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La memoria de la Otra Europa

Céline, el profeta de la decadencia

Céline, el profeta de la decadencia

Rencorosos, dóciles, violados, robados, con las tripas fuera y siempre jodidos (...) Hemos nacidos fieles y así morimos». El autor de esta frase es un médico, físico y viajero francés a quien nadie conoce por su verdadero apellido: Destouches. En cambio, los ambientes literarios 

y culturales de todo el mundo reconocen su talento magistral como escritor bajo el nombre que eligió para entrar -sin saberlo, entonces- por la puerta grande de la literatura: Louis Ferdinand Céline (1884-1961). La frase citada pertenece, precisamente, a la obra que lo consagró internacionalmente: Viaje al fin de la noche.

Céline sucumbió, junto con un grupo de jóvenes y talentosos intelectuales franceses, a lo que Benito Mussolini llamó «la tentación fascista», en el período que va de la Primera a la Segunda Guerra mundiales. Este «pecado», con variantes, también se dio en Bélgica, Holanda, Noruega, Finlandia, Croacia, Polonia y Hungría. Ninguno de estos países, sin embargo, contó con una congregación de autores tan brillante, trágica y malograda como la de Francia. Entre sus principales exponentes figuran, entre otros, Pierre Drieu la Rochelle y Robert Brasillach. A todos ellos se les aplicó, según los casos, la ley del «encierro, destierro o entierro»; todos ellos recibieron el despectivo apodo de colabos, es decir «colaboracionistas» con el enemigo.

Una intelectual italiana antifascista y feminista, María Antonietta Machiochi, define a Céline como «el más genial de los escritores nazifascistas». A muchos historiadores, literatos y críticos les resulta muy difícil digerir esta doble realidad que incluye el reconocimiento a su genialidad como escritor y su identidad «políticamente incorrecta». Y, por si fuera poco, hay que agregar una faceta más: su rabioso antijudaísmo.

«Uno de los gigantes de nuestra época»

Lo cierto es que no existe polémica acerca de su talento. Casi todos los prólogos a sus obras incluyen -junto con el repudio a su elección ideológica- las alabanzas al estilo literario: «escritura hablada», «anárquica expresividad», «grafía desquiciada». Entre las etiquetas también hay que incluir «absoluto cinismo», «pesimismo radical», «nihilismo deslumbrante». Sus admiradores políticos, incluso, lo llaman «el profeta de la decadencia europea»... Y se podría continuar.

Uno de sus adversarios políticos, Jean Paul Sartre, quien antes de convertirse en filósofo existencialista había sido simpatizante comunista, escribe en 1946: «Tal vez Céline sea el único que permanezca de todos nosotros». Etienne Lalou, novelista, cronista de L’Express y productor de radio y televisión, dice: «Céline ha restituido al francés hablado sus títulos de nobleza y, sin él, una parte de la literatura moderna no sería lo que es». Lalou, un creador distante del nazismo y el fascismo, lo llama «uno de los gigantes de nuestra época».

Céline es voluntario en la Primera Guerra Mundial, de la que regresa con el 75 por ciento de su cuerpo mutilado. Al terminar el conflicto, comienza a estudiar medicina. Egresa en 1924, con una tesis sobre el médico húngaro Felipe Ignacio Semmelweis (1818-1865), a quien un colega contemporáneo definió como «un poeta de la bondad». Esa tesis se convertirá en 1937 en Semmelweis, una bella biografía sobre el investigador que luchó contra la fiebre puerperal hasta el último día de su vida. En la nota preliminar de este libro, el novelista español Juan García Hortelano (1928-1992) escribe:

«La agresividad, componente indispensable de la obra maestra, alcanza en Céline al universo entero y verdadero. En el caos, el asesinato, la injusticia, el terror y la debilidad juegan la partida; el que pueda envidar, gana; sólo perderán los débiles, para quienes la opción se limita a la fuga o la muerte. Céline, en absoluto partidario del suicidio, es el primer escapista que, refractario a la mentira, no huye. Tampoco se apiada (...). Destruye el mundo, minuciosamente (...), con el arma que supo manejar. Céline es un lenguaje nuevo. Del francés hablado, mal hablado, destiló un sistema de ruptura de la lengua, en el que reside toda su gloria».

Novela «irreductible y salvaje»

Recién recibido de médico, Céline se alista en la marina. De 1924 a 1928 integra misiones de la Sociedad de Naciones (antecesora de la ONU) en África y Estados Unidos. Por su cuenta, visita la Unión Soviética. Al regreso a Francia, trabaja en una clínica estatal en Clichy, un suburbio al norte de París, donde prácticamente sólo atiende a pobres. En 1940, se presenta nuevamente al ejército como voluntario pero es rechazado por las secuelas de sus heridas anteriores.

Su obra incluye los siguientes títulos: Viaje al fin de la noche (1932), Muerte a crédito (1936), Mea Culpa (publicado luego de su regreso de la Unión Soviética, 1936), Bagatelles pour un massacre (1937), L'école des cadavres (1938), Les Beaux Draps (1941), Guignol's Band (1943), Casse Pipe (1949), Feerie pour une autre fois (1952), De un castillo a otro (1957), Norte (1960) y Rigodon, publicada después de su muerte.

Con Viaje al fin de la noche gana el premio Renaudout. Ferdinand Bardamu, el protagonista de la novela, es un héroe desilusionado y castigado que vive experiencias extremas, siempre al borde del abismo: herido en la Primera Guerra, enamorado de una prostituta sin futuro, víctima de un trabajo embrutecedor en las colonias francesas en África, perseguidor del «sueño americano» -que no se parece al del publicitado mito- y de nuevo en Francia como médico rural de campesinos miserables.

Las reflexiones de Viaje al fin de la noche sobre la condición humana son amargas. Robert Saladrigas escribe en «Céline, el recluso de Dinamarca» (La Vanguardia, Cataluña, 24 de julio de 2002): «Novela única, irreductible, salvaje; un sólido monumento literario contra el que nada han podido el tiempo, los tifones de la historia ni la aberrante ideología de quien la escribió con un talento que desborda cualquier esquema en el que se pretenda encajarla. Es difícil no pensar en una poderosísima creación de la naturaleza que resulta literalmente abrumadora». En Viaje al fin de la noche se lee:

«Los hombres se aferran a sus cochinos recuerdos, a todas sus desgracias, y no se les puede sacar de ahí. Con eso ocupan el alma. Se vengan de la injusticia de su presente revolviendo en su interior la mierda del porvenir. Justos y cobardes que son todos, en el fondo. Es su naturaleza. (...) Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amarlos es porque van a convertirlos en carne de cañón».

Antisemitismo instintivo, anarquismo rabioso

En Bagatelles pour un massacre, Céline afirma que «Francia es una colonia del poder internacional judío» y dice que le gustaría aliarse con Hitler. «Él no ha dicho nada contra los bretones o los flamencos. Nada de nada. Sólo se ha referido a los judíos, porque no le gustan los judíos. Tampoco a mí». Luego agrega: «Digo con toda franqueza lo que pienso: preferiría tener una docena de Hitlers que un Blum omnipotente. Al menos, puedo entender a Hitler».

[León Blum (1872-1950), dirigente del Partido Socialista Francés, fue miembro de la cámara de representantes desde 1919 hasta 1928 y desde 1929 hasta 1940. En los años 30 integró el Frente Popular, una coalición de partidos izquierdistas que obtuvo la mayoría en la cámara en 1936. Blum accedió al cargo de primer ministro y adoptó una política de no intervención ante la explosiva situación europea pero, contradictoriamente, aumentó el presupuesto armamentista. A mediados de 1937, solicitó poderes extraordinarios pero les fueron denegados por el Senado y dimitió. En marzo de 1938, durante otra crisis de gobierno se le pidió nuevamente que ocupara el cargo de primer ministro y presidió una segunda legislatura que sólo duró un mes].

Robert Brasillach comenta acerca de Bagatelles pour un massacre: «El antisemitismo instintivo halló su profeta en Louis Ferdinand Céline». La cuestión reaparece en L'Ecole des cadavres: «Personalmente encuentro a Hitler o a Mussolini, admirablemente magnánimos, infinitamente más a mi gusto, destacados pacifistas, en una palabra, dignos de 250 premios Nobel», escribe Céline. Y asegura: «Quien más ha hecho en favor de los obreros no ha sido Stalin, sino Hitler».

En Les Beaux Draps critica a la burguesía, impulsa medidas sociales, propone un salario único. Recomienda nacionalizar los bancos, la produccion minera, los ferrocarriles, las compañías de seguros y los grandes almacenes, así como la industria pesada en general. El libro es tan virulento que el propio régimen colaboracionista de Vichy, pro nazi, no lo tolera y prohíbe la distribución. La crítica a la burguesía es una característica de toda su obra; por ese motivo muchos izquierdistas lo leen y, en cierta forma, lo admiran. Otros, lo consideran, en el fondo, más anarquista que fascista.

Un destino trágico

Después de la caída del régimen de Vichy, la vida de Céline será una sucesión de sufrimientos que parecen copiados de sus propias novelas. Y parece confirmarse que la vida imita al arte hasta en sus aspectos más desgarradores.

Radio Londres, portavoz de la Resistencia Francesa, ofrece una recompensa por su captura, vivo o muerto. En 1944, Céline se retira de Francia junto con las tropas alemanas. Hace una escala en Alemania, donde paradójicamente sus libros están prohibidos. De ahí, busca refugio en la neutral Dinamarca. El Consejo Nacional de los Escritores, vinculado con la Resistencia, divulga una «lista negra» con doce autores colaboracionistas; él, desde luego, es uno de ellos. Entre los escritores denunciantes se encuentran muchos envidiosos del talento del «profeta de la decadencia», que no pueden tolerar el éxito de Viaje al fin de la noche.

En septiembre de 1945, un juez le dicta orden de arresto por «traición a la patria». Poco después, una denuncia anónima informa a la embajada francesa en Copenhague que el fugitivo se encuentra en esa ciudad. El 17 de diciembre de 1945, Céline es encarcelado. El novelista permanecerá en una celda de la severa prisión de Vestre Faengsel durante 16 agónicos meses. Entre otros vejámenes, sus carceleros lo mantienen sin calefacción en pleno invierno danés. Hay que tomar en cuenta que había quedado mutilado después de la Primera Guerra; además, estaba enfermo y se le agravaron sus dolencias hasta límites insoportables: enteritis, pelagra y reumatismo. Céline sale en libertad el 24 de junio de 1947, sin cargos, con 40 kilos menos.

El juicio al escritor «maldito» se lleva a cabo el 21 de febrero de 1950, en París, en ausencia de acusado y de un abogado defensor; lo condenan a un año de prisión, pena inferior a la cumplida con carácter preventivo en Dinamarca. Puede regresar a Francia recién el primero de julio de 1951. A seis años de terminada la guerra, toda su obra ha sido destruida.

Pretexto para «una partida de caza»

Céline se establece con su mujer y decenas de gatos y perros en Meudon, cerca de París. En 1953 abre un consultorio médico para atender a personas sin recursos. Se hace imprimir tarjetas de presentación en las que se lee: «Louis Ferdinand Céline - Ave del paraíso». Recibe siete u ocho cartas diarias con insultos y amenazas; y otras tantas llenas de admiración y elogios. Unas y otras lo tienen sin cuidado. Escribe: «Anarquista soy, he sido, sigo siendo. ¡Y me traen sin cuidado las opiniones!»

Poco a poco, Céline recupera el prestigio literario que, a pesar de todo, le pertenece. Pero el sistema se lo devuelve a regañadientes, haciendo constar siempre que había sido -y continuaba siendo- un «maldito». En 1953, la editorial Gallimard edita nuevamente sus libros. De la larga lista de sus obras, cuatro continúan prohibidas a casi medio siglo de haber sido escritas: Bagatelles pour un massacre, L'école des cadavres, Les Beaux Draps y Mea Culpa. Y esto en Francia, país que se reconoce a sí mismo como cuna del liberalismo, precursor de la moderna democracia, practicante del lema Igualdad, fraternidad, solidaridad.

El marginado vuelve a escribir. Relata sus experiencias durante el exilio en De un castillo a otro (1957), Norte (1960) y Rigodon, publicada póstumamente. En 2002 se divulgan sus Cartas de la cárcel. Son casi 200 mensajes originalmente escritos en el áspero papel de baño carcelario, recopilados por su biógrafo François Gibault. «Sufro mi destino. No sé de qué crímenes soy culpable. Pero esta incertidumbre puede durar -me temo- años», dice Céline en una de sus cartas. Y en otra: «Es duro tener un mundo entero de odio contra uno».

En el prefacio, Gibault explica que Céline «sabía lo que había escrito antes de la guerra y por qué lo había escrito». Pero cuando se descubrió el genocidio judío «aquellos panfletos adquirían un cariz trágico que nadie había descubierto ni denunciado en el momento de su publicación, mientras que él mismo aparecía como un asesino». Sus escritos, elaborados para evitar la guerra, «pero con las exageraciones sin las cuales Céline no habría sido el que era y que aparecían a la luz de los acontecimientos como incitaciones a la matanza, servían de pretexto, pese haber sido escritos antes del genocidio, para una partida de caza en la que el objetivo era él».

Carlos Manzano, traductor de Cartas de la cárcel -y de la mayoría los libros de Céline en español- respalda las afirmaciones de François Gibault: «El sentía desprecio por los alemanes, nunca fue colaborador de los nazis. Siempre lo negó y nunca se pudo demostrar nada; después, cuando volvió a Francia, se encerró y nunca quiso hablar con la prensa ni con nadie».

«En este mundo vil, nada es gratuito»

En mayo de 2002, el primer manuscrito de Viaje al fondo de la noche fue subastado en París por casi un millón 800 mil dólares. Las 876 páginas del original -llenas de tachaduras y correcciones- quedaron en Francia ya que la Biblioteca Nacional interpuso su derecho prioritario para que el texto no salga del país. Para los especialistas, el hallazgo del texto tiene un valor inestimable, ya que permite comprender los mecanismos mediante los cuales se construyó una de las obras más importantes y sombrías del siglo XX. Durante más de 40 años, el original fue motivo de las más increíbles versiones: se decía que fue perdido, recuperado y quemado por Céline; también que estaba oculto en Argentina, en manos de nazis refugiados.

La suma que se pagó por el histórico escrito de Céline superó el monto en que fue subastado, en 1988 por la casa Sotheby’s, el manuscrito de El proceso, de Franz Kafka: un millón y medio de dólares. El texto del primer tomo de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, otro clásico, fue rematado en 2001 por Christie’s en poco más de un millón de dólares.

Dejemos algunas reflexiones finales por cuenta de Andreu Navarra Ordoño, autor de «Céline: el hombre enfadado» (revista Babab Nº 11, Madrid, enero de 2002), quien define a Viaje al fondo de la noche como «una de las más feroces sátiras contra la civilización occidental». El escritor español se pregunta: «¿Es injustificado desentenderse del mundo cuando éste se ha convertido en una estafa universal, en algo así como una trampa a gran escala? ¿Cómo no hubiera podido enfadarse ante semejante espectáculo? ¿Niega Céline alguna vez las acusaciones de que fue objeto? En absoluto. Sí nos ofrece sus reflexiones, nunca alegaciones».

Céline falleció en Meudon en 1961, a los 77 años. En algún momento de su vida, escribió: «En este mundo vil, nada es gratuito. Todo se expía: el bien, como el mal, se paga tarde o temprano. El bien mucho más caro, lógicamente».

Giselle Dexter es historiadora uruguaya residente en Estados Unidos y 
Roberto Bardini es periodista argentino radicado en México

Legionarismo ascético: Julius Evola

Legionarismo ascético: Julius Evola

En 1938 dos figuras fundamentales del nacionalismo contemporaneo, el escritor italiano Julius Evola y el lider rumano Corneliu Zelea Codreanu, se entrevistaron por primera y única vez. Codreanu era uno de los lideres indiscutidos de la juventud de su país y ya estaba marcado para la muerte. Evola era todavía un joven escritor que no había comenzado la parte más importante de su obra.

Rapidamente nuestro auto deja tras de sí esa cosa curiosa que es el centro de Bucarest: un conjunto de pequeños rascacielos con fachadas y negocios de un estilo entre el parisino y el americano, sin más elemento exótico que los frecuentes sombreros de astrakan de los policías y los burgueses. Alcanzamos la estación del Norte, tomamos una polvorienta ruta provincial, bordeada de pequeños edificios del tipo de los antigua Viena, que nos lleva a un edificio casi aislado entre los campos: es la Casa Verde, residencia del Jefe de los Guardias de Hierro rumanos. La hemos construido con nuestras propias manos, nos dicen con un cierto orgullo los legionarios que nos acompañan. Intelectuales y artesanos se han asociado para construir la residencia de su jefe, casi con el sentido de un simbolo y un rito. El estilo de la construcción es rumano: a ambos lados se prolonga con una especie de portico, hasta el punto de dar la impresión de un claustro. Entramos, subimos al primer piso. Viene a nuestro encuentro un hombre joven, alto y atrevido, vestido deportivamente, con un rostro abierto que da inmediatamente una impresión de nobleza, fuerza y lealtad. Es Corneliu Codreanu, jefe de la Guardia de Hierro. Su tipo es especificamente ario-romano: parece una reaparición del antiguo mundo ario-itálico. Mientrás sus ojos gris azulados exprimen la dureza y la fria voluntad propias de los Jefes, hay, simultaneamente, en el conjunto de la expresión, una nota particular de idealismo, de interioridad, de fuerza, de comprensión humana. Incluso su forma de conversar es caracteristica: antes de responder, parece absorverse en si mismo, alejarse, después, subitamente, comienza a hablar, exprimiendose con una precisión casí geometrica, de frases bien articuladas y orgánicas. "Después de toda una falange de periodistas, de todas las naciones y colores, que no saben interrogarme sobre nada más que lo ligado a la política más contingente, es la primera vez, y lo noto con satisfacción" dice Codreanu "que viene a mi casa alguien que se interesa, ante todo, por el alma, el nucleo espiritual de mi movimiento. He encontrado una formula para contentar a esos periodistas y decirles un poco más que nada: nacionalismo contructivo" "El hombre se compone de un organismo, es decir de una forma organizada, después de fuerzas itales, después del alma. Podemos decir lo mismo de un pueblo. Y la construcción nacional de un Estado, aunque retome naturalmente esos tres elementos, puede ser afectada, sin embargo, y por razones de cualificación diversa y de una herencia diferente, por los cambios de esos elementos" "Creo que en el movimiento fascista predomina el elemento Estatal, que corresponde a el de la forma oganizada. Aquí habla la potencia formadora de la Roma antigua, amante del derecho y de la organización política, de la que el italiano es el más puro heredero. En el nacional socialismo es por el contrario puesto en relieve lo que está en contacto con las fuerzas vitales: la raza, el intinto racial, el elemento etnico-social. En el movimiento legionario rumano, el acento está puesto sobre todo sobre lo que, en un organismo, se corresponde al alma: sobre el aspecto espiritual y religioso" "De ahí viene el caracter de los diferentes movimientos nacionales, mientrás que al final comprendan los tres elementos y no dejen a un lado ninguno. El caracter especifico de nuestro movimiento nos viene de una larga herencia. Y Herodoto llamaba a nuestros padres Los Dacios Inmortales. Nuestros antepasados Géto-tracios tenían fe, antes incluso que el cristianismo, en la inmortalidad y la indestructibilidad del alma, lo que prueba su orientación hacia la espiritualidad. La colonización romana añadio a ese elemento del espíritu romano de la organización y la forma. Todos los siglos siguientes han desagregado a nuestro pueblo y lo han hecho miserable: pero como un caballo enfermo y frustrado se puede reconocer también en el pueblo rumano de ayer y de hoy los elementos latentes de esa doble herencia" "Y es esa herencia la que el movimiento legionario quiere despertar" Continua Codreanu. Partiendo del espíritu, quiere crear un hombre espritualmente nuevo. "Una vez realizada esa tarea como movimiento, el despertar de la segunda herencia nos espera, es decir el de la fuerza romana política formadora. Así, el espíritu y la religión son para nosotros el punto de partida, el nacionalismo constructivo es el punto de llegada, una simple consecuencia. La ética simultaneamente ascética y heroica de la Guardia de Hierro consiste en reunir uno y otro punto"

Le preguntamos a Codreanu cual es la relación entre la espiritualidad de su movimiento con la religión cristiana ortodoxa. He aquí su respuesta."En general tendemos a vivificar bajo la forma de una consciencia nacional y de una experiencia vivida lo que, en esta religión, demasiado a menudo, se ha momificado y transformado en el tradicionalismo de un clero soñoliento. Además, nos encontramos en condiciones favorables por el hecho de que es extraño a nuestra religión, articulada nacionalmente, el dualismo entre fe y política y que esta puede darnos los elementos éticos y espirituales sin imponerse sin embargo como una entidad política. De nuestra religión, el movimiento de los Guardias de Hierro retoma una idea fundamental: el de la ecumenidicad. Esto es la superación positiva de todo internacionalismo y de todo universalismo abstracto y racionalista. La idea ecumenica es la de una societas como unidad de vida, como un organismo vivo, como un vivir juntos no sólo con nuestro pueblo, sino también con nuestros muertos y con Dios. La actualización de una idea parecida bajo la forma de una experiencia afectiva está en el centro de nuestro movimiento político, partido, cultura, etc, y no son para nosotros sino consecuencias y derivaciones. Debemos revivificar esta realidad central, y renovar a traves de esa vida al hombre rumano, para actuar inmediatamente y contruir también la nación y el Estado. Para nosotros, un punto particular es que la presencia de los muertos de la nación no es abstracta, sino real: de nuestros muertos y sobre todos de nuestros héroes. No podemos separarnos de ellos; como de las fuerzas liberadas de la condición humana, penetran y sostienen nuestra vida más elevada. Los legionarios se reunen periodicamente en pequeños grupos, llamados nidos. Esas reuniones siguen ritos especiales. El que abre cada reunión es la llamada a todos nuestros camaradas caidos, al que los participantes responden con un ¡Presente!. Pero esto no es para nosotros una simple ceremonia y una alegoría, sino por el contrario una evocación real"

Distinguimos el individuo, la nación y la espiritualidad trascendente, continua Codreanu, "y en la vocación heroica nos consideramos lo que lleva de unos a otro de esos elementos, hasta una unidad superior. Negamos bajo todas sus formas el principio de la utilidad bruta y materialista: no sólo sobre el plano del individuo, sino también en el plano nacional. Más allá de la Nacion, reconocemos principios eternos e inmutables, en nombre de los cuales debemos estar prestos para combatir para morir y a los que debemos subordinar todo, al menos con la misma decisión con que tomamos nuestro derecho a vivir y defender nuestra vida. La verdad y el honor son, por ejemplo, principios metafisicos, que podemos por encima de nuestra misma nación.

Hemos aprendido que el caracter ascético del movimiento de los Guardias de Hierro no es generico, sino también concreto y por decirlo así practicado. Por ejemplo, está en vigor la regla del ayuno: tres días cada semana cerca de 800 - 1000 hombres aproximadamente practican el denominado ayuno negro. Es decir la abstinencia de todo tipo de alimento, bebida y tabaco. De la misma manera, el rezo tiene una parte importante en el movimiento. Además, para el cuerpo de asalto especial que lleva el nombre de los dos jefes legionarios caidos en España, Motza y Marin (1), está en vigor la regla del celibato. Le pedimos a Codreanu que nos indique el sentido preciso de todo eso. Parece concentrarse un momento, después responde:"Hay dos aspectos, para la clarificación de los que hace falta tener presente al espiritu del dualismo del ser humano, compuesto del elemento material naturalista y de un elemento espiritual. Cuando el primero domina al segundo, es el infierno. Todo el equilibrio entre los dos es algo precario y contingente. Sólo la dominación absoluta del espíritu sobre el cuerpo es la condición normal y la premisa de toda autentica fuerza, de todo heroismo verdadero. El ayuno es practicado por nosotros porque favorece esa condición, debilita las ataduras corporales, anima a la autoliberación y la autoafirmación de la voluntad pura. Y cuando a eso se añade el rezo, pedimos que las fuerzas de lo alto se unan a las nuestras y nos apoyen invisiblemente. Lo que nos conduce al segundo aspecto: es una superstición pensar que en cada combate sólo las fuerzas materiales y simplemente humanas son decisivas; entran en juego por el contrario las fuerzas invisibles, espirituales, al menos tan eficaces como las primeras. Somos conscientes de la positividad y la importancia de esas fuerzas. Es por eso que damos al movimiento legionario un caracter ascéico preciso. En las antiguas ordenes caballerescas también estaba de vigor el principio de la castidad. Tengo que decir que entre nosotros se restringe al Cuerpo de Asalto, en base de una justificación práctica, es decir que para el que debe consagrarse enteramente a la lucha y no debe de tener la muerte, es bueno no tener impedimentos familiares. Por lo demás, se permanece en ése cuerpo sólo hasta cumplir los treinta años. Pero, en todo caso, permanece siempre una cuestión de principio: están de un lado los que no conocen sino la vida y que en consecuencia no buscan sino la prosperidad, la riqueza, el bien estar, la opulencia; en el otro lado estan los que aspiran a algo más de la vida, a la gloria y a la victoria en una lucha tanto interior como exterior. Los Guardias de Hierro pertenecen a esta segunda categoria. Y su ascetismo guerrero se completa por una última norma: por el voto de pobreza al que se atiene la élite de los jefes del movimiento, por los preceptos de renunciación al lujo, a las diversiones de mal gusto, a los pasatiempos llamados mundanos, en suma por la invitación a un verdadero cambio de vida que hacemos a cada legionario.


(1) El autor se refiere a Ion Motza y Vasile Marin, dos lideres legionarios muertos en combate durante la guerra civil española cerca de Majadahonda.


UNOS APUNTES PARA LA HISTORIA

El 24 de junio de 1927, Corneliu Zelea Codreanu, junto a un pequeño grupo de camaradas ya probados por el combate, fundaron la Legión del Arcangel San Gabriel. En todas sus escritos, Codreanu, conocido por todos los rumanos como El Capitán se referió a la Legión con ese nombre aunque la prensa pronto le aplicaría el nombre de Guardia de Hierro. "Aquellos cuya fe en Dios y la Legión carecen de limites deben entrar a sus filas. Aquellos que tienen alguna duda deben permanecer fuera de las mismas"

En un mundo materialista Codreanu basó su movimiento en los siguientes principios.


FE EN DIOS

Corneliu Codreanu tenía la firme convicción de que la política no debía ser separada de la religión. Sólo hombres que respetan el Orden Divino pueden llegar a ser verdaderos patriotas.


IDENTIDAD NACIONAL

Corneliu Codreanu creía que las naciones son creaciones divinas y no meros productos de la historia y la geografía. También creía que cada nación tiene una misión que cumplir en el mundo. Sólo naciones que traicionan su misión divina desaparecen de la cara de la tierra.


EL HOMBRE. UNA CREACION DIVINA

El hombre es el portador de valores superiores que transcienden su existencia particular. Así, siendo una creación divina, sus valores preceden todas las necesidades materiales. Para la realización de esos valores, el individuo debe sacrificarse y combatir a lo largo de su vida.

Entre estos principios existe un orden jerarquico. El individuo debe coordinarse con su nación, y, a su vez, la Nación debe subordinarse a Dios y Sus divinas leyes.

La Legión del Arcangel San Gabriel representan un movimiento nacionalista cuyo fin era cambiar al individuo y crear un nuevo estado de mente para la nación. El Movimiento no era un partido político. Sin embargo el movimiento participó en la arena política en Rumania con un partido conocido como Todo por la Patria (Totul Pentru Tara). En las elecciones de 1937 ese partido tuvo magnificos resultados.

Con la ayuda de los lideres políticos y la judeo-masoneria, el Rey Carol II abolió la constitución y asumió poderes dictatoriales. El primer acto de supresión del nuevo dictador fue la disolución de todos los partidos políticos. Ese fue el comienzo de la más brutal persecución del Movimiento Legionario. En esos tiempos., Codreanu y todos los lideres del movimiento fueron arrestados y encarcelados en campos de concentración y prisiones.

Después de tranquilizar a Hitler y habiendo obtenido su seguridad de interferencia en sus asuntos internos, Carol II ordenó el asesinato de Codreanu. En la noche del 29 al 30 de noviembre de 1938, Codreanu y trece legionarios fueron estrangulados.

De 1938 a 1940 las prisiones rumanas se llenaron de legionarios. La mayor parte de los lideres del Movimiento Legionario murieron durante ese periodo de tiempo.

De 1938 a 1940: El Movimiento Legionario cambió varias veces de dirección.

El 3 de septiembre de 1940, Horia Sima, el nuevo lider del Movimiento, triunfó en el derrocamiento de Carol II. Después de la caida del rey, Horia Sima fue aceptado como lider del Movimiento. En el nuevo gobierno rumano tomó el puesto de Vicepresidente.

En enero de 1941 el General Antonescu asumió la dictadura militar y lanzó una nueva persecución contra el Movimiento Legionario. Horia Sima y otros cuatrocientos legionarios se refugiaron en Alemania. Como refugiados políticos. Más tarde fueron internados a petición del gobernante rumano en los campos de concentración de Buchenwald, Dachau y Oranienburg, separados de la población general, donde trabajaron en la fabricación de armamentos.

EL 23 de agosto de 1944, el Rey Miguel, con la ayuda de los lideres de distintos partidos políticos, arrestó al General Antonescu y traicionó su alianza con Alemania. El ejército rumano entró en guerra contra Alemania.

El 26 de agosto de 1944 Horia Sima formó el Gobierno Nacional Rumano y se transformó en Presidente del mismo, con sede en Viena. El Movimiento Legionario en el Exilio, bajo el liderazgo de Horia Sima, continuó la lucha contra el comunismo.

Drieu la Rochelle: No se es víctima cuando se es héroe

Drieu la Rochelle: No se es víctima cuando se es héroe

Yo era débil, profundamente débil. Hijo de pequeños burgueses atemorizados, pusilánimes. En mi infancia soñaba con una vida sosegada, confinada. He tenido siempre miedo de todo”, narra Pierre Drieu la Rochelle, nacido en 1893.

Novelista, cuentista, poeta, ensayista y crítico, está convencido de que “hay una inmensa burguesía que lo absorbe todo y que engulle a los aristócratas, los campesinos, los obreros: la burguesía, instrumento de la democracia, ese inmenso pantano pútrido fuera del cual ya no se encuentra nada”. Y también considera: “La extrema civilización engendra la extrema barbarie”.

El joven que tenía “miedo de todo”, combate con valor en la Primera Guerra Mundial; así lo demuestran sus heridas y condecoraciones. Al regresar de ese frente de batalla descrito magistralmente –desde distintas perspectivas– por su compatriota Louis Ferninand Céline en Viaje al fin de la noche y por el alemán Ernst Jünger en Tempestades de acero, Drieu la Rochelle se acerca a la Acción Francesa. Pero a diferencia de la mayor parte de los intelectuales fascistas franceses, él sólo tiene esporádicos contactos con el grupo de Charles Maurras. Prefiere las relaciones con artistas surrealistas y simpatizantes del comunismo, como Louis Aragón y André Breton. Y a pesar de su declarado racismo, muchos de sus amigos son judíos a los que protege.

Entre sus primeros ensayos políticos se cuentan El joven europeo (1927), Ginebra o Moscú (1928), Europa contra las patrias (1931) y Socialismo fascista (1934). Sus creaciones literarias incluyen El hombre cubierto de mujeres, Gilles, Estado civil, Agente doble, Diario de un hombre engañado, El hombre a caballo, Una mujer en la ventana, Relato secreto, El fuego fatuo y Exordio, además de Memorias de Dirk Raspe y Diarios, que no alcanzó a terminar.

En uno de aquellos enfrentamientos de trinchera a trinchera, Drieu intercambió balazos con Jünger, entonces joven teniente alemán, muchas más veces herido y condecorado. Ambos se enterarán del episodio después y reconstruirán el hecho, en conversación de caballeros en París, en tiempos de ocupación militar y colaboracionismo civil. Durante la Segunda Guerra, Jünger vestirá nuevamente uniforme, esta vez con el grado de oficial superior. Aplacados sus ímpetus guerreros, el autor de Tempestades de acero preferirá –antes que aburridas reuniones con sus rígidos camaradas de armas– las cultas tertulias en las que se charla de historia, literatura y poesía. Drieu la Rochelle, Luis Ferdinand Céline y Robert Brasillach serán sus interlocutores preferidos.

La “distracción de Madame Ocampo”

Drieu relata experiencias que resultan interesantes para Jünger. El ex combatiente francés visitó Argentina en 1933, donde dio conferencias en el aristocrático Jockey Club, conoció a Jorge Luis Borges –otro escritor contradictorio y torturado– y se convirtió en uno de los primeros críticos en reconocer su talento. En agosto de ese año publicó un elogioso comentario sobre la erudición del escritor argentino –que entonces tenía 33 años– en la revista Megáfono, en el que declara que Borges vaut le voyage (“Borges vale el viaje”). Pero su relación más intensa en Buenos Aires fue con Victoria Ocampo, directora durante cuarenta años de la revista cultural Sur.

Hermosa, inteligente y culta, Victoria Ocampo (1890-1979), fue la primera de seis hijas de un matrimonio de la clase alta argentina. Educada desde niña por una institutriz francesa y otra inglesa, practicó esos idiomas en las largas estadías familiares en Europa y los dominó perfectamente. Su padre acostumbraba a viajar con dos vacas en el barco, para que las hijas bebieran leche fresca en el largo viaje a través del Atlántico. En una aristocrática familia de fines del siglo XIX, la vida de una joven estaba tradicionalmente reglamentada. Su destino estaba escrito en manuales de buenas maneras, repetido en costumbres de época; naipes descubiertos que no dejaban lugar al azar ni a lo imprevisto. Victoria rompió todas las reglas de la época y, a pesar de su conservadurismo, fue “vanguardista”. Carina Blixen escribe En “La vaca más hermosa de la Pampa” (El País, Montevideo, primero de noviembre de 2002):

Pierre Drieu La Rochelle, a quien Victoria conoció en París en 1929, escritor conflictivo que apoyará la ocupación nazi en Francia y que pondrá fin a su vida cuando la liberación de París, fue su amante. La llama su “hermosa novilla”, en culta referencia a Homero, o “la vaca más hermosa de la pampa”. La ironía forma parte de la irreverencia del trato amoroso, pero no oculta la puesta en lugar. Drieu, torturado y sagaz, a quien Borges recuerda como “muy inteligente”, también se consideraba la “distracción de Madame Ocampo”.

Los colaboradores más asiduos de Sur fueron Adolfo Bioy Casares,  Eduardo Mallea,  Gabriela Mistral, Octavio Paz, Alfonso Reyes y el mismo Borges. En sus páginas se publicaron –en muchos casos por primera vez para lectores argentinos, hispanoamericanos e incluso españoles– excelentes traducciones de autores extranjeros, como Albert Camus, T. S. Eliot, William Faulkner, Graham Greene, Aldous Huxley, William Joyce, Carl Jung, André Malraux, Alberto Moravia, Dylan Thomas y Virginia Woolf. Sur también dejó testimonio de los tiempos, tensiones y antagonismos que le tocó vivir durante cuatro décadas: liberalismo-totalitarismo, universalismo-nacionalismo, elitismo-populismo.

El escritor argentino Ricardo Güiraldes era dueño de lo que en Argentina se conoce como “estancia”, una gran extensión de tierra dedicada fundamentalmente a la ganadería. Se llamaba La porteña y estaba ubicada en San Antonio de Areco, al norte de la provincia de Buenos Aires. El capataz era Segundo Ramírez Sombra, un gaucho de la provincia de Santa Fe, al que Güiraldes tomó como modelo para la novela campestre Don Segundo Sombra. Según Borges, “con buen sentido literario, omitió el Ramírez que no dice nada y así quedó Don Segundo Sombra. Que está muy bien, porque Segundo presupone un primero y Sombra presupone una forma que la proyecta”. El personaje se hizo famoso, y Güiraldes llevó a su campo a Drieu La Rochelle y otros escritores, como José Ortega y Gasset, para que lo conocieran.

Un nacionalismo con banderas sociales y revolucionarias

Al año siguiente de su visita a Argentina, ya de regreso en París, Drieu participa en los disturbios callejeros –e intento de golpe de Estado­– en protesta por el “caso Stavisky”, un escándalo de corrupción que compromete al gobierno. Francia está sumergida en un pantano político, social y, si se hurga un poco más, también ético. El régimen está totalmente desacreditado (de 1933 a 1940 se suceden 15 gobiernos). El sistema constitucional es débil; el Parlamento, ineficaz. El poder es apenas formal: carece de prestigio y autoridad moral. La gota que derrama el vaso es la revelación de que algunos banqueros sobornan a políticos y funcionarios.

Entre ellos se encuentra uno de origen judío: Serge Alexander Stavisky. Se descubre que este hombre de negocios reparte dinero a conservadores, liberales y socialistas, a representantes de la burguesía y la policía. En enero de 1934, Stavisky se suicida –muy misteriosamente– en la cárcel de Bayona. Del 6 al 9 de febrero, nacionalistas y comunistas salen a protestar violentamente en las calles. A partir de esos hechos, Drieu considera que es posible generar un nacionalismo con banderas sociales y revolucionarias, un nuevo movimiento distante de la calcificada, reumática y prostática Acción Francesa dirigida por el monárquico Charles Maurras. Ese año, Drieu publica Socialismo fascista.

Acerca de las ideas políticas de los escritores colaboracionistas, un “Frente Antisistema” virtual que divulga estudios sobre el fascismo en Internet, cita a un tal M. Paltier, quien razona: “Tres hombres tan distintos el uno del otro como Drieu, Céline o Brasillach, ¿pueden «comulgar» en un mismo altar? Dentro de esta generación, Drieu representa sin duda el papel de «fascista de izquierda»”.

“La oposición al capitalismo fue el primero de todos sus temas. La idea de una federación de estados europeos, el segundo”, puntualiza Alistair Hamilton en La ilusión del fascismo. El historiador alemán Ernst Nolte, alumno de Heidegger y autor de La disputa de los historiadores, afirma que los fascistas franceses figuran entre los pocos que renovaron las doctrinas desarrolladas en esa época desde Italia o Alemania. Armin Mohler, secretario particular de Ernst Jünger hasta 1953 y autor de La revolución conservadora en Alemania - 1918-1932, cataloga a Drieu como “la más importante figura de la generación fascista” francesa.

Como Céline, casi al final de la guerra Drieu también reflexiona amarga y autocríticamente sobre los errores que cometió el fascismo y que lo arrastraron a la derrota. Según él, son tres: llevó la guerra en forma clásica en lugar de hacerlo como “guerra revolucionaria”, frenó la “revolución social” y no supo construir el “europeismo”.

En 1944 escribe acerca del nacionalsocialismo: “Esta revolución no fue llevada hasta sus últimas consecuencias en ningún campo (...). Ha respetado en medida exagerada al personal del régimen capitalista y de la Reichswher [el ejército alemán tradicional]. Se ha demostrado incapaz de transformar una guerra de conquista en una guerra revolucionaria”. ¿De estas afirmaciones se desprende que los que traicionaron a Hitler fueron los generales convencionales, los empresarios, los industriales y los operadores financieros, los mismos enemigos –a final de cuentas– del marxismo o las corrientes populares en cualquier país del mundo? “La incapacidad alemana, la incapacidad fascista, es incapacidad europea”, se lamenta Drieu.

En un portal de Internet llamado Línea de sombra, Fernando Márquez, su creador, dice que Drieu tuvo “el alma de un burgués en rebeldía contra sí mismo” y fue “un antihéroe con ínfulas de titán que se agitaba marcado por un destino trágico”.

Medida de Francia , uno de sus primeros ensayos, contiene profecías casi alucinantes. Muchas de ellas podrían haber sido escritas hoy mismo, describiendo el final del siglo XX: “Europa se federará, o se devorará o será devorada (...). Ya no hay más que categorías económicas, sin distinciones espirituales, sin diferencias en las costumbres (...). Ya no hay más que «modernos», gentes en los negocios, gentes con beneficio o con salario, que sólo piensan en eso y que no discuten más que de eso. Todos carecen de pasiones, son presa de los vicios correspondientes (...); se pasean satisfechos por el universo de baratija en que se ha convertido el mundo moderno, donde muy pronto no penetrará ningún brillo espiritual”. Fernando Márquez afirma:

Drieu acabó por dar el salto hacia adelante, asumiendo una dinámica totalmente rupturista, abandonando lastres mundanos en pulsión ascética. Abrazado a la ilusión de una izquierda arraigada, ecológica, con tierra, con sangre, con memoria, creyó encontrar esa izquierda hipotética en el fascismo (“Hay que ser fascista, porque el fascismo es la única forma de comunismo que pueden asimilar las nacioncitas envejecidas de Occidente”, frase no exenta de miga si pensamos en cómo nunca ha triunfado en Europa Occidental un régimen comunista, en contraste con la Europa del Este).

Cuando relata su participación en las protestas por el caso Stavisky, en febrero de 1934, en las que se movilizaron activistas del Partido Comunista y grupos nacionalistas, Drieu parece bastante alejado del fascismo: “Comunistas, patriotas, no es lo mismo... Y, sin embargo, estaban muy cerca los unos de los otros. En determinado momento, a eso de las diez del martes, en la rue Royale, la multitud que se precipitaba hacia la plaza de la Concordia para sufrir la gran descarga de las once cantaba lo mismo La Marsellesa que La Internacional. Me habría gustado que aquel momento durara siempre (...). Ahora me juntaré con cualquiera que eche este régimen al suelo, con cualquiera, con cualquier condición”.

En la novela Gilles, Drieu escribe: “ Nada se hace sino en la sangre. Hay que morir sin cesar para renacer sin cesar”. En Estado civil, memorias de infancia, recuerda: “Cada noche, durante años, esperaba encontrarme al día siguiente distinto de como me había acostado, impaciente con el yugo de mi debilidad, resuelto por fin a ejercer el maravilloso poder de la voluntad”. Y en el cuento Agente doble desafía: “En fin, matadme, soy eterno”. Dedica un texto al suicidio, Relato secreto: “No creía en absoluto, al matarme, hallarme en contradicción con la idea de inmortalidad que siempre había sentido viva en mí”.

Un “judío honorario, colaborador y resistente a la vez”

Fernando Márquez también menciona el “período judío” de Drieu en los agitados años 20: esposa judía, amantes judías, amigos judíos de la alta y media burguesía. Y cita al crítico Bernard Frank, colaborador de Le Nouvel Observateur , autor de artículos sobre Jean Paul Sartre y André Malraux: “Drieu forma parte de esa familia espiritual que podríamos llamar «enjudiados». Tienen relaciones bastante especiales con los judíos, casi carnales. Drieu tuvo una mujer judía y un montón de amigos judíos. Probablemente se sentía bien con ellos. Y viceversa. Tenían en común ese gusto por charlas metafísicas y de dinero”. Por eso su posterior antijudaísmo resulta tan perturbador: contradice el dicho acerca de que “el antijudío odia lo que no conoce”. Pero “hasta su antijudaísmo es heterodoxo respecto al de otros fascistas”, observa Márquez:

“Lo que menos me gusta de los judíos es que son burgueses y transforman en burgués todo aquello que tocan”. Y que hace, del Drieu visto a sí mismo (con disgusto) como judío honorario, émulo anímico de tantos judíos auténticos que, hoy como ayer, critican y han criticado frontalmente su estereotipo social. [Como el cantante] Leonard Cohen estudioso de la Cábala y alérgico al Talmud, profundamente crítico con los desmanes sionistas y cuyo detonante para lanzarse a interpretar sus propias canciones fue la teutónica Nico(...) o Noam Chomsky, responsable de la frase más dura dicha jamás sobre el destino final del estado israelí: “Ganarán todas las batallas, menos la última”.

Durante la ocupación alemana, Drieu es “colaborador y resistente a la vez”, dice Márquez. Recuerda a los olvidadizos que, como director de la Nouvelle Revue Francaise, se atrevió a convertirse en “paraguas protector de escritores desafectos y de origen judío”. El propio Drieu relata, como si se encogiera de hombros: “Los amigos judíos que he ocultado están en la cárcel o han huido. Me ocupo de ellos y les hago algún que otro favor. No veo contradicción alguna en ello. Acaso la contradicción de los sentimientos individuales y de las ideas generales es el principio mismo de toda humanidad. Se es humano en la medida en que le hacemos trampas a nuestros dogmas”. Y algo más para tomar en cuenta:

Sus artículos cada vez más críticos contra el Reich, que le harán objeto de amenazas de muerte por parte de las autoridades alemanas: “Ha escrito usted un artículo a sabiendas de que no iba a salir. No es la primera vez. Quizá pretende usted que le fusilemos. Si continúa enviando artículos de este tipo, no sólo le fusilaremos a usted, sino a toda la redacción del periódico”. Su stalinismo de los últimos tiempos: “Lenin y Stalin se parecen más a la crudeza de Nietzsche que Hitler” (...). El texto Exordio, pensado para ser leído ante un tribunal que lo juzgase: “Sí, soy un traidor. Sí, he estado en inteligencia con el enemigo. Yo aporté al enemigo la inteligencia francesa. Si ese enemigo no fue inteligente, no es culpa mía. Sí, yo no soy un patriota corriente, un nacionalista cerrado: soy un internacionalista. No sólo soy un francés, soy un europeo. Vosotros también lo sois, lo sepáis o no. Pero hemos jugado y he perdido yo. Reclamo la muerte”. (...) Vivió hasta el final su condición de “agente doble” (...): “Siempre me ha gustado juntar y mezclar los problemas contradictorios: nación y Europa, socialismo y aristocracia, libertad y autoridad, misticismo y anticlericalismo”.

“Creo en el comunismo”, finalmente

En agosto de 1944, Drieu intenta suicidarse dos veces: la primera, con luminal; la segunda, ya en el hospital, cortándose las venas. Fiel a sí mismo, había escrito: “Me gustaría formar parte de la cofradía de los suicidas. Finalmente, es una noble cofradía”. Luego de esas dos tentativas, escribe los últimos párrafos de sus Diarios. No consigue concluir las Memorias de Dirk Raspe, pero deja en claro que “la política me interesa poco porque creo que el destino ya está trazado”. Y confiesa sin una pizca de lamentación: “Nunca volveré a encontrarme en el estado maravilloso en que viví los últimos meses antes del suicidio. Yo, que estaba tan poco versado en cuestiones de mística, encontré un método bastante bueno para un ascetismo brutal”.

En sus Diarios especula: “Moriré a manos de los comunistas, prefiero que me maten ellos en lugar de los milicianos gaullistas. Pero creo en el comunismo, y me doy cuenta muy tarde de la insuficiencia del fascismo. Por lo demás, consideraba el fascismo sólo como una etapa hacia el comunismo. Pero es imposible convertirse en comunista: en la práctica, se opone a ello mi esencia burguesa”.

Pero no lo matan ni los comunistas ni los gaullistas, quienes hubieran competido por ejecutarlo gustosamente. Él mismo se les adelanta a unos y a otros. La tercera es la vencida: un día de marzo de 1945, Pierre Drieu la Rochelle traga el contenido de tres tubos de somníferos y, por si acaso, respira todo el gas que puede en la cocina. Un tiempo antes, ha escrito: “Cuando uno inicia una aventura es necesario llegar hasta el fin y sufrir todas sus consecuencias”. Y también: “No se es víctima cuando se es héroe”. Tiene 45 años.

Giselle Dexter es historiadora uruguaya residente en Estados Unidos y
Roberto Bardini es periodista argentino radicado en México

Los precursores: Ramiro Ledesma Ramos

Los precursores: Ramiro Ledesma Ramos

 El Fascismo, como hecho o fenómeno mundial

Fácilmente se comprenderá que cuantas veces utilizamos aquí la palabra "Fascismo" lo hacemos como una concesión al vocabulario polémico mundial, pero sin gran fe en la exactitud expresiva, ya que, por nuestra parte, nos inclinamos a negar al fascismo propiamente dicho características universales.

Hablar, pues, de Fascismo en España -según es el tema de este libro- no equivale a exponer las posibilidades de que en España se instaure o no un régimen político que se inspire directamente, ortodoxamente, en el régimen fascista italiano, sino que lo que se quiere decir, y a lo que se alude, es a una política concordante con lo que, en el panorama de las luchas políticas mundiales, se conoce por "Fascismo".

Es evidente que una pesquisa del fascismo, un examen de éste, no ya como régimen concreto de un país determinado, sino como concepto mundial operante, es una empresa lícita y posible. Podemos, en efecto, poner en fila una serie de características, de perfiles, de propósitos y de sueños, que nos entrega con claridad perfecta la figura exacta del fascismo, como fenómeno mundial. En el sentido de ese concepto, y sólo en él, cabe hablar del fascismo fuera de Italia, es decir, adquiere esa palabra capacidad universalista (1).

Podrá ser objeto de investigación el por qué ha adquirido esa palabra, ese concepto político, amplitud mundial. Es decir, podrá preguntarse cada uno cuál es el secreto de su tránsito, desde la proyección episódica y concreta sobre Italia hasta la significación mundial que hoy tiene. No nos interesa a nosotros hacer aquí esa investigación. Sólo nos fijaremos en dos factores, que sin ser desde luego los únicos, ni quizá los de más profundidad, han influido considerablemente en la universalización del fascismo.

Helos aquí:
1) Su tendencia al descubrimiento jurídico-político de un Estado nuevo, con la pretensión histórica de que ese Estado signifique, para el espíritu y las necesidades de la época, lo que el Estado liberal-parlamentario significó en todo el siglo XIX, hasta la Gran guerra.
2) Su estrategia de lucha contra una fuerza social -el marxismo, el partido clasista de los proletarios-, venciéndola revolucionariamente, y sustituyéndola en la ilusión y en el entusiasmo de las masas.

Pues el fracaso del sistema demoburgués ofrece hoy, efectivamente, características universales. Asistimos al hundimiento de las justificaciones morales, políticas y económicas que han sido el soporte del Estado liberal parlamentario, de la democracia burguesa. Cada día son los pueblos más incompatibles con todo cuanto ese régimen significa, y tal incompatibilidad llega a la exasperación y a la violencia cuando se trata de las juventudes mundiales, que son los sectores más implacablemente cercenados por la hipocresía y la flacidez de tal sistema.

En un trance histórico así, cuando casi el mundo entero busca sustitutivos eficaces, angustiado por el derrumbe irremediable de su patrimonio político antiguo, júzguese la capacidad expansiva de un régimen como el fascista de Italia, que se presentó desde el primer día, con inteligente petulancia, como el régimen superador -y por ende, continuador- de la democracia liberal y parlamentaria. Y ello, no sólo cuando ésta naufragaba en sus propias limitaciones, sino también cuando terminaba de sufrir la tremenda embestida bolchevique, y se movilizaban las masas rojas en todas partes a favor de la dictadura proletaria, es decir, contra los pobres vestigios demoburgueses que sobrevivían.

No puede extrañar que, en tal coyuntura, la victoria fascista italiana, su pesquisa afortunada de un Estado nuevo, surgido de la entraña misma de la época, de cara a sus dificultades esenciales y apelando a los valores más firmes -la angustia nacional, la necesidad de un orden y una disciplina, la preocupación por el destino histórico y económico del "todo" el pueblo-, polarizase la atención mundial.

Y veamos el segundo factor, el que nos presenta sus tareas combativas, su orden del día contra el marxismo, su revalorización del ímpetu y de la violencia.

Cuando Mussolini tomó el Poder en Roma tenía tras de sí más de dos años de lucha armada contra el marxismo. Su victoria supuso, por de pronto, la derrota radical y absoluta de la revolución socialista en Italia. Pero no tardó en percibir la Internacional de Moscú que esa victoria era más grave de lo que pudiera creerse, que no se debía, ni mucho menos, a la sola acción defensiva de la vieja sociedad, sino que había en ella, y se daban en ella, síntomas de más robusta traza.

Lo que la Internacional marxista -las dos, la II y la III- comenzó a percibir fue nada menos que esto: el fascismo parece no ser sólo un episodio nacional de Italia. Parece no ser sólo un incidente desgraciado para la revolución socialista mundial, producido en uno de los frentes, en Italia, y restringido a él. Parece más bien un signo de otro orden, una estrategia nueva contra nosotros, provista y alimentada por valores de calidad superior a la de los hasta ahora conocidos. Parece que esa estrategia puede muy bien adquirir rango mundial, es decir, ser desplegada contra el marxismo en el mundo entero. Parece asimismo que su propósito es transformar la vieja sociedad demoburguesa, el viejo Estado parlamentario, y forjar una sociedad nueva y un Estado nuevo, con suficiente vigor para vencer incluso las contradicciones últimas del régimen capitalista. Parece también que su poder de captación consigue hasta el enrolamiento de los proletarios, de los trabajadores, uniéndolos a la pequeña burguesía, a las clases medias, a las juventudes nacionalistas y a todos los patriotas.

La conclusión marxista a esas consideraciones fue, naturalmente, ésta: ¡Lucha mundial contra el fascismo! Una consigna así dio la vuelta al mundo antes de que el propio fascismo tuviese en él análogo cinturón de admiradores. En casi todas partes se organizó y propagó el antifascismo antes que el fascismo apareciese. Y obsérvese que la consigna antifascista no era exclusivamente protesta internacional revolucionaria contra el régimen de Italia, sino que se hacía de ella consigna nacional, contra las supuestas fuerzas fascistas del propio país.

El marxismo, la mística de la revolución proletaria mundial, tiene hoy núcleos fieles hasta en los rincones más apartados del Globo. Las mismas consignas aparecen en un cartelón comunista de los bolcheviques chinos que en uno de los austríacos o búlgaros. Puede hablarse de una internacional marxista, no sólo porque hay marxistas en casi todos los países, sino porque, además, son tipos humanos de calidad rigurosamente idéntica, que han retorcido el cuello a todo signo nacional y de raza, aún a costa de adquirir una configuración espiritual monstruosa. El militante rojo es el mismo en todas partes. Dispone de las mismas armas y lucha por los mismos objetivos. Es, por tanto, también vulnerable a las mismas flechas.

Claro que ese tambor batiente y guerrero contra el fascismo coincidió con otro, de sonido antagonista y contrario: el de las gentes angustiadas por la cercanía bolchevique; el de las gentes ligadas a un espíritu nacional profundo; el de las juventudes bélicas y generosas; el de todo ese gran sector de muchedumbre a la intemperie, ligadas, sin embargo, a una lealtad y a una continuidad de la cultura de su propia sangre.

* * *

No hay ni puede haber una Internacional fascista. El fascismo, como fenómeno mundial, no es hijo de una fe ecuménica, irradiada proféticamente por nadie. Es más bien un concepto que recoge una actitud mundial, que señala una coincidencia amplísima en la manera de acercarse el hombre de nuestra época a las cuestiones políticas, sociales y económicas más altas. Pero hay en esa actitud mundial zonas irreductibles, que son las primeras en denunciar la no universalidad originaria del fascismo. Pues su dimensión más profunda es lo "nacional". De ahí que el fascismo no tenga otra universalidad que la que le preste el soporte "nacional" en que nace (2).

Ahora bien, esa actitud, que denominamos fascista, tiene una realidad innegable en el mundo entero. Se trata de un hecho, que se dispone, con fortuna o no, a engendrar otros hechos, quizá más vigorosos. Poco importa, realmente, insistir en el modo cómo esa actitud ha llegado a adquirir vigencia. La historia se nutre y fecunda de hechos, sean cuales sean sus causas. Las fuerzas madres que la impulsan pueden tener los orígenes más sorprendentes y contradictorios.

El fascismo, la bandera del fascismo, la consigna del fascismo, la lucha en pro o en contra del fascismo, todo eso es hoy evidentemente alguna cosa, que no cabe ignorar.

Si lo ignoramos nosotros, este libro, o por lo menos su título -¿FASCISMO EN ESPAÑA?- sería imposible, constituiría, desde luego, un absurdo.

* * *

¿Qué significa, en resumen, ser fascista? ¿Qué características ofrece esa actitud moral, política y económica que en el mundo entero se califica hoy de actitud fascista? ¿Qué aspiraciones y qué propósitos tienen esos movimientos que el mundo conoce y señala como movimientos fascistas?

Parece que esas preguntas pueden hoy ser contestadas, y ello, de acuerdo con lo que antes dijimos, sin necesidad de dirigir exclusivamente el catalejo hacia Italia y hacia Mussolini, sino capturando una dimensión esencial de nuestra época, y de la que, en realidad, es ya consecuencia y producto el fascismo italiano mismo.

Señalemos brevemente, en esquemas, las características y afirmaciones centrales, definitorias, que en opinión nuestra determinan el fascismo como fenómeno mundial:

1) La Patria es la categoría histórica y social más firme. Y el culto a la Patria, el impulso creador más vigoroso.
El fascismo requiere, como clima ineludible para subsistir, la vigencia de unos valores nacionales, la existencia de una Patria, con suficiente vigor y suficiente capacidad de futuro para arrebatar en pos de ella el destino espiritual, económico y político de un pueblo entero. Se actualiza así, pues, una teoría aristocrática de los pueblos, distinguiendo entre los que son mera convivencia o agregado de gentes, para realizar cada una su propio y personal destino, y los otros, los grandes pueblos creadores, que han hecho la Historia universal, y son hoy, aún, la garantía de que el genio humano sigue su curso.

La Patria, en manos de la vieja sociedad conservadora, era ya apenas un mero vocablo, muchas veces incluso fachada impresionante que escondía una red de intereses y de privilegios injustos. Era, además, una fortaleza a la intemperie, expugnable con facilidad por todas las tendencias internacionalistas que iban vomitando, día tras día, las sectas de los renegados. Y era, por fin, un valor agónico, a la defensiva, sin destreza ni audacia para convertirse en bandera de las juventudes y de los núcleos más vigorosos y más fuertes.

Parecía, pues, urgente:
a) Desalojar de su servicio a las viejas oligarquías de sentido demoburgués y conservador, que creyéndose quizá, a veces, sinceros defensores y propulsores de la idea nacional, restringen de hecho la grandeza y las posibilidades de la Patria, haciéndola coincidir con sus intereses, con sus marchitas creencias y con su idea burguesa de una vida pacífica y sin sobresaltos.
b) Poner la Patria sobre los hombros de las juventudes, de los productores y de los soldados. Es decir, de las capas más vitales y vigorosas de la sociedad nueva.

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2) El Estado liberal-parlamentario no es ya el Estado nacional. Las instituciones demoburguesas viven al margen del interés de la Patria y del interés del pueblo. No representan ni interpretan ese interés.
Los partidos políticos, las organizaciones de grupos, representan siempre intereses particulares, sin que desmienta este hecho el que representen a veces la mayoría de un país. La mayoría de un pueblo, agrupada en torno a una bandera partidista, es decir, que represente intereses particulares, puede no tener relación alguna con el interés nacional e incluso desconocerlo.

El interés supremo es el de la comunidad de "todo el pueblo". El Estado nacional es quien puede servir ese interés. La realización del Estado nacional tiene tres etapas: a) Organización de una fuerza política, al servicio exclusivo de la idea nacional y de los intereses sociales de "todo el pueblo". b) Partido único triunfante, ejerciendo su dictadura contra los viejos partidos para someter y disciplinar los intereses particulares y de grupo. c) Vigencia del Estado nacional, cuyos móviles supremos y cuya justificación histórica consisten en garantizar la realización de los designios espirituales, políticos y económicos de que sea capaz el genio nacional, con la vista fija, tanto en su apogeo creador como en las circunstancias, buenas o malas, por que atraviese el pueblo.

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3) La oposición a la democracia burguesa y parlamentaria es la oposición a los poderes feudalistas de la sociedad actual.
El fascismo nace y se desarrolla en capas sociales desasistidas y en peligro. Su representación más típica la constituyen las clases medias, que después de experimentar la inanidad de la democracia liberal, no se entregan, sin embargo, a la posición clasista de los proletarios. En este sentido, la rivalidad mundial fascismo-marxismo lo es en tanto las clases medias y los proletarios clasistas se disputan violentamente el puesto de mando de la revolución, así como cuál de los dos incorporará al otro a su empresa.

La existencia de esas fuerzas fascistizadas que se resisten a permanecer pasivas, y menos a ser retaguardia de la revolución clasista bolchevique, es una manifestación típica del actual momento histórico. Que consigan o no movilizar en torno suyo a los sectores más capaces, heroicos y abnegados, es el secreto de su triunfo o de su derrota, frente a los marxistas y frente a la vieja sociedad conservadora y demoburguesa.

Una vez vencido el marxismo, las mayores dificultades se le presentan al fascista por el lado liberal, demoburgués, donde se apiñan, no esas pobres añoranzas de la libertad perdida, como pretenden los plumíferos llorones de la democracia, sino el frente oligárquico capitalista; es decir, los dueños de los grandes periódicos, los directores de los grandes Bancos, todos los magnates, en fin, que ofrece en sus diversas formas el gran capitalismo moderno. Generalmente, todos ellos se muestran partidarios de la democracia liberal, apetecen un régimen de libertad política. Pues son, en efecto, los representantes feudalistas, quienes equivalen en nuestra época al régimen feudal de los grandes señores antiguos, mostrándose hoy enemigos de la prepotencia y de la pujanza del Estado, como sus antecesores lo eran ayer de la soberanía de los monarcas. El fascismo sabe que la democracia parlamentaria es el régimen ideal para que predominen, del modo más descarado, las peores formas de feudalismo moderno.

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4) El marxismo es la solución bestial, antinacional y antihumana que representa el clasismo proletario para resolver los evidentes problemas e injusticias, propias del régimen capitalista.
La primera incompatibilidad de tipo irresoluble del fascismo se manifiesta frente a los marxistas. Tan irresoluble, que sólo la violencia más implacable es una solución.

El perfil antimarxista del fascismo es inesquivable, pues el triunfo marxista equivale a la derrota absoluta de todo cuanto la actitud y el espíritu fascista representa. Ese triunfo supondría la quiebra del espíritu nacional, la degradación histórica de "todo el pueblo", la amputación de su libertad, el exterminio de su pujanza y de su espíritu, y, por último, la no realización de la justicia, el escamoteo de las conquistas sociales ofrecidas.

En su lucha con los bolcheviques, el fascismo dispone de otra arma tanto o más eficaz que la violencia, sobre todo para disputarle el predominio entre los trabajadores. Es su actitud social, su espíritu social. Gracias a esa actitud y a ese espíritu, el fascismo no vacila, si es necesario, en rasgar las viejas tablas de la ley de la sociedad capitalista. Y ello, con más eficacia, más equidad y menos estrago, naturalmente, que como pretendía y podría hacerlo el marxismo.

El marxismo equivale, además, a entregar la historia a los aventureros, no en el sentido de que sus dirigentes estén corrompidos, sino en otro incluso peor, pues se trata de aventureros de patrias, es decir, desconocedores y asoladores de la máxima riqueza que los pueblos tienen.

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5) Desde el momento en que el fascismo no es un producto de los sectores más conformistas de la sociedad, es decir, de los grupos más satisfechos y partidarios de la actual ordenación económica y política, su régimen y su victoria implican, necesariamente, grandes transformaciones revolucionarias.
La mecánica actual de las luchas político-sociales hace que el fascismo sea la bandera de una red complejísima de gentes insatisfechas, postergadas y descontentas. De ahí el origen multiforme de sus cupos, unánimes, sin embargo, en la manifestación de un espíritu combativo, de milicia, que revela cómo no son residuos de la vida, sino grupos valiosísimos y fértiles.

Son gentes descontentas de la poquedad de su patria, de la indefensión de sus pequeños patrimonios o negocios, de la rapacidad e ineptitud de los partidos, de la impotencia del Estado demoburgués en presencia de los conflictos sociales y de las crisis, de la monotonía y del vacío de una vida nacional escarnecida, y, en fin, de sentirse pretéridos o subestimados con injusticia por los poderes dominantes.

Al constituir el fascismo un Poder político de enorme autoridad y depositarlo sobre quienes, de modo más directo, interpretan los intereses últimos y supremos de "todo el pueblo", su primera consecuencia es sustraerlo a las potencias feudalistas demoburguesas, liberando de su yugo al Estado y al pueblo.

El fascismo es la forma política y social mediante la que la pequeña propiedad, las clases medias y los proletarios más generosos y humanos luchan contra el gran capitalismo en su grado último de evolución: el capitalismo financiero y monopolista. Esa lucha no supone retroceso ni oposición a los avances técnicos, que son la base de la economía moderna; es decir, no supone la atomización de la economía, frente al progreso técnico de los monopolios, como pudiera creerse. Pues el fascismo supera a la vez esa defensa de las economías privadas más modestas, con el descubrimiento de una categoría económica superior: la economía nacional, que no es la suma de todas las economías privadas, ni siquiera su resultante, sino, sencillamente, la economía entera organizada con vistas a que la nación misma, el Estado nacional, realice y cumpla sus fines.

Todo lo que supone el fascismo de "democracia organizada y jerárquica", su base social sindicalista y corporativa, su concepción totalitaria del Estado, etc., es lo que le pone en pugna, tanto con muchos intereses particulares como con las viejas formas políticas, y lo que a la vez le obliga, ineludiblemente, a presentarse en la historia con perfiles revolucionarios.

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6) El fascismo busca un nuevo sentido de la autoridad, de la disciplina y de la violencia.
Respecto a la autoridad, vinculándola en jefes verdaderos. Respecto a la disciplina, convirtiéndola en liberación, en eficacia y en grandeza del hombre.

En cuanto a la violencia, su actitud es la propia de quien se sabe ligado profundamente al destino histórico de un pueblo. Es la propia de quien acepta el espíritu de sacrificio y la idea del deber, aun a costa de su misma vida. Y es la propia también -¿por qué no decirlo?- de quien sabe que la vida es lucha, y que donde el hombre se mutila su sentido de la energía y de la violencia triunfa el espíritu rastrero, eunocoide e hipócrita, de los peores representantes de la especie.

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Esos son los rasgos fisionómicos de la actitud fascista mundial. Con mayor o menor fidelidad a algunos de ellos, así piensan los individuos y los grupos a quienes se dirigen las invectivas del antifascismo mundial.

Idea nacional profunda. Oposición a las instituciones demoburguesas, al Estado liberal-parlamentario. Desenmascaramiento de los verdaderos poderes feudalistas de la actual sociedad. Incompatibilidad con el marxismo. Economía nacional y economía del pueblo frente al gran capitalismo financiero y monopolista. Sentido de la autoridad, de la disciplina y de la violencia.

Es evidente que esta actitud, estas ideas, aspiraciones o propósitos, están en el ambiente público, con capacidad, por tanto, no sólo para dar vida polémica y justificación a partidos o movimientos políticos determinados, sino dispuestas a ser recogidas, en mayor o menor escala, por cualesquiera organización, por cualquier gran instrumento histórico de mando. Pues no hay sólo individuos, grupos y organizaciones fascistas, sino también, y quizá en mayor relieve, individuos, grupos y organizaciones fascistizadas.

Notas:

(1) A primera vista parece que estos juicios nuestros se oponen a la concepción del fascismo que defienden algunos de sus teóricos más ilustres. Por ejemplo, la expuesta por Giménez Caballero en su conocido libro La nueva Catolicidad, que le asigna, como indica su mismo título, el rango de una fe universalista nueva. No hay, sin embargo, contradicción esencial, porque esa catolicidad o universalidad fascista la atribuye Giménez Caballero no estrictamente al fascismo mussoliniano, sino más bien a esa resultante mundial a cuya pesquisa nos estamos refiriendo. Hay además en Giménez Caballero el factor ROMA, inesquivable para comprender su concepción del fascismo. De acuerdo con los juicios que exponemos, podríamos decir, tan sólo, que ese famoso teórico del fascismo ha ido quizá demasiado lejos. O que se ha anticipado.

(2) El triunfo del nacional-socialismo hitlerista en Alemania entra de lleno en la fenomenología mundial del fascismo. Es su mejor expresión y la mejor corroboración de cuanto venimos diciendo. En primer lugar, denuncia la no universalidad específica del fascismo, ya que no tiene, ni puede tener, una política internacional propia, única. Es sabido que es en su política internacional donde aparece el genio de un pueblo, en relación con sus más altos designios. Lo mismo que no caben farsas con la muerte, no caben tampoco falsificaciones y artificios en la política internacional que un pueblo hace. Pues bien, hoy existen en Europa dos pueblos, dos Estados, de los llamados fascistas: Italia y Alemania. Es notorio el antagonismo internacional de sus políticas. Y es más: muy difícilmente, aun variando el mapa diplomático y la mecánica actual de los Estados europeos, podrían conciliarse los destinos internacionales, históricos, de esos dos pueblos, quizá más antagónicos, o si se quiere sólo, menos coincidentes mientras más "fascistas" sean.
El hecho alemán nos permite confrontar también una de las peripecias de la ruta: los nazis no hicieron la propaganda, ni alcanzaron su victoria, al grito de "¡Viva el fascismo!". Pero todos aquellos que obstaculizaron esa propaganda y se opusieron a esa victoria lo hicieron, en cambio, al grito de "¡Abajo el fascismo!". Repitamos que el movimiento nacional-socialista aclara considerablemente nuestro juicio acerca de cuál es, en realidad, el carácter universalista del fascismo.

Extraido de la obra "Fascismo en España" con el agradecimiento a Nuestra Revolución

El sentido de la historia. Giorgio Locchi

El sentido de la historia. Giorgio Locchi

Muchos se preguntan hoy por el “sentido de la historia”, es decir, por el fin y por el significado de los fenómenos históricos. El objeto de este artículo es el examen de las respuestas que nuestra época da a esta doble cuestión, tratando de reconducirlas, pese a su aparente multitud, a dos tipos fundamentales, rigurosamente antagónicos y contradictorios.

Pero, ante todo, es necesario arrojar luz sobre el significado que damos al término “historia”. Esta puntualización de vocabulario tiene su importancia. Hablamos a veces de “historia natural”, de “historia del cosmos”, de “historia de la vida”. Se trata, ciertamente, de imágenes analógicas. Pero toda analogía, en el momento en que subraya poéticamente una semejanza, implica también lógicamente una diversidad fundamental. El universo macrofísico, en realidad, no tiene historia: como nosotros lo percibimos, como podemos representárnoslo, no hace más que cambiar de configuración a través del tiempo. Tampoco la vida tiene historia: su devenir consiste en una evolución: evoluciona. Se comprende, por tanto, que la historia es el modo de devenir del hombre (y sólo del hombre) en cuanto tal: sólo el hombre deviene históricamente. Por consiguiente, plantearse la cuestión de si la historia tiene un sentido, es decir un significado y un fin, equivale en el fondo a preguntarse si el hombre, que es en la historia y que ( voluntariamente o no) hace la historia, tiene él mismo un sentido, si su participación en la historia es o no una actitud racional.

Tres periodos sucesivos

Por todas partes, hoy, la historia está bajo acusación. Se trata, como veremos, de un fenómeno antiguo. Pero hoy la acusación se hace más vehemente, más explícita que nunca. Es una condena total y sin apelación la que se nos pide que pronunciemos. La historia, se nos dice, es la consecuencia de la alienación de la humanidad. Se invoca, se propone, se proyecta el fin de la historia. Se predica el retorno a una especie de estado de naturaleza enriquecido, la interrupción del crecimiento, el fin de las tensiones, el retorno al equilibrio tranquilo y sereno, a la felicidad modesta, pero asegurada, que sería la de toda especie viviente. Nos vienen inmediatamente a la memoria los nombres de algunos de estos teóricos, como los de Herbert Marcuse y Claude Lèvi-Strauss, cuyas doctrinas son bien conocidas.

La idea de un fin de la historia puede parecer una de las más modernas. En realidad, no lo es en absoluto. En efecto, basta con examinar las cosas con mayor atención para darse cuenta  de que esta idea no es más que el punto en que lógicamente desemboca una corriente de pensamiento que tiene una antigüedad de, al menos, dos mil años y que, desde hace dos mil años, domina y conforma lo que llamamos “civilización occidental”. Esta corriente de pensamiento es la del pensamiento igualitario. Expresa una voluntad igualitaria, que fue instintiva y casi ciega en sus inicios, pero que, en nuestra época, se ha convertido en algo perfectamente consciente de sus aspiraciones y de su objetivo final. Ahora, este objetivo final del proyecto igualitario es precisamente el fin de la historia, la salida de la historia.

El pensamiento igualitario ha atravesado en el curso de los siglos tres periodos sucesivos. En el primero, que corresponde al nacimiento y al desarrollo del cristianismo, se ha constituido en forma de mito. Este término no sobrentiende nada negativo. Llamamos “mito” a todo discurso que, desarrollándose a partir de sí mismo, crea, al mismo tiempo, su lenguaje, dando así a las palabras un sentido nuevo, y apela, recurriendo a  símbolos, a la imaginación de aquellos a quienes se dirige. Los elementos estructurales de un mito se llaman mitemas. Constituyen una unidad de contrarios, pero estos contrarios, no habiéndose separado todavía, permanecen ocultos, por así decirlo, invisibles. En el proceso de desarrollo histórico, la unidad de estos mitemas explota, dando, por tanto, nacimiento a ideologías enfrentadas. Ha sucedido así con el cristianismo, cuyos mitemas han acabado generando las iglesias, luego las teologías y, finalmente, las ideologías enfrentadas (como la de la revolución americana y la de la revolución francesa).

El abrirse y la difusión de estas ideologías corresponde al segundo periodo del igualitarismo. En relación con el mito, las ideologías proclaman ya unos principios de acción, pero todavía no extraen de ellos  las consecuencias, lo que hace que así su práctica sea hipócrita, escéptica e ingenuamente optimista.

Se llega, de esta forma, al tercer periodo, en el cual las ideas contradictorias generadas por los mitemas originales se resuelven en una unidad, que es la del concepto sintético. El pensamiento igualitario, animado ya por una voluntad que ha llegado a ser plenamente consciente, se expresa en una forma que se decreta “científica”. Pretende ser una ciencia. En el desarrollo que nos interesa, este estadio corresponde a la aparición del marxismo y de sus derivados (Cf. en particular, la doctrina de los Derechos del Hombre)

El mito, las ideologías, la pretendida ciencia igualitaria expresan, por así decirlo, los niveles sucesivos de conciencia de una misma voluntad; fruto de una misma mentalidad, presentan siempre la misma estructura fundamental. Lo mismo sucede, naturalmente, con las concepciones de la historia que derivan de ella, y que no difieren entre sí más que por la forma y por el lenguaje utilizado en el discurso. Sea cual sea su forma histórica, la visión igualitaria de la historia es una visión escatológica, que atribuye a la historia un valor negativo y no le reconoce ningún sentido más que en la medida en que el movimiento histórico tiende , con su propio movimiento, a su negación y a su fin.


Restitución de un momento dado
           
Si se examina la Antigüedad pagana, se observa cómo esta ha oscilado entre dos visiones de la historia, de la que una no era más que la antítesis con respecto a la otra: ambas concebían el devenir histórico como una sucesión de instantes en la cual todo instante presente delimita siempre, por un lado el pasado, por el otro el porvenir. La primera de estas versiones propone una imagen cíclica del devenir histórico. Implica la repetición eterna de instantes, de hechos y de periodos dados. Es lo que expresa la fórmula nihil sub sole novi. La segunda, que, por lo demás, acabará resolviéndose en la primera, propone la imagen de una línea recta que tiene un inicio, pero no un fin, no por lo menos un fin imaginable y previsible.

El cristianismo, en cierta medida, ha llevado a cabo una síntesis de estas dos visiones antiguas de la historia, sustituyéndolas con una concepción que se ha definido como lineal, y que es, en realidad, segmentaria. En esta visión la historia tiene un inicio, pero también tiene que tener un fin. No es más que un episodio, un accidente en el ser de la humanidad. El verdadero ser del hombre es exterior a la historia. Y el fin de la historia se considera que nos devuelve, sublimándolo, lo que se encontraba en el principio. Como en la visión cíclica, hay, por tanto, en la visión fragmentaria una conclusión por la restitución de un momento dado, pero al contrario de lo que sucede en el ciclo, este momento se sitúa ya fuera de la historia, fuera del devenir histórico; apenas  restituido se congelará en una inmutable eternidad; el momento histórico, al haberse cumplido, ya no se reproducirá más. Asimismo, como en la visión segmentaria, hay  un inicio de la historia pero a este inicio se añade un fin, de modo que la verdadera eternidad humana no es la del devenir sino la del ser.

Este episodio que es la historia se percibe, desde la perspectiva cristiana, como una verdadera maldición. La historia deriva de una condena del hombre por parte de Dios, condena a la infelicidad, al trabajo, al sudor y a la sangre, que sanciona una culpa cometida por el hombre. La humanidad que vivía en la feliz inocencia del jardín del Edén, ha sido condenada a la historia porque Adán, su antepasado, ha transgredido el mandamiento divino, ha probado el fruto del Árbol de la ciencia, y ha querido ser similar a Dios. Esta culpa de Adán, en cuanto pecado original, pesa sobre todo individuo que viene al mundo. Es inexplicable por definición, ya que el ofendido es Dios mismo. Pero Dios, en su infinita bondad, acepta hacerse cargo él mismo de la expiación: se hace hombre encarnándose en la persona de Jesús. El sacrificio del Hijo de Dios introduce en el devenir histórico el advenimiento esencial de la Redención. Sin duda, esta sólo concierne a los individuos tocados por la Gracia. Pero hace ya posible el lento camino hacia el fin de la historia, para el cual la “comunidad de los santos” deberá preparar a la humanidad. Al final, llegará un día en que las fuerzas del Bien y del Mal se enfrentarán en una última batalla, que desembocará en un Juicio final y, por tanto, en la instauración de un Reino de los cielos que tiene su correspondencia dialéctica en el abismo del Infierno.

El Edén antes del inicio de la historia, el pecado original; la expulsión del jardín del Edén; la travesía por este valle de lágrimas que es el mundo, lugar del devenir histórico; la Redención; la comunidad de los santos, la batalla apocalíptica y el Juicio final; el fin de la historia y la instauración de un Reino de los cielos: tales son los mitemas que estructuran la visión mítica de la historia propuesta por el cristianismo, visión en la que el devenir histórico del hombre tiene un valor puramente negativo y el sentido de una expiación.


La visión marxista

Los mismos mitemas se encuentran idénticamente  pero con una forma laicizada y pretendidamente científica en la visión marxista de la historia. Empleando el término “marxista” no tenemos la intención de participar en el debate, muy de moda hoy, sobre lo que sería el “verdadero pensamiento” de Marx. En el curso de su existencia Karl Marx ha pensado cosas muy diferentes y se podría discutir largo y tendido para saber cuál es el “verdadero” Marx. Nos referimos, por tanto, al marxismo recibido que ha sido durante mucho tiempo, y que, en resumidas cuentas, sigue siendo hasta ahora, la doctrina de los partidos comunistas y de los Estados que se reconocen en la interpretación leninista.

En esta doctrina la historia es presentada como el resultado de una lucha de clases, es decir, de una lucha entre grupos humanos que se definen por sus respectivas condiciones económicas; el jardín del Edén de la prehistoria se encuentra en esta versión en el “comunismo primitivo” practicado por una humanidad todavía inmersa en el estado de naturaleza y puramente predadora. Mientras en el Edén el hombre padecía las constricciones resultantes de los mandamientos de Dios, las sociedades comunistas prehistóricas vivían bajo la presión de la miseria. Esta presión ha llevado a la invención de los medios de producción agrícola, pero esta invención se ha revelado también como una maldición. Implica, en efecto, no sólo la explotación de la naturaleza por parte del hombre, sino también la división del trabajo, la explotación del hombre por el hombre y, por consiguiente, la alienación de todo hombre respecto a sí mismo. La lucha de clases es la consecuencia implícita de esta explotación del hombre por el hombre. Su resultado es la historia.

Como se ve, son las condiciones económicas las que determinan para los marxistas los comportamientos humanos. Por concatenación lógica, estos últimos conducen a la creación de sistemas de producción siempre nuevos, que causan a su vez condiciones económicas nuevas, y, sobre todo, una miseria cada vez mayor de los explotados. Sin embargo, también ahí, interviene una Redención. Con el advenimiento del sistema capitalista, la miseria de los explotados alcanza, en efecto, su culminación: llega a ser insoportable. Los proletarios toman entonces conciencia de su condición, y esta toma de conciencia redentora tiene por efecto la organización de los partidos comunistas, exactamente como la redención de Jesús había llevado a la fundación de una comunidad de santos.

Los partidos comunistas emprenderán una lucha apocalíptica contra los explotadores. Esta podrá ser difícil, pero será necesariamente victoriosa (es el “sentido de la historia”). Llevará a la abolición de las clases, pondrá fin a la alienación del hombre, permitirá la instauración de una sociedad comunista inmutable y sin clases. Y así como la historia es el resultado de la lucha de clases, evidentemente, ya no habrá historia. El comunismo prehistórico será restituido, como el jardín del Edén del Reino de los cielos, pero de modo sublimado: mientras la sociedad comunista primitiva estaba afligida por la miseria material, la sociedad comunista post-histórica se beneficiará de una satisfacción perfectamente equilibrada de sus necesidades.

Así, en la visión marxista, la historia asumirá igualmente un valor: negativo. Nacida de la alienación original del hombre, no tiene sentido más que en  la medida en que, aumentando incesantemente la miseria de los explotados, contribuye, por fin, a crear las condiciones en las cuales esta miseria desaparecerá, y “trabaja” de algún modo para su propio fin.


Una determinación de la historia

Estas dos visiones igualitarias de la historia, la visión religiosa cristiana y la visión laica marxista, ambas segmentarias, ambas escatológicas, implican lógicamente, la una y la otra, una determinación de la historia que no es obra del hombre, sino de algo que lo transciende. El  cristianismo y el marxismo no se esfuerzan ni siquiera en negarlo. El cristianismo atribuye al hombre un libre albedrío   que le permite afirmar que Adán, al haber “elegido” libremente pecar, es el único responsable de su culpa, es decir, de su imperfección. Es, por tanto, Dios el que ha hecho (y, así, el que ha querido) que Adán sea imperfecto. Por su parte, los marxistas afirman a veces que es el hombre el que hace la historia, o, más exactamente, los hombres en tanto que pertenecientes a una clase social. De lo que resulta, sin embargo, que las clases sociales están determinadas y definidas por las condiciones económicas. Resulta, también, que es la miseria original la que ha obligado a los hombres a entrar en la sanguinaria concatenación de la lucha de clases. El hombre no es, por tanto, activado más que por su condición económica. Es el hazmerreír de una situación que tiene su origen en la naturaleza misma en tanto que juego de fuerzas materiales.

De esto resulta que cuando el hombre juega un papel en las visiones igualitarias de la historia, es un papel de una obra que no ha escrito, que no podrá haber escrito; y esta obra es una farsa trágica, vergonzosa y dolorosa. La dignidad, como la verdad auténtica del hombre, se sitúan fuera de la historia, antes y después de la historia.

Por otra parte, toda cosa posee en sí su propia antítesis relativa. La visión escatológica de la historia posee también su antítesis relativa, igualitaria también esta, que es la teoría del progreso indefinido. En esta teoría el movimiento histórico es representado como tendente de forma constante hacia un punto cero que no se alcanza nunca. Este “progreso” puede ir en el sentido de un “cada vez mejor”, excluyendo, no obstante, la idea de un bien perfecto y absoluto: es un poco la visión ingenua de la ideología americana, ligada al american way of life, es también la de cierto “marxismo desengañado”. Puede ir también en el sentido de un “cada vez peor”, sin que la medida del mal alcance nunca su culminación: es un poco la visión pesimista de Freud, que no veía cómo esta “infelicidad” que es la civilización podría cesar de reproducirse algún día (hay que observar, por otra parte, que esta visión pesimista del freudismo está actualmente en fase de ser reabsorbida, sobre todo, por parte de Marcuse y de los freudomarxistas, en la tesis escatológica del marxismo, después de haber desempeñado la función que siempre ha desempeñado toda antítesis desde la invención del Diablo, es decir: una función instrumental)


Animar otra voluntad

Como todo el mundo sabe, es a Friedrich Nietzsche a quien se remonta la reducción del cristianismo, de la ideología democrática y del consumismo al común denominador del igualitarismo. Pero es también a Nietzsche a quien se remonta el segundo tipo de visión de la historia, que, en la época actual, se opone (subterráneamente a veces, pero con mucha más tenacidad) a la visión escatológica y segmentaria del igualitarismo. Nietzsche, en efecto, no sólo ha querido analizar, sino también combatir el igualitarismo. Ha querido inspirar, suscitar un proyecto opuesto al proyecto igualitario, animar otra voluntad, alentar un juicio de valor diametralmente distinto. Por este motivo su obra presenta dos aspectos, ambos complementarios. El primer aspecto es propiamente crítico; se podría decir incluso científico. Su objetivo es arrojar luz sobre la relatividad de todo juicio de valor, de toda moral e, incluso, de toda verdad pretendidamente absoluta. De tal manera evidencia la relatividad de los principios absolutos proclamados por el igualitarismo. Pero junto a este aspecto crítico, existe otro, que podríamos definir poético, ya que esta palabra deriva del griego poiein, que significa “hacer, crear”. Con este trabajo poético, Nietzsche se esfuerza por dar vida a un nuevo tipo de hombre, ligado a nuevos valores y que extrae sus principios de acción de una ética que no es la del Bien y del Mal, sino una ética que es legítimo definir como sobrehumanista.
Para dar una imagen de lo que podría ser una sociedad humana fundada sobre los valores que propone, Nietzsche ha recurrido casi siempre al ejemplo de la sociedad griega arcaica, a la más antigua sociedad romana, y también a las sociedades ancestrales de la antigüedad indoeuropea, aristocrática y conquistadora. Eso lo sabe casi todo el mundo. Por contra, no se presta la suficiente atención al hecho de que Nietzsche, al mismo tiempo, advierte contra la ilusión que consiste en creer que sería posible “hacer volver a los Griegos”, es decir, resucitar el mundo antiguo precristiano. Ahora, este detalle es de una importancia extrema, porque nos ofrece una clave necesaria para comprender mejor la visión nietzscheana de la historia. Nietzsche ha ocultado voluntariamente, “codificado”, se podría decir, el sistema organizador de su pensamiento. Lo ha hecho, como dice expresamente, en conformidad con cierto sentimiento aristocrático: tiene la intención de vetar a los inoportunos el acceso a su casa. Es la razón por la que se contenta con entregarnos todos los elementos de su concepción de la historia, sin revelarnos nunca cómo hay que combinarlos.

Además, el lenguaje adoptado por Friedrich Nietzsche es el lenguaje del mito, lo que no hace más que añadir dificultades de interpretación. La tesis aquí expuesta no es, por tanto, nada más que una posible interpretación del mito nietzscheano de la historia; pero se trata de una interpretación que tiene su peso histórico, ya que ha inspirado todo un movimiento metapolítico de poderosas prolongaciones, a veces, definido como revolución conservadora, y que es también la interpretación de aquellos que, reconociéndose en Nietzsche, se adhieren más íntimamente a sus declaradas intenciones antiigualitarias.

Los elementos, los mitemas que se vinculan a la visión nietzscheana de la historia son principalmente tres: el mitema del último hombre, el del advenimiento del superhombre y, finalmente, el del Eterno retorno de lo Idéntico.


El Eterno retorno

A los ojos de Nietzsche, el último hombre representa el mayor peligro para la humanidad. Este último hombre pertenece a la inextinguible raza de los piojos. Aspira a una pequeña felicidad que sería igual para todos. Quiere el fin de la historia porque la historia es generadora de acontecimientos, es decir, de conflictos y de tensiones que amenazan esta “pequeña felicidad”. Se burla de Zarathustra que predica el advenimiento del superhombre. Para Nietzsche, en efecto, el hombre no es más que un “puente entre el mono y el superhombre”, lo que significa que el hombre y la historia no tienen sentido más que en la medida en que tienden a una superación y, para hacer esto, no dudan en aceptar su desaparición. El superhombre corresponde a un fin, a un fin dado en cada momento y que quizás es imposible alcanzar; mejor, un fin que, en el instante mismo en que se alcanza, se vuelve a proponer un nuevo horizonte. En tal perspectiva, la historia se presenta, por tanto, como una perpetua superación del hombre por parte del hombre.

Sin embargo, en la visión de Nietzsche, hay un último elemento que parece, a primera vista, contradictorio con respecto al mitema del superhombre, el del Eterno retorno. Nietzsche afirma, en efecto, que el Eterno retorno de lo Idéntico domina el devenir histórico, lo que, a primera vista, parece indicar que nada nuevo puede producirse, y que toda superación queda excluida. El hecho es, por lo demás, que este tema del Eterno retorno ha sido a menudo interpretado en el sentido de una concepción cíclica de la historia, concepción que recuerda mucho la de la antigüedad pagana. Se trata, desde nuestro punto de vista, de un serio error contra el que el propio Nietzsche nos puso en guardia. Cuando, bajo el Pórtico que lleva el nombre de Instante, Zarathustra interroga al Espíritu de la Pesadez sobre el significado de dos caminos eternos que, viniendo de direcciones opuestas, se reúnen en aquel punto preciso, el Espíritu de la Pesadez responde: “Todo lo recto miente, la verdad es curva, también el tiempo es un círculo”. Entonces, Zarathustra replica con violencia: “Espíritu de la Pesadez, no tomes tan a la ligera la cosa”.

En la visión nietzscheana de la historia, contrariamente al caso de la antigüedad pagana, los instantes no son vistos, por tanto, como puntos que se suceden sobre una línea, sea esta recta o circular. Para comprender sobre qué se apoya la concepción nietzscheana del tiempo histórico, más bien, hay que poner esta en paralelo con la concepción relativista del universo físico tetradimensional. Como se sabe, el universo einsteniano no puede ser representado “sensiblemente”, ya que nuestra sensibilidad, siendo de orden biológico, no puede tener más que representaciones tridimensionales. Al mismo tiempo, en el universo histórico nietzscheano el devenir del hombre se concibe como un conjunto de momentos de los que cada uno forma una esfera en el interior de una “hiperesfera” tetradimensional, en que cada momento puede, por consiguiente, ocupar el centro con respecto a los otros. Desde esta perspectiva, la actualidad de todo  momento no se llama ya “presente”. Al contrario, presente, pasado y porvenir coexisten en todo momento: son las tres dimensiones de todo momento histórico. ¿Acaso no cantan los animales de Zarathustra a su Maestro: “En cada instante comienza el ser; en torno a todo ‘aquí’ gira la esfera ‘allá’. El centro está en todas partes. Curvo es el sendero de la eternidad”?


La elección que se ofrece a nuestra época

Todo esto puede parecer complicado, del mismo modo que la teoría de la relatividad es también complicada. Para ayudarnos, acudamos a algunas imágenes. El pasado, para Nietzsche, no corresponde en absoluto a lo que ha sido “de una vez por todas”, elemento congelado para siempre que el presente dejaría detrás de sí. Del mismo modo, el porvenir ya no es el efecto obligatorio de todas las causas que le han precedido en el tiempo y que le determinan, como en las visiones lineales de la historia. En todo momento de la historia, en toda “actualidad”, pasado y porvenir son, por así decirlo, nuevamente cuestionados, se configuran según una nueva perspectiva, conforman otra verdad. Se podría decir, para usar otra imagen, que el pasado no es otra cosa que el proyecto al cual el hombre conforma su acción histórica, proyecto que trata de realizar en función de la imagen que se forma de sí mismo y que se esfuerza por encarnar. El pasado aparece, entonces, como una prefiguración del porvenir. Es, en sentido propio, la “imaginación” del porvenir: que viene a ser uno de los significados canalizados por el mitema del Eterno retorno.

Por consiguiente, está claro que, en la visión que nos propone Nietzsche, el hombre asume la total responsabilidad del devenir histórico. La historia es su obra. Lo que viene a significar que asume también la total responsabilidad de sí mismo, que es verdadera y totalmente libre: faber suae fortunae. Esta libertad es una libertad auténtica, no una “libertad”condicionada por la Gracia divina o por las constricciones de una situación material económica. Es también una libertad real, es decir, una libertad que consiste en la posibilidad de elegir entre dos opciones opuestas, opciones existentes en todo momento de la historia y, que, siempre, cuestionan nuevamente la totalidad del Ser y del devenir del hombre (si estas opciones no fuesen siempre realizables, la elección no sería más que una falsa elección, la libertad, una falsa libertad, la autonomía del hombre, una apariencia).

Ahora, ¿cuál es la elección que se ofrece a los hombres de nuestra época? Nietzsche nos dice que esta elección debe hacerse entre el “último hombre”, es decir, el hombre del fin de la historia, y el impulso hacia el superhombre, es decir, la regeneración de la historia. Nietzsche considera que estas dos opciones son tan reales como fundamentales. Afirma que el fin de la historia es posible, que debe ser examinado seriamente, del mismo modo que es posible su contrario: la regeneración de la historia. En última instancia, el resultado dependerá de los hombres, de la elección que lleven a cabo entre ambos campos, el del movimiento igualitario que Nietzsche llama el movimiento del último hombre, y el otro movimiento, que Nietzsche se ha esforzado por suscitar, que ya ha suscitado, y que él llama “su” movimiento.


Dos sensibilidades

Visión lineal y visión esférica de la historia: nos encontramos aquí enfrentados a dos sensibilidades diferentes que no han dejado de oponerse, que se oponen y que seguirán oponiéndose. Estas dos sensibilidades coexisten en la época actual. Ante un espectáculo como el de las Pirámides, por ejemplo, la sensibilidad igualitaria verá, desde el punto de vista moral, un símbolo execrable, ya que sólo la esclavitud, la explotación del hombre por el hombre, han permitido la concepción y la realización de estos monumentos. La otra sensibilidad, al contrario, se sentirá impresionada, ante todo, por la unicidad de esta expresión artística y arquitectónica, por todo lo que supone de grande y espantoso en el hombre que se atreve a   hacer la historia y que desea dar forma a su destino…

Tomemos otro ejemplo. Oswald Spengler, en una página famosa, ha recordado a aquel centinela  romano que, en Pompeya,  se dejó sepultar por la lava porque ningún superior le había dado el relevo. Para una sensibilidad igualitaria, ligada a una visión segmentaria de la historia, tal gesto está totalmente desprovisto de sentido. En última instancia, no puede más que condenarlo, al mismo tiempo que condena la historia, porque, a sus ojos, este soldado ha sido víctima de una ilusión o de un error “inútil”. Al contrario, el mismo gesto resultará inmediatamente ejemplar desde el punto de vista de la sensibilidad trágica y sobrehumanista, que comprende, intuitivamente se podría decir, que este soldado romano no  había llegado a ser verdaderamente un hombre más que conformándose a la imagen que se forjó de sí, es decir, la imagen de un centinela de la ciudad imperial.

Hemos citado a Spengler. Esto nos lleva a plantear, después de él, el problema del destino de Occidente. Spengler, como se sabe, era pesimista. Según él, el fin de Occidente está próximo, y el hombre europeo, como el soldado de Pompeya, no   puede más que mantener su propia función hasta el final, antes de perecer como un héroe trágico abrazando su mundo y su civilización. Pero en 1980 (época de la primera publicación del presente artículo) es al fin de toda la historia a lo que tiende Occidente.

Es al retorno a la “felicidad inmóvil de la especie” a lo que apelan sus deseos, sin ver en tal perspectiva nada trágico, más bien, al contrario. El Occidente igualitario y universalista tiene vergüenza de su pasado. Siente horror por su especificidad que ha creado su superioridad durante siglos, mientras en su subconsciente se abría camino la moral que se ha dado. Porque este Occidente bimilenario es también un Occidente judeocristiano que ha acabado descubriéndose como tal, y que hoy saca las consecuencias correspondientes. Ciertamente, este Occidente también ha transmitido durante mucho tiempo una herencia griega, latina, germánica, romana, y de ello ha hecho su fuerza. Pero las masas occidentales, privadas de verdaderos maestros, reniegan de esta herencia indoeuropea. Sólo pequeñas minorías, esparcidas por acá y por allá, miran con nostalgia las realizaciones de sus más lejanos antepasados, se inspiran en valores que fueron suyos, y sueñan con resucitarlos. Tales minorías pueden parecer risibles y, quizás, lo sean efectivamente. Y, sin embargo, una minoría, tal vez incluso ínfima, puede siempre llegar a guiar a una masa.

Esta es la razón por la cual el Occidente moderno, este Occidente nacido del compromiso constantiniano y del in hoc signo vinces, ha caído en la esquizofrenia. En su inmensa mayoría, quiere el fin de la historia y aspira a la felicidad en la regresión. Y al mismo tiempo, estas pequeñas minorías tratan de fundar una nueva aristocracia y tienen la esperanza de un nuevo Retorno que, en cuanto tal, no podrá  producirse nunca (“los Griegos no vuelven”), pero que puede mutarse en una regeneración de la historia.


Hacia una regeneración de la historia

Aquellos que han adoptado una visión lineal o segmentaria de la historia tienen la certeza de “estar del lado de Dios”, como dicen los unos, de “ir en el sentido de la historia”, como dicen los otros. Sus adversarios no pueden tener ninguna certeza. Si se cree que la historia la hace el hombre y sólo el hombre, si se cree que el hombre es libre y que libremente forja su destino, hay que admitir que esta libertad puede, en último término, volver a cuestionar, e incluso abolir, la historicidad misma del hombre. Les es preciso, repitámoslo, considerar que el fin de la historia es posible, aunque es una eventualidad que rechazan y contra la que se baten. Pero si el fin de la historia es posible, también la regeneración de la historia lo es, en todo momento. Porque la historia no es ni el reflejo de una voluntad divina, ni el resultado de una lucha de clases predeterminada por la lógica de la economía, sino el resultado de una lucha que emprenden los hombres entre sí en nombre de las imágenes que se forman respectivamente de ellos mismos y a las cuales, realizándolas, tratan de adecuarse.

En la época en que vivimos, algunos no encuentran otro sentido en la historia más que en la medida en que esta tiende a la negación de la condición histórica del hombre. Para otros, al contrario, el sentido de la historia no es otro que el sentido de una imagen del hombre, una imagen usada y consumida por la marca del tiempo histórico. Una imagen dada en el pasado, pero que conforma siempre su actualidad. Una imagen que no pueden realizar más que con una regeneración del tiempo histórico. Estos saben que Europa no es ya más que un cúmulo de ruinas. Pero, con Nietzsche, saben también que una estrella, si ha de nacer, nunca puede empezar a brillar más que en un caos de polvo oscuro.

El Comunismo condenado

El Comunismo condenado

 La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó este miércoles (25/01/2006) una resolución en favor de "una condena internacional de los crímenes de los regímenes comunistas totalitarios". Pero el Grupo Socialista, por boca de su presidente, el senador español del PSC, Lluís María de Puig, se  negó a apoyar la resolución que constata las "violaciones masivas de los derechos humanos" perpetradas por los regímenes comunistas. Según el socialista catalán el informe adolece a "falta de análisis" y puede dar lugar a "interpretaciones incorrectas y nefastas".



La resolución aprobada con 99 votos a favor y 42 en contra, tras un encendido debate dentro y fuera del hemiciclo, pone de manifiesto que los regímenes comunistas que hubo en Europa "estuvieron marcados, sin excepción, por violaciones masivas de los derechos humanos", que "incluyeron asesinatos y ejecuciones". También señala que esos crímenes "se justificaron en nombre de la teoría de la lucha de clases y del principio de la dictadura del proletariado", lo que "hacía legítima la 'eliminación' de las categorías de personas consideradas perjudiciales para la construcción de una nueva sociedad, y por tanto enemigas de los regímenes comunistas totalitarios". El ponente del informe, el parlamentario conservador sueco Goran Lindblad, defendió la necesidad de su iniciativa porque "el gran público es poco consciente de estos crímenes" por la falta de una investigación exhaustiva sobre lo que ocurrió. En la resolución se argumenta que la condena por parte de la comunidad internacional "favorecerá la continuación de la reconciliación" e incitará a los historiadores de todo el mundo a "establecer y verificar objetivamente el desarrollo de los hechos". En el texto, en el que se propone rendir homenaje a las víctimas, se invita a los partidos comunistas a "reexaminar su propio pasado y a tomar distancia" de los citados crímenes. Lindblad recuerda que sólo en China y en la Unión Soviética hubo a causa de esos regímenes al menos 65 y 20 millones de muertos respectivamente. El debate creó tanta expectación que 63 parlamentarios pidieron la palabra. La mayoría de los diputados de los grupos popular, liberal y demócrata se mostraron a favor del texto. Varios de ellos recordaron que en "ningún país" el Partido Comunista "ha conquistado el poder y ha seguido siendo democrático". Socialistas y postcomunistas se niegan condenar los crímenes Por el contrario, el Grupo Socialista, por boca de su presidente, el español Lluis María de Puig, senador del PSC por Gerona, pidió la devolución del informe a la Comisión de Asuntos Políticos, debido a la "falta de análisis" y a que puede dar lugar a "interpretaciones incorrectas y nefastas", pero su propuesta fue rechazada por 81 votos en contra y 70 a favor. Los representantes del Grupo de la Izquierda Unitaria se opusieron a la resolución, mientras que algún demócrata ruso, como Konstantin Kosachev, quiso subrayar las "diferencias que no vale la pena explicar aquí" entre los crímenes del comunismo y los del nazismo. Si bien la resolución fue aprobada, no ocurrió lo mismo con un proyecto de recomendación a los gobiernos de los Estados miembros del Consejo de Europa para el que eran necesarios dos tercios de los votos. Tampoco salió adelante la iniciativa de crear, junto a la Unión Europea (UE), un Museo europeo en memoria de las víctimas de los regímenes comunistas totalitarios, con sede en Bruselas, o el lanzamiento de campañas nacionales de sensibilización sobre "los crímenes cometidos en nombre de la ideología comunista" Durante las últimas jornadas se han celebrado concentraciones frente a la sede del Consejo de Europa de comunistas –en contra del texto–, y de independentistas tibetanos, que denunciaban la represión del régimen comunista chino. En su próxima sesión, que se celebrará el próximo mes de abril, la Asamblea Parlamentaria debatirá un informe titulado "Combatir el resurgimiento de la ideología nazi". Es de suponer que en esta ocasión los socialistas si se opondrán a la barbarie. Fuente: libertaddigital.com

 

El Consejo de Europa aprueba la primera condena internacional de los crímenes de las dictaduras comunistas  ESTRASBURGO, 25 Ene. (del corresponsal de EUROPA PRESS Javier Gómez) -       Los 46 países que forman el Consejo de Europa aprobaron hoy, en un voto histórico, una resolución de "condena internacional de los crímenes de los regímenes comunistas totalitarios". Tras un apasionado y extenso debate, con casi 50 oradores, la asamblea decidió dar su visto bueno a un texto que subraya "la poca consciencia" de las sociedades europeas sobre las "violaciones masivas e los derechos humanos" que acontecieron bajo las dictaduras comunistas del pasado y las actuales. "Este debate era necesario para que la gente de nuestros países se de cuenta de lo que fueron los crímenes del comunismo", declaró hoy en el hemiciclo el parlamentario conservador sueco Goran Lindblad, del Partido Popular Europeo, redactor del informe. El texto final ue aprobado por 99 votos a favor, 42 en contra y dos abstenciones. "Mientras que otro régimen totalitario del siglo XX, el nazismo, ha sido condenado internacionalmente y los autores de estos crímenes, juzgados, crímenes similares cometidos en nombre del comunismo nunca han sido objeto de investigaciones ni de condena internacional alguna", sostiene la resolución.       Lindblad afirma en su texto que "todos los regímenes comunistas totalitarios han estado marcados sin excepción por las violaciones masivas de derechos humanos", e incluye en esta definición a "los países actualmente comunistas", como Cuba, China y Corea del Norte. Entre las violaciones de derechos humanos que Lindblad enumera figuran los "asesinatos y ejecuciones, individuales o colectivos, muertes en campos de concentración, muertes por hambre, deportaciones, torturas, trabajos forzados y otras formas de terror físico colectivo". El grupo socialista pidió hoy el envío del texto a la comisión, "para seguir analizándolo" y argumentó que "no se trata de un buen informe". Los pertenecientes a partidos comunistas expresaron su rechazo. El debate ha provocado una viva expectación en Rusia, e incluso protestas frente a la embajada sueca en Moscú. El jefe de los comunistas rusos, Guennadi Ziuganov, tomó la palabra en el hemiciclo de Estrasburgo durante la sesión de hoy para defender el compromiso histórico, la lucha contra el nazismo y los ideales del comunismo.  Los partidos comunistas occidentales han criticado duramente esta iniciativa. El griego KKE y el francés PCF han sido de los más duros a la hora de juzgar el informe. "Nada puede justificar una asimilación revisionista del nazismo. No es la idea comunista, sino su desnaturalización, la que produjo estos crímenes", condenaron los comunistas franceses.  En un duro comunicado, el PCF culpó incluso al Consejo de Europa de "participar a la negación de la excepcionalidad del fenómeno nazi" y "contribuir así a la banalización del genocidio de los judíos", por equiparación Lindblad habría planteado entre esa ideología y el comunismo.      Sin embargo, el Consejo de Europa reconoce explícitamente en el informe que "a pesar de los crímenes de los regímenes comunistas, algunos partidos comunistas europeos han trabajado en la realización de la democracia".  El presidente de la Asamblea, el holandés René Van der Linden, pidió que se entendiera este texto como una condena de los "crímenes" de las dictaduras comunistas, y no del comunismo como tal. "Hay que tomar conciencia de lo que pasó", dijo Van del Linden. RECOMENDACIONES RECHAZADAS      Sin embargo, los parlamentarios no aprobaron el proyecto de recomendación que acompañaba a la resolución. Este texto pedía a los estados miembros del Consejo de Europa que fueron gobernados por el comunismo "una campaña nacional de sensibilización de los crímenes cometidos en nombre de esa ideología".  Para que las recomendaciones pasen al Comité de Ministros, el Ejecutivo del Consejo de Europa, debía conseguirse una mayoría de dos tercios. Finalmente, esta parte del proyecto fue aprobada por 85 parlamentarios de 146 presentes, pero hubiera necesitado 97 votos.   De haberse aprobado, el Comité de Ministros habría pedido a los estados ex soviéticos revisar también los contenidos de sus manuales escolares e instituir un día conmemorativo por las víctimas del comunismo. El parlamentario pedía a los partidos post comunistas existentes en los regímenes parlamentario de Europa que "condenen sin ambigüedad" las derivas de su ideología en el pasado. Fuente: Europapress

Rumanía creó un instituto para investigar los crímenes cometidos bajo la dictadura comunista de Ceaucescu El Gobierno rumano anunció el 21 de diciembre de 2005 la creación del “Instituto para la Investigación de los Crímenes del Comunismo”, que tiene el fin de revelar a la sociedad los crímenes cometidos por el régimen comunista en Rumanía entre 1944 y 1989.  Según informó el primer ministro, Calin Popescu Tariceanu, “es un deber moral dar a conocer los crímenes, las ejecuciones, los abusos y las violaciones de los derechos humanos en las cárceles y los campos de exterminio donde perecieron las élites políticas y culturales de Rumanía”.  El primer ministro de Rumanía, Calin Popescu, señaló que existen todavía numerosos archivos que no fueron investigados o a los que el público no tiene acceso, como los del Partido Comunista Rumano y de sus órganos directivos. Según el dirigente rumano, el Instituto para la Investigación de los Crímenes del Comunismo "no sustituirá a la Fiscalía", sino que tendrá por objetivo una investigación científica y publicará los resultados estimados como "importantes para el conocimiento de la historia reciente" de Rumanía.  Además de las víctimas y los verdugos, de los lugares de detención, se conocerán también las leyes y los decretos sobre cuya base funcionaban los organismos represivos.  El nuevo Instituto funcionará durante seis años y será dirigido por un Consejo integrado de once personalidades de la sociedad civil designadas por el primer ministro.  Popescu Tariceanu destacó que de modo simbólico este Instituto fue creado el día 21 de diciembre, cuando hace 16 años la población de Bucarest se sublevó para derrocar el régimen comunista de Nicolae Ceaucescu, fusilado esa misma Navidad tras un precipitado juicio sumarísimo. 

Fuentes: libertaddigital.com/EFE

Operación Condor (1966)

Operación Condor (1966)

El 28 de septiembre de 1966 fue llevado a cabo el Operativo Cóndor.
Ese día, un grupo armado de 18 jóvenes desvió un avión de Aerolíneas Argentinas hacia las Islas Malvinas, donde la Bandera Nacional flameó por treinta y seis horas. El avión Douglas DC4 con destino inicial a Rio Gallegos, partió de aeroparque a las 0:34 horas.

Su comandante era Ernesto Fernandez García, y viajaban como pasajeros, entre otros, el gobernador del por ese entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Contraalmirante José María Guzman, Luciano Preto y su hijo Daniel Preto (hermano del hoy senador nacional por Tierra del Fuego Ruggero Preto).

Los jóvenes que montaron el operativo, en su mayoría empleados metalúrgicos militantes de partidos nacionalistas, fueron condenados a su regreso por la Justicia Federal argentina. Pero a pesar de que se los consideró delincuentes, muchos interpretan su audaz acción como una verdadera gesta patriótica, quizá la primera que reivindicó los derechos soberanos argentinos sobre las Malvinas.

Aunque los libros de historia y los manuales escolares casi no hagan mención a ello.

Rumbo a Malvinas

El Operativo Cóndor fue comandado por Dardo Manuel Cabo, periodista, metalúrgico y activo militante nacionalista de aquellos años. Con él actuaron Fernando Aguirre, Norberto Karasiewicz, Andrés Castillo, Luis Caprara, Victor Chazarreta, Ricardo Ahe, Juan Bovo, Edelmiro Navarro, Ramón Sánchez, Pedro Tursi, Juan Rodriguez, Pedro Bernardini, Alejandro Giovenco Romero, Fernando Lisardo, Edgardo Salcedo, Aldo Ramirez y María Cristina Verrier.

El Dr. José Salomón, abogado fueguino que patrocinó a buena parte de estos jóvenes, recordó en un articulo reciente que según consta en el expediente aproximadamente a las seis de la mañana, y ya sobrevolando la ciudad de Santa Cruz, el grupo tomó el avión y previo a conversar con el comandante -que alegaba falta de combustible- lo obligó a tomar rumbo 105 con destino a las Islas Malvinas. A los pasajeros se les comunicó, para no atemorizarlos, que se regresaba a Comodoro Rivadavia.

Por su parte, en la acusación del Fiscal Federal de Tierra del Fuego, Jorge Torlasco, se sostiene que a pesar del manto de nubes existente, el piloto logró encontrar las Islas, valiéndose de cierta deformación en dicho manto que lo indujo a pensar que debajo debía haber tierra firme.

Entre claros pudieron divisar tierra, localizaron la ciudad, y luego de hacer alguno virajes de reconocimiento, aterrizaron en una pista de carrera de caballos, evitando distintos obstáculos que allí había. No bien se detuvo el avión descendió el grupo de jóvenes armados, y procedió a colocar banderas argentinas en las inmediaciones.

A las 9:57, en Puerto Rivero -después sería Puerto Argentino- Dardo Cabo firma el siguiente comunicado: Operación Cóndor cumplida.

Pasajeros, tripulantes y equipo sin novedad. Posición Puerto Rivero, Islas Malvinas, autoridades inglesas nos consideran detenidas. Jefe de Policía e Infantería tomados como rehenes por nosotros hasta tanto gobernador ingles anule detención y reconozca que estamos en territorio argentino...

El comunicado fue difundido por la radio del avión. Y a las 18 horas se complementó con otro que decía: Informa Operación Cóndor: después de escuchar misa en castellano dentro del avión, fueron liberados los rehenes ingleses.

El operativo según Héctor Ricardo García

Tal como lo recordó n su libro Cien veces me quisieron matar, fue el único periodista en actividad que viajó acompañando al Operativo Cóndor. Dice este medio que la audaz y muy riesgosa acción conmocionó no solo a nuestro gobierno (ese mismo día el dictador Juan Carlos Onganía cumplía tres meses de mandato) sino al mundo, provocando comentarios en toda la prensa.

Los 18 argentinos contaban con mucho y sofisticado armamento transportado clandestinamente en el avión, pero el cansancio, la falta de alimentos y agua los obligaron a rendirse.

El periodista describe lo que ocurrió después de que el sacerdote Rodolfo Roel ofició la misa en el avión:

A las seis de la tarde, una fuerte lluvia comenzó a caer sobre la Isla. No obstante, varios pobladores y los infantes de marina (ingleses) se daban a la tarea de colocar grandes reflectores en las inmediaciones del avión, para poder observar sin problemas los movimientos de los ocupantes de la máquina. Además, el cerco armado ya estaba al máximo. En los siete jeeps ubicados detrás del avión se habían apostado policias, infantes y pobladores armados; otro tanto en los coches ubicados delante, mientras en lo alto del cerro tres carpas de campaña revelaban que en su interior también había efectivos.

Se calcula que unos cien hombres, de los 120 habitantes de la Isla, estaban en pié de guerra, pese a la inclemencia del tiempo y la fuerte lluvia, que cayó sin tregua durante mas de dos horas. Mientras los 18 integrantes del comando se encerraban en el avión, como único refugio para planear sus futuras acciones, los tripulantes y pasajeros del vuelo 648 (que habían sido trasladados hasta el centro de la ciudad para recibir alimentos y hospitalidad) disfrutaban de buenas comodidades que les brindaron los habitantes.

A las 4:30 horas del 29 de Septiembre, se conoció un mensaje del gobernador inglés de las Islas. En el mismo, el representante real expresaba: están totalmente cercados; si intentan salir del avión, los soldados y policias tienen ordenes de tirar. No respondemos por vuestras vidas. Es preferible que se rindan. La respuesta del jefe del comando fue negativa.

Poco después de las 15, el padre Roel fue a visitar a los muchachos, como les decía con temblorosa y suave voz, mezcla de ingles y castellano. Y allí, a título personal, como siempre hablaba, les solicitó que entregaran sus armas y se rindieran. La respuesta fue la de siempre: no estamos dispuestos a deponer las armas. Finalmente se llegó a un pacto: los argentinos depondrían de su actitud, siempre y cuando fueran acogidos por la Iglesia Católica, y quedaran exclusivamente a cargo del padre Roel.

A las 17, todos los cóndores con el sacerdote y el comandante formaron junto a la bandera argentina que estaba flameando desde la mañana anterior, y procedieron a arriarla. Luego, con ella en brazos, entonaron el Himno Nacional Argentino, de viva voz, mientras atónitos custodios ingleses, sin moverse de sus puestos pero siempre con las armas listas, seguían con atención la emocionante ceremonia. Media hora mas tarde, el comandante de la nave, Fernandez García, recibía sobre su avión todas las armas.

Las horas avanzaban y nada se sabía sobre la suerte de los integrantes del operativo y la mía. Nadie podía precisar dónde seríamos juzgados. En Argentina o en Inglaterra.

El 1 de Octubre, los argentinos fueron transportados en una lancha carbonera inglesa hasta el barco Bahía Buen Suceso. En ese momento Cabo tomó las siete banderas argentinas, y tal como lo había prometido, en vez de bajar con ellas enarbonándolas (como era la idea) las entregó al almirante Guzmán en una bolsa, diciendo en la oportunidad las siguientes palabras: Señor Gobernador de nuestras Islas Malvinas, le entrego como máxima autoridad aquí de nuestra patria, estas siete banderas. Una de ellas flameó durante 36 horas en estas Islas y bajo su amparo se cantó por primera vez el Himno Nacional.

El viaje desde las Malvinas hasta Tierra del Fuego se extendió desde las 19:30 horas del 1 de Octubre hasta las 3 de la mañana del 3 de Octubre, en que llegaron a Ushuaia.

Delincuentes o patriotas?

El Juez Federal de Tierra del Fuego, Miguel Angel Lima, procesó a los integrantes del Operativo Cóndor en atención a los delitos de privación de la libertad personal calificada y tenencias de armas de guerra, por los que finalmente fueron condenados a distintas penas el 26 de Junio de 1.967.

Esta sentencia fue confirmada por la Cámara Federal de Bahía Blanca, el 13 de Octubre de ese mismo año, aunque algunas consideraciones de los jueces, citadas por el Dr. Salomón, sugieren un espíritu distinto al de la condena.

Por ejemplo, la decisión judicial ordena la devolución de las banderas a su propietario, Dardo Manuel Cabo.

El juez Lima sostuvo que ...las banderas argentinas, por el hecho de haber tremolado sobre una porción irredenta de tierra de la Patria, no son ni pueden ser consideradas instrumento de delito.

Por ello corresponde su oportuna devolución a quien ha demostrado actuar como su propietario.

Y como el propio Salomón y los demás abogados defensores habían pedido que las banderas sean entregadas al Museo Histórico Nacional, el juez Lima contestó que cualquiera fuera la opinión del infrascripto, escapa a sus funciones disponer sobre el destino solicitado. No pretendamos anticiparnos al juicio de la Historia.

Dejemos a la posteridad lo que es de la posteridad. Solo el tiempo que acalla las pasiones y afina las perspectivas es el capaz de dar su paso sereno e imparcial.

EN MEMORIA:

 

Hoy 28 de setiembre se cumplen 35 años de la Operación Cóndor que reafirmó la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. Un grupo de jóvenes valerosos y patriotas cumplió su objetivo de llegar al archipiélago e izar allí la enseña azul y blanca. "Estamos aquí porque preferimos los hechos a las palabras. Estamos ante Dios y con mucha determinación, sin banderas políticas" decía en uno de sus párrafos el comunicado datado en Puerto Rivero.

Nuestro homenaje a los siete miembros de la operación fallecidos:

DARDO CABO
ALEJANDRO GIOVENCO
ALDO RAMIREZ
JUAN CARLOS RODRIGUEZ
JESUS SALCEDO
ADOLFO SANCHEZ
PEDRO TURSI


Nuestro reconocimiento también para los supervivientes:

CRISTINA VERRIER
RICARDO AHE
FERNANDO AGUIRRE
PEDRO BERNARDINI
JUAN CARLOS BOVO
LUIS CAPRARA
ANDRES CASTILLO
VICTOR CHAZARRETA
NORBERTO KARASIEWICZ
FERNANDO LIZARDO
EDELMIRO NAVARRO

MALVINAS VOLVEREMOS!

Para conocer mas sobre la "Operación Condor" es imprescindible visitar: http://galeon.hispavista.com/elortiba/condor.html

Artículo publicado en Mundo Peronista.En la foto el responsable del comando nacionalista Dardo Cabo

Releyendo a Evola (IV)

Releyendo a Evola (IV)

La leyenda del grial y el "Misterio" del Imperio

En una o en otra forma, en las tradiciones de los pueblos más variados siempre se encuentra la idea de un poderoso "Señor del Mundo", de un reino misterioso que se encuentra por encima de todo reino visible. De una residencia que tiene, en sentido superior, el significado de un polo, de un eje, de un centro inmutable, representado como una tierra firme en medio del océano de la vida, como una comarca sagrada e intangible, como una tierra de la luz, o tierra solar.

Significados metafísicos, símbolos y oscuros recuerdos se entrelazan aquí innseparablemente. La idea de la realeza olímpica y del "mandato del cielo" constituye un tema central: "Aquel que reina a través de la Virtud (del Cielo)?dice Kong-tze ? se asemeja a la estrella polar: él permanece inmóvil, pero todas las cosas se mueven a su alrededor". La idea del "Rey del Mundo" concebido como cakravartî se encuentra por encima de una serie de temas subordinados : el kravarti ?Rey de los reyes? hace girar la rueda ?la rueda del Regnum, de la "Ley"? permaneciendo él mismo inmóvil. Invisible como la del viento, su acción tiene sin embargo la irresistibilidad de las fuerzas de la naturaleza. En mil formas, y en estrecha conexión con la idea de una tierra nórdico-hiperbórea, irrumpe el simbolismo de la sede del medio, de la sede inmutable: la isla, la altura montañosa, la ciudadela del sol, la tierra defendida, la isla blanca o isla del esplendor, la tierra de los héroes: "Ni por tierra ni por mar se alcanza la tierra sagrada" ? se dice en la tradición helénica. "Sólo el vuelo del espíritu os puede conducir allí" ?susurra la tradición extremo-oriental. Otras tradiciones hablan de un monte magnético misterioso y del monte, en el cual desaparecen o son raptados aquellos que han obtenido la perfecta iluminación espiritual. Otros hablan aun nuevamente de una tierra solar, desde la cual provienen aquellos que son destinados a asumir la dignidad de reyes legítimos entre pueblos sin príncipes. Ésta es también la isla de Avalón, es decir, la isla de Apolo, del dios solar hiperbóreo, denominado a su vez Aballún por parte de los Celtas. También respecto de legendarias razas "divinas", como los Tuatha dè Danann, que vinieron del Avalón, se dice que vinieron "del cielo". Los Tuatha llevaron consigo desde el Avalón algunos objetos místicos: una piedra que indica a los reyes legítimos, una lanza, una espada, un vaso que provee un alimento permanente, el "don de vida". Son los mismos objetos que figurarán en la leyenda del Grial.

Desde los tiempos primordiales estos temas originarios descienden hasta el Medioevo asumiendo en esta época formas características. De aquí, por ejemplo, las tradiciones relativas al reino del Preste Juan y del Rey Arturo.

"Preste Juan" no es un nombre, sino un título: se habla de una dinastías de "Prestes Juan" la cual, del mismo modo que la estirpe de David, habría revestido a un mismo tiempo la estirpe regia y la sacerdotal. El reino de Juan asume muchas veces los rasgos del "lugar primordial", del "paraíso terrestre". Es allá donde crece el Árbol; un árbol que, en las diversas redacciones de la leyenda, aparece a veces como Árbol de la Vida, otras como un Árbol de la Victoria y del dominio universal. Allí se encuentra también la piedra de la Luz, una piedra que tiene la virtud de resucitar al animal imperial, el Águila. Juan domina a los pueblos de Gog y de Magog ? las fuerzas elementales, el demonismo de lo colectivo. Varias leyendas hablan de viajes simbólicos que los más grandes dominadores de la historia habrían hecho hasta el país del preste Juan, o hacia tierras que tenían un significado análogo, para recibir allí una especie de consagración sobrenatural de su poder. Por otro lado, el Preste Juan habría enviado a emperadores, como "Federicus", donaciones simbólicas que tenían el significado de un "mandato divino". Uno de los héroes que habría alcanzado el reino del Preste Juan es Oyero de Dinamarca. Pero en la leyenda de Oyero de Dinamarca el reino del Preste Juan se identifica con el Avalón, es decir con la isla hiperbórea, con la tierra solar, con la "isla blanca".

En Avalón se ha retirado el Rey Arturo. Acontecimientos trágicos, descriptos en formas diferentes de acuerdo a los textos, lo obligan a buscar allí refugio. Este retiro de Arturo no tiene el significado de la conversión de un principio de una función, en algo latente. Arturo, de acuerdo a la saga, no ha muerto nunca. Él vive todavía en el Avalón. Él se volverá a manifestar nuevamente. En la figura del Rey Arturo debe verse una de las múltiples funciones del "dominador polar", del "rey del mundo". El elemento histórico se encuentra aquí revestido por el suprahistórico. Ya la antigua etimología vinculaba el nombre de Arturo con arkthos, es decir, "oso", lo cual, a través del simbolismo astronómico de la constelación polar, remite nuevamente a la idea del "centro". El simbolismo de la "Mesa Redonda", de cuya caballería Rey Arturo es el jefe supremo, es "solar" y "polar". El palacio de Rey Arturo ?así como el Mitgard, la residencia luminosa de los Asen, de los "héroes divinos" nórdicos? está construido en el "centro del mundo" ? in medio mundi constructum. De acuerdo a algunos textos, el mismo gira alrededor de un punto central: gira, como en la "isla blanca" ?çvetadvîp ? recordada por los indoeuropeos de Asia, en la tierra hiperbórea cuyo dios es el solar Vishnu, gira la swastika, como "la isla de vidrio" céltico-nórdica ?un facsímil del Avalón? gira; como la rueda fatal del cakravartî, del "Rey del Mundo" ariano, gira. Los rasgos sobrenaturales, "mágicos", propios de esta figura se encarnan, por decirlo así, en Myrddhin, es decir, en Merlín, consejero inseparable de Rey Arturo, que es, en el fondo, más un ser diferente de él, la representación personificada de la parte sobrenatural del mismo Arturo. La caballería de Arturo irá a la búsqueda del Grial. La caballería de Arturo, que recluta sus miembros entre todas las patrias, tiene como consigna: "El que es jefe, que sea nuestro puente". De acuerdo a la antigua etimología, pontifex significaba por lo demás el "hacedor de puentes", aquel que establece el lazo entre las dos riberas, entre los dos mundos.

A ello se le agregan oscuros recuerdos históricos y transposiciones geográficas de nociones temporales. La "isla" situada "en la extremidad del mundo", respecto de lo cual, en varias tradiciones, en realidad significa el centro primordial en las lejanías remotas del tiempo. La tierra del sol es, para los Griegos, Thulé ? Thule ultima a sole nomen habens ? y Thulé equivale al Airyanem-Vaêjô, al país del extremo norte de los antiguos Persas. El Airyanem-Vaêjô ha conocido el reino del solar rey Yima, la "edad del Oro". Pero Hesíodo recuerda: "Cuando esta edad (la edad del Oro) declinó, aquellos hombres divinos continuaron a vivir toí mèn?eisí y se convirtieron, en forma invisible eóra essamenou en los guardianes de los hombres". Ello porque el "sentido de la historia" es la decadencia: a la edad del Oro le sucede la de la Plata ? la edad de las Madres; luego la del Bronce ? la edad de los Titanes; finalmente la edad del Hierro; "edad oscura", kali-yuga, "crepúsculo de los dioses". ¿Por qué? Muchos mitos parecen querer establecer una relación entre "caída" e hybris, es decir, usurpación prometeica, revuelta titánica. Pero nuevamente, Hesíodo nos recuerda: Zeus, el principio olímpico, ha creado en la edad del Hierro una generación de héroes, que son más que "titanes" y tienen la posibilidad de conquistar una vida similar a la de los dioses, iós te òesí. Un símbolo: el Heracles dórico-aqueo, aliado de los Olímpicos, enemigo de los titanes y de los gigantes.

La doctrina del centro supremo y de las edades del mundo está estrechamente vinculada con la de las leyes cíclicas y de las manifestaciones periódicas. Si se dejase a un lado tales puntos de referencia, muchos mitos y muchos recuerdos tradicionales nos remitirían a unas situación de fragmentos casi incomprensibles. "Ello aconteció una vez ? ello acontecerá de nuevo", enseña la tradición. Y también: "Cada vez que el espíritu declina y la impiedad triunfa, yo me manifiesto; para la protección de los justos, para la destrucción de los malvados, para establecer firmemente la ley, de edad en edad yo revisto un cuerpo". En todas las tradiciones, bajo diferentes formas, más o menos completas, recorre siempre la doctrina de las manifestaciones cíclicas de un principio único, subsistente en los períodos intermedios en estado latente. Mesías, Juicio Universal, Regnum, etc.: todo esto no representa otra cosa que una traducción religiosa y fantasiosamente deformada, de este conocimiento; conocimiento que por lo demás se encuentra también en la base de aquellas confusas leyendas, en las que se narra acerca de un dominador que no habría muerto nunca, sino que se habría retirado en una sede inaccesible ?idéntica en el fondo, al "Centro"? para volver a manifestarse en el día de la "última batalla"; de un emperador que duerme y que se volverá a despertar; de un príncipe herido, que espera a aquel que lo curará y que conducirá a su reino decaído o devastado hacia un nuevo esplendor. Todos estos muy notorios temas de la leyenda imperial medieval nos remiten sumamente lejos en los tiempos. El mito primordial del Kalki-avatâra contiene ya todas estas ideas en una relación sumamente significativa con otros símbolos ya indicados por nosotros. Kalki-avatâra ha "nacido" en Shambala, que es una de las designaciones del centro hiperbóreo primordial. La enseñanza le ha sido transmitida por parte de Paraçu-Râma, el representante "nunca muerto" de la tradición de los "héroes divinos", el destructor de la casta guerrera en rebelión. Kalki-avatâra combate en contra de la "edad oscura" y sobre todo contra los jefes de las fuerzas demoníacas de la misma, Koka y Vikoca, los cuales, aun etimológicamente remiten a Gog y Magog, a las fuerzas subterráneas que, ya dominadas y subyugadas por el regio Preste Juan, se desencadenarán en la edad oscura y contra las cuales también el emperador vuelto a despertar deberá combatir.

* * *

La leyenda del Grial debe ser referida a tal orden de ideas y sólo sobre la base de estos datos tradicionales y de este simbolismo universal la misma puede ser comprendida sea desde el punto de vista histórico como desde el suprahistórico. Aquel que en la historia del Grial considera tan sólo una leyenda cristiana, o una expresión del "folklore céltico pagano", o la creación de una literatura caballeresca sublimada, no captará de los respectivos textos, sino el aspecto más exterior, accidental e insignificante. De la misma manera sería equivocado también todo intento de deducir los temas del Grial del espíritu de un pueblo en particular. Se puede afirmar, por ejemplo, que el Grial es un "misterio" nórdico; pero tan sólo a condición de entender por "nórdico" a algo sumamente más profundo y más comprensivo que "alemán" o aun "indogermánico", algo que en vez remita a la tradición hiperbórea, la cual hace una misma cosa con la misma tradición primordial del presente ciclo. En realidad, justamente desde esta tradición se pueden deducir todos los temas principales de las leyendas en cuestión.

A tal respecto es sumamente significativo que, según el "Perceval li Gallois", los textos que contienen la historia del Grial habrían sido hallados en la "Isla de Avalón", en donde "está la tumba de Arturo". Además otros textos llaman al país, en el cual José de Arimatea habría llevado el Grial y en donde habitaban ciertos enigmáticos antepasados del mismo José, la "Isla Blanca" e "Insula Avallonis": son, nuevamente, designaciones del centro nórdico primordial. Si Inglaterra en esta literatura aparece muchas veces como una especie de tierra prometida del Grial y como el país en el cual se desarrollan esencialmente las aventuras del Grial, muchos indicios nos dicen que, al respecto, se trata de un país simbólico. Inglaterra fue llamada también "Albión" e "Isla Blanca"; "Albania" fue una parte de la misma; Avalón la localidad de Glastonbury. La antigua toponomástica céltico-británica parece pues haber transpuesto a Inglaterra, por lo menos a una parte de ésta, algunos recuerdos y algunos significados referidos esencialmente al centro nórdico primordial, a Thulé, a la "tierra solar". Éste es el verdadero país del Grial. Y es por esto que el reino del Grial se encuentra en estrecha relación con el reino simbólico de Arturo, con el reino devastado ?la terre gaste? con el reino cuyo soberano se encuentra herido, en letargo y decaído. Una isla montañosa, una isla de vidrio, una isla que gira sobre sí misma (the isle of the tournance), una residencia rodeada por las aguas, un lugar inaccesible, una cumbre alpina, un castillo solar, un monte salvaje y un monte de la salvación (Montsalvatsche y Mons Salvationis), una ciudadela invisible, tal de poder ser alcanzada sólo por los elegidos, e incluso por éstos corriendo un peligro mortal, etc. ? he aquí las escenas principales sobre las cuales se dirigen las principales aventuras de los héroes del Grial: no son sino tantas representaciones del "Centro", de la residencia simbólica del Rey del Mundo. También el tema de la tierra primordial es recurrente: un texto llama "Edén" a la tierra del Grial. El ciclo de Lohengrin y la Sachsenkronik von Halberstadt refieren: "Arturo se encuentra con sus caballeros, en el Grial, que ya fue el paraíso y que ahora se ha convertido en un lugar de "pecado".

En la literatura caballeresca el Grial es propiamente un objeto sobrenatural, que tiene esencialmente estas virtudes: alimenta ("don de vida"); ilumina (iluminación espiritual); convierte en invencible (quien lo ha visto, n?en court de bataille venchu, según Robert de Boron). En cuanto a los restantes aspectos, hay que señalar dos.

Sobre todo el Grial es una piedra celeste, que no sólo designa a los reyes ?como la piedra que los Thuata llevaron consigo al Avalón? sino que indica también a los dominadores destinados a convertirse en "Preste Juan" (de acuerdo al "Triturel").

En segundo lugar, el Grial sería la piedra caída de la corona de Lucifer en el momento de su derrota (de acuerdo al "Wartburgkrieg"). Como tal, el Grial simboliza un poder que Lucifer, al caer, perdiera, y el mismo también en otros textos conserva el carácter de un mysterium tremmendum. Como una fuerza temible, el Grial mata, despedaza, enceguece a los caballeros que se le acercan sin ser dignos del mismo y sin ser los elegidos (según el "Grand St. Graal", "Joseph de Arimathia", etc.). Este aspecto del Grial se encuentra en relación con la prueba del "lugar peligroso". A la Mesa Redonda de Arturo le falta ya alguien, Un lugar se encuentra vacío, el cual, en el fondo, es el del jefe supremo de la Orden. Aquel que lo ocupa sin ser el héroe esperado, es fulminado o es tragado por una súbita vorágine. El Grial puede ser alcanzado tan sólo combatiendo ?er nuos erstriten werden ? dice Wolfram von Eschenbach.

El misterio del Grial comprende dos temáticas. La primera retoma la idea de un reino simbólico, concebido como una imagen del centro supremo; reino, que debe ser restaurado. El Grial no está más presente allí, o bien ha perdido su virtud. El rey del Grial está enfermo, herido, decrépito, o bien padece un sortilegio, en razón del cual él parece vivir, conserva una apariencia de vida, aun estando muerto desde siglos (según el "Diû Krone"). La otra temática consiste en la llegada de un héroe que, habiendo visto al Grial, debe sentirse llevado hacia una tal restauración; de otro modo él traicionará su misión y su fuerza heroica será maldita (según Wolfram von Eschenbach). Él debe volver a unir una espada partida. Él debe ser el vengador. Él debe "formular la pregunta".

¿De qué pregunta se trata? ¿Y cuál es propiamente la misión de este "elegido"? Parece ser la misma que Hesíodo atribuye a los "héroes", es decir, a aquella misma generación que, nacida en la edad oscura de la decadencia, tiene sin embargo aun la posibilidad de restaurar la "edad del Oro". Y así como el héroe hesiódico debe superar y gobernar el elemento titánico, de la misma manera vemos que el héroe del Grial debe superar el peligro luciférico. No basta que el caballero del Grial se muestre como "el mejor y el más valiente caballero del mundo" y un corazón de acero ?"ein stählernes Herz"? en cada tipo de aventuras naturales y sobrenaturales: él debe también "estar libre de orgullo" y debe "conquistar la sabiduría" (según Wolfram y Gautier). Si el Grial ha sido perdido por lucifer, he aquí que algunos textos (Grand St, Graal, Gerbert de Mostreuil, "Morte Darthur") refieren justamente a Lucifer el poder demoníaco que actúa en diferentes pruebas en contra de los caballeros del Grial. Además el viejo rey del Grial se ha hecho impotente e incapaz de reinar en razón de una herida que se le hiciera con una lanza envenenada mientras él se encontraba al servicio de Orguelluse: pero es bastante visible que esta Orguelluse no es sino una personificación femenina del mismo principio del "orgullo". Además otros caballeros del Grial, por ejemplo Gauvain ("Galvano"), son puestos a la prueba en el castillo de esta misma Orguelluse. Pero ellos no sucumben. Vencen, desplazan ?"poseen"? a Orguelluse. El sentido de esta prueba es la realización de una fuerza pura, de una virilidad espiritual; es la transposición de la calificación heroica sobre un plano separado de todo lo que es caos y violencia, "La caballería terrestre debe convertirse en caballería celeste" ? se dice (Queste du Graal). Ésta es la condición para poder abrirse el camino hasta el Grial, para poder ocupar el "lugar peligroso" sin ser fulminados, así como lo fueron los titanes por parte del Dios olímpico.

Sin embargo como tema fundamental de todo el ciclo del Grial debe ser considerado el siguiente: al héroe de todas estas pruebas se le impone una tarea ulterior y decisiva. Una vez que ha sido admitido en el castillo del Grial, él debe sentir la tragedia del Rey del Grial herido, paralizado o viviente sólo en apariencia y debe tomar la iniciativa de una acción de restauración absoluta. Ello es expresado por los textos en varias formas enigmáticas: el héroe del Grial debe "formular la cuestión". ¿Cuál cuestión? Aquí se diría que los autores han querido callar. Se tiene la impresión de que algo les impide hablar y que una explicación banal esconda la respuesta verdadera. Pero si se sigue la lógica interna del conjunto no es difícil comprender aquello de lo que en verdad se trata: la cuestión a formular es la cuestión del Imperio. No se trata de saber ?como según la letra de los textos? lo que significan ciertos objetos del castillo del Grial, sino que se trata de comprender la tragedia de la decadencia y, luego de haber "visto" el Grial, de formular el problema de la restauración. Sólo sobre esta base la virtud milagrosa de esta enigmática pregunta se convierte en comprensible: puesto que el héroe que no ha sido indiferente y que ha "formulado la cuestión", con esta cuestión redime el reino. Entonces aquel que tenía tan sólo una apariencia de vida desaparece; aquel que estaba herido se cura. A veces, el héroe se convierte en el nuevo y verdadero rey del Grial sustituyendo al precedente. Un nuevo ciclo comienza.

Según algunos textos, el caballero muerto, que parece querer recordar al héroe la misión a cumplir y la venganza, aparece en un ataúd transportado sobre el mar por cisnes. Pero el cisne es el animal de Apolo en el país de los Hiperbóreos, en la tierra nórdica primordial. Conducidos por cisnes parten los caballeros del centro supremo, en el cual Arturo es rey: desde el Avalón.

En otros textos, el héroe del Grial es llamado el caballero de las dos espadas. Pero en la literatura teológico-política de la época, sobre todo en la gibelina, las dos espadas significaban nada más que el doble poder, temporal y sobrenatural. Un texto clásico habla del país hiperbóreo como de la tierra de la que vinieron dinastías que, como las de los Heraclidas, encarnaron a un mismo tiempo la dignidad regia y la sacerdotal. En un texto del Grial la espada que será vuelta a unir tiene una custodia cuyo nombre es: memoria de la sangre.

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El reino inaccesible e intangible del Grial es una realidad también en la forma, según la cual el mismo no está vinculado a ningún lugar, a ninguna organización visible y a ningún reino terrestre. El mismo representa una patria, a la cual se pertenece por un nacimiento diferente del corporal, que tiene el sentido de una dignidad espiritual e iniciática. Este reino une en una cadena infrangible a hombres que pueden también aparecer como dispersos por el mundo, por el espacio, por el tiempo, por las naciones, hasta el límite de aparecer como aislados y de no conocerse recíprocamente. En este sentido el reino del Grial ?como el de Arturo y del Preste Juan, como Thulé, como Mitgard, Avalón, etc.? está siempre presente. Según su naturaleza "polar", el mismo permanece inmóvil. En consecuencia, no es que el mismo esté a veces más cerca y a veces más lejos de la corriente de la historia, son los hombres y sus reinos los que pueden estarle más o menos cerca.

Ahora bien, en un cierto período, el Medioevo gibelino pareció presentar una mayor aproximación y ofrecer, por decirlo así, una materia histórica y espiritual de tal carácter, que el reino del Grial habría podido convertirse, de oculto, también en sensible, y dar lugar a una realidad al mismo tiempo interior y exterior, como en las civilizaciones tradicionales de los orígenes. Sobre tal base se puede sostener que el Grial fue la coronación y el "misterio" del mito imperial medieval y la suprema profesión de fe del alto gibelinismo. Una tal profesión de fe se manifiesta más en la leyenda y en el mito que en la clara voluntad política de la época, según lo que acontece también en el individuo, en donde lo que hay de más profundo y de más peligroso se expresa menos a través de las formas de su conciencia refleja que a través del simbolismo y de una espontaneidad subconciente.

El Medioevo esperaba al héroe del Grial a fin de que el Árbol Seco del Imperio volviera a florecer, a fin de que toda usurpación, todo contraste, toda oposición fuese destruida y reinara verdaderamente un nuevo orden solar. El reino del Grial, que habría debido resurgir con un nuevo esplendor, era el mismo Sacro Imperio Romano. El héroe del Grial, que habría podido convertirse en el "dominador de todas las criaturas" y aquel al cual "ha sido confiado el poder supremo", es el Emperador histórico ?"Federicus"? si él hubiese sido el realizador del misterio del Grial, del misterio hiperbóreo.

Historia y suprahistoria, parecieron pues, por un instante, interferir: resultó de ello un período de alta tensión metafísica, una culminación, una suprema esperanza ? luego, nuevamente, derrumbe y dispersión.

Toda la literatura del Grial parece agruparse en un período relativamente breve: ningún texto parecer ser anterior al último cuarto del siglo XII. A partir del primer cuarto del siglo XIII se cesa de golpe, como por una consigna, de hablarse del Grial. Sólo luego de muchos años, y ya bajo un espíritu diferente, se escribirá nuevamente sobre el Grial. Parece pues como si en un cierto momento una corriente subterránea hubiese vuelto a aflorar, para luego volver a ocultarse (Weston). La época de esta repentina desaparición de la primera tradición del Grial coincide aproximadamente con la tragedia de los templarios. Quizás éste es el inicio de la fractura.

En Wolfram von Eschenbach los caballeros del Grial son llamados Templeise ?"templarios"? si bien en su relato no figure para nada un templo, sino sólo una corte. En algunos textos los caballeros-monjes de la "isla" misteriosa llevan el signo de los Templarios: una cruz roja sobre un fondo blanco. En otros textos las aventuras del Grial toman una dirección típica de "crepúsculo de los dioses": el héroe del Grial cumple, es cierto, con la "venganza" y restaura el reino, pero una voz celeste le anuncia que él debe retirarse con el Grial en una tierra insular misteriosa. La nave que viene a buscarlo es la nave de los Templarios: tiene una vela blanca con una cruz roja.

Como arterias esparcidas, organizaciones secretas parecen haber custodiado los antiguos símbolos y las tradiciones del Grial aun luego del derrumbe de la civilización imperial ecuménica: "Fieles del Amor" gibelinos, trovadores del período más tardío, hermetistas. Así arribamos hasta los Rosacruces. Entre los Rosacruces se presenta todavía una vez más el mismo mito: la ciudadela solar, el Imperator cual "Señor del Cuarto Imperio" y destructor de toda usurpación, una confraternidad invisible de personalidades trascendentes, unida únicamente a través de su esencia y su intención, finalmente, el extraño misterio de la resurrección del Rey, misterio que se transforma en la constatación de que el Rey a resucitar ya vivía y estaba despierto. El que asiste a este misterio lleva el signo de los Templarios: un estandarte blanco con una cruz roja. También el pájaro del Grial ?la paloma? está presente.

Pero una consigna parece haber sido transmitida en este caso. En un determinado momento, se deja súbitamente de hablar de los Rosacruces. De acuerdo a la tradición, los últimos Rosacruces, en el período en el cual el absolutismo, el racionalismo, el individualismo y el iluminismo estaban por preparar el camino a la Revolución Francesa y los tratados de Westfalia iban a sellar la decadencia definitiva de la autonomía del Sacro Romano Imperio, habrían abandonado el Occidente para retirarse en "India".

La "India" es aquí el símbolo. Equivale a la residencia del Preste Juan, del Rey del Mundo. Es Avalón. Es Thulé. Según el "Titurel", tiempos oscuros han arribado para Salvatierra, donde residen los caballeros de Monsalvat. El Grial no puede permanecer más en aquel lugar. Es transportado a la "India", en el reino del Preste Juan, que se encuentra "cerca del paraíso". Una vez que los caballeros del Grial han arribado allí, el mismo Monsalvat y su ciudadela se les aparecen a ellos, son transportados allí mágicamente, porque "nada de todo esto debe permanecer entre pueblos pecadores". El mismo Parcifal revestirá la función de "Preste Juan".

Y aun hoy ascetas tibetanos dicen respecto de Shambala, la ciudad sagrada del Norte, hacia donde conduce la "vía del Septentrión", es decir la "vía de los dioses" ?devayâna? : "Ella reside en mi corazón"(1).

NOTAS:

(*) Extractado de "Introduzione alla Magia" T. III, Ed. Mediterranee, Roma, 1985, pg. 77.

(1) Una exposición sistemática y documentada de la leyenda del Grial sobre la base de esta interpretación se la encuentra en la obra de J. Evola, Il mistero del Graal e la tradizione ghibellina dell?impero. Ceschina, 2ª Ed. Milano, 1964. Hay traducción española.