privilegios jerárquicos o condicionamientos de cualquier clase. Sin Jefaturas establecidas de antemano, los falangistas, democráticamente, fijaremos nuestra posición política y elegiremos los cuadros de mando.15
 
 Con manifiesta habilidad gubernamental, el histórico nombre fue finalmente concedido al Frente Nacional Español de Raimundo Fernández Cuesta, lo que se hizo efectivo en el Registro de Asociaciones Políticas el 1 de octubre de 1976, por otra parte cuadragésimo aniversario de la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado. A partir de ese momento, la interpetación que el grupo de Raimundo realiza de lo pactado no concuerda con el sentir general, exigiendo la integración sin más de los restantes grupos en la nueva FE de las JONS, al tiempo que mantenía conversaciones preeelectorales con diferentes asociaciones políticas surgidas del seno del Movimiento —como la suya— y de claro tinte conservador. Las protestas fueron tales que no pudo negarse a la celebración conjunta del 29 de octubre mediante un gran mitin unitario que podía significar —esta vez sí— el comienzo del final de la dispersión, en el que tomarían la palabra Sigfredo Hillers, Eugenio Lostau, Tomás Marco y el propio Raimundo Fernández-Cuesta. Lo que allí ocurrió fue en realidad el final del principio. Invitados unos, emboscados otros, allí estaban mezclados Blas Piñar y Gonzalo Fernández de la Mora, neo-nazis, falangistas históricos... Una aséptica alusión a Franco por parte del primer orador —Hillers de Luque— provocó un inmenso altercado que acabó finalmente con el acto y con todas las esperanzas de revalidar el Pacto de Matute.16
 Para favorecer aún más la confusión, las autoridades gubernativas concedieron el empleo de variantes del histórico nombre a diferentes grupos. Así, los miembros del FES —ahora transformado en Frente Español Sindicalista— y sus entidades satélites crearon la Falange Española Independiente, que sin embargo careció siempre del impulso de su organización predecesora, encerrada en cierto sectarismo doctrinal. Sin apenas práctica en la vida política activa, su existencia se mantuvo lánguida por años. Los Círculos José Antonio se legalizaron el 14 de noviembre de 1976 como Partido Nacional Sindicalista, pero jamás lograron estabilizarse en la nueva situación política. Sólo Falange Española de las JONS (Auténtica) se encontraba en aquellos momentos en cierta situación de privilegio. Mientas los demás grupos se afanaban infructuosamente en la recuperación del nombre histórico y la unidad, los hombres del FNAL, junto con las Juntas de Oposición Falangista (JOF) y el Frente Sindicalista Unificado (FSU), comenzaron a actuar como si de hecho ellos fueran los continuadores de la histórica Falange, claramente dentro de lo que llamamos la tradición hedillista. Consecuentemente, en un congreso celebrado en mayo de 1976 quedó designada la nueva Junta Nacional,  presidida vallisoletano Pedro Conde Soladana, considerado el IV Jefe Nacional tras José Antonio, Hedilla y Narciso Perales.
 Mientras tanto, el proceso de transformación política seguía su curso, y la Ley de Reforma Política abrió paso a los partidos. Fue uno de los momentos de gran paradoja, pues mientras FE de las JONS defendía en las Cortes su posición contraria al proyecto de ley17 y pedía el voto negativo en el referéndum convocado al efecto para el 15 de diciembre de 1976, FE de las JONS (Auténtica) —sin representación en la cámara pero con mayor presencia en la calle— propugnaba el boicot a lo que entendía como un plebiscito, coincidiendo así con las principales fuerzas de la izquierda española.
 Las elecciones celebradas seis meses después clarificaron enormemente el panorama en el seno del fragmentado movimiento nacionalsindicalista. Además de Reforma Social Española —partido de extraña ideología aparentemente socialdemócrata liderado por Manuel Cantarero del Castillo, quien acabaría en la conservadora Alianza Popular, y constituido a partir de la Asociación de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes—, concurrieron a la convocatoria los Círculos José Antonio, Falange Española de las JONS (Auténtica) y la Alianza Nacional 18 de Julio, de la que formaba parte Falange Española de las JONS junto con lo más granado de la tradición carlista y Fuerza Nueva. Aunque esta Alianza fue —de todas estas fuerzas citadas, y con el apoyo de la Confederación de Combatientes— la que obtuvo mayor número de sufragios —algo más de sesenta y siete mil en toda España—, la que logró mejor posición fue la Falange auténtica, que presentada en solitario superó por poco los cincuenta mil votos.18 ¿Todo un triunfo?
 
5. El período de desarrollo constitucional
 
 Lo cierto es que, a partir de este momento los problemas en FE de las JONS (Auténtica) no iban sino a multiplicarse. Un desmedido afán por radicalizar su discurso de izquierdas, un cierto maximalismo doctrinal, continuas crisis entre dirigentes de diferente nivel... crearon un ambiente nada propicio para aprovechar su ventajosa situación de liderazgo del movimiento nacionalsindicalista. De hecho, la escisión  que pondría fin a esta situación no debe sorprendernos hoy a nadie.19 El tercer Congreso de la organización —febrero de 1978— se saldó con la ruptura definitiva, pese a la vida independiente que aún llevarían ambos sectores durante un tiempo. El grupo aglutinado en torno a la figura de Miguel Hedilla, Falange Española Auténtica (FEA) —que inicialmente arrastraría al veinte por ciento de los efectivos auténticos—, eligió como Jefe Nacional a Ana María Fernández Llamazares, desarrollando una ilusionada pero surrealista actividad política. Con el tiempo, se hizo cargo de la dirección del partido José Luis Puértolas hasta su extinción. Por su parte, Pedro Conde abandonaría a mediados de 1979 la dirección de FE de las JONS (Auténtica), siendo sustituido por Jesús Esteban, a quien sólo unos meses después seguiría el aragonés José Manuel Bardají. La Falange autoproclamada "de izquierdas, revolucionaria y autogestionaria" fracasó en su empeño, pero tuvo la nobleza de reconocerlo, al darse por extinta el 23 de diciembre de 1979. La mayor parte de los militantes de estas organizaciones que realmente aspiraban a reconstruir el complejo la tradición de la vieja Falange con los mimbres de los tiempos nuevos —hacemos excepción de los evolucionaron hacia militancias extremas en la izquierda— se replegaron en lo que podríamos llamar sus personales cuarteles de invierno.
 Indudablemente, el sector del movimiento nacionalsindicalista más beneficiado por esta situación fue Falange Española de las JONS, la organización liderada por Raimundo Fernández-Cuesta. Pese al exclusivismo de su actitud frente a otros grupos que reclamaban igualdad de condiciones para acceder a la pretendida unidad, lo cierto es que a su seno fueron llegando —poco a poco, y en muchos casos por iniciativa personal— falangistas provenientes de diferentes organizaciones, muchos de ellos con la secreta esperanza de modificar la línea del partido desde dentro, algo a lo que el propio Fernández-Cuesta animaba verbalmente, pero a lo que oponía todas las trabas posibles. Su primer gran triunfo vino de la mano de la Agrupación Nacional de Hermandades de Banderas de Falange, que el 12 de noviembre de 1976 ingresó en bloque en FE de las JONS, corroborando con su actitud la interpretación realizada por los históricos colaboracionistas del conocido Pacto de Matute.
 Lo cierto es que Falange Española de las JONS fue en aquellos sus reinicios una organización fácilmente adscribible a la extrema derecha. Su actitud era acorde con los sectores más inmovilistas del extinto Movimiento Nacional, y en muchas ocasiones actuaba como mera acólita de Fuerza Nueva, el hermano mayor. La parafernalia de sus actos pretendía ser mal remedo, no ya de la propia de los tiempos heroicos, sino de la estética fascistizante de la postguerra. Con una visión política que hoy a todos se nos antoja claramente errónea, FE de las JONS trató de recrear los referentes históricos de la Falange fundacional, prácticamente limitando su actividad pública al mantenimiento del calendario de los fundamentales actos de su breve vida: aniversarios de la Fundación, de la muerte de Matías Montero, de la fusión con las JONS, de la batalla de Alcubierre, el Día de las Falanges Gallegas, el asalto al Cuartel de la Montaña... Incluso, asumió para sí la organización de un acto necrológico cuyo desarrollo resultaba trascendental para la identificación del grupo: el traslado a pie desde la Ciudad Universitaria de Madrid hasta el Valle de los Caídos, en la noche del 19 al 20 de noviembre, de dos coronas: una para José Antonio Primo de Rivera y otra para Francisco Franco. Su primer periódico se proclamaba heredero de la histórica cabecera F.E., mientras las referencias al Régimen del 18 de Julio y el Caudillo Francisco Franco eran una constante.
 La falta de visión política resultaba palmaria, y las contradicciones en su seno eran cada día mayores. Por iniciativa de jóvenes universitarios valencianos, en 1977 renacería el SEU, aunque entonces como un mero apéndice del partido. Con esto, comenzaron a ingresar en sus filas jóvenes falangistas que no habían vivido ni la República, ni la Guerra, ni el Movimiento, y que poco a poco demostraron que eran capaces de pensar por sí mismos. Por esta y otras vías, en FE de las JONS recalaron numerosos falangistas que —sin las premuras de la edad o las urgencias revolucionarias de quienes llevaban ya mucho tiempo luchando por los mismos objetivos— estaban dispuestos a cambiar la Falange desde dentro. Así, se abrió una fase de expansión del partido por todo el territorio nacional, que poco a poco fue sustituyendo a los auténticos en su papel de máximos representantes del movimiento nacionalsindicalista. Este crecimiento —no espectacular, desde luego— actuaba como imán para atraer a más falangistas, incluso a algunos que abominaban de la dirección encabezada por Raimundo Fernández-Cuesta.
 Una vez más, con ocasión de las elecciones generales de 1979, Falange Española de las JONS se alió con Fuerza Nueva, contando en esta ocasión con la colaboración de los Círculos José Antonio, que buscaban en ésta ocasión para sobrevivir. Fernández-Cuesta —segundo en la lista por Madrid— estuvo muy cerca de conseguir su escaño, objetivo que sólo logró Blas Piñar, quien de esta forma confirmaba su liderazgo en la extrema derecha. La Falange acusó el golpe, pero fueron los Círculos José Antonio los realmente perjudicados, padeciendo por este motivo una tremenda sangría en sus ya exiguas filas de militantes. Posiblemente fuera ésta la razón de mayor peso que llevó a sus dirigentes a optar por la integración de los Círculos en FE de las JONS, lo que finalmente ocurriría el 28 de abril de 1979, alcanzando Diego Márquez la Subjefatura Nacional, compartida con Manuel Valdés.20 Paradójicamente, este hecho provocó que algunos militantes —con Antonio Jareño a la cabeza— abandonaran la disciplina del partido y, unidos a organizaciones marginales como el Frente de Unificación Falangista Aragonesa o la Unidad Falangista Leonesa, formaron el Movimiento Falangista de España (MFE).21
 La intentona golpista del 23 de febrero de 1981 fue una auténtica sorpresa para la Falange, cuya capacidad política era tan reducida que ni siquiera era capaz de prever lo que se anunciaba en la prensa. De hecho, su actuación siempre iba a remolque de los acontecimientos, y su discurso resultaba monocorde, con continuas referencias a los escritos clásicos de José Antonio. Falange Española de las JONS seguía siendo la organización de los falangistas colaboracionistas con el régimen de Franco; pero estos poco a poco dejaron de tener la exclusiva, y comenzaron a oírse voces de protesta, tímidas y fácilmente acalladas en un principio, pero más ardorosas a medida que transcurría el tiempo.
 En esta compleja situación —en la que convivían el exaltado discurso de tono revolucionario con la efigie del Caudillo en los bazares provinciales— se convocaron las elecciones generales de 1982. En esta ocasión, las reticencias falangistas y el engreimiento de Blas Piñar impidieron la habitual coalición, y Falange Española de las JONS presentó candidaturas de forma independiente. Con la tradicional escasez de fondos, FE de las JONS estuvo presente en los medios, ocasión que dilapidó sin remedio. Y ello, por dos razones. La primera, porque la imagen ofrecida en nada favorecía a la organización. ¿Qué podía decir al elector una imagen de Raimundo, con gorra de plato, junto a Franco, en el estadio del Real Madrid, durante la celebración del Congreso Nacional de Falange en 1953? La otra razón, porque al finalizar la campaña propagandística, el Jefe Nacional anunció por televisión la retirada de las candidaturas con el fin de no restar vigor a otras fuerzas antimarxistas que podrían hacer frente al PSOE, cuya victoria electoral parecía inevitable. Esta decisión levantaría no pocas ampollas entre aquellos falangistas que la entendieron como una nueva claudicación ante los conservadores.
 Finalmente, Fernández-Cuesta optó en 1983 por retirarse de la vida política activa. Aunque hizo su anuncio en el mes de febrero, no sería hasta el 23 de julio cuando se efectuase el relevo. Cuatro candidaturas fueron presentadas y aceptadas por el Consejo Nacional: la de Antonio Gibello, quien se retiraría en el momento de exponer su programa ante la Asamblea; la de Manuel Valdés, claramente continuísta; la de Dionisio Martín Sanz, que se entendió entonces como una maniobra de Girón de Velasco, aún no sabemos con qué intenciones; y la de Diego Márquez Horrillo, que en aquel momento —pese a las acusaciones de falta de carisma22— representaba una verdadera posibilidad de cambio. El candidato oficialista quedaría en el último lugar, mientras que Diego Márquez doblaría en número de votos —obtuvo 81— a Martín Sanz.
 Con el triunfo socialista en las elecciones del 28 de febrero de 1982, se abría el epílogo de la transición en España. Comenzaba el momento del cambio. ¿Lo era también para la Falange?
 
6. La oportunidad del cambio
 
 Lo cierto es que el sector más reaccionario de la Falange saludó al nuevo Jefe Nacional con una verdadera carga de profundidad. A los pocos días de la elección, el SEU celebró en Candelario (Salamanca) un campamento en el que, además de las tradicionales actividades de este tipo de reuniones, pretendía estudiar el proyecto de Ley de Reforma Universitaria. Durante aquellos días, las presiones de los seuístas contra su Jefe Nacional, Antonio Tuero González —impuesto por la antigua dirección del partido—, crecieron de forma alarmante al oírle criticar sin mesura al nuevo Jefe Nacional y afirmar que éste había rechazado su renuncia al cargo. Cuando Diego Márquez asistió a la clausura del campamento, tuvo que reconocer que dicha renuncia no se había efectuado en la debida forma, y se vio obligado a anunciar que lo haría de manera expresa en lo siguientes días. Pero no fue así, y en el mes de septiembre la revista Tiempo publicaba un extenso reportaje sobre aquel campamento plagado de mentiras e inexactitudes proporcionadas —junto con unas fotografías ad hoc— por un supuesto falangista arrepentido.23
 La Asamblea Nacional del SEU celebrada poco tiempo después pareció liquidar los problemas con la expulsión de Tuero y el nombramiento —tras reñida elección— de Juan Oliveros como Jefe Nacional. Sin embargo, la historia fue muy diferente. La actitud de los nuevos dirigentes del SEU no parecía resultar muy acorde con el espíritu que se pretendía insuflar a la nueva FE de las JONS, y las tensiones personales afloraron en la organización universitaria con una fuerza inusitada. A medida que transcurrían los meses, la situación se fue deteriorando hasta tal extremo que, cuando al fin se afrontó el relevo en la Jefatura Nacional del SEU —lo que se hacía coincidir con un movimiento estatutario dirigido a independendizarlo orgánicamente de Falange—, la reunión acabó en batalla campal a las puertas del local de la Cuesta de Santo Domingo. Tras unas escasas semanas de reconstrucción urgente de la estructura nacional del Sindicato, se alzaría con la Jefatura Nacional el estudiante madrileño Miguel Muñiz García, elegido en Asamblea el 14 de abril de 1984.
 Pese a estas y otras dificultades, los nuevos dirigentes de Falange Española de las JONS —en su mayor parte vinculados a lo que fueran los restos de los Círculos José Antonio— iniciaron una tímida modificación de planteamientos en la histórica organización, en muchos casos arrastrados por las circunstancias y empujados por el ímpetu de los falangistas que creían al fin llegado el momento de cambiar las cosas. Aunque Diego Márquez solicitó un plazo de un año antes de efectuar un relevo general en los cuadros provinciales de mando, el discurso general del partido fue variando con rapidez. Acaso el ejemplo más palmario de cuanto decimos se encuentre en el análisis de la prensa editada por la Jefatura Nacional.
 Ante los reiterados fracasos de FE de las JONS en su intento de recuperar las históricas cabeceras periodísticas de la organización —en manos del organismo Medios de Comunicación Social del Estado24—, se había optado por la política de hechos consumados, iniciando la edición de una publicación que remedaba el título del más importante semanario del período republicano: Arriba... los valores hispánicos. Para este proyecto, la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda recabó la colaboración de prestigiosas firmas periodísticas pretendidamente azules de su entorno. El resultado no podía ser otro: el nuevo Arriba parecía un suplemento del órgano de los excombatientes, El Alcázar. Incluso, se imprimía en los talleres de Dyrsa, la sociedad editora de aquél. Con la llegada del nuevo equipo, el tono del periódico comenzó a cambiar, e incluso su aspecto externo. Poco a poco, las relaciones entre FE de las JONS y El Alcázar fueron haciéndose cada vez más difíciles. El primer paso para la ruptura definitiva surgiría con la aparición de un nuevo grupo político que —jugando con la idea de la unidad de las llamadas fuerzas nacionales— intentaría cubrir el espacio dejado por la disolución de Fuerza Nueva. Ante las pretensiones de la Confederación Nacional de Combatientes de que Falange Española de las JONS se integrase en las nacientes Juntas Españolas, la negativa fue rotunda, sin ofrecer oportunidad a la más mínima duda:

  Ante la noticia aparecida en la prensa sobre la aparición de un nuevo partido político que recibirá el nombre de Juntas Españolas de Integración, con la pretensión de "adaptar a 1984 la doctrina del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera", la jefatura nacional de FE de las JONS desea manifestar, con todo el respeto que merece la nueva formación política y los hombres que la configuran, que sólo a los falangistas que como tales actúan bajo la disciplina de la organización que fundara José Antonio les cabe el honor y la obligación de actualizar la doctrina nacionalsindicalista, labor en la que están empeñados actualmente los militantes de FE de las JONS.
  Si a los promotores del nuevo partido les preocupa el vacío creado por la desaparición de determinadas fuerzas nacionales, consideramos que difícilmente podrán llevar a cabo esta labor, pues parte de una premisa totalmente falsa al entender que los militantes de dichos partidos desaparecidos aceptaban pura y totalmente la ideología nacionalsindicalista.
  En cualquier caso, Falange Española de las JONS no entrará a formar parte de las JEI, en contra de los rumores que sobre esta cuestión hayan podido circular.25
 
 Rotas de esta forma las hostilidades, sólo faltaba desenganchar el vagón del tren ultraderechista. Los enfrentamientos con El Alcázar eran permanentes, aguardando a la oportunidad más propicia, que llegó con la reunión de la VII Asamblea General, en enero de 1985. La información aparecida en el órgano de la Confederación sobre el desarrollo de la primera jornada no fue satisfactoria para la Falange, de forma que la propia Asamblea acordó por unanimidad dirigirse al director del citado medio —el mismo Antonio Izquierdo que propició el Gironazo— para expresar su malestar. Ante la negativa del director de El Alcázar a recibir copia del acuerdo de la Asamblea, la Jefatura Nacional decidió insertarlo en la portada del siguiente número de Arriba. El número fue compuesto en los talleres de Dyrsa en la forma habitual, pero a la vista de su contenido Antonio Izquierdo exigió la retirada de aquel texto. Aquella actitud —claramente improcedente, a los ojos de los falangistas— ofreció la oportunidad de oro, y ya aquel número de Arriba fue definitivamente impreso en otros talleres.
 Lo cierto es que aquella etapa de la Jefatura Nacional de Diego Márquez supuso un cambio de orientación política trascendental, aunque no exenta de peligros que —a la postre— acabarían manifestándose como más que puras entelequias. En un comienzo, apenas parecían haber cambiado las cosas. En noviembre de 1983, la Falange volvió a portar las dos coronas hasta el Valle de los Caídos —no sin fuertes reticencias por parte de la juventud militante— y la organización estuvo presente en la tradicional conmemoración del 20-N. Pero al año siguiente todo fue distinto, en un inequívoco gesto por recuperar la identidad perdida de FE de las JONS. «La Falange y los falangistas estamos hartos de que todo el mundo se crea con derechos suficientes para decidir lo que la Falange tiene que hacer, tiene que pensar y tiene que creer», fue la respuesta del Jefe Nacional ante las públicas protestas de la extrema derecha por la negativa a portar un año más una corona hasta la tumba de Francisco Franco y asistir a la manifestación del 20-N.26 Esta resuelta actitud hizo saltar de ira a los representantes de aquella Falange colaboracionista que aún copaban el Consejo Nacional de FE de las JONS. Veinticuatro consejeros nacionales encabezados por Raimundo Fernández-Cuesta —y entre los que se encontraban personajes de renombre y trayectoria como Pilar Primo de Rivera, José María Gutiérrez del Castillo, Diego Salas Pombo, Dionisio Martín Sanz, José Utrera Molina, Jesús Suevos o Manuel Valdés—, a través de un escrito publicado a toda plana en El Alcázar conminaron al Jefe Nacional a un pública rectificación, al tiempo que afirmaban salvar su responsabilidad «retirándose de los cargos que ostentan en la organización». Una sacudida de este calibre pudo hacer temblar las estructuras de la Falange, pero en aquel momento Diego Márquez se supo apoyado por la militancia más activa y respondió punto por punto a todas las acusaciones, aceptando expresamente la dimisión colectiva27.
 Aún perduró durante algún tiempo esta política de gestos. Surgió una nueva oportunidad con la convocatoria del prometido referéndum sobre el ingreso de España en la OTAN. En ocasiones anteriores, FE de las JONS se había manifestado con confusas declaraciones partidarias del ingreso, previo cumplimiento de determinadas condiciones —de carácter plenamente nacionalista— que desde luego no se hallaba en condiciones de exigir. En esta nueva etapa, se reabrió nuevamente el debate y —ante las presiones de ciertos sectores recalcitrantes— daba la impresión de que se resolvería nuevamente por la senda de la dialéctica perversa. Finalmente, ante la Asamblea Nacional —y tras un agrio debate— Diego Márquez y otros miembros jóvenes de la Junta Nacional del partido no votaron a favor del texto oficial de resolución, optando por apoyar la moción alternativa —partidaria del rotundo voto negativo en la inminente consulta popular—, que resultó mayoritariamente apoyada.
 Gestos como éste abrieron posibilidades para la integración de ciertos sectores minoritarios del movimiento nacionalsindicalista en FE de las JONS. Grupos como Unidad Falangista Montañesa se incorporaron a Falange sin apenas resistencia, favoreciendo de paso el relevo en una conflictiva provincia como era la de Cantabria. En cambio, la aproximación del Movimiento Falangista de España resultó inviable. Como consecuencia de un casual encuentro en los pasillos de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense entre Diego Márquez —que acudía a pronunciar una exitosa conferencia— y Sigfredo Hillers —profesor en aquel centro—, éste último apoyó la incorporación de sus muy exiguas huestes a FE de las JONS, aunque nunca disolvió formalmente FEI.
 Lamentablemente, aquellos fueron los únicos logros de aquella política efectista, que no efectiva. La recuperación de la identidad de FE de las JONS exigía un esfuerzo callado y diario que no se realizó con el suficiente vigor. El necesario relevo en las estructuras provinciales del partido no se realizó, y los Jefes Territoriales fueron convirtiendo sus respectivas jurisdicciones en auténticos virreinatos. De esta forma, surgieron contradicciones como las planteadas en Galicia, donde en nombre de FE de las JONS se continuaba exaltando innecesariamente al régimen del 18 de Julio, sin que desde la Jefatura Nacional se produjese reacción alguna. Esta indefinición real, junto a la falta de apoyo por parte de aquellos otros miembros del movimiento nacionalsindicalista que ya habían caminado esta senda años atrás y no parecían dispuestos a volver a recorrerla, facilitó que colaboracionistas de segundo orden —auténticos inasequibles al desaliento— recuperaran parte del peso específico perdido en los primeros momentos de la Jefatura Nacional de Diego Márquez.
 La falta de sentido político real resultaba evidente, y el primer gran fracaso vino de la mano del Primer Congreso Ideológico. Era éste un proyecto que Diego Márquez diseñó dentro del plan de recuperación de la identidad, y que puso en marcha en los primeros momentos. Pero aquella ocasión de crisis no resultaba la propicia para la serena actualización ideológica, y el proyecto fue discretamente aparcado. Cuando la ilusión renovadora comenzó a dar paso al desencanto, la reacción de los dirigentes fue reactivar el Congreso Ideológico como una vieja promesa pendiente de cumplimiento. Mas continuaba sin ser el momento, y desde luego no eran aquellos los métodos. Lo que pudo ser una oportunidad trascendental de sosegado estudio se convirtió en una concatenación de reuniones asamblearias y seminarios desordenados que concluyeron con la redacción de unas ponencias definitivas, resumidas en 33 Afirmaciones Fundamentales que terminaron por no contentar a nadie.28 En un tremendo error de cálculo, se intentó proporcionar cierta espectacularidad a la aprobación de aquellas Afirmaciones, organizando un acto en la explanada de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Pero la asistencia de militantes no fue tan amplia como se esperaba, y aquella mañana fría de octubre los cielos se abrieron sobre la sierra madrileña y diluvió cuanto quiso.
 
7. El final de una etapa
 
 Aquél era el momento para cerrar una etapa con balance —pese a todo— ciertamente positivo. Así intentó hacérselo ver el Presidente de la Junta Política y responsable del Congreso Ideológico —Santiago Fernández Olivares— al Jefe Nacional al presentarle su dimisión, al tiempo que solicitaba a Diego Márquez que hiciese lo propio. Pero las cosas transcurrieron por otros cauces.
 Con la permanencia de Felipe González en la Presidencia del Consejo de Ministros hasta 1996 puede darse por cerrado definitivamente el período de la transición democrática en España, límite cronológico de esta exposición. Lo que ocurriera en el seno del movimiento nacionalsindicalista tras la clausura de aquel Congreso Ideológico en realidad está todavía sucediendo hoy. Este tiempo que acabamos de repasar resulta —como hemos visto— harto complejo. No es posible buscar culpabilidades absolutas ni eximir de total responsabilidad a nadie. Posiblemente, los más inocentes fueran los falangistas de a pie, que han padecido durante estos años una proverbial desorientación. En todo caso, con sus renuncias y errores, retrocesos y rectificaciones el movimiento nacionalsindicalista ha pervivido en un mar de dificultades, lo que ya es de por sí un pequeño pero suficiente triunfo que puede proyectarse hacia el futuro.
 A partir del 2 de julio de 1995, Gustavo Morales es elegido jefe nacional y termina la Falange del Silencio para dar paso a la Falange de la Calle.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

1 José A. GÓMEZ YÁÑEZ, "Bibliografía sobre la Transición a la Democracia en España" en Fosé Félix TEZANOS, Ramón COTARELO y Andrés de BLAS (eds.), La transición democrática española, Madrid : Sistema, 19932, p. 807-855, recoge numerosos textos aparecidos hasta 1982.
2 Por referirnos a algunos títulos, señalaremos la recopilación de Carlos SECO SERRANO Al correr de los días : crónicas de la transición, Madrid : Complutense, 1994; la obra colectiva coordinada por Santos JULIÁ, Javier PRADERA y Joaquín PRIETO Memoria de la transición, Madrid : Taurus, 1996; el reportaje de Julia NAVARRO Nosotros, la transición, Madrid : Temas de Hoy, 1995; o el reportaje de Victoria PREGO Así se hizo la Transición, Barcelona : Plaza & Janés, 1995.
3 Javier TUSELL, La transición española a la democracia, Madrid : Historia 16, 1991, fue el primer manual monográfico sobre el tema.
4 Philippe NOURRY, Juan Carlos : un roi pour les républicains, Paris : Centurión, 1986; Charles T. POWELL, El piloto del cambio : el rey, la monarquía y la transición a la democracia, Barcelona : Planeta, 1991; Joaquín BARDAVÍO, Las claves del rey : el laberinto de la transición, Madrid : Espasa Calpe, 1995.
5 Manuel VALDÉS LARRAÑAGA, De la Falange al Movimiento (1936-1952), Madrid : Fundación Nacional Francisco Franco, 1994 ; Pilar PRIMO DE RIVERA, Recuerdos de una vida, Madrid : Dyrsa, 1983; Raimundo FERNÁNDEZ-CUESTA, Testimonio, recuerdos y reflexiones, Madrid : Dyrsa, 1985. Sólo algunos detallan aquellos sus últimos momentos de vida pública con informaciones de cierto valor. Es el caso de José UTRERA MOLINA, Sin cambiar de bandera, Barcelona : Planeta, 1989 ; o José Antonio GIRÓN DE VELASCO, Si la memoria no me falla, Barcelona : Planeta, 1994.
6 Luis GARCÍA SAN MIGUEL, Teoría de la transición : un análisis del modelo español, 1973-1978, Madrid : Editora Nacional, 1981, p. 158: «La Falange pudo haber hecho (o intentado al menos) su revolución bajo el franquismo, pero no pasó de ser el sector 'social' del Movimiento.»
7 Apenas unas líneas le dedica a la Falange de la transición Sheelagh ELLWOOD, Prietas las filas : historia de Falange Española, 1933-1983, Barcelona : Crítica, 1984.
8 Ernest MILÁ, Falange Española, 1937-82. Los años oscuros, Barcelona : Alternativa, 1986; Pedro CONDE SOLADANA, F.E. de las J.O.N.S. (Auténtica), Bilbao : Albia, 1977; Diego MÁRQUEZ, Círculos José Antonio, Bilbao : Albia, 1977.
9 Rafael IBÁÑEZ HERNÁNDEZ, "La oposición falangista al régimen de Franco (1937-1975) : consideraciones sobre una cuestión inédita" en Congreso de Jóvenes Historiadores y Geógrafos : actas, Madrid : Universidad Complutense, 1989, p. 625-637. Con posterioridad, Francisco BLANCO, "Grupos falangistas opuestos al franquismo, 1963-1975" en Javier TUSELL, Alicia ALTED y Abdón MATEOS (coords.), La oposición al régimen de Franco. Estado de la cuestión y metodología de la inbestigación, Madrid : Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1990, t. I, vol. 2,  p. 453-467.
10 Véase la obra colectiva Cuando la transición se hizo posible : el "Contubernio de Múnich", Madrid : Tecnos, 1993.
11 FERNÁNDEZ-CUESTA, op. cit., p. 261 y ss.
12 Citamos partir de la versión incluida en Las asociaciones políticas en las Cortes, [Madrid] : Frente Nacional Español, [1976]. También en FERNÁNDEZ-CUESTA, op. cit., p. 381-390.
13 Armando ROMERO CUESTA, Objetivo: matar a Franco (La Falange contra el Caudillo), Madrid : Barbarroja, 19942.
14 Además del ya citado libro de Pedro Conde, podemos encontrar una versión oficial en el libro de Javier MORILLAS Una brecha para la revolución de España, [Madrid] : Falange Auténtica, 1978.
15 El texto íntegro del acuerdo aparece reproducido por Manuel Antonio TUERO MADIEDO, ...Y traerán prendidas cinco rosas(Falange: la historia, la doctrina), [Barcelona : autor], [1979], p. 254-255, aunque no cita a todos los firmantes antedichos.
16 Versiones de lo sucedido en el libro de MILÁ, op. cit., p. 34-36, y José Luis RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, Reaccionarios y golpistas. La extrema derecha en España: del tardofranquismo a la consolidación de la democracia (1967-1982), Madrid : Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1994, p. 198-199.
17 Raimundo FERNÁNDEZ-CUESTA, Observación general al proyecto de Ley de Reforma Política, [Madrid] : Falange Española y [sic] de las JONS, [1976].
18 Alianza Nacional 18 de Julio, 67.326; FE de las JONS (Auténtica), 50.926; Círculos José Antonio, 8.184; Falange Española Independiente, 855. FE de las JONS se presentó en solitario en tres provincias, recabando para sí 20.639 votos. Fuente: Base de Datos de Indicadores Sociales y Económicos.
19 Con todos sus errores de calificación, puede verse la anticipación del hecho en el libro de Ernesto Cadena (seudónimo de Ernest MILÁ) La ofensiva neo-fascista, Barcelona : Acervo, 1978, p. 169.
20 El texto del acuerdo en FERNÁNDEZ-CUESTA, op. cit., p. 395-396.
21 Mariano SÁNCHEZ SOLER, Los hijos del 20-N. Historia violenta del fascismo español, Madrid : Temas de Hoy, 1993, p. 102.
22 ELLWOOD, op. cit., p. 260.
23 Carlos CARNICERO, "La nueva Falange prepara guerrillas urbanas" en Tiempo 71 (19 sept. 1983), p. 24-29. La portada de la revista presenta este escandaloso titular: "La Falange se echa al monte".
24 Juan SÁNCHEZ RADA, Prensa: del Movimiento al Socialismo. 60 años de dirigismo informativo, Madrid : Fragua, 1996.
25 "Aclaración necesaria" en Arriba... 7, p. 1.
26 "Carta del Jefe Nacional a Antonio Izquierdo" en  Arriba... 8, p. 1.
27 En Arriba... 8, p. 2-3. Con posterioridad, la hermana de José Antonio fue aceptada nuevamente como miembro del Consejo Nacional del partido.
28 Véase, a modo de ejemplo, el trabajo de Luis Miguel VILLEGAS MARTÍNEZ Comentario al Primer Congreso Ideológico Nacional Sindicalista, Madrid : Proyecto Fénix, 1989.
 

El movimiento nacionalsindicalista durante la transición.
Una aproximación
Rafael Ibáñez Hernández
Universidad de Verano de la
Fundación José Antonio
4 de agosto de 1997
Castilnovo (Segovia)

Leo Valeriano y la ideología del neofascismo de los 60

Leo Valeriano y la ideología del neofascismo de los 60

Redacción.- Hemos rescatado del baúl de los recuerdos una cinta casette de canciones de Leo Valeriano. Está grabada sobre un vinilo de 1968. Leo Valeriano fue el primer cantautor italiano del ambiente “neofascista” y en las letras de sus canciones se percibe perfectamente el ambiente que impregnó a toda una generación. Vale la pena rescatar este casette, lamentando que no se haya remasterizado, y emplearlo como excusa para realizar un viaje a través del tiempo y retroceder al neofascismo italiano de los años 60.

La fuerza de ser uno mismo

“Padre Nuestro” es casi una oración. Iniciada con las palabras de la oración católica más conocida, esta canción de Valeriano tiene que ver con lo que podríamos llamar “la concepción del mundo del neofascismo”. De hecho, en todas las obras de Evola está implícito este mensaje: “Conócete a ti mismo” y “Prueba tu calidad a través de la lucha”. Valeriano arranca la canción –musicalmente muy seductora- con estas estrofas en las que está muy presente la necesidad de diferenciación:

“Padre nuestro que estás en el Cielo
Y también entre la gente,
que ya no puedes esperar nada
cada vez que alguien te llama.
Padre nuestro que estás en el Cielo
también yo te he llamado
días enteros en voz alta.
Me ha respondido sólo el silencio,
Pero no te pido reposo
No te pido riqueza,
Poder o tranquilidad”;

En las estrofas siguientes de la canción, la letra asume la vocación heroica que Evola propone en sus obras como condición indispensable para alumbrar un “hombre nuevo” capaz de mantenerse en pie ante las destrucciones culturales que se avecinan y termina implorando al dios desconocido que le dé la fuerza para ser él mismo. Análogo mensaje se encontraba en el santuario de Delfos: “Sé tu mismo”. La canción dice así:

“Dame Dios mío, aquello que te queda,
Aquello que nadie pide nunca.
Dame la lucha, dame la inquietud
Y la desesperada ansiedad,
Dame el tormento, dame la rabia
De esta condenada realidad,
Dámelo ahora, definitivamente,
Porque yo no sé,
Si tendré siempre tanto valor
Para poder pedírtelo
Padre nuestro que estás en el Cielo
Y también entre la gente,
Dame, Dios mío, aquello que te quede
Aquello que nadie pide jamás,
Pero dame la fe, dame el valor,
La fuerza de ser yo”.


El anticomunismo: Budapest

Una de las canciones más hermosas de Valeriano estaba dedicado a los héroes de Budapest. Se trata de una de las composiciones más bellas que hayamos escuchado, tanto por su letra como por su música. En 1956, los tanques rusos cercenaron el ansia de libertad del pueblo húngaro. Stalin había muerto y en Occidente se creía que la URSS había moderado su intervencionismo exterior. Era todo lo contrario. Valeriano logró sintetizar en una estremecedora música la gesta de los patriotas húngaros.

“Estoy sobre el monte mirando
donde estaba una ciudad
sobre las torres de las iglesias
grita fuerte el gallo rojo,
rojo el cielo por las llamas,
rojas las calles por la sangre,
rojos son los carros de combate,
¡está ardiendo Budapest!”

La juventud europea se estremeció con aquel horrendo ataque. En París, los grupos de patriotas, entre los que se encontraban Pierre Sidos y Jean Marie Le Pen, se manifestaron ante la sede del Partido Comunista que resultó asaltada por la población. En Roma abundaron las manifestaciones de protesta en la que se curtieron los militantes que luego crearían Ordine Nuevo y Avanguardia Nazionale. Valeriano era uno de estos jóvenes que quedó, literalmente, horrorizado por la masacre de Budapest y por la dejadez con que las democracias occidentales. Sigue la canción de Valeriano:

Oh Budapest... Oh Budapest..
Tu burgués de Occidente,
tu que tienes mujer, hijos y amante,
tus casas son cálidas
y no vas a arriesgarte por Budapest.
Tu burgués de occidente
has recogido sacos de oro
nacidos de la sangre
¡y luego te has encadenado al gigante del Este!

En esa época estaba claro para el neofascismo que las democracias occidentales, las democracias burguesas, no estaban en condiciones de enfrentarse a la URSS y que Europa, tras la guerra, estaba viviendo el esplendor de la civilización burguesa que había pactado un statuquo con la URSS: la convivencia pacífica. A esa burguesía bienpensante no le importaba la suerte de los patriotas húngaros. El anticomunismo del que hace gala Valeriano, y por extensión, el neofascismo de la época, viene acompañado de un acusado tinte antiburgués.

Esa sensación de que las democracias occidentales no tenían arrestos suficientes para detener al comunismo, se evidencia en la última estrofa de la canción:

“Yo te acuso Occidente,
mañana también tu llorarás
como los magiares abandonados por ti en Budapest.
Aquí sobre el monte estoy mirando
El fin de una ilusión
Nacida a lo largo de nuestro río
Y que muere asesinada
Con Budapest”


El sentimiento antiburgués: “Tiempo de Lobos”

Otra canción a tener en cuenta de Valeriano es “Tiempo de Lobos”. Se trata de otro alegato antiburgués, en donde se percibe fácilmente el aroma de la nueva era de la contestación juvenil que ya se percibía en el horizonte. Los padres que habían vivido la guerra y las privaciones querían que sus hijos fueran educados de espaldas a cualquier idea política y, cuando la tenían, lo que les exigían era que las ocultaran. Era la forma de “triunfar” en la sociedad, especialmente si se sostenían posiciones neofascistas. Dice Valeriano:

“Tu padre te ha dicho: sé astuto hijito
No debes arriesgar nada,
porque de nada sirve tener ideas
guárdalas para ti”.

Tal era la normalidad de aquel tiempo. El padre le dice al hijo: “Este es un tiempo de lobos, un tiempo de perros, ¿qué harás con tu futuro? Es un tiempo de lobos, ya no es un tiempo de héroes”. En las estrofas finales, Valeriano aporta las conclusiones:

“El miedo es una bestia que florece en el corazón
de aquella gente que no sabe lo que es el honor.
Es el miedo que te vuelve prudente
que va donde el viento la lleva.
Pero que no te suceda nunca como a quien no pueda
cantar la libertad“

La idea sostenida por el neofascismo de la época era que el comunismo era una ideología demasiado brutal como para poder ser contenida por el espíritu burgués. Hacia falta una movilización de los espíritus más duros y más decididos, para poder articular un frente anticomunista que no amenazada las libertades, como había ocurrido en Praga. Y para ello era preciso lugar en las filas del Movimiento Social y de las organizaciones decididamente anticomunistas y antiburguesas crecidas a la luz de la doctrina evoliana.

El espíritu de la contestación: El coraje de decir no

A partir de 1967 la contestación estaba en el ambiente. Al año siguiente estalla el mayo francés y pocas semanas después el “otoño cálido” italiano. En aquel momento, la universidad italiana registra una presencia importante de militantes neofascistas encuadrados en el FUAN y en otras organizaciones menores. En Valle Giulia, los estudiantes de estas formaciones ocupan la facultad de derecho y se enfrentan durante varios días a la policía. Los contestatarios de otras tendencias, ocupan filosofía y arquitectura. En los días que seguirán, Giorgio Almirante, secretario general del MSI, da la orden a su servicio de orden de desalojar las facultades, incluidas, derecho. Los contestatarios neofascistas se enfrentan a la disyuntiva de unirse a los “gorilas” de Almirante (dirigido por Giulio Caradonna) o bien permanecer defendiendo una “contestación de derechas”. Optan por la segunda opción en lo que luego, la mayoría, considerará un error. Eso implica dar la excusa para que el antifascismo prendiera en la universidad. A partir de ese momento, el grueso del neofascismo se va “domesticando” y convirtiéndose en el apéndice juvenil de un partido de derecha radical. La influencia de Evola se va reduciendo en esa generación de militantes de los que, finalmente, por iniciativa propia y por la misma presión de los acontecimientos, no acentuarán otra cosa más que su anticomunismo. Las veleidades de lucha contra el sistema, poco a poco, se van retirando del MSI y recluyéndose, bien en sectores disidentes, o bien en grupos extraparlamentarios que mantendrán hasta principios de los años 80 la etiqueta “neofascista”

Pero cuando Leo Valeriano redacta la letra de esta canción, está todavía impregnado por el espíritu de la contestación que se trasluce desde el mismo título: “El coraje de decir no”:

”Dicen siempre que todo va mal, que haría falta una revolución
Pero bastaría encontrar, el menos para comenzar,
El coraje de decir no, a la gente que dice Si
El coraje de rechazar las falsas etiquetas de la sociedad.
El coraje de decir no a un mundo que todo de da,
El coraje de estar solo en medio de la masa tranquila del Si.
El coraje de decir no a las ofertas que el mundo te hace,
El coraje de saber arriesgar descendiendo solo a la calle que quieres…
Pero es una fábula nacida así y que hoy no está de moda…
Una cosa para no escucharse porque puede hacer daño advertir que
No tienes el valor de decir no… el valor de decir no.”


El modelo histórico: la República Social

Mientras que en España, el franquismo cayó sin que existiera un “último pelotón” de fieles que resistieran. Ninguna sede del Movimiento, ni de la OJE, ninguna delegación de la Sección Femenina o de la Guardia de Franco, fue ocupada por sus militantes. La “rendición” se hizo sin que nadie resistiera. Por eso ha sido imposible reconstruir un “neo-franquismo”, por que sus principales valedores no quisieron jugarse nada esencial y se resignaron a ser barridos, intentando acomodarse unos o bien haciéndose olvidar la mayoría. Pero en Italia no ocurrió lo mismo. En 1943, con las tropas americanas en Sicilia, con Roma bombardeada a diario, con los partisanos asesinando constantemente, con la traición en el interior (Badoglio), el fascismo resistió y endureció sus posiciones. El resultado fue la creación de la República Social Italiana a la que se adhirieron cientos de miles de italianos, cuando la derrota estaba ya presintiéndose en el horizonte. Resistieron hasta el final en las más precarias condiciones que pueda imaginarse. Luego vino la represión de los partisanos comunistas. Casi 200.000 asesinatos sin juicio fue el precio de la “literación”.

No es raro que, ante esta situación, el neofascismo reconociera como modelo histórico, la experiencia de la República Social que, en definitiva, era un ejemplo de lealtad. Evola había inspirado a la primera generación de militantes del MSI y sus dos obras “Orientaciones” y “Los hombres y las ruinas” eran los manifiestos de referencia que se manejaban en la época. Evola había hecho de la lealtad el valor esencial del “hombre nuevo” que coincidía con el que se había forjado al calor del a RSI. Mussolini era un ejemplo y a la figura del Duce, Valeriano le dedicó una canción que aprovechó, tanto para glosar la figura humana del Duce:

“Un hombre es siempre un hombre
aunque sea fuerte”

Pero sobre todo, aprovechó para denunciar la odiosa figura de los que colaboraron con el Duce para luego traicionarlo. A estos les dedicó esta estrofa:

“Aquellos que han vivido de su gloria
Y bajo su estrella han caminado
Aquellos que le han dicho
“Tu eres la historia”,
son los mismos que luego le han traicionado”.

Denunciando la cobardía de los Amíntore Fanfani que luego pasaron a ser los grandes líderes del pentapartido, y antes los grandes albaceas del ventennio, Valeriano exaltaba la fidelidad y el honor de los combatientes de la República Social y la dimensión humana del Duce.

El antiamericanismo: Banzai

Así como en el neofascismo de los años 50-70, todos estaban de acuerdo en el anticomunismo, la posiciones respecto a los EEUU no era unánime. La polémica se originó en el interior del MSI cuando un sector sostenía que Europa, por sí misma, carecía de capacidad para defenderse y era, por tanto, necesario apelar a la ayuda americana. Luego sería tiempo de arreglar cuentas, pero, inicialmente, era preciso entregar la defensa de Europa a los EEUU. No todos estaban de acuerdo, por supuesto, y en el interior del propio MSI, existía un amplio sector antiamericano; en el exterior del MSI, los grupos extraparlamentarios, adoptaron siempre una posición antiamericana. Julius Evola, por su parte, sostenía que era preciso oponerse a la “concepción del mundo” emanada del americanismo que, a la postre, era exactamente la misma que la que se desprendía del bolchevismo y a demostrarlo dedicó la conclusión brillante de su obra cumbre “Revuelta contra el mundo moderno”.

Esta relativa indefinición en el interior del neofascismo hizo que Valeriano no adoptara un antiamericanismo extremo ni radical, que podía ser rechazado por una parte del MSI. Optó por contornear el problema. En aquel momento empezaba a leerse a Yukio Mishima en ambientes neofascistas. Valeriano aprovechó esta admiración creciente por el Japón y por los samurais para aludir a la gesta de los pilotos kamikaze en la Guerra del Pacífico. Era evidente que, el mensaje final, era antiamericano, pues, no en vano, el objetivo eran los buques de ese país. Pero llama la atención que optara por ese rodeo para llegar a algo que en los ambientes juveniles del MSI de la época era un dogma: “Ni Washington, ni Moscú”.

La música de la canción evoca voluntariamente ritmos orientales y tiene un encanto particular. En cuanto a la letra, destacamos algunas estrofas:

“Jóvenes de veinte años, vestidos de blanco,
perlas vivas frente al color de la noche,
sobre un bimotor que extiende sus alas blancas,
van al encuentra con la muerte en el cielo del Japón.
Está escrito entre las estrellas el valor de los pinos
que no cambian de color con el peso de la nieve”.

Luego, Valeriano recupera el tema de los samurais que ejercieron una seducción particular sobre el neofascismo. La propia existencia de una casta guerrera con la que los neofascistas se identificaban y que crean que podía forjarse mediante la militancia política, es reflejada por Valeriano en las estrofas siguientes de la misma canción:

“Cuando has dejado a tu madre, no ha llorado,
pero cuando esté sola, llorará en silencio al último de sus hijos.
Mientras el sol naciente tiñe de rojo el alba,
el último samurai, ofrece su vida al cielo”.

¿El elemento antinorteamericano? Hace falta cierta condescendencia para verlo en las últimas estrofas de la canción, cuyo lirismo parece intentar olvidar su ambigüedad en este terreno. Y no es raro porque la cúpula del MSI siempre fue, tanto con Michelini como con Almirante y, finalmente, con Fini, absolutamente pronorteamericana, incluso cuando ya ni siquiera hacía falta (a partir de 1989 cuando cayó el Muro de Berlín). Pero esa no era, desde luego, la opinión de las bases militantes. Valeriano dice:

“Las flores del cerezo están iluminadas en ese instante
Cuando se abre al sol y caen en el viento
Pero sobre el Fujiyama, el hongo de Hiroshima
Mata toda esperanza en el corazón del Japón.
Con tu muerte escribes una condena eterna
Que tu enemigo arda en la tierra de oriente
A su último hijo.
Cien aviones se alzan en el cielo
Hacia el paraíso eterno de los héroes
Parece una rama de melocotonero suspendido sobre el Japón”.

[Fin de la primera parte]

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Asoc Cult Tornasol

Asoc Cult Tornasol

MADRID Miércoles, 18 de marzo de 1998

Veinte «ultras» agreden a tres estudiantes de izquierda dentro de la facultad de Derecho

Tuvieron que ser atendidos de diversas contusiones en el hospital

JOSE LUIS MARTIN
MADRID.- Una veintena de jóvenes, presuntamente de ideología ultraderechista, agredió ayer a tres estudiantes en la facultad de Derecho de la Universidad Complutense. El grupo de ultras irrumpió en el vestíbulo de la facultad a las 11.00 horas. Convenientemente distribuidos, comenzaron a retirar todos los carteles de la Unión de Estudiantes Progresistas y de Izquierda (UEPI), una asociación estudiantil. A continuación, se dirigieron al local de la UEPI, en la segunda planta, y agredieron a P. I., de 19 años, y estudiante de segundo de Derecho; a R. G. , de 19 años, quien cursa primero de carrera; y a M., todos miembros de la asociación. Los jóvenes fueron atendidos de varias contusiones en la cara y extremidades en el Hospital San Carlos, y fueron dados de alta a las pocas horas.

Los agresores, quienes aseguraron pertenecer a la asociación Tornasol, con local en la misma facultad, y de ideología ultraderechista, huyeron del recinto sin dificultad, según señalaron a este periódico varios testigos presenciales. Un profesor de Filosofía de Derecho, de quinto curso, observó la llegada de los ultras a la facultad. «Eran alrededor de 20, de complexión fuerte la mayoría de ellos, y con cara de malas pulgas. De repente empezaron a arrancar los carteles, la mayoría de los cuales se oponía a la designación de Pinochet como senador vitalicio en Chile», dijo ayer este profesor, quien prefirió omitir su nombre. DIVERSAS CONTUSIONES.- Con los carteles en las manos, los intrusos se dirigieron a la zona donde están los locales de las asociaciones, en la segunda planta. «Yo estaba en el local con P., cuando alguien entró a decirnos que estaban arrancando nuestros carteles de las paredes. Salí para ver qué ocurría y me los encontré de frente», explicaba ayer R. G. a su salida del hospital, con fuertes contusiones en el rostro y en la pierna derecha. En ese momento, según los testigos presenciales, uno de los ultras comenzó a agredirle de forma contundente.

Después salió P. I., a quien otros intrusos le propinaron una paliza. A M. le rompieron la camisa y, además, le robaron el reloj. «No paraban de darnos puñetazos, empujones y patadas, eran 20 contra tres», decían ayer los agredidos. En medio de la refriega, a uno de los agresores se le cayeron al suelo unas tijeras de gran tamaño, y en varias ocasiones amenazaron de muerte a los tres estudiantes. «Nos llamaron "rojos de mierda" y "melenas asquerosos", y también dijeron que la próxima vez nos iban a rajar de arriba abajo», manifestó ayer R. La agresión finalizó con la intervención de Paulino, uno de los bedeles de la facultad de Derecho, quien amenazó con denunciarles en el decanato. Los atacantes, según testigos presenciales, «tenían pinta de fachas: vestían bien, algunos con gafas de sol y con el pelo muy engominado».

El origen del incidente se remonta al pasado lunes. Ese día, los estudiantes de izquierdas retiraron un cartel anónimo que decía Gracias, Pinochet. Un miembro de la UEPI manifestó ayer a este periódico: «Lo quitamos porque contradecía los principios democráticos fundamentales de cualquier asociación universitaria y porque no estaba firmado». Los diez carteles de la UEPI retirados ayer por los ultras contenían la opinión de la asociación sobre el ex dictador chileno, el aborto, unas jornadas sobre el Sáhara y un documento acerca del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. ASOCIACION FASCISTA.- Los estudiantes agredidos apuntaban ayer directamente a la asociación Tornasol como responsable de los hechos. «Al menos han dicho que pertenecían a Tornasol, y esta asociación es de carácter fascista, muy próxima al Sindicato Nacional de Estudiantes, también ultraderechista», indicaban. En la mañana de ayer, ningún miembro de esta organización se encontraba en el local que tienen en el mismo centro universitario en el que se produjeron los incidentes. Como declaración de principios, un folleto clavado en la puerta arremetía directamente contra las universidades «como centro de difusión de movimientos guarro-anarquista, okupa, pacifista, insumiso, etarra, etcétera». Los estudiantes agredidos decidieron ayer denunciar en la comisaría las agresiones y amenazas sufridas.

Los alumnos denuncian la pasividad del decano

La Unión de Estudiantes Progresistas y de Izquierda criticó ayer «la pasividad del decanato y del rectorado» por la actitud antidemocrática de algunas asociaciones universitarias. Los agredidos se dirigieron ayer al decanato, donde fueron atendidos por el secretario, José Rubio San Román. Este tuvo, a juicio de los estudiantes, «una actitud chulesca y desconsiderada; no se preocupó por lo que había pasado y se limitó a decir que mandemos un escrito». Las quejas de los alumnos también se refieren al rector de la Complutense, Rafael Puyol, y al decano de Derecho, José Iturmendi, quienes «no tienen ninguna actitud con las posturas antidemocráticas, las ignoran». La facultad de Derecho es lugar de reunión habitual de grupos universitarios de extrema derecha, como CEDADE y Bases Autónomas.

«Esta facultad está plagada de asociaciones fascistas, como Tornasol, y otras que se enmascaran bajo la apariencia de entidades culturales», decían ayer los alumnos. Ayer, únicamente el responsable de Seguridad de la Complutense se dirigió a los miembros de la UEPI, a los que recomendó «evitar cualquier tipo de provocación». El pasado día 20 de noviembre, fecha en la que la ultraderecha española conmemora los fallecimientos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, los jóvenes de la UEPI denunciaron la presencia de ultraderechistas con porras ante la puerta de su local. «La respuesta que nos dieron en el vicerrectorado es que hasta que no hagan algo, no se puede actuar», dijo ayer uno de los estudiantes. El decanato de la facultad animó ayer a la UEPI a denunciar los hechos en comisaría para, a continuación, abrir una investigación interna sobre lo ocurrido y el trasfondo ideológico de las asociaciones.

MADRID Jueves, 26 de marzo de 1998

Manifestación contra los «fascistas» de Derecho

Los universitarios convocan hoy una marcha en protesta por las agresiones
PEDRO SIMON
MADRID.-En la universidad casi todos saben quiénes son, pero nadie se atreve a levantarles la voz: disponen de local, lucen su parafernalia ultraderechista por los pasillos, cuelgan sus carteles dando gracias al sanguinario ex dictador Augusto Pinochet y defienden la pena de muerte sin reparo. La facultad de Derecho de la Complutense se ha convertido, por deméritos propios, en el vivero de colectivos ultras. La agresión de la pasada semana, cuando miembros de Tornasol (asociación neofascista vinculada a la Alianza por la Unidad Nacional de Sáenz de Ynestrillas) apalearon a tres estudiantes de izquierda, ha vuelto a levantar la voz de alarma. Hoy, a las 11.30 horas, se ha convocado una manifestación contra las agresiones fascistas. Partirá de la propia facultad y se dirigirá al rectorado para protestar. Los agredidos denuncian que estas asociaciones «reciben subvenciones y participan con el beneplácito del rectorado».

No es la primera vez que se producen ataques de este tipo. Hace siete años, ultraderechistas de la propia facultad reventaron la puerta del local de la Unión de Estudiantes Progresistas-Estudiantes de Izquierda (UEP-EI) y se llevaron todo el archivo de los socios. En 1994, unos desconocidos incendiaron la puerta de la misma sede, cuando había alumnos dentro, y en los últimos años son habituales las amenazas con pintadas o agresiones con gases tóxicos. Para disponer de local en la facultad se requiere remitir dos memorias de actividades anuales (una al vicerrectorado y otra al vicedecanato de alumnos) y presentar, al menos, 50 firmas actualizadas de socios. «Hace seis años que Tornasol no presenta estos requisitos y, aun así, sigue con local», afirma un miembro de la UEP-EI. Según ellos, ésta es una muestra de la connivencia de José Iturmendi, decano de Derecho, con estos grupúsculos extremistas. Ni el decano ni el rector han contestado a estas acusaciones.

¿Quién está detrás de la planta segunda de la facultad de Derecho? Tornasol, Frente de Estudiantes Sindicalistas, Teoría y Práxis, Testimonio 2000... Estas son las más conflictivas:

Tornasol.- Su última acción ha sido la agresión, el pasado martes, a estudiantes de izquierda que habían osado criticar a Pinochet. El grupo tiene presencia desde 1979 y está vinculado a la Asociación Resistencia Nacional de la Juventud, del pintoresco Ricardo Sáenz de Ynestrillas. La raza, la patria, la pena de muerte, son sus directrices. Nunca están en su local.

Frente de Estudiantes Sindicalistas.- Sección universitaria de la Falange Española Independiente. Ponen un cartel semanal sobre José Antonio Primo de Rivera. En las últimas elecciones claustrales tuvieron varias decenas de votos.

Teoría y Praxis.- Integrado por miembros del partido ultra Democracia Nacional y por simpatizantes del colectivo neonazi Bases Autónomas. Publican un boletín en el que hablan de una misión político-social a la que dicen deberse. ¿Racistas? Miguel, estudiante de segundo de Derecho y uno de sus cabecillas, responde: «Nosotros conocemos a un chico de color que se llama Edison, encima de ser negro es discapacitado, pero no le hacemos nada y le dejamos entrar en el local».

Testimonio 2.000.- Ultracatólicos, guardan excelentes relaciones con Teoría y Práxis. Contra el aborto y a favor de la pena de muerte.

Un mechero anónimo intenta quemar locales ultras en Derecho de la UCM Martes, 5 de marzo de 2002

Dos despachos pertenecen a los grupos extremistas Tornasol y SEU; el otro, al Club Taurino.

JAVIER GOMEZ

Los hechos ocurrieron, se cree, un 19 de enero en la Facultad de Derecho. Nadie ha hablado sobre ellos hasta ahora. Aquel día, alguien intentó prender fuego a los locales de las asociaciones Club Taurino, SEU y Tornasol, estas dos últimas pertenecientes a los círculos ultras del centro. Hoy, más de un mes después, sin una denuncia o comunicado del decano José Iturmendi, la mayoría de las asociaciones de la facultad ha hecho público un texto en el que piden al decanato «que tome las medidas oportunas para garantizar unas condiciones dignas [...] y, concretamente, mayor seguridad».

Como si de una novela negra se tratase, cada detalle esconde un reguero de pistas que, sin embargo, no ha permitido revelar todavía al culpable. El 19 de enero no es una fecha cualquiera: un sábado, en la semana previa a los exámenes, reúne todas las características para que nadie pueda descubrir lo que ocurre en el desangelado pasillo de las asociaciones, sito en la segunda planta de Derecho.

Cuando varios estudiantes se pasaron por allí, el lunes siguiente, descubrieron destrozos en las puertas, pintadas, una puerta la del Club Taurino calcinada, vertidos de gasolina... «Nos dijeron en el decanato que en dos días estaría todo limpio. Al final, tuvimos que hacerlo nosotros», expone Fernando, del SEU (nombre de la asociación estudiantil próxima a la Falange).

Miriam, del Club Taurino, reconstruye su interpretación de lo ocurrido: «Lo extinguió el mismo que provocó el fuego, porque ya había prendido y los carteles pegados a la cara interior de la puerta habían ardido. Quizás se asustó». Segunda pista.

SILENCIO DECANAL. El decanato ha ofrecido la callada por respuesta. CAMPUS pudo saber ayer que nadie de la facultad informó al Rectorado de lo ocurrido. Una vez contactados, su versión fue la siguiente: «Parece ser que alguien ha intentado ahumar el Club Taurino, probablemente grupos contrarios a los toros». Su única iniciativa ha sido revisar la documentación de las asociaciones que disponen de despachos (ver apoyo).

Aún era posible distinguir, el pasado viernes, un cerco de suelo carbonizado ante la renovada y simplona puerta de madera que se ha colocado en el umbral del Club Taurino, y marcas de gasolina bajo las puertas de otros locales.

«Es evidente que también intentaron quemar los nuestros, pero no lo consiguieron», apunta un miembro del SEU. Ningún miembro del tercer grupo afectado, Tornasol, apareció en la reunión de las asociaciones. Fuentes del alumnado vinculan a este colectivo con el partido Alianza por la Unidad Nacional (AUN), de Ricardo Sáenz de Ynestrillas.

Falta, no obstante, uno de los ingredientes básicos de la novela negra. Contamos con un culpable desconocido, al que todos sitúan ajeno a la facultad. Un supuesto móvil: agredir a tres asociaciones del círculo ultraconservador de Derecho. Un modus operandi: gasolina bajo la puerta, un mechero del que sale la chispa, un incendio consumado y dos frustrados. Mas no hay investigación. Ni un sagaz Hércules Poirot, ni un socarrón Carvalho, ni un astuto Maigret, ni un descreído Montalbano. El motivo estriba en que no hubo denuncia alguna: ni por parte de los directamente afectados, ni por parte de las autoridades de la facultad.

«El decanato no ha hecho nada, y menos con el tema de la seguridad, aunque se lo hemos pedido repetidas veces», acentúa Luis Pelegrina, de la asociación Estudiantes de Derecho (ED). «Nos pilló en exámenes y ha sido un golpe duro. Queríamos haberlo denunciado antes, con el resto de asociaciones, pero es difícil poner a todo el mundo de acuerdo», se justifica Miriam.

Pese a todo, la falta de certezas no impide a las asociaciones implicadas tener su propia versión del culpable. «Grupos de extrema izquierda» apunta uno. «Ecologistas y gente de ultra izquierda», responde otro. «Pero gente de fuera de la facultad», coinciden todos.


Para saber mas: Asociacion Tornasol y el foro

Releyendo a Evola (III)

Releyendo a Evola (III)

Notas sobre la "Divinidad" de la montaña

 

En un editorial publicado en la revista del C.A.I., S.E. Manaresi ha subrayado, con eficaces palabras, un punto sobre el cual hoy no sabríamos insistir con exceso: la necesidad de superar la doble antítesis limitativa, constituida de una parte por el hombre de estudios, exangüe y separado -en su "cultura" hecha de palabras y de libros- de las fuerzas más profundas del cuerpo y de la vida; de otra, por el hombre simplemente deportivo, desarrollado en una disciplina simplemente física y atlética, sano, pero privado de todo punto de referencia superior. Más allá de la unilateralidad de estos dos tipos, hoy se trata de llegar a algo más completo: a un tipo en el cual el espíritu se transforme en fuerza y vida, y la disciplina física, por su parte, se convierta en el encauzamiento, símbolo y casi diríamos "rito" para la disciplina espiritual. S.E. Manaresi en muchas ocasiones ha tenido también la oportunidad de decir que entre los diversos deportes, el alpinismo es seguramente el que ofrece las posibilidades más amplias y más próximas para una integración del género. En realidad, la grandeza, el silencio y la potencia de las grandes montañas inclinan naturalmente al ánimo hacia aquello que no es exclusivamente humano, aproximan a los mejores al punto en el que el ascenso material, en todo lo que presupone de coraje, de superación y de lucidez implica, y una elevación interna llegan a ser partes solidarias e inseparables de una sola y misma cosa.
Ahora, puede ser interesante realzar que estas ideas, que hoy comienzan a ser recalcadas por las personalidades representativas para la justa orientación de los mejores de las nuevas generaciones, llegan simultáneamente a un transfondo de antiquísima tradición... a algo que se puede llamar "tradicional", en el sentido más amplio de este término. Si los antiguos no conocían más que por vía de excepción y en una forma enteramente rudimentaria el alpinismo, poseían, no obstante, del modo más vivo el sentido sacro y simbólico de la montaña, y la idea, en ese caso simbólica, del ascenso de la montaña y de la residencia en la montaña como algo propio de los "héroes", de los "iniciados", de seres -en suma- que se consideraba que habían superado los limites de la vida común y gris de las "llanuras".
En estas páginas, por tanto, no estará fuera de lugar alguna breve alusión sobre el concepto tradicional de la divinidad de la montaña, tomado fuera de los
símbolos, en su sentido interno: porque ello permitirá definir y precisar algo del aspecto interno y espiritual de aquellas vicisitudes, de las cuales la
descripción o relación técnica alpinística no representa más que el aspecto externo y, casi diríamos, el caput mortuum.

* * *

El concepto de la divinidad de los montes procede, de modo uniforme en Oriente y en Occidente, de las tradiciones extremo-orientales a las de los aztecas de la América precolombina, de las egipcias a las arias nórdico-germánicas, de las helénicas a las iránicas e hindúes: bajo la forma de mitos y leyendas sobre la montaña de "1os dioses" o sobre la montaña de "los héroes", sobre la cumbre de aquellos que "son arrebatados por el éxtasis", o sobre los parajes donde se encuentran misteriosas fuerzas de "gloria" y de "inmortalidad".
El fundamento general para el simbolismo de la montaña es simple: asimilada la tierra a todo lo que es humano (como, por ejemplo en las antiguas etimologías que hacen proceder "hombre de humus"), las culminaciones de la tierra hacia el cielo, transfiguradas en nieves eternas -las montañas- deben presentarse espontáneamente como la materia más adecuada para expresar mediante alegorías los estados trascendentes de la conciencia, las superaciones interiores o las apariciones de modos supra-normales del ser, a menudo representados figuradamente como "dioses" y deidades. De donde tenemos no sólo los montes como "sedes simbólicas" -tomemos nota- de los "dioses", sino que también tenemos tradiciones, como las de los antiguos Arios del Irán y de Media que, según Jenofonte, no conocieron los templos por su divinidad, sino precisamente sobre las cumbres; sobre las cimas montañosas ellos celebraban el culto y el sacrificio al Fuego y al Dios de la Luz: viendo en ellas un lugar más digno, grandioso y analógicamente más próximo a lo divino que cualquier construcción o templo hecho por los hombres.
Para los hindúes la montaña divina es, como es notorio, el Himalaya, nombre que en sánscrito quiere decir "La sede de las nieves"; en ella, el Meru es, específicamente, el monte sacro. Aquí debemos tener en cuenta dos puntos. Ante todo, el monte Meru es concebido como el lugar en que Siva, imaginado como el "gran asceta", llevó a cabo sus meditaciones realizadoras, tras las cuales fulminó a Kama, el Eros hindú, cuando este intentó abrir el espíritu a la pasión. En esta cumbre suprema del mundo, aún virgen para el pie humano, vemos por lo tanto cómo coinciden, en la tradición hindú, la misma idea de áscesis absoluta, de la purificación viril de una naturaleza ya inaccesible a todo lo que sea pasión y deseo, y por eso mismo "estable" en sentido trascendente. Así, en las mismas fórmulas védicas -antiquísimas- de las consagraciones de los reyes, vemos figurar precisamente la imagen de la "montaña" por la solidez del poder y del imperium que el rey asumirá. Por otra parte, en el Mahabbarata vemos a Arjuna ascender el Himalaya para realizar su exaltación espiritual, siendo dicho que "sólo en la alta montaña habría él podido conseguir la visión divina"; de la misma manera que hacia el mismo Himalaya se dirige el emperador Yudhisthira para consumar su apoteosis y subir al "carro" del "rey de los dioses".
En segundo lugar, debe tenerse en cuenta que la expresión sánscrita paradesha significa región elevada, región suprema y así, en un sentido material específico, altura montañesa. Pero Paradesha se deja asimilar etimológicamente al caldeo pardés, del que deriva el término "paraíso" que pasa, bajo formas teológicas, a las sucesivas creencias hebráico-cristianas. En la idea original aria del "paraíso", encontramos pues, una asociación íntima con el concepto de las "alturas", de las cumbres: asociación que, como es notorio, vuelve a encontrarse después bien claramente en la concepción dórico-aquea del "Olimpo".
A este último respecto debe decirse algo sobre las tradiciones helénicas relativas a los "arrebatados en el monte". Se sabe que los Helenos -como, por otra parte, casi todos los antiguos arios- tenían una concepción evidentemente aristocrática del post-mortem. Como destino para unos pocos -para los que de ningún modo se habían elevado por encima de la vida común- se había concebido el Ades, es decir, una existencia residual y larvaria a partir de la muerte, privada de verdadera consciencia, en el mundo subterráneo de las sombras. La inmortalidad, además de la de los olímpicos, era un privilegio de los "héroes", es decir, una conquista excepcional de unos cuantos seres superiores. Ahora bien, en las más antiguas tradiciones helénicas encontramos que la inmortalidad de los "héroes" se deduce específicamente en el símbolo de su ascensión a las montañas y de su "desaparición" en las montañas. Vuelve, pues, el misterio de las "alturas" porque, por otra parte, en esa misma "desaparición" debemos ver un símbolo material de una transfiguración espiritual.
Desaparecer, o "volverse invisible", o "ser arrebatado en las alturas", no es algo que deba ser tomado en un sentido literal, sino que significa esencialmente ser traspasado, de modo virtual, desde el mundo visible de los cuerpos particulares a la común experiencia humana, hasta el mundo suprasensible en el cual "no existe la muerte".
Y esta tradición no se encuentra únicamente en Grecia. En el budismo se sabe del "Monte del Vate", donde "desaparecen" los hombres que han alcanzado el despertar espiritual, llamados por Majjihimonikajo "más que hombres, seres invictos e intactos, inasequibles a las apetencias, redimidos". Las tradiciones taoístas extremo-orientales, originarias del Monte Kuen-Lun, donde seres legendarios "regios" habrían hallado la "bebida de la inmortalidad": es algo parecido a lo que encontramos en las tradiciones del Islam oriental relativo al "arrebatamiento" en el monte, de seres que unieron la iniciación de la pureza y que fueron arrebatados hacia las cumbres a su muerte. Los antiguos egipcios hablaban de un monte (el Set Amentet) atravesado por un camino, siguiendo el cual los seres destinados a la inmortalidad "solar" llegaban a la "tierra del triunfo" donde -según una inscripción jeroglífica- "los jefes que presiden el trono del gran dios proclaman vida y potencia eternas para ellos". Atravesando el Atlántico, en el México precolombino, encontramos, con singular concordancia, los mismos Símbolos: esencialmente, en la gran montaña de Culhuacan, o "montaña curva", porque su cima se reclina hacia abajo, lo que quiere expresar que el hecho de que la altura fuera concebida como un punto "divino" que, no obstante, conservaba conexiones con las regiones inferiores. En un monte análogo, según estas antiguas tradiciones americanas, habrían desaparecido sin dejar rastro ciertos emperadores aztecas. Ahora bien, corno es sabido, este mismo tema se halla en las leyendas de nuestro medioevo occidental romano-germánico: ciertos montes, como el Kuffhauser o el Odenberg, son los lugares en los que habrían sido "arrebatados" determinados reyes que alcanzarían significaciones simbólicas, como Carlomagno, el Rey Arturo, Federico I y II, los cuales, de tal modo, "nunca habrían muerto" y esperarían su hora para manifestarse visiblemente. También en el ciclo de la leyenda del Grial se encuentra la "montaña" en el Montsalvat, al que se puede dar, según Guénon, el significado de "Montaña de la Salud" o de la "Salvación"; el grito de guerra de la caballería medieval era Mont-joie, y en una leyenda a la cual no corresponde naturalmente ninguna realidad histórica, pero que no por ello es menos rica en significación espiritual, el hecho de haber pasado por la "montaña" habría constituido la acción que precedía a la coronación "imperial", sagrada y romana de Arturo. Aquí no podemos detenernos en desarrollar el aspecto interno específico de estos últimos mitos simbólicos, especialmente los referentes a los reyes "desaparecidos" que reaparecerán, tema que, por otra parte, hemos tratado exhaustivamente en otro lugar; pero haremos notar, en general, cómo vuelve el tema del monte concebido como sede de inmortalidad y cómo retorna también a la antigua tradición helénica relativa a los "héroes".
Diremos algo más sobre dos puntos: sobre la montaña como sede del haoma y de la "gloria" y sobre la montaña como Walhalla.
El término iránico haoma, equivalente al sánscrito soma, expresa la mencionada "bebida de inmortalidad". En aquellas antiguas doctrinas arias hay, a ese respecto, una asociación de conceptos diversos, en parte reales y en parte simbólicos, en parte materiales y en parte susceptibles a ser traducidos en términos de experiencia espiritual efectiva. Del soma, por ejemplo, las tradiciones hindúes hablan, ya como de un "dios", ya como del jugo de una planta, capaz de producir particulares efectos de exaltación, que eran tomados en espectacular consideración por ritos de transfiguración interna susceptibles de proporcionar un presentimiento y, casi diríamos, una presentación de lo que significa la inmortalidad. Pues bien, por la misma razón por la cual Buda no viene a parangonar el estado "que no es ni de aquí ni de allí, ni el venir ni el ir, sino tranquila iluminación como en un océano infinito" (el nirvana) en la alta montaña, así nosotros en el Yaçna leemos igualmente que el misterioso haoma crece en la alta montaña. Es decir, que otra vez encontramos la asociación de la idea de las alturas con la idea de un entusiasmo capaz de transfigurar, de exaltar, de guiar hacia aquello que no es únicamente humano, mortal y contingente. Y así del Irán pasamos a Grecia, en el seno del primer período dionisíaco encontramos el mismo tema, por cuanto, según los más antiguos testimonios, aquellos que en las fiestas eran arrebatados por el "divino furor de Dionisio" eran arrastrados hacia las cimas salvajes de los montes tracios cual si se hallaran poseídos por un poder extraño y arrollador surgido del fondo de sus propias almas.
Pero allí hay algo más que rectifica lo que de descompuesto y de no completamente puro pueda existir a nivel "dionisíaco"; ello es el concepto iránico expuesto en el Yasht respecto a la montaña, "el poderoso monte Ushi-darena" que es, por otra parte, la sede de la "gloria".
Debe saberse que en la tradición iránica la "gloria" -hvarenó o farr- no era un concepto abstracto: muy al contrario, ella era concebida como una fuerza real y casi física, aunque invisible y de origen "no humano", portada en general por la luminosa raza aria pero, eminentemente, por los reyes, sacerdotes y caudillos de esa raza. Una señal testimonia la presencia de la "gloria": la victoria. Se atribuía a la "gloria" un origen solar, por cuanto en el sol se veía el símbolo de un ente luminoso, triunfante sobre las tinieblas todas las mañanas. Trasponiendo sub especie interioritatis estos conceptos, la "gloria" -hvarenó- expresaba, por consiguiente, la propiedad conquistada por las razas o naturalezas dominantes, en las cuales la superioridad es potencia ("victoria") y la potencia es superioridad, "triunfalmente", como en los seres solares e inmortales del cielo. Pues bien, esto es lo que en los Yasht se dice, que en la montaña no sólo "crece" la planta del haoma -de los estados "dionisiacos"- sino que la montaña más poderosa, el Ushi-darena, es la sede de la "gloria" aria.
Llegamos al último punto. A la montaña como Walhalla.
La palabra Walhalla (Walhöll) es notoria a través de todas las obras de Ricardo Wagner, en las cuales, no obstante, en muchos puntos se deforman y se "literalizan" los antiguos conceptos nórdico-escandinavos de los Edas, de los que Wagner nutre especialmente su inspiración y que son susceptibles de significados más profundos. Walhalla quería literalmente decir "el palacio de los caidos", del cual Odín era el rey y el jefe. Se trata del concepto de un lugar privilegiado de inmortalidad (aquí, como en las tradiciones helénicas, para los seres vulgares no hay, tras la muerte, más que la existencia oscura y mediocre en el Niflheim, el Ades nórdico), reservado a los nobles y esencialmente a los héroes caídos en el campo de batalla. Casi como el dicho según el cual "la sangre de los héroes esta más cerca de Dios que la tinta de los sabios y las plegarias de los devotos", en estas antiguas tradiciones el culto y el sacrifico más grato a la divinidad máxima -Odin-Wotan o Tiuz- y más fecundo de frutos supramundanos consistía en morir en la guerra. Los caídos por Odín quedaban transformados en sus "hijos" e inmortalizados junto a los reyes divinizados, en el Walhalla, lugar que frecuentemente se asimilaba al Asgard, a la ciudad de los Asen, es decir, de las luminosas naturalezas divinas en perenne lucha contra los Elementarwessen, contra las criaturas tenebrosas de la tierra.
Ahora bien, los mismos conceptos del Walhalla y del Asgard originariamente se presentan en una relación inmediata -de nuevo- con la montaña, hasta el punto que Walhalla aparece como nombre de cumbres suecas y escandinavas y en montes antiguos, como el Helgafell, el Krosshòlar y el Hlidskjalf fue concebida la sede de los héroes y de los príncipes divinizados. El Asgard aparece a menudo en Edda como el Glitmirbjorg, la "montaña resplandeciente" o el Himinbjorg, donde la idea de monte y la de cielo luminoso, de calidad luminosa celeste, se confunden. Queda pues el tema central del Asgard como un monte altísimo, sobre cuya cumbre helada, por encima de las nubes y de las nieves, brilla una claridad eterna.
Así, el "monte" como Walhalla es también el lugar donde prorrumpe tempestuosamente y sobre el cual vuelve a posarse el sedicente Wildes Heer. Aquí se trata de un antiguo concepto popular nórdico, expresado en la forma superior de un ejército mandado por Odín e integrado por los héroes caídos. Según esta tradición, el sacrificio heroico de la sangre (lo que en nuestras tradiciones romanas se llamaba la mors triunphalis, y por la cual el iniciado victorioso sobre la muerte venía asimilado a la figura de los héroes y de los vencedores) sirve también para acrecentar con nuevas fuerzas aquel ejército espiritual irresistible -el Wildes Heer- del cual Odín, dios de las batallas, tiene necesidad para alcanzar un objetivo último y trascendente; para luchar contra el ragna rökkr, es decir, contra el destino del "oscurecimiento" de lo divino que corresponde al mundo de las edades lejanas.
A través de estas tradiciones, unidas en su significado íntimo y no en su forma exterior mitológica, llegamos pues al concepto más elevado del ciclo de los mitos sobre la divinidad de la montaña; y afirmaremos encontrar personalmente, en nuestros recuerdos nostálgicos de la guerra en la alta montaña, casi un eco de esta lejana realidad. Sede del amanecer, del heroísmo, y, si es necesario, de la muerte heroica transfigurante, lugar de un "entusiasmo" que tiende hacia estadios trascendentes, de un ascenso desnudo y de una fuerza solar triunfal opuesta a las fuerzas paralizantes, que oscurecen y bestializan la vida... así resulta ser, pues, la sensación simbólica de la montaña entre los antiguos, cual resulta de un circulo de leyendas y de mitos provistos de grandes caracteres de uniformidad, de los cuales los citados no son más que algunos de los escogidos en una lista muy amplia.
Naturalmente, no se trata de detenerse en reevocaciones anacrónicas... pero tampoco se trata de curiosas búsquedas de una simple erudición histórica.
Detrás del mito y detrás del símbolo condicionado por el tiempo existe un "espíritu", que puede siempre revivir y tomar expresión eficaz en nuevas formas y en nuevas acciones. Esto, precisamente, es lo que importa.
Que el alpinismo no equivalga a profanación de la montaña; que los que, oscuramente empujados por un instinto de superación de las limitaciones que nos ahogan en la vida mecanizada, aburguesada e intelectualizada de las "llanuras", se van hacia lo alto en valeroso esfuerzo físico, en lúcida tensión y en lúcido control de sus fuerzas internas y externas, por sobre las rocas, crestas y paredes en la inminencia del cielo y del abismo, hacia la helada claridad... que los que siempre en mayor medida puedan volver a encenderse hoy y obrar luminosamente según aquellas sensaciones profundas que permanecen en las raíces de las antiguas divinizaciones mitológicas de la montaña: éste es el mejor augurio que puede hacerse a nuestras jóvenes generaciones.

Siete dias de Enero

Siete dias de Enero

Es la película que Juan Antonio Bardem (dirección y guión) consagró a los hechos fatídicos ocurridos el 24 de enero de 1977, por los que resultaron asesinados varios abogados laboristas vinculados al Partido Comunista de España y a Comisiones Obreras. Al suceso se le conoció pronto mediatica y popularmente como la matanza de Atocha. Sin duda, el film es una buena muestra de cine político en el sentido más fuerte; en cuanto cine político partidario, concretamente en cuanto sirve a la lucha política del PCE (el propio Bardem declaró en 2002: «Hice la película porque consideré -y considero-que era mi deber como ciudadano, como cineasta y como comunista»).

Si la materia de la película es inseparable de la dialéctica política de la época, en cuanto a su forma, Bardem añade materiales documentales «reales» a los elaborados de modo ficticio, con lo que pretende proporcionar un mayor realismo a la cinta, una mayor potencia legitimadora y moral. Por ejemplo, incluyendo al final imágenes reales, documentales (no ficticias) procedentes del entierro de los asesinados.

La tesis política que desarrolla cinematográficamente el comunista Bardem coincide con la idea de la «estrategia de la tensión», al modo fascista. Según esto, los hechos de Atocha constituirían una «provocación» fascista destinada a desequilibrar a los grupos de lucha obrera, esencialmente pacíficos. Bardem convierte en realidad cinematográfica esta idea partidaria; los comunistas aparecen como luchadores por la libertad del porvenir, en cambio, los «fascistas» vinculados a una caduca burguesía franquista («la cruzada de liberación no ha terminado todavía»), al clero, a la policía y a la milicia, son retratados sin reparar en gastos retóricos. Se cuestiona incluso la estética, o la misma sexualidad de los «fascistas»; episodios por cierto nada desdeñables, ya que permiten reforzar la impresión de gran decadencia de la «extrema derecha» española. Esta «derecha fascista» actuaría movida por impulsos más etológicos que morales o auténticamente filosóficos, y ello frente al desprendimiento e idealismo de los militantes comunistas. Se subraya, paralelamente, el contraste entre la unidad idealista y el cooperativismo de los comunistas, y el caos de corrupción, desunión y desconfianza que reina entre los «fascistas». Otro elemento a considerar: mientras que los fascistas apelan a la defensa de España, los comunistas lo hacen a la solidaridad de clase, al progreso y la «libertad».

Por supuesto, el partidismo de Bardem tiende a remarcar lo que el recientemente fallecido Jean François Revel llamó la gran «mascarada» de la izquierda. La violencia de la izquierda, que existe accidentalmente, sólo puede ser una violencia legítima, puesto que se ejerce desde la idea de una moralidad superior: la lucha por la emancipación obrera, y de la misma «humanidad». Mientras que la violencia de la derecha, que existe necesesariamente, en virtud de su propia naturaleza, solo puede aparecer como una «provocación» o una especie de regurgitación del instinto animal, de la lucha por la ambición personal, de las bajas pasiones &c.


Cuando Victor Manuel cantaba a Franco

Cuando Victor Manuel cantaba a Franco

Un gran hombre (1966)

Curioso el antifranquismo que profesaban los que van por el mundo repartiendo carnets de demócrata de una manera sectaria y arbitraria mientras quienes ellos llaman fachas pasaron, en esos mismos años, más de un día en en el cuartelillo.

Conmovedor documento* (wma), preciosa canción. Que loas, que sentimiento. Me abrumas, quien te ha visto y quien te ve Víctor..

Voici la chanson:

"Un gran hombre"(1966)

"Españoles, una vez más hago llegar mi voz a vuestros hogares para hablaros de política"
( voz de F. Franco)

"Hay un país que la guerra marcó sin piedad, ese país de cenizas logró resurgir.
Años costó su tributo a la guerra pagar. Hoy consiguió que se admire y respete su paz.
No, no conocí el azote de aquella invasión, vivo feliz en la tierra que aquel levantó.
Gracias le doy al gran hombre que supo alejar esa invasión que la senda venía a cambiar.

Otros vendrán, que el camino no habrán de labrar. El lo labró, a otros les toca sembrar.
Otros vendrán, el camino más limpio hallarán, deben seguir por la senda que aquel nos marcó,
No han de ocultar, hacia el hombre que trajo esta paz, su admiración
Y, por favor, pido siga esta paz."

.

 Mas detalles y puedes escuchar la canción

Ser de izquierdas es lo que actualmente está de moda y los llamados progres, como Víctor Manuel que estuvo presente en el Homenaje al asesino de Paracuellos, Santiago Carrillo, donde el presidente del Gobierno dio a conocer que la estatua ecuestre del Caudillo estaba siendo retirada, algunos de los asistentes acudieron a ver su retirada. Y entre ellos Víctor Manuel, quien dijo: «es una noche inolvidable».

Pero este individuo en sus años mozos, rindió pleitesía al Generalísimo con una canción: «Un gran hombre» (pincha para escucharla). Que él se encargo de retirar y eliminar del mercado.

Ofrecemos la canción para que sea escuchada. La realizó en el año 1966 y publicada por Velter.

Antes de la canción se escucha la voz del Caudillo que dice: 

«Españoles una vez más ha de llegar mí voz a vuestros hogares, para hablar de política».

Y a continuación se escucha la canción de Víctor Manuel: «Un gran hombre». Letra:

Pulsa aquí para descargarte la canción en mp3.


Hay un país
Que la guerra marcó sin piedad,
Ese país
De cenizas logró resurgir,
Años costó
Su tributo a la guerra pagar,
Hoy consiguió
Que se admire y respete su paz.
No, no conocí
El azote de aquella invasión,
Vivo feliz
En la tierra que aquél levantó,
Gracias le doy
Al gran hombre que supo alejar,
Esa invasión
Que la senda venía a cambiar.

Otros vendrán
Que el camino no habrán de labrar,
Él lo labró
A los otros les toca sembrar.

Otros vendrán
Que el camino más limpio hallarán,
Deben seguir
Por la senda que aquél nos marcó,
No han de ocultar
Hacia el hombre que trajo esta paz,
Su admiración,
Y por favor,
Pido, siga esta paz.


Pulsa aquí para descargarte la canción en mp3.

© Generalísimo Francisco Franco. 22 de Marzo de 2.005.-


Ecologia y Judeocristianismo

Ecologia y Judeocristianismo

Joel Sangronis Padró

Para comprender plenamente la problemática ambiental de nuestro tiempo es menester remontarnos a las raíces del modelo cultural dominante en el mundo en que vivimos. Desde hace 500 años la mayor parte de las sociedades humanas coexisten bajo el influjo del modelo mejor conocido como "cultura occidental".

Este modelo cultural -hoy dominante en casi todo el mundo- se nutre fundamentalmente de 2 grandes fuentes: La filosofía griega por una parte y la teología judeocristiana por la otra.

El Judaísmo es la más antigua de las teologías denominadas "Abrahámicas", esto es, las religiones que provienen del pacto que hizo Dios con el patriarca Abrahám; las otras dos son el cristianismo y el islamismo.

Las dos primeras teologías comparten ciertos principios de fe cuya incidencia en el desarrollo del modelo cultural occidental, y por ende en la actual crisis ambiental mundial, es necesario resaltar: El Pecado y la Caída: Según la doctrina del pecado original contenida en el libro del Génesis, todo el mundo cayó bajo el poder del demonio debido al pecado original introducido por el ser humano.

Para el judeocristianismo - cuyo Dios es trascendente, no inmanente: crea y gobierna la naturaleza pero no se identifica con ella- la naturaleza a partir de la caída de Adán y Eva perdió el carácter sagrado que había tenido hasta entonces, (y que aun tiene para muchas otras formas de creencias), pasando a ser la antítesis de lo divino, de lo sagrado: corrompida, pecaminosa y decadente. Aun hoy, muchas congregaciones cristianas utilizan el término mundano, el mundo, es decir, el entorno, como sinónimo de pecado. El texto bíblico en este punto es concluyente: "maldita sea la tierra por tu causa" (Gen 3,17).

Si la tierra, la naturaleza, es un lugar maldito por Dios, un lugar de pecado y corrupción, es lógico comprender que cualquier forma de agresión, ignorancia o irrespeto hacia ella esté mas que justificado.

Al quedar la naturaleza desacralizada ningún acto del hombre en su contra fue considerado como malo o reprochable. Esta posición contrasta con la visión holística y sagrada que la mayoría de nuestros pueblos originarios tienen con su entorno. Hace cerca de diez años caminando en la Sierra de Perijá con un indígena Barí, me sorprendió observar como este le pedía permiso a un árbol antes de proceder a arrancar sus frutos; al inquirirlo sobre el respecto me explicó que, de no hacerlo así, el espíritu del árbol se negaría en posteriores oportunidades a ofrecerle sus frutos y que corría el riesgo de atraer sobre si el enojo del resto de espíritus que habitaban la sierra que era su hogar y la fuente de sustento para él y su gente.

 

De igual forma es interesante notar como uno de los ecosistemas mas respetados y menos intervenidos de Venezuela es la montaña de Sorte en el centroccidental estado de Yaracuy, pues al ser este ecosistema el asiento de la veneración y el culto animista de María Lionza, muy extendido entre la población venezolana, se considera que tanto la floresta como la fauna del lugar están protegidos por la diosa y por ende no pueden ser dañados so pena de atraer la ira de esta.

Es en el judeocristianismo donde se inicia la oposición hombre-naturaleza. Si el hombre de la antigüedad, del que los estoicos en occidente y las religiones y filosofías orientales (Hinduismo, Budismo, Taoísmo) son claros representantes, buscaban acomodar (y aun lo hacen) sus vidas y acciones a los ritmos de la naturaleza, el hombre judeocristiano tratará no sólo de negar y rechazar lo natural, sino de oponerse a ello y aun de destruirlo. Las palabras del Cristo en el nuevo testamento vienen a confirmar esta apreciación (mi reino no es de este mundo Jn 18,36)

Patriarcalismo: (El hombre como centro del mundo). La tradición judeocristiana no solo es antropocentrista (genero humano), sino fundamentalmente androcentrista, es decir, masculina. El hombre, no el género humano, es el punto final de la creación; la mujer vino después como simple objeto de compañía, como una segregación toráxica del primer hombre. Las características femeninas y esencialmente maternas de las divinidades de las sociedades neolíticas, mediterráneas y germánicas en Europa y luego sus pares en América, asociadas al culto de la tierra y de la naturaleza, fueron perseguidas, deslegitimadas y execradas por la misoginia exacerbada del judeocristianismo. Gaia no es sino una de las innumerables diosas madres - genéricamente llamadas Venus en arqueología - que existían en dichas civilizaciones. A la tierra se le han dado innumerables nombres femeninos: África, Europa, Galia, Hispania, Germania, América, Asia, Grecia, Pachamama que revelan la importancia que, para la mayoría de las culturas antiguas, tuvo desde un comienzo el carácter femenino en la relación del ser humano con el entorno en que habitaban.

El judaísmo desde un principio excluyó hasta lo máximo el papel femenino en todo lo relacionado con su relación con la divinidad. No existen diosas ni se acepta la presencia de mujeres en el templo porque de antemano son tachadas de impuras. En contacto con las religiones paganas el cristianismo posteriormente adoptó la presencia femenina: la Virgen María primero y las santas posteriormente, pero asumiéndolas como excepciones a la regla de que todo lo femenino era pecaminoso y corrompido en su esencia.

Antropocentrismo: En el relato genesíaco Dios creó al hombre para que dominara sobre la tierra y sobre todo lo que en ella existiera. De hecho, el dominio sobre la tierra y el resto de los seres vivos no aparece como una simple posibilidad ¡es una orden!: "Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y sojuzgadla" (Gen 1, 28 ).

Posteriormente esta orden se repite y se refuerza a Noé: "Procread y multiplicaos, y llenad la tierra", añadiendo "que os teman y de vosotros se espanten todas las fieras y todas las aves del cielo; todo cuanto sobre la tierra se arrastre y todos los peces del mar los pongo en vuestro poder" (Gen 9, 2).

Como se puede observar, la naturaleza en el judeocristianismo parece haber sido creada única y exclusivamente para uso del hombre, un uso además fundado en la agresión, como puede deducirse de los términos "que os teman y de vosotros se espanten"; sin embargo, el mismo texto bíblico considera al hombre existencialmente inclinado al mal (Gn 8,21; Sal 51), por lo que de antemano la naturaleza queda condenada a ser administrada por un ser con tendencias al mal

Monoteísmo: Estos cultos monoteístas, (un solo Dios), califican de idolatría cualquier acto de adoración que no vaya dirigido a su único Dios, es decir, cualquier forma de veneración o sacralización de los elementos que conforman la naturaleza (bosques, ríos, lagos, animales, manantiales, montañas, etc.) es considerada como un pecado abominable.

La consecuencia del desencantamiento o desacralización de la naturaleza por parte de una de las fuentes de nuestro modelo cultural es que ha permitido asumirla como un objeto de valor mercantil, sujeta a las poderosas fuerzas del mercado, ajena totalmente al mundo espiritual, y por ende, desprotegida y vulnerable.

Uno de los padres de la iglesia católica, Santo Tomás de Aquino, cuya obra fue el puente que unió el pensamiento aristotélico con la teología cristiana expuso lo siguiente: "No preguntará Dios al hombre que trato dio a los animales; no se les juzgará tampoco por su comportamiento frente a la naturaleza, no obtendremos salvación- prosigue el Doctor de Aquino- diciendo al Señor: Es el mundo, gracias a nosotros, mas bello, mas útil, más fructífero".

Por su parte otro icono del pensamiento cristiano-occidental, San Agustín de Hipona acota que: "lo único importante para nuestra salvación es que guíe nuestros actos el amor a la divinidad", por lo que el amor a la naturaleza o al resto de la creación no tiene ningún valor a los ojos de Dios.

Ideología Tribalista de la Elección. La noción de pueblo elegido permitió desde un principio la exclusión y el rechazo de cualquier otra forma de ver y entender el mundo. El judeocristianismo mostró desde muy temprano una abierta hostilidad e intolerancia hacia toda forma de cultura "pagana" esto es, hacia toda cultura que no fuera la propia. Así, la noción de superioridad espiritual fue usada para alentar las guerras "santas", la inquisición, las conquistas y la esclavitud.

Como bien señala el teólogo brasileño Leonardo Boff: "las iglesias fueron cómplices de la mentalidad que condujo a la actual crisis mundial de la biosfera". De igual forma el documento final de la VIII Asamblea del Consejo Ecuménico de Iglesias reunidas en la ciudad australiana de Canberra acotó: "Cuando más insistía la teología en la trascendencia de Dios y su distancia del mundo material, tanto más la tierra era considerada como un simple objeto de explotación humana y como una realidad no espiritual".

 

1

El Frente de la Juventud

El Frente de la Juventud

En 1977, Fuerza Nueva era el principal partido de la “oposición nacional”. A partir de las primeras elecciones democráticas, a pesar de obtener unos modestos resultados, la campaña sirvió para dinamizar interiormente el partido de tal manera que tras el verano de ese año, en septiembre, todas las delegaciones habían salido reforzadas y en algunas la afiliación se realizaba en riada. En aquellas circunstancias, se cometieron errores que luego se pagarían y que derivaban de la proximidad del franquismo y de que en las filas de la “oposición nacional” se concibiera la política tal como se había realizado antes en las estructuras del Movimiento: uniformes, militarización del partido, etc. La imposibilidad de educar políticamente a la riada de militantes que afluía, hizo que la conciencia política fuera sustituida por la disciplina de las estructuras militantes.

    En la práctica, allí donde existían buenos responsables políticos, era posible que estas estructuras militarizadas funcionaran a pleno rendimiento, y allí en donde no se daban estas circunstancias, el remedio fuera peor que la enfermedad. De entre todos los responsables políticos de la época en contacto, tanto con la cúpula del partido como con las bases, destacaban dos afiliados: José de las Heras y Juan Ignacio González Ramírez, el primero como Secretario General del partido y el segundo como responsable del servicio de orden.

    Se vivían momentos excepcionalmente fluidos. El curso 1978-79 fue el año que perdieron, académicamente hablando, la mayoría de estudiantes que militaban en las “fuerzas nacionales”. Se vivía en un estado de movilización permanente: campaña contra el referéndum constitucional, campañas sucesivas contra el terrorismo, campañas por la unidad nacional, manifestaciones por la recuperación de Gibraltar, manifestaciones constantes contra la política de UCD y contra la labor taimada y disolvente del PSOE, mesas de propaganda constantes, movilizaciones militantes para afrontar a los grupos agresivos de izquierda y de extrema-izquierda, provocaciones llegadas de los más distintos ambientes... Un estado de vigilia permanente en la que era difícil concentrarse en los estudios, en el trabajo o en cualquier otra actividad social.

    Pero esta fluidez abarcaba también los cerebros y las ideas. Para algunos militantes de Fuerza Nueva empezaba a parecer claro que el franquismo había muerto y que muy difícilmente las fuerzas que tuvieron protagonismo el 18 de julio de 1936, volverían a tenerlo en el nuevo período creado.

    En Barcelona se produjo la primera ruptura de militantes, creándose el Frente Nacional de la Juventud (FNJ).

    En Madrid, el potencial explosivo interior fue acumulándose hasta producirse la ruptura en 1978 que se llevó a varios cientos de militantes de Fuerza Joven en Madrid, Valladolid y Valencia. Con este núcleo se fueron también José de las Heras y Juan Ignacio González que asumieron la dirección del nuevo grupo: el Frente de la Juventud.

    Todas las escisiones que se han producido en la historia de los partidos políticos han seguido el mismo proceso: inicialmente, el grupo disidente aborda un trabajo político frenético para intentar superar al grupo del que se ha escindido. Cuando el ritmo de trabajo decae, se contempla que, tanto los escindidos como la matriz, han salido debilitados y que no todos los escindidos siguen en actividad, ni la matriz se ha debilitado completamente, reforzada de nuevo por quienes han cubierto las bajas creadas por la escisión.

    Esta situación fue percibida, tanto en Barcelona como en Madrid, a mediados de 1979 y fue uno de los motivos que indujo a la aproximación del Frente Nacional de la Juventud y del Frente de la Juventud y a la subsiguiente integración de los primeros en la estructura de los segundos. Poco después tuvo lugar el Primer Congreso del Frente de la Juventud en el local del Centro Cubano de Madrid, resultando elegida una dirección compuesta por Juan Ignacio González, José de las Heras y Ernesto Milá. A los pocos meses, a finales de junio de 1980, éste último, a raíz de una manifestación ilegal convocada en Barcelona, tuvo que exiliarse, permaneciendo éste en contacto con la dirección del Frente y reuniéndose en varias ocasiones en París con sus representantes.

    En ese momento, lo que el Frente de la Juventud mantenía era una estrategia “revolucionaria”. Se trataba de actuar desde el punto de vista extraparlamentario, pero sin crear fricciones con aquellas otras organizaciones que asumían trabajar políticamente con una vocación parlamentaria. Se trataba de favorecer la formación de un fuerte partido parlamentario similar al MSI, precedido por una vanguardia revolucionaria, similar en Italia al papel que realizaban Ordine Nuevo y Avanguardia Nazionale.

    Sólo más adelante, cuando se evidenció que Fuerza Nueva se encontraba con graves problemas, incluso de ilegalización, por las acciones de algunos elementos irresponsables de sus bases (Caso Yolanda) y cuando se evidenció también que existían provocaciones dirigidas desde el Ministerio de Interior para aislar y culpabilizar a Fuerza Nueva, pareció aconsejable contactar con otros grupos dispersos, para constituirse como partido político. En conversaciones mantenidas en París y Madrid (octubre de 1980), se abordó este plan y se decidió ponerlo en marcha. Pero en ese momento, ya estaba en marcha la “conspiración del 23-F”.

    Determinados medios militares contactaron con el Frente de la Juventud, ofreciéndole participar en la conspiración y en el desencadenante, con un cometido concreto. Sin embargo, entre diciembre de 1980 y los primeros días de enero de 1981, el Frente de la Juventud fue literalmente barrido de la escena política. Primeramente, Ernesto Milá, exiliado en París, fue falsamente responsabilizado de haber participado en el atentado de la rue Copernic en París. Medios de la seguridad del Estado española filtraron a través de sindicatos policiales franceses de izquierda, un dossier sobre Milá, realizados a partir de las confidencias de un abogado barcelonés. Milá, que hasta ese momento había podido moverse fácilmente en Francia, debió extremar sus medidas de seguridad y abandonar el vecino país; pocos días después resultaba asesinado Juan Ignacio González al volver a altas horas de la noche a su domicilio, después de haber estado con los camaradas madrileños del Frente. Tres semanas después, José de las Heras y treinta militantes del Frente de Madrid y Valencia, fueron detenidos en una redada que acabó con ellos en la cárcel, posteriormente se tradujo en pesadas condenas de cárcel y en el exilio de varios. En apenas un mes, el Frente de la Juventud había sido completamente desarticulado y todos los miembros de su dirección habían sido objeto de medidas represivas que iban desde la prisión hasta el asesinato.

    A partir de este momento, se hizo evidente el realismo político: las fuerzas contra las que el Frente de la Juventud intentó reaccionar y construir una alternativa política, eran demasiado fuertes como para poder seguir desafiándolas. Se imponían nuevas vías y, llegados a este punto, cada militante se sintió libre de adoptar la medida que creyó conveniente. En 1983, el Frente de la Juventud, oficialmente, se disolvió, ingresando algunos de sus miembros en el Movimiento Falangista de España y la mayoría sumiéndose en un estado de “reserva activa” en sus domicilios, con sus familias, a fin de reestructurar sus vidas tras cinco años de actividad frenética.

    Del Frente de la Juventud, quedaron más de una cincuentena de militantes represaliados y condenados a distintas penas de cárcel, una docena de exiliados, algunos de los cuales tuvieron que sufrir represión, encarcelamiento y tortura en países sudamericanos y el recuerdo de nuestro camarada asesinado Juan Ignacio González, el primero entre todos nosotros al que, quienes lo conocimos, apreciamos desde el primer momento.

    Podemos decir que, personalmente, hemos conocido a dirigentes políticos y “dirigentillos”; los primeros tienen unas cualidades que los hacen diferentes al resto de la militancia: no dudan, saben lo que hay que hacer, unen la discreción a la movilidad, son inaprensibles, miran directamente a los ojos y siempre tienen la energía interior y la fuerza suficiente como para imponerse a los demás, sacar de todos los militantes el máximo de energías y ser los primeros en las movilizaciones. Juan Ignacio González era de estos. Tenía una sensibilidad particular para la acción política y una discreción notable para moverse en ambientes difícil sino peligrosos.

    Los enemigos del Frente de la Juventud repetían la cantinela incesante de que “éramos una escisión generada por Presidencia del Gobierno”. Era completamente falso. Nadie más que la propia dinámica de aquella época, el activismo que se vivía, el radicalismo de las ideas y de la misma situación política, hizo posible la existencia del Frente de la Juventud. Nadie nos “teledirigió”, nadie nos “controló”, nadie “nos financió”, nadie… y la prueba es que, de entre todas las organizaciones juveniles y políticas que surgieron en la transición, ninguna pagó un tributo tan alto de exilio, cárcel, sangre y muerte, como el Frente de la Juventud. Esto es ya de por sí elocuente y dice mucho de la fidelidad a sus ideales de quien fue nuestro jefe político, nuestro organizador, nuestro camarada y nuestro amigo: Juan Ignacio González, de cuyo asesinato, este año 2005, se cumple el veinticinco aniversario.

    Algunos no olvidamos ni tenemos necesidad de olvidar lo que hicimos cuando éramos jóvenes y teníamos un ideal para vivir y una aventura que realizar. Nuestro ideal fue el patriotismo y nuestra aventura tuvo un nombre: Frente de la Juventud. Juan Ignacio se quemó en este ideal. Nosotros, que lo compartimos con él, estamos obligados a recordarlo en este 25º aniversario de su asesinato y a exigir que se esclarezca, de una vez y para siempre, quién fue el autor material y el inspirador intelectual de su asesinato.

Para conocer mejor la historia del Frente de la Juventud y la figura de su secretario general asesinado por el sistema hace 25 años es imprescindible visitar la web Juan Ignacio ¡¡ JUSTICIA!! lugar en donde hemos extraido este artículo.