Cita obligada: Valladolid 13 de abril
Ernesto Milá: Guerra revolucionaria y fuerzas armadas (1978)
La Constitución surgida de un largo proceso de discusiones, debates, consensos y sobresaltos otorga a las Fuerzas Armadas la "defensa del orden institucional", lo que traducido quiere decir que el Ejército y los demás cuerpos quedan encargados de batirse en nombre de la democracia, a favor del partido mayoritario en ese momento.
No cabe la menor duda que en los próximos meses las Fuerzas Armadas se van a ver sometidas a distintos procesos de recomposición, no sólo estructurales, sino también mentales. Es por eso que los militantes del Frente Nacional de la Juventud, patriotas conscientes que luchan por una tercera vía entre el socialismo burocrático y el capitalismo liberal, creen necesario analizar el papel de las FFAA en la sociedad moderna y las contradicciones existentes entre la democracia y los cuerpos armados.
Lo que en el espectro político se ha dado en llamar "extrema derecha" (calificativo que nosotros rechazamos al no estar dispuestos a realizar ninguna concesión a la terminología demo parlamentaria) suele ser muy aficionada a gritar ¡Ejército al Poder!, este grito, cuando es inmediato tiende a reflejar la miopía y la ignorancia político ideológica de quienes lo utilizan. Para el FNJ para nuestros jóvenes militantes, no se trata de halagar a las FFAA, tampoco de instarles a que se encarguen de un poder administrativo para el cual no han sido creados, ni están en condiciones de ejercitarlo; para nuestros militantes se trata de reflexionar sobre la historia, la misión y la ideología militar y extraer conclusiones operativas que incluir en los planteamientos globales que se hacen en el FNJ.
De los debates y discusiones fomentadas en la base de nuestro partido de juventudes a partir del artículo publicado en nuestro portavoz (PATRIA Y LIBERTAD", Nº 6, titulado "DEMOCRACIA Y FFAA’), la dirección política del FNJ ha extraído las siguientes conclusiones.
Lenin dijo textualmente que "la lucha política es la continuación de la guerra por otros medios". Penetrar en la aparente contradicción de esta conocida frase representa empezar a comprender la importancia de las FFAA en la política moderna.
En efecto, la lucha política puede asemejarse perfectamente a una guerra convencional: no hay un terreno geográfico a conquistar, pero sí hay un territorio humano, la población, cuya conquista decidirá quién debe ostentar el poder (siempre aún en las dictaduras más feroces y criminales el afán de quienes detentan el poder es demosri,ar que cuentan con apoyo y respaldo popular, de ahí que digamos: el acceso al poder pasa por la conquista de la población), no hay aviación, ni tanques, ni bombas, pero sí en cambio actúan partidos, organizaciones de masas, organizaciones de pantalla, grupos de presión, no existen frentes de lucha, pero sí sondeos de opinión, elecciones, etc. Por último si la lucha tiende no sólo a disputar la gestión del poder a otro partido, si no a cambiar las estructuras mismas del poder mediante la vía revolucionaria (conforme al orden natural, o su restablecimiento contra la democracia y el marxismo) o subversiva (contra el orden natural) al asalto del poder, en su última fase, puede representar caracteres de violencia casi necesarios.
Pocas veces un orden corrompido o en buena salud ha sido desalojado del poder sin un, al menos, conato de guerra. Así pues, podemos dividir la lucha política en dos fases: aproximación al poder (de carácter esencialmente político) y conquista del poder y ejercicio del mismo (de carácter político militar). De ahí que un movimiento político que pretenda un cambio de estructuras, costumbres y mentalidad precise tener en potencia esta doble característica: la política y la militar y, de ahí, también en definitiva, que la política sea la continuación de la guerra por otros medios.
En la práctica esto se ha traducido de la siguiente forma: junto a los soviets de carácter político, Lenin, por obra de Trotsky, constituía los destacamentos del Ejército Rojo; o si queremos un ejemplo actual, el GRAPO, organización marxista leninista típica no es más que la rama "militar" de un movimiento "político" el PCE(r) y también ETA (m) es el ’Trente armado" de la Coordinadora de Socialistas Patriotas, KAS, mientras que ETA (pm) ve en ElA. (Partido de los Patriotas Revolucionalios) su "rama política".
Los grupos de izquierda, conscientes de esta teoría no dudan en, frente a lo que ellos califican de "eJércitos burgueses", "fuerzas armadas reaccionarias al servicio de los intereses del gran capital", etc., constituir sus propios embriones de ’Tuerzas armadas": durante la clandestinidad del Partido Comunista de Portugal, tan civilizado e "independiente" como el español, constituyó unas fuerzas armadas autotituladas "Acción Revolucionaria Armada"; el MPAJAC por su lado da el nombre a su frente militar de "Fuerzas Armadas Guanches" y la terminología utilizada por ETA respecto a sus militantes revela el carácter de "eJército paralelo" que desea tener esta organización...
Quienes hoy en España tienen y mantienen el poder desean utilizar a las FFAA como la salvaguardia de sus intereses mediante la asignación en el texto constitucional de la "Defensa del orden institucional". Por su parte aquellos que desean derribar el poder constituyen sus propias FFAA_ Tal es la importancia que unos y otros otorgan a las "sociedades militares"

Quizá la única diferencia entre unos y otros radique en que los primeros quieren un "eJército apolítico", mientras que los otros pretenden unas FFAA domesticadas al servicio de sus proyectos.
Nosotros no defendemos evidentemente ninguna de las dos opciones (y a medida que profundicemos en nuestro estudio iremos viendo por qué) nuestra concepción del papel de las FFAA es mucho más amplio y parte del hecho de que en las sociedades modernas los distintos organismos son interdependientes entre si, concepto este en el que demos detenemos un momento.
FF.AA. Y SOCIEDAD DEMOCRÁTICA
Una sociedad cumple las funciones para las que ha sido creada en el momento en que los organismos, grupos de base, comunidades y corporaciones en los que está dividida interiormente están todos provistos de una misma ideología, o si se quiere, de una misma concepción del mundo libremente asumida por todos. Por ejemplo: en el mundo socialista, la enseñanza es socialista, la medicina es socialista, se tiende a una "realismo socialista" en el dominio del arte y de la cultura y a que las FFAA tengan una ideología socialista e inculquen a los reclutas una "mentalidad socialista". Examinando cualquier otro tipo de sociedad se ve que se produce el mismo fenómeno. En el momento en que uno de los grupos o comunidades de base adopta una nueva línea de pensamiento no asumida por el conjunto global de la sociedad se empiezan a producir tensiones y desgarrones que, o bien terminan con la estabilidad de esta sociedad, o bien producen descompensaciones internas o incluso puede llegarse a la desintegración total de esa sociedad, a que sus organismos de defensa sean capaces de erradicar la "disidencia", integrándola o eliminándola simplemente.
Cuando Allende alcanzó el poder en Chile intentó llevar una política socialista en un país en el que ni siquiera existía una mentalidad socialista arraigada ni las posibilidades de que los grupos sociales mayoritariamente abrazaran el socialismo como causa justa. In-mediatamente se empezaron a producir fricciones y enfrentamientos hasta que, por fin, las FFAA, amparadas en una gran mayoría de la población, dieron el carpetazo definitivo a la situación resolviendo las contradicciones de la sociedad chilena al menos parcial y temporalmente.
Visto esto podemos enunciar una tesis de importancia decisiva, a saber QUE SOCIEDAD DEMOCRÁTICA Y FUERZAS ARMADAS ESTAN ÍNTIMAMENTE EN CONTRADICCIÓN, QUE LOS PRIN CIPIOS DE UNA, SUS IDEOLOGIAS Y SUS VISIONES DEL MUNDO, ENTRAN EN CONTRADICCIÓN, ESTÁN COMPLETAMENTE ENFRENTADOS Y SON IDEAL Y FORMALMENTE INCOMPATIBLES.
En efecto: basta analizar los principios, los "inmortales principios" de las democracias con aquellos otros que siempre han sido connaturales y tradicionales a las FFAA y se verá que su coexistencia es imposible. Allí en donde las fuerzas armadas hablan de "jerarquía", la democracia liberal responde "igualdad" (es decir nivelación), allí en donde unos dicen "responsabilidad", "mando", los otros responden "laissez faire", cuando unos hablan de honor y lealtad, de sacrificio de disciplina, los otros hablan de una libertad entendida como la capacidad de hacer lo que uno quiera, y añaden, "mientras no estorbe la libertad de mi prójimo" (el cual también considera que debe de hacer lo que le dé la gana ... ), allí en donde unos hablan de "estilo" los otros responden con "derecho al voto", cuando unos piensan en la "unidad", los otros están pensando en términos de partitocracia, de división, cuando la ideología militar defiende el heroísmo y el sacrificio y enseña en las academias que el honor de un guerrero es su lealtad y que para cumplir esto puede llegar el sacrificio supremo y al heroísmo, la democracia responde con los valores del comerciante: seguridad, no arriesgar nunca nada, luchar por dinero... el egoísmo burgués, el afán de lucro, de usura y de beneficios cada vez mayores... para qué seguir: cualquier parecido entre uno y otro tipo de concepciones es pura coincidencia.
Por todo esto no podemos más que sonreír cuando el presidente de la Comisión de Defensa del Congreso y socialista marxista, Múgica Herzog, habla de temas tan absurdos como 1a “democratización de las FFAA”, democratizar las FFAA sería algo así como conseguir círculos triangulares. Tampoco el franquismo se salva de esta crítica: si hoy se habla de "democratizar las FFAA" ayer con Franco vivo, se hablaba del "ejército apolítico" otra entelequia no menos nefasta.
Precisamente la ideología del "ejército apolítico" es una de las principales causas del caos actual: del concepto que se divulgaba en vida de Franco al que se divulga hoy no existe más que un paso, es más, ambas líneas se encuentran perfectamente concatenadas; diríamos que representan distintos grados de una decadencia: para que un Ejército que se alzó un 18 de Julio de 1936 al servicio de una idea de Patria y con unas concepciones político ideológicas muy precisas, se pasase a un "ejército defensor de un orden institucional democrático", había que pasar por una fase intermedia de adaptación en la que lo dominante era la apolitización total y para siempre.
La contradicción existente entre "Estado democrático" y FFAA no puede redundar sino en detrimento de una de las dos instituciones que, progresivamente, va erosionando a la otra... Nosotros defendemos la tesis según la cual, como hemos expuesto, ambas estructuras así concebidas son incompatibles y la realidad de los hechos avala esta teoría.
¿Cómo los jóvenes a los que en las clases de "educación política" se les inculcan los "inmortales principio? liberales pueden, al cabo de pocos años servir en filas de un ejército sin hacerlo descontentos y a regañadientes? Durante años se les ha hablado de "libertad" y no pueden comprender el motivo de la disciplina, se les ha inculcado la aberrante noción de "igualdad" y es imposible que comprendan la "jerarquía", el "mando".
No es raro que en todos los Estados democráticos en el momento presente florezcan organizaciones de soldados que pretenden luchar por "reivindicaciones" y "derechos" y no es raro porque, generalmente vertebrados por organizaciones socialistas, comunistas e izquierdistas, estos militantes pretenden hacer bajo el uniforme aquello que siempre han hecho en la vida civil, ¿no les han dicho que el ejército es salvaguarda de la democracia? Es lógico pues que luchen por unos derechos y libertades democráticos.
En España la Unión Democrática de Soldados cumple esta función. Inicialmente vertebrada por el PTE, poco a poco ha ido recogien-do el favor de toda la extrema izquierda, especialmente de los grupos trotskistas y maoístas moderados y también, atención al dato, de las Juventudes Socialistas, rama juvenil del PSOE. El señor Múgica prefiere ignorar este hecho... La extensión de la UDS. Está progresivamente en aumento apoyada fuera de los cuarteles por los militantes de las organizaciones marxistas, provista de medios económicos ¡limitados han inundado de propaganda los aledaños de campamentos y cuarteles, sus pintadas rodean los edificios militares e incluso en los interiores aparecen pegatinas e inscripciones a rotulador... Como se puede prever es un cáncer que está en aumento. Es posible que las FFAA decidan reprimirlo hasta eliminarlo: en este caso es fácilmente previsible la ola de solidaridades que se desataría...
Pero, se suele argumentar en contra: existen en Europa viejas democracias que, a pesar de este conflicto, siguen existiendo, es más, que vencieron en la II Guerra Mundial... Este argumento es fácilmente desmontable y las contradicciones no estallan inmediatamente, sino que van acumulando un explosivo que tardará más o menos tiempo en ponerse de manifiesto pero que indudablemente se pondrá de manifiesto. Por ejemplo: el Ejército norteamericano venció en Corea y sin embargo pocos años después fue estrepitosamente derrotado en Vietnam. Claro que se daban diferentes condiciones políticas, estratégicas, otro clima y otro enemigo, pero sería absurdo no ver en la progresiva degeneración de la juventud norteamericana en la propaganda anti-belicista un factor determinante de la derrota. Los marines norteamericanos aparecían drogados por las calles de Saigón, muchos de ellos se convirtieron en drogadictos a partir de su estancia en las FFAA, la homosexualidad irrumpió con inusitada fuerza (1) y la pro-paganda antibelicista en la retaguardia iba socavando poco a poco la moral del frente... el resultado es el que todos conocemos.
En el Reino Unido la situación no es mucho mejor: un ejército en régimen de voluntariado en el cual los reclutas después de oir hablar de las "glorias imperiales" son enviados a servir como Fuerzas de Orden Público al Uster. Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y los países Nórdicos presentan situaciones similares: los intentos de sindicación en el interior de los cuarteles se ha consumado con éxito, los oficiales deben consultar antes con el "sindicato de soldados" para pulsar la opinión de la tropa. En Francia e Italia se ha intentado poner coto a estos desmanes, pero la situación en los países nórdicos y Alemania ha llegado al límite. Como se puede comprobar la supuesta "compatibilidad" ha estallado.. .
Sería inútil no reconocer un "factor subjetivo" que ha tendido a desintegrar a los ejércitos occidentales. Ese factor tiene un nombre: la subversión, y un objetivo: servir a la política expansionista de la URSS. Ahora bien ningún factor subjetivo puede operar con garantías de éxito sino es sobre unas "condiciones objetivas" ya creadas. Por eso, cuando el FNJ habla de que el "capitalismo liberal y democrático es la antesala del marxismo" no hace sino traducir a lo universal una verdad que se puede aplicar a cada caso concreto: gracias al factor objetivo, la incompatibilidad entre democracia y sociedad militar, la subversión, el factor subjetivo, encuentra una cuña sobre la que cebarse.
En 1973 se produjo un fenómeno importante para el desarrollo de la política mundial: la "vía chilena al socialismo" fue abortada por un golpe de Estado cuyas características debemos examinar fríamente:
- El golpe de Estado militar no fue un mero pronunciamiento, revistió característica de un "alzamiento nacional". ¿Cómo se había llegado a esta situación límite? El camino había sido largo.
- Una semana antes de la subida de Allende al poder un grupo que apenas llegaba al centenar de jóvenes, decepcionados todos ellos por la línea capitulacionista de la Democracia Cristiana y el reaccionarismo del partido nacionalista daban vida a una formación política: "Patria y Libertad".
- La primera tarea de "PyL" fue recuperar la iniciativa en las aulas, posteriormente en los gremios y más tarde en la calle (elecciones universitarias en las que triunfaron los candidatos nacionalistas, huelgas mineras y de los gremios, especialmente de transportistas, y de la "Papelera" negándose a su nacionalización, y manifestaciones de mujeres, recuérdese la manifestación de las cacerolas o de las ollas vacías).
- Una vez recuperada la iniciativa y realizada una tarea de captación e incorporación de mandos militares al movimiento se comprobó que un pronunciamiento militar no haría sino traducir las aspiraciones de parte de la población. Fue en ese momento cuando se empezó a pensar en términos "golpistas".
- El golpe militar no tenía como función edificar una "dictadura" per se, sino derribar a un gobierno que, como el allendista, estaba sumiendo en una profunda crisis a Chile y persiguiendo muy duramente a los patriotas, especialmente a los jóvenes revolucionarios de "Patria y Libertad".
El síntesis al golpe militar, mejor dicho al golpe político militar representó para subversión internacional un retroceso y al mismo tiempo una enseñanza: la "vía chilena al socialismo", lo que en nuestro continente se llama "eurocomunismo", tenía un talón de Aquiles: las FFAA. Y la subversión llegó a una conclusión: había que iniciar una penetración capilar en las FFAA tal, que las inutilizase como organismo de respuesta. Fue a partir de este momento cuando se inició la penetración sistemática en las FFAA grupos más o menos seguidistas con respecto a la política de los Partidos comunistas (con el fin de no ensuciar su "buen nombre") fueron encargados de estas tareas: el PSU en Francia, los grupos vinculados a Lotta Continua y “Il Manifesto" en Italia, y en España principalmente el PTE que, como se ha dicho, opera a través de su "Unión de Soldados y Marineros demócratas"...
Es más, la estrategia del "eurocomunismo" hay que encajarla dentro de este contexto contra las FFAA: el "eurocomunismo" representa un cambio en la estrategia subversiva en los países de capitalismo avanzado. Como fuera que estos países las estructuras del Estados son muy fuertes y para los partidos comunistas existe, momentáneamente una imposibilidad manifiesta de llegar al poder mediante un "asalto frontal", es preciso pasar a la "guerra de posiciones" es decir aquella en la que el asaltante procura ir conquistando poco a poco los resortes vitales de las defensas enemigas. Traducido a términos de sociedad estos resortes vitales son hoy: los canales de información, los canales educativos, las FFAA... Y es precisamente en estos puntos en los que se concentra la ofensiva "eurocomunista".
La preparación "eurocomunista" de la sociedad camina a paso lento pero seguro. El "eurocomunismo" no tiene prisa. Contra más tiempo afiance su penetración más profundo habrá penetrado el cáncer. Así, mientras por una parte sus diputados y senadores, junto a los socialistas hacen votos celebrando la neutralidad de las FFAA, por otro lado fomentan un visible clima anti militarista y basta observar las publicaciones de las Juventudes Socialistas o los números atrasados de "Horizonte", órgano de la UJCE (que no publica desde hace tiempo por discrepancias de la redacción con la "cautela" eurocomunista) para ver hasta qué punto sus boletines y periódicos entran en contraste con lo que afirman pensar sus diputados y senadores.
CONCEPCIÓN GUERRERA DE LA VIDA
¿Vamos también nosotros a gritar "Ejército al poder”? ¿Por qué el FNJ ha decidido dedicar un "Cuaderno de Patria y Libertad" a las FFAA y a su problemática actual?
Nosotros no somos los que gritan consignas carentes de sentido e inaplicables. Nuestros análisis políticos no demuestran la inviabilidad presente de un pronunciamiento militar y esto por dos razones:
• no existe un movimiento político de carácter patriótico y nacionalista lo suficientemente implantado como para que sirviera de eventual "base social" a un pronunciamiento militar.
• no existe una opinión generalizada en las fuerzas armadas favorable a una intervención golpista.
por tanto calentarse la cabeza elucubrando golpes de Estado representan una muestra más de irrealidad política de algunos sectores de la extrema derecha clásica. Nosotros ni hemos gritado, ni vamos a gritar jamás "eJército al poder". Esta consigna no lo soluciona todo, es más, no soluciona nada...
Ahora bien: una cosa es evidente, que aquellas cualidades que hoy son típicamente militares son precisamente las que nosotros proponemos como características de un ciudadano dentro de un Orden Nuevo.

Nuestra tesis en esta ocasión es:
OCCIDENTE AFRONTA HOY UNA CRISIS DE VALORES E IDEALES, EL MATERIALISMO SEA DE TINTE MARXISTA O CON COLORACIÓN LIBERAL LO INVADE TODO, POR OTRA PARTE, LA EXPLOSIÓN DEMOGRÁFICA, LOS PROBLEMAS DE LA SUPERPOBLACIÓN, ETC. Y SOBRE TODO LA CONCEPCIÓN ORGÁNICA DE LA SOCIEDAD QUE DEFENDEMOS Y PROPUGNAMOS NOS IMPULSAN A VER EN LAS VIRTUDES MILITARES LA ÚNICA REFERENCIA POSITIVA EN LA HORA PRESENTE Y A CONSIDERAR SU NECESARIA EXTENSIÓN A TODA LA POBLACIÓN.
La jerarquía, las relaciones de mando y de obediencia, los sentimientos de honor y lealtad, el valor, ciertas formas de impersonalidad que pueden ir hasta el sacrificio anónimo, relaciones claras y abiertas de hombre a hombre, de camarada a camarada, de jefe a subordinado, tales son los valores característicos de las FF.AA. que deben iluminar también a las "sociedades civiles". Solo armados con estos valores una pequeña minoría puede sobrevivir y ser beligerante contra el peso muerto de las masas en el momento actual, pero también sólo unas masas un pueblo agrupado como un imán en torno a estos valores puede hacer frente a un futuro cada vez mas sombrío.
De ahí que hayamos considerado necesario realizar precisiones en tomo a las FFAA, a la democracia. Pero todavía queremos ser más explícitos y representar el papel de las FFAA dentro de una concepción orgánica y global de la sociedad.
Para las democracias modernas el elemento primordial de la sociedad es el burgués, la vida burguesa en tiempo de paz dominada por las preocupaciones de seguridad fisica, bienestar y prosperidad material. Según esta concepción es el burgués quien debe gobernar el Estado. En el momento en que se producen problemas internacionales o trastornos internos es cuando se echa mano de un ejército que queda relegado a un papel secundario, como un simple instrumento que no debe ingerirse ni ejercer ninguna influencia en la vida colectiva y si bien se reconoce en el "milita?’ una ética propia, el "elemento guerrero" pasa a un plano secundario, es más deberíamos hablar con propiedad de "soldados" cuyo sentido original es aquel que ejerce el oficio de las armas por un salario ("solde" o "sueldo" de donde etimológicamente procede la palabra "soldado").
Al "soldado" comprendido en este sentido, se oponía el guerrero, miembro de la aristocracia feudal, que constituía el núcleo central de una organización social correspondiente y no estaba al servicio de una clase burguesa. En el momento en que el "tercer estado" llegó al poder gracias a la revolución francesa de 1789 el ejército asume una nueva ffinción: es una especie de policía destinada a defender la paz, es decir, en el mejor de los casos a defender la vida placentera de las naciones. En Inglaterra, durante la época victoriana y hasta la fecha las FFAA no asumen otro papel más que el de servir de instrumento que imponga una hegemonía económica (para «la compañía de Indias») asegurar mercados y primeras materias: es el "soldado" al servicio del «burgués" en su función específica de mercader...
La concepción democrática no admite que la clase política tenga un carácter y una estructura militares; esto sería a sus ojos el peor de los "militarismos". Son los burgueses en tanto que políticos y representantes de una mayoría, gobernar la "res publica" y como se sabe a menudo esta clase de dirigentes, a su vez, se encuentra prácticamente al servicio de intereses y grupos económicos, financieros, sindicales o industriales.
Frente a todo esto se opone aquella verdad que reconoce los derechos superiores de una CONCEPCIÓN GUERRERA DE LA VIDA, con la espiritualidad, valores y una ética que le son propias, y extensibles a toda la sociedad hoy.
Una concepción tradicional y orgánica de la Historia que interprete la vida como una lucha permanente entre potencias metafísicas: fuerzas que no podemos llamar "uranias", de la luz y el orden. Esta lucha se da en todos los niveles: tanto fuera como dentro del hombre, en la persona, en la sociedad y en el cosmos, en el macrocosmos y en el microcosmos. En nuestra concepción tradicional el hombre debe llevar y ganar esta lucha en ambos planos, interior y exterior. El triunfo del hombre con la dominación de las fuerzas telúricas constituye la "pax triunfalis".
La idea guerrera se una a una ascesis, a una disciplina interna y a un control del yo, que se encuentran presentes en las mejores tradiciones guerreras y que todavía subsisten en Occidente sobre el plano militar estricto sensu. La formación, consciente y constante, del ser interior y del comportamiento y el carácter, el gusto por la jerarquía y el orden, la facultad de subordinar el elemento pasional e individualista del ego a principios y fines superiores, especialmente bajo el signo del honor y del deber, son elementos esenciales de esta idea y el fundamento de un "estilo" preciso que fue a perderse en gran parte en el momento en que Estados considerados como "militaristas" fueron sustituidos por democracias nacionalistas en las que el DEBER del servicio militar remplazó al DERECHO a las armas.

Hoy más que nunca ese estilo guerrero debe estar presente en los militantes del FNJ. Estilo guerrero porque no es posible la paz con una sociedad hipermaterializada, en la que la alienación y la estupidez generalizada de los usos y de las costumbres rivalizan en castrar mentalmente al hombre. Estilo guerrero porque no queremos definirnos como un partido más, sino como un movimiento, mejor aún, como una orden de creyentes y de combatientes. Estilo guerrero porque entre la "pax triunfális" de un nuevo orden individual y colectivo y el caos generalizado de los tiempos modernos no hay mas término medio que la trayectoria de una larga marcha siempre adelante, sin concesiones ni renuncias: manteniendo siempre la flexibilidad de la práctica política y la intransigencia de la ideología. Estilo guerrero en el FNJ porque cuando hablamos de honor y lealtad, de disciplina y sacrificio, de deber y responsabilidades, de valor y heroísmo, de jerarquía y mando no lo hacemos en abstracto sino que tendemos a ser nosotros mismos los portadores de estos valores, patrimonio de de nuestra cultura y legado de la tradición irunemorial de nuestra raza. Estilo guerrero porque desdeñamos la vida cómoda porque tenemos una concepción superior de la vida, porque no luchamos por ventajas materiales sino por una trayectoria ascendente como hombres, estilo guerrero porque amamos el riesgo, estilo guerrero porque no tenemos más arma que la inexorabilidad de la idea contra la demagogia y la retorica del falso idealismo. Estilo guerrero, en fin, porque en un mundo de caos y polución mental e ideológica, de masificación y despersonalización nosotros hemos dicho ¡basta! Y hemos asumido la herencia histórica de los Hoplitas de Esparta y de los Legionarios Romanos, de los Caballeros Templarios, de los Conquistadores de América y de los voluntarios del Frente del Este en la Cruzada Antibolchevique...
Por eso estamos en lucha.
© Ernest Milà
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Berto Ricci: Categoria espiritual y categoria social
La vieja lucha antiburguesa parte de una error: el de la burguesía entendida exclusivamente como clase; definida además, abstractamente, por mínimo límite censatario; definida, incluso, con criterio elástico pero con persistencia en el método, por uno o más tipos de ocupación; rigurosamente prolongada mediante la herencia desde el individuo a la familia, de los nacidos a los nasciturus, porque en la concepción clasista, los hijos y los nietos del burgués no pueden ser, salvo ruina económica o inscripción en un partido extremista, otra cosa que burgueses. Así pues, categoría social y categoría económica; y, al cabo, casta. El equivoco de tal concepción es múltiple. Se encuentra en la presunta omnipotencia de la herencia y el ambiente. Se encuentra en la contraposición sofística de trabajo técnico o directivo, a menudo simplemente administrativo, frente a trabajo manual. Se encuentra en elevar la clase, entidad mutable a absoluto político. Se encuentra en el materialismo económico que ve en el individuo solamente un detentador, apropiador o productor de riqueza, aboliendo o marginando toda la inextinguible realidad del hombre. Frente ello se alza la concepción opuesta, que quiere ver en la burguesía sólo una categoría del espíritu. No ya clase sino mentalidad, no ya la ocupación sino el modo de vida, el uso de sí mismo y de sus propios medios, Postura preferible a la primera, por cuanto tiene en cuenta de ese dato indestructible que es la personalidad humana, colocando la voluntad y el carácter por encima de la némesis clasista y de la fatídica nivelación profesional y considerando el trabajo unitariamente.
Sus defectos son los de todas las posiciones íntegramente espiritualistas cuando se aplican a realidades terrenas. Consisten en no tener en cuenta el elemento económico que a menudo acompaña y se entrecruza en diversos grados con la valoración espiritual, creando intereses cuyas resistencias pueden obstaculizar o dañar seriamente un proceso de renovación. Consisten en pasar por alto el hecho de que toda mentalidad tiende a hacerse “clase”, por ley de afinidad y ley de defensa, que alcanzado un cierto nivel de satisfacción el hombre medio busca, quizá inconscientemente, condiciones propias para aislarse del cuerpo social en una coalición de hombres medios satisfechos, y que para controlar este anhelo no bastan las leyes, se precisa de la sensibilidad política de la Nación. Son también defectos de la antiburguesía espiritual, excluir o ningunear esa influencia de la herencia y del ambiente que la antiburguesía clasista exageraba. Porque por ejemplo, no se ha dicho, e incluso se ha desmentido, que la familia del burgués deba generar individuos burgueses; pero no por esto se debe negar que la familia burguesa exista y opere sobre las concepciones de sus hijos. Generosos defectos, y excesos por reacción, que pueden restarse al juego de ladinos e interesados agentes. Categorías espirituales y categorías sociales no se identifican pero se entrelazan; no coinciden pero se compenetran. En las zonas de intersección del fenómeno burgués será más manifiesto y producirá mayor daño porque sus medios son mayores y mayor es el radio de acción.
En el pensamiento burgués se hallan presentes en primer término el particularismo de clase y el afán de lucro. Vicios morales, vicios intelectuales de la burguesía, tienen aquí su origen. Superar la clase como hecho social y como hecho económico, en la triple realidad del Estado unitario, de la jerarquía de los valores, de la representación provisional orgánica, es misión del Fascismo. Aquí reside precisamente la más cruda y tajante oposición del Fascismo al clasismo capitalista y al clasismo comunista: términos antitéticos de una misma ecuación. Superar las clases. Se puede cometer el error de considerarlas ya superadas. Error, frecuente en las revoluciones, de tomar una realidad en devenir como realidad efectuada. Error de buena fe y de la fe, de quien, al haber completado en sí mismo esta superación, atribuye a la colectividad el resultado que pocos han logrado, No olvidemos, sin embargo, que la colectividad se compone de individuos que deben, cada uno, incluyendo todas las eventuales ayudas y sugerencias, establecer por sí mismos una verdad histórica como verdad moral. El ambiente político, aun sustentado por heroica disciplina, hace mucho. Pero no lo es todo. Debe contarse con eso que en cinética se llama variable t : el tiempo. Tiempo que debe no solamente correr cinéticamente, sino que debe estar pleno de obras, granado de impulsos, de ejemplos, de normas. Tiempo que debe ser permanencia; tiempo vivido por la sociedad y a su través por los individuos, en la práctica de un anticlasismo profundo, continuo, hecho al fin espontáneo.
Si Roma no se hizo en un día, nada extraño tiene que el clasismo sobreviva. Sobrevive arriba y abajo, por utilizar una abusiva topografía social. Sobrevive en el mismo hecho de que aún, en el lenguaje común exista un alto y un bajo de la sociedad nacional, siguiendo criterios inevitables no de valor, sino de censo y de estirpe. Sobrevive en el “nosotros los pobres” y en el “nosotros gentes de bien”; en los lugares en los que baila o se sienta a la mesa cierta subespecie de humanidad, particularmente titulada o particularmente vestida. Sobrevive allí donde exista rechazo de lo comunitario dentro de la comunidad, y es por esto típico de la zona meridional donde el Fascismo se ha sobrepuesto a los “caballeritos” de Giovanni Verga. Decíamos: la variable t. Se debe también decir que la obsesión por los resultados a alcanzar es mucho más noble y más beneficiosa, mucho más revolucionaria, que la de los resultados alcanzados. Que el pesimismo activo vale más que cien optimismos contemplativos. Sobrevive, el clasismo, tanto en una infracción empresarial sobre las vacaciones retribuidas como en la vaporosa palabrería de la mujer de un catedrático que envía a regañadientes a su hijo al campamento juvenil junto al hijo del bedel. Tanto en la vil reverencia del dependiente, como en el llamado “pueblo humilde” del cronista de prensa. Sobrevive en todas partes y así será mientras no prepondere sobre el valor riqueza el valor hombre.
Fuerzas vigorosas lo combaten sin descanso. La enseñanza del Duce, también en esto, impele y ordena. Mussolini, que comparte mesa con los obreros, para citar solo uno de los infinitos episodios, no permite alternativas a la conciencia fascista. Ser o no ser. El encuadramiento de la juventud, el compañerismo militar o la educación sobre el terreno de minorías crecidas en las guerras fascistas, minorías que son legiones, son necesarias para desarraigar las pálidas supervivencias de castas impenetrables. La asistencia como deber social, la asistencia sobre el plano de la dignidad, del Grupo Regional al jardín de infancia y a las colonias juveniles, es instrumento anticlasista en acción. Siempre puede serlo más en la escuela, con el incremento de la formación profesional: la escuela, donde el punto arduo, la línea Maginot de la mentalidad clasista, reside en cierto tipo de instituto de enseñanza media-superior. El sistema corporativo no pretende solo dar al trabajador la conciencia de productor, convirtiéndolo en parte activa de la empresa y transformándolo sustancialmente en propietario responsable; sino, también, mediante la integración sindical de categorías heterogéneas (mozos, pescadores, músicos, dentro de “trabajadores autónomos”; tocólogos y abogados, por ejemplo, dentro de profesionales y artistas; el peluquero y el pulidor dentro del artesanado) contribuye a la erosión de las vanidades intelectualistas, de los prejuicios pequeñoburgueses.
Es preciso intensificar la acción. Intensificarla positivamente incitando cada vez más a las gentes italianas a hacer vida, trabajo, fiesta en común; a sentir la solidaridad activa coma si fuera un carácter adquirido, casi como un don de la naturaleza; a frecuentar el Fascio, el Grupo, el Descanso Obrero (Dopolavoro), el campamento del pueblo, el ocio del pueblo, la asamblea del pueblo, el estadio del pueblo, las vacaciones del pueblo, el espectáculo del pueblo. Aproximar a la juventud de las escuelas a la vida de las oficinas del campo, de la mina, al trabajo manual. Compactar las asambleas sindicales, hacerlas debatir problemas concretos, hacerlas presidir por trabajadores, como ha sucedido recientemente. Intensificar la acción en su aspecto negativo, menoscabando las reuniones minoritarias, aireando o asfixiando los espacios cerrados, el casino de los nobles, el salón de los acomodados, el café de los literatos, respetando únicamente una soledad, la del que piensa y la del que sufre, con la firme exigencia de que el pensamiento no sea separación, con la exigencia cariñosa de que el sufrimiento no sea sepultura. Golpear los residuos clasistas con todos los medios desde los disciplinaros a los del ridículo; golpear, reeducar al que hace la reverencia y al que la exige; vigilar los pequeños detalles que sumados producen grandes males, y esto es obligación de las jerarquías periféricas y éstas deben funcionar. Observar a las mujeres, conservadoras natas, tanto para lo bueno como para lo malo. Hacer al cabeza de familia responsable, disciplinariamente de cualquier disonancia clasista de los suyos. Vigilar al señorito de provincias, y dar armas a quien deba usarlas contra él, si alborota.
Una sensibilidad escasa en esta materia puede comprometer, anular, cualquier propaganda. La apologética del régimen es fácil. La educación en Fascismo es arte difícil. La escuela abierta a todos –excepción hecha de perezosos e incapaces- en todos sus niveles y grados; las escuela abierta a todos según las capacidades y no según las capacidades económicas de la familia: tal es el tránsito obligado para una antiburguesía que quiera ir hasta el fondo. Mientras que el profesional sea hijo del profesional, el espíritu burgués expulsado de las calles hallará refugio en los hogares, la acción política deberá emplear la mitad de sus recursos en deshacer los prejuicios domésticos y la familia quedará fuera del radio de acción fascista. O escuela abierta o mandarinato. O escuela abierta o linaje económico. O escuela abierta o formación clasista de los técnicos de la industria, de los oficiales del Ejército, de los funcionarios del Estado. O escuela abierta o casta burguesa. Este es el valor revolucionario de esa Carta Escolar que garantice hoy al Fascismo la pedagogía de su civilización.
Cuando se evidencian las insuficiencias y las culpas de la burguesía, es preciso no incurrir en la deificación del pueblo. Esta demagógica adulación, a menudo unida a la mortificación expresada en palabras como “pueblo humilde”, y similares, tiene ciertamente un poco el sabor del amo que acaricia a su perro. ¿Qué pueblo? Pueblo eres también tú, mi buen erudito; y si no lo eres o no quieres serlo peor para ti. Ni el pueblo es incondicionalmente bello, ni tiene incondicionalmente razón; ni asumirlo como fuerza social primogénita y amarlo como sustancia del Estado puede implicar como consecuencia que se deba creer en él ciegamente. Al feudal desprecio del pueblo humilde, a la democrática exaltación del pueblo-soberano, que admiran en ese pueblo-clase (con el que se guardan bien, tanto unos como otros, de mezclarse) la fuerza y el ímpetu de los instintos, hay que responderles que estos instintos, precisamente porque están vivos, contienen todas las posibilidades de verdad y de error, de grandeza y de crimen; van, como todos los instintos, desde la intuición hasta el apetito. Existe un pueblo tal como lo quiso y en parte realizó el socialismo más vil: existe un pueblo que mirándose al espejo de la burguesía asume miméticamente sus atributos, llegando a convertirse en burguesía auténtica; existe un pueblo que en las revueltas rojas, creyendo con esto ajustar cuentas, quema y roba a mansalva. Existe, en fin, el “pueblo” querido y comenzado a formar por parte del Fascismo. Ni imitación burguesa ni retrógrada plebe, sino milicia y trabajo. No clase, sino totalidad organizada de trabajadores y soldados. Este es para los italianos el índice de referencia para cualquier valoración del pueblo, que deberá basarse precisamente sobre la distancia, cualitativa y cuantitativa, de dicho modelo ideal.
Si el particularismo de clase pertenece a la burguesía de todos los tiempos, la mentalidad de lucro perfila el rostro más exacto de la burguesía en el mundo capitalista. El rentista y el usurero de la historia antigua, el avaro y el buhonero de la comedia clásica, se proyectan en el capitalista moderno ampliando la galería tipológica. Ciertamente no todo el capitalismo es burguesía. Un célebre autor distingue como componentes suyos el espíritu burgués ordenado, conquistador, y el espíritu de aventura, de conquista. Partiendo de la riqueza como valor el burgués llega a la riqueza como patrón único de referencia, metro de medir hombres y pueblos. La lógica quiere que, aceptada tal medida, los eventuales comportamientos del burgués sean tres. El del pobre o rico, siempre descontento que tiende a cumular. El del pobre que, por falta de iniciativa, renuncia a la riqueza pero que continúa reconociendo en ella el valor supremo. En el primer tipo entra una parte de la nobleza decadente, en el segundo el emprendedor como el aventurero, el tercero es aquel –psicológicamente hablando- del pequeño burgués. Los despilfarradores, categoría muy compleja, ponen en circulación riqueza acumulada, a menudo en beneficio del segundo tipo. Finalmente, puede ser interesante bajo el aspecto étnico o social la preferencia por la riqueza mueble o inmueble. Pero más importante resulta la preferencia del empleo de esta riqueza, proceda del lucro o sea hereditaria. Mientras tanto, el tipo que llamaremos burgués integral, adquirida la riqueza no quiere o no sabe, aplicarla a la producción. Digo esto de modo relativo, entiéndase. Si se trata del medio rural, continuaran produciendo: sólo que el patrón no se ocupará para nada ni del rendimiento de la empresa ni de su equilibrio social. Continuará, en un régimen de economía libre, gozando del “sagrado” derecho de propietario dejando para los descendientes el chaparrón. Caso claro: parásito integral.
Desde aquí, mediante grados intermedios, se llega al propietario productor (de mercancías o de servicios o de créditos) y, caso especial, al muy presunto “dador de trabajo”; el camarada Omero del Valle la ha emprendido contra este paternalístico “dar trabajo” a gente que ofrece los brazos o el cerebro, y tiene razón. Se presenta rápidamente la interrogación: ¿existe interferencia entre el dador de trabajo y el burgués? El marxista responde que no solo existe interferencia sino coincidencia, los burgueses son, para él, o patrones o parásitos o gente que se lava el pescuezo, o mejor aún: todo esto a la vez. El fascista, partiendo del concepto de burguesía ante todo espiritual, no puede admitir coincidencias de este género. Sin embargo debe reconocer también las interferencias y valorarlas. Pero debe también, reconocer que el temperamento burgués, diseminado en todas las categorías y en todos los oficios, encuentra en un determinado nivel económico las condiciones más favorables para prosperar y para destruir. La culpa, hay que decirlo y repetirlo, no es de los individuos, salvo obviamente las culpas concretas de quien las tengan. La culpa de ese prosperar y de ese destruir está antes que nada en la riqueza tomada como valor fundamental, dotada de poder y asumida como ideal de vida. Atención pues, espiritualistas, al puro espíritu burgués. Atentos a que el espíritu no se convierta en humo; y que no permanezca triunfante sobre el escenario de la mentalidad de lucro con grandes beneficios a un lado, y grandes retribuciones a otro.
“Acortar las distancias”. El actual desequilibrio de beneficios de dador de trabajo y los del prestador de mano de obra dentro de la misma empresa es burgués, pues implica disparatadas diferencias de nivel de vida, con su inevitable desahogo de supersticiones sociales; y porque da razones a la mentalidad lucrativa, a la riqueza en función no ya económica (esto es, orientada exclusivamente a la producción) sino social, es decir, mantenedora y creadora de distancias. La comprensión, la buena voluntad de las dos partes puede hacer mucho, pero no bastan para abatir los muros levantados por el privilegio económico. El concepto mismo de salario es burgués, porque reduce al mínimo cualquier participación real del trabajador en una producción que se traduce económicamente para él en un tanto fijo. El salario es el trabajo-mercancía. La alta y la mediana burocracia presentan el espectáculo del máximo beneficio sin correr siquiera los riesgos empresariales. Muchos pretenden encaminar allí a sus hijos y crear, con la habitual razón de una posición segura, un nido de burgueses. La burguesía es también categoría social. Mejor: la categoría espiritual burguesía, presente por doquier en la sociedad, tiende a coagularse en una categoría social donde se encuentran ya sus elementos más afortunados. Ciertamente, la categoría espiritual burguesía no es una cota económica.
Puede ocurrir que la mentalidad de lucro no sea eliminable de la naturaleza humana. Es verdad. Es verdad que debe ser combatida y limitada, so pena de permanecer sometidos al ideal antiheróico y antifascista de la riqueza como valor supremo. Esto no se puede hacer (salvo en mínimas, pedagógicas, dosis, y para minorías, no para un pueblo) mientras se admita el enriquecimiento ilimitado o incluso el casual. Medítese sobre la moralidad de una lotería millonaria. No creo en la eficacia de una obra educativa separada de aquella otra legislativa o viceversa. Los valores no se invierten por la persuasión. Sobre todo dar al pueblo la sensación de que la riqueza no es ni todo ni mucho. Pero, para ello, es preciso que la riqueza privada valga poco; que sirva para poco; que mediante ella solo se obtenga poco, tanto en el orden de los bienes materiales, como en el campo de la autoridad sobre los hombres. El lector captará que henos llegado a un punto en el que educación y legislación, organización social de la riqueza y valoración de los hombres, formación de las jerarquías y condiciones de vida del trabajador, se encuentran y se entrelazan en el núcleo unitario de una sociedad fascista, de una civilización mussoliniana , de un estilo finalmente italiano, tras siglos de feudalismo extranjero, de todas las importaciones bárbaras. Dos son las directrices de un único camino. El privilegio económico debe disminuir. La jerarquía social no debe basarse en el privilegio económico. Directrices convergentes para el final de la burguesía, que será, también, el final del proletariado. Directrices sobre cuyo camino pueden alzarse bastillas patrimoniales, pero ninguna de estas inexpugnable para la Revolución.
Bajo el aspecto de las interferencias entre categoría espiritual y categoría social puede verse, comprobarse, como incide el espíritu burgués en la demografía. Es propio de una casta espiritual, pero particularmente preponderante a cierto nivel económico, el dogma de “hacerse una posición” antes de tomar esposa. Resultan más frecuentes a cierto nivel económico los casos de limitación de nacimientos, porque los embarazos deforman la línea; porque los hijos de algunas familias deben, por inclinación paterna, emprender costosos estudios; porque demasiados hijos dividen la herencia familiar; porque, en definitiva, la vida debe ser placentera, para estos hijos y para estos progenitores. Ocurre sobre todo a cierto nivel económico que la familia, de miembro del Estado se convierte en rebelde al Estado.
El burgués ante los valores políticos esenciales. La posición del burgués ante el “hecho” Nación es variable. En general, un reconocimiento a menudo ostentoso, con el sobreentendido de servirla mientras les sirva a ellos; y con numerosas inclinaciones hacia un internacionalismo sea de ideas como de gustos o intereses: internacionalismo de la nada que es el justo opuesto a la centrada universalidad italiana. Pero la Nación no es solo “hecho”, es “acto”, o sea construcción consciente, voluntaria, unánime, de una realidad que transciende individualidades y que exige la abnegación reiterada, cotidiana. La pasividad política del burgués se hace aquí patente. Su escaso coeficiente de cohesión social no le permite alegrías. El burgués es el anti-sacrificio.
Frente al instituto de la Dictadura el burgués se pliega pero, más que la soberbia es la envidia la que salta de las pupilas y le carcome las palabras. Son los efectos de un rechazo; es reconcentrado, el aborrecimiento de una adaptación. Negado las más de las veces para el sentimiento de superioridad, negado siempre para reconocerla sinceramente, el burgués quiere discutir, sufre de no poder discutir por discutir. Su semicultura es por definición la negación de la fe, pero que a él le otorga la ilusión de poderlo juzgar todo improvisándose economista, hombre de estado, estratega. El burgués es el anti-obediencia. El burgués que viste uniforme no llega nunca a comprender la necesidad real y la virtud de seguir una orden, cualquiera que sea, dada por quien sea. Esto le sucede porque, en su atomismo, no existe una jerarquía de referencia: una jerarquía justa que redima, que discrimine, a la injusta.
El burgués ve a los enemigos en forma de peligros. Existe un peligro comunista, pero ver el comunismo bajo el aspecto del peligro es típico del burgués de derecha, mientras que en el burgués de izquierda sucede otro tanto con relación al Fascismo. El Fascismo es ofensiva. El Fascismo es y quiere ser no un peligro, sino el peligro para el mundo burgués y para sus rojos derivados, para el mundo del valor-riqueza. El ideal del burgués es aquel de la política francesa tras 1919: la sûreté. También llamada vida cómoda.
Un solo valor estético ha creado el burgués, a saber: la “distinción”. En el comportamiento, en el vestir, hacer y hablar, el burgués tiende hacia el tipo ideal de la categoría. En las artes y en la literatura se refleja mediante la preferencia por el brillante mediocre, el patético superficial, el decadente vaporoso, el garboso un poco excéntrico. Distinguido de distinguir. La estética del burgués es clasista como su ética política.
La lucha antiburguesa, de la que existen antecedentes incluso medievales, fue alternativa y simultáneamente de izquierda y de derecha, de estirpe y de cultura. Fue de los socialistas, de los artistas, de los militares, de los nobles, del clero. Fue también de los burgueses audaces. Tuvo en todas sus variedades, motivos justos y acentos felices. Pero ninguno de estos antiburgueses supo ver, además de la clase, sobre todo el espíritu. Quedan, de estas luchas, fragmentos útiles. Nada más que fragmentos. La misma moral del superhombre fue usurpada, viciada por decadentes aburguesados y por burgueses de vanguardia a la búsqueda de fáciles instrumentos de dominación. Para la polémica antiburguesa del Fascismo viene bien prefijar objetivos visibles e incluso anecdóticos, pero hay que evitar perderse en lo exterior, evitar la ignorancia del hecho económico. Es preciso llevarla adelante por la fuerza. “Tocar los intereses”.
La antiburguesía fascista debe, sobre todo, no ser sólo polémica. Debe ser construcción, educación. El burgués no existe únicamente en estado puro. El burgués está en nosotros, en cada uno de nosotros, con sus renuncias y sus ambiciones, sus sutilezas y sus dudas, su particularismo individual, familiar, de casta, su sed de riqueza, su –especialmente- miedo a la pobreza; su miedo a ser valiente; su carga de caprichos; su ducha tibia de conformismo; su lejanía de la vida física y de ese punto de naturaleza que requiere el hombre civil para que la civilización no se deforme en la más mezquina barbarie. La lucha antiburguesa es, así, en su significado más elevado, pura experiencia de todos nosotros, uno por uno, porque sólo una humanidad fascista, en la cual nadie busque excusas y nadie las encuentre, todos acepten cometidos y todos los asuman, podrá reconocer la supremacía del espíritu, erradicando de la vida la riqueza.
Fuente: Antagonistas traduccçión: A Beltran