Blogia

La memoria de la Otra Europa

Inicia cadáver de Perón largo peregrinar a 32 años de su muerte

Inicia cadáver de Perón largo peregrinar a 32 años de su muerte

El cadáver del ex presidente argentino Juan Domingo Perón inició hoy un largo peregrinar con el traslado del féretro desde el cementerio de La Chacarita hasta la sede de la Confederación General de Trabajadores (CGT).

A 32 años de su muerte, el cadáver de Perón (1946-1952/1952-1955/1973-1974) será sepultado esta tarde en un mausoleo construido en la hacienda de San Vicente, en la provincia de Buenos Aires, donde vivió con su esposa María Eva Duarte, fallecida en 1952.

El segundo entierro de Perón, quien murió el 1 de julio de 1974, se realizará en el llamado Día de la Lealtad, en recuerdo de aquella jornada popular que el 17 de octubre de 1945 marcó el inició del movimiento peronista.

Líderes de la CGT supervisaron este martes el traslado del féretro hasta su sede, en pleno centro de Buenos Aires, donde Perón recibirá por algunas horas un homenaje de miles de trabajadores argentinos.

Luego se realizará una procesión multitudinaria, de unas cinco horas de duración, para acompañar el traslado del féretro desde la CGT hasta San Vicente, donde por la tarde se realizará el último acto en memoria del ex presidente argentino.

Aunque en principio se informó que el mandatario Néstor Kirchner sería el orador principal del último homenaje de cuerpo presente a Perón, quien es idolatrado por miles de argentinos, finalmente se decidió que sólo hablarán los líderes sindicales.

El sentido histórico de Ramiro Ledesma

El sentido histórico de Ramiro Ledesma

Hay dos formas extremas de vivir la Historia: o se la vive de un modo pasivo, al modo oriental, sintiéndose aprisionado, embargado, ensimismado en el destino histórico, o se la vive de un modo activo, al modo occidental, sintiéndose conscientemente árbitro, conocedor y cooperador del destino que impulsa y guía la Historia. Contadísimos y muy geniales hombres son capaces de vivirla del modo último, y, por tanto, solamente de ellos puede decirse que poseen sentido o sensibilidad para percibir y notar el rumbo de la Historia. También solamente para éstos la Historia es esencialmente un acontecer, y han sido ellos quienes divulgaron este término, del cual todo el mundo usa y abusa sin ningún género de reparos.

El conocimiento y dominio de la Historia que posee este tipo de hombres raros, audaces y geniales no es el del historiador. Al contrario, ese espécimen de hombres que son los historiadores suele vivir del primer modo, al estilo oriental, sumidos en el pasado, y, por ello, sólo nos cuentan de la Historia lo que ha pasado, cuando, además, son capaces de precisarnos lo que ha pasado; pero jamás se atreverán a ofrecernos, aunque sea subrepticiamente, la figura ingrávida de lo que pasará, y, si lo hacen, su visión del porvenir padece de tales obnubilaciones que suele inducirnos a caer en errores garrafales. La verdad de su Historia alcanza y acaba en el día de hoy. Un hoy indefinido, sin fin y sin principio, ya que no se arriesgan a decirnos ni a dónde va ni de dónde proviene la Historia. El ex abrupto es para ellos el fin y el principio de la Historia, la concluyen ex abrupto y la comienzan ex abrupto. Son gentes sin albedrío –y esto nace de su carencia de sentido histórico–, y no se atreven a traspasar y remontar la etapa histórica en que se apoyan y de que se nutren sus ideas acerca de la Historia. Pocos son los historiadores que se apartan de su grey; pero cuando algunos lo hacen, entran en la categoría de los grandes políticos y de los grandes filósofos; es decir, de los excelsos creadores y animadores y educadores de pueblos.

El político consumado –no conviene referirse ahora al filósofo– es en sí mismo el sentido de la Historia. De ahí que, de una o de otra manera, es conocedor y dictador, conoce y dicta aquello que hay que hacer, y que hacerlo representa la conquista de la dirección de la Historia. Algo todavía más cesáreo: conoce y dicta las leyes a que habrá de atemperarse la vida de la Historia. Y cuando las leyes no bastan, crea las fuerzas que habrán de regir el futuro de la Historia. El pasado jamás se presenta a este hombre como el único título que legitime y que justifique sus empresas actuales y venideras. Muy al contrario, contra el imperio absorbente del pasado, en cuanto quiere imponerse a lo actual e impedir su realización, va a recobrar este hombre, que se dispone a concederle una autoridad condicionada por lo que coadyuva a la tarea actual de rehacer el curso de la Historia.

Y no quiere decirse con todo lo anterior que el sentido histórico del político genial no alcance también al pasado y que la Historia no sea para él más que un magno acontecer. Pues un hombre de esta especie es quien entraña en sí el pasado e intuye la Historia sub specie aeternitatis, o el que contempla en sí la Historia como un acontecer y un permanecer, como un pervivir en el curso del mismo vivir. Por una parte, creen que son los verdaderos continuadores de las esencias vivas e imperecederas del pasado; por otra parte, creen que lo que ellos sienten y hacen no desaparecerá con el tiempo actual, sino que perdurará y prevalecerá en los tiempos venideros. Lo que hacen lo hacen creyendo que es de un valor incalculable y que será indestructible en la Historia. Lo que los acucia no es interés inmediato o un interés pasajero, que complace por su transitoriedad, sino un interés que desborda el momento de su aparición y que repercutirá permanentemente en la vida de la Historia.

El sentido histórico concierta en sí dos supuestos indefectibles de la Historia: el de su estabilidad y el de su inestabilidad. La Historia no puede ser, como propenden a sostener ciertos autores, un puro acontecer, simple realidad móvil. Tras lo móvil resta algo inamovible. Es lo mudable en lo inmóvil. No cabe que se hable de sentido histórico donde todo es mudable. Y de la misma manera, tampoco es posible si la Historia es una realidad quiescente, inmutable. Por ejemplo, el oriental ni posee sentido histórico ni lo necesita, dado que la Historia se le ofrece como un todo inmóvil, petrificada en su religiosidad, en sus costumbres, en sus artes y en sus saberes, y en ella vive sumido durante milenios, creyendo que su misión se reduce a ajustar sus actos a los cánones invariables de la Historia. Si existe algún cambio y mutación es tan lento, de un ritmo tan pausado, que nadie lo advierte, o, cuando esto tenga lugar, ya habrá dejado de ser actual.

Pero, en correlación con esos dos supuestos objetivos, aparecen otros dos supuestos subjetivos del sentido histórico, que son memoria y previsión. Ante una Historia inmutable, el hombre no sólo carecerá de memoria, sino que no la necesitará, pues allí donde nada acontece, cambia o se transforma, nada es preciso recordar, todo es presente y nada puede pertenecer a un pasado. También carecerá de previsión, y no la necesitará, puesto que nada tiene que prevenir ni esperar, si todo es en el momento actual. El león carece y no necesita ni de memoria ni de previsión; te basta simplemente el instinto para existir; porque el modo de vivir y el repertorio de actos que tiene que practicar en el fondo de la selva son siempre idénticos a los que practicaban sus antepasados de hace cuatro mil años. ¿Qué tiene que recordar o qué tiene que presentir que no haya experimentado cada individuo de la especie de los leones?

El occidental se inclina, ultrapasando toda medida y proporción, a comprender la Historia como una realidad mudable, como la sola realidad arquetipo de la movilidad. De ahí su creencia general de que la Historia es simplemente cambio y acontecimiento, y de ahí sus ideas concordes de fenómeno, proceso, transformación, progreso y libertad, con las cuales ha intentado captar conceptualmente una realidad en perenne huida de sí misma. El occidental, en mayor o menor grado, vive en una disyuntiva entre lo que ya fue y lo que aún será. Una tal disyuntiva constituye una verdadera tragedia cuando el sentido histórico no compagina la memoria con la previsión, lo que acaba de pasar con lo que va a suceder. Si así no lo hace, es posible que yerre, y que, o perciba, a la manera de Heráclito, que sólo el cambio es lo real, o perciba, a la manera de Parménides, que lo real es la inmovilidad. Y este error de visión es fatal para todos los hombres, pero principalmente para el político que quiera dirigir la Historia.

Sin sentido histórico no suscita pasiones la Historia. La pasión se suscita cuando se siente que su misión sólo es realizable en una determinada coyuntura de la Historia. Nadie se batiría ayer mejor que hoy, y nadie lucharía con denuedo por incrustar lo que a uno mueve en el hueco que le ofrece la Historia, si en ella no jugase un activo papel la urgencia y la necesidad. Pero es en la Historia donde aparecen con facciones desmesuradas la urgencia y la necesidad. ¡Ahora o nunca!, es la medida de la desesperación en que vivimos. El destino mismo decreta que es inaplazable la tarea de un hombre, y éste la acomete altivo cuando se siente cooperador de lo que exige la Historia. Los grandes capitanes, un César o un Napoleón, carecen de ánimo para esperar que vengan tiempos propicios; ellos son el tiempo que arrecia con pasión irrefrenable. Y en esa pasión se contagian y se inflaman los demás hombres. Por la manera como se baten y como se sacrifican por conseguir el objeto de su pasión se deduce que no importa tanto lo que pasa como lo que queda en la Historia. No sobre lo que pasa, sino sobre lo que queda, se edifica la continuidad de la Historia.

Al lector parecerá todo lo anterior un prólogo demasiado largo para introducirnos al sentido histórico de Ramiro Ledesma. Pero me permitirá advertirle que no lo concebí como un prólogo, sino como un epílogo, el cual encierra los conceptos más generales que se desprenden de la visión que Ramiro tuvo de la Historia. Un poco apresuradamente y a grandes trazos, puesto que no otra cosa permite el breve espacio concedido a un artículo, traducimos en conceptos la esencia del sentido histórico de Ramiro Ledesma, el político genial que desbordó concepciones y posiciones anacrónicas y se constituyó en guía de los quehaceres reservados a las Juventudes de España.

En concordancia con su sentido histórico, el apasionado y laboriosísímo esfuerzo de Ramiro se pone al servicio de una política que permita, «la contribución española a la transmutación mundial». Toda su política se condensa en la frase final del Discurso a las Juventudes de España: «Quizá la voz de España, la presencia de España, cuando se efectúe y logre de un modo pleno, de a la realidad transmutadora su sentido más perfecto y fértil, las formas que la claven genialmente en las páginas de la Historia universal.»

El léxico inquieto de Ramiro reincide en la palabra transmutación para expresar tanto la índole de su visión como la índole de la realidad histórica con que hay que contar y a la que hay, que cooperar. No nota simplemente un cambio en los objetos, sino también en los sujetos que enrola la transmutación. Antes eran sus paladines las masas obreras; ahora lo son las juventudes nacionales: «Parece, camaradas, que todos los presagios coinciden hoy en señalar firmemente con el dedo a las actuales juventudes españolas como las únicas fuerzas creadoras y liberadoras de que la Patria dispone.»

El sentido histórico se halla siempre implantado en un tiempo actual. La misma memoria que él presupone y requiere es también una pervivencia del pretérito en la actualidad. Memoria, la viva y la verdadera, no es el relato que consta en los cronicones, sino la experiencia indeleble que florezca del pasado en el presente del espíritu. «A los efectos de nuestro presente, dirá, la tradición histórica es apenas válida. Sólo es estimable de ella lo que llegue a nosotros como valores vivos, buenos o malos, y que florezcan y alienten a nuestra vera.»

Así es que el sentido histórico de Ramiro, fundado sobre una memoria y experiencia vivas, declaraba la ruptura entre el pasado y el porvenir de España. «Resumimos así el panorama de los últimos cien años: Fracaso de la España tradicional, fracaso de la España subversiva (ambas en sus luchas del siglo XIX), fracaso de la Restauración (Monarquía constitucional), fracaso de la dictadura militar de Primo de Rivera, fracaso de la República. Vamos a ver cómo sobre esa gran pirámide egipcíaca de fracasos se puede edificar un formidable éxito histórico, duradero y rotundo. La consigna es: ¡REVOLUCIÓN NACIONAL!»

Autor: Manuel Souto Vilas

Descubren dos fotos trucadas de Franco y Hitler de 1940

Descubren dos fotos trucadas de Franco y Hitler de 1940

 Agencia EFE

Dos fotografías trucadas de la famosa entrevista entre el general Franco y Adolf Hitler en la localidad francesa de Hendaya (fronteriza con España), en 1940, han sido encontradas en el Archivo Fotográfico Histórico de la Agencia EFE durante el actual proceso de recuperación y digitalización.

Hace seis años, fue hallada otra foto trucada de ese momento histórico, con características similares a una de las dos descubiertas ahora.

Las dos fotos halladas ahora fueron distribuidas en España el 23 de octubre de 1940 y, aunque no falsean la historia, son el resultado de un montaje, según las comprobaciones técnicas llevadas a cabo.

En una de ellas, sobre la imagen original de la estación de Hendaya, de la que se conserva el negativo y en el que el andén está vacío, aparecen literalmente "pegadas" sobre él las figuras de Franco y de Hitler, junto con la de un militar alemán.

En la otra, los dictadores español y alemán pasan revista a una unidad de tropas germanas en el andén. En la foto obtenida del negativo Franco, éste aparece con los ojos cerrados, y en la que se difundió tiene los ojos abiertos, al haberse pegado otra imagen de su rostro sobre la original.

La imagen no falsea los hechos históricos, ya que, como muestra la fotografía, los dos dictadores pasaron revista a las tropas en la estación de Hendaya y saludaron levantando la mano, tal y como se ve en otra instantánea auténtica.

En el año 2000 fue encontrada otra foto también trucada de este momento histórico muy similar a esta última. En ella, sobre unas imágenes de Franco y Hitler originales fueron pegadas otras distintas completas, así como las de dos militares que aparecen detrás.

El montaje se realizó posiblemente para dar mayor realce a los dictadores, ya que en la imagen auténtica procedente del negativo Franco aparece con los ojos medio cerrados y sin saludar brazo en alto y en la de Hitler hay también pequeñas diferencias.

Además de los rebordes, consecuencia del "pegado" de las figuras, en esta foto se puede apreciar que Franco lleva en su uniforme la Medalla Militar española, en lugar de la Cruz del Aguila alemana, que era la que lucía.

Los trabajos de digitalización del archivo de la Agencia Efe han permitido descubrir numerosas fotografías de la memoria histórica de España, muchas de las cuales han sido dadas a conocer en los últimos años en libros y exposiciones.

El Archivo tiene más de trece millones de documentos gráficos, en los que se conserva la memoria del siglo XX, de los que dos millones están en formato digital y son accesibles por Internet a través de la Fototeca.

Efe es la cuarta agencia del mundo y la primera en español. Es una empresa informativa multimedia con una red de periodistas mundial, donde más de tres mil profesionales de 60 nacionalidades trabajan 24 horas al día desde 181 ciudades de 110 países.

Más del cuarenta por ciento de la información internacional de agencias publicada en América Latina es de EFE, agencia que dispone también de servicios en portugués, catalán, inglés y árabe.

Habla la Nueva Derecha: Entrevista a Alain de Benoist

Habla la Nueva Derecha: Entrevista a Alain de Benoist

Se le considera como el fundador de la Nueva Derecha. ¿Cómo "resumir" ésta? ¿Es una escuela política en el mismo sentido que la Action Française, una filosofía, o solo un método de pensamiento?

Es difícil "resumir" una trayectoria de 35 años! Lo que los medios de comunicación a partir de 1979 llamaron la "Nueva Derecha" es una escuela de pensamiento, fundada a principios de 1968, que se proponía reconsiderar la filosofía política y trabajar, más generalmente, en el ámbito de las ideas. Al principio, era un grupo de estudiantes. En principio, algunos millares de páginas de libros, revistas, actos de coloquios, conferencias, etc y una etiqueta que no han dejado de clavarme en la piel, como una túnica de Nessus, pero que siempre he encontrado inadecuada, ya que es ambigua. Daba en efecto una resonancia política a una esfera de influencia esencialmente intelectual y cultural, y la encerraba en una polaridad derecha- izquierda que la clase mediatica-politica tiene todo el interés en intentar hacer persistir, pero que no se corresponde ya en nada a la problemática de nuestro tiempo.

Cuando esta corriente de pensamiento aparece, yo esperaba hacer a la vez un equivalente de la Escuela de Frankfort y del CNRS. Se es idealista cuando se tienen veinte años (y lo peor es que nunca he dejado de serlo). Sigue siendo una multitud de trabajos que ejercieron y todavia ejercen una determinada influencia. Para el futuro, se verá bien: cuando se lanzan botellas al mar, no se prejuzga de las islas a donde llegarán. Pero no es erroneo hablar de método de pensamiento. El método nunca consistió en tener los resultados de estos trabajos para acervos definitivos. La Nueva Derecha evolucionó, no dejó de precisar y hacer avanzar su discurso. Comprendo que eso haya podido desviar a algunos agitados y a los aficionados de excursiones, los que esperan pequeños catecismos y no gustan oír sino lo que ya saben. Nunca he pretendido ser agradable ¡Por esto quizas nunca podria haber sido un buen politico!

Su pensamiento ha sido relacionado desde hace tiempo, erróneamente o con razón, con el antiamericanismo, lo que ha sido una especie de revolución copernicana en las derechas francesas de los años setenta. ¿Su posición evolucionó después?

¿Revolución copernicana? Pero si las derechas francesas nunca han sido pro americanas. A excepción de su componente liberal, que incluso solo lo fue raramente. Releed a Maurras, a Barrès, a Bonald o a Joseph de Maistre, o al El cáncer americano, de Arnaud Dandieu y Robert Aron. La derecha francesa desde sus inicios denunció a América como la primera civilización exclusivamente comercial de la historia, como una nación basada en los principios de las Luces, cuya breve historia se confunde con la de la modernidad: individualismo, materialismo práctico, culto del performance y la rentabilidad. Es cierto que en cambio, en la época de la guerra fría, mucha gente de derechas pudo creer, por anticomunismo, que los Estados Unidos defendían al "mundo libre". Ese no fue mi caso. Ahora que el sistema soviético ha desaparecido, se ve por otra parte claramente que el "mundo libre" no es más que el lugar de un tipo diferente de enajenación generalizada.

Sobre los Estados Unidos, mi posición no cambió, pero se precisó y matizó. No soy américanofobo. En primer lugar porque tengo horror a las fobias y no destesto a ningún pueblo; a continuación porque en América como en cualquier otra parte, hay por supuesto cosas de mi agrado. Sin embargo el basamento histórico del americanismo reside en una ideologia providencialista de origen puritano que, desde el tiempo de los Padres fundadores, asigna una misión universal a los Estados Unidos (el Manifest Destiny), en este caso la transformación del planeta en un extenso mercado homogéneo exclusivamente regulado por los valores del liberalismo y basado en el modelo antropológico normativo de un individuo dedicado unicamente buscar permanentemente su mejor interés, éste se confunde en general con una cantidad cada vez mayor de objetos consumidos. Centro del "turbocapitalismo", América sigue siendo por otra parte el principal beneficiario y el principal enlace, y también la principal herramienta, de la Forma-Capital. Pienso que el americanismo cultural es la principal amenaza hoy que pesa sobre las culturas y los estilos de vida diferenciados, y que la política exterior americana es el factor principal de brutalización de las relaciones internacionales. Amenaza que se trasluce en el unilateralismo y el aventurerismo militar del equipo actualmente en poder en Washington.

¿A juzgar por los acontecimientos iraquíes, cree que ocurra un próximo choque de civilizaciones?

Los Estados Unidos, que pretenden combatir un islamismo que no dejaron de fomentar durante décadas, eligieron hacer la guerra al único país laico de Oriente Medio. Los resultados confirmaron las peores predicciones de los adversarios de esta guerra ilegal e ilegítima, fundada por añadidura sobre una abominable mentira de Estado (las pretendidas "armas de destrucción masiva"): un caos generalizado que amenaza ahora con extenderse a los países vecinos y dar nuevas razones y motivos a los grupos terroristas para actuar. Es la vieja historia del bombero pirómano.

El tema del "choque de las civilizaciones", teorizado por Samuel Huntington, es una fórmula fácil que sacude inmediatamente a los espíritus perezosos, cada vez más llevados a repetir lemas que les satisfacen que a las exigencias del análisis y la reflexión. Más allá de las fricciones culturales que se producen necesariamente en un mundo globalizado, pienso que esta fórmula no corresponde prácticamente a nada. Las "civilizaciones" no son bloques homogéneos, y no se ve comó podrían transformarse en protagonistas de las relaciones internacionales. La tesis de Huntington aparece en cambio en el momento justo para favorecer la confusión entre las patologías sociales nacidas de la inmigración y el islam, el islam y el islamismo, el islamismo y el terrorismo global. Por ahora, legitima la islamofobia que los Estados Unidos y sus aliados, que estaban en busca de un enemigo absoluto sustituto desde la desaparición de la Unión Soviética, emplean e instrumentalizan muy inteligentemente. George W. Bush llama exactamente a la "cruzada" de la misma forma en que Bin Laden apela a la "guerra santa" -- fundamentalismo musulman contra monoteísmo del mercado, mientras que en Francia aquellos mismos que, en la época de Sos-Racisme, denunciaban la estigmatización xenófoba de los inmigrantes no dudan ya en denostarlos desde que descubrieron que este grupo de población profesa sobre el Oriente Medio puntos de vistas políticamente incorrectos. Curiosa inversión.

No es un secreto para nadie que Ud. no está realmente en el mismo campo político que Jean-Marie Le Pen. ¿Qué es lo que le separa y qué es lo que podría eventualmente acercarle?

No tengo ninguna enemistad personal hacia Jean-Marie Le Pen. Es un hombre indiscutiblemente valiente, y seguramente uno de los pocos verdaderos hombres políticos de nuestro tiempo. Además, y sobre todo, no soy uno de esos que grita que viene el lobo. Cuando he tenido que criticar al Front National, no lo he hecho para contribuir a su demonización (ya que por otra parte nunca he creído por un momento que el FN representaba una "amenaza para la República"). Pero puesto que me pides resumir esta crítica, quiero responder francamente. El Front National registró resultados electorales importantes, pero no pienso que haya hecho reaparecer a la derecha en la esfera política en una forma que haya sido favorable. Centrar su discurso en la inmigración, como ha ocurrido durante mucho tiempo, inmediatamente lo presentó (a pesar de todas las precauciones de lenguaje empleadas) como un partido antiinmigrantes, por lo tanto como el partido de la xenofobia y la exclusión. Era seguramente electoralmente rentable, pero también era dar a creer que todos los problemas a los cuales se enfrenta a nuestro país se resumen a la cuestión de la inmigración, lo que yo no he creido en ningún momento. La consecuencia fue el renacimiento inmediato de un "antifascismo" -- tan anticuado como el fascismo -- que solidificó el debate en términos anacrónicos. Así, la inmigración se convirtió en un problema silenciado, del cual ya no fue posible hablar normalmente. Y por supuesto, los cuatro millones de votos del FN no hicieron disminuir el número de los inmigrantes ni en un décimo.

Su tendencia a inclinarse a la derecha tampoco me agrada, sobre todo en un tiempo en el que, como ya lo dije, la separación izquierda-derecha ya no significa nada. Era condenarse por adelantado a un guetto con toda clase de agraviados, perdedores perpetuos, de vejestorios, con sus nostalgias, sus ideas fijas, sus crispaciones y sus lemas. Un movimiento político es siempre más o menos prisionero de su público. No es a ese publico al que uno pueda transmitirle algo diferente de las trivialidades como propuestas sobre qué hacer frente a temas tan importantes como la desestructuración del vínculo social y la desintegración de la comunidad, la colonización del imaginario simbólico por los valores del mercado, la entrada en el universo postmoderno de las comunidades y redes, las perspectivas abiertas por las biotecnologías, etc.

Permítame añadir que el partido politico me parece por otra parte una forma pasada de acceder al poder. Fue la forma de acción política privilegiada en la época de la modernidad: se creaba un partido, se intentaba obtener la mayor cantidad de votos posibles y un buen día, con un poco de oportunidad, se accedía al poder y se aplicaba un programa. En la actualidad, los que acceden al poder constatan que su margen de maniobra es exiguo y que, siempre que tengan un programa, deben sacrificarlo porque las influencias los sobrepasan. La política dejó sus instancias tradicionales, y los mercados financieros tienen más poder que la mayoría de los Estados y Gobiernos. Las cosas quedan aún más claras en el caso de un movimiento protestatario, que no es más que una adición de descontentos. Tal movimiento no tiene ninguna oportunidad de llegar al poder en un sistema donde las posiciones de poder estan predeterminadas de tal forma que sólo gobernarán aquellos que por adelantado prometan que no cambiarán básicamente nada. No le queda mas posibilidad que convertirse en un partido como los demás, pero en este caso significaría la pérdida de su razón de ser. Yo pienso que se pierde el tiempo al intentar una vía intermedia que permita mantener una alternativa.

Escribo eso sabiendo que la crítica es fácil. Y sobre todo sabiendo que la relación entre los hombres políticos y los intelectuales siempre ha sido difícil (sobre todo en la derecha, dónde las reacciones emocionales dominan siempre frente a la reflexión). Los intelectuales de los partidos son siempre desesperados -- y así se vuelven tan rápido como pretendan hablar en nombre de un "nosotros". En cuanto a los hombres políticos, observan inevitablemente a los intelectuales como complicados, cuyos puntos de vista dividen al electorado que pretenden reunir. Mejor es dejar a los nuestros observarse desde sus respectivos planetas.

En resumen, todo lo que, en Francia, no es de izquierdas es demonizado despues de Mayo del 68. Ud. no es en realidad "de derechas", pero esta demonización también le afecta. ¿Por qué? ¿Desde cuándo? ¿Cómo?

La demonización es, en mi opinión, un fenómeno más reciente. En los años sesenta, y, en particular, inmediatamente después de Mayo del 68, existía una hegemonía intelectual de la izquierda y la extrema-izquierda, que se manifestaba, entre otras cosas, en el poder del marxismo en la Universidad. Esta hegemonía no era verdaderamente sinónima de demonización. Se ejercía a partir de cenáculos ideológicamente bien estructurados, alrededor de algunas figuras emblemáticas, como Jean-Paul Sartre, y en un clima de politización relativamente intenso. Eso no impedía a los autores "de derechas" publicar (en los años setenta y a principios de los años ochenta, yo mismo tengo libros publicados en los editores mas grandes: Albin Michel, Robert Laffont, Plon, etc., lo que no sería ya posible hoy). La demonización apareció en torno a 1985-87, al mismo tiempo que las escuelas de pensamiento de izquierdas y extrema izquierda ampliamente se habían debilitado, cuando el marxismo y el freudianismo habían pasado de moda, y las experiencias históricas a las cuales muchos se habían referido (comunismo soviético, castrismo, "modelo yugoslavo", "Revolución cultural" china, etc.) se habían caracterizado por ser fracasos evidentes, mientras que la despolitización se extendía poco a poco por todas partes, comenzando por el mundo estudiantil.

Analizo esta demonización como un resultado de la conjunción de dos factores principales. Por una parte el resurgimiento de ese "antifascismo" anticuado, vinculado al avance del Front National, del que ya hablé, que sirvió de identidad política sustituta a una gran cantidad de hombres de izquierdas que por otra parte habian abandonado sus antiguas convicciones políticas: decirse "antifascistas" pese que se habían sumido al estado sin alma del reformismo y de la sociedad de mercado les permitía mantener la ilusión de una identidad. Este "antifascismo" sin riesgos (a diferencia del antifascismo histórico), es eminentemente rentable, ya que es consonante con el espiritu del tiempo, tomó la forma de un psicodrama, que se tradujo en la instauración de "Comités de Vigilancia", de prácticas inquisitoriales generalizadas, de escándalos a grandes espectáculos, de recitación ritual de mantras sobre la "memoria historica", de purificaciones retrospectivas, etc. El segundo factor fue la instauración de lo que se llama el "pensamiento único", fenómeno que es necesario interpretar de una manera sistémica más que ideológica. El fracaso de las grandes experiencias alternativas del siglo XX generalizó la idea que vivimos bajo el horizonte del "único" modelo de sociedad posible. Es la idea que no dejan de repetir implícitamente los medios de comunicación, y que Fukuyama teorizó en su libro sobre el "fin de la historia". Se desprendió la ilusión que no existe más que una única solución a los problemas políticos y sociales, solución técnica y no ideológica, que la gestión pública es un asunto esencialmente tecnocrático, y que todo lo que se diferencie de este "círculo de razón" debe descartarse despiadadamente. Los partidos políticos ya no tienen diferencias ideológicas importantes sino tan solo una imagen mediática, mientras tanto han constituido un gran bloque central, un "extremismo de centro", cuya característica principal es que es intercambiable y homogéneo.

Sobre la base de esa doble vulgata mínima, se estableció de manera acelerada un proceso de exclusión-demonización. Se amplió progresivamente en círculos concéntricos, en relación inicialmente contra gente muy conocida de "extrema derecha", pero extendiéndose muy rápidamente contra todas las voces discordantes cualquiera que fuera la procedencia (incluidas las voces discordantes de izquierdas). En resumen, todos los espíritus libres vieron como poco a poco se les cortaba el altavoz. Para dar ejemplos, sería necesario llenar decenas de páginas. Solo daré uno, totalmente personal, pero que da una idea del camino recorrido: en 1981, Le Monde todavía podía publicar un texto mío que cubría dos plenas páginas de este diario, mientras que hoy no podría ya publicar ni una sola linea de mi autoría. En 1977, más de 300 artículos habían saludado la publicación de mi libro titulado Vu de Droite, que luego fue premiado con el Gran Premio para Ensayo de la Academia Francesa. En la actualidad, he renunciado simplemente hacer servicios de prensa. Queda claro que al hacer un trabajo de orden intelectual, es decir, intervenir en un campo teórico que algunos han querido silenciar, no he tenido otra opción, en un entorno así, que ser enviado al ostracismo. Como nunca me he retractado de ninguna línea de lo que he escrito, se me envía al silencio, método muy eficaz en la época en que todo depende de los medios de comunicación e información. Al hacer silencio se ahorran el tener que refutarme, que es más difícil. Eso no me impide que duerma. El ostracismo, hoy, es el otro nombre de la libertad.

Basta con viajar un poco por Europa, o a otra parte, para darse cuenta de que le reconocen más en Italia o en los EE.UU que en Francia. ¿Cómo explicar tal estado de hecho?

En efecto todos los meses viajo a Italia, donde se publicaron varios libros y donde mis propias obras han sido agregadas al programa de varios ciclos de estudios universitarios. Regularmente soy invitado allí a discutir, en coloquios o en la televisión, con autores o personalidades de todas las opiniones políticas. Después de haber conocido el triste período de los "años de plomo", Italia es un país con más libertad, o más bien, con una libertad intelectual normal. Cuando se invita a alguien para discutir, se preocupa en general de una cosa: que tenga algo que decir. Es decir que la "vigilancia" y los "cordones sanitarios" a la francesa, las contorsiones dialécticas sobre los riesgos de "contaminación", los cálculos sobre la necesidad de "no legitimar", la presunta importancia de "no hacer el juego", son un objeto de estupor para la mayoría de los intelectuales italianos que, por lo demás, se preguntan por qué el medio intelectual francés se ha agotado. Añado que la ausencia de centralización jacobina favorece en Italia el pluralismo editorial y cultural, contrariamente a lo que se ve en Francia, donde un cuarto de pequeños marqueses rigen el mundo de las letras e ideas desde dos o tres distritos de la capital. Por eso tengo seguramente hoy más lectores en Italia que en Francia. Como ya fue en otro tiempo el caso de Georges Sorel.

Fuerte es la impresión de que en Francia, todo está paralizado. Tanto en términos de reformas, de instituciones nacionales como europeas e incluso de debate intelectual. ¿Esta situación le parece definitiva o se encuentra condenada a evolucionar?

Francia es en efecto hoy un país completamente bloqueado. Mientras que hace quince años, hombres tan diferentes como José Maria Aznar, Berlusconi, Gerhard Schröder o Tony Blair eran aún prácticamente desconocidos, nuestra clase política data de la era Brezhnev. A nivel económico e industrial, la actitud más corriente, ante la problemática planetaria actual, es la del repliegue sobre un capullo protector que debe desaparecer. En cuanto al debate intelectual, reducido a un diálogo incestuoso entre los que piensan la misma cosa, desapareció completamente. Los grandes autores, de izquierdas como derechas, murieron sin haber sido sustituidos, y no se traducen ya ninguno de los libros que suscitan en el extranjero los debates más estimulantes (con la consecuencia que resulta completamente imposible estar al corriente de la evolución de algunas disciplinas si no se lee al menos el inglés, el alemán y el italiano). ¿Saldremos un día de esta situación? Por supuesto. En los asuntos humanos, nada es definitivo. Toda la cuestión consiste en saber en qué estado se saldrá. Mi convicción personal es que las cosas comenzarán a evolucionar cuando nuevas separaciones, producidas por la actualidad, se impongan a los que siguen hoy razonando en categorías anacrónicas.

Hace algunos años, Alain Madelin garantizaba que estábamos en un período asimilable al de 1789, con élites tecnócratas en lugar de nobles cuyos privilegios no correspondían ya de ningún modo a los servicios al mismo tiempo prestados a la nación. ¿Este paralelo le parece pertinente?

Yo desconfío siempre un poco de los paralelos históricos; como decía Lénin, la historia no reconstruye los platos rotos. Alain Madelin, por otra parte un agradable muchacho, pero que pertenece también a la Nueva Clase dirigente, creía seguramente, haciendo esta comparación, que la hora del liberalismo llegaba a su fin. Sin tener por supuesto la menor simpatía por las élites tecnócratas, yo creo al contrario que es al fracaso generalizado de las prácticas liberales hacia donde nos diriguimos. Desde los tiempos de Ronald Reagan y de Margaret Thatcher, el poder mundial del neoliberalismo salvaje ha implicado por todas partes la agravación de desigualdades (entre países como dentro de cada país), ha causado la aparición de una "nueva cuestión social", dónde la exclusión de los "inútiles" tiende a sustituir a la simple explotación en el trabajo por la lógica del beneficio, y ha empeorado de manera dramática la desintegración del lazo social. Y sólo menciono de memoria las deslocalizaciones, la erradicación de las culturas y las catástrofes ecológicas. La globalización neoliberal, al mismo tiempo que intensifica las rivalidades y vuelve cada vez más divergentes los intereses europeos y los intereses americanos, creó un mundo fluido, sin fronteras, donde la instantaneidad de los flujos suprime el espacio y el tiempo permitiendo al mismo tiempo a las crisis locales extenderse de manera viral a escala planetaria. El sistema financiero internacional, donde la burbuja especulativa no deja de extenderse en detrimento de la producción real, se debilita tanto, mientras que se resume en una crisis generalizada de los suministros energéticos, comenzando por el petróleo. La "megamáquina" occidental, llevada por la fuga hacia adelante del productivismo, se asemeja más que nunca a un bólido desprovisto de frenos. En absoluto estamos sobre un volcán, pero dudo mucho que un nuevo "después de 1789" se asemeje a lo que espera el simpático Madelin.

"Le Figaro" recientemente preguntó a numerosos escritores y intelectuales sobre este tema: ¿Que es lo que significa ser Francés? ¿Cómo respondería a esta pregunta?

La buena pregunta es en efecto: ¿Qué es lo que significa ser francés?, y no: ¿Quién es francés? Difícil responder en una epoca en la que el mantenimiento de las fronteras ya no garantiza nada, y sobre todo ni la identidad del pueblo o la especificidad de las culturas. Es difícil responder cuando la lógica de la ideologia de lo Mismo no deja de extenderse, y cuando el estilo de vida de los franceses no se distingue ya fundamentalemente del de sus vecinos (o del de países del mismo nivel de consumo). La primera respuesta que viene al espíritu: "ser francés consiste en practicar, o más exactamente a vivir la lengua francesa, en lo que tiene de irreducible a cualquier otra", no es obviamente falsa, sino sólo es medianamente satisfactoria. Al menos la pregunta tiene el mérito de decir que no son los inmigrantes que hicieron desaparecer nuestra identidad, sino que tendemos más bien a rechazar las suyas porque ya perdimos la nuestra.

En realidad, tal pregunta invita a meditar sobre el concepto de identidad, y a hacerlo sin sucumbir a las definiciones simplistas, ingenuas o convulsivas, que se dan aquí o allí. En la época postmoderna, incluso las identidades heredadas sólo se vuelven activas siempre que se quieran, se elijan y se reconozcan. La identidad no es una esencia, un depósito intangible, unas simples herencias del pasado que se remiten a algunos grandes mitos fundadores. La identidad es una sustancia, un relato sustancial, un proceso narrativo, dialéctico, donde se combinan permanentemente una parte objetiva y una parte subjetiva, y donde el intercambio con el otro forma también parte de la construcción del sí mismo. La identidad no es lo que no cambia nunca, sino lo que define nuestra manera específica de enfrentar el cambio. No reside ni anteriormente ni en la tradición, sino en la clara conciencia que nos corresponde proseguir una narración que excede ampliamente a nuestra persona. Es esta clara conciencia que me parece que falta hoy.

Sus escritos demuestran que promueve una Europa federal, pero no se priva de criticar agudamente la actual construcción europea, sin embargo considerada como federalista. ¿Por qué razones?

Pienso, en efecto, que el sistema federalista es el único que esta en condiciones de reconciliar los imperativos aparentemente contradictorios de la unidad, que es necesaria para la decisión, y de la libertad, que es necesaria para el mantenimiento de la diversidad y para el pleno ejercicio de la responsabilidad. Los que califican la Europa actual de Europa federal ponen de manifiesto por allí que no tienen ni la menor idea de lo que es el federalismo. El federalismo se basa en el principio de subsidiariedad, competencia suficiente y soberanía compartida. Una sociedad federal se organiza, no a partir de arriba, sino a partir de la base, recurriendo a todos los recursos de la democracia participativa. La idea general es que los problemas estén regulados al nivel mas local posible, es decir, que los ciudadanos tengan la posibilidad de decidir concretamente sobre lo que les concierne, solo remontando a un nivel superior las decisiones que interesan a colectividades más extensas o que los niveles inferiores no tienen la posibilidad material de tomar. Un Estado federal es, pues, lo contrario de un Estado jacobino: lejos de pretenderse omnicompetente y querer regular lo que pasa a todos los niveles, se define solamente como el nivel de competencia más general, el nivel donde se trata exclusivamente lo que no puede tratarse en otra parte. Al querer inmiscuirse en todo (desde el diámetro de los quesos italianos, a la caza, a las aves migratorias en el Suroeste de Francia), al querer, no añadir, sino substituir a las autoridades públicas de las naciones y las regiones, las actuales instituciones europeas, esencialmente burocráticas, se conducen, no como un poder federal, sino como un poder jacobino. Son, por añadidura, tan "ilegibles" para el ciudadano medio, que eligieron deliberadamente dar la prioridad a la ampliación de sus estructuras de competencia y no a la profundización de sus estructuras institucionales, que pretenden hoy dotarse con una Constitución sin haber creado un poder constituyente, y finalmente que los que las personifican no están obviamente de acuerdo ni sobre los límites geográficos de Europa ni sobre las finalidades de la construcción europea (extensa zona de libre comercio o potencia independiente, espacio transatlántico o proyecto de civilización), es desgraciadamente bien comprensible que muchos de nuestros conciudadanos observan como un problema suplementario lo que habría debido normalmente ser una solución.

¿Ud. piensa que lo peor siempre está cerca o que al contrario, el futuro puede siempre comenzar mañana?

¡Si el futuro comienza siempre mañana, el pasado se termina siempre ayer, lo que nos hace apenas salir de las trivialidades! La historia, en realidad, está siempre abierta, y por eso optimismo y pesimismo son inadecuados igualmente para enfrentarla. Los hombres no saben la historia que hacen, no más de lo que saben acerca de la naturaleza de la historia que los hace. Al menos podrían intentar tomar conciencia del momento histórico en el cual se encuentran. Desgraciadamente lo hacen raramente, en tanto que es potente la tendencia del espíritu a examinar la novedad con herramientas conceptuales erróneas. La ruptura histórica de los años 1989-91 nos hizo salir a la vez del siglo XX y del extenso ciclo de la modernidad, para hacernos volver a entrar en una era radicalmente nueva. Incluso si está bien claro que el Muro de Berlín no cayó todavía en todas las cabezas, sería hora de analizar las señales de forma diferente que mirando por el retrovisor. "Todo lo que llega es adorable", decía Léon Bloy.

Publicado en: La Editorial Virtual

OAS: La Argelia Francesa


O.A.S. xxcra
Uploaded by FN2007

Oui, nous sommes revolution!!

Massimo Morsello: Nostri Canti Assassini

Testimonio: Mercedes Sanz Bachiller

Testimonio: Mercedes Sanz Bachiller

Procedente de una familia bien vallisoletana, quedó huérfana a los catorce años y entró a estudiar interna en un colegio de monjas francesas de Valladolid. En 1931 se casó con Onésimo Redondo, uno de los fundadores de La Falange. En el año 1936 tenía ya tres hijos y estaba embarazada del cuarto. A la semana de comenzar la guerra, su marido fue asesinado. La noticia le hizo perder el hijo que esperaba. Con este trauma personal a cuestas, ideó y fundó el Auxilio Social, una institución creada para ayudar a los niños y mujeres de ambos bandos víctimas de la guerra.

Soy madrileña de Chamberí. Por casualidad, porque mis padres fueron una temporada a Madrid por negocios. Mi historia es francamente triste. Me quedé huérfana a los catorce años. Mi padre murió cuando yo tenía tres años y un poco después murió mi madre. Mis padres estaban separados, algo un poco raro para la época. Mi padre era un hombre de una inteligencia privilegiada y con una imaginación extraordinaria. Debió morir con treinta y pocos años, y ya había ido tres veces a Argentina. Esto ahora es normal, pero entonces no lo era. Se tardaba un mes en ir a Argentina. Era un espíritu inquieto, un aventurero con ganas de conocer el mundo y de no quedarse en el pueblo. Nació en Montemayor de Pililla, en Valladolid.

Mi madre era una mujer de terruño. Muy amante del campo, pero del campo de labrar. Mi familia era gente de fincas y de mulas y vacas. Yo continué con esa afición. Luego tuve la suerte de casarme con Onésimo, que también era un hombre de campo. Primero hizo las oposiciones a abogado del Estado, pero le suspendieron en el último ejercicio, injustamente, en mi opinión, porque ya estaba totalmente involucrado en una línea de derechas. Entonces se dedicó a organizar el sindicato de remolacheros de Castilla la Vieja.

En esos días los fabricantes de azúcar abusaban de los agricultores y pagaban la remolacha a muy bajo precio. Onésimo creó un sindicato que reunía a todos los agricultores (de Valencia, Zamora, Valladolid, Segovia...) y se pusieron de acuerdo para no sembrar en todo un año. El equivalente a una huelga. Eso puso a las fábricas en una situación difícil. Al final llegaron a un acuerdo y se empezó a pagar más del doble de lo que se estaba pagando anteriormente por la tonelada de remolacha.

Mi madre murió cuando yo tenía catorce años. Yo había ingresado interna en el colegio de las monjas francesas a los nueve. Creo que mi madre ya no se encontraba muy bien y quiso que estuviese habituada al internado para que cuando ella desapareciese el tránsito fuera menos duro. Mi tutor era un hombre muy recto y frío. Bellísima persona y muy caritativo, pero no era cariñoso. Así es la vida. El problema fue que no tenía casa. Bueno, casas tenía, era propietaria de casas, pero no tenía hogar. Es muy distinto una casa a un hogar. Era una chica de catorce años sin padre, sin madre, sin hermanos, sin tíos, sin abuelos... sin nada. ¡Qué iba a tener! Además, mis casas eran de muchas habitaciones, con paneras, corrales, bodegas... imposible vivir sola ahí. Eso sí, tenía muchas amigas. Yo era simpática, abierta y estaba ávida de cariño. Las niñas me adoraban. Todo el mundo decía: «Merceditas puede venir el domingo a casa». Se salía un domingo sí y otro no, y todas se peleaban porque fuera a su casa el domingo que me correspondía. Pero mis grandes amigos, los que me acogieron en su casa y fueron como mis segundos padres o mis tutores, fueron los Alonso Las Heras Pimentel, una familia de Valladolid muy importante, que habían sido ya amigos de mis bisabuelos por asuntos de fincas y cosas de esas. Vivían en una casa que era del Banco Hispanoamericano.

Un hermano de Onésimo, el mayor, era el director del banco y, como tal, tenía derecho a un piso en la misma finca. Era una casa magnífica y muy bonita. En la puerta de al lado vivían los Alonso Pimentel. Los domingos que me tocaba iba a su casa llegaba siempre a la hora de almorzar y, a esa misma hora, llegaba Onésimo, que vivía con su hermano. Siempre coincidíamos en el ascensor.

Un día Onésimo le dijo a don Millán Alonso Pimentel: «Viene de vez en cuando a casa de usted una chica con uniforme negro... Es tan mona, que la querría yo conocer». Y él le contestó: «Pero si es que le conviene a usted como novia esa chica». «Pero si no la conozco», dijo él. «Mire, es una chica huérfana que está interna en las francesas, que es el mejor colegio de Valladolid. El sábado que viene pase usted a tomar café y así la conoce». Don Millán era, además, el presidente del sindicato remolachero, de manera que conocía muchísimo a Onésimo. Ese sábado apareció y, después de tomar café, me dijo: «¿Tú vas a misa?» «Sí, todos los días» contesté. «Pues yo también. ¿Y a que misa vas?» Afirmé: «Voy a misa de nueve a los jesuitas». Me dijo: «Pues nada, mañana nos vemos allí». Al día siguiente nos vimos en misa. Yo tenía entonces 18 años. En aquella época, para poder comulgar no se desayunaba. Íbamos en ayunas y, generalmente, cuando un chico quedaba en verte en misa, tenía luego la delicadeza de invitarte a desayunar un chocolate con churros o algo así. Era un momento feliz para una chica. Así que me invitó a desayunar y luego me dijo: «¿Por qué no damos un paseo por aquí, por el Campo Grande?» Y mirándome, mirándome, me preguntó: «Oye, Merceditas, ¿tú te querrías casar conmigo?» ¡Así lo dijo! Entonces me quedé mirándole y le dije: «¡Pues sí!» Onésimo era un hombre apuesto, moreno, tenía en aquel momento 25 o 26 años. Tenía los hombros más bonitos que los de su amigo José Antonio Primo de Rivera, que era un poco más caído de hombros. Yo le veía muy atractivo. Además, yo estaba tan sola... sin padre, sin madre, sin nada, que cuando me dijo aquello, me gustó y pensé: «De todas maneras, en estos meses también puedo reflexionar y decir que no más adelante. Todavía no vamos al altar, así que hay tiempo».

Fueron poco más de seis meses de noviazgo. Yo me enamoré realmente de Onésimo por sus cartas. Tuvimos un noviazgo en el que él tenía muchísimo trabajo con el sindicato. Viajaba sin parar y las cartas que me escribía eran literariamente tan bonitas... Una manera de expresar el amor y la bondad... Porque él era una persona muy virtuosa en todos los sentidos y, además, era apuesto, algo que siempre gusta a una mujer. Yo tenía 18 años y tampoco estaba mal.

Nos casamos el 11 de febrero de 1931 y el 10 de agosto de 1932 se produjo el movimiento militar de Sanjurjo. A Onésimo le vinieron a buscar y le dijeron: «Vete de España, porque van a venir a matarte». Él no había formado parte del movimiento, porque no era militar, pero sí era simpatizante. Se marchó a Portugal, a Curía, y, poco después, fui yo. Hasta que me marché estuve viviendo ocho días en una finca de los Calero. Era una finca de secano a la que se accedía por un camino de tierra. Si venía un automóvil, levantaba mucho polvo y se veía de lejos. Entonces me escondían en la buhardilla.

Cuando llegué a Portugal, los jesuitas nos dejaron una de sus habitaciones. Onésimo era abogado, pero esos días sólo cobraba lo poco que le llegaba del sindicato remolachero. Bueno, también tenía lo del bastanteo que hacía para el banco de su hermano, consistía en hacer una valoración del patrimonio de la gente que moría. Se pagaba muy poco, pero bueno, también la vida era distinta y éramos jóvenes.

Yo estaba siempre regateando con las portuguesas. «Un coello, que era un conejo, tres escudos». Y yo les decía: «¡Con uno y medio tienen de sobra!» Esos años salió mucha gente de Madrid por miedo. Era gente de dinero que vivía en el hotel de Estoril a todo lujo. Nosotros vivimos primero en el hotel Londres gracias a las rentas de mi patrimonio, pero al poco tiempo, ya no podíamos gastar tanto y nos fuimos a una pensión muy buena. Los portugueses son muy respetuosos con quienes tienen una carrera universitaria. El doctor Onésimo era para ellos una persona importante. Le llamaban el Señor Doctore. Íbamos a tener una niña, mi hija, que tiene ya setenta años, la actual condesa de Labajos. Nació en una pensión y, además, con fórceps y sin ninguna anestesia, ¡y con un cuarto de baño que tenía que compartir con alguno de los otros señores de allí! He pasado muchas cosas. ¡Y que todavía la gente me criticase después por casarme de nuevo!

Onésimo murió el 24 de julio en el pueblo de Labajos. Lo mataron una semana después de producirse el alzamiento militar. Yo creo que fue una cosa preparada. No sé. Hay un gran misterio alrededor de esto. No se sabe si hasta lo asesinó alguien casi nuestro... Es una barbaridad decir esto, pero José Antonio estaba en la cárcel, había cierta rivalidad entre las JONS y La Falange, y la verdad es que Onésimo el día anterior había ido y vuelto sin tener ningún problema. Iba al Alto del León a dar ánimo a los combatientes falangistas. Fue en coche con su escolta, bueno, con un chico, porque a él no le gustaba llevar escolta, con el conductor, que era un íntimo amigo, y con su hermano Andrés Redondo, que luego lo sustituyó como jefe de La Falange. Ellos tres se salvaron, se metieron por los trigos y pudieron escapar. Pero él no, porque, además, les hizo frente.

Sucedió así: Al llegar a Labajos les pararon unos individuos que iban en un camión vestidos con camisas azules. Dijeron que eran de la columna de Mangada, pero la verdad es que no se sabe quienes eran. Se detuvieron, porque el camión de los milicianos estaba atravesado en la carretera, de manera que el coche no podía continuar. Entonces empezaron a pegarles tiros.

«¡Al de los cordones! ¡Al de los cordones!», gritaban. Lo decían por Onésimo, que llevaba cordones. Primero le hirieron en las piernas y cayó. Desde el suelo, les decía a sus asesinos: «Estáis confundidos, yo no vengo en contra vuestra. Yo vengo a liberaros de muchas cosas que no son justas. Jamás mataré a un hombre con alpargatas». Eso lo decía siempre, porque la alpargata era el calzado habitual de la gente más humilde. Entonces dijeron: «Dale en la cabeza». Y lo remataron. Lo dejaron tirado en el suelo, cubierto de sangre. La vida es así. Hacía tres días que había salido de la cárcel de Ávila.

Me quedé viuda con 25 años. ¡Era una niña! Y con tres hijos. Había tenido ya un aborto y cuando me enteré de que lo habían matado perdí también el hijo que esperaba. De manera que tuve cinco embarazos en cinco años y medio y, además, otra vez estaba sola. O sea que la guerra, para mí, tuvo siete días de felicidad. ¡Qué poco me duró la felicidad! En esos primeros días pensábamos que la guerra iba a durar una semana o una batalla, poco. Jamás pensamos en una guerra civil. Yo enseguida me puse a trabajar. Como creíamos que sería una cosa breve, al Auxilio Social le pusimos el nombre de Auxilio de Invierno. Javier Martínez de Bedoya era ya mi más estrecho colaborador, pero no éramos novios ni nada. Viví los tres años de guerra dedicada en cuerpo y alma a Auxilio Social. Después de la guerra, en el año 1939, me casé por segunda vez con Javier. Yo tenía ya 29 años. Mi boda fue muy criticada, porque yo entonces era la viuda de un héroe. En aquel momento, a Onésimo se le consideraba un héroe con una gran exaltación y con un gran reconocimiento. Sin embargo, hoy ya casi nadie sabe quién es Onésimo Redondo.

Javier era un discípulo de Onésimo. Trabajábamos juntos y nos enamoramos. Tenía un año menos que yo y cinco menos que Onésimo; era mucho más joven. He sido felicísima con él. Hemos cumplido cincuenta años de matrimonio, que ya es raro. Era hijo de un notario y cuando le dijo a su padre: «Mira, me voy a casar con Mercedes», él le dijo: «Ya sabes lo que queremos a Mercedes en esta casa, la queremos muchísimo, pero piensa, hijo mío, que tiene tres hijos, y te quedas con una carga grande». Él dijo: «Eso es precisamente lo que me lleva al matrimonio. Quiero ser el padre de los hijos de Onésimo. La persona que más he querido en este mundo y que más admiro».

El 30 de octubre de 1936 se inauguraron ocho comedores de Auxilio de Invierno. Era tal la fe que se tenía en la guerra y tan grande el deseo de liberarnos del comunismo, que la gente no es que respondiese con toda su alma, respondía con todo su corazón, con toda su mente y con todo. Así es más fácil hacer las cosas. Recibí ayudas y colaboración de todo el mundo. Mi única enemiga, porque fuimos un poco enemigas, fue Pilar Primo de Rivera. Son pequeñas cosas que hay en la vida. Nos queríamos mucho, pero tuvimos problemas porque ella era muy absorbente y yo era mujer y tenía el Auxilio Social y ella quería que todo lo que hiciese una mujer le perteneciera y eso no era así. Yo siempre digo que era más inteligente de lo que parecía. No era tonta y estaba preparada. Era la hija de un dictador y en su casa no se respiraba precisamente un ambiente analfabeto, sino todo lo contrario. Pero era mucho menos humilde de lo que la gente creía porque la veían vestida, no mal, descuidada. Yo consideraba que la mujer debía ser siempre femenina, pero ella no. Tenía un poco de calva la pobrecilla, pero no era tan fea. No era ni tan tonta ni tan humilde. Era descuidada. Es una cuestión de coquetería.

Dicen que yo copié el Auxilio Social de Alemania. Mi idea original fue dar de comer a los niños de España. Yo no había estado nunca en Alemania, y, además, como se puede comprender, de julio a octubre no me moví prácticamente de Valladolid. ¡Si no se podía pasar! ¡Estábamos prácticamente en guerra mundial! Surgió de una manera espontánea. Yo pensaba: «¿Cómo vamos a permitir que los niños pasen hambre?» Pasaban hambre sencillamente porque sus padres habían sido rojos y estaban en la cárcel o porque sus padres habían muerto en el frente. Lo merecieran o no, así era. Entonces pensé: «¿Quién llevará el pan a esos hogares? Nosotros tenemos que sustituir esto por algo que ayude a estos niños a comer». Para mí, entre los niños no hay rojos, ni blancos, ni azules, ni morados. Para mí, el niño es el niño, sea de la clase que sea, y lo mismo me da que proceda de una familia anarquista, que su padre esté en la cárcel o que haya muerto en el frente. Más motivo para darle de comer. Entonces se nos ocurrió la idea de las huchas. Eso sí fue por imitación. Javier lo había visto en Alemania y se le ocurrió copiarlo. En nuestras huchas ponía «Auxilio Social» con unas letras que nos había hecho un dibujante alemán. Parece una bobada, pero era importante que estuvieran bien diseñadas, con un emblema que se viera bien y que la gente reconociera. Hoy esto está a la vista de todos pero entonces todavía no. Con esto se recaudó mucho, pero no era suficiente, de modo que creamos «la ficha azul», una especie de suscripción que te pasa el banco y no te das ni cuenta. Con eso, poquito a poco, se hace mucho. Luego, además, tuve una importantísima ayuda del exterior. Eso sí que lo monté yo, con Carmen de Icaza.

Carmen de Icaza, era mayor que yo y guapísima. Era hija de un embajador mexicano que se había casado con una española, una mujer muy rica y muy guapa, que dicen que fue el amor de Alfonso XII. Conocía a muchísima gente; había vivido en Alemania siendo su padre embajador. Hablaba muy bien el alemán y el inglés. Yo dominaba el francés. Con ella organicé los Comités de Ayuda a Auxilio Social. Uno de los comités estaba presidido por la reina Victoria Eugenia, que vivía en Londres. La finalidad de esto era que la gente del extranjero colaborara, porque en aquella época nuestra guerra era una de las cosas más importantes que estaban pasando en el mundo, de manera que si se organizaba un garden party o una obra de teatro, se hacía a beneficio de Auxilio Social. También se hacían rifas presididas por personas importantes, que son las que tienen amistades, lo lógico. También me ayudaron mucho los cuáqueros. Son una especie de religión que no son ni católicos ni judíos, pero son amigos de la humanidad, de los necesitados. Son muy generosos. Sólo nos pusieron una condición: que la misma ayuda que diesen para la zona nacional la querían hacer para la zona roja. A mí me pareció bien. Para mí todos eran españoles. Entonces, de cada barco que llegaba a Alicante, la mitad era para Auxilio Social y la otra mitad para la zona roja. A medida que se iba extendiendo la zona nacional, nos correspondía una proporción mayor de lo enviado. Esto no fue cualquier cosa. Tuvimos barcos enteros, ¡barcos! Es bonito y también es historia.

Una cosa verdaderamente tremenda fue encontrarme con muchas niñas y jóvenes que se habían quedado embarazadas de los soldados. Unos serían de la parte nacional y otros de la parte roja, daba lo mismo. Entonces hicimos una maternidad. Con esto también tuve problemas con Pilar Primo de Rivera. En aquel momento eso de ser madre soltera estaba bastante mal visto. Los conventos y las instituciones religiosas, de las que también sufrí muchas críticas, no las acogían porque no tenían fondos, y por otros motivos. Entonces, estas mujeres venían a mí, y Pilar se indignaba. Yo le decía: «Piensa que tú eres soltera y que no has pasado por la experiencia de tener hijos. ¡Que yo he tenido cuatro, hija mía! Y entonces, una chica de este tipo, cuando se acerca a mí, me habla, o yo le puedo hablar, de una manera que tú no puedes: primero, porque algunas cosas las desconoces y, segundo, porque hasta te da cierto pudor. En mí confían de una manera más amplia, así que tenemos que poner esa maternidad». Yo creo que llegó a comprenderlo. Pilar sólo me llevaba dos años, pero no era cuestión de la edad. Eran mi experiencia y la suya, que era nula. Yo era una mujer muy moderna para mi época, quizás porque mi formación era francesa y Francia siempre ha ido un paso por delante.

Cuando terminó la guerra en el año 39 me casé y, a los diez meses, tuve otra hija, de manera que para mí la vida cambió totalmente. No obstante me han seguido ocurriendo cosas interesantes y he seguido conociendo a mucha gente.

Al acabar la guerra, Franco se encontró con una España deshecha, quemada por todas partes, y lo primero que tuvo que hacer fue reparar las vías de comunicación, los edificios y dar de comer a la gente. Tuvimos ayudas, claro. Una de ellas de Argentina. Vino Eva Perón y me encargaron atenderla todo el tiempo que estuviera en España. Era una mujer interesante. Era fuerte, orgullosa de haber triunfado, porque no cabe duda de que triunfó y, claro, como había sido vedette, tenía cierta coquetería. Hacía preguntas interesantes. Me acuerdo que me dijo: «¿Usted qué cree: Es mayor la mortalidad entre los hijos de las mujeres que trabajan, o entre los de las que no trabajan?»

La guerra fue absolutamente inevitable. Toda Asturias estaba armada, pero armada en milicias organizadas. Y Rusia quería apoderarse de España. La prueba es que sin la ayuda de Rusia la guerra no hubiera durado ni un mes. Lo que me da pena de la juventud actual es que no pueda comprender la Guerra Civil. No era, ni mucho menos, un deseo de ir unos socialistas frente a unos falangistas... No era eso. La Guerra Civil fue una estrategia, sobre todo de Rusia, que entonces era la gran potencia, para apoderarse del Mediterráneo. Nosotros hicimos la guerra para que España no fuese una Albania. Para eso la hicimos. Los que nos levantamos lo veíamos así. La fe, el entusiasmo y el horror de entrar en el comunismo hicieron milagros. Se ganan muchas batallas por amor y por decisión.

Al acabar la guerra quedó una simiente comunista. Franco debió estar tres o cuatro años más, hasta consolidar una democracia, y luego debió marcharse. Quizás el poder hace más que la ambición. Era un hombre honrado, pero no cabe duda de que le pudo el poder.

Publicado en El Mundo