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Madrid 16 de diciembre (2): Juan Ignacio ¡¡Justicia!!

Video realizado por Tribuna Europa

Blog de la AC . Juan Ignacio In Memoriam

Madrid 16 de diciembre (3): Juan Ignacio ¡¡Justicia!!

Madrid 16 de diciembre (4): Juan Ignacio ¡¡Justicia!!

Video creado por Madrid Antiantifa.

Blog de la asociación convocante  AC Juan Ignacio In Memoriam

Madrid 16 de diciembre: Historia de un milagro. Crónica de una marcha, por un ateo.

Madrid 16 de diciembre: Historia de un milagro. Crónica de una marcha, por un ateo.
Las siete de la mañana, suena el despertador. Aunque ha sido imposible conciliar el sueño, los nervios ante la responsabilidad adquirida y un viento endemoniado durante toda la noche en Valencia – como negro presagio de lo que se avecinaba – han convertido la noche en un tenso duermevela.
A las 8 me recogen los camaradas, los de siempre, los leales y emprendemos camino hacia Madrid. Apenas hemos andado unos kilómetros con el coche dando bandazos por la carretera cuando el teléfono ya nos confirma la primera baja y nos pone en antecedentes de lo que vamos a encontrar en la capital. Un camarada valenciano tiene que acudir urgentemente a arreglar desperfectos que el temporal ha producido en su propiedad y de paso nos alerta, “fuertes vientos y lluvia en Madrid para la hora de la marcha”.
Aire y agua, ¿mayor enemigo para un cortejo con antorchas?
El trabajo realizado durante tanto tiempo, dinero invertido, pero sobre todo, las ingentes cantidades de ilusión de muchas personas puestas en este acto, nos producen esa sensación de impotencia ante lo que no se puede prever y menos aun controlar.
Nueva llamada: Maricruz confirma que la madre de Juan Ignacio estará en la misa; es una persona entrañable, pero es mayor y muy impresionable, por lo que queda desaconsejado enarbolar banderas, encender antorchas y en definitiva, preparar los prolegómenos de la marcha hasta que ella haya abandonado el escenario.
Entrando en Madrid nos recibe la lluvia, solo es un calabobos, pero un aire violento y gélido nos la escupe en el rostro. Nos vamos reuniendo poco a poco todos los camaradas de organización en el hotel: de Orense, de Oviedo, de Madrid, de Valencia, de Barcelona. . . la cara de todos es un poema, “estamos jodidos”.
Comida y reunión, todos a una, boia chi molla, ni hablar de suspender; un repaso al discurso que se quedará en arenga, no lo hagamos demasiado largo, un solo orador. Eso sí, palabras directas, combativas, somos lo que somos, nada de hermosos discursos patrióticos carentes de contenido. Que sea breve, pero intenso; en nuestro estilo.
Las siete de la tarde, hora de salir. La lluvia arrecia, llegando a Lagasca el chirimiri alcanza proporciones de tormenta. Cuatro gatos en la iglesia , el coche con el material atrapado en un atasco , la cana poniendo problemas ya ¡y aun no sabemos si vamos a salir!. Llega nuestro jefe de seguridad con la madre de Juan; ya en ese momento, literalmente diluvia.
La sensación de caos, va dejando paso a un regusto de fracaso y ni el consuelo de haber hecho todo bien, pero “con esto no contábamos”,  nos puede valer.
Todos, desde el responsable de la marcha – que grande eres Canta - , pasando por el responsable de seguridad – que grande eres Dalmau – hasta el coordinador del desfile – que grande eres Casta – esperan instrucciones.
¿Qué hacemos?. Con esta agua las antorchas se apagarán, suponiendo que pudiéramos encenderlas con este aire.
De repente, la gente empieza a abarrotar la puerta de la iglesia buscando cobijo, la misa ha terminado. Hay que sacar a la mamá de Juan. Cuando sale la señora arropada por los más próximos, se abre un pasillo, cesan los murmullos y tras unos segundos de eterno silencio, mientras comienza a descender las escaleras, todo el mundo irrumpe en aplausos. Nunca, por mil años que viviera, lo podré olvidar. Y supongo que ella  tampoco lo olvidará.
Y en ese momento, justamente en ese momento, en que todos habíamos dejado de mirar al cielo para clavar nuestro ojos en la cara de aquella menuda mujer, dejó de llover.
Fue como si el cielo se hubiera abierto durante todo el día para llorar por el mejor de sus hijos y, magnánimamente, se hubiera apiadado en el momento justo de los que no estamos dispuestos a olvidarlo.
En breves minutos se armaron las banderas, se encendieron – aun húmedas – las teas, se organizaron las filas, se colocó la pancarta al frente de un cortejo muy apretado (si hubiéramos alargados las filas aun estaríamos desfilando, ¿de dónde salió tanta gente?) y comenzó a sonar un tambor . . .
La policía cortó calles y cruces, los vecinos se asomaban a las ventanas sorprendidos por aquel espectáculo inédito que se desarrollaba ante sus ojos, el silencio impresionante, amplificado por las brillantes llamas de las antorchas y el flamear de las banderas al viento, antes enemigo y ahora aliado. Algún paseante preguntó, ¿por quién es el duelo?.
Por nuestro camarada asesinado.
 
Juan Antonio López Larrea
 
El blog de la Asociacion In Memoriam

Cita obligada: Madrid 16 de diciembre Juan Ignacio ¡¡Justicia!!

Cita obligada: Madrid 16 de diciembre Juan Ignacio ¡¡Justicia!!

En la red: Proyecto Impulso

En la red: Proyecto Impulso

La web del proyecto

Ismael Medina: Me declaro en rebeldía frente al Estado tiránico

Ismael Medina: Me declaro en rebeldía frente al Estado tiránico

Todavía regirá el estado de alerta cuando se publique esta personal declaración publica de rebeldía contra el sistema totalitario y antidemocrático en el que estamos sumidos. Un sistema policiaco y arbitrario que cada vez me recuerda más al que viví en el final de mi infancia y primeros y prematuros años mozos. Aquel periodo pavoroso en que el sistema revolucionario de hechura soviética se valía de una extensa red de delatores y chivatos de toda laya para llevar al paredón a cualesquiera que se les colocara el estigma de curas, beatos, burgueses, fascistas o enemigos del pueblo. O que conviniera a alguien para eliminar a la persona con la que tenía motivos de querella de muy variada índole.

Las paredes se llenaron de carteles con un gran oreja: ”la oreja del fascismo” que todo lo escuchaba y era imprescindible ensordecer mediante la denuncia y posterior eliminación. Es la fuente en que parece que bebió la compañera Pajín, un modelo de roja ensñoritada, para redondear la patraña de antitabaquismo con la incitación al chivateo y la delación de quienes se resistan al cumplimiento de la norma. ¿No le basta al sistema con la oreja tecnológica del Gran Hermano que es SITEL, un sector de la policía remedo de la Stassi, un sector propicio de la judicatura, unas instituciones sumisas, los decretazos a esgalla, los vetos parlamentarios y todo ese aparato de represión manifiesta o encubierta en manos de Pérez Rubalcaba, un sujeto sin principios ni reparos morales, especialmente dotado para el trabajo sucio en las cloacas de un Estado en fase acelerada de desintegración?

Aprendí entonces a practicar lo que ya me venía de casta: la rebeldía frente a la sordidez, la imposición totalitaria y el miedo. Las medidas coercitivas de la libertad personal responden a un mismo principio: la estrategia del miedo. Y una sociedad trabada por el miedo se convierte en insolidaria. En cenagosa realidad que excita y favorece la insurgencia de los más bajos instintos. Pero no es lo más aciago que la sociedad sea presa del miedo y abdique de cualesquiera valores morales que el sirvan de referencia para rebelarse contra la tiranía que la corrompe y animaliza. Lo es aun más que los poderes políticos, y otros ocultos tras de ellos, se valgan del Estado para avanzar sin resistencia perceptible en una sórdida conspiración encaminada a desfondar las estructuras básicas de la convivencia, empezando por la familia, y en la asfixia de las libertades más elementales del ser humano.

EL RELATIVISMO COMO SOPORTE E INSTRUMENTO DE TIRANÍA

LA llamada Educación para la Ciudadanía de obligatoria dispensa en los centros ede-enseñanza, desde la elemental, provocó el lógico rechazo de amplios sectores de la sociedad. Acciones judiciales entre ellas y recursos ante el tribunal constitucional. No creo necesario aludir a los contenidos de la EpC. Son de sobra conocidos y se orientan hacia una perversión de niños y jóvenes cuyas nefandas y rebuscadas consecuencias ya padecemos. El carácter imperativo de EpC sustrae asimismo a los padres el derecho constitucional e inviolable a la tutela y la educación de sus hijos.

A los recursos de inconstitucionalidad presentados ha respondido la Abogacía General del Estado con informe esclarecedor que apenas si ha trascendido a los medios ni a los ámbitos parlamentarios. Se conoce su contenido merced a las revelaciones de Hazte Oir, una plataforma digital que no ceja en la investigación y denuncia de la estrategia iluminista de destrucción sistemática de los valores y principios que dan cohesión a la sociedad y le ofrecen soporte para su defensa frente al totalitarismo desintegrador.

Reproduzco de Hazte Oír los párrafos más llamativos y esclarecedores del escrito de la Abogacía General del Estado. Pero no sin advertir que depende directamente del ministro de Justicia, Caamaño, autor de la parte más depredadora de la soberanía nacional del Estatuto de Cataluña y ampliamente reconocido como masón.

Copio:

“La libertad ideológica del menor no puede quedar abandonada a lo que puedan decidir quienes tienen atribuida su guarda y custodia o su patria potestad”.

“No sabemos a ciencia cierta hasta qué punto los padres actúan en defensa de unas convicciones que la menor comparte o rechaza.”

“Difícil parece otorgar a los padres el amparo que piden cuando se ha desconsiderado la libertad ideológica de la menor”.

“La concepción filosófica que presupone la democracia es el relativismo”.

“La democracia no tiene que pedir perdón por ser un régimen esencialmente relativista, sanamente relativista.”

Todas las declaraciones institucionales relacionadas con los derechos humanos ratifican el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus propias convicciones morales y religiosas. También la Constitución de 1978 en varios de sus artículos relativos a la libertad y derechos de las personas y las familias, en uno de los cuales hace mención expresa a su vinculación con la Declaración Universal de Derechos Humanos. ¿Pero acaso puede sorprendernos a estas alturas que Gobierno e instituciones ilegítimamente a él subordinadas hagan caso omiso de la normativa constitucional y la prostituyan cada vez que les vienen en gana?

NO EXISTE PARA EL RELATIVISMO MÁS VERDAD ABSOLUTA QUE LA SUYA

EXISTE un amplio debate sobre el relativismo científico desde que Einstein definió su teoría sobre la relatividad. Pero lo es mucho más y controvertido respecto de su traslación a lo que se ha dado en llamar relativismo cultural. Un amplio sector de tratadistas desmiente la pretensión relativista de imponer su propio modelo a un espacio cultural y social con fundamentos arraigados y su lógica singularidad. No es la ocasión, si embargo, de enfrascarme en este sugestivo debate suscitado por la Abogacía General del Estado respecto de los recursos presentados contra la monstruosidad conocida como Educación para la Ciudadanía. Pero no eludo, pues me parece esclarecedor, lo que Ferreter Mora escribió al propósito en su “Diccionario de Filosofía”.

Ferreter Mora define el relativismo cultural como “la tendencia gnoseológica que rechaza toda verdad absoluta y declara que la verdad, o mejor dicho, la validez del juicio depende de las condiciones o circunstancias en que es enunciado”. También dice del relativismo cultural, y acaso esté aún más claro, que es “la tendencia ética que hace el bien y el mal dependientes, asimismo, de las circunstancias”. En nuestro caso, y en tantos otros, este entendimiento del relativismo choca frontalmente con el código de valores y principios de la civilización cristiana. Y más en concreto, de la Iglesia católica a cuya influencia y destrucción se encamina el NOM, el cual he elevado el relativismo a la categoría de religión mundial absoluta en la que el bien, sea individual o colectivo, no tiene cabida si condiciona u obstruye el triunfo del mal.

No es ocioso en este punto recordar el origen satánico de la Orden de los Iluminados promotora tanto del relativismo liberalista como del marxista. Toda su estrategia de poder mundial se asienta sobre el relativismo cultural tal como o describe Ferreter Mora y enarbola la Abogacía General del Estado en defensa de Educación para la Ciudadanía. Se trata en definitiva del absoluto totalitario de atribuir al Estado, y al gobierno como ejecutor, la educación de las jóvenes generaciones sustrayéndola a la potestad de los padres en detrimento de la unidad familiar. Normativas anteriores como la legalización del aborto o de la eutanasia, la libertad de abortar para las menores de 16 años sin permiso paterno, la libre dispensa de la píldora postcoital, el feminismo a ultranza y tantas otras, en especial la cristofobia, son consecuencias inseparables del relativismo moral defendido por la Abogacía General del Estado en el caso concreto de EpC. ¿Y acaso no lo es también que Rodríguez considere a la nación algo discutido y discutible?

Sin negar que Rodríguez es un ignorante, además de un paranoico irrecuperable, me pregunto si su incapacidad de discernimiento no es producto en buena medida de un empacho de relativismo mal digerido. Lo suyo son los sueños de la sinrazón, siempre frente al bien, sea cual sea su adjetivación. Su entorno ministerial y de asesoramiento lo conforma una suerte de clonación ideológica, compuesta por una mayoría de loros mentales y una reducida minoría influyente y anclada en un enconado odio retrospectivo que enlaza soterradamente con los fuentes inspiradoras de la estrategia relativista y alimenta el disolvente que los loros se encargan de esparcir, enlatados en normas imperativas.

UNA LEY PARA RELATIVIZAR EL VALOR CONCEPTUAL DE LAS PALABRAS

EL último de estos enlatados relativistas fue anunciado el pasado día 7 en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros por la titular de Sanidad, Leire Pajín. Me refiero al proyecto de ley titulado Ley Integral de Igualad de Trato y no Discriminación. Según la Pajín tendría como objetivo que “nadie pueda sentirse humillado por razones de nacimiento, raza, sexo, convicción, discapacidad, identidad sexual o enfermedad”. Es difícil concebir que un proyecto de ley de esta índole, por muy disparatado que sea, o parezca, pueda ser elaborado por una cabeza cuya vaciedad la ocupa el serrín de los más burdos tópico progresistas. Tengo para mí que, al igual que en otras ocasiones, Leire Pajín, o Pijín para algunos, fue utilizada una vez más como loro cualificado. De lo que se trata en realidad es de relativizar la entraña conceptual de los vocablos de uso común en la lengua española, dejando en manos del poder político su interpretación “políticamente correcta”.

Discriminar ha significado siempre a efectos científicos y sociales la diferenciación en grupos homogéneos del todo de que forman parte. Una necesidad imperiosa desde que el hombre primitivo tomó conciencia de sí mismo y de su entorno, pues en caso contrario viviría sumido en el caos. Discriminación selectiva y comprensible que se multiplica al hilo del progreso científico. Se trata, en definitiva, de separar el trigo de la paja. Y luego, de agrupar cada una de las especies de trigo. Los ejemplos pueden ser múltiples. Hoy, verbigracia, se discriminan cada vez mayor número de cánceres tipificados. La discriminación configura por tanto la exigencia insoslayable de dar a cada cosa su nombre en toda su robustez conceptual.

Un ciego no deja de ser ciego por llamarle deficiente ocular. Ni un maricón deja de ser maricón por enjaretarle la condición abstrusa de gay. Ni una lesbiana por utilizar el término más complaciente de homosexual. Tampoco un loco dejará de serlo por el mero hecho de considerarlo deficiente mental. Nada hay de peyorativo en llamar cojo al que lo es. O manco al que falta brazo o mano. Y cosi via, que diría un italiano.

Respecto a la humillación es inevitable recurrir también al diccionario. Se consideraba humillar la acción voluntaria de inclinar la cerviz o doblr la rodilla en señal de sumisión o respeto religioso
de otra índole. Y en el área civil, por ejemplo, inclinarse ante una dama o ante el monarca. También abatir el orgullo de uno. La humillación se transforma en humillante cuando deriva en imposición degradante, depresiva o vergonzosa. Y ahí reside la triquiñuela relativista del proyecto de ley Pajín: atribuir al poder político, y a la judicatura por derivación, la capacidad unilateral de interpretar si llamar maricón a un homosexual declarado o cojo a un cojo tiene o no carácter humillante. Recurriré a un viejo chiste para explicarlo.

Hacían la acera dos prostitutas a la espera de cazar algún cliente. Una de ellas, la más ostentosa y descarada, se aproximó a un ocasional viandante para ofrecerse. Este, la miró de soslayo y le espetó: “Eres una puta”. La prostituta se encrespó y prorrumpió en soeces insultos. La otra prostituta le reconvino: “No sé porqué te pones así por llamarte lo que eres!”. A lo que respondió la ofendida: “Nono me cabreó que me llamara puta sino el retintín con que lo dijo”.

El proyecto de ley Pajín, o Pijín, prevé la creación de una Autoridad Estatal para la Igualdad de Trato y No Discriminación que “prestará asistencia a los afectados y promoverá fórmulas de mediación o conciliación entre las partes con su consentimiento. Autoridad que, al propio tiempo, podrá investigar por cuenta propia la existencia de posibles situaciones de discriminación y ejercitará acciones judiciales en defensa de los derechos derivados de la igualdad de trato”.

Un nuevo organismo represor tan descarado que incluso “El País” se apresuró a equipararlo con la Inquisición. El Santo Oficio, sin embargo, se atenía a un rigor procesal que, aunque propio de la época y en otras jurisdicciones europeas no católicas, hoy se nos antoja brutal e incluso despiadado. La nueva inquisición relativista habrá de juzgar no sobre un delitito claramente tipificado, sino sobre si existió o no retintín cuando alguien llamó a otro cojo, manco, maricón, lesbiana, loco o respecto de cualquiera otra condición física o psíquica que pese a su evidencia personal como parte de un grupo diferenciado puede sentirse subjetivamente humillado por el reconocimiento objetivo de su condición.

FRENTE A LA TIRANÍA SÓLO CABE LA REBELIÓN

ESTA nueva institucionalización de la arbitrariedad no sólo implica una nueva vuelta de tuerca a la sembradura del miedo en la sociedad y a embozar su capacidad de reacción frente el progresivo recorte de sus libertades. Rompe también el principio de igualdad de oportunidades, en función del cual debe prevalecer la mejor cualificación para ocupar un puesto de trabajo. Y cada puesto de trabajo, desde uno de peonaje a uno de dirección, reclama una idoneidad profesional, física y psíquica para ocuparlo. Un manco es inhábil para una ocupación que exija el uso de las dos manos. Pero no obsta para dirigir una empresa si su capacidad profesional es acorde. Sería por contra inadmisible que a un maricón se le reconociera el derecho a dirigir una guardería infantil o un orfanato.

El informe de la Abogacía General del Estado, la ley Pajín, la ley antitabaco, la EpC y tantas otras aplicaciones del absoluto relativista desembocan en la suplantación por el Estado de inviolables derechos familiares y personales y en la voladura de cualquier atisbo último de democracia. Consagran la existencia de un Estado tiránico frente al cual sólo la rebeldía personal y colectiva como tabla de salvación.

Fiel a mi condición de hombre libre me declaro en rebeldía frente al Estado tiránico que aherroja mi condición de hombre libre. Y contra el Nuevo Orden Mundial que persigue la tiranía universal del mal sobre el bien. De Satán sobre Dios.

Fuente: Artículos de Ismael Medina

Enrique de Aguinaga: ¿Quién se ha reconciliado conmigo?

Enrique de Aguinaga: ¿Quién se ha reconciliado conmigo?

Primero, el verbo. El verbo reconciliar significa el acto de volver a conciliar lo que estuvo conciliado y, por cualquier causa, dejó de estarlo. Es decir, que la reconciliación exige una previa conciliación. No cabe reconciliar lo que nunca estuvo conciliado. En este último supuesto, se trataría, no de reconciliar, sino de conciliar, según prescribe la Academia: “componer y ajustar los ánimos de quienes estaban opuestos entre sí”.

¿Por ventura, los ánimos de quienes se opusieron en la guerra civil (para unos Cruzada; para otros sublevación facciosa) estuvieron alguna vez conciliados, antes que se desatasen en las intentonas de 1930 (sublevación de Jaca), 1932 (sanjurjada) y 1934 (revolución de octubre), previas al estallido de 1936, en el que (todo hay que decirlo, aunque sea una obviedad) el que suscribe no ha tenido arte y ni parte?

La guerra civil ya estaba en Fernando de Castro, que, en 1866, avisa a la Real Academia de la Historia que “España verá ensangrentarse sus ciudades y sus campos en una guerra civil, religiosa....” O en Luis Araquistain, que, en 1915, proponía “exteriorizar la guerra civil que palpita en las entrañas del pueblo español”. O en Francisco Largo Caballero, que, en 1933, en medio de la República, proclama que “estamos en plena guerra civil, que inexorablemente tomará caracteres cruentos” . O en José Maria Gil Robles, que la considera “absolutamente inevitable”. O en Juan Ignacio Luca de Tena, que no sólo la considera inevitable, sino también “trágicamente necesaria para salvar a nuestra Patria del caos” .

Se trata, pues, de conciliar o reconciliar, si se quiere, las dos partes que finalmente se enfrentaron abruptamente en guerra abierta y feroz. No se trata, ahora, de reconciliar los dos términos de la dicotomía revolucionaria de Largo Caballero (“burgueses y proletarios”) porque la evolución histórica y, con ella, la instalación de una clase media que no existía, la han superado.

Se trata de reconciliar a los vencedores y a los vencidos de aquella guerra, no tanto en sí mismos, progresivamente reducidos por la inexorabilidad del tiempo, como en los que de algún modo mantienen el enfrentamiento, por trasmisión de una y otra parte, en forma de franquismo y antifranquismo. Por lo pronto, mis hermanos mayores, Álvaro y Vicente, alférez provisional y capitán de milicias, vencedor y vencido, ya están reconciliados para siempre, en el mismo nicho del cementerio de Ceares, en Gijón.

Frente a la sociedad adulta, visceral, damnificada e irreductible, de la posguerra, es el Frente de Juventudes la primera plataforma de reconciliación en un movimiento que merece más estudio, que evidentemente se inspira en la invocación testamentaria de José Antonio Primo de Rivera (“Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles”) y que está presente en la dedicatoria de “Diccionario para un macuto” (Rafael García Serrano, 1964 ) : “A Francisco Franco, el general de mi juventud. Y a todos los que entonces quisieron una España nueva, la quisieran como la quisieran y desde donde la quisieran”.

Tras el indulto general, a los veinticinco años de paz (marzo de 1964), tales disposiciones progresan, primero, en la amnistía del gobierno de UCD (1977) y, después, en la declaración del gobierno socialista, en el cincuentenario de la guerra (1986), que con cautela elegante elude las causas y, en cuanto a las consecuencias, dice, sin calificación ni condena, “que desembocó en una dictadura que rigió la vida del país por espacio de casi cuatro décadas”.

La declaración de 1986 honra la memoria de cuantos con su esfuerzo y con su vida contribuyeron a la defensa de la libertad y de la democracia y, “asimismo, recuerda, con respeto, a quienes desde posiciones distintas a las de la España democrática, lucharon por una sociedad diferente a la que también muchos sacrificaron su propia existencia. El Gobierno socialista considera que la guerra civil española es definitivamente historia y desea que el L aniversario selle definitivamente la reconciliación de los españoles”.

Se propone así la reconciliación, como una superación de la recurrente dialéctica franquismo-antifranquismo, con testimonios por ambas partes:

“El franquismo está muerto y bien muerto. Ahora hay que acabar también con el antifranquismo. No tiene ya ningún sentido” (Joaquín Leguina, 1986)

“Ser hoy franquista es un anacronismo, pero ser antifranquista hoy es una tontería. Mientras perdure la dialéctica franquismo-antifranquismo, España seguirá viviendo una etapa de transitoriedad insegura” (Antonio Castro Villacañas, 1986)

Y una solemne exhortación del Rey (1979):

“Abandonemos la obsesión del pasado próximo para atribuirle todos los males o todos los bienes; el complejo de haberlo vivido en la colaboración o en la disparidad; la crítica de lo que ya está superado o el afán de resucitarlo; el deseo de revancha destructiva o la conservación a ultranza de lo que no es sustancial ni oportuno; y pensemos, unidos. en construir el mejor de los futuros” .


Sobre esta base, la exaltación o la condena asimétricas de la subversión socialista de 1934 o del levantamiento militar de 1936 (Pío Moa), del genocidio de Paracuellos o de la represión de los vencedores (Casas de la Vega), de las Brigadas Internacionales o de la División Azul (Gironella) , del exilio de Sánchez Albornoz o el de Ortega y Gasset (Luna Gijón) , de las Casas del Pueblo incautadas o de los templos arrasados (Cesar Vidal), de la excavación de las cunetas o de los miles de sacerdotes y religiosos inmolados (Gabriel Jackson) no son, por supuesto, factores de reconciliación nacional. Condenar al adversario es exactamente lo contrario de reconciliar.

El acuerdo de los grupos parlamentario en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados (20 de noviembre de 2002) en sintonía con la declaración del gobierno de 1986, tiene una parte clara y positiva por la que se mantienen el espíritu de reconciliación nacional y se manifiesta “el reconocimiento moral a todas las victimas de la guerra civil”, sin distinción ni condenación alguna.

Y tiene otra parte condenatoria referida directamente a “la represión de la dictadura franquista” e interpretativamente a “la utilización de la violencia con la finalidad de establecer regímenes totalitarios”. Pero de ello no se deduce llanamente la condenación global del franquismo, no solo porque, en la tesis de Solzjenitsyn , Pio Moa y tantos otros, no se clasifica como régimen totalitario (sí lo era la dictadura del proletariado de la violencia de 1934), sino, sobre todo, porque el llamado franquismo es la premisa de “nuestra sociedad democrática”, que, de otro modo, debería haberse retrotraído a la situación interrumpida por la guerra, y que no se ha retrotraído “porque no se interrumpió un idilio democrático” (Delgado-Gal) o porque “fue el comienzo de una lucha entre el Occidente y el Comunismo” (Calvo Serer)

La guerra es la gran interrupción. Por eso, en cuanto a los ejércitos contendientes, es curioso que Franco ganase la guerra con la organización del Ejército republicano, resultante de las reformas de Azaña, mientras que la Republica lo suprime y lo sustituye por el llamado “Ejercito popular”, creado el 16 de octubre de 1936 (Fernández Vargas).

El preámbulo del acuerdo de 20 de noviembre diluye el alzamiento de 1936 en el “endémico” enfrentamiento civil de la sociedad española y afirma que “nada queda de él porque consciente y deliberadamente, se quiso pasar página para no revivir viejos rencores, resucitar odios o alentar deseos de revancha”; para no caer, dicho vulgarmente, en la clásica “vuelta de tortilla”.

“La reconciliación no puede consistir simplemente en invertir la versión de los vencedores” (Sánchez Cámara) “ La reconciliación entre las dos Españas no pude consistir en quitar la razón a la victoriosa para dársela a la derrotada , ya que en una guerra civil no hay vencedores ni vencidos” (Seco Serrano)

A quienes se sorprendan de la vigencia del franquismo como premisa, les recuerdo la dolorida perplejidad de Julián Marías: “Me preocupa indeciblemente que, a los sesenta años del final de la guerra civil, se siga mintiendo sobre ella, sus orígenes o sus consecuencias”. Y les invito a revisar tres tópicos de la situación, para restablecer las realidades postergadas:

1. Que “la democracia actual procede del franquismo y no de la oposición antifranquista (Pio Moa), porque al régimen actual no le dio el ser ninguna guerra, sino el régimen anterior cuyas instituciones se abrieron para dar cabida en ellas a los excluidos hasta entonces” (Aquilino Duque), porque ni el Rey ni Fernández Miranda ni Suárez se pueden clasificar en el “exilio interior”.

2. Que la “transición”, en lugar de la pretendida “ruptura”, supone una idea de continuidad y de herencia, representadas en quien por tres veces asumió la Jefatura del Estado (julio de 1974 y octubre de 1975, interinamente, y noviembre de 1975, definitivamente); continuidad y herencia proclamadas por el presidente Suárez en su exhortación en pro de la Ley para la reforma Política (referéndum de 15 de diciembre de 1976), que significó partidos políticos, Constitución y, en suma, sistema democrático: “No significa en absoluto que ignoremos nuestro inmediato pasado. Significa que lo asumimos, pero que lo asumimos con responsabilidad. Significa que recogemos su herencia, pero la recogemos con la exigencia de perfeccionarla y acomodarla a las demandas actuales de la gran familia nacional (...) Tenemos derecho moral y legal a pedir el sí, porque el cambio se efectúa desde la legalidad, por los procedimientos previstos en la Constitución [Leyes Fundamentales]”.

3. Que es falso el enfrentamiento entre “dictadura y monarquía constitucional”, en cuanto que son sobreabundantes la pruebas de que la dictadura no tenia voluntad de perduración y el propio dictador anuncia al presidente Nixon (1970) el reinado de Juan Carlos I y el establecimiento de la democracia (“la que ustedes quieren”), según el testimonio de Vernon Walters , cuidadosamente ocultado por la censura invisible.

En este marco, el antifranquismo ha ejecutado la freudiana “muerte del padre” (Esparza), ha creado “el gran chivo expiatorio” y ha decretado la doctrina del “mal absoluto”, lo que si, en cualquier caso, es una irracionalidad, lo es más para un régimen que, objetivamente, nos ha legado, en lo económico, la industrialización; en lo social, la clase media; y, en lo político, el Rey; al tiempo que, hipotéticamente, nos ha salvado del comunismo, al menos en la apreciación del doctor Marañón, que establece en el comunismo y el anticomunismo “los auténticos polos de la lucha”.

Particularmente, Santiago Álvarez (1913-2002), el prohombre comunista, y yo, joseantoniano de filas, nos reconciliamos con la amnistía para periodistas (1976) y quedamos reconciliados, amigos y “comensales simpáticos”. Pero me pregunto ¿quién más se ha reconciliado conmigo? No refiero, ahora, la pregunta a ninguno de los seis firmantes del acuerdo de 20 de noviembre, en la seguridad de que nunca he tratado de imponer nada por la violencia ni he participado en represión alguna, sino, más bien, todo lo contrario.

Pienso, sí, en el derecho a la libertad de expresión como forma de reconciliación y más concretamente en el normal estudio y presentación del ser histórico de José Antonio Primo de Rivera (el gran adalid de la síntesis), cuyo centenario se conmemora en este año 2003, acosado por todo género de proscripciones asimétricas . Pienso en que se pueda cantar “Cara al Sol” con la normalidad que se canta “La Internacional”.

Pienso en el auto de fe de las inencontrables “Obras Completas de José Antonio”. Pienso en el rector que prohíbe un ciclo de conferencias organizado por los estudiantes. Pienso en el concejal que pide mi “excomunión”, por joseantoniano. Pienso en el Departamento universitario que boicotea una tesis doctoral sobre “José Antonio, la derecha y el fascismo”. Pienso en los directores que vetan inicuamente la replica a los agravios. Pienso en las manos negras que han machacado las propuestas de cursos de verano. Pienso en los tabúes, ninguneos, y tantas otras formas sibilinas de censura invisible y, en definitiva, de condena y persecución.

Pienso (¿ilusoriamente?) en la reconciliación que, veinticinco años después, anima la nueva propuesta de Adolfo Suárez (2002): “Hay que llevar a la calle los valores de nuestra Constitución. Hay que hacer de ellos nuestros hábitos normales de convivencia”.

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