Blogia

La memoria de la Otra Europa

Testimonio: Manuel Valdés Larrañaga

Testimonio: Manuel Valdés Larrañaga

Amigo íntimo de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española y miembro de su primer Consejo Nacional. En febrero de 1936, fue detenido junto a José Antonio y otros destacados dirigentes de la Falange. Al comenzar la guerra se encontraba en la cárcel Modelo de Madrid, pero se libró milagrosamente de la muerte. Desde la cárcel organizó el espionaje y el servicio de información de la falange en Madrid, lo que se llamó la quinta columna. Después de la guerra desempeñó importantes cargos políticos y fue nombrado embajador.

Estudié arquitectura en Barcelona y Madrid. Soy doctor en Arquitectura. Fui muy aficionado al deporte y llegué a ser campeón nacional de natación. Desde muy joven me dediqué a la política y milité en organizaciones monárquicas, hasta que, en 1931, conocí a José Antonio Primo de Rivera, del que me hice amigo íntimo. En 1933 se fundó Falange Española. Yo formé parte de su primer Consejo Nacional. Luego fui el primer jefe nacional del SEU y el miembro más joven de la Junta Política de la Falange que, al poco de iniciarse la guerra, se vio sensiblemente reducida por los asesinatos en la cárcel Modelo de Madrid. Yo también estaba allí, pero me libré milagrosamente de la muerte.

En las elecciones de febrero de 1936 me presenté por Asturias en la candidatura de Falange. La campaña electoral que hicimos por toda la región asturiana fue un éxito y sirvió para darnos a conocer como un movimiento nuevo y muy distinto a lo que significaba la CEDA, muy vinculada en el Principado al viejo caciquismo rural. Debido a lo exiguo de nuestros medios económicos, nuestra pretensión era exclusivamente de propaganda y de presencia política, sin esperar un resultado importante de votos. Sin embargo, quedó izada nuestra bandera de enganche, y bien alta, como la historia se encargó de demostrar.

El día de la fundación de la Falange Gallega, José Antonio me manifestó su descorazonamiento por las pretensiones meramente electorales de los gallegos con la siguiente frase: «los que nos quieren no nos comprenden y los que nos comprenden no nos quieren». Para poner remedio a este estado de cosas, en los actos públicos de la campaña asturiana puse en práctica la siguiente táctica: de entrada, los teloneros lanzaban un ataque frontal a la CEDA por su vinculación al progresismo masónico, lo que producía la inmediata salida del acto de los caciques del lugar, dando entrada, movidos por la curiosidad, a los que habían quedado fuera. Esto originaba un interesante cambio de público.

Al regresar a Madrid tras las elecciones y temiendo la persecución que se preveía contra nosotros, me fui a vivir a casa de un amigo. Pese a todo, fui detenido el 13 de marzo de 1936. Al llegar a la dirección general de seguridad ya se encontraban allí detenidos José Antonio y otros miembros de Falange. Al día siguiente ya estábamos en la galería de presos políticos de la cárcel Modelo de Madrid. Para no dejarnos libres se nos procesó con la pretensión de declarar asociación ilícita a Falange. También se nos quiso procesar como encubridores de los asesinos del catedrático de Derecho Jiménez de Asúa, llevado a cabo por algunos de sus propios alumnos, que, si bien algunos eran simpatizantes, no tenían dependencia o filiación con Falange.

La vida en la cárcel antes del 18 de julio estaba perfectamente programada. José Antonio había elaborado un plan que comenzaba con la misa a las ocho de la mañana. Como los políticos no estábamos sujetos a los horarios de los presos comunes, bajábamos al patio cuando lo desalojaban los demás reclusos. Aparte de las visitas en el locutorio general, recibíamos visitas en horas extraordinarias con la autorización previa del director. Las tardes las dedicábamos al estudio y la lectura. La comida nos la servían de distintos restaurantes de Madrid. A veces era el cocinero del suegro de José Antonio el que nos la servía. Finalmente, para simplificar, nos la traían de una taberna próxima de un tal Ananías, un personaje judaizante y cobarde, que cuando la cárcel pasó a manos de los milicianos denunció que Alejandro Salazar era quien pagaba nuestra comida, lo que le costó la vida a Alejandro.

Al Gobierno le inquietaba el gran número y la calidad de las personas que visitaban diariamente a José Antonio, y decidieron trasladarlo a la cárcel de Alicante, feudo político del director general de seguridad y de la propia masonería a la que él pertenecía. La sorpresa por el traslado y lo intempestivo de la hora dieron lugar a un duro enfrentamiento entre José Antonio y el propio director de la cárcel, el sr. Elorza, que ordenó maniatarle. José Antonio respondió diciéndole: «Con la misma cuerda que manda atar a sus detenidos algún día le ahorcarán».

El distanciamiento físico no pudo entorpecer la normal comunicación entre José Antonio, su Junta Política y los que trabajaban en la calle, ahora dirigidos por su hermano Fernando. Día a día seguíamos los preparativos del Movimiento. Tuvimos varias reuniones para discutir la conveniencia o no de que Falange participara en el Movimiento. Yo era de los que defendía nuestra participación, ya que partía del principio de que nuestra gente, participáramos o no, iría de todas formas al Movimiento. Gracias a confidentes, también teníamos informaciones precisas de cómo iba evolucionando la política en el campo marxista, así como de sus propósitos. Entre estas informaciones nos llegó una que nos pareció disparatada y que, tristemente, luego se confirmó: el propósito de crear Tribunales de Salud Pública, vulgarmente llamados Chekas.

Gracias a estos canales, el día 16 de julio por la tarde recibimos una comunicación de puño y letra de José Antonio en la que se nos anunciaba que el 17 por la noche comenzaría el Movimiento en Marruecos. La suerte estaba echada. Sabíamos que de no triunfar rápidamente el Movimiento en Madrid la junta política de Falange quedaría en una difícil situación que, como poco, nos llevaría a ser los últimos en ser liberados.

A partir del 18 de julio el panorama cambió radicalmente: se suprimieron las visitas, nos quitaron los aparatos de radio, se limitaron los paseos por el patio y los oficiales de prisiones se volvieron hoscos y represivos.

Entre nosotros crecía la angustia al ver que pasaban las horas y los días sin que la guarnición de Madrid se movilizara. Por fin, el día 20 tuvimos conocimiento de que el general Fanjul se encontraba en el Cuartel de la Montaña con todo listo para ponerse al frente de la sublevación de Madrid. El general, más político que militar, en vez de asumir una sublevación con todos los medios a su alcance, se limitó a encerrarse en el Cuartel, reduciendo el hecho a un pronunciamiento decimonónico que fue resuelto con escasos tiros y funestas consecuencias. El pensar que con una simple cuartelada cumplía con su compromiso de conjurado fue un error que costó muchas vidas entre presos políticos y militares y la suya propia. Con su fusilamiento en los primeros días de agosto se inició una larga serie de juicios y ejecuciones entre la guarnición militar de Madrid.

Visto lo visto, me pregunto si no debió ser el general Villegas el que se pusiera al frente de la sublevación con un plan de actuación militar que supiera unir a la totalidad de las fuerzas y que hubiera sabido sumar a la Guardia Civil y a los guardias de asalto. Un plan que se hubiera ejecutado el mismo día 18 de julio, aprovechando el desconcierto de las primeras horas y el compromiso de la totalidad de las unidades y la sagrada hermandad de la familia militar. La valiente comparecencia de todos los jefes y oficiales ante los tribunales que juzgaron la rebelión demostró que había auténtica madera para haber escrito una página gloriosa de haber tenido el mando adecuado. Lo que hubiera evitado una guerra civil y mucha sangre.

Desde la cárcel oímos perfectamente el tiroteo desde primeras horas de la mañana hasta su término al mediodía. Después se hizo un silencio que quedó roto por la llegada a la Modelo de los coches de la Guardia de Asalto repletos de militares de todas las graduaciones que venían en un estado lamentable. En días sucesivos se fue incrementando la llegada de detenidos tanto civiles y militares como políticos hasta convertirse en una auténtica riada humana.

Entre los políticos que ingresaron había desde ex ministros, hasta ex presidentes de gobierno, pasando por líderes de partidos políticos, republicanos incluidos. Todos ellos fueron fusilados en los siguientes meses sin juicio previo. Entre ellos estaba Melquiades Álvarez, fundador del Partido Reformista, un santón de la democracia y del republicanismo que, por un extraño conducto, recibía incluso prensa extranjera. Del periódico francés Le Temp nos leía con énfasis decimonónico la marcha de las operaciones militares. Cuando nos leyó el paso del estrecho de las unidades nacionales, lleno de entusiasmo y admiración por el general Franco, exclamó: «¡Éste va a ser un segundo Espartero!» Refiriéndose a la que él consideraba la máxima figura de nuestra historia moderna, el fundador del progresismo en España.

Para juzgar a la guarnición de Madrid se constituyó un tribunal especial presidido por un magistrado, Mariano Gómez, y completado con un jurado popular formado por milicianos del PSOE, de las JSU y de la Agrupación Anarquista. Por su actuación sangrienta y desalmada se la conoció como La Columna Gómez.

El día 22 de agosto, los presos comunes, atendiendo a un plan instrumentado entre La Pasionaria y un recluso comunista conocido como Doctor Muñiz, simularon un incendio en el cual quemaron los ficheros, mataron a algún oficial de prisiones y posteriormente escaparon. La huida del resto de los funcionarios permitió la entrada de grupos, previamente organizados, gritando que los presos políticos y los militares sublevados querían escaparse. Así la cárcel quedó en manos del populacho y nosotros a su absoluta merced.

Al día siguiente, desde las ventanas de la galería de políticos, vimos cómo alguno de los presos comunes que abandonaban la cárcel prendía fuego al cuarto donde estaban los ficheros. Aquel día ni salimos al patio ni comimos y, a partir del medio día, ya no vimos a ningún oficial de prisiones. A media tarde, desde las ventanas y azoteas de las casas contiguas, comenzó el ametrallamiento del patio de la 1ª galería, donde estaban ubicados los militares sublevados, provocando un muerto y varios heridos. Al mismo tiempo, en nuestra galería irrumpieron una especie de comisarios que trataban de atemorizarnos diciendo que habían quemado la cárcel (sin decir quién) y que no sabían lo que allí podía pasar. Más tarde, cuando casi había anochecido, entraron milicianos armados con mosquetones y pistolas y se apropiaron de todo aquello que pudiera tener algún valor. El registro nos dejó perplejos y sospechamos que algo grave podía pasar. Ya de noche y entre la luz de las velas con las que paliábamos la falta de luz eléctrica volvieron a irrumpir otra vez los milicianos diciendo: «no queremos vuestro dinero, queremos vuestras vidas». Entre culatazos nos trasladaron a la 1ª galería, que había quedado desierta, ya que a todos los militares detenidos se les había ubicado en el patio.

El espectáculo recordaba a las estampas de la Revolución Francesa: ex presidentes del Gobierno, ex ministros, políticos, aristócratas y presos en general tirados por el suelo o medio sentados esperando su suerte. Reflejando en sus rostros la angustia de una muerte segura. Frente a nosotros, milicianos y mujerzuelas que se paseaban entre los presos con un morboso deseo de sangre.

Entre los milicianos que pululaban había unos campesinos de Jaén que llevaban sombreros de paja de ala ancha y otros de tipo más urbano con pañuelo rojo al cuello y zapatos 'entaconados', que parecían proceder de los barrios bajos de la capital. Había también mujeres desgreñadas de ojeras grisáceas que nos miraban como si fuéramos seres extraños. Todos ellos como emergidos de las entrañas de la tierra. Seres a los que no había visto antes, ni volvería a ver.

Hacia medianoche, después de un detenido reconocimiento hicieron la primera saca eligiendo a los de más edad: Martínez de Velasco, ex presidente del Gobierno y ex ministro; Melquiades Álvarez, ex presidente de la cámara de diputados; Álvarez Valdés, ex ministro de justicia y el Dr. Albiñana, fundador del Partido Social Popular. Los cuatro ancianos subieron la escalera con la mirada perdida, insensibles a los culatazos de los milicianos y a los insultos de las mujeres. Al cabo de una hora oímos la descarga de su fusilamiento. Más tarde supe que durante esa hora los milicianos hicieron, según su manera y estilo, una especie de juicio sumarísimo popular antes de proceder a fusilarlos en los sótanos de la cárcel.

Un buen rato después hubo otra saca que incluía también a ex ministros y parlamentarios. Y, ya casi al alba, se produjo una tercera, de la que no pudieron librarse ni Andrés de la Cuerda, secretario de José Antonio, ni su propio hermano Fernando Primo de Rivera, entre otros.

Durante aquella interminable noche toda mi obsesión era buscar la manera de que al día siguiente se pudiera identificar mi cadáver, por lo que decidí anotar mi nombre en la camisa. Luego pensé que había hecho una estupidez e intenté borrarlo. Me vino la idea de que si llegaba el amanecer podría salvarme. Y así fue. También pensaba en las tropas del general Franco, que no podían estar distantes, ya que sabíamos que ese mismo día se habían librado combates en Maqueda, un pueblo de la provincia de Toledo.

A primera hora de la mañana se nos hizo saber que podíamos estar tranquilos, que se habían acabado los fusilamientos. Unos tribunales especiales nos juzgarían a todos los presos políticos y el que no tuviese una culpabilidad determinada se iría a su casa o al frente.

Desde aquel 22 de agosto nuestra situación cambió sustancialmente. El personal de prisiones fue sustituido por milicianos del PSOE y de las agrupaciones anarquistas. La dirección de la cárcel pasó a manos de un político marxista y las sacas nocturnas continuaron.

El comienzo de la guerra había coincidido con la celebración en una plaza vecina a la cárcel de una de las típicas verbenas de barrio. A pesar de los acontecimientos no fue trasladada y todos los días oíamos la musiquilla del tiovivo que, indiferente a nuestra tragedia, nos recordaba como la vida seguía.

A los pocos días comenzaron los juicios, para lo cual necesitaban rehacer los ficheros de los detenidos. Al preguntarme por mi nombre dije llamarme José María Batllé Larrañaga y surtió efecto el engaño, ya que cuando al poco tiempo comparecí ante la cheka lo hice bajo esa supuesta identidad. Dije ser un aparejador de Bilbao de paso por Madrid al que habían detenido en un café de la calle de Alcalá por indocumentado. Debieron creerme, ya que mi comparecencia no tuvo consecuencias. No fue así para tantos otros que eran llamados ante el siniestro tribunal a cualquier hora del día y de la noche. Esto hizo que la vida entre septiembre y octubre se convirtiera en una auténtica tortura. Por la noche sólo conseguíamos conciliar el sueño a medias, porque el menor ruido de pasos sobre el suelo metálico nos hacía despertar sobresaltados. Esto podía pasar hasta dos y tres veces en una misma noche. La emoción y curiosidad que experimentábamos son de muy difícil descripción. Cuando los pasos se acercaban a la altura de nuestra celda... y luego seguían... O cuando se detenían en puertas próximas... O cuando la que abrían era la nuestra y preguntaban por alguno de los allí presentes.

Al irse acercando las tropas nacionales a Madrid los trabajos de la cheka fueron acelerándose y extendiéndose desde primeras horas de la mañana hasta bien avanzada la noche. Llegó un momento en que las sacas se hacían a suertes sobre el fichero, de manera que un día les tocaba a los de la C y otro a los de la R. Comenzaron, además, a sacar a mucha gente de la cárcel. Los menos para ser trasladados a otras, los más a un destino mucho más siniestro: Paracuellos del Jarama.

A principios de noviembre se produjo la llegada a la cárcel de la Brigadas Internacionales y
al poco tiempo, la víspera del ataque nacional por el Puente de los Franceses, de la columna
de Durruti. El ruido de los transportes militares y la intranquilidad que nos produjo aquella
situación nos hizo pasar la noche en vela. Efectivamente, a la mañana siguiente, la cárcel
comenzó a ser bombardeada, hecho que fue aprovechado por algunos para escapar. Otros se
refugiaron en los tejados esperando la llegada salvadora de las tropas nacionales, pero fueron
apiolados allí mismo. Algunos se ofrecieron como camilleros y consiguieron escapar e incluso
pasarse a las líneas nacionales en pleno ataque. En medio de ese caos llegó herido el propio
Buenaventura Durruti, que tras ser asistido, volvió al frente de su columna. Al terminar la
mañana, en camilla, y escoltado por un grupo de anarquistas, volvió su cadáver. Al parecer, con
algunos tiros en la espalda.

Al renacer la calma a la mañana siguiente, se decidió evacuarnos a la totalidad de los presos.
Sin haber amanecido aún se nos mandó formar en la galería advirtiéndonos de que dejáramos
cualquier utensilio personal con el pretexto de lo limitado del espacio en los autobuses.
Todo indicaba que nuestro destino era Paracuellos y, efectivamente, la columna de autobuses
enfiló por la calle de Alcalá. Al llegar a la altura del Retiro, la columna recibió ordenes nuevas y
cambió de dirección. Milagrosamente fuimos realojados en la cárcel de Porlier. Luego supe que
aquella mañana nuestro traslado fue imposible debido al intenso bombardeo que estaba
sufriendo la carretera que llevaba a Paracuellos, prolongación de la calle de Alcalá.

En Porlier nos alojaron en un sótano al que llamaban Galería Provisional en unas condiciones
higiénicas y de hacinamiento terribles. A los pocos días estuve a punto de ser puesto en
libertad gracias al encargado de negocios de la Embajada de Argentina en Madrid, pero en el
último momento aquello se frustró debido a la casualidad de que el funcionario que vino a
buscarme había estado anteriormente destinado en la Modelo y descubrió mi auténtica identidad.

Justo cuando peor parecía que iba a irme, todo quedó olvidado gracias a que en ese
momento la autoridad carcelaria destapó, en medio de un gran revuelo, una trama de mercadeo
con la libertad y la vida de los internos por parte de los responsables de la cárcel, que fueron
inmediatamente depuestos y, a su vez, encarcelados. Esto me permitió volver a ser por un
tiempo José María Batllé y ser trasladado a la 6ª galería, en unas condiciones mucho mejores.
Incluso me entregaron un petate para dormir.

A finales de abril del 37 me trasladaron inesperadamente a la cárcel de Duque de Sexto,
donde se me comunicó que iba a ser juzgado sumarísimamente por rebelión militar bajo mi
auténtica identidad. Tras un aplazamiento, que me permitió preparar mi defensa, fui juzgado y
condenado a veinte años de internamiento en un campo de trabajo por auxilio a la rebelión,
algo muy distinto a la inicial petición fiscal de pena de muerte. Indudablemente la deriva que
había tomado la guerra había hecho que las condenas se vieran suavizadas por la prudencia.
Este criterio no debía de ser compartido por Cazorla, el Director General de Seguridad,
quien ordenó mi secuestro y traslado a una cárcel clandestina en un palacete de la calle Serrano.
Salvé la vida gracias a que en una dependencia cercana se hallaba también secuestrado Raimundo Fernández Cuesta. Para combatir la piorrea usaba un colutorio que le preparaban en
una determinada Farmacia. Raimundo convenció a sus captores para que se lo proporcionaran
y el farmacéutico, al serle requerido, se dio cuenta de que el destinatario no podía ser más que
Fernández Cuesta. Tirando de ese hilo y con la activa colaboración del Ministro de Justicia Irujo
dieron con nosotros y fuimos devueltos a nuestras respectivas cárceles.

El episodio de mi juicio y posterior secuestro y liberación despertaron en el director de la
cárcel una reacción de humana simpatía y de respeto, que se materializaron en una serie de
favores, visitas y contactos con el mundo exterior que fueron para mí de extraordinario interés. Gracias a esto, pude ser trasladado al Hospital Prisión, un lugar mucho más indicado para comenzar la reorganización clandestina de Falange. Aparte de un régimen penitenciario mucho más laxo y tolerable, la pieza fundamental para mi propósito fue, de nuevo, el propio director de la prisión, un anarquista llamado Primitivo Requena, que me autorizó a recibir en su despacho, y a solas, a quien quisiera. Esta situación nos permitió crear una organización verdaderamente eficaz en el auxilio a nuestros camaradas y en la colaboración con nuestros servicios de información. En pocos meses llegó a contar con miles de militantes.

Dos años más tarde, cuando se produjo el golpe de estado del coronel Casado, le propuse a
Requena que abriera las puertas de la cárcel para evitar la posible matanza que la entrada de
los comunistas podría producir entre los presos. A cambio él se vendría conmigo a un refugio
seguro. Mi propuesta fue aceptada y así me vi por fin libre y listo para preparar la entrada de las tropas nacionales en Madrid. Vinieron entonces unos días de febril actividad que culminaron en una reunión con todos los jefes de las distintas banderas y algunos asesores militares para hacer un estudio exhaustivo de todos los supuestos de actuación en adelante.

Cuando todo quedó perfectamente dispuesto, pensé que lo mejor que podía hacer era pasar
a la zona nacional valiéndome de los pasos de que disponía el Servicio de Información del
Ejército Nacional. Justamente la víspera de mi partida, Antonio Garrigues me concertó una
entrevista con el nuevo miembro del Consejo Nacional de Defensa, Julián Besteiro, a fin de
explorar su postura ante las negociaciones para poner fin a la guerra. A última hora de la tarde
llegué a su despacho que se encontraba en los sótanos del Ministerio de Hacienda. En la habitación, que más bien parecía una celda, se encontraba acostado y en pijama el propio Besteiro, demacrado y enfermo. Escuché con atención sus pretensiones y sus ideas de cómo debía llevarse a cabo la rendición, pero me di cuenta de que, desgraciadamente, todos sus buenos deseos llegaban demasiado tarde. Al final me confesó que era un hombre que terminaba sus días aplastado por todo aquello que había defendido. Besteiro era un hombre honrado, el
último romántico de la política. Al despedirse dijo conocer mi intención de pasarme y me previno contra las patrullas comunistas.

Unos días después y tras agotadoras jornadas de marcha llegué a Burgos. Me instalaron en
el hotel Condestable, centro de la vida política de la capital de la España nacional. El hormigueo
de políticos, periodistas y financieros que allí encontré causaron mella en mi ingenuidad
falangista. Aquel clima distaba mucho del espíritu de servicio que en la Falange aprendimos
de José Antonio. Permanecí unos días en Burgos y me entrevisté con un sin fin de autoridades.
Incluso, tuve el alto honor de ser recibido por su Excelencia el Generalísimo Franco. Pero, dadas
mis obligaciones, no me fue posible desplazarme a Oñate, donde mis padres habían pasado
toda la guerra. Pude, eso sí, hablar por teléfono con ellos.

El día 28 de marzo de 1939 se me comunicó mi nombramiento como Jefe provincial de
Madrid y que ante la inminente entrada de nuestras tropas debía de ir allí a hacerme cargo de
mi puesto. Partí de inmediato y, dos días después, el pueblo de Madrid recibía a las distintas
unidades victoriosas de Franco con profundas muestras de alegría y lágrimas de emoción.
Después de la guerra desempeñé diversos cargos políticos y fui embajador. De las cosas de
las que estoy más orgulloso es de haber gestionado directamente en Alemania la vuelta de los
voluntarios de la División Azul tras la segunda Guerra Mundial.

Pienso que la guerra fue inevitable y que la posguerra siguió el único camino posible para
la recuperación de España, fruto de ello es la España actual. Franco no sólo salvó a España, sino
que la transformó socialmente, y, después de la victoria, España desembocó en una estructura
social más justa, sin parangón con lo anterior ni precedente alguno. Los españoles, gracias a
todo esto adquieren una nueva mentalidad y le prestan sus derechos al trabajo, a la sanidad
pública y a todas las prestaciones de la seguridad social. A pesar de que la posguerra fue dura,
nos veíamos avanzar día a día. No se dejó resquicio alguno para la demagogia marxista al convertir al proletariado en clase media, fuente de estabilización social. Ahora las cosas se olvidan y tergiversan, pero es porque todavía está muy próxima la historia y porque se ha contado de una manera sectaria, con un aparato de poder que necesitaba esa manipulación para instalarse, pero llegará ese período de estudio sereno y reflexivo de los acontecimientos que devolverá hechos y nombres al lugar que les corresponde. Estoy seguro de que así sucederá con aquella época, que fue la nuestra y con el hombre que fue nuestro guía y capitán.

Publicado en El Mundo

Leon Degrelle


LEON DEGRELLE histoire
Uploaded by degrelle

Documental: Irish History

¡¡Duce!! ¡¡Duce!!


270bis
Uploaded by zentropa

Concurso: ¿Quién es el fachilla señalado? (No hay premio)

Concurso: ¿Quién es el fachilla señalado? (No hay premio)

Damos varias pistas:

- Es Andaluz

- Adquirió relativa fama entre los años 70 y 80, siendo jubilado por otro antiguo camisa azul

- A pesar de ser complice de numerosos delitos, nunca fué procesado

Blas Piñar: Mística y Política de la Hispanidad (1961)

Blas Piñar: Mística y Política de la Hispanidad (1961)

Conferencias pronunciadas a invitación del Gobierno de la República Argentina en el Palacio de las Artes Decorativas de Buenos Aires, el día 19 de abril de 1961.

La Hispanidad es un vocablo de uso corriente entre nosotros, y hasta se atisban o vislumbran de un modo confuso, al pronunciarlo, algunas de las ideas que en el vocablo se esconden y contienen. Hoy, la Hispanidad circula como una moneda de valor y cuño conocidos.

Pero a nosotros, ahora y en este momento, nos incumbe algo más que recibir la moneda, examinarla superficialmente y dejarla correr en el mercado. Desaprovecharíamos con estúpida frivolidad esta ocasión que la Providencia nos depara si no intentáramos -con la impresión de riesgo que la aventura implica- retirarnos con esa moneda a nuestro estudio a fin de considerarla con atención y minuciosa simpatía, de repasar, despacio y con amor, las honduras y el perfil de sus relieves, de recitar con pausa sus orlas y leyendas y de entrañarnos en su hechura para conocer con detalle su ingrediente y la ley que norma y preside su íntima aleación.

¿Cómo y cuando se ha elaborado y construido la doctrina de la Hispanidad? ¿Cuáles son sus principios ideológicos? ¿Cuál es la empresa, el programa, el quehacer de la Hispanidad?

Porque, ciertamente, nosotros no hemos inventado la Hispanidad. Nos hemos limitado a bautizarla, a darle un nombre. Monseñor Zacarías de Vizcarra, Obispo Consiliario general de la Acción Católica Española, fue el feliz descubridor de la palabra. Y Ramiro de Maeztu, uno de sus teóricos y expositores, el que la propaga y vulgariza. Pero la Hispanidad estaba ahí. Nosotros no la hemos edificado ni constituido. Nos hemos limitado a declararla, a proclamarla, a quitar los velos que la cubrían.

Nos ha sucedido con la Hispanidad aquello que acontece con los astros y con los dogmas. No son nuevos, no nacen de la noche a la mañana. No se crean, ni se inventan cada día.

El astro esta en su sitio, girando en su órbita desconocida para nosotros, hasta que llega un instante en que la triple concurrencia de un observador agudo, de un tiempo bonancible y de un instrumento hábil señalan, con precisión y exactitud, la diáfana presencia de la antes ignorada criatura sideral.

El dogma, igualmente, está embebido, navegando en el tesoro de la Revelación tradicional y escrita, vagamente percibido, expuesto a los choques de la discusión y la disputa, hasta que, agudizada la perspectiva histórica y asistido por la infalibilidad prometida cuando se trata de los graves asuntos que atañen a la Fe, el Romano Pontífice declara la verdad que, so pena de herejía, deben aceptar y creer los hijos de la Iglesia.

Los mismos contradictores de la Hispanidad, los de dentro y los de fuera de nuestra dimensión geográfica, han contribuido, sin saberlo, a aclarar sus contornos. La reciedumbre y agresividad de sus ataques nos revelaba que había algo de peso que atacar, y como reacción y contraste, aquello que insultaban, menospreciaban y zaherían atrajo la curiosidad de muchos; al principio. con las precauciones y cautelas de algo que se reputa vergonzante y prohibido y, al fin, con el ímpetu, el entusiasmo y la generosidad de una causa que se estima grande y bella a la vez.

Fue así como una generación, luego conocida como la generación de la esperanza, pudo tener la sensación, espiritual y física, de que una entera y prolija comunidad humana había vivido en la plenitud de la Hispanidad. La Hispanidad comenzó a percibirse cuando, por paradoja, empezó a retirarse, cuando dejo de vitalizar el conjunto, y ello por la sencilla razón de que, al igual que el hombre, las colectividades tienen un sistema nervioso que acusa la incomodidad y la falta de salud.
Estamos en el camino de retorno, enfermos, si, pero con la ilusión rejuvenecida y alimentada por el tesoro de la experiencia. Esa experiencia, necesaria siempre, que cursa a los hombres y a las sociedades, que les da un cierto sentido para discernir y ponderar, nos ha revelado ahora, de un modo clarividente, que nuestro error, error grave y colectivo, no fue otro que asociar la quiebra del Imperio a la quiebra de la Hispanidad, es decir, de los principios ideológicos que la habían estructurado en el curso de tres siglos de amorosa convivencia.

No fuimos capaces de percibir que el Imperio -aquel Imperio sin imperialismo, como alguien ha estampado con letras de molde- era tan sólo una fórmula política, un expediente pasajero, contingente, susceptible de mudanza y de cambio, sin que por ello padeciera la Hispanidad.
La Hispanidad era lo permanente, el espíritu con fuerza y energía creadora y fecundante, capaz de corporeizarse, de hacerse visible y operar a través de esquemas distintos. Estimamos que al devenir insuficiente e inservible la fórmula, también lo sustantivo se encontraba en liquidación, y con infantil alegría emprendimos la subasta. *

La independencia

De otro lado, no supimos tampoco caracterizar y calificar el hecho doloroso de la separación. Creímos que las Provincias emancipadas hacían, con el gesto independiente, una manifestación tajante, definitiva y pública de repudio a la España materna y progenitora que, cubierta de luto, lloraba la incomprensión de sus hijas, cuando la realidad era que la España de comienzos del XIX era la hija mayor que había desfigurado su rostro, la "vieja y tahúr, zaragatera y triste" que dibujara Antonio Machado y que repelía a la más noble juventud de América. Las provincias españolas de América y de Asia, Hispanoamérica y Filipinas, repudiaron a esa España en metamorfosis que se había traicionado a sí misma, pero no repudiaron a la Hispanidad. Más aún, por ser fieles a la Hispanidad, por entender que la España de su tiempo no respondía a las exigencias ideológicas del mayorazgo, se hicieron independientes y soberanas. No fue la Enciclopedia, ni un afán de mimetismo -aunque todo ello tuviera su influjo-, lo que produjo el parto de veinte naciones en la configuración política del universo. Fue un proceso desintegrador, incubado y desarrollado exclusivamente de puertas para adentro, la lucha entre el absolutismo centralizador de la monarquía borbónica de signo francés y el régimen tradicional criollo de los Cabildos abiertos y de los Congresos generales; y aunque después el alejamiento de la Hispanidad se generalizara -que no fue vano el grito suicida de "¡Libertémonos de nuestros libertadores!"-, lo cierto es que la Independencia fue desgajamiento de España y afirmación de Hispanidad *

La decadencia

La España oficial, el equipo dirigente de la Nación, había renegado de los valores que nos engendraron a la existencia histórica. Ya el 30 de marzo de 1751, el Marqués de la Ensenada escribía al embajador Figueroa: "Hemos sido unos piojosos llenos de vanidad y de ignorancia."

De aquí, al análisis exacerbado y punzante de los hombres del XIX no había mas que un paso. Como escriben Areilza y Castiella en su magnífica obra Revindicaciones de España, la postración nacional, subsiguiente la Independencia y emancipación americana, se halla atravesada por un río caudaloso de hipercrítica afrancesada y liberal que se suma satisfecha a la tesis de la "leyenda negra", que comparte, saboreándolos, los puntos de vista de nuestros enemigos y que asienta y consolida la tesis de la decadencia española como algo fatal e inherente a la Nación.

Cuando llega el año del desastre, cuando es preciso, ante la perdida de Cuba y Filipinas recoger la bandera y apretar los dientes, exclamando con versos del poeta Ramos Carrion:

"Hoy desmayada y triste con humildad se pliega

amarilla de rabia y roja de vergüenza",

España se hunde en una atmósfera de hastío y de fatiga. Hay como un dolor amargo, como una temperatura alocada y febril que hace, en su delirio, bancarrota de valores . Todo se ha vuelto triste y feo. Se diagnostica, con nausea, de nuestra Historia y de nuestro presente. Para Unamuno, "los pueblos de habla española están carcomidos de pereza y de superficialidad". Baroja asegura que América y el catolicismo son las dos trabas que habían entorpecido la grandeza de España. Costa propone que se cierre con dos llaves el sepulcro del Cid, y Canovas, el restaurador, comentando, a su modo, la Constitución de 1876, afirma con sarcasmo y con burla que "son españoles... los que no pueden ser otra cosa".

¿Cómo sorprendernos, pues, ante esta condenación brutal de nuestro pasado histórico, de aquellas generaciones hispanófobas y positivistas que subsiguen a los libertadores de América? ¿Cómo admirarnos de los insultos de Sarmiento y de la frase terrible del ecuatoriano Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo: "Vivimos en la ignorancia y en la miseria"? ¿Cómo extrañarnos de aquel grito: "¡Despañolización!", que fórmula el chileno Francisco Bilbao, o del ímpetu soñador de Luis Alberto Sánchez, que quiere "hacerlo todo de nuevo, y todo sin España"?

Hoy, el transcurso del tiempo, la serenidad y la pausa de la investigación y el acontecer histórico nos permiten asignar a ese conjunto histérico y dramático de vejaciones y denuestos su alcance limitado.

Si en un principio los hombres que presentían la Hispanidad podían sentirse irritados e increpar a los enemigos como se increpa a Calibán, el monstruo shakesperiano: "te doy el don de la palabra y con ella me maldices", en la hora presente os habéis dado cuenta, vosotros los hispanoamericanos, de que "hablar mal de los conquistadores -como ha dicho el uruguayo José Enrique Rodó- es hablar mal de vuestros abuelos, porque más tenéis vosotros de tales conquistadores que aquellos que permanecimos en la Península"; y nos hemos dado cuenta, nosotros los españoles -como escribe Ramiro de Maeztu-, que al fin y al cabo es preferible que nos insulte un hombre de Hispanoamérica a que nos adule Mr. Taft, porque cuando alguno de vosotros nos insulta, nos insulta porque nos quiere, porque, a despecho de sus palabras, le hierve la sangre española, le duele España y quisiera transfundirla y rehacerla a imagen y semejanza de su ideal.

¡Bienvenido sea el dolor si es causa de arrepentimiento! Porque hay un dolor que naufraga en la angustia y que termina en la tragedia suicida del nihilismo. Pero hay también un enfoque cristiano del dolor que nos refugia en la eternidad, que nos hace humildes, que nos purifica y eleva, que nos devuelve y retorna la voluntad de vencer, con un firme y definitivo propósito de la enmienda.

Nosotros no detestamos el dolor de los hombres que vivieron la amargura del desastre. Lo que repudiamos en algunos es el derrotero espiritual y político de su dolor, el ver tan solo "una España que muere y otra España que bosteza", el no descubrir, como Rodó, la España niña, la España núbil que aguarda la hora propicia de enviar al mundo el mensaje nuevo de su eterna y vigorosa juventud.

Por eso, porque en mi Patria hubo una alegre y heróica juventud que creía en la España núbil, porque alguien dijo, frente al sarcasmo de Canovas, que "ser español era una de las pocas cosas serias que se podía ser en el mundo", porque no creímos en la decadencia que es fruto de una enfermedad interna, sino en la derrota por imperios rivales; porque entendimos que es estúpido dar la razón a los vencedores por el hecho simple de su victoria; porque hay una diferencia clara entre los vencidos después de la lucha y los cobardes que de la lucha desertan, nos pusimos en pie dispuestos a romper para siempre las dos grandes losas que angustiaban la vida de la Nación: por abajo, la losa de la injusticia social, y por arriba, la falta de un sano y auténtico patriotismo. Aspiramos a empalmar el ayer con el mañana, a fundir lo social y lo nacional bajo las exigencias religiosas, y a aupar a España buscando su esencia y su quehacer histórico, porque, como reza un himno: "del fondo del pasado nace mi revolución". *

Cultura común reconocida

Mas no creáis que aquella etapa de la amargura y del cansancio se presenta tan oscura y sombría. Un instinto casi irracional pugnaba por abrirse paso en una atmósfera saturada de reservas. A su conjuro, las naciones de nuestra común estirpe se sabían hermanas, compañeras de un destino unánime, personajes de igual categoría en una empresa universal y humana.

En la vía próxima de la auscultación, acercando el oído al aliento popular, estaba claro que una misma lengua permitía comunicarse y entenderse a los hombres que vivían del norte al sur y del este al oeste de aquella dilatada vastedad. Andrés Bello, el insigne venezolano, entiende que frente a todo separatismo lingüístico, "esta unidad de lengua hay que conservarla celosamente, como el vinculo inmortal de España con las naciones de América que de España descienden, como un medio providencial de comunicación y un vinculo fraterno entre las naciones de origen hispano". Por esta razón, Andrés Bello, al escribir su Gramática castellana para americanos, emula la misión de Antonio de Nebrija y, siguiendo su pauta, el argentino Amado Alonso, el venezolano Rafael María Baralt y los colombianos José Eusebio Caro, Rufino José Cuervo y Mario Fidel Suárez, con plenitud de facultad y de derechos, legislan acerca de nuestro idioma. José Marti, artífice de la independencia cubana, escribe sin ambages: "Buena lengua nos dio España", agregando: "Quien quiera oír Tirsos y Argensolas ni en Valladolid mismo los busque..., búsquelos entre las mozas apuestas y los mancebos humildes de la América del Centro, donde aún se llama galán a un hombre hermoso, o en Caracas, donde a las contribuciones dicen pechos, o en Méjico altivo, donde al trabajar llaman, como Moreto, hacer la lucha". Y es que, de una parte, mientras mas se estudia el habla criollo, tanto más se convence uno de que muchas voces y giros que en América se estiman de origen guaraní, quechua o araucano son genuinamente españolas, y, de otra, que siendo patrimonio común el castellano, un giro que nace en Castilla no tiene más razones para prevalecer e imponerse que otro nacido en Lima o en Tegucigalpa.

Se produce así un fenómeno de intercambio y ósmosis. Rubén Dario y Valle Inclan popularizan entre nosotros los llamados americanismos. Se fundan, en pleno siglo XIX, las Academias americanas de la Lengua correspondientes de la Española, y en el II Congreso de las mismas, celebrado en Madrid en el año 1956, se reafirma la unidad del lenguaje y, como una prueba de tolerancia y de abertura, se reconoce, admite y legitima el "seseo".

Ese examen de lo auténticamente popular, por encima de la extravagancia y desentrenamiento de las clases mas cultas, pone de relieve el origen peninsular del folklore de Hispanoamérica. Como dice Joaquín Rodrigo, la primera música que llega al Nuevo Mundo es la música popular española: los sones de guitarra, las coplas y los bailes del pueblo; y es esta música la que, al entrar en colisión con la música aborigen, la desaloja en parte de los oídos y de la memoria y en parte se mezcla y se funde con ella. De este modo, la ranchera de Méjico, el merengue de Santo Domingo, el son-chapín de Guatemala, el punto guanasteco de Costa Rica, el joropo de Venezuela, el bambuco de Colombia, la marinera del Perú, la cueca de Chile, la samba argentina, el yaraví de Bolivia y la guarania del Paraguay, responden a una temática común de ritmo y de armonía y denuncian el aire familiar hispánico. No hay en ellos, como escribe Barreda Laos, ni estridencias ni saltos acrobáticos; hay suavidad y dulzura de abandono. Hispanoamérica, cuando se aparta del snobismo de la moda y baila con su propio sentido, busca la gracia leve del arte y no el automatismo mecánico de los pies; se entrega a la melodía del alma y huye del ruidoso estrépito del "jazz".

En uno y otro lado se conservan, al través del tiempo, las mismas canciones populares. Pedro Massa, argentino, escucha emocionado, a la altura de Baeza, una seguidilla familiar en su patria:

"Me enamoré -jugando-
de una María;
cuando quise olvidarla
ya no podía."

Y en Santiago del Estero aún se escuchan coplas del cancionero medieval de España:

"Las estrellas del cielo
son ciento doce;
con las dos de tu cara,
ciento catorce."

¡Cómo admirarnos, pues, de la influencia de Albéniz en los músicos criollos y de la acogida fraterna en la península de vuestras canciones, que repiten sin cansancio de los oyentes las orquestas y los tríos musicales, y que se ponen de moda y se escuchan desde Madrid y Barcelona hasta los cortijos andaluces y los caseríos de Navarra! Es que existe un fondo lírico y musical común adentrado en la conciencia de los hombres hispánicos, los cuales, ante un ritmo concreto, levantan el espíritu, se contagian de alegría o de tristeza, esbozan una sonrisa de humor o empanan los ojos con lagrimas leves y furtivas. *

Conciencia colectiva

En esa vida diaria y popular, lejos de las urbes abigarradas y cosmopolitas, se conserva profundo y enraizado el sentimiento hispánico de las nacientes soberanías. En los campos abiertos, en la pampa, en la sabana y en el llano sobre los corceles que arrancan su linaje de los caballos andaluces que sirvieron de cabalgadura a los hombres de la conquista, los vaqueros de Méjico, los guasos de Chile, los gauchos del Río de la Plata, los llaneros de Venezuela y los cow-boys de los Estados Unidos, contribuyen, con su anónimo cabalgar, a la extensión de las fronteras.

La estampa airosa del caballo sirve de trampolín para el recuerdo de la conquista. "después de Dios, debemos la victoria a los caballos" había escrito Bernal Díaz. "A la Jineta -asegura el Inca Garcilaso -se gaño mi patria"

Sin duda por ello, Santos Chocano canta la epopeya de los corceles andaluces:

"¡Los caballos eran fuertes!
¡Los caballos eran ágiles!
Sus pescuezos eran finos y sus ancas
relucientes y sus cascos musicales.
¡No! No han sido los guerreros solamente
de corazas y penachos y tizonas y estandartes
los que hicieron la conquista
de las selvas y los Andes.
Los caballos andaluces, cuyos nervios
tienen chispas de la raza voladora de los árabes.
estamparon sus gloriosas herraduras
en los secos pedregales,
en los húmedos pantanos,
en los nos resonantes,
en las nieves silenciosas,
en las pampas, en las sierras y en los bosques y en los valles
Los caballos eran fuertes!
¡Los caballos eran ágiles!"
Todo aquello que sirve de talismán y de piedra de toque para que el alma del pueblo, sin engaño y sin artificio, se manifiesta y se desborda, trasluce de inmediato una misma conformación espiritual. Y así, el cine, ese espectáculo de masas, a pesar de la técnica y del respaldo económico de los que han convenido en llamarse países adelantados, no tiene eco y resonancia de taquilla, no desborda las salas de espectáculos, hasta que Cantinflas, Sandrini o José Luis Ozores no reproducen la comicidad de nuestros ambientes, hasta que Pedro Armendariz o Pablito Calvo no representan en la pantalla todo el tramado de pasión y de ingenuidad de nuestros hombres, hasta que María Féelix o Carmen Sevilla no dibujan, con su donaire y con su garbo, un modo especial de entender la belleza.

Este transfondo de unidad se palpa cuando lo "nuestro", lo de "todos", tiene que luchar y que enfrentarse con una circunstancia hostil o indiferente. Así, en Nueva York, todos los años se celebra el desfile de los "hispánicos", cuyo contingente más numeroso, los emigrados de Puerto Rico, han hecho del castellano un idioma familiar en la urbe y obligatorio en las escuelas; y en Los &AACUTEngeles, donde los nietos de mejicanos continúan hablando su lengua de origen, y donde los "espaldas mojadas", al rellenar los cuestionarios oficiales, ponen orgullosamente en la. casilla señalada para el país de procedencia, spanish, es decir, "hispánico".

Hombres de nuestros países luchan y trabajan en los países ajenos como en el propio. Los reveses de la fortuna o de la política no impelen ni constriñen a una radical expatriación, porque, sobre unas fronteras artificiales, se repite y reproduce el ambiente de familia.

Hay fenómenos que, no obstante afectar de un modo directo e inmediato a una de las naciones que integran nuestro mundo, dan origen en todas ellas a una tensión unánime, profunda y general. La guerra de España, el justicialismo de Perón, el A. P. R. A. del Perú, los movimientos políticos de Belice y el fidelismo cubano son hechos palpables y suficientes que explican, sin aclaraciones ni comentarios, la realidad operante de esta conciencia colectiva de los pueblos hispánicos.
Esa conciencia colectiva está como traspasada e impregnada de una profunda religiosidad. Los avatares de la Independencia, la ausencia de clero y su falta de ejemplaridad en muchos casos, la instigación y la propaganda de las sectas, el Estado agnóstico o beligerante en la persecución y la escuela laica, no han sido capaces de arrancar el sentido católico romano de nuestros pueblos. Aúnque es verdad, como alguien ha dicho, que son muchos los hispánicos que no acuden a las iglesias, la realidad es que, en su inmensa mayoría, en su unidad moral, viven en la Iglesia y se saben miembros de su mística corporeidad.

Por mucho que se haya intentado identificar a la Iglesia con la antigua Monarquía española, dando a entender que era patriótico luchar contra ambas, lo cierto es, como demuestra Hichard Patte, que la Independencia de las naciones hispanoamericanas. nada tuvo que ver con la Iglesia como tal; no hubo entonces, durante las jornadas difíciles y turbulentas de la emancipación, ni un solo caso de anticlericalismo ni de hostilidad a la Iglesia, y el mismo Bolívar, en sus consejos, tantas veces, por cierto, desatendidos, dice textualmente: "Me permitiréis que mi último acto sea el recomendaros que protejáis la santa religión que profesamos y que es el manantial abundante de las bendiciones del cielo."

Entre esas bendiciones, aquella que ha servido para mantener esa confirmación católica del Continente americano de origen español, ha sido, sin temor a dudas, la devoción a la Virgen. Bajo el signo de María se descubre América. La jornada memorable del descubrimiento estaba ya bajo el dulce y amoroso patrocinio de la Señora y como si ello no fuera bastante la misma Señora alzó en aquella mañana todo un mundo nuevo arrancado de las tinieblas de lo desconocido, pare elevarlo aún más alto en el trono de su reinado maternal.

Bajo el signo de María se fundan las ciudades como La Paz, La asunción o Nuestra Señora del Buen Aire, se bautizan ríos y ensenadas, se erigen escuelas y universidades, y en la roca del Tepeyac se aparece nuestra Madre al indio Juan Diego, se dibuja y reproduce en su tilma y, como queriendo refrendar desde la altura la Hispanidad naciente, le habla al indio en castellano e inunda su mantón, cuando el Obispo Zumarraga le exige las pruebas del prodigio, con un manojo fragante de rosas de Castilla.

María deviene así la Regina Hispaniarum Gentium E1 Gobierno independiente de Caracas jura defender; como lo habían hecho tantos municipios españoles, el privilegio de la Concepción Inmaculada de la Señora, y la Señora, bajo las bellas y emotivas advocaciones de Lujan, del Carmen y la Aparecida, de la Caridad del Cobre, de la Alta Gracia, de Caacupé, de Copacabana, de Chiquinquira, de Coromoto, de Suyapa, , de la Merced, es proclamada Patrona Celestial de los países soberanos e independientes de Hispanoamérica.


Este fenómeno de la unidad, lleno de vida y palpitación, no podía por menos de conmover y subyugar a quienes en América hispana y Filipinas advenían a la cultura libres de prejuicios y con lealtad, valor e intrepidez bastantes pare hacer tabla rasa de los mismos. Ellos son los que integran esa generación de la esperanza a que antes aludíamos, una generación cuya perenne fidelidad nos asegura, para un futuro quizá próximo e inmediato, un trueque de rotulo y bandera. Porque la esperanza, como la fe, en frase de San Pablo, son virtudes para la dureza, la austeridad, la zozobra y la incertidumbre del camino, y siendo la caridad la virtud que permanece a la llegada, cuando la unión y la entrega se consuman, nos es lícito entender que a muchos de estos esforzados caballeros de la Hispanidad, entrevistos por la mirada soñadora de Maeztu cabrá en suerte la providencial tarea de tejer y edificar, con su amor y su talento, la continuidad de los pueblos hispánicos. *

Leyenda negra

En esta línea de pensamiento, al proyectar sin celajes la mirada sobre el tremendo episodio de la conquista y del trasvase subsiguiente por España a los pueblos de América del tesoro envidiable de la cultura cristiana y occidental, que otros países europeos, por contraste, guardaron con celo para sí, se multiplican las frases, los párrafos, las estrofas, los libros de admiración, de agradecimiento y de sorpresa.

En Ecuador, Montalvo no vacila en decir: "¡España! Lo que hay de puro en nuestra sangre y de noble en nuestro corazón, de claro en nuestro entendimiento, de ti lo tenemos, a ti lo debemos. Yo, que adoro a Jesucristo y que hablo la lengua de Castilla, ¿cómo habría de aborrecerla?" Y Benjamín Carrión estampa sin miedo esta frase tan bella: "España, que nos hizo la visita de las carabelas, nos dejo la herencia de la cruz y la lengua, la lealtad, el honor y la aventura". Y José Rumazo, el poeta de hoy, escribe: "Recordada en la sangre, España mía."

"Renegar de España, el punto de partida -escribe el argentino Manuel Ugarte- , es edificar en el viento". "España -dice el también argentino Julio Soler Miralles- nos ha dado la concepción del hombre cabal. Por ello y porque nos ha dado aquello que vale más que la vida, que es el estilo y la fe, que Dios la bendiga." Y hasta el propio Juan Domingo Perón, hubo de afirmar: "Si la América española olvidara la tradición que enriquece su alma... y negara a España, quedaría instantáneamente baldía."

"Si hemos de mantener alguna personalidad colectiva -argumenta el uruguayo José Enrique Rodó- necesitamos conocernos en el pasado, divisarlo por encima de nuestro suelto velamen y confesar la vinculación con el núcleo primero. Sólo así -concluye- tendremos conciencia de continuidad histórica, abolengo, solar y linaje en las tradiciones de la humanidad civilizada."

"Hemos sido educados en la leyenda negra -grita con ademán airado el chileno Augusto Fontaine Aldunate- cuando nos son precisas y con urgencia lecciones de hispanidad, es decir, de un modo noble y señorial de ser y de comportarse como hombre."
«¿Por qué se oculta en las historias oficiales de mi país -nos dice el mejicano Alberto Escalona Ramos- que durante los siglos virreinales Méjico era la capital de un mundo que se alargaba desde Honduras. al Canadá?» «¿Es qué acaso se quiere -como protesta Vasconcelos con su indignación justificada- que reneguemos de un pasado grandioso, que liquidemos nuestra médula cristiana y española y nos transformemos y convirtamos en parias del espíritu?» «¿Es qué se olvida que tan sólo España es -como afirma don Alfonso Reyes- el camino de nuestra América?» «¿Es qué acaso España no es la Madre y -como asegura Porfirio Díaz- sigue siéndolo, porque las maternidades no prescriben?»

"Nosotros somos, amigos europeos -dice como en una arenga el nicaragüense José Coronel Urtecho-, la España americana" "España está en nosotros" -escribe su compatriota Ycaza Tijerino-. "Y nosotros -agrega el colombiano Eduardo Caballero Calderón- salvaremos la levadura española en los pueblos de Hispanoamérica, porque España es como una levadura sin la que el pan puede, desde luego, fabricarse, mas con el castigo casi bíblico de que ni la masa crece ni el pan se degusta.»

España está así como metida en el alma de Hispanoamérica, y son los versos, la expresión más alta y encendida de la belleza, los que se desbordan en rimas subyugantes.

En Méjico, Amado Nervo, en su poema "&AACUTEguilas y leones", escribe:

¡Oh España...!
Los pueblos hermanos que en ti fijos
tienen los grandes ojos, negros. soñadores,
te brindan sus estrellas, sus manos enlazadas,
sus vivos gorros frigios.
¡Somos de raza de águilas y de leones!
Tengamos esperanza.

Y en Guatemala, Manuel José Arce y Valladares, en "Los argonautas vuelven», dice:

Y una raza -india, núbil- desgarrada
en la violencia del primer encuentro;
y el abrazo de sangre del mestizo
como tierno maíz al sol granado.
La cruz proliferó las selvas vírgenes,
de sol de fe de España jamás puesto,
y mi sol tropical hinchó de zumos,
de oro y de glorias nuevas toda España.

Y en Panamá, Enrique Grenzier, grita:

¡Mentira! Tú no estás en decadencia,
noble, gloriosa, bendecida España.
No estás en decadencia como dicen,
estás en gestación cual la crisálida.

Y en Venezuela, Andrés Eloy Blanco, en su "Canto a España", casi reza:

Yo me hundí hasta los hombros en el mar de Occidente.
Yo me hundí hasta los hombros en el mar de Colón,
frente al sol, las pupilas, contra el viento la frente,
y en la arena sin mancha, sepultado el talón.
Halla en España mimos y en América arrullos,
¡el mismo vuelo tiendan al porvenir las dos!
y el mundo estupendo verá las maravillas
de una raza que tiene por pedestal tres quillas
y crece como un árbol hacia el cielo, hacia Dios.

Y en Colombia, José Joaquín Ortiz, se expresa de este modo

El recuerdo de España
seguíamos doquiera.
Todo nos es común: su Dios, el nuestro,
la sangre que circula por sus venas
y el hermoso lenguaje;
sus artes, nuestras artes, la armonía
de sus cantos, la nuestra;
sus reveses,
nuestros también, y nuestras
las glorias de Bailén y de Pavía.


Y en Chile, Gabriela Mistral, en "Salutación", amonesta:

"Y he dicho al descartado que destiñe lo nuestro que en español es más profundo el Padrenuestro. Soy vuestra y ardo dentro la España apasionada como el diente en el rojo millón de la granada. Os fue dada por Dios una virtud tremenda: el ganar el botín y abandonar la tienda; perder supieron sólo España y Jesucristo, y el mundo todavía no aprende lo que ha visto."

Y en Argentina, Ignacio B. Anzoátegui, en , proclama:

Presencia
del cielo de España
que puso una cruz en el cielo,
para que la ausencia
tuviera un poco de España y de anhelo.

Y en Paraguay, José Antonio Bilbao, se emociona:

Tú, madre España, patria antigua, gozas
tu piel de mar a mar bien extendida
-camino de tu sangre y de tus rosas-
estás con sangre a nuestra piel cosida.

En Filipinas, Manuel Bernabé, canta:

Filipinas, la Virgen marinera
salta de una ribera a otra ribera
montante en trampolín de nipa y caña,
y os trae, como regalos del Oriente,
los dos soles que bailan en su frente:
la fe de Cristo y el amor a España.

Y Claro Mayo Recto, en Elogio del Castellano, nos arenga:

No en vano por tres siglos tus ejércitos
han levantado en mi solar sus tiendas,
y vieron el prodigio de mis lagos
y de mis bellas noches el poema;
no en vano en nuestras almas imprimiste
de tus virtudes la radiosa estela
y gallardos enjoyan tus rosales
plenos de aroma las nativas sendas.
No morirás en este suelo
que ilumina tu luz; quien lo pretenda
ignora que el castillo de mi raza
es de bloques que dieron tus canteras.

Pero no basta con este cambio de mente. Era preciso que un soplo de primavera llegara hasta nosotros e hiciera florecer en nuestro invierno helado las flores fraternales de una misma esperanza. Fue Rubén, el poeta de los cisnes, las princesas y las crisálidas el que nos trajo el mensaje de las ínclitas razas ubérrimas, el que infundió, al brindarnos la estupenda y melodiosa, energías nuevas para deshacer la farándula deambulante y perezosa de la vida nacional y convertirla en una empresa dinámica, tensa y contagiosa:

"¿Quién será el pusilánime
que al vigor español niegue músculo
que al alma española
juzgase artera, ciega y tullida?
&UACUTEnanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos,
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente.
Juntas las testas ancianas ceñidas de lincos lauros
y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora.
¡Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros.
Inclitas razas ubérrimas, sangre de Hispana fecunda!"

Ganivet, en su Ideario español, ya había escrito: "Noli foras ire: in interiori Hispaniae habitat veritas." Pero es Ramiro de Maeztu, el convertido, el que había anhelado ir "hacia la otra España", el que escribe, sembrando la fe: "La obra de España, lejos de ser ruina y polvo, es una fabrica a medio hacer, como la Sagrada Familia de Barcelona o la Almudena de Madrid o, si se quiere, una flecha caída a mitad del camino que espera el brazo que la recoja y lance al blanco, o una sinfonía interrumpida que esta pidiendo los músicos que sepan continuarla."

"E1 ideal hispánico esta en pie y, por mucho que se haga por olvidarlo, mientras lleven nombres españoles la mitad de las sierras del globo, la idea nuestra seguirá saltando de los libros de la mística a las paginas graves y solemnes de la historia universal."

Este bagaje ideológico y emotivo movilizo a los nuevos alarifes, a los músicos noveles, a los guerreros barbilampiños a continuar la obra interrumpida, la sinfonía inacabada, a encorvarse hasta el suelo, a tomar la flecha y acerarla con precisión pare abrirse camino en la fronda y en la maraña de los errores, de las calumnias y las desidias.

Ahí estaban las más recientes interpretaciones de la América española, que era preciso examinar con agudeza y desenmascarar con denuedo. *

Indigenismo

En primer lugar, la que estima el paso de. España como algo advenedizo y extraño que se yuxtapone a la población autóctona y que es preciso sacudir y expulsar con objeto de que aquellas espléndidas civilizaciones vernáculas recobren su vigor y su grandeza primitivos. La América española es una creación artificial, lo que cuenta es Indoamérica, e indigenismo se llama la doctrina redentora que es necesario predicar frente a la opresión de la conquista.

Se utilizan los tópicos conocidos, se montan leyendas con hecatombes de indios pacíficos e inocentes y de tal modo se exagera la nota de brutalidad de los españoles, que Clemente Orozco, uno de los mas grandes pintores mejicanos, no ha podido por menos, criticando el indigenismo, que escribir estas paginas humorísticas: "La Conquista no debió haber sido como fue. En lugar de capitanes crueles y ambiciosos, España debió mandar una delegación numerosa de etnólogos, antropólogos, arqueólogos, ingenieros civiles, cirujanos, dentistas, veterinarios, médicos, maestros rurales, agrónomos, enfermeras de la Cruz Roja, filósofos, filólogos, biólogos, críticos de arte, pintores murales y eruditos en Historia. A1 llegar a Veracruz, desembarcar de las carabelas carros alegóricos enflorados y en uno de ellos Hernán Cortes y sus capitanes, llevando sendas canastillas de azucenas y gran cantidad de flores, confetis y serpentinas para el camino de Tlaxcala. Y después de rendir pleito homenaje al poderoso Moctezuma, establecer laboratorios de bacteriología, neurología, rayos X, luz ultravioleta, un departamento de asistencia pública, universidades, kindergartens, bibliotecas y bancos refaccionarios... Poner a Alvarado, a Ordaz, a Sandoval y demás varones fuertes de gendarmes, a cuidar las ruinas... Aprender ellos mismos los 782 idiomas diferentes que se hablaban. Respetar la religión indígena... Impulsar los sacrificios humanos, con departamento de engorde y maquinaria moderna para refrigerar y enlatar y sugerirle, muy respetuosamente, al gran Moctezuma que estableciera la democracia en el pueblo, pero conservando los privilegios de la aristocracia."

Pero es que la construcción ideológica de Indoamérica es radicalmente falsa en su base y deletérea edemas, si de la misma se deducen sus naturales consecuencias.

Es falsa en su base porque, sin perjuicio de los abusos inherentes a toda empresa humana, la medula del quehacer español en América no fue otra que la expansión del Evangelio. La Conquista no fue encomendada a empresas comerciales, provistas de concesiones y privilegios, que asegurasen, en todo caso, rentas ajustadas a la Corona, ni fue tampoco el resultado de una huida de grupos disidentes que buscaban cobijo a su preciosa libertad. La empresa española fue una empresa del pueblo y del Estado, fieles, absolutamente fieles, a la convicción ortodoxa que pliega y subordina los intereses temporales al mas alto servicio de Dios y de las almas.

Por esto -y vuelvo a repetir que sin ocultar la existencia de pecados y pecadores-, cuando Alonso de Ojeda desembarca en las Antillas en 1509, no les dice a los indios que los descubridores pertenecen a una raza superior y distinta, sino que, animándoles, les enseña que "Dios Nuestro Señor, que es único y eterno, creo el cielo y la tierra y un hombre y una mujer de los cuales vosotros y yo, y todos los hombres que han sido y serán en el mundo, descendemos". "Nuestros amigos los indios", repetirán los Reyes de España, y para ellos, para que fueran respetados y amados como iguales, se dicta ese monumento de las Leyes. de Indias, que ahí está para gloria de los hispanos y vergüenza de los fariseos que han querido ocultar sus lacras vergonzantes lanzando manotadas de cieno sobre la estampa limpia de la verdad.

Pero la construcción ideológica de Indoamérica no solo es falsa en su base, sino que es absurda en sus resultados, sobre todo si entre ellos se aspira a buscar estímulos y resortes a la unidad de nuestros pueblos. En primer lugar, países como Argentina, Uruguay y Costa Rica, donde apenas si existen vestigios de la población autóctona, quedarían automáticamente separados del movimiento;. Por otro lado, habría que detener el mestizaje, que los auténticos indigenistas han de considerar como producto híbrido, como una yerba malsana que es necesario expulsar o destruir con tanto o con mas ahínco que aquellos cuyo color y contextura siguen representando la conquista. Finalmente, conseguidas las metas deseadas y repuesta la situación en el punto de partida, en el instante mismo en que las culturas aborígenes quedaron paralizadas, nos encontraríamos con el espectáculo desesperante de miles de tribus, ligadas tan solo por el vinculo lugareño, separadas por abismos de incomprensión y de idioma, sin conciencia histórica nacional, entregadas a practicas y costumbres primitivas y, en muchos casos, despóticas y sanguinarias.

La construcción ideológica de Indoamérica es inadmisible. Si hay algo en el indigenismo que merece beligerancia y que ha de recogerse con cariño y con amor es aquello que tiene de inquietud por mejorar el nivel de vida de los indios, en demasiadas ocasiones bajo, desolador e infrahumano; lo que tiene de afán por ir agregando a la cultura a las tribus en estado salvaje; lo que tiene de ambición por ofrecerles la posibilidad de ser, como ha escrito Lain, lo que fue en su época y con respecto a los hombres de su raza, el Inca Garcilaso.

Pero esto no es otra cosa que Cristianismo a secas, continuación de esa sinfonía inacabada que hemos llamado la Hispanidad. La que prolongan, ensanchan y continúan los misioneros en las auras avanzadas de los infieles; la que hace de lo español, como escribe el chileno Jaime Eyzaguirre, no un elemento más en el conglomerado étnico, sino el factor decisivo y aglutinante, con fuerza y genio capaz de atarlos a todos, de armonizar las lenguas dispares de Méjico y hacer de Chile, no ya el nombre de un valle, sino la denominación de una vasta y plena unidad territorial.

Si alguna vez hubo desprecio hacia los indios, no fue realmente durante la Colonia, sino en los años inmediatos y subsiguientes a la emancipación. Jamás fueron escuchados de labios peninsulares sentencias tan auras como esta de Sarmiento: "Los araucanos son indios asquerosos a quienes habríamos hecho colgar y mandaríamos colgar ahora"; y jamas, durante la época colonial, se produjo la situación de Guatemala en 1870, cuando el Presidente Barrios anuló e incluso ordenó destruir los títulos de propiedad otorgados a los indios quiché por la Corona de España, aboliendo una situación legal avalada por siglos de existencia y deshaciendo, con daño del país, un orden económico que había traído la paz y la ventura a los indígenas.

Lo que hay de auténtico y de valioso en el indigenismo es patrimonio de la Hispanidad, en cuanto que la Hispanidad tiene un núcleo medular cristiano.

Ramiro de Maeztu, al enfrentarse con el problema "nativista", como se llama en Brasil la doctrina que mantiene la postura indoamericana, ha escrito de modo admirable: "Cuando el azteca culto compare un día la gran promesa que significa la catedral de Méjico, con la miseria, la ignorancia y las supersticiones de muchos de sus hermanos, es muy posible que se le ocurra renegar de la promesa y declararse enemigo de la Iglesia católica. Pero también es muy posible que vislumbre que la obra de la Hispanidad no está sino iniciada, que consiste precisamente en sacar a los indios y a todos los pueblos de la miseria y de la crueldad, de la ignorancia y de las supersticiones. Y acaso entonces se le entre por el alma un relámpago de luz que le haga ver que su destino personal consiste en continuar la obra en la medida de sus fuerzas. A1 reflejo de esa chispa de luz, habrá surgido un caballero de la Hispanidad, que también podrá ser un duque castellano, o un estudiante de Salamanca, o un cura de nuestras aldeas, o un hacendado brasileño, un estanciero argentino, un negro de Cuba, un indio de Méjico o Perú, un tagalo de Luzón o un mestizo de cualquier país de América, así como una monja o una mujer intrépida, porque si un ideal produce caballeros, también han de nacerle damas que le sirvan.". *

Panamericanismo

Pues bien, si la construcción doctrinal de Indoamérica es inadmisible, no lo es menos la que, volviendo los ojos hacia el norte, defiende la postura panamericana y hace santo y seña de lo que Rodó ha llamado la "nordomanía" y que se conoce con el nombre de panamericanismo. E1 panamericanismo cuenta con una declaración publica, oficial y solemne en la doctrina de Monroe y con una formulación literaria, hecha desde un campo opuesto, en el mensaje a la América hispana, de Waldo Frank.
E1 atento examen de las fuentes mencionadas, pone de manifiesto que el panamericanismo parte de dos principios que considera incontrovertibles: que la concepción católica e hispánica es una concepción medieval fracasada y superada en la historia, que la concepción sajona y protestante constituye el nervio del porvenir. Por ello, el panamericanismo pretende la aglutinación de América y la unificación política y cultural del Continente, con arreglo a las normas e instituciones del pueblo norteamericano.
Con dicho fin, se han seguido los sistemas del "big stik" y de la ayuda económica y técnica, y se ha pasado del terreno puramente especulativo al terreno institucional, mediante la creación y perfeccionamiento de la Organización de los Estados Americanos.

En virtud de la política del "big stik", el balance para las naciones de origen español en América ha sido tan satisfactorio como el siguiente: Los Tratados de Guadalupe, que arrancan a Méjico e incorporan a la Unión los estados de Texas, Nuevo México, Arizona y California, es decir, la mitad del territorio patrio; Nicaragua y Costa Rica ven hollados sus puertos y aldeas, en 1853 por las tropas de Guillermo Walker, derrotadas, al fin en Santa Marta. Cuba y Santo Domingo son ocupadas por el ejercito yanqui, quedando intervenida la aduana; Panamá se transforma en república independiente, y los Estados Unidos adquieren la zona del Canal como una concesión perpetua, que viene a ser algo así como el precio que la joven nación americana tiene que abonar para obtener su anhelada soberanía.

De la política del "big stik" , el panamericanismo pasa a la ayuda económica y técnica, que va poniendo en manos de las grandes empresas de los Estados Unidos la enorme riqueza potencial de los países de Hispanoamérica y con carácter sucesivo, se han aplicado a: los bananos, el azúcar, el petróleo, las industrias extractivas, los nudos y sistemas de comunicación y de transporte. No se trata de préstamos a largo plazo para crear riqueza nacional, sino de inversiones absorbentes del patrimonio que monopolizan fuerzas económicas tan hábiles y potentes que, a despecho de las fórmulas, tienen en sus manos la orientación social y política de los partidos y de los gobiernos. La fijación de los precios topes a las material primas y la libertad de precio para los artículos manufacturados, hace deficitaria la balanza de pagos de muchos países de Hispanoamérica, clientes únicos en el doble juego de la importación y de la exportación de los Estados Unidos.

Pero, como antes apuntábamos, el panamericanismo no se ha limitado a una formulación doctrinal y a un aprovechamiento de las distintas coyunturas para adentrarse en Hispanoamérica. El panamericanismo ha cuajado, ademas, institucionalmente, en la Organización de los Estados Americanos, cuyo punto de partida corresponde al año 1890, en Washington, y cuya culminación se produce al firmarse, en abril de 1948, la Carta de Bogotá. Durante este lapso relativamente corto de tiempo, el panamericanismo ha dado sus frutos y las naciones americanas de origen español han visto mediatizada, manejada y dirigida desde fuera su política internacional, puesta al servicio de intereses distintos y a veces opuestos a los suyos.

En efecto, como escribe Mario Amadeo, en ningún caso el mecanismo de seguridad colectiva o de coordinación que preveén los acuerdos suscritos por los estados integrantes de la Organización, se ha puesto en marcha para defender puntos de vista que no son precisamente los de los Estados Unidos. Cuando los Estados Unidos eran neutrales en la segunda guerra mundial, la reunión de consulta de Panamá proclamó la neutralidad más estricta. Cuando los Estados Unidos comenzaron a aproximarse a la guerra, la reunión de consulta de La Habana declaró la solidaridad ante la amenaza exterior. Cuando los Estados Unidos entraron en la guerra, la reunión de Río de Janeiro recomendó declarar la guerra. Cuando los Estados Unidos empezaron a tener dificultades con Rusia, la Conferencia de Bogotá señaló el peligro de la infiltración comunista.
El panamericanismo ha despertado así una atmósfera de recelo y de resentimiento cada día más agudizado, estimándose, como dice Ycaza Tijerino, que Norteamérica no puede imponer, ni siquiera con el pretexto de la amenaza comunista, a la Organización de los Estados Americanos, al Continente y a las Repúblicas hispanoamericanas, su propio estilo de vida, sus preocupaciones políticas y sus concepciones para la realización ideológica de su destino.
La hora del momento es lo suficientemente trágica y decisiva para que soslayemos el problema bajo la excusa de la amistad. Precisamente porque nos damos cuenta del papel protagonista que los Estados Unidos desempeñan en la historia del momento y de la responsabilidad cósmica que la Providencia ha querido encomendarle, tenemos la obligación de apuntar los errores que, a la larga o a la corta, pueden redundar en su perjuicio y en perjuicio de la Humanidad.
Tarea de amigos, de amigos sinceros, es la de señalar los fallos, no para recrearse cuando los mismos se cometen, sino para avivar el punto de mira y evitarlos y prevenirlos en el futuro..
Pues bien, constituye un error tremendo y lamentable identificar con los intereses de los Estados Unidos la lucha contra el sistema comunista, de tal manera que cualquier movimiento político, cualquier reivindicación social, cualquier orientación de las corrientes comerciales que se oponga a sus programas deba estimarse que favorece al comunismo.
En primer lugar, los Estados Unidos no han sido siempre los campeones de la lucha anticomunista, ni son, desde luego, los más ejemplares. Durante la segunda guerra mundial, los Estados Unidos fueron aliados de la U. R. S. S., y a la U. R. S. S. entregaron una gran parte de Europa. En Asia cometieron la terrible torpeza de abandonar al ejercito nacionalista chino, dejando a merced de la "democracia popular" una inmensa área de territorio y más de seiscientos millones de almas. Y hoy en día, los Estados Unidos protege y ayudan, militar y económicamente, a Yugoslavia, que vive bajo la dictadura del mariscal Tito, en régimen comunista, aúnque este régimen, por circunstancias más bien de tipo personal, no se halle de acuerdo con Moscú.

Yo no voy a entrar en las razones de peso que justifican este proceder de los Estados Unidos; pero quiero afirmar, de un modo rotundo, que pueden existir otras líneas de conducta de signo anticomunista mucho más tajantes y enérgicas, como lo es, a no dudarlo, la que ha seguido y viene manteniendo la política española.

Frente a un anticomunismo de coyuntura, puede existir y de hecho existe un anticomunismo sustancial, fruto de una postura radical y esencialmente hispánica.

Realizar en los países hispánicos una política que menoscabe su personalidad, tolerar o admitir que los pastores protestantes disuelvan nuestra fe, anular el ímpetu y el coraje de los movimientos nacionalistas que pretenden la consolidación política y la superación económica de nuestros pueblos, equivale a seguir una política miope, dando a entender como, sin duda, lo entienden los grupos comunistas, ortodoxos o disidentes -y ahí esta el libro de Jorge Abelardo Ramos como prueba-, que determinadas exigencias de Justicia, irrebatibles o inexorables, pueden conseguirse solamente, únicamente, adoptando una postura opuesta y refractaria a los Estados Unidos.

El panamericanismo es, por consiguiente, rechazable. Implica una desviación de nuestro sentido histórico que desconoce y ahoga la personalidad cultural y política de Hispanoamérica.
No quiere decir ello, claro es, que no sea posible aúnar los esfuerzos y establecer, en el esquema mismo de la Organización de Estados Americanos, una atmósfera de convivencia fraterna. Mas para ello es preciso que, de buena gana, lealmente, con hidalga caballerosidad se reconozcan y rectifiquen los errores cometidos, se tracen las coordenadas de una actuación sincera y, sobre todo, exista un equilibrio de poder, de tal modo que no haya, como al presente -y según apunta Humberto Pasquini Usandivaras- algo así como unas acciones preferentes y de voto plural, privilegiadas y de soberanía, en la caja fuerte de los Estados Unidos y otras acciones vulgares, ordinarias, que aseguran un puesto en la Asamblea para hacer bulto y contribuir a la farsa y que están en manos de las naciones de Hispanoamérica. *

Latinoamericanismo

Pero si son falsas e inadmisibles, como acabamos de demostrar, las construcciones doctrinales del indigenismo y del panamericanismo, no lo es menos la tesis, más hábil, enguantada y sutil que, partiendo de una supuesta filiación espiritual, minoriza la aportación española a la creación de las naciones de Hispanoamérica y habla con desenvoltura y desparpajo de América Latina.

No solo se ha intentado, por toda clase de medios, arrancar a España la gloria del Descubrimiento de América, acotando y aislando la figura del Almirante para centrar las ofrendas y las conmemoraciones en torno al llamado "Día de Colon", sino que, además, y por añadidura, quiere desconocerse el esfuerzo, el tesón y la energía de más de trescientos años de entrega y sacrificio. Con tal fin, se inventó la frase, hoy vulgar y generalizada, de la América Latina, que muchos de vosotros y de nosotros repetimos haciendo el juego a quienes con interés y con falacia la han puesto en circulación, la han impuesto en las organizaciones oficiales y la han vulgarizado a través de sus medios poderosos de difusión y propaganda.

De acuerdo con su tesis, la noción de Hispanoamérica es incomprensible, porque en la constitución espiritual de las naciones oriundas de España, han intervenido tanto o más que los valores españoles, los italianos y los franceses.

No es posible negar que los valores franceses e italianos, como los alemanes, los ingleses o los eslavos, han producido un acrecentamiento del panorama cultural de los países de Hispanoamérica, pero negamos de una manera categórica que tales valores hayan influido en la constitución de aquellas naciones.

Si éstas -escribe el chileno Oswaldo Lira- son cada una de ellas, las mismas esencialmente que en los momentos de la Independencia -cosa que ningún patriota puede poner en duda sin renegar de si mismo-, es necesario admitir que la afluencia de valores extranjeros no pudo tener otro alcance que el de un prodigioso enriquecimiento adjetivo del espíritu nacional.

Los valores europeos llegaron y sus posibilidades de influjo y asimilación se debieron a que, como afirma el peruano Alberto Wagner de Reina las naciones americanas de origen español habían recibido la cultura de España. Fue esta cultura, forjada al amparo de la cruz y de las cinco declinaciones latinas la que, al convertirse en columna medular de dichas naciones, las hizo capaces de aprender y asimilar las otras culturas occidentales.

E1 argumento de la América Latina se vuelve así en contra de sus defensores. Si en ella hay algo que no sea estrictamente peninsular, algo del espíritu francés, del italiano, del inglés o del germánico, se debe a España, que no dudo en transferir sin reservas el tesoro de su idioma y de su bagaje intelectual.

Hoy, esta verdad, clara y tajante, empieza a ser reconocida por hombres ajenos a nuestro ambiente, y así Jaques de Lauwe, en su obra L’Amerique Iberique, escribe que la misma "constituye un mundo aparte y que es mentiroso el calificativo de Latina que se le atribuye", y Waldo Frank, al que antes hacíamos referencia, escribe que "España esta más próxima a América que las corrientes complejas de París".

Por tanto, si los términos Latinoamérica y América Latina sólo pretender con torpeza diluir el nombre español en fórmulas amplias y genéricas que den cabida y preponderancia -como apunta Jaime Eyzaguirre- a otras naciones, muy ilustres, pero que estuvieron ausentes en las etapas culminantes de la Conquista y de la Colonia, si dicha terminología supone, como escribe Lohman, una aberración conceptual, debemos con justicia exigir, en nombre de la historia, como pide Oswaldo Lira, y de los principios mas elementales de la filosofía de la cultura, que tales denominaciones son eliminadas y abolidas.

En los ambientes populares, incontaminados por los juegos del idioma, se palpa de inmediato lo artificioso de estas construcciones. "Vista desde Europa -dice Rodó-, -toda la América nuestra es una sola entidad que procede históricamente de España y que se expresa en idioma español." Y apreciada desde dentro esta claro, como señala el argentino Enrique V. Corominas, que, no obstante la presión artificiosa de indigenistas, panamericanistas y latinoamericanistas, hay como una fuerza emocional y telúrica que vincula y ata a los pueblos de América en lo español y que los convierte en comunidades de ciudadanos hispanoamericanos.

Toda la argumentación desemboca, pues, en el lógico e indiscutible corolario de que la única denominación ajustada y, a la vez, comprensiva de las naciones americanas que se emanciparon de la Península, es precisamente la de Hispanoamérica o Iberoamérica, bajo la cual se comprende a la América española y a la portuguesa.

Ahora bien, si lo ibérico es algo así como la infraestructura, lo espontáneo, lo étnico y temperamental subyacente en lo español y portugués, y lo hispánico, en cambio, es la alta estructura, la determinación cultural y la forma histórica de lo español y de lo luso, resulta congruente que el vocablo más preciso es Hispanoamérica.

Almeida Garret confirma esta tesis al decir, con harta razón: "Somos hispanos e devemos chamar hispanos a cuantos habitamos a peninsula hispánica". En el mismo sentido, Ricardo Jorge dice: "Chamese Hispana a peninsula, hispano, ao seu habitante ondequer que demore, hispanico ao que lhez diez respeito". Y Miguel Torga, el poeta portugués de nuestro siglo, no vacila en decir que su patria "termina en los Pirineos".

Por su parte, el escritor brasileño Gilberto Freire escribe que "Brasil es una nación doblemente hispánica, la nación más hispánica del mundo por el hecho feliz de haber tenido, a la vez, una formación española y portuguesa".

Y es que hay algo entrañable que enlaza y complementa a los dos pueblos de la Peninsula, cantados por Camoens en la época de su máxima extensión territorial con los versos hermosos:

"Del Tajo al Amazonas el portugués impera, de un polo al otro el castellano yoga y ambos extremos de la terrestre esfera dependen de Sevilla y de Lisboa.".Pero si son falsas e inadmisibles, como acabamos de demostrar, las construcciones doctrinales del indigenismo y del panamericanismo, no lo es menos la tesis, más hábil, enguantada y sutil que, partiendo de una supuesta filiación espiritual, minoriza la aportación española a la creación de las naciones de Hispanoamérica y habla con desenvoltura y desparpajo de América Latina.

No solo se ha intentado, por toda clase de medios, arrancar a España la gloria del Descubrimiento de América, acotando y aislando la figura del Almirante para centrar las ofrendas y las conmemoraciones en torno al llamado "Día de Colon", sino que, además, y por añadidura, quiere desconocerse el esfuerzo, el tesón y la energía de más de trescientos años de entrega y sacrificio. Con tal fin, se inventó la frase, hoy vulgar y generalizada, de la América Latina, que muchos de vosotros y de nosotros repetimos haciendo el juego a quienes con interés y con falacia la han puesto en circulación, la han impuesto en las organizaciones oficiales y la han vulgarizado a través de sus medios poderosos de difusión y propaganda.

De acuerdo con su tesis, la noción de Hispanoamérica es incomprensible, porque en la constitución espiritual de las naciones oriundas de España, han intervenido tanto o más que los valores españoles, los italianos y los franceses.

No es posible negar que los valores franceses e italianos, como los alemanes, los ingleses o los eslavos, han producido un acrecentamiento del panorama cultural de los países de Hispanoamérica, pero negamos de una manera categórica que tales valores hayan influido en la constitución de aquellas naciones.

Si éstas -escribe el chileno Oswaldo Lira- son cada una de ellas, las mismas esencialmente que en los momentos de la Independencia -cosa que ningún patriota puede poner en duda sin renegar de si mismo-, es necesario admitir que la afluencia de valores extranjeros no pudo tener otro alcance que el de un prodigioso enriquecimiento adjetivo del espíritu nacional.

Los valores europeos llegaron y sus posibilidades de influjo y asimilación se debieron a que, como afirma el peruano Alberto Wagner de Reina las naciones americanas de origen español habían recibido la cultura de España. Fue esta cultura, forjada al amparo de la cruz y de las cinco declinaciones latinas la que, al convertirse en columna medular de dichas naciones, las hizo capaces de aprender y asimilar las otras culturas occidentales.

E1 argumento de la América Latina se vuelve así en contra de sus defensores. Si en ella hay algo que no sea estrictamente peninsular, algo del espíritu francés, del italiano, del inglés o del germánico, se debe a España, que no dudo en transferir sin reservas el tesoro de su idioma y de su bagaje intelectual.

Hoy, esta verdad, clara y tajante, empieza a ser reconocida por hombres ajenos a nuestro ambiente, y así Jaques de Lauwe, en su obra L’Amerique Iberique, escribe que la misma "constituye un mundo aparte y que es mentiroso el calificativo de Latina que se le atribuye", y Waldo Frank, al que antes hacíamos referencia, escribe que "España esta más próxima a América que las corrientes complejas de París".

Por tanto, si los términos Latinoamérica y América Latina sólo pretender con torpeza diluir el nombre español en fórmulas amplias y genéricas que den cabida y preponderancia -como apunta Jaime Eyzaguirre- a otras naciones, muy ilustres, pero que estuvieron ausentes en las etapas culminantes de la Conquista y de la Colonia, si dicha terminología supone, como escribe Lohman, una aberración conceptual, debemos con justicia exigir, en nombre de la historia, como pide Oswaldo Lira, y de los principios mas elementales de la filosofía de la cultura, que tales denominaciones son eliminadas y abolidas.

En los ambientes populares, incontaminados por los juegos del idioma, se palpa de inmediato lo artificioso de estas construcciones. "Vista desde Europa -dice Rodó-, -toda la América nuestra es una sola entidad que procede históricamente de España y que se expresa en idioma español." Y apreciada desde dentro esta claro, como señala el argentino Enrique V. Corominas, que, no obstante la presión artificiosa de indigenistas, panamericanistas y latinoamericanistas, hay como una fuerza emocional y telúrica que vincula y ata a los pueblos de América en lo español y que los convierte en comunidades de ciudadanos hispanoamericanos.

Toda la argumentación desemboca, pues, en el lógico e indiscutible corolario de que la única denominación ajustada y, a la vez, comprensiva de las naciones americanas que se emanciparon de la Península, es precisamente la de Hispanoamérica o Iberoamérica, bajo la cual se comprende a la América española y a la portuguesa.

Ahora bien, si lo ibérico es algo así como la infraestructura, lo espontáneo, lo étnico y temperamental subyacente en lo español y portugués, y lo hispánico, en cambio, es la alta estructura, la determinación cultural y la forma histórica de lo español y de lo luso, resulta congruente que el vocablo más preciso es Hispanoamérica.

Almeida Garret confirma esta tesis al decir, con harta razón: "Somos hispanos e devemos chamar hispanos a cuantos habitamos a peninsula hispánica". En el mismo sentido, Ricardo Jorge dice: "Chamese Hispana a peninsula, hispano, ao seu habitante ondequer que demore, hispanico ao que lhez diez respeito". Y Miguel Torga, el poeta portugués de nuestro siglo, no vacila en decir que su patria "termina en los Pirineos".

Por su parte, el escritor brasileño Gilberto Freire escribe que "Brasil es una nación doblemente hispánica, la nación más hispánica del mundo por el hecho feliz de haber tenido, a la vez, una formación española y portuguesa".

Y es que hay algo entrañable que enlaza y complementa a los dos pueblos de la Peninsula, cantados por Camoens en la época de su máxima extensión territorial con los versos hermosos:

"Del Tajo al Amazonas el portugués impera, de un polo al otro el castellano yoga y ambos extremos de la terrestre esfera dependen de Sevilla y de Lisboa.". *

Primogenitura no española

La tradición hispánica pertenece por igual a las dos. naciones peninsulares, como pertenece y forma parte del de Hispanoamérica. E1 secreto con la continuidad, en contribuir y en mantener y desarrollar este sentimiento de tradición, en darnos cuenta del fraterno quehacer que se nos brinda y comprender a fondo aquellas palabras de Menéndez y Pelayo, según las cuales los pueblos no pueden renunciar a la cultura que les es propia, sin mengua de la parte mas noble de su ser, sin comenzar una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil.

Tal es la tarea de nuestra generación y de nuestro tiempo: dar plenitud de vigencia al ser histórico de las naciones hispánicas. Cierto que son muchos los impacientes a los que ahoga y desespera la lentitud, que son muchos los que ambicionan una superación inmediata del estadio floral, pero también es cierto que, con independencia y aún a pesar de las disquisiciones líricas y de las evocaciones sentimentales, nuestra obra esta en marcha.

En un mundo industrial y mecanizado como el mundo moderno, la enorme empresa hispánica parece caminar con lentitud, con una engañosa impresión de retraso, más ello se debe, como apunta Coronel Urtecho, a que la misma no opera, en primer lugar, sobre la superficie de la tierra, modificando los aspectos aparentes de la civilización, sino que trabaja secretamente, como un fermento,
Un patrimonio cultural que consiste en rendir culto a un esfuerzo colectivo un sentimiento de tradición, en hacer que se nos brinda, en las profundidades oscuras de la vida del hombre, en la entraña insondable de las naciones, en el subsuelo de la cultura y en el humus fecundante del sentido católico de nuestros pueblos.
En este operar callado, hemos visto aparecer, limpia y recortada, la figura de Hispanoamérica, es decir, de un conjunto de naciones que, por encima y por debajo de su lozana diversidad, tienen el común apellido de hispánicas. Más al occidente de América, el archipiélago filipino, que los españoles descubrieron y civilizaron, constituye una nación de la misma raíz y estirpe. Por último, en Europa, Portugal y España, los dos países ibéricos, peninsulares y fundadores, son también, y por las razones señaladas, substantivamente hispánicos.

Es decir, que además de los hispanoamericanos, existen los hispanofilipinos y los hispanopeninsulares. Todos ellos gozan de la hispanofiliacion e integran, por consiguiente, la Hispanidad.

Pero la Hispanidad no es solo el conjunto de hombres que gozan de la hispanofiliación, ni el marco geográfico y político en que los mismos habitan Hispanidad es, sobre todo, como apunta Lain Entralgo, un modo de ser o, como nosotros indicábamos al comienzo, el conjunto de principios vitales que un día cuajaron en un cuerpo político y que hoy, por tener como nunca el más alto grado de vigencia histórica, pueden y deben operar y manifestarse de nuevo.

La diferencia en el modus operandi radica, con respecto al pasado, en que en la oportunidad presente, no es España (y Portugal con ella) la nación portadora de tales principios. Si las naciones peninsulares fueron entonces las que infundieron Hispanidad, ahora es el conjunto de pueblos en que la Hispanidad quedo trascendida, los que, de un modo solidario, han de incorporarse a la tarea. No es, por consiguiente, que Hispanoamérica, como han dicho Pablo Antonio Cuadra y Alfredo Sánchez Bella, comience en los Pirineos; es que la unidad de Hispanoamérica procede de España y luego la comprende con el nombre de Hispanidad. Lo hispánico no es, por consiguiente, lo español; la Hispanidad no fluye, en consecuencia, de la España del momento, sino que, partiendo de la España de entonces, mana a través de los pueblos hispánicos y nutre o deja nutrir la corriente del gran Amazonas de nuestro espíritu. La Hispanidad es como una llama que, encendida con la leña ancestral de los olmos, los robles y las encinas de la Peninsula, prende y a la vez se nutre, vigoriza y alimenta -como con bella metafora ha dicho el uruguayo Alejandro Gallinal -con las maderas y los troncos de vuestros montes y vuestras cordilleras vírgenes.

La España actual es una entre los pueblos hispánicos, tan hija de la España progenitora, como pueden serlo Ecuador o Venezuela. La Madre Patria de que hablan con tanto amor como respeto hispanoamericanos y filipinos, es también la madre de nuestra España, a la que solo corresponde, por razón de su mayorazgo, la custodia y no la propiedad de los viejos papeles de familia. E1 centro de gravedad de los pueblos hispánicos, su nivel, no esta aquí ni allá, en Europa, en América o en Oceanía, está en aquel grupo de hombres que representen, en cada instante, de un modo mas fiel, exacto y preciso, los ideales de la Hispanidad.

Por eso ha podido escribirse desde América que si España dejara de existir, tragada por el mar, o hiciera traición a sus propias esencias hispánicas, la Hispanidad realizaría su propia misión sin España, esforzándose como un primer objetivo en reconstituirla y en rehacerla.

Si la Hispanidad es, por consiguiente, un fluir de vida y exigencias, se equivocan aquellos que la reducen, empequeñecen y esterilizan, confundiéndola con una mera contemplación embobada y narcisista de España en los estratos históricos superados. *

Aspiraciones de la hispanidad

La Hispanidad, sin desentenderse del pasado, aspira a trascenderlo con una dinámica permanente, pensando en la España actual y concreta, con sus virtudes y defectos; en la nación filipina, enfrentada en una lucha heroica contra valores extraños a su plasma vital; en las naciones, grandes o chicas de América, pero orgullosas de su destino.

Bajo este punto de vista, la Hispanidad supone una auténtica revolución histórica. Es más que recuerdo, empresa; más que sentimiento, voluntad de fundación. En la Hispanidad ya estamos -escribe Mariano Picón Salas-; lo que nos hace falta es su actuación eficiente, crear -como arguye Sandro Tacconi- un orden hispánico nuevo; dar forma jurídica -como quiere Martín Artajo- al conjunto de naciones hispánicas.

Había, hasta la fecha, como una cierta timidez al llegar a este punto de las conclusiones. Expuesta la doctrina, se estancaba aquí, como temiendo que alguien se escandalizara ante el anuncio de un posible encuadramiento formal de la estirpe hispánica.

¿Acaso no sería todo ello una argucia, hábilmente tejida, por la España del momento que ideara para recobrar su pasada hegemonía? Más aún, ¿acaso no sería la Hispanidad si se llegaba a tales consecuencias, un artilugio para exportar de contrabando cierta mercancía política que puede no gustar o no ser apta para ciertos ambientes?

Pero hoy, tales reservas, han sido, afortunadamente, sujetadas. El esquema jurídico en que la Hispanidad cristalice no se encuentra a priori al servicio de ninguna hegemonía, sino al servicio perfecto y colectivo de la Comunidad.

De aquí que hoy se prolongue, sin rebozos, dar contenido plástico a la unión de nuestros pueblos y realizar de algún modo -como sea, dice Alfonso Junco - su unidad política. Aúnque la Hispanidad postula una actitud frente a la vida y una forma de catolicismo y de cultura pretende, como señala Ycaza Tijerino, una finalidad política. Por eso, el que no tiene conciencia política no entiende del todo la Hispanidad.

Esta exigencia política de la Hispanidad ha sido y es irrenunciable y permanente. La idea de una comunidad de naciones hispánicas -escribe el uruguayo Carlos Lacalle - no ha surgido de pronto ni la han discurrido en torno de una mesa un grupo de doctrinarios, sino que ha sido elaborada desde el día siguiente a la emancipación. *

Cronología de la unidad hispanoamericana

El examen de los años subsiguientes a la Independencia pone de manifiesto dos cosas: de un lado, la nostalgia de la unidad perdida, y, de otro, el anhelo, siempre reiterado, de lograrla.
Sarmiento no vacila en exclamar: "hace veinte años, un habitante de las pampas de Colombia se abrazaba en medio del Continente con otro de las pampas de Buenos Aires, y ya no ha quedado ni un solo vínculo entre los Estados vecinos", y Ugarte escribe "que no es posible regocijarse completamente de una emancipación que, multiplicando el desmigajamiento de los antiguos virreinatos en Repúblicas a menudo minúsculas e indefensas, ha venido a sembrar el porvenir de responsabilidades históricas".
La profunda miseria moral de las medianías que hostigaban al genio de América -dice el ecuatoriano Ulpiano Navarro-, el caudillismo montaraz de algunos jefes de Venezuela, la intriga del subsuelo, roedora y terrible, de los libertarios de Bogotá, la ingratitud de los antiguos áulicos del virreinato de los Reyes, la envidia de los estadistas del Plata fueron parte a que nuestra América, después de la guerra de la Independencia, no se constituyese con la integridad de los territorios patrimoniales.

La Independencia ha significado la disgregación -subraya Mariano Picón Salas- por haber sido realizada traicionando el ideal de los auténticos libertadores. Por ello, si la enfermedad, como asegura D'Ors, se llama nacionalismo, la salud debe llamarse anfictionía.
Y fue, efectivamente, una confederación, una anfictionía, lo que hoy, con términos más exactos, conocemos con el nombre de Comunidad, lo que se busco incluso antes de que aparecieran los primeros conatos libertadores.
En esta línea, el célebre Francisco de Miranda imaginó, por los años 1785 y 1790, formar, una vez terminada la Independencia, un Imperio Americano que se extendiera desde el Mississipi hasta la Patagonia con un monarca incaico y sistema parlamentario a la inglesa, que evitara la anarquía en el orden político y la desmembración en el orden geográfico; la Infanta Carlota-Joaquina, hermana de Fernando VII y esposa de Juan VI de Portugal, ofreció desde el Brasil, a los diferentes virreyes y a las diversas Juntas de Defensa hispanoamericanas, una serie de ideas políticas renovadoras que tendían a salvar la unidad supranacional, amenazada peligrosamente por la invasión napoleónica de la Península. José Gregorio Argomedo propuso en Chile, el 18 de septiembre de 1810, un Congreso de todas las provincias de América que habría de celebrarse en el caso de ser derrotada España por los franceses; y el mejicano Lucas Alaman pidió en las Cortes de Cádiz una relativa independencia de las Colonias y una confederación de las mismas con España.

De los libertadores, sabido es como José de San Martín sacrificó su presencia en América al logro de la Unidad; O`Higgins, después de Maipu, abogó por ella, y en favor de ella se pronunciaron las Constituciones de la Independencia; e Iturbide suscribió el Tratado de Córdoba con el último virrey de Méjico, tratando de establecer una interdependencia jurídica entre la Nueva España y la Corona.

Por su parte, Simón Bolívar, antes y después de Boyaca y de Carabobo, levanto la bandera confederal, y el de septiembre de 1815 escribía: "Puesto que estas naciones tienen un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, deben tener igualmente un solo Gobierno que confedere los diferentes Estados que hayan de formarse."

Con absoluta fidelidad a esta idea, el Libertador como presidente de Colombia, y don Pedro Gual, como ministro de Asuntos Exteriores, facultaron a don Jaime Mosquera para la suscripción de tratados con los países fraternos, y así, después de penosas negociaciones, se firmaron, en 1822 con Perú, en 1823 con Méjico y en 1825 con Centroamérica. En el espíritu y en la letra de estos acuerdos aparece el deseo de constituir "una sociedad de naciones hermanas", "un cuerpo anfictionico o Asamblea de plenipotenciarios que de impulso a los intereses comunes y dirima las discordias que puedan suscitarse entre pueblos que tienen unas mismas costumbres".

Los acuerdos mencionados fueron el punto de partida del Congreso de Panama y de Tacubaya de 1826. Bolivar, al convocarlo en 7 de diciembre de 1824, insiste en la necesidad de una "asamblea de plenipotenciarios que nos sirva de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel interpretacion de los tratados. y de conciliacion, en fin, de nuestras diferencias".

El Congreso de Panama, que terrninó suscribiendo el 15 de junio de 1826 un "Tratado de unión, liga y confederación perpetuas entre las Repúblicas de Perú, Colombia, Centroamerica y Estados Unidos mejicanos", vino a resultar inoperante no solo porque dicho acuerdo fue ratificado solo por Colombia, sino porque en 1830, la Gran Colombia, que había nacido en diciembre de 1819, se dividió en tres Estados independientes: la actual Colombia, Ecuador y Venezuela, y el 30 de mayo de 1838, el Congreso Federal de las Provincias Unidas de Centroamérica, que habia surgido el 1 de julio de 1821, dejó en libertad a las mismas para constituirse como gustaren, naciendo los Estados de Honduras, Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua.

Pero los esfuerzos comunitarios han proseguido sin desaliento, tratando de suturar las piezas desatadas. Y así, Ecuador, Colombia y Venezuela firmaron, el 29 de octubre de 1948, la Carta de Quito, en la que, reconociendo la existencia de los "vínculos especiales que unen entre sí a los Estados hispanoamericanos por su comunidad de origen y cultura", den nacimiento a la Organizacion Económica Grancolombiana. Honduras, Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua, con la conciencia de sentirse y saberse "partes disgregadas de una misma nación", suscriben, el 14 de octubre de 1951, en San Salvador, la Carta fundacional de la Organizacion de Estados Centroamericanos. Y Chile y Argentina, el 8 de julio de 1953, firman un tratado por el que constituyen su Union Económica.

A su vez, los países hispánicos de la Península, al calor de los embates de la última contienda universal constituyen el llamado "Bloque Iberico", confirmado después con las entrevistas de sus gobernantes y ampliando a colaboraciones y entendimientos que rebasan la esfera militar, como han puesto de relieve las conversaciones de Ciudad Rodrigo.

Es decir, que lenta y gradualmente, salvando prejuicios y distancias, se abre paso la empresa de comunidad inacabada en áreas regionales económica y geográficamente definidas, como un paso firme y seguro hacia la estructura mas amplia, completa y general. *

Revindicaciones políticas, económicas y territoriales

En este aspecto, estimamos un error de enfoque el considerar, como lo han hecho algunos escritores hispanoamericanos, la declaración de Salta -obsesos por sus graves problemas de vecindad con los Estados Unidos-, que lo más importante y urgente es conseguir la integridad de Hispanoamérica y luego ofrecer un status especial a los países peninsulares, toda vez que la ubicación europea de los mismos les desplazan de aquella órbita continental.

Y decimos que esta corriente de opinión es equivocada porque la urgencia por atender y cubrir frentes determinados no puede oscurecer el enfoque del movimiento y la vastedad de la estructura.

La Hispanidad, modo de ser, conjunto de principios vitales, anima y federa una comunidad, a un puñado de pueblos que de ella se alimentan con el fin de realizar, a través de los instrumentos de ayuda y de trabajo que constituyen, su qehacer histórico.

Si en la hora prima de la fundación de la Comunidad estuviera ausente alguno de nuestros pueblos, se apreciaría al instante, en ese Amazonas del espíritu a que antes hacíamos referencia, no solo una falta de caudal, sino también la especia o ingrediente propio de una forma especifica de vivir la Hispanidad por el ausente.

Por otro lado, el destino de la Hispanidad es ecumenico y necesita realizarse en todas las latitudes. Habrá pues una hispanidad operante en Europa, en América y en Asia que adoptará, acomodándose a las necesidades del clima y a las cooyunturas del momento, las formas de actuación que estime prudentes y acertadas.
Cada una de nuestras naciones, aisladas o desconfiante, devendría estéril y acabaría siendo anulada o absorbida. El ejemplo que nos ofrece la nación filipina, combatiendo a solas en el mar de la indiferencia, que ahora tan sólo comienza a transformarse en simpatía, pero que aún no ha llegado a cuajar en ayudas prácticas y concretas, es espectáculo y escándalo para todos y ejemplo bastante para no reducir y acotar nuestros puntos de mira.

El enfoque del movimiento hispánico y el conjunto de la estructura formal y jurídica en que el mismo se manifiesta, ha de reconocer como efectivo y operante el hecho de que en América constituimos, desde Méjico hasta la extremidad patagónica, como dice Federico García Godoy, "un gran todo sólidamente coohesionado" , y que en Europa los dos países hipánicos peninsulares, y en el Oriente Lejano la nación filipina están unidos por vinculos que nada ni nadie pueden desconocer o ignorar.
Estos vínculos hacen que la anhelada comunidad de naciones hispánicas sea mucho más hacedera de aquello que nosotros -encima de la menudencia y prolijidad de los hechos- nos figuramos.
Vivimos en la era de los grandes sujetos supranacionales. La Comunidad Británica, la Liga Arabe, las organizaciones de cooperación en Europa, la Agrupación Regional Soviética, la Seato, la misma Organización de Estados Americanos nos indican con claridad meridiana que ha llegado el mimento de hacer efectiva esa homogeneidad de que hacemos gala, y superar las disputas entre naciones pequeñas que sólo redundan en beneficio de las grandes; de consumar la unidad antes de que otros la consoliden y antes, incluso, de que nos sea impuesta con un signo ideológico distinto.

Porque el problema no está en si esa unión de nuestros pueblos, esa comunidad que armonice lo diverso y variado ha de consumarse. o no, sino en si tal fenómeno ha de producirse como señala Mario Amadeo bajo el lema "Cristianismo y libertad" o bajo el lema de "Comunismo y tiranía".

Vamos, pues, como dice el Padre Juan Ramón Sepich, a construir nuestro mundo según nuestro ser, a aúnar a la "gran familia", como añoraba el poeta uruguayo Alagarinos Cervantes, fundador de la "Revista española de ambos mundos", y a llevar a termino su doble tarea, una que mire hacia dentro de la comunidad y otra que mira hacia fuera.

Desde el punto de vista interno, la Comunidad tiene que partir de un hecho evidente, a saber: que bajo su rubrica no solo se federan los Estados, sino que se aglutinan también los hombres de la Hispanidad. ¡Ojo Colmeiro observa con exactitud que "los hispánicos no llegan entre si a considerarse extranjeros". Mariano PicorT Salas dice que "aún cuando empleen pabellones distintos, un chileno esta emocionalmente más cerca de un mejicano que un habitante de Australia de otro del Canada", y Calor Lacalle, avanzando aún más, estima "que es necesario fomentar la conciencia íntima de que el ser ciudadano de un país hispánico supone -con los derechos y deberes consiguientes- la afiliación a la Hispanidad".

No es -como dijera Menéndez Pelayo, todavía perplejo por la incertidumbre de su época -que "gentes con un mismo origen, un mismo culto y un mismo idioma, pueden ser de distintas naciones, pero ante Dios forman una sola familia"; no se trata de crear simplemente una pura nacionalidad literaria común que haga ciudadanos de nuestro mundo, sin vinculaciones provinciales, a Agustín de Foxa, a Enrique Larreta, a Gabriela Mistral y a Juan de Ibarbourou; no se trata, en fin, de una imprecación unamunesca: "la sangre de mi espíritu es mi lengua y mi patria esta allí donde resuene". Lo que se busca es la declaración y reconocimiento de la "común nacionalidad" que pide Barreda Laos, del hecho traslucido de que "somos parte de una misma nación", como dice Gustavo Kosling; de abolir entre hispánicos las fronteras, que el escritor salvadoreño Viera Altamirano considera malditas, y proclamar la existencia de la unidad supranacional hispánica que propugna Ycaza Tijerino, y que Menéndez Pelayo, en la villa europea de la Hispanidad, conoce por "Hispania Mayor", y José Enrique Rodó, desde la villa opuesta, denomina, con entusiasmo y con orgullo, "Magna Patria".

En esta línea, el Congreso Hispano-Luso-Americano y Filipino de Derecho Internacional, celebrado en Madrid en el año 1951, estudió la ponencia de Federico Castro Bravo sobre "El problema de la doble nacionalidad", recomendando la formación de un proyecto de ley uniforme y la concesión, por cada país, a los hispánicos de las otras naciones, de una condición jurídica especial que les separe de la rúbrica de extranjeros y les vaya gradualmente equiparando a los nacionales.

En España, la nueva Ley de 15 de julio de 1954, que ha derogado los artículos correspondientes del Código civil, admite la doble nacionalidad y, recogiendo las disposiciones especiales que se habían venido dictando, facilita la adquisición de la ciudadanía española a hispanoamericanos y filipinos.

Mas no basta, en el frente interior, con llegar, como sin duda llegaremos, a ser ciudadanos de la Hispanidad. Hace falta constituirnos en bloque cultural, económico y castrense.

El bloque cultural postula un libre intercambio y una circulación sin trabas aduaneras de libros y revistas; una depuración de nuestros textos escolares, arrancando de los mismos todo resabio de hostilidad y planteando en ellos el acontecer hispánico en un clima fraterno y de conjunto; un intercambio reciproco de profesores entre las facultades universitarias; un encuentro periódico de estudiantes, graduados, profesionales y artistas, como pretenden nuestros Colegios Mayores "Nuestra Señora de Guadalupe", "Hernán Cortes" y "Junípero Serra", y el propio Instituto de Cultura Hispánica, nacido en aquellas reuniones históricas celebradas en San Lorenzo de El Escorial en el verano de 1946; un especial interés por la pureza del idioma, apasionando en la tarea a periodistas y hombres de la radio; una validez universal de nuestros títulos académicos; una creciente unificación legislativa, que tiene su punto de arranque en un derecho histórico común y en una forma análoga de vivirlo y de aplicarlo; una sincera y eficaz colaboración en la esfera cinematográfica, y una agencia, en fin, de noticias, como aquella que propugna Fernando Mora, subdirector de Novedades, de Méjico, que transmita con fidelidad el latido diario de nuestro vivir, que evite el silencio de la noticia importante o su difusión con falta de espíritu constructivo de lo que, refiriéndose a otras agencias extrañas al mundo hispánico, se quejaba el colombiano Alberto Lleras, siendo secretario de la Organización de Estados Americanos.

En este orden, los esfuerzos de la Oficina de Educación Iberoamericana, cuyo III Congreso acaba de celebrarse en Santo Domingo, y los de la joven Asociación Iberoamericana de Periodistas, son un trampolín brindado y abierto a las mas anchas e ilusionadas ambiciones.

Y junto al bloque cultural, el bloque económico, cuyos postulados fundamentales han de ser los siguientes: la Hispanidad constituye un área económica y un mercado común. Sobre esta base, es preciso superar el estadio presente de coloniaje económico, salir del monocultivo (estaño en Bolivia, cobre y nitrato en Chile, petroleo en Venezuela, café en Colombia y Brasil, azúcar en Cuba y Santo Domingo, cane y 1ana en la Argentina y Uruguay), diversificando la producción; crear corrientes comerciales nuevas que eviten la tiranía de los monopolios, especializar la mano de obra; industrializar, de acuerdo con las necesidades generales, evitando los planes inorgánicos y haciendo posible que una fábrica de botones en Costa Rica, con una población de 800.000 habitantes, pueda construirse a sabiendas de que esta destinada no solo a saturar el reducido mercado del país, sino a suministrar el producto a una población adecuada de consumidores y de usuarios.

Las reuniones de la C. E. P. A. L. y las conferencias económicas celebradas al amparo de la Organización de Estados Americanos, han puesto de relieve la urgencia de la llamada emancipación económica. Mientras el ingreso anual per capita en los Estados Unidos excede de los 1.900 dólares, en los países iberoamericanos dicho ingreso alcanza solamente a 211,45, y ello a pesar de que Iberoamérica es hoy el mercado más grande para las exportaciones norteamericanas, la fuente principal de importaciones y el campo de mayor inversión privada en el extranjero.

Aúnque las cifras son engorrosas, tienen valor edificante y es necesario reproducirlas. Así, en el año 1953 Iberoamérica provee a los Estados Unidos del 100 por 100 del quebracho que importa; del 100 por 100 del asbesto; del 98 por 100 del cuarzo en cristales; del 65 por 100 de la bauxita; del 62 por 100 del antimonio; del 42 por 100 del berilio; del 43 por 100 del sisal; del 37 por 100 del cadmio; del 29 por 100 del cobre; del 25 por 100 del espatofluor; del 23 por 100 del manganeso; del 20 por 100 del vanadio; del 18 por 100 del estaño, y del 17 por 100 del wolframio.

En el mismo año, Iberoamérica importo de los Estados Unidos el 27 por -100 de su producción de maquinaria industrial; el 33 por 100 de la maquinaria eléctrica; el 52 por 100 de autobuses y camiones; el 43 por 100 de automóviles, y el 35 por 100 de grasas, leche, carne y otros productos alimenticios.

El desequilibrio de la balanza de pagos se debe, en gran parte, a que cuando el dólar norteamericano va a Hispanoamérica, en pago de material primas, materiales estratégicos o productos agrícolas, ese dólar sirve para pagar el salario de un hombre en un día; en cambio, cuando ese dólar retorna a los Estados Unidos solo alcanza a pagar el salario de un hombre en media hora.

El sistema actual, que se reduce, en suma, a vender barato y a precios determinados por el comprador, y a comprar cada vez mas caro, sólo puede romperse estimulando el comercio entre las naciones hispánicas, viendo la forma de autoabastecerse dentro de la Comunidad, reduciendo las tarifas aduaneras, dándose el trato reciproco de nación más favorecida, utilizando los servicios de la Organización Iberoamericana de Cooperación Económica y creando la Unión Iberoamericana de Pagos que, al facilitar la compensación múltiple, evite el movimiento improcedente de divisas y engrase y haga mas fluido el engranaje total de la economía.

Dentro de esta consideración económica, no puede olvidarse el aspecto demográfico. Hoy tiene Iberoamérica más de 160 millones de habitantes, es decir, una población absoluta superior a la de los Estados Unidos; y decimos absoluta porque la relativa es de 6,7 por kilometro cuadrado para Iberoamérica y de 27,4 pare la Unión. El aumento entre los años 1920 y: 1940 ha sido del 41 por 100 para la primera y del 26 por 100 pare los Estados Unidos. Pues bien, si el ritmo actual persiste, en 1970 las naciones americanas de origen peninsular tendrán una población de 225 millones que, unidos a los de los países fundadores y a los de Filipinas, hacen un total de 300 millones de habitantes.

Esta población no ha de verse obligada a buscar puestos de trabajo fuera de la órbita comunitaria. El caso de los "espaldas mojadas" de Méjico, que atraviesan a nado y clandestinamente el Río Bravo, y cuya situación ilegal aprovechan los granjeros norteamericanos haciéndoles efectivos salarios inferiores a los normales, es un motivo de sonrojo para la Hispanidad, como lo es, igualmente, la política de exterminio a base de prácticas neomalthusianas que oficialmente se divulgan en Puerto Rico por las entidades oficiales y por la Organizacion Mundial de la Salud, para limitar el incremento de la población puertorriqueña y cortar de raíz su inmigración a los Estados Unidos. Con una economía mas fuerte y: con un nivel de vida más alto, la Comunidad de naciones hispánicas, con tantas y tan fabulosas posibilidades, las ofrecerá sin duda y sin reservas a sus hermanos de Méjico y Puerto Rico.

En este orden de cosas, las corrientes migratorias debieran ser organizadas evitando que el ingreso masivo de grupos étnicos y espiritualmente distintos ahoguen y desfiguren la fisonomía del país. No se trata de adoptar una absurda política migratoria de puerta cerrada. Se trata de buscar una fórmula prudente que equilibre y armonice el legítimo derecho a desplazarse para encontrar un puesto de trabajo desde sitios o lugares donde dichos puestos no existen, y el derecho también legitimo a mantener la continuidad histórica de la nación.

De aquí que haya de buscarse preferentemente la cantera para las nuevas aportaciones demográficas en los países que integran la Comunidad de naciones hispánicas, o en aquellos otros que presenten con los mismos el mayor número de afinidades, pues la realidad demuestra que los grupos emigratorios muy diferenciados, se enquistan y endurecen dentro del país, hacen dentro del mismo su pequeño mundo y tardan en incorporarse plenamente al quehacer nacional. Por el contrario, la inmigración española o portuguesa a las naciones de su lengua, ha puesto de relieve que, a la primera generación se funde y entrana con el país al que estima y considera como su patria.

Todo el esfuerzo que en esta dirección se realice ha de ser coordinado y con una visión muy amplia y de gran alcance de la política migratoria. Así, nos parece equivocada, en principio, la emigración española al Canadá y a Bélgica, como nos pareció desafortunada la emigración masiva que hace unos años se produjo con dirección a Argelia y al entonces Marruecos francés. E1 balance ha sido una contribución humana de calidad insuperable al desarrollo de la riqueza de estos últimos países, y una deshispanización progresiva de los emigrantes.

Todo este potencial de riqueza y de hombres debe pensar en su defensa armada frente al agresor. No esta el mundo, desgraciadamente, en un lecho de rosas, sino en el carácter amenazador de un volcán que, de vez en cuando, manifiesta, con sus esporádicas erupciones, la temperatura del subsuelo.

En este trance, el bloque económico y cultural del mundo hispánico necesita completarse con un bloque militar. La unificación de táctica, armamento, enseñanza y altos mandos; el encuentro periódico de los Estados Mayores; la recepción por las Academias Militares de las distintas Armas y Cuerpos de alumnos procedentes de países donde tales Academias no existan y que hoy cursan sus estudios en naciones extrañas a la Comunidad; la coordinación de los ejércitos terrestres, marítimos y aereos y de sus programas de construcción y de compras en el futuro; el montaje de una industria con fines militares, cuyo secreto, como el de toda industria, no es otro que capital bastante, aprovisionamiento seguro, técnica competente y capacidad de absorción en el mercado, circunstancias todas ellas que si no concurren en cada uno de nuestros países, concurren, desde luego, en la comunidad que los integra; Y, sobre todo, la necesidad imperiosa de fortalecer en el soldado -el que combate con las armas y el que dirige la operacion -la conciencia de que sirve, no solo a su Patria-Argentina, Méjico o España-, sino a la Hispanidad entera, a la "Hispania Mayor" o a la "Magna Patria", a que antes hicimos referencia, son tareas y objetivos a través de los cuales puede y debe constituirse el bloque militar hispánico.

Pero de nada nos serviría este triple bloque cultural, económico y castrense, si los Estados que integran la Comunidad Hispánica no se proponen el servicio del bien común, si no hacen suyo un programa de justicia social de lucha y de combate contra la miseria, de aumento del nivel de vida de nuestras clases menesterosas.

Y ello por fidelidad a nuestro propio ideario, no por copia y mimetismo de proclamas sociales de signo diverso.

Toda esta atmósfera de resentimiento social y de lucha de clases que nos rodea y existe en el mundo, no puede imputarse a quienes, como nosotros, hemos permanecido ausentes del mismo. Lo que no es licito es afirmar que somos países subdesarrollados, económica y culturalmente inferiores, y luego sumarnos a la vorágine de las ideas creadas por una civilización industrial, inhumana y desaprensiva que ha nacido a nuestras espaldas.

Esa civilización y esos países que se dejaron arrastrar por el ansia de riqueza y por la filosofía de la acción, que dieron origen al proletariado de las urbes y a la alta burguesía de las grandes empresas, que asuman la responsabilidad absoluta de su obra y que nos dejen libres pare edificar nuestro mundo con un ansia de justicia social que no pretende mantener con alguna concesión determinadas prebendas, sino hacer efectiva la hermandad entre los hombres que nos predica el Evangelio.

Si vuestra justicia social -podemos decirles -es la justicia del miedo, la nuestra es y ha de ser la política del amor.

Y porque en el amor se cifra y resume todo el secreto de la convivencia fraterna y no en un amor filantrópico y vocinglero que se desmadeja y evapora al primer incidente, sino en aquel que fluye incesante de Dios, a la vez Creador, Redentor y Santificador, la Comunidad de los pueblos hispánicos tiene que vertebrales religiosamente, ahondar en Su espíritu católico romano, tradicional y verdadero, y vivirlo y practicarlo a fondo.

La época agnóstica y laica es ya, pare nosotros, anacrónica La humanidad, de vuelta de los errores del pasado, retorna la mirada a Jesucristo y entiende de nuevo que sólo en la Cruz y en el Sagrario están las palabras hermosas y los silencios humildes de la salvación y de la paz.

En este aspecto se abre todo un amplio horizonte de actuación: emprender una campaña por el denso tejido de nuestra sociedad que afiance la fibra y el sentimiento religiosos; cubrir los baches de vocación con ayudas y envíos de sacerdotes como quiere el Papa y como hace la Obra Hispanoamericana de Cooperación Sacerdotal; luchar contra quienes, con espíritu suicida, abren las fronteras a determinadas propagandas que pretender romper el don inestimable de la unidad católica del mundo hispánico; y entrañar, aún más si cabe, la devoción a la Señora, viva en nuestros pueblos, seguros de que Ella, la Madre, la regina Hispaniorum gentium arrancará del Señor todas las gracias que nos fueran precisas para el logro de tan nobles y elevados fines.

En este marco, viviremos en la "pax hispánica". Las diferencias que tienen que existir como inherentes a la contextura humana de la tarea serán dirimidas por la conversación y el arbitraje. Por ello, uno de los objetivos inmediatos de la comunidad tiene que ser el arreglo de los litigios que hoy día nos preocupan: estado permanente de ruptura de relaciones, litigios de fronteras, salidas al mar de los pueblos mediterráneos..., seguros de que la solución será fácil porque previamente, al crear el bloque cultural y económico, habrá quedado resuelta la inquietud y la desazón que provocan los mencionados conflictos.

Tal es, apresurada y casi esquemáticamente expuesta, la cara interior de la Comunidad de naciones hispánicas Pero, al lado de la misma, existe una cara exterior, un frente orientado hacia fuera que es necesario considerar.

En primer lugar, el mundo hispánico tiene que actuar, como lo viene haciendo afortunadamente, como un solo bloque, como una unidad granítica en la esfera internacional. Solo así será estimado y tenido en cuenta. Para el futuro, es decir, pare el tiempo que subsiga a la creación de la Comúnidad, las directrices de la politica externa de nuestros pueblos debe ser decidida en reuniones periódicas de Cancilleres, y en aquellas otras de urgencia que los acontecimientos históricos hagan necesario. En todos los supuestos, cuando un miembro de la organización hable o se presente a las elecciones mediante las cuales ha de ser provisto un cargo, quien habla o quien arriesga su nombre en la urna no es una nación concreta, sino el conjunto todo de la Hispanidad.

La unánime comparecencia del bloque hispánico reforzará su potencia pare exigir la plena satisfacción de las revindicaciones territoriales y aún culturales de la hispanidad.

Son muchas las situaciones de coloniaje que persisten en nuestra amplia geografía y contra las cuales han sido infructuosas las reclamaciones aisladas y aún las formulades colectivamente en la X Conferencia Interamericana de Caracas de marzo de 1954.

En el sur de la Península Ibérica, Gibraltar, que el New English Dictionary de Historics Principles, publicado por la Universidad de Oxford, define como territorio español y posesión británica y que la misma Enciclopedia de este nombre tiene que reconocer, haciendo historia de su adquisicion por los ingleses durante la guerra de sucesión, que en esa coyuntura el Gobierno de la Gran Bretaña procedió con falta absoluta de principios.

En Oceanía, la isla de Guam, en el archipiélago de las Marianas, que como indica y prueba Pastor y Santos, sigue siendo de iure tierra filipina.

En América, yendo de Norte a Sur, Belice, en manos de Inglaterra, que la sigue usurpando a Guatemala, cuya Constitución de 1945 reconoce a dicha zona como territorio nacional, considerando nacionales a aquellos que nacen en la misma.

La zona del Canal, cuya concesión a los Estados Unidos por la joven república panameña, no supone, como de hecho sucede, abandono de la soberanía.

Las Guayanas, que se acuestan sobre la ancha y extensa joroba de la América del Sur y sobre las cuales tres países europeos mantienen un sistema de explotación colonial que hasta en las zonas mas atrasadas ha entrado en fase de completa liquidación. Las Guayanas, que descubriera Yañez Pinzón y que recorrieran y colonizaran Diego de Ordaz, Jerónimo de Altar y los Gobernadores de Venezuela, pertenecen al mundo hispánico. Por ello, Venezuela ha protestado siempre contra aquel arbitraje leonino de 1889, dictado por un tribunal internacional reunido en París, que le arrebato, para la Guayana inglesa, un área de 200.000 kilómetros cuadrados, y ha hecho saber, pública y oficialmente, que continuara reclamando contra el despojo de una zona que con legítimo derecho le pertenece.

Las Islas Nuevas, Magallánicas o Malvinas, al pie de la América del Sur, ocupadas también, como un sino tragico, por Inglaterra, que las llama con el nombre extraño de Falkland. Al apoderarse de tales islas, Inglaterra no se hizo cargo de un archipiélago que mereciera la consideración de res nullius, sino de un territorio que en 1816 la Argentina soberana había heredado de la monarquía española, y que había sido parte del antiguo Virreinato del Río de la Plata.

Y más abajo, en la Antártida, de nuevo frente a la pretensión inglesa de adueñarse de su enorme extensión Chile y Argentina reivindican los sectores vecinos, y esta última, desde el año 1904 mantiene como prueba incontestable de sus legítimos derechos, servicios públicos adecuados en la zona demarcada a su propia soberanía.

Pues bien, todo este conjunto de tierras, hoy en manos foráneas, deben reintegrarse a los países de la Comunidad hispanica. Un objetivo primordial de la misma es patrocinar y hacer suyo el irredentismo con la voz incallable de la verdad y la doctrina del uti possidetis, que sirve de fundamento a una gran parte de las reivindicaciones apuntadas, y oponerse a todo intento de consagración definitiva del estado actual o de evolución hacia fórmulas ambiguas como los Estados Unidos de Guayana o la Federación Británica del Caribe.

Pero el bloque hispánico no tiene ante si únicamente revindicaciones de carácter territorial. Hay otras, tan importantes como estas, que es preciso defender con ahínco. En efecto, si un país de estirpe hispánica puede haber sufrido ciertas amputaciones materiales e incluso haberlas confirmado con su explícito asentimiento en el orden de la cultura, la Comunidad de naciones hispánicas no puede aceptar ni refrendar el desgaje y la separación. Así, la extensa faja que corre al norte del río Bravo y que integran California, Arizona, Nuevo México y Texas, actuales Estados de la Unión; la amplia zona que incluye a la Luisiana y a la Florida y que bordea el golfo de Méjico, y los archipiélagos de Carolinas, Marianas y Palaos cedidos por España el 30 de junio de 1899 al imperio alemán, pertenecen, sin perjuicio de su actual encuadramiento político, al ámbito cultural del mundo hispánico. La comunidad de nuestros pueblos no puede tolerar ni consentir el progresivo desalojo de su cultura por el simple hecho de un cambio de soberanía. Ahí están los vestigios históricos de una época gloriosa, la subsistencia de un pueblo autóctono, la conveniencia de mantener con el respeto integro hacia esa cultura, los principios de democracia y libertad que se predican, como argumentos innegables pare defender la tesis por nosotros mantenida.

Por si ello fuera poco, en este aspecto de la reivindicación cultural podría presentarse, desde un ángulo de vista distinto al acostumbrado, la misma historia de los Estados Unidos. Bastaría con seguir cronológicamente los establecimientos europeos en el territorio de la Unión y partir, no de las colonias fundadas por los peregrinos del Mayflower, sino del pueblo de San Agustín, el primero y mas antiguo de Norteamérica, fundado por españoles.. *

El mensaje hispánico

Para llevar a termino este ambicioso programa, la comunidad de nuestros pueblos necesita de hombres con carisma hispánico, sabedores de que en esta empresa son portadores de un mensaje henchido de valores éticos.

Porque la Hispanidad representa, como ha dicho García Morente, una concepción de la vida basada en el predominio de la realidad sobre la abstracción, en el hombre, portador de valores eternos, diferenciado y libre, frente a un mundo de enanos que pasan con el rostro hacia el suelo, ocultos entre la mesa del rebaño.

Para ello, los portadores del mensaje habrán de vivir con el espíritu de entrega y desprendimiento que, como apunta el argentino Eduardo Mallea, existe siempre en el genio hispánico en olor de heroísmo; con impaciencia de eternidad, pero sin olvido ni abandono de las realidades terrenas.

Porque quizá uno de nuestros fallos haya sido la interpretación literal de algunos preceptos, con olvido de que la letra mata y el espíritu vivifica y de que, junto a la invitación que el Maestro nos hace a no poner el corazón allí donde el ladrón y la polilla actúan, otro mandamiento del Génesis nos dice: "Creced, multiplicaos y sujetad la tierra".

Por ello, cuando hemos visto a una civilización racionalista olvidar el primer mandamiento y conseguir éxitos deslumbrantes y aparentes con la practica exclusiva del segundo, la reacción hispánica no puede consistir en un complejo de inferioridad para las ciencias aplicadas y experimentales o en la cuchufleta simpática pero inútil de Miguel de Unamuno. "¡Que inventen ellos!, porque, como dijo don Quijote a Sancho: "Nadie es más que otro si no hace mas que otro", y porque aun cuando es verdad que la civilización no consiste en conservar limpias las fachadas y hacer graciosa la alineación de la ciudad, lo cierto es que la civilización y la cultura, la virtud y el reino del espíritu, necesitan, en este valle de lagrimas, el logro de un cierto y moderado bienestar."

E1 secreto del mensaje hispánico radica en hacer de la riqueza, no fin, sino instrumento; en ordenar la economía, como quiere Nimio de Anquim, sub specie communitatis y en supeditar ese bien común sub specie hierarchie, a los intereses más altos de la Cristiandad.

El hombre, investido del carisma hispánico, será así en un mundo lleno de tinieblas, el español quijotizado que vislumbrara Miguel de Unamuno, el caballero de la Hispanidad o el caballero cristiano que soñaran Ramiro de Maeztu y García Morente, el que "habrá atravesado a la fuerza por el Renacimiento, la Reforma y la Revolución, aprendiendo, sí, de ellas, pero sin dejarse tocar el alma, conservando la herencia espiritual de aquellos tiempos que llaman caliginosos".

E1 hombre quijotizado, dice Lain anudando palabras de Unamuno, empeñará su existencia en dos quehaceres, uno tocante a la vida y atañadero el otro a la muerte. En el primero luchará a favor de la justicia y de la verdad. ¿Tropezáis con uno que miente? Gritadle a la cara: ¡Mentira! y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que robe? Gritadle: ¡Ladrón! y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta? Gritadles: ¡Estúpidos! y ¡adelante! (Unamuno)

¡Adelante siempre! Pero no tendrá sentido alguno esta empresa terrenal del hombre quijotizado si el no sintiera como hondo imperativo lo que atañe a la muerte, y a la inmortalidad. Por su propia inmortalidad lucha el hombre quijotizado: "para que Dios le salve, para que no le deje morir del todo". Y también pare edificar una civilización inédita en que la pasión por la inmortalidad encienda dentro del pecho de los hombres.

Si para ser nación hace falta el aplauso universal a un pasado histórico, como quiere Renan, o un programa de hacer colectivo, como exige Ortega y Gasset, o una adhesión plebiscitaría a un estilo de vida, como asegura García Morente, no vacilemos en abrir paso a la comunidad de nuestros pueblos, porque ese hombre quijotizado, ese caballero de la Hispanidad, ese caballero de Cristo, pasado y futuro, modo de ser y estilo de vida, bulle y suena en cada uno de nosotros, hombres de la estirpe Hispánica.

Dios quiera que algún día próximo, en el istmo de Panamá, como soñara Bolivar, y en la ciudad de Colón, que lleva el nombre del Almirante, reunidas las banderas de nuestros 23 países, veamos alzarse lentamente, majestuosamente, la bandera de la Hispanidad del uruguayo Angel Camblor, mientras las bandas de mil regimientos entonan el Himno de la Estirpe, del ecuatoriano Antonio Parra Velasco, y los poetas y los niños, con lagrimas en los ojos, recitan los versos de Ruben.

Al día siguiente, cuando aún permanezca en el alma y en el aire la emoción, yo tengo por seguro que algún hispano de los que tengan la dicha de asistir a la escena, repetirá modificada, al ver nacida la Comunidad de nuestros pueblos, la estrofa nostálgica y suave de José María Peman:

"Ramiro de Maeztu, señor y Capitán de la Cruzada: ¿Donde estabas ayer, mi dulce amigo, que no pude encontrarte? ¿Donde estabas? ¡Para haberte traido de la mano a las doce del día, bajo el cielo de viento y nubes altas, a ver, para reposo de tu eterna inquietud tu Verdad hecha ya Vida en la Plaza Mayor de las Españas. *

Publicada en Foro Arbil

Hacia una historia del FES (I)

Hacia una historia del FES (I)

El trabajo cuyo primer capítulo aquí se ofrece es recopilación, enmienda y culminación de otros trabajos previos, cuyo origen remoto está en la Memoria de Licenciatura de Francisco Blanco, en la Facultad de Historia.

 

Se presenta como lo que es, sin más pretensiones: una aproximación a una historia. Por desgracia, hasta hoy, la única aproximación que se ha intentado. 

Bienvenidas serán las críticas que se hagan desde el rigor, la reflexión y la referencia precisa a los datos. Contribuirán a mejor edificar una historia que, por la limpieza de intención de quienes la vivieron, por el entusiasmo que despertó en tantos, merece un trato justo, un juicio informado y veraz.

 

Metodología

Antecedentes y controversia ideológica

El estado de la cuestión

Para la elaboración de este trabajo de investigación se ha utilizado como base fundamental  la  Memoria de licenciatura  "El FES, una manifestación de la oposición falangista al régimen de Franco" redactada por  Francisco Blanco; no obstante, al integrarlo como un artículo en un estudio más amplio se han suprimido ciertos apartados que pudieron tener sentido dentro de la Memoria en su dimensión de obra completa, pero que aquí no lo tienen. A partir del estudio del FES como la manifestación alternativa de la Falange más coherente y duradera, se han indagado otras conductas de grupos falangistas paralelos a él, anteriores o posteriores en el tiempo.

Además de la utilización ya reseñada en su día de la colección documental del FES y de las entrevistas realizadas, se añade la consulta a publicaciones de la Falange Española de las JONS Auténtica y de documentación obrante en el Archivo General de la Administración del Estado.

 

Antecedentes y controversia ideológica.-

 

Junto a la conducta de falangistización del Estado durante la guerra civil 1936-39 y en los años posteriores a la misma es posible seguir un contrapunto de disidencia por parte de minoritarios sectores de falangistas que entendían que el proyecto esbozado durante la época republicana por  los líderes históricos de la Falange Española, es decir, en el tramo 1933-36  no  se estaba cumpliendo.

 

La corta vida del proyecto político de José Antonio Primo de Rivera, que junto a los antecedentes de Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo, tuvo una duración autónoma de tan solo cinco años, unido al papel histórico desarrollado por la Falange durante la guerra civil y el régimen franquista, han producido una falta de definición clara  sobre  qué era  la Falange, sobre si tuvo o no el el poder , así como interpretaciones varias sobre la actitud de disidencia o pseudodisidencia  que  pequeños núcleos falangistas pudieron tener. En todo  ello  ha influido la variedad en el  comportamiento de  los falangistas, lógica si tenemos en cuenta los numerosos contingentes amparados bajo dicha denominación y que constituyeron el partido político con más afiliados habido en la historia de España.

 

El clásico libro de Stanley Payne, “Falange, Historia del fascismo español”,  subrayaba la falta de homogeneidad, las profundas diferencias y la dificultad en saber lo que la palabra falangista significaba para cada uno de los que así se llamaban (3). A esa dificultad se añadía la suposición de algunos que pensaban que la ignorancia sobre el conocimiento de la Falange era mayor dentro de España que fuera y que tal desconocimiento se acrecentaba entre los que se denominaban falangistas (4). Todo un mar de confusión.

 

Para S. Ellwood, estudiosa del  fenómeno azul, en su texto Prietas las Filas la variedad era más aparente que real y a la larga la diversidad descansaba en lugares comunes de referencia (5), dando a entender una versatilidad tremenda en la Falange que la llevaba a una continua historia de adaptacionismo. Un "coyuntural-oportunismo" con base en el medro. Tales opiniones pueden tener una parte de verdad, con las reservas debidas ante el olvido de la británica de ciertas manifestaciones del falangismo o de falangistas atípicas para su visión del asunto.

Entendemos que son observables a lo largo de la historia del movimiento falangista  una serie de constantes, que se  manifestaba  como divergencias notables de las que señalamos  como sintomáticas y expresamente reveladoras:  las relativas al fenómeno religioso y eclesial, al mundo del trabajo, al mundo estudiantil y a las "previsiones sucesorias" o sea a la forma de la jefatura del Estado.

 

1º- La aceptación implícita del catolicismo  como  pilar  fundamental de la elaboración doctrinal falangista ha sido comúnmente aceptada; sin embargo en esto ha habido contestaciones y, por supuesto, la práctica religiosa o las relaciones con la Iglesia, o mejor, con su jerarquía, han sufrido vaivenes desde los primeros tiempos. Vaivenes que no quedaron estancados en la pugna del primer tiempo del régimen sino que rebrotaron con cierta frecuencia.

 

2º- En el mundo del trabajo observamos posturas contrapuestas. Desde la Falange, que aportaba el contenido social al régimen del general Franco, se actuaba  también  en  tareas policiales represivas y se ordenaba, por poner un significativo ejemplo, a los falangistas a tomar "medidas enérgicas de represión" contra quien repartiera pro da subversiva, colaborando con la Policía a tal fin (6) o con quien participaba en movimientos de contestación a la política sindical ordenada.  Con ese tipo de pro da, o sea subversiva, desde la Falange también se incitaba a la manifestación, a la huelga y a responder contra las medidas de represión del Estado (7). Existen muchos testimonios escritos de cuál era la postura del conglomerado FES, alentando a la huelga en Barreiros, en la Standard, en los  sucesos de Granada del año 70 y en otros conflictos obreros.

3º.-El Sindicato Español Universitario fue el organismo controlador universitario, falangista, del que se sirvió el régimen franquista y desde el IV Consejo Nacional de El Escorial de 1940 olvidaba su papel de "gracia y levadura" adjudicado por Primo de Rivera, cercenando la inquietud revolucionaria de sus miembros; pero también en la Universidad, años más tarde, fueron frecuentes la llamadas contra el   ejercicio   controlador   del   Estado  o  contra  la represión policial.

 

Se podrá argumentar que esas disidencias obreras y estudiantiles eran "rebeldía fascista" o un "romanticismo demencial", pero no podrá negarse su existencia. Porque quien de esto más supo sí lo dijo. Nos estamos refiriendo al Coronel José Ignacio Sanmartín, máximo responsable del Servicio Central de Documentación de la Presidencia de Gobierno, quien en su libro Servicio Especial señala a la UTS como movimiento de oposición sindical, de menor importancia que Comisiones Obreras, Movimientos de Apostolado Obrero o STV. Definía a la UTS como "movimiento confederal de línea aparentemente apolítica que  preconizaba la lucha sindical seguida del diálogo". (p.149) Para San Martín en el apartado grupos políticos que apoyaban la subversión en la enseñanza señala "…los de la Falange disidente (FES, FSN, Fuenteovejuna, etc), mas los de tendencia castrista, trotskista y anarquista, pero la mayoría de ellos eran poco activos y algunos sólo existían en el papel." (p. 146)  

4º.-   Discrepancias en cuanto a la aceptación del régimen, del Jefe del Estado, de las previsiones sucesorias etc. establecieron un fuerte contraste entre las posturas de los falangistas. El acatamiento a la salida monárquica por estar ordenado por el Generalísimo -y sólo por eso- era señal de poco amor para el futuro jefe del Estado Naturalmente la postura de abierta contrariedad ante aquello era mucho más frecuente en las filas juveniles falangistas.

 

 

 

Por ello, con tamaña disparidad de criterios, ¿no sería más correcto hablar de Falanges o de una Falange poliédrica en vez de hablar de Falange o de la Falange?

 

La existencia, por la diferencia de opiniones, de varias Falanges, ya fue puesta de manifiesto por Manuel Cantarero del Castillo, aunque él las reducía a grupos falangistas que se organizaban dentro del Movimiento, por lo que la heterogeneidad  tenía un marco  claro de  referencia, no discutido,  para las distintas tendencias. En sentido estrictamente legal "todo y todos" eran falangistas, es decir miembros de FET y de las JONS, que por mucho que acabara rebautizándose como Movimiento Nacional no dejaría nunca de ser FET y de las JONS.

Si en las primeras etapas del régimen se pudo identificar Estado y Falange, el paso del tiempo había hecho que tal ecuación careciera de sentido. Eso se desprende al menos de las opiniones de los falangistas a partir de los sesenta.

 

Para conocer lo que la Falange representaba para los falangistas se ha acudido a dos publicaciones. La primera es una pequeña encuesta que el Diario Informaciones realizó el 31 de Octubre de 1968 con el título "¿Qué pasa en la Falange?". En el  vespertino madrileño, los francofalangistas encuestados, fuera ya de lugar, se mostraban absolutamente tranquilos sobre el estado de la Falange y daban sorprendentes respuestas como la de que "la Falange estaba en su momento" o bien "que se prolongaba en el Movimiento". Otros entendían  que su final era inevitable y que debía ser "honrosamente licenciada" (sintagma  serranista del 45 que hizo fortuna) porque no tenía sitio  en áreas donde imperaban los sistemas  democráticos. ¿Qué había conducido al Informaciones a realizar aquellas preguntas? La percepción clara de falta de monolitismo dentro del conglomerado falangista.

 

Incidentes ocurridos  un  par  de   días  antes en el madrileño teatro de la Comedia, contaban con la justificación de Dionisio Ridruejo  para quien la protesta era explicable aunque "ligeramente tardía". Quien fuera destacado falangista en los primeros tiempos había abandonado la militancia oficial en 1942, aunque según el mismo declaraba "de la Falange esencial no me voy" y aún seguía manteniendo contactos con actos del oficialismo falangista en 1953. Su evolución a posturas socialdemócratas llegaría poco más tarde. Ninguno identificaba ya Estado con Falange, aunque malabarismos dialécticos veían continuación o prolongación de una realidad en otra cuando el ascenso de la tecnocracia, políticos más o menos ligados al Opus Dei era un hecho, la Ley Orgánica del Estado había sido aprobada y el  falangismo del régimen se recluía en fúnebres conmemoraciones en Noviembre o en apolillados recuerdos los 29 de Octubre. En los años 68 o 69, auténticos puntos de inflexión para el franquismo, seguían dándose interpretaciones pintorescas, pero claro se veía que eso llamado Falange se iba acumulando en el campo de la marginalidad, posiblemente por falta de uso.

Una segunda publicación es el libro Falange Hoy de Miguel Veyrat / Navas Migueloa a producto de una encuesta  de veintiuna preguntas realizadas  en 1973 a  cuarenta y un falangistas. Al ser mayor el número de encuestados las respuestas a lo que la Falange significaba entonces para ellos tenía mayor variedad. Los más fervientes francofalangistas seguían pensando -¡a tres años del desmontaje del régimen!- que la Falange se proyectaba en el Movimiento y cubrían  de  retórica  sus  explicaciones;  para  otros, la Falange no  existía. Había una idea que se prestaba a múltiples interpretaciones, en ocasiones incluso contrapuestas.

 

Resulta claro que uno de los problemas fundamentales que plantea el estudio de la ideología falangista reside en su definición. Poner límites  precisos a los pensamientos, a veces divergentes de sus figuras más representativas, resulta complejo. Las causas de ello estarían en el escaso periodo de tiempo con vida autónoma de la Falange, anulada con la vorágine de la guerra, y su inclusión en una amalgama de fuerzas a las que prestó su léxico particular y sus símbolos. Confluyeron gentes de formación muy distinta y no quedó tiempo de perfilar con exactitud aquella aventura original, moderna y genuinamente española.

 

Normalmente se viene contemplando como la versión española del fascismo. A tal conclusión se llega en los intentos de agrupar posturas por afinidades. En el caso de la Falange, si bien es posible establecer relaciones -en muchos casos puramente estéticas- con los modelos alemán e italiano, es también cierto que hay algo distinto. La filosofía sustentante al ideario falangista expuesta por Primo de Rivera y estudiada en profundidad por Adolfo Muñoz  Alonso y  Salvador de Brocá o Argaya Roca  (8) distaba radicalmente de los presupuestos alemán e italiano.

La originalidad del planteamiento político, las  transformaciones sociales reclamadas en época republicana, los rasgos de independencia con otras formaciones políticas, que a la  larga y a la fuerza se vieron convertidos en un solo partido, obligan a prestar una atención más divergente a la Falange Española, mermada con el simple etiquetaje de "fascista". Tal término, que ha adquirido connotaciones de insulto, excluyendo prácticamente otros posibles significados conforme a pensadas estrategias del lenguaje, resulta sumamente impreciso. En palabras del profesor Muñoz Alonso "ser fascista es hoy  un  ignominia y declararse fascista supone  una depravación moral y una provocación criminal" (9). Con la palabra "fascismo" no se define una opción política aparecida en el tiempo, se quiere definir el conjunto de los males; viene a ser la nueva figura del demonio para quienes de ella usan como venablo arrojadizo que paraliza cualquier posible acto noble de tan miserable postura.

 

Por otra parte, la figura de José Antonio Primo de Rivera, máximo exponente de la Falange, se ha mantenido en una interesada idealización por parte de sus camaradas, fervientes seguidores del Estado del 18 de julio, y también de quienes lo instrumentalizaron a lo largo del tiempo sin declararse camaradas suyos. Ese grado de lejana idealidad en que se ha sumergido su figura ha sido refrendado por historiadores desde ópticas distintas, cuyos juicios, en general, acerca del hijo del  Dictador bien pueden ser calificados de positivos. Como botón de muestra quedan las palabras del historiador americano Jackson y del líder anarquista Abad de Santillán para quienes José Antonio era algo mucho más complejo que la de simple líder de un partido fascista (10). Y quedan los cuatrocientos cuarenta y nueve juicios que Enrique de Aguinaga y Emilio González Navarro han recopilado en el texto Sobre José Antonio  para quien quiera ver valoraciones u opiniones, favorables o contrarias sobre el hijo del Dictador. 

Enfrentándose a tales posturas hay  otras  bastante menos favorables para la Falange. Y no ha sido extraño encontrar  (y aún sigue hoy ocurriendo entre algunas gentes) la paradoja de situar en sus charlas políticas más espontáneas a un José Antonio "enfrentado" a la Falange. Tal contradicción no dejaría de tener una fuerte dosis de razón. "Joseantonianos" se han declarado personajes que no entendían la Falange como instrumento político y, desde luego,  si contrastamos los planteamientos de Primo de Rivera con las respuestas políticas reales que dieron reconocidos falangistas como Fernández Cuesta, Girón de Velasco o Arrese Magra se llegará a la conclusión que la Falange -lo que por tal se conoció- se alejó bastante de lo que su fundador pretendía. Quedaría por ver si la Falange no ha podido ser otra cosa más que la Falange real, la de los representantes aludidos.  Y, efectivamente, eso fue. Salva a la Falange en general, además de ciertas realizaciones y encomiables actitudes personales de algunas de sus organizaciones, el estar situada en el marco de la filosofía  idealista, que puede recurrir a la idea cuando cuando la realidad no fue precisamente ejemplar. Es la ventaja de este modelo.

 

La obra política con efectos reales de mando, al disponer de parcelas de poder, refleja como Falange posible la de aquellos que se integraron en el Estado franquista; pero aún así, desde prácticamente la desaparición de Primo de Rivera y, sobre todo, cuando su Falange  era engullida por el nuevo Estado con el consentimiento de la mayoría de los falangistas, hubo voces que se alzaron contra aquel estado de cosas puesto que no veían allí a la Falange y pretendían algo distinto.

El estado de la cuestión.-

Fue el estudio del americano Stanley G. Payne  el primero de los trabajos que analizaba el fenómeno de la Falange (14). Publicado  en  Francia por la editorial Ruedo Ibérico en 1961 y por tanto de carácter clandestino,( el prológo de la obra estaba escrito por  un histórico de la falange  -Vicente Cadenas- con el seudónimo de Francisco Farreras) servía para un concienzudo repaso de lo que había sido la historia de la Falange. Hacía incursiones importantes -por desconocidas- en lo que podríamos denominar como Falange no ortodoxa. En las respuestas falangistas producto del desencanto creía ver el único residuo idealista de la Falange. Naturalmente las formaciones surgidas en los años 60 y 70, por   razones obvias, no pudieron ser objeto de su estudio. Del mismo autor Franco y José Antonio donde amplía el espacio y tiempo de Estudio y priva al texto del calor y la admiración que marcó en su Obra primera  

 

Partiendo de esa obra pionera, Eduardo Álvarez Puga (15) publicó una Historia de la Falange en donde dedicaba atención en su parte final a lo que titulaba "Las discrepancias de la Falange" in­cluyendo, muy de pasada, desmanes de descontentos en algunas celebraciones falangistas, pero sin prestar apenas dedicación a este tipo de divergencias, centrando su estudio en la Falange oficial.

 

Una excelente aportación fue la realizada por Heleno Saña en la revista Índice (16). En sucesivos capítulos pasaba revista al fenómeno de la Falange y se dedicaba, en la parte final, al estudio de una "Falange proscrita" en donde mezclaba en cajón de sastre, perfectamente inteligible para aquel entonces, a Círculos Doctrinales José Antonio y al FES. 

 

Una buena contribución sobre el Frente de Estudiantes Sindicalistas se hacía desde el libro Prensa y Publicaciones clandestinas en España ( ¿autor? ) aparecido en el año 76 y que además de mostrar un panorama reciente en la mente de muchos, lo que dificultaba la componenda y la reescritura interesada de la historia, presentaba la originalidad del enfoque: no se trataba de analizar a la Falange o a los grupos falangistas sino a aquellos que habían luchado contra el régimen del general Franco. El estudio de esta disidencia falangista y la transcripción de textos publicados por el FES ofrecían una información que, aunque breve, consideramos veraz y muy positiva.

 

Una aportación que pretendía ser "total" era la de la inglesa Shellag Ellwood (18) que abarca hasta el año 1983. Para su director, Paul Preston, se alcanzaba con el libro "Una nueva etapa historiográfica en el análisis del franquismo". Un libro para el que la autora pudo dedicar tiempo gracias a una beca de investigación y que cuenta con estudio documental y  remisión a fuentes orales. Por lo que a nuestro trabajo respecta, Ellwood dedica un apartado a la Falange no franquista que entiende como un todo, desde los primeros brotes de rebeldía durante la guerra hasta el final del franquismo. El apartado dedicado al Frente de Estudiantes Sindicalistas resulta aceptable  en cuanto al relato de hechos en los que participó el grupo, teniendo en cuenta que  su aportación es casi única, mas las valoraciones que realiza son sumamente discutibles y entendemos que habla por boca de otros al adjudicar al FES características próximas a una secta.

 

En la Cárcel Modelo de Barcelona firmaba Ernesto Milá una pequeña obra sobre los "años oscuros de la Falange" (19). El recorrido bastante completo, aunque conciso, de los distintos grupos falangistas y su buen conocer de los entresijos de las tales formaciones hacen de este texto, de limitada repercusión, una  interesante  obra para  entender la múltiples variedades falangistas. El espacio dedicado al FES o a FEi supone el reconocimiento de la importancia y originalidad que aquello tuvo entre el marasmo del falangismo.

 

Otro importante trabajo, el texto de Sáez Marín sobre el Frente de Juventudes (20), aportación  valiosa, documentada (a veces en exceso por la poca importancia en cuanto a la divulgación de la documentación ofrecida en) y esencial para conocer la historia de esa organización. La atracción por el tema, demostrado en la laboriosidad de lo que fue una tesis doctoral, parecen la obra de un iniciado, perfecto conocedor de los entresijos de aquel gigantesco movimiento juvenil. El epílogo, en línea con la más rigurosa y normalizada crítica acerca del fenómeno de la Falange, parece la obra de un converso sujeto a las pautas dominantes, encasilladoras del fenómeno falangista. Aportaciones que arrojan luz sobre la prehistoria de la disidencia falangista que se estudia en este trabajo nos han servido para el establecimiento de ciertas conexiones y la confirmación de antecedentes.

 

Uno más de los textos utilizados ha sido el de Onrubia Rebuelta (21) cuyo valor fundamental reside en la transcripción de documentos críticos hacia el franquismo por parte de falangistas o de grupos falangistas con especial dedicación al FES. Yerra en situar en el mismo cajón de sastre a Círculos Doctrinales José Antonio y al Frente de Estudiantes Sindicalistas. Si Heleno Saña pudo hacerlo, la historia siguiente no aconseja precisamente realizar tal unión como si de dos estructuras complementarias se tratasen. El aporte documental realizado aproxima el texto a nuestro trabajo, pero como el análisis es prácticamente inexistente y la narración realizada, exceptuando algún importante hecho puntual, no es ya novedosa, y apenas si puede tener considerandos válidos para lo que aquí nos ocupa.

 

Sabemos también de estudios realizados sobre aspectos próximos al nuestro como son los de José Luis Rodríguez Jiménez publicado como La Extrema derecha en España o los de Miguel Ángel Ruiz Carnicer. Ambos expusieron sus avances en el ya lejano Congreso Internacional "La Oposición al régimen de Franco". El primero acerca de la Izquierda nacional y el segundo sobre el  SEU y la contestación universitaria. Ambos aportaron interesantes datos y conclusiones en el Congreso citado. La exposición de Rodríguez recorría agrupaciones falangistas coincidentes en el tiempo con el FES, pero nunca se citó a éste en el conjunto de aquella "Izquierda nacional" que el régimen posiblemente utilizó como tubo de escape que mostrara la posibilidad de posturas  presuntamente discrepantes. Rafael Ibáñez ha realizado un relato completo y conciso de la Falange de la transición que puede seguirse en la dirección de Internet http://members.es.tripod.de/FSLN/fetransi.htm

Tenemos pues dos tipos bien precisos de obras, ambos con claros intereses. De una parte textos como los de Onrubia o Milá son claramente favorables a la divulgación de la contestación falangista por tratar de crear distancias con el régimen de Franco. Otros textos como los de Sáez Marín o Ellwood parten de un encorsetamiento del fenómeno falangista ajustado a listones tales como búsqueda de la pureza del fascismo o la versatilidad de la Falange para acomodarse a situaciones muy variadas, premisas que parecen  necesarias para acercarse al estudio de este tema y que ya, desde aquí, avisamos que no compartimos.

 

Un panorama pues, que va arrojando luz en cuanto al estudio del mundo de la Falange y que nos ha servido como reveladores de la periferia de lo aquí tratado. Las obras de Milá, Onrubia y Ellwood traspasaban esos umbrales periféricos y demostraban el conocimiento de la trama del falangismo disidente con sobrada capacitación; pero los tres, partiendo de posturas muy distintas y con obras de muy diverso calibre, reunían a las distintas formaciones falangistas de disidencia. Precisamente uno de los objetivos de este capítulo es mostrar la radical diferencia que el conglomerado conocido con el nombre del FES supuso para la Falange.

NOTAS

 

3. S. G. PAYNE, Falange, Historia del Fascismo Español, París, Ruedo Ibérico. 1965, Prólogo del traductor p. VIII.

 

4. Ibidem. Prólogo del traductor p. VIII.

 

5. S. ELLWOOD, Prietas las Filas, Barcelona, Crítica Grupo Editorial Grijalbo, 1984. pp. 203‑251.

 

6. Ejemplo de esas tareas parapoliciales está en la circular enviada  por Jesús Aramburu a los militantes falangistas de Madrid. Ver Documento nº 2

 

7. La incitación a la manifestación y a la huelga está reflejada en los panfletos que el grupo FES lanzó con ese nombre o con los de UTS, FNT o Falange Nueva.

8. A. MUÑOZ ALONSO, Un pensador para un pueblo, Madrid, Ediciones Almena, 1974, p. 525.‑ Salvador de Brocá,  Antecedentes filosóficos del pensamiento de José Antonio Primo de Rivera y de Ramiro Ledesma, Universidad de Barcelona.  Secretariado de Publicaciones, Intercambio científico y Extensión Universitaria, 1976, 23 págs.

9. A. MUÑOZ ALONSO, Ob. cit., p.96

 

10. G. JACKSON, La República Española y la guerra civil 2ª Ed. Crítica Grupo Editorial Grijalbo, 1976, pp. 168,  169. D.

 

ABAD DE SANTILLÁN, Por qué perdimos la guerra, 1ª ed., Plaza y Janés, Col. El arca de papel, 1977, p.43.

 

11. L. ÁLVAREZ GUTIÉRREZ, "Ensayo bibliográfico sobre José Anto­nio Primo de Rivera". Separata del volumen Estudios de Historia Contemporánea, Madrid, CSIC, Instituto Jerónimo Zurita 1976, pp. 441‑495

 

12. D. JATO MIRANDA, La Rebelión de los estudiantes Madrid, Imp. Romero Requejo S.L, 1975, 4ª ed., 616 págs. Adolfo Muñoz Alonso, Ob. cit.

 

13. J. ONRUBIA REBUELTA Bibliografia sobre el Nacional-Sindicalismo, Madrid, La Hora de España, 1987, 35 págs.

 

14. S. G. PAYNE, Ob. cit.

 

15. E. ALVAREZ PUGA, Historia de la Falange, Dopesa, 1969, pp. 210-211.

 

16. H. SAÑA , "La Falange: Intento de un diagnóstico" en Índice de las Artes y de las Letras núm. 269-270 de 15.05.70 y 01.06.70.

17. R. CHUECA, El Fascismo en los comienzos del Régimen de Franco. Un estudio sobre FE JONS, Madrid, CIS,  1983, 548 pags.

 

18. S. ELLWOOD, Ob. cit 

 

19. E. MILÁ, Falange Española 1937-82 Los años oscuros 1ª ed., Barcelona, Ediciones Alternativa, Noviembre de 1986, pp. 40-46  y 69-75.

 

20. J. SÁEZ MARÍN, El Frente de Juventudes, Madrid, 1ª edición, Siglo XXI, Octubre de 1988, 515 págs.

 

21. J. ONRUBIA REBUELTA, Historia de la oposición falangista al régimen de Franco en sus documentos, Madrid, 1989, 156 págs.

Publicado en El rastro de la historia

Hacia una historia del FES (II)

Hacia una historia del FES (II)

La aparición del FES

La actitud de estar en contra del régimen pero mantenerse dentro de él se intentó superar con la creación en 1963 de los núcleos iniciales que conformarían el FES. Esta vez los falangistas relanzaban la idea de la Falange, pero ni se vinculaban a organizaciones del Movimiento ni pretendían falangistizar el régimen. Desde el extranjero y por las fechas de fundación del FES se justificaba la aparición de una oposición falangista basada en la pérdida de competencias en el  Estado. El FES no admitió estas premisas y las calificó de simplistas. 

Sobre la consideración de oposición al régimen de estas disidencias falangistas muchos historiadores muestran fuertes reticencias. Xavier Tusell (14) utilizaba como condiciones de la oposición el luchar por conseguir una situación política acorde con las democracias europeas. Evidentemente ese planteamiento no era el contemplado por los falangistas del FES. Sí, acaso, por una disidencia falangista de muy última hora, extremadamente confusa, que con el nombre de "Falange Española de las JONS auténtica" reclamaba libertades políticas. Es posible también observar en el estudio del grupo FES peticiones de libertades políticas y sindicales en la España de la Dictadura; pero ello se hacía para reclamar la coherencia a un régimen que, con una estructura económica capitalista, impedía el lógico establecimiento de cauces adecuados de participación, que serían los sindicatos y los partidos políticos. Desde luego en el hipotético Estado falangista propugnado por los falangistas del FES los conceptos de libertades de las democracias europeas quedaban fuera de sitio. 

Para Ellwood la oposición global que plantean los falangistas en los años 60 era una oposición tolerada, aunque en algunos momentos la represión -una represión pequeña- fuera por ellos sufrida, lo que de paso ayudada a la Falange como instrumento de propaganda (15).

Valentina Fernández,autora del libro La resistencia interior en la  España    de  Franco  tampoco  estaba  por  conceder  la  etiqueta de oposición a las disidencias falangistas, centrándolas todas erróneamente en torno al "hedillismo" y presuponiendo en ellas la búsqueda de un fascismo más puro que el que el franquismo suministraba. Valentina Fernández da muestra de desconocimiento de la existencia del FES pues al referirse a la Falange disidente dice que no incluye los intentos "de reconstruir la "Falange auténtica" como el de 1968 llevado a cabo por Hedilla". Resulta muy discutible que el FNAL, al que debe referirse la historiadora fuera   un   intento   de   reconstruir  la  Falange auténtica, como queda de manifiesto en el apartado del trabajo dedicado a las relaciones del FES con otros grupos falangistas (16). 

Tales consideraciones restrictivas  apuestan claramente porque la salida democrática era la única vía válida. Desde la perspectiva del año 90 ello parece lo lógico; sin embargo el planteamiento nos parece que entraña juicios de valor y que se encuentra bastante ideologizado.

Mucho antes de que se escribieran estas valoraciones opositoras, en tiempo de la Dictadura, el papel disidente del FES era ya puesto de manifiesto. Los  análisis que  evitan  su  encasi­llamiento automático como "grupo de extrema derecha" permitían y permiten descubrir posturas que para nada eran tenidos en cuenta por otras formaciones que poblaban el mencionado apartado "extrema derecha". En 1970 la revista Índice publicaba con la firma de Heleno Saña un acertado estudio sobre la Falange (17). La última parte dedicada a lo que el autor llamaba "La Falange proscrita" mostraba un buen análisis y unas certeras conclusiones sobre la naturaleza del FES, a pesar de la controversia mantenida con uno de sus militantes, Fernando García, en donde Heleno Saña, además de contradecir al falangista, ironizaba con la exagerada conciencia de clandestinidad que asumían . Para el escritor la hostilidad que había entre la Falange y la República se repetía entre la  Falange  disidente  y  el   régimen.  Se destacaba en el FES la actitud de rebeldía fundamentada en la desilusión ante el aparato del Movimiento; la sublimación del mensaje humano y doctrinal de José Antonio y la expresión de un idealismo común a las generaciones jóvenes. La manifestación de pureza moral que se esforzaba por irradiar el FES se justificaba en la conciencia de culpa ante la trayectoria de la Falange, que necesitaba de expiación. Ese sentimiento de culpabilidad había provocado fuertes críticas en el FES hacia quienes habían hecho de ser falangista un negocio, un modo de vida. Si la Falange no tuvo el poder si lo habían tenido ciertos falangistas. No era convincente para el FES que francofalangistas, anclados aún en los resortes del mando, hablaran de que la Falange había sido utilizada o disculparan la no realización de los postulados revolucionarios culpando de ello a las circunstancias (18). Para Heleno Saña la actitud del FES era una especie de "socialismo revolucionario antimarxista", solidario con los perseguidos del  régimen y com­portaba presupuestos izquierdistas, aun cuando no era específicamente de izquierdas.

La disidencia falangista frente a la sumisión de cualquier consigna del régimen -propia de la francofalange- era recogida en informe del Servicio de Documentación de Presidencia del Gobierno

El periodo que abarcaba el estudio era el de 1969-73.En él se situaba a la "Falange disidente" en cuarto lugar en cuanto a publicaciones por detrás del PCE,CCOO y del PCE (m-l). Del documento se desprenden las siguientes conclusiones: 

a.-Existencia de grupos falangistas disidentes bastante nuclearizados.

 b.-Profusión de propaganda falangista entre la que destaca el periódico Misión órgano del FES.

 c.- Importancia a niveles provinciales  y  locales de los  grupos falangistas y  escasa importancia a nivel nacional.

 d.-Proliferación  de   publicaciones  falangistas  en  el sector de la enseñanza, representando el 11% .

 e.-La calificación de "extremistas disidentes" que se da a esta opción, al igual que se hace con los carlistas.

Parece ser que el Coronel San Martín, Jefe de los Servicios de Información en la época del Almirante Carrero, confirmaba, después del cambio del régimen franquista, el intento de acabar con grupos como el FES. Para San Martín la única valoración del FES era su actividad antirrégimen. La sistemática negativa a formar parte de una coalición juvenil anticomunista inducían a los Servicios de Información a terminar con el grupo falangista.

Una de las maniobras realizadas fue la creación en el año 70 de un grupo paralelo, que con las siglas FENS y la reproducción de textos similares movía a la confusión. Sus dirigentes procedían del grupo universitario financiado por Presidencia del Gobierno que con las siglas AUN actuaba en la Universidad.

En la revista ANUE, en artículo dedicado a grupos políticos que actuaban en la Universidad, se cita al FES como grupo falan­gista que "últimamente ha mantenido choques violentos en la Universidad con  Fuerza Joven (F.J.) y con el PCE (sic).Se dicen falangistas ortodoxos y se proclaman "rabiosamente revoluciona­rios" y joseantonianos" (19).

Para la revista Plataforma, el FES lo componían falangistas de izquierdas y los incluía en el apartado de "Grupos Sindicalistas" junto a otras opciones falangistas de disidencia como FSR o FSU. Dedicaba especial atención al FES: "este cuenta ya con una larga historia en la Universidad española", hablaba de su influencia en otros grupos falangistas, de su extensión provincial y de la aminoración que se había producido en su activismo más reciente (20).

Obras publicadas al comienzo de la transición democrática y referidas a las publicaciones clandestinas habidas en época de la Dictadura situaban al FES como grupo universitario de la oposición, colocado en la vanguardia de las reivindicaciones estudiantiles, opuesto a cualquier tipo de sumisión hacia el régimen y enfrentado a grupos universitarios de defensa del sistema.(21)  

Formaré junto a mis compañeros

En la época en que aparecen las Juventudes Falangistas y el FES, en los años 1963 y 64, existían otros grupos que se autotitulaban falangistas. Podrían diferenciarse entre ellos, aquellos que orgánicamente estaban  integrados en el Movimiento, como la Sección Femenina o la Guardia de Franco, y aquellos otros que con estatus legal, aun no estando orgánicamente vinculados al Movimiento mantenían con él contactos y cierta  dependencia le­gal, así ocurría con los Círculos Doctrinales José Antonio y con la Agrupación de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes. Ambas organizaciones recogían sobre  todo a falangistas que veían con nostalgia el cambio que se estaba produciendo dentro del régimen. Tan  solo  las Juventudes  Falangistas y  el FES eran organizaciones falangistas al margen del Movimiento.

Esta diversificación de la oferta falangista, producto de la historia misma de la Falange y de la falta de concreción de los pensamientos de José Antonio, fue analizada por el FES de dos formas bien distintas. Al principio se consideraba la existencia de una verdadera Falange- ellos-  y de otras formaciones más o menos espurias y alejadas de la ortodoxia. Se trataba de una postura excluyente, basada en el análisis riguroso e intransigente. Con el tiempo aquella visión se fue suavizando y se juzgaría la variedad de manera positiva, intuyendo el posibilismo político. Estimaría entonces el FES que cada uno de los grupos había tenido "especializaciones" distintas y que en la unidad, una vez conseguida, se verían las ventajas que ello aportaría. Había una dosis de optimismo que se podría resumir en el refrán de "no hay mal que por bien no venga". La división, las traiciones y la separación de años habrían producidos "expertos" en distintas materias . Una vez conseguida la unidad, cada antigua sociedad aportaría su saber en la "división" correspondiente de ese "ejército" que habría de ser la Falange. Naturalmente el papel del "Estado Mayor", se pensaba el FES, habría de ser para ellos.

Si se puede  considerar  como objetivo primero del FES la diferenciación de la Falange y del Movimiento, fueron los inten­tos de unión de los falangistas, objetivo también preferente de la organización. En 1965 se iniciaron contactos con la AAMMFJJ en donde ya aparecía la opción por la que apostaría el FES a lo largo de su historia: formar una "Federación de grupos falangistas". Manuel Cantarero del Castillo, entonces Presidente Nacional de AAMMFJJ, dándose cuenta de la variedad tan dispar en la opción del falangismo,  era partidario de la celebración de un "congreso ideológico" en donde se fijaran las ideas esenciales comunes‑si las hubiera‑ de los falangistas. No se llegó a ningún acuerdo concreto que favoreciera la unidad.

Por aquellos años tanto el FES como los Círculos Doctrinales José Antonio (22) acudían todos los años, el 19 de Noviembre, a la despedida de la corona que, desde  la Cuesta de Santo de Domingo de Madrid, se encaminaba al Valle de los Caídos. Aquella era  ocasión propicia para la manifestación y la exteriorización de discrepancias; pero mientras los miembros de los Círculos coreaban consignas  como "Arrese al poder" o "Arrese, Girón, revolución", los militantes del FES gritaban su  "Falange sí, Dictadura no" o "Falange sí, Movimiento no".

Desde 1965 habían abandonado los Círculos los personajes más significativos de la francofalange, afiliados a ellos desde la fundación. Contactos esporádicos con el FES fraguaron en 1969. El 29 de Noviembre de aquel año se anunciaban los intentos de formar la asociación FE de las JONS. Ya en 1970 se crearon unas Juntas Promotoras de FE de las JONS. Se procedía a la crítica  contra quienes habían entendido el ser falangista, primero, como un oficio y, más tarde, como una vergüenza inconfesable. Volvía a hacer su aparición el providencialismo anticomunista: las únicas soluciones para España se encerraban  en la vieja dialéctica comunismo-falangismo.

La normativa provisional de las Juntas Promotoras establecía mínimos de 10 y 50 afiliados  respectivamente para las futuras Juntas que  en localidades o en capitales se crearan. El objetivo esencial era la incorporación de todos los falangistas, y se vetaba explícitamente a quienes desempeñaban cargos políticos por designación.

 Hojas informativas ponían al corriente de las actividades que se llevaban a cabo, en las que, junto a reflexiones doctrinales en torno al pensamiento falangista, criticaban -lo que no dejaba de ser un contrasentido- la decisión de la Permanente del Consejo Nacional de trasladar la rememoración de la fundación de la Falange, del teatro de La Comedia al Consejo Nacional. Aquella retirada  ha sido calificada por el FES como el lógico resultado de los incidentes que promovían en el teatro. Objeto también de crítica era el adaptacionismo a los nuevos tiempos que para la Falange se exigía desde el periódico Arriba (23). 

Aquel intento de unidad tuvo su mayor realización en la concentración falangista celebrada en Alicante en 1970, reprimida por la Policía y Guardia Civil y en donde fueron detenidos militantes de los Círculos y del FES (24). Presenció el año siguiente el final del proyecto unitario. Una nueva concentra­ción, esta vez en el Valle de los Caídos, se vio desasistida por parte de los Círculos, quienes en una maniobra de confusión, convocaron en día distinto. 150.000 Ptas., pagadas por la Secretaria General del Movimiento, según el Frente de Estudiantes Sindicalistas, habían propiciado la ruptura (25). Resultaba difícil que personas afines a las parcelas del Movimiento pudieran plantarle cara de forma continuada. Para los jóvenes falangistas los Círculos pasaban a ser "vehículos de la corrupción". La ruptura se había consumado y no volverían a establecerse conversaciones entre ellos de forma bilateral. Alguno de los múltiples intentos de la unidad falangista los reuniría, junto a otras formaciones, en estériles coloquios que finalizaban con mayores disensiones que las que había al comienzo.

Efectivamente los Círculos José Antonio jugaban con dos caras. Ya en 1962 la Delegación Nacional de Organizaciones de la Secretaría General del Movimiento al hablar de la nula penetración en Cataluña no olvidaba reseñar que ese fracaso también era compartido por los Círculos José Antonio, tal y como de una organización propia se tratase. Pero de mayor importancia por el interminable proceso de unidad de los falangistas, fueron las percepciones económicas que los Círculos recibían y donde la denuncia del FES quedó absolutamente corta. La Delegación Nacional de Acción Política y Participación giraba fondos a aquellos falangistas. En Febrero del 72, por considerar al Círculo de Madrid una entidad con fines de "colaboración política" y al no poder cubrir ellos mismos sus gastos, se les concedía una subvención de 40.000,- pesetas, "correspondientes al mes de Febrero (lo que hace pensar que se hacía mes tras mes). El 13 de Novbre de 1973, el Vicesecretario General dispuso un incremento de 150.000.- pesetas para los círculos José Antonio, casi con seguridad para sufragar  un "Acto Nacional de Afirmación Falangista" que se iba a celebrar en Toledo el 25 de Noviembre. Consecuencia de la dureza verbal de los oradores fueron suspendidas por tres meses las actividades de los Círculos y se les privó de las 40.000,- pesetas mensuales que recibían; pero la componenda no tardó en lograrse y el Vicepresidente Nacional de los Círculos enviaba a su "estimado amigo y camarada" Delegado Nacional de Acción Política y Participación una carta en donde le pedía, con carácter retroactivo las cantidades no abonadas. Durante el año de 1974 recibieron en el primer trimestre la cantidad de 157.725 Ptas. y en el apartado de "Subvenciones para el Departamento de Actividades Específicas" tenían acogida mensualmente y obtenían 40.000,- pesetas la agrupación de Madrid y 10.000,- pesetas las de Alicante, Tenerife y Las Palmas. Todavía en 1976 continuaban recibiendo las últimas cantidades señaladas los Círculos de Madrid y Alicante. Todo ello demuestra que las acusaciones del FES fueron excesivamente prudentes con relación a la dependencia económica que tenían de la SGM y que les impedía cualquier ataque frontal contra ella de quien formaban de una u otra forma  parte. Quedaba también claro que sólo tres o cuatro provincias tenían funcionamiento, pero que incluso en estas el nivel de militancia, por muy repletos que se encontraran los ficheros, dejaba mucho que desear hasta el extremo que muchachas que realizaban el servicio social eran enviadas por Sección Femenina para colaborar en tareas burocráticas (no asumidas por los socios) al domicilio madrileño del Círculo José Antonio en la calle de Ferraz.  

Shelag Ellwood que realizó un trabajo sobre el tema de las Falanges alternativa, volvía a dejarse guiar por su intuición, que no por la búsqueda documental de la que su obra es huérfana, y atinaba en el sentido de que la clausura a la que se vieron sometidos los Círculos constituía una "valiosa propaganda antimovimientista" (246). Constancia de ello queda en el texto de Onrubia (Pág.21) donde los alborotos producidos por el descontento en un acto de los Círculos José Antonio fue causa de la clausura de los mismos. Más aquel timbre de gloría, demagógicamente utilizado por algunos no se correspondió con la realidad de los hechos.

 La Permanente del Consejo Nacional del Movimiento recibía el asesoramiento de sus letrados en este tema mediante dos documentos cuyo título es claramente indicativo: "Para una solución política" y "Para una solución reglamentaría". En el primero de ellos se estimaba que el considerar falta de motivos la clausura de los Círculos dejaba en mal lugar al ya exministro Fdez. Miranda, pero decretar una definitiva suspensión pudiera parecer al Ministro Utrera "una solución de extremada gravedad". Se abogaba por dejar transcurrir un plazo de uno o dos meses y que el propio Ministro considerando el tiempo transcurrido como bastante castigo, levantara la suspensión a "una Asociación que puede prestar en el sentido amplio de la palabra, una integración de voluntades y buenos servicios al Movimiento Nacional".

 La solución reglamentaría iba también a favor de restituir la legalidad de actuaciones a los Círculos, pues se estimaba una carencia normativa de los preceptos conculcados por los actos de Toledo y que afectaban a los Art. 22 y 23 de la LOM y se pedía un documento de descargo por parte de los dirigentes de la Asociación política.

 Siguiendo aquella trama cuyo final estaba claro, sobre todo cuando Fernández Miranda ya no era Ministro, el Presidente de los Círculos Diego Márquez dirigía un escrito de descargo al Consejo Nacional del Movimiento en donde afirmaba radicalmente " Que ningún Círculo José Antonio legalmente constituido ha realizado actividades contrarias a los Principios del Movimiento y demás Leyes Fundamentales". Tras resaltar la falta de normativa y la situación de indefensión jurídica en que se hallaban señalaba que en el acto de Toledo se había indicado repetidas veces el sentido individual de las intervenciones no siendo vinculantes como declaración propia de los Círculos y que los incidentes promovidos fueron por activistas infiltrados ajenos a los Círculos. Se llegaba incluso a afirmar que los Círculos expulsaron a aquellos de sus miembros "que en el teatro simpatizaron con dicho grupo activista". La repulsa de Márquez sobre aquello llegaba a indicar que "la inmensa mayoría de los asistentes, que eran varios miles, repudió la acción de dicho grupo activista allí mismo, y con posterioridad al acto han sido enviados a Madrid, así como a los conferenciantes, cartas y telegramas de repulsa hacia los hecho por este grupo, por parte de todos los Círculos José Antonio" (12 del 12 del 73 dirigido al Pte del C.N. y entregado por José Torres Osuna el 13 de Dicbre en el registro del C.N.).

 En 1973 se publicaba el libro Falange hoy (26), en donde falangistas pertenecientes a las distintas Falanges exponían sus puntos de vista al cuestionario que los periodistas Veyrat y Navas les habían suministrado. Aparecía, en las respuestas de muchos de ellos, clara la diferenciación entre la Falange y el Movimiento, lo que el FES llegó a valorar como algo conseguido por ellos tras años de lucha en diferenciar  una cosa de la otra. 

Los más comprometidos con el régimen, los falangistas históricos, seguían manteniendo la vieja idea de identificarse con lo que fue el Partido único. Era la única posibilidad de tranquilizar sus conciencias por los servicios prestados y una deuda de gratitud hacia el Jefe Nacional, el general Franco, a quienes debían, en algunos casos, la vida y, en otros muchos, la promoción a puesto de responsabilidad en el Estado.

A pesar de tanta controversia se había abierto una vía de diálogo entre las distintas corrientes. El envejecimiento del Jefe del Estado, los poderes de otras familias del régimen, los interrogantes sobre la salida a la muerte del Generalísimo auspiciaban estos intentos que a la larga se demostrarían inútiles.

 El 9 de Abril de 1973 en el Colegio Mayor "José Miguel Guitarte", dirigido en aquella época por un miembro del FES, el médico Antonio Hermoso, se organizaba una charla coloquio con la participación de Sigfredo Hillers, Manuel Cantarero y Raimundo Fernández Cuesta. Repetían sus ya conocidas posiciones, aunque el hecho de hacer un acto conjunto posturas que hasta hacía poco eran antagónicas, daba lugar a la esperanza.

Con el pretexto de presentación del Libro Falange hoy a los falangistas en el club Don Hilarión, José Gárate Murillo, considerado hombre de confianza de José Antonio Girón, propuso a Hillers establecer de forma ordenada, reuniones entre los distintos grupos falangistas. Participaban en aquel nuevo intento Raimundo Fernández Cuesta por la Falange histórica, Carlos Ruiz Soto y Diego Márquez por los Círculos, Hillers por el FES y David Jato Miranda, auténtico catalizador de las reuniones, en nombre de una asociación casi desconocida, Antiguos Miembros del SEU. Un acto conjunto de nuevo en el Club Don Hilarión, servía para que cada uno repitiera sus tesis, perfectamente conocidas por los demás. Aquello era un diálogo de sordos donde el acerca­miento era más aparente que real.

 Prosiguieron los contactos y se llegó incluso a conseguir la vieja aspiración del FES, formar una Federación de Grupos Falangistas. Era la época de las asociaciones de Arias y la Federación se aprestaba a formar una con el nombre de Frente Español, cuyas iniciales coincidían con las de Falange Española, titulación que "al ser patrimonio de todos los españoles" no se otorgaba a ningún intento asociativo. 

La Federación llegó a su fin en julio del 75. La figura del general Franco y todo lo que ella representaba era un  obstáculo insalvable para los falangistas. Fernández  Cuesta  mantenía la necesidad de elogio al general, mientras el FES anunciaba su crítica. La "devotio ibérica" de los falangistas históricos no era asumida en absoluto por los jóvenes falangistas y lo que resultaba más grave, remover aquello, que no era sino analizar la historia, destapaba la caja de los truenos. Según algunos de los presentes, por allí planeó el fantasma de Salamanca, abril de 1937 y pudo terminar la reunión "como el rosario de la aurora" (27).

 Un intento a la desesperada, conocido como el  "Pacto de Matute" logró José Gárate. El grupo falangista que consiguiera el nombre de Falange Española convocaría un Congreso con todos los demás.

 El 30 de Julio el sector falangista procedente del Movimiento, con Raimundo Fernández Cuesta a la cabeza pedía a la Comisión Permanente del Consejo en escrito encabezado por Villegas Girón la autorización para la creación del Frente Español con un programa de 27 puntos. La respuesta del organismo que otorgaba la patente de funcionamiento para las asociaciones exigió el cambio de nombre por evitar las siglas F.E. y la transformación de los puntos del programa en un número que no fuera el de 27. La tarea de despropósitos estaba servida. El alto organismo del Movimiento que desde 1937 olvidó la norma programática nº 27 de la Falange de José Antonio y redujo a 26 las del Partido, exigía ahora que el número no coincidiera con el del programa de la Falange primitiva, pero ocurría además que quienes habían aceptado durante años la vigencia nominal de los "26 puntos de la Falange" se acordaban ahora de que tal número no era el correcto. Estas dificultades formales, que entrañaban problemas de fondo con poso del tiempo transcurrido, se evitaron con el cambio de siglas por Frente Nacional Español y con la refundición de los puntos 18 y 19 en uno sólo para que el total llegase sólo a 26.

 La lucha por el nombre histórico de Falange Española de las JONS continuó. El 2 de Octubre de 1976 informaba el Diario Arriba que ya habían sido legalizados 10 partidos. Tres sectores falangistas reclamaban el histórico nombre: Pedro Conde y Miguel Hedilla por parte de los hedillistas; De Zulueta Pobes y Marquez Horrillo por los Círculos José Antonio y Sigfredo Hillers y Antonio Flores por el FES. A ninguno de ellos se le permitió el registro del nombre porque la asociación FNE se había convertido en el partido Falange Española de las JONS. Una extraña agrupación con el nombre de Defensa de Falange Española promovida por Luis Ortiz Medina y Dativo Fuentes Calero quedaba pendiente de estudio.  

 De entre las revisiones del falangismo estuvo una que por su originalidad llamaba  la  atención,  sobre todo  a  los posibilistas evolucionistas del pensamiento de Primo de Rivera, era  la  que venía proponiendo, desde hacia ya tiempo,  Manuel Cantarero del Castillo, Presidente de la Agrupación de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes, quien pretendía reconciliar el pensamiento falangista con la doctrina del socialismo democrático. Para Eduardo Adsuara, el intento de Cantarero era simétrico a la revisión socialdemócrata que había sufrido el marxismo. Para el FES, el análisis del Cantarero era absolutamente inválido, y fue calificado de "socialismo rosa". La Falange no podía enlazar con el pensamiento socialista cuyas raíces, hundidas en el materialismo marxista, nada tenían que ver con los fundamentos filosóficos de José Antonio Primo de Rivera. Únicamente se podía establecer un puente con el socialismo utópico, radicalmente distinto del socialismo científico. Se acusaba a Cantarero de realizar un doble juego consistente en su "posición vergonzante" hacia la Falange por un lado y su colaboración en la revista "Haz" desde donde había propugnado la resurrección del SEU.

 Cuando en 1973 Manuel Cantarero dio forma de libro a sus conclusiones, ya conocidas por artículos y conferencias, Sigfredo Hillers, líder del FES, preparó toda la artillería a su alcance para  responder al texto Falange y Socialismo (28) . Algunos militantes del FES dedicaron largas temporadas en aquel nuevo empeño de Hillers que a la larga dio como resultado un abultado tratados sobre el socialismo europeo.

Manuel Cantarero pasaba para el FES de ser un revisionista al que se le reconocían valores, a la consideración de hereje‑ oportunista. Su antigua pertenencia a cargos en la Delegación de la Juventud o como Secretario Nacional del SEU eran recordados por Hillers en el año 75. Se había iniciado una campaña, que algunos juzgaron desproporcionada, en cuanto consumió mucho tiempo y esfuerzos, para contestar las elucubraciones de un falangista revisionista que, con el tiempo y tras su ensayo frustado con la asociación Reforma Social Española, acabaría de diputado en el grupo Popular.

Otro grupo, el Frente de Estudiantes Nacional Sindicalista siempre fue juzgado por el FES como la artimaña de grupo paralelo perfectamente orquestado por el Servicio de Infor­mación de Presidencia del Gobierno contra ellos. La anterior pertenencia al AUN de sus dirigentes y el mimetismo casi absoluto en los nombres utilizados no hacía sino justificar los recelos del FES. En los finales del franquismo la opción del FENS se unió a otros grupos para formar una "Falange auténtica" de mayor envergadura en cuanto a la resonancia de sus actuaciones.

Aunque la disidencia falangista suele contar con el adjetivo del hedillismo, nunca el FES utilizó tal calificativo. Muy al final del régimen surgirían grupos "hedillistas" que desplegaron amplias campañas de propaganda y mantuvieron relaciones hostiles con el FES.

La figura del que fuera 2º Jefe Nacional de FE de las JONS presentaba para el FES sentimientos encontrados. La dimensión personal de Manuel Hedilla, su fidelidad a José Antonio, su talante organizador de la Falange en los primeros meses del Alzamiento y el sufrimiento a que se vio sometido tras la Unificación, eran dignos de la más profunda admiración de los falangistas; sin embargo su postura política presentaba claroscuros que dificultaban la adhesión del FES.

Después de conseguida su libertad en 1947, Hedilla no reivindicó nunca el nombre de Falange Española ni la vigencia de la doctrina falangista. Cuando en 1965 el FES, de la mano de Narciso Perales, inició contactos con Hedilla, éste que simpati­zaba con el proyecto falangista que se estaba creando por aquel entonces, no quiso sin embargo aceptar ningún compromiso por el riesgo que significaría su entrada en política  activa mediante un proyecto ilegal. Conversaciones posteriores con Hedilla en el año 68 no llevaron sino al enfrentamiento. Desde las páginas de Resurgir se dirigía un fuerte ataque a Hedilla en el artículo titulado "Gerontocracia (la coalición de los abuelos o el afán de mandar)"(29). 

Por aquella época el FSR, producto de una escisión del FES, ya había hecho su aparición intentando evitar las formas falangistas  para hacer más vendible su mercancía. Según la historiadora inglesa Ellwood(30) actuaba como Presidente del FSR Manuel Hedillla quien aprovechando un viaje de Narciso Perales, auténtico líder del grupo,  a Iberoamérica, había convertido el FSR en Frente Nacional de Alianza Libre.

La versión anterior es puesta en entredicho por el FES para quienes los años del fundación del FSR que suministra la historiadora son erróneos y la creación del FNAL fue el producto de una especie de engaño al que se sometió a Hedilla presentándole a miembros del FSR de Madrid como delegados del FNAL en provincias. La titulación de este grupo respondía a los deseos  explícitos de Hedilla para quien ni la palabra Falange ni la palabra revolución habrían de aparecer en cualquier intento en que él estuviera presente. De resultar esto cierto, difícilmente pudo Hedilla ser líder del Frente Sindicalista Revolucionario, y según comentó el diario Ya, (5.2.70) Manuel Hedilla pretendía al amparo del previsible asociacionismo de 1969 incluir el FNAL como asociación, evidentemente dentro de los cauces que marcara el régimen. Es perfectamente comprensible la actitud de reserva de Hedilla y su huida de aventuras peligrosas después de la experiencia vivida.

 Si hacia la figura de Hedilla tuvo el FES cierta admiración no hubo ningún tipo de concesión hacia los denominados "hedillis­tas" que aparecieron en el tardofranquismo y asumieron una estrategia de propaganda con golpes de efectos. Los miembros de este movimiento hedillista,  que  acabarán  como FE de las JONS aut. eran producto de escisiones del FES de los años 67 y 72, miembros del FNAL reconvertidos y afiliados al Movimiento que veían su barco hundirse. Buscaron la "pureza falangista" al borde de la desaparición  del  régimen y  se mantuvieron en  el candelero de las publicaciones hasta el 79 en que, como consecuencias de divisiones internas, terminaron  por  desaparecer. La opinión pública durante la transición identificaba la rebeldía falangista con el "hedillismo" y, como hilar fino resulta trabajoso, a la disidencia falangista como tal se la conoció. Este calificativo, que difícilmente se conjugaba cn los pensamientos y las actitudes que tuvo el II Jefe Nacional del Falange Española, era reivindicado como marchamo que otorgaba la pureza del nacionalsindicalismo. El líder hedillista Pedro Conde declaraba que "Hedilla es la referencia para distinguirnos de otros grupos falangistas" (Bol. inform. FE JONS nº 3, copia de entrevista en revista Personas)

 La existencia de esta nueva versión de la Falange Española Auténtica estuvo marcada por la fugacidad. Desde el 72, grupos de activistas del FES escindidos de esa organización y conocidos internamente como "lupulinos" (por su afición a la cerveza), formaron unas Juntas de Oposición Falangista (JOF) con un carácter muy próximo a la izquierda radical. En el 75 tomaron contactos con núcleos extremadamente minoritarios, caso de la Acción Revolucionaria Sindicalista (ARS) dirigida por un funcionario de la Organización Sindical de apellido Cantalapiedra, con el FENS y con otros falangistas o núcleos azules formando una especie de agrupamiento de lo más heterogéneo. En efecto, allí convergían desde antiguos miembros de la Defensa Universitaria, al hijo de Manuel Hedilla -militante del FENS. Aparecían falangistas inconformistas de siempre como el caso del histórico Narciso Perales Herrero junto a militantes juveniles  de la OJE que se incluyeron en las filas de aquel nuevo proyecto.

  Presidió su actividad el radicalismo más completo, pretendiendo pasar por la izquierda a quienes desde ese bando llevaban ya muchos años de lucha. A sus peticiones de amnistía política juntaron el rechazo a los actos de posibilismo político tales como Los Pactos de la Moncloa. El ataque a la política  institucional se hacía en la petición de un referéndum para determinar la forma de gobierno en España o la denuncia a los partidos presentes en las Cortes acerca de su negativa por rebajar la edad de voto a los 18 años.

 En aquel conglomerado tan dispar se jugaba con un infantil izquierdismo por parte de algunos camaradas mientras otros asistían, por ejemplo,en la ponencia de Sanidad del II Congreso con quien la dirigía, el Doctor Franco Manera de quien no se le recuerdan actividades antirrégimen. 

Al calor del antifranquismo que se produjo a la muerte del General, militantes de esta organización, muchos de ellos con carné del Movimiento aún en el bolsillo, pegaban en las farolas de las calles madrileñas carteles en donde junto a un juicio histórico admisible sobre el comportamiento de los Fernández Cuesta, Valdés o Girón, aparecía enmarcada la foto del primero de ellos, como si de un vulgar forajido se tratase. Aquel tratamiento, afeado ya por el FES al protonucleo de la JOF por su absoluta carencia de estilo falangista, correspondía a la línea de conducta propia de los nuevos conversos.   

Tuvieron una fulgurante expansión, aunque los resultados de las urnas no les fueran satisfactorios. El 29 de Octubre de 1977 celebraron la conmemoración de la fundación de Falange en 40 provincias con actos centrales programados en la fiesta de las cocheras Sanz de Barcelona, en la Asamblea de Militantes de la Provincial de La Mancha y en el mitin del Cine Madrid. Su jefe Perales dio paso de inmediato a un trabajador de la FASA de Valladolid, Pedro Conde Soladana, quien unía a su buen talante personal una imagen falangista distinta, presentable, pero carecía de la capacidad de sujetar a los dispares elementos que se le iban a juntar.

 Se arrogaron una "legimitidad de origen y de ejercicio" al emparentarse con la disidencia falangista narrada al principio del trabajo y contaban para ello con el apellido Hedilla, pronto convertido en Jefe de Madrid y con la entrañable figura de Narciso Perales, pero carecían de nexos o puentes sólidos con la disidencia falangista más reciente; si acaso podían argumentar su condición de ex‑militantes expulsados o escindidos del FES. A pesar de lo cual bajo el amparo de aquella autootorgada legitimidad  el Secretario Nacional José Luis Arroyo -otro elemento antiguo miembro del FES- llegó a pedir al Ministro de la Presidencia, Otero Novas, las cabeceras del diario Arriba y Libertad que fueron "voceros del citado "Movimiento Nacional", que por otra parte nosotros reputamos como expureo (sic)". Su legimitidad les ensoberbecía al punto de  negarse a cualquier tipo de conversación en pro de la unidad falangista por considerar que esa unidad ya estaba realizada en su organización (comunicado del 21.10.77 a propósito de una Asamblea Unitaria Falangista en Barcelona).

 Su complejo de izquierdismo les llevaba a buscar el espaldarazo de su actividad en figuras del anarquismo represaliado (entrevista con Fernando Carballo en Patria Sindicalista nº2, 4.4.77 pp.6-7), en las peticiones de amnistía, en las campañas de retiradas de símbolos falangistas de las calles o del metro de Madrid o en la petición de que se destruyeran los ficheros con antecedentes políticos obrantes en la DGS, en la SGM o en poder del Servicio de Información de Presidencia o en el SIM. 

Realizaban actividades desconocidas en las familias falangistas. En Octubre del 77 dirigían escritos a las embajadas  de Guinea Ecuatorial, Argentina, Chile y Uruguay porque no se respetaban en esos países los derechos humanos, así como protestas a Marruecos y Mauritania por el tema del Sáhara. Unían a su actitud, pionera del falangismo preocupado ahora por los derechos humanos, el olvido de los países de más allá del telón del acero. La utilización de los  "derechos humanos", no el Derecho de gentes, había sido históricamente denunciado por los falangistas argumentado la falacia y la hipocresía de pregonar derechos individuales "en casa de los famélicos"; también su visceral anticomunismo, esencial punto de referencia, era ahora olvidado por los falangistas auténticos.

 Aquella sintonía con la izquierda llevó incluso al Sindicato Unitario de la ORT a la intentona de engullirlos en su organización, pretensión que había sido abortada (Patria Sindicalista nº 7 Febrero de 1978)

 Si el primero de sus Congresos, celebrado en Mayo de 1976 y en donde decidieron constituirse como Partido no fue legalizado, si lo fue el segundo, celebrado en el Hotel Don Quijote de Madrid el 19‑20 de Marzo de 1977 con la asistencia de 550 delegados provinciales. Posiblemente fueron las relaciones entre el sindicato estudiantil -FSU-  y obrero -CONS- con el Partido los motivos fundamentales de discusión.

 Su ideario, para no ser menos que los demás, se resumía en 27 puntos, ajustados lo más posible a los de la Falange primitiva, limando por supuesto aquel lenguaje que se hacía impresentable. Así el punto 3, aparecía con un "Tenemos vocación universal..." en vez del "Tenemos vocación de Imperio...". se ponía el mayor énfasis en el aspecto sindical y en una utópica transformación económica de imposible realización, común denominador de los grupos falangistas, tales como nacionalización de la banca, de los servicios públicos, de los seguros y de "toda empresa que por necesidad nacional sea conveniente" (punto 14). En lo referente a la Iglesia, tras "reconocer" la dimensión religiosa del hombre (lo cual por otra parte no era decir nada) y saberse inspirados en la ética cristiana, exigía la absoluta separación entre Iglesia y Estado "sometiendo a la primera a ley civil en materia secular". 

Ya en 1978 las tensiones entre los sectores allí presentes estallaron. En el mes de Febrero el sindicato CONS se reconvertía en C.T.S. (Confederación de Trabajadores Sindicalistas) que mantendría el histórico nombre de las centrales falangistas para su órgano de difusión. El 18 de ese mismo mes, y como actitud premonitoria de lo que pasaría unos días más tarde, el jefe Provincial del Málaga, José Antonio Assiego Verdugo (más tarde líder del sindicato ultraderechista Frente Nacional de Trabajadores) atacaba en El Sol de Málaga (16 de Febrero) a la Junta Nacional a quien acusaba del haber forzado la dimisión del Palma de Plata de la Falange, Perales, y de mantener anulado a Conde. La respuesta en el más puro sentido asambleario, tan querido por muchos de los "auténticos", no se hizo esperar: La Junta Provincial de Málaga con el Secretario Provincial al frente expulsaban a Assiego de la organización,  a quien tampoco le debía importar mucho porque desde el diario malagueño había realizado una especie de despedida. 

Una Asamblea Nacional convocada aprobó la expulsión de miembros de la Junta Nacional disidentes. Estos decidieron realizar un III Congreso Nacional de Militantes el 24 de Marzo que contó con el correspondiente permiso de la autoridad gubernativa, quien a su vez denegaba a Conde la réplica en la reunión que pretendía celebrar el 2 de Abril. Los responsables del gobierno civil de Madrid apoyaban en aquella extraña singladura de los falangistas auténticos al sector de Manuel Velasco y de Miguel Hedilla, lo que provocaba la confusión y la división, quizá de forma interesada por parte del poder gubernativo. Incluso, se llegó a primeros de Mayo a la toma de la sede social, en la calle del Pez de Madrid, por parte del sector "insurgente". 

Las brillantes expectativas que esperaban los "hedillistas" se venían abajo. Las urnas no les habían concedido representación alguna a pesar del importante número de votos para una agrupación recién creada y su unidad conseguida se había resquebrajado de forma definitiva. Rafael Lasaga, falangista santanderino y hombre

de reconocido prestigio en su provincia, intentó la conciliación y fracasó en el empeño. Narciso Perales, con una trayectoria intachable en las coordenadas del falangismo, no olvidaba que aquellos sedicentes, recién llegados, le habían tildado de "gobernador franquista"; no precisamente para recordarle que desde aquel cargo había dado pan negro al Caudillo o que había acudido a Astorga para intentar encontrar a la comitiva de Franco en un desesperado intento de salvar la vida a Juan Domínguez en 1942, sino como calificativo insultante de haber colaborado con la Dictadura.     

De aquel intento quedó un doble fraccionamiento. De una parte la Falange Española de las JONS Auténtica con Pedro Conde a la cabeza y con la incursión ahora de nuevos elementos procedentes del FES encabezados por Antonio Flores; de otra, la presidida por la flamante V Jefe Nacional de FE de las JONS, Ana María Fernández Llamazares, y un grupo donde Hedilla y Velasco llevaron la voz cantante.

Fueron muchos los enfrentamientos producidos entre el FES y los hedillistas; éstos acusaban al FES de progresiva derechización y de darle una importancia desmesurada al catolicismo como filosofía  y praxis. Atacaban  fundamentalmente la  figura  de Sigfredo Hillers quien –en palabras pronunciadas por un acalorado Narciso Perales, años atrás- "no tenía más categoría que para ser jefe de centuria". El FES reproducía ataques en sus publicaciones contra estos falangistas "histéricos" contrapo­sición de los falangistas "históricos". Les juzgaba como una versión izquierdista de la Falange al igual que la Falange del Movimiento supuso la versión derechista de la misma y les suponía "fieles discípulos de los mercaderes del Movimiento Nacional".

 En  Octubre  de  1976  se  difundió  con  profusión una "hoja informativa sobre los falangistas hedillistas" (31) en donde el FES contestaba a todas las manifestaciones de las que hacían gala los hedillistas y, aun cuando se partía del principio de respetar la figura de Manuel Hedilla, se intercalaban párrafos del líder falangista acerca de las concomitancias entre el nacio­nalsindicalismo, el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán, lo que evidentemente en esas fechas no era muy bien  visto. Con absoluto respeto a la verdad, denunciaba el FES que atacar el 18 de Julio con la referencia a Hedilla era un absurdo. Aparte de la función esencial desarrollada por el falangista montañés en los primeros tiempos de la guerra, su "propia creación", el FNAL (Documento Declaraciones del FNAL) defendía la fecha aludida "Nos llamarán reaccionarios por creer que el 18 de Julio supuso un avance democrático a la española")

La riña entre el FES y hedillistas había traspasado el patio de vecindad y en algunas publicaciones de política general aparecían réplicas y contrarréplicas de unos y otros. 

El enfrentamiento entre el FES y los hedillistas alcanzó su máxima virulencia en Abril del 77 a la salida de la presentación del  libro  Oferta electoral   en  el  hotel   Eurobuilding. Allí   Sigfredo Hillers, líder del FES ya convertido en Falange Española (independiente), fue agredido por miembros de la Falange auténtica. La tenencia en el altercado de guanteletes de hierro, porras y navajas, así como la información dada por Cambio 16 (32) con el nombre de algún participante, iban a ser según Hillers, argumentos utilizados para pedir al Tribunal Supremo la ilegaliza­ción de este grupo (33). Resultaba gracioso el que los "hedillistas", partidarios de la acción directa y que desde luego no se arredraron en actividades no pacíficas, siendo frecuentes los enfrentamientos físicos con otras formaciones de cualquier parte del espectro político o el lanzamiento de botes de humo en la Bolsa de valores de Madrid, recurrieran al eslogan "no a la violencia; sea del signo que sea" (CONS febrero de 1977 p.4). 

No había pues lugares comunes para la unidad. La Santa Hermandad de la Falange no dejaba de ser un latiguillo retórico en donde se imponían luchas cainitas. El tiempo transcurrido y las experiencias vividas por cada uno habían creado profundas simas y lo que era "políticamente" un error: cerrarse en el mundo de la  Falange para no conseguir nada conduciría a la esterilidad pasados los años.

 Si ha parecido lógico  conectar el conglomerado FES con la histo­ria zigzagueante de la Falange disidente (así lo entienden  quienes fueron sus  dirigentes) se observan significativos  moti­vos de diferenciación como fueron su colocación fuera del Movimiento, su preocupación intelectual, que les llevó a analizar situaciones políticas buscando soluciones o a la creación doctrinal, algo bastante  desconocido en la Falange"alternativa". La tajante afirmación del catolicismo como filosofía subyacente y el teórico abandono en la búsqueda de un jefe carismático contribuían a delimitar unos perfiles muy particulares de la organización.

 Grupos de la Falange disidente aparecidos ya en el final del franquismo dejaron también en un aparte a la opción falangista del FES y rara vez la citaron como antecedente histórico. Aun habiendo militado en el grupo o perteneciendo a sectores con matriz en el FES, se producía un olvido intencionado al que no era ajeno ni la competencia tenida entre las Falanges ni la "extraña" personalidad que el FES había ido gestando.

 Cuando Shellag Ellwood realizó su estudio sobre el mundo de la Falange, procediendo a múltiples entrevistas de las diversas familias falangistas, no conectó con ningún miembro relevante del FES (34). Parece deducirse, de la explicación que dio sobre su forma de elaborar las entrevistas, que ninguno de los falangistas encuestados le sugirió los nombres de dirigentes del FES como fuente de indagación, lo que resultaba de una enorme significación.

 El limitarse a los relatos de terceras personas, enfrentadas por disparidad en las estrategias, roces personales o interpretaciones distintas de lo que era la Falange, llevó a la historiadora inglesa a citar tan solo de pasada al FES y atribuirle características de "secta semisecreta con votos, rituales específicos y férrea disciplina".    

Presume el FES de haber sido el único grupo falangista con creación propia y de haber aportado soluciones concretas a los problemas universitarios. En sus filas confluyeron históricos falangistas disidentes que poco tiempo allí pararon. De sus filas surgieron  otros grupos de oposición falangista, y fueron algunos militantes suyos personajes destacados de la España democrática como José Simón, José Maria Aznar, Jorge Vestrynge o Manuel Guedán. El primero de ellos, que fue responsable del FES de Ciencias, llegaría a Vicerrector de la Complutense en la época de Bustelo. Ha desempeñado el cargo de Director General del Insalus. José María Aznar fue jefe del FES de Bachiller, Jorge Vestringe participó activamente con el grupo en los sucesos del año 68 y Manuel Guedán tras su salida de la organización falangista, llegó a ser líder de la ORT, y ha ocupado cargos políticos de importancia con el gobierno socialista.

NOTAS A LOS CAPÍTULOS HASTA AHORA PUBLICADOS

 1.-Las dudas y objeciones de José Antonio se pueden encontrar en el libro de J. Mª MANCISIDOR, Frente a Frente,  Ávila Editorial y Gráficas Senén  Martín, 1963, 364 pags. Se trata de la recopi­lación taquigráfica del juicio de José Antonio en Alicante. Existe un interesante Apéndice al Frente a Frente realizado por J.J. ROLDAN HERRERO y publicado a multicopista en Diciembre de 1980 donde hace una comparación entre los textos de las tres ediciones existentes hasta la fecha. Ver también extracto de la entrevista con el reportero Jay Allen para el periódico  New Chronicle, de Londres, Edición del 24.X.36 en A.  DEL RIO CISNEROS y E.  PAVON PEREYRA, Textos biográficos y epistolario. José Antonio Intimo Madrid, 3ª ed.Ediciones del Movimiento, 1968, pp. 527-532.

 2.-Sobre los sucesos de Salamanca se puede encontrar información de variado tipo en la Historia del fascismo español de PAYNE y en los siguientes textos: A. ALCAZAR DE VELASCO, Los 7 días de Salamanca, Madrid, Gregorio del Toro editor. 1976, 308 pags. M. GARCIA VENERO,  Testimonio de Manuel Hedilla, Barcelona, Ediciones Acervo. Colección Gaudeamus, 1972, 629 págs. S.ELLWOOD, "La crisis de Salamanca.La Unificación", en Historia 16,  nº 132, pp.11‑16.‑J. L. RODRIGUEZ JIMENEZ, "La eliminación de Hedilla" en Historia 16  n.132., pp. 19-26 V. DE CADENAS Y VICENTE, Actas del último Consejo Nacional de FE de las JONS, Madrid, Gráficas Ugina, 1975, 159 pags.

 3.-Estos datos de la oposición primitiva fueron suministrados por el malogrado A. ROMERO CUESTA en su libro Objetivo: matar a Fran­co. Historia secreta del franquismo.Madrid, Ediciones 99, 1976, 124 págs. Fundamentalmente recopila el testimonio de los falangistas Patricio González de Canales y Narciso Perales Herrero. En los orígenes del FES los dos falangistas históricos mantuvieron relaciones con el grupo. Armando Romero fue militante de esa organización falangista, salió de ella y se incorporó a los protonúcleos de la Falange Española de las JONS auténtica. Falleció en accidente de trabajo cuando dirigía la descarga de un barco mercante en las Islas Canarias.

 4.-Sobre las ORNS cuenta PAYNE en su ob.cit. pag.175,:"Bajo la dirección de Ezquer, continuó subsistiendo un grupo clandestino denominado ORNS (Ofensivas de Recobro Nacional Sindicalista)que desarrolló una acción de agitación y propaganda entre los jóvenes hasta bastante tiempo después de terminada la segunda guerra mundial. Su propósito era el de sustituir la Falange franquista por un movimiento fascista revolucionario y sindicalista. A lo largo de quince años, Ezquer fue detenido seis veces y compareció ante los tribunales de justicia en cinco ocasiones, sin que ello le hiciera desistir de sus propósitos". Ezquer puede considerarse un antecedente del FES en el sentido de no estar vinculado a organizaciones del Movimiento, sin embargo su antigua fama de "violento" no tuvo continuación alguna en el movimiento falangista que estudiamos.

 4 bis .-Precisamente el equilibrio buscado por el Jefe Nacional, Francisco Franco, unido a su ansia de poder condujo en opinión de Serrano Suñer, al fusilamiento de Juan Domínguez por los sucesos de Begoña en Agosto del 42. (Cfr. Serrano Suñer, R. Memorias pp.364‑367)

 5.-Pérez de Cabo desvió al mercado negro partidas de trigo con objeto de lograr dinero para la Junta Política clandestina. Armando Romero indica que fue el general Varela, deseoso de acabar con la "insolencia falangista" quien descubrió la acción de Pérez de Cabo y forzó su juicio y su condena a muerte. Debe tratarse de uno de los pocos casos en que una infracción administrativa se saldaba con la pena capital.

 6.-El País, 12.03.89,<>,Domingo, p.8

 7.-J. SAEZ MARIN, Ob. cit.,p.222

 8.-J. L. ALCOCER, Radiografía de un  fraude, Barcelona,  Planeta, 1978, p.49 

9.-Ibidem, p.74. Mayor información sobre las represalias sufridas por Román Alonso Urdiales, militante de las Falanges Juveniles, en el texto de J. ONRUBIA REBUELTA, Historia de la oposición falangista al régimen de Franco..., pp. 16‑17. 

10.- J. Mª MARTINEZ VAL, ¿Por qué no fue posible la Falange? Barcelona, Dopesa, 1976, 2ª ed. p.49. 

 11.-SAEZ MARIN.‑Ob. cit. p.186

 12.-J.L. DE ARRESE MAGRA, Una Etapa constituyente,Barcelona, Editorial Planeta, 1982, p. 16

 13.-Entrevista con José Mata, 13.12.88 

14.-X. TUSELL GOMEZ, La oposición democrática al franquismo, Barcelona, Planeta, 1977, 452 págs.‑ En el "Congreso  Internacional de Oposición al franquismo",organizado por el Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, dirigido por el Profesor Tusell, el abanico histórico sobre grupos  de oposi­ción fue mucho más amplio al no existir los condicionantes que se imponían en la obra citada. 

 15.-S. ELLWOOD, Ob. cit., p.223 

16.-V. FERNANDEZ VARGAS, La resistencia interior en la España de Franco, Vol I, Madrid,  Istmo,  1981. 

17.-H. SAÑA, Art. cit.

 18-Informaciones,"¿Ha mandado la Falange en España?",16.05.69, p.7

 19.-F. DE GILES ,"Grupos políticos en Universidad" en Anue nº 24 ,p.6.- No era contra el PCE con quien se mantuvieron fuertes encontronazos en Derecho y Medicina, sino contra el PCi que colocaba con frecuencia carteles con texto repetitivo en donde se provocaba de forma intencionada a los falangistas, que respondían con la rotura del cartel y el subsiguiente enfrentamiento.

 20.-Plataforma nº 1, 20.10.75, pp. 8‑16. 

21.-J. DE CORA Y OTROS, Panfletos y prensa antifranquista clandestina, Madrid, Ediciones 99, 1977, 159 pags. 

22.-Sobre los Círculos Doctrinales José Antonio hace una exposición detallada S. ELLWOOD, ob.cit. pp.226‑234

 23.-J. CAMPMANY, "Falange 70", Arriba,  29.10.70.

24.-J. ONRUBIA REBUELTA, Ob. cit., pp.115‑142

 25.-Según Ellwod, Valdés Larrañaga  confirmaba en el 1973 la subvención a los Círculos José Antonio. Parece ser que aun existiendo altibajos la comunicación de los Círculos con la SGM fue continua. Muchachas que realizaban el Servicio social eran enviadas para al local de los Círculos a ejercer sus actividades. 

26.-M. VEYRAT y J.L. NAVAS MIGUELOA ,Falange, hoy, Madrid,

Gregorio del Toro Editor, 1973, 357 pags.

27.-Diario Ya, 03.07.75, p.13

 28-M. CANTARERO DEL CASTILLO, Falange y Socialismo, Barcelona, Dopesa, 1976.-366 págs.

 29.-Resurgir, "La coalición de los abuelos o el afán de mandar.

Sobre la fundación del Frente de Senectudes", pp. 3-6-10

 30.-La fuente de información para la historiadora británica en este tema parece que fue Narciso Perales ya que manifiesta un relato casi exacto al que me contó en la reunión del 24 de Abril de 1988.

 31.-Ver apéndice documental. Documento nº 3.

 32.-Cambio 16, 17.04.77, p.7

 33.-Resurgir, Mayo de 1977.-p. 10

 34.- De las 28 entrevistas realizadas por Ellwood ninguna se realizó a miembro de relevancia del FES. En cuanto a la cita 2 de la p. 252 de su libro, difícilmente se trataba de un militante de FE (independiente) que escribía a la revista S.P. ya que a esa organización falangista aún le quedaban 6 años para adoptar ese nombre. 

 Publicado en El rastro de la historia