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La memoria de la Otra Europa

Una voz en el desierto

Ernesto Milá: Si me matan, vengadme…

Ernesto Milá: Si me matan, vengadme…

El sábado pasado participé en una entrañable comida con otros tres viejos camaradas que hacía mucho tiempo que no veía; en un caso con un querido camarada que hacía 32 años que no nos saludábamos. Milagro de las identidades ideológicas el percibir que pasadas las décadas seguimos compartiendo las mismas posiciones. Nosotros somos, de los que no traicionan. Nosotros somos aquellos que tienen tan asumidos sus comportamientos que no serían capaces de asumir otra identidad ideológica. El motivo del encuentro era realizar un documental sobre Juan Ignacio asesinado por quien algunos imaginamos desde hace 30 años.

Juan Ignacio era el mejor de todos nosotros. Por eso lo apreciábamos y por eso aceptábamos su liderazgo. Era entre todos nosotros el “primus inter pares”, aquel en quien confiábamos y aquel por el que estábamos dispuestos a luchar y a seguir sus órdenes. Fue asesinado en un no-tan-oscuro-episodio en noviembre de 1980. Su crimen sigue impune treinta años después. Ni se sabe quién lo asesinó, ni se sabe quién firmó la orden para que lo asesinaran. Yo no lo he olvidado: quiero saber, antes que cualquier otra cosa, quién lo asesinó y quiero que lo pague a pulso.

Os contaré una historia. En 1919, Benito Mussolini era todavía un agitador socialista. Hacía tiempo que había sido expulsado del PSI y quería que la nación italiana y su proletariado industrial recuperaran su dignidad. Les habló antes de la reunión de la Piazza del Santo Sepolcro en la que se fundó el Fascio milanés y les dijo: “Si avanzo, seguidme; si retroceso, matadme; si me matan, vengadme”. Y esto es lo que hoy quiero aplicar a mi relación (a nuestra relación) con Juan Ignacio.

A Juan Ignacio lo seguimos mientras vivió. No hubo ocasión de verlo retroceder porque Juan Ignacio destilaba confianza y valor. Nunca dio un paso atrás y nunca los que estuvimos bajo sus órdenes lo dimos tampoco. Pero a Juan Ignacio lo mataron y lo que queda, lo que nos queda a todos los camaradas que lo conocimos, es vengarlo. Vengarlo, ¿lo oís? vengarlo. Estoy seguro que él nos lo agradecería desde el más allá en caso de existir. ¿O es que creéis que él no hubiera vengado a  cualquiera de nosotros en caso de haber sido asesinado?

Nada sale impune en esta vida, tanto el bien como el mal, todo, absolutamente todo, se paga. Y quienes asesinaron a Juan Ignacio, el hijodeputa que dio la orden de ejecución, atrincherado en las alcantarillas del Estado, no se irá –no quiero que se vaya– de rositas: debe de pagar sus crímenes (que no es sólo el de Juan Ignacio, sino todos los crímenes que se cometieron en la transición) y los pagará a pulso.

Los antiguos militantes del Frente de la juventud nos estamos moviendo. Hay algo que algunos no entienden: ¿cómo los vínculos de solidaridad y de amistad entre quienes compartimos la misma militancia son tan sólidos hoy como lo eran hace 35 años? Respuesta: porque hace 35 años tuvimos un líder y a ese líder lo mataron los funcionarios de las alcantarillas del Estado. Hace falta solamente poner algunos nombres y apellidos, pero no os quepa la menor duda que fue de ese pozo de inmundicias de donde partió la orden de asesinar al mejor de todos nosotros.

Y ahora han pasado 30 años. Nosotros somos de los que ni olvidamos ni perdonamos. Nosotros somos de los que decimos con Evola. Lo lamento por Blas y por los católicos con los que compartí militancia hace más de 30 años. Sigo sin ser católico y como no-católico (y, aun reconociendo que el catolicismo forma parte de la historia de España y de la tradición española) recuerdo este párrafo incomparable de Evola en el que resume nuestra ética:

"Tomando por ideal el héroe antes que el santo, el vencedor antes que el mártir, colocando la suma de todos los valores en la fidelidad y en el honor antes que en la caridad y la humildad, considerando la dejadez y la vergüenza como un mal peor que el pecado, no respetando en absoluto la regla que pide que se devuelva bien por mal y que no se oponga resistencia al mal, aprestándose, antes bien, en castigar al injusto y al malvado, expulsando de las propias filas a aquel que mantuviera literalmente el precepto cristiano de "no matarás", teniendo por principio no amar al enemigo sino después de haberlo vencido, así la caballería afirma, casi sin alteración, una ética nórdico-aria en el seno de un mundo que no era más que nominalmente cristiano".

La venganza es un plato que se degusta frío pero que es una obligación degustarlo. No quiero que mis antiguos camaradas de Frente de la Juventud se  vuelvan a reunir para honrar al mejor de todos nosotros, a Juan Ignacio, quiero que se reúnan para vengarlo, ¿lo oís? Para vengarlo. Nosotros no formamos parte del mariconeo general, ni del oportunismo rampante que nos invade: ¿Los partidos políticos? ¿Las alcantarillas? ¿El poder político? ¿El económico? Sí, todo eso está muy bien: ¿pero decidnos quien asesinó a Juan Ignacio y por qué? Porque lo que hoy, todos los antiguos militantes del Frente de la Juventud lo que queremos es venganza. ¿Lo oís bien? No somos de los que perdonamos y de los que olvidamos, somos de los que creemos que todo crimen merece su castigo, todo atentado contra el honor su expiación, cualquier vulneración de la ética su castigo. Y queremos, treinta años después del asesinato de nuestro amigo y camarada: queremos que quien firmó la orden de ejecución, lo pague. Y lo pague conforme a la gravedad de su crimen. Queremos venganza. Cualquier otra cosa no sería suficiente. ¿O es que hay algún antiguo militante real del Frente de la Juventud (militantes de pastel que dicen que estuvieron allí y que jamás los vimos hay todos los que queráis) que hoy se siendo distanciado de este clamor unánime?

Va siendo hora de revisar la transición española que dista mucho de ser aquel período idílico en nuestra historia en el que los españoles decidimos entregar nuestro futuro a un centro-derecha y a un centro-izquierda que nos han arrojado a las heces de la corrupción, de la inmigración masiva y de la crisis económica. La transición fue muy diferente a cómo nos la contaron. De hecho, no se parece en nada a la “versión oficial”.

No es sólo porque asesinaran a nuestro amigo y camarada, sino porque mintieron a toda la nación: nos hicieron creer que todo el pueblo español asumía un compromiso centrista, cuando en realidad fue la violencia artificialmente construida en la extrema-derecha y en la extrema-izquierda la que indujo al grueso de la población a refugiarse bajo el paraguas protector del Estado.

Entre 1976 y 1982 murieron 200 ciudadanos víctimas de atentados terroristas. La mayoría de ellos siguen impunes. Nosotros queremos recuperar esa “memoria histórica”. Queremos saber porque murieron 200 de nuestros vecinos y, entre ellos, Juan Ignacio. Intuimos el por qué, intuimos de dónde partió la “orden de ejecución”, tan solo queremos que este crimen y otros similares durante la transición no queden impunes. Queremos –os lo he dicho– queremos venganza. Y la justicia es venganza cuando se ha hurtado al pueblo y el pueblo la exige. Nosotros, hoy, antiguos militantes del Frente de la Juventud queremos saber el nombre de la escoria surgida de las alcantarillas que ejecutó –porque de una ejecución se trató- a Juan Ignacio. Se equivocaron matándolo: nosotros, camaradas, nosotros somos de los que no olvidamos. Recordarlo y no lo olvidéis jamás: “Si me matan, vengadme”. Y al que se trata de vengar es a Juan Ignacio, no queremos reuniones de excombatientes, ni nostalgias de cuando éramos jóvenes y teníamos un ideal para vivir y una causa para morir, queremos la verdad y queremos que quien lo asesinó pague.

© Ernesto Milà

En la red: Papá, ¿quién fue Juan Ignacio?

En la red: Papá, ¿quién fue Juan Ignacio?

Texto completo

En la red: In Memoriam Juan Ignacio

En la red: In Memoriam Juan Ignacio

 

Juan Ignacio González Ramírez, secretario nacional del Frente de la Juventud, fue asesinado en el portal de su casa en Madrid el 12 de diciembre de 1980. Muchos años después su muerte sigue sin resolverse. Se trata del único crimen político de la transición española cuyos autores han quedado impunes. Nosotros nos negamos a olvidar nuestro sentido del deber y reivindicamos, antes, ahora y en el futuro, la memoria de Juan Ignacio González y el esclarecimiento de su asesinato

Asociación In Memoriam Juan Ignacio González:

Enlace del blog de la asociación

Paco... descansa en paz ¡¡camarada!!

Paco... descansa en paz  ¡¡camarada!!

Esta madrugada ha muerto nuestro camarada de tantos años y tantas vivencias de lucha continuada que desde su puesto en la calle Goya esquina a Núñez de Balboa (Madrid) nutrió a distintas generaciones de su espiritu revolucionario y portador de la eterna llama, D.Francisco Alcocer González, más conocido como Paco el Metralleta.

El velatorio se efectuará en el Tanatorio Norte de Madrid (detrás del Hospital Ramón y Cajal) de 13 h. a 16 h. (se ruega a todo el entorno falangista que lleven sus camisas azules por expreso deseo de Paco).

A las 18 h. se le rendirán los honores pertinentes y se depositarán 5 rosas, donde tenía su puesto.

Dios le guarde y le dé Descanso Eterno (Q.E.P.D.)

Fuente: Asociación I.R.A (Asturias)

Asociación Cultural IN MEMORIAN Juan Ignacio González

El verano también da espacio para trabajar.En breve se constituye la asociación cultural IN MEMORIAN Juan Ignacio González. Os informaremos de nuestras actividades y de nuestro trabajo para los actos del 31 aniversario en el próximo diciembre ... Esperamos aportar mucho más los 365 días del año.No parar hasta conquistar. Han vuelto para sumar y luchar.

Después de crecer enarbolando una idea, de vivir intensamente cada batalla, después de encontrarnos en las puertas de la gloria, después de haber vivido con honor, no podíamos terminar nuestro camino con la mirada perdida ni con el sentimiento de la rendición ante el presente, olvidando nuestro pasado ….

Os agradecemos vuestra divulgación. Contamos con todos para vuestras canciones y poema, vuestro murales y pintadas, vuestras ideas, vuestro brazos y vuestra fuerza.

Entre todos podemos, la belleza está en la acción.

¡Esto es Europa, imbéciles!. En algunos europeos todavía late el espíritu de la vieja Esparta

¡Esto es Europa, imbéciles!. En algunos europeos todavía late el espíritu de la vieja Esparta

Infokrisis.- Soplan vientos de conflicto en Europa Occidental. Nuestra clase política ha creído que puede comprar y vender a cualquiera. Han creído –insensatos– que comprarán al Islam como han comprado a los sindicatos o desmovilizado a la sociedad civil. Hay creído que bastarían las vanas palabras que seducen a las masas occidentales –“multiculturalidad”, “integración”, “derechos de las minorías”, “mestizaje”, “laicismo”, “alianza de civilizaciones”- para aplacar al Islam, civilizarlo y encarrilarlo por la senda por la que discurre Europa desde el Renacimiento. Insensatos, ingenuos y, si se nos apura, tontos de baba, aquellos por cuya mente hayan pasado estas peregrinas ideas.

Escribimos estas líneas justo cuando en Dinamarca se ha detenido a un grupo de fanáticos que intentaban preparar un atentado contra el autor de las caricaturas de Mahoma publicadas hace ahora dos años. Cuando se tiene como vecinos a gente así cualquier convivencia es imposible. Es el Islam: está en Europa, entre nosotros, ha llegado para convertir nuestro continente en “tierra islámica”. ¿Podíamos pensar que iba a ser de otra manera? Están en su derecho, es lo que prescribe su fe. Al menos creen en algo, por extraño, lejano e inaceptable que a nosotros nos parezca.

La diferencia demográfica juega a su favor y la estupidez de nuestra clase política también. Cuando, hacia el 2020, existan sobre nuestro continente 15 millones de islamistas, no cabe la menor duda de que la vida en la Vieja Europa será completamente diferente.

No albergamos la menor duda sobre el resultado terrible de la confrontación para la que tenemos fecha fija y que adquirirá los rasgos de una guerra civil, racial, religiosa y social. Ellos sólo quieren guerras santas.

Pues bien, no se van a encontrar solamente a un grupo de políticos incapaces y corruptos, habituados a la componenda, al pacto y a la traición, no van a encontrar solamente a usureros que solamente piensan en comprar al peso a otros para luchar por sus propios intereses, ni van a encontrar solamente a colgados con un porro entre los labios, esnifadores habituales de coca o pastillosos compulsivos. Van a encontrar a hombres y mujeres dispuestos a luchar por lo que es suyo, por su futuro y el de sus hijos, en nombre de los viejos valores que han hecho a Europa.

En este combate, como en todos los que vale la pena luchar, habrá vencedores y vencidos. O el resultado de esta lucha será la islamización total de Europa a lo largo del siglo XXI, o el combate se saldará con su expulsión de la sagrada tierra de Europa… no hay –tampoco aquí– una tercera vía.

Volverán a la tierra que nunca debieron abandonar. Vinieron en pateras y algunos volverán en cargueros a sus costas, a la otra orilla del Mediterráneo. Pero no irán solos. En las bodegas irán también esos políticos responsables del conflicto. A fin de cuentas los islamistas luchan por el triunfo de una idea, mientras que nuestra clase política lucha solamente por medrar, sin mesura y sin freno. Aparte del escupitajo en la cara, éstos no merecen nada más que un billete de ida a la otra orilla del Mediterráneo.

Que nuestra clase política se vaya haciendo a la idea de que la confrontación es inevitable como la única salida para evitar la islamización del continente, y que esa confrontación terminará con el advenimiento de una nueva situación en la que la vieja clase política responsable de la confrontación, junto a la clase política europea cuya incapacidad y estupidez habrá hecho posible el que se llegue a la misma –por su ambición desmedida, por su irresponsabilidad, por la dejación de su responsabilidad histórica- no tendrá lugar en el nuevo amanecer de Europa.

Hay un texto que debe ser considerado como inspirador por parte de todos los que estén dispuestos a asumir un lugar en la lucha en defensa de la libertad de Europa y de la supervivencia de la cultura de nuestros padres. Es la carta escrita por un soldado espartano la noche antes del desenlace de la batalla de las Termópilas. Leedlo, porque entre sus líneas se respira todavía el aroma que dio a Europa los mejores momentos de su Historia:

 

Yo, que he de morir mañana…

“Yo, que mañana he de morir, escribo estas letras a la luz de unas antorchas esperando que amanezca. Contemplo el resplandor de las estrellas, y su brillo es muy diferente de la lobreguez que envuelve a los cadáveres que se extienden frente a mí, los mismos que tiñen de rojo el barro que piso, y cuyo olor acre me repugna tanto como saber que mañana yo seré uno más entre ellos. Yo, Agatocles, soldado espartano, hago guardia en el desfiladero de las Termópilas, sé que hoy nos han rodeado, y que este lugar será mi tumba, y al pensarlo mi estómago se encoge de frío, como si la gelidez de la muerte quisiera invadir ya mi cuerpo. Por eso escribo con mi letra menuda, y al hacerlo mis manos dejan de temblar y siento que mis temores se difuminan. No, no intentar huir al resguardo de la oscuridad; en su lugar escribo, y estas letras hablarán por mí cuando yo esté muerto, ellas explicarán por qué acepto mi destino; sí, serán ellas las que darán cuenta de los motivos de los que aquí esperan la muerte.

De nosotros, los espartanos de la guardia del rey Leónidas, dicen que somos hombres justos, que fuimos elegidos entre aquellos que más despreciaban las riquezas y el lujo, y que nunca nos hemos dejado corromper por el oro; pero en verdad yo os digo que quien dice esto miente. En Corinto vimos por primera vez oro y plata en abundancia, y nos arrojamos sobre él ansiosos de botín, pero al poco vimos al hermano pelear con el hermano por una copa de plata, o a hombres que habían luchado codo con codo disputar por una esclava de ojos verdes.

Leónidas nos vio poseídos por la codicia y nos convocó en el ágora. Allí arrojó lo que le había correspondido al suelo y dijo: «Ahí tenéis mi parte, mataos por ella». Los trescientos hombres de su guardia nos avergonzamos y nos desprendimos de nuestras riquezas de igual manera. Desde esa noche abandonamos los palacios de mármol y dormimos fuera de la ciudad, al cobijo de nuestras tiendas de lino. Todos los hombres del ejército de Esparta nos alabaron y dijeron: «Éstos son hombres justos que no se dejan corromper», pero se repartieron nuestro oro, y a nosotros no nos importó, porque habíamos visto el precio de la opulencia, y nos pareció tan alto que ni uno solo de los trescientos tuvo ánimo para permanecer en la ciudad.

Por eso, cuando distinguimos a Jerjes en la colina vestido de seda engarzada con piedras preciosas, le despreciamos. Sin embargo, aquella misma tarde nos ofreció un carro cargado de oro a cambio de dejar el paso franco y nosotros sentimos de nuevo el gusano de la codicia en nuestro interior, y creo que nadie se vio libre de desear esas riquezas y abandonar el desfiladero y vivir; pero Leónidas se puso frente a nosotros. Él nos conoce y por eso no habló de honor, gloria, o patria, porque sabía que en esta ocasión esos términos sonarían huecos a nuestros oídos frente a la palabra vida. «Quizás alguno todavía desea vivir en Corinto», dijo, «el que quiera puede coger su parte y abandonarme. Al que lo haga le recomiendo que cargue mucho oro para olvidar el rostro de los amigos que deja atrás, y le hará falta aún más para olvidar la sangre de los que morirán por su traición más allá del desfiladero». Eso dijo, y luego guardó silencio, y nadie se movió, y ni uno solo de noso­tros arrojó las armas, y por un momento, sólo por un momento, nos regocijamos de estar allí junto a nuestro rey. Así fue, y quien diga lo contrario merece la muerte.

De nosotros, los espartanos de la guardia del rey Leónidas, dicen que somos hombres de gran valor, que no tememos la muerte y despreciamos el filo de las armas de los enemigos. Yo, en verdad os digo, que quien dice esto miente, que al ver las filas del enemigo erizadas de armas se nos encoge el corazón y tememos el corte del acero y el dolor de las heridas; pero mucho peor que este dolor nos parece sufrir el desprecio del amigo que combate a nuestro lado, la vergüenza de la mujer que espera nuestro regreso, o el repudio del anciano que un día luchó por nosotros. Por todo eso dominamos nuestros temores y luchamos poseídos de una furia salvaje que resplandece en nuestros ojos, pero esa mirada no es de odio al enemigo, sino de espanto por saber que la parca camina siempre a nuestro lado y que cualquiera puede ser el próximo. Así es, y quien diga lo contrario merece la muerte.

De nosotros, los espartanos de la guardia del rey Leónidas, dicen que somos hombres leales y luchamos por la libertad de los ciudadanos helenos, por la justicia y la ley, pero en verdad yo os digo que quien dice esto miente. Mañana al amanecer embrazaremos nuestros escudos y, tras empuñar las lanzas, se escucharán nuestros himnos de guerra resonar en el desfiladero, y cargaremos contra las hordas de los bárbaros. Yo avanzaré hombro con hombro ocupando mi puesto en la falange cerrada, y sentiré el calor, la luz del sol, el olor del hierro, el sudor de los hombres, sabiendo que todo eso lo haré por última vez. Y mi lanza se llenará de sangre, y mataré diez bárbaros, o cien, o mil, pero esto valdrá de poco, porque mi vientre será atravesado por las lanzas del enemigo y moriré, pero no lo haré por la libertad de los helenos, ni por la justicia y la ley, ni siquiera moriré por Esparta. Moriré por no verme esclavo, arrastrando la cadena de la servidumbre por los desiertos de Media; moriré por vengar a Agesilao, mi amigo, al que vi caer ayer atravesado por una flecha egipcia; moriré junto a Arquíloco, que me ha cubierto el flanco con su escudo en diez batallas y mañana me lo cubrirá por última vez; moriré por Leónidas, que nos conduce a la muerte, pero al que le estamos agradecidos porque antes hizo de nosotros hombres.

Mañana, cuando la noche caiga, de la guardia del rey Leónidas sólo quedará un grupo de cuerpos sin vida, y después un puñado de huesos, y después un puñado de polvo, y después nada. Quizás entonces, cuando se haya olvidado el nombre de Esparta, e incluso el vasto imperio del Rey de Reyes haya sucumbido al olvido, alguien recordará nuestro sacrificio y verá que por nuestra muerte fuimos justos, valientes y leales, y todo lo que no llegamos a ser en vida, y entonces dirá: «los espartanos de la guardia del rey Leónidas murieron hace mucho, pero su recuerdo permanece inmortal». Así será, y quien diga lo contrario merecerá la muerte.

© Ernesto Milà – InfokrisisInfokrisis@yahoo.es

Hess: Ni el odio ni la mentira podrán borrar nuestra memoria

Hess: Ni el odio ni la mentira podrán borrar nuestra memoria

En la red: 70º aniversario de la División azul ¿Una división solo anticomunista? el blog de Jorge Alvarez

En la red: 70º aniversario de la División azul  ¿Una división solo anticomunista? el blog de Jorge Alvarez
Con ocasión del septuagésimo aniversario de la creación de la famosa División Azul, la emblemática unidad española que sirvió en el Frente del Este durante parte de la Segunda Guerra Mundial ha adquirido un protagonismo notable. Si bien es cierto que la División Azul siempre ha concitado una gran interés entre historiadores e intelectuales que se ha visto ampliamente reflejado en la gran acogida que tienen entre el público los artículos, libros y documentales que tratan sobre ella, en las últimas semanas esta atención se ha incrementado de forma evidente. Casi todos los medios de comunicación españoles han dedicado espacios a recordar a la División Azul, a relatar sus hechos de armas, a explicar qué significó desde un punto de vista político y diplomático, etc. También ha habido mesas redondas y conferencias organizadas por diferentes instituciones (destacando especialmente las que está convocando la Universidad San Pablo CEU). Y también han aparecido nuevos libros que abordan aspectos generales o parciales sobre la División Azul y desde diferentes posicionamientos ideológicos.
Con motivo del aniversario también ha reaparecido una polémica bastante antigua pero que ahora ha cobrado mayor intensidad. Me refiero al debate acerca de si la División Azul fue una unidad ideológicamente comprometida con la causa del Eje a nivel general, es decir, si sus integrantes se identificaban globalmente con los objetivos de Alemania en la guerra, o si la División Azul fue sólo una unidad exclusivamente anticomunista y que más allá de este aspecto, no tenía más coincidencias con la causa de la Alemania nacional-socialista.
Una gran parte de la responsabilidad del actual enconamiento de este viejo debate la tiene el escritor izquierdista Jorge Martínez Reverte que acaba de publicar un repugnante libro (por llamarlo de alguna forma) sobre la División Azul. El autor de este bodrio realmente no inventa nada, se limita a reactivar una estrategia de desprestigio de la División Azul muy manida; identificarla con los crímenes de la Alemania nazi. Esta línea de ataque ha sido empleada con profusión por los izquierdistas, pero no exclusivamente. Podemos recordar que hace ahora exactamente 15 años, en Julio de 1996, el ultra neocon Federico Jiménez Losantos, cuando escribía en el diario ABC, también la utilizó al acusar a los voluntarios españoles de “la ignominia moral  que supone compartir trinchera con los fogoneros de los campos de concentración”.[1]
El problema surge cuando desde las filas de los defensores de la División Azul se responde a este tipo de ataques tan burdos con argumentos equivocados y en muchos casos tendenciosos. He podido acceder a bastantes artículos en los que gente que conoce bien la Historia de la División Azul y que simpatiza abiertamente con ella ha dado respuesta a los ataques de Martínez Reverte. Y, francamente, casi todos, a pesar de la supuesta buena voluntad de sus autores, me parecen bastante desafortunados.
La línea argumental de estas respuestas suele coincidir en lo básico y se puede resumir como sigue: resulta falaz identificar a la División Azul con los crímenes de las tropas alemanas en el Frente del Este y acusarla de participar en acciones contra los judíos de la misma forma que es falsa la afirmación de que los divisionarios simpatizaban con la causa nazi y que compartían los objetivos bélicos globales de los alemanes. Y, según esta línea, la División Azul era únicamente una unidad anticomunista y por lo tanto no compartía con Alemania ningún otro objetivo a parte de la destrucción del bolchevismo.
Este tipo de argumentos, supuestamente bienintencionados, crean algunos problemas. En primer lugar, porque no se ajustan a la realidad y además porque, a mi juicio, perjudican más que benefician a la imagen de los voluntarios españoles que combatieron junto con los alemanes en la Rusia comunista.
La realidad incuestionable es que el espíritu común que anidaba en los voluntarios de la División Azul no era meramente anticomunista. Flaco favor hacemos a unos jóvenes que en su inmensa mayoría eran revolucionarios, idealistas, audaces y partidarios de una regeneración de España y de Europa que sólo podía venir de la mano de los movimientos fascistas, si para defenderlos de los ataques de sus enemigos los convertimos en vulgares anticomunistas, en una especie de reaccionarios sin ideas positivas ni proyectos generosos de reconstrucción, en individuos mediocres que sólo percibían el peligro bolchevique y no veían en la plutocracia anglosajona amenaza alguna para la civilización.
Particularmente triste me pareció comprobar que hasta el magnífico y meritorio boletín “Blau División”, editado meritoriamente por los amigos y camaradas de la Hermandad de la División Azul de Alicante, se apuntaba a esta línea argumental en un artículo aparecido en el último número correspondiente a Julio-Agosto. Con motivo de una nota necrológica aparecida en la revista “Tierra, Mar y Aire” en la que se hablaba de la División Azul como “el cuerpo de voluntarios que Franco envió para ayudar a Alemania en el Frente ruso”, el redactor de “Blau División” se mete en un penoso charco. Extraigo algunas frases:
“… si de lo que se hubiera tratado era de “ayudar a Alemania”, se podían haber enviado voluntarios a cualquiera de las campañas que llevó a cabo la Wehrmacht. Pero solo hubo voluntarios españoles para la campaña CONTRA EL COMUNISMO. La frase que aparecía en Tierra, Mar y Aire era en realidad PROFUNDAMENTE DESAFORTUNADA, pues daba a entender que los divisionarios eran algo así como germanófilos. Ya se ve, hay que tener el mayor cuidado con las palabras, pues a veces pueden transmitir contenidos totalmente falsos bajo una apariencia anodina.”
“Sin embargo, como se comentaba más arriba, hay que extremar el cuidado con las expresiones que se usan, y el que decenas de miles de españoles lucharan en el Frente Ruso NO SE DEBIÓ A NINGÚN AFÁN DE AYUDAR A ALEMANIA, SINO AL DESEO DE LIBRAR A EUROPA DEL COMUNISMO.”
Pues, amigo del Blau, vamos precisamente a hablar de “palabras y expresiones” y vamos a repasar las que los divisionarios dejaron escritas en 1941 y 1942. Afortunadamente, los propios voluntarios nos legaron un valiosísimo documento que refleja de forma incontestable el sentir colectivo de la División Azul. Me refiero a la Hoja de Campaña, que ellos editaban primero en Grigorovo y más tarde en Riga. ¿Qué escribían los voluntarios españoles en el único medio de comunicación que expresaba de forma genuina sus motivaciones y sus anhelos? Ejemplos:
El 13 de Diciembre de 1941 con motivo de la entrada en guerra de los Estados Unidos, en la portada del número 8 de la Hoja de Campaña se podía leer:
“El gueto, al fin, se salió con la suya. Roosevelt – el hombre del mandil – pudo por fin sentirse satisfecho. Ya todo el planeta es campo de batalla.”
En el número 12, del 18 de Enero de 1942:
“Nosotros luchamos como soldados de Hitler por una Europa “más justa”. Esa justicia reclama que se nos devuelva lo nuestro: Gibraltar.”
En el número 17 del 2 de Marzo del mismo año:
“Cuando a raíz de nuestra guerra, las jóvenes revoluciones europeas, Alemania e Italia, se pusieron resueltamente junto a la España falangista, sintió nuestra Juventud reafirmado su entronque con el momento histórico del mundo.”
“España, dentro del marco de la Falange, única capaz de sentir plenamente este momento histórico, se considera encuadrada en la vanguardia de la Revolución Europea.”
“En esta lucha titánica nuestro principal enemigo es el mundo anglosajón, es el dólar…”
“No queremos ver limitada nuestra misión a luchar contra el comunismo: queremos también demostrar nuestra solidaridad con la Alemania Nacional-Socialista de Adolfo Hitler. Si fuera conveniente, la División Azul estaría junto a sus camaradas alemanes en cualquier otro frente de batalla, como ya lo está su espíritu falangista.”
En el número 22, del 6 de Abril podemos leer lo que sigue:
“España, esto lo afirmamos rotundamente los hombres de la División Azul, se encuentra geográfica, histórica y políticamente en guerra con Inglaterra.”
Número 24, del 20 de Abril de 1942.
“El problema planteado a Inglaterra y América por los brillantes éxitos de los submarinos alemanes diariamente repetidos en la costa de los Estados Unidos ha hecho irremediable la amarga confesión del ministro de la marina yanqui. El soberbio desdén con que los plutócratas de las democracias pensaban perpetrar el dolor y sudor de los pueblos jóvenes y trabajadores en provecho de su grosero egoísmo materialista ha venido empeñándose constantemente en deshacer la verdad contundente de los hechos por medio de propagandas…”
En el número 32 del 24 de Junio:
“Nuestra presencia en el Frente del Este, no es solamente una justificación de nuestra posición ante esta lucha en que se juega el destino de Europa y su civilización. ¡Queremos que sea más amplia esta intervención y que se extienda a todos los frentes donde tenemos poderosas razones históricas que defender.”
Como bien se puede apreciar, la identificación de los divisionarios con la causa de Alemania era total. Y si no luchaban contra las democracias anglosajonas en otros frentes no era porque no quisieran, sino porque Franco no se lo permitía. La Hoja de Campaña está además, repleta de noticias que exaltan constantemente las victorias alemanas y japonesas contra los británicos y los norteamericanos. En la práctica totalidad de los números existen llamamientos a tomar por la fuerza Gibraltar, lo que obviamente hubiese supuesto entrar oficialmente en la guerra contra todas las potencias aliadas. Y el tratamiento que reciben Churchill y Roosevelt tanto en los artículos como en las tiras cómicas no deja lugar a dudas de que los guripas entendían como suya la guerra de Alemania e Italia contra los anglosajones.
Creo que además resulta más que evidente que los españoles que marcharon a Rusia con la División Azul sentían que formaban parte de una vanguardia europea que habría de forjar un Nuevo Orden bajo los  principios ideológicos de una Revolución de corte fascista. Por supuesto que eran germanófilos, por supuesto que fueron a Rusia a ayudar a Alemania y por supuesto que lucharon por algo más grande que la causa anticomunista. Y decir lo contrario es faltar a la verdad. Lo diga quien lo diga.
 
Fuente: Blog de Jorge Alvarez (de obligada lectura)