De un tiempo, de un país
León Degrelle: 1906-2006
“Un hombre demasiado grande para su pequeño país, una elocuencia truculenta, una aguda inteligencia, coherencia de sus puntos de vista, sinceridad y esa forma del honor que se llama fidelidad. Sus alegatos merecen ser escuchados” (Le Quotidien, París).
Hoy día 31 de Marzo se cumple el 9º Aniversario del fallecimiento de Léon Degrelle, el líder político belga que supuso una revolución en sí mismo.
Léon Degrelle nació en 1906 en Bouillon, un pequeño pueblo en las Ardenas belgas, en el seno de una familia de origen francés.
Estudió en la Universidad de Lovaina donde obtuvo el doctorado en leyes. Se interesó por otras disciplinas académicas como ciencia política, arte, arqueología y la filosofía tomística. Ya como estudiante se hicieron patentes sus cualidades de liderazgo.
A la edad de 20 años había publicado ya cinco libros y organizaba su propio periódico. De profundas convicciones cristianas, ingresó en el Movimiento Acción Católica belga y pronto se convirtió en uno de sus dirigentes.
A la edad de 25 años había impartido más de 2.000 mitines, siempre controvertidos. Sus libros y periódicos eran leídos por toda Bélgica. Su pasión era la gente. Quería ganarse a las masas, particularmente las marxistas. Quería que compartieran con él sus ideales de renovación social y espiritual; levantar a la gente, forjar con ellos un Estado estable, eficiente y responsable basado en el sentido común de la gente y con el único objetivo de su bienestar.
En sólo algunos cortos años, se ganó a gran parte de la población belga, y el 24 de mayo de 1936 su Partido Rexista obtuvo una aplastante victoria electoral frente a los partidos establecidos: 34 escaños del Senado.
Viajó por toda Europa, Asia y Norte América. Viajó a México para apoyar el levantamiento de los Cristeros (1926-1941) contra las leyes anticlericales y antireligiosas. Mussolini le invitó a Roma, Churchill se entrevistó con él en Londres y Hitler le recibió en Berlin. Realizó enormes y desesperados esfuerzos por parar el tren de Europa a una nueva guerra.
Uno de los últimos en abandonar los combates en el Frente del Este, Léon Degrelle escapó a la rendición incondicional volando algo más de 1.500 millas desde Noruega a través de la Europa ocupada por los aliados para alcanzar España, donde con las últimas gotas de combustible se estrellaría en las playas de San Sebastián, herido gravemente.
Pero frente a todas las expectativas, sobrevivió, construyendo una nueva vida en el exilio para su familia. Vivió y trabajó en España, no dejó de trabajar como el más importante testigo vivo de la II Guerra Mundial, de la Campaña alemana en el Frente del Este y de los avatares políticos y sociales del siglo XX.
Degrelle falleció el Jueves Santo, día 31 de marzo de 1994.
LEON DEGRELLE, NUEVE AÑOS DESPUES
por Pedro Varela
Son ya nueve años los transcurridos desde la desaparición de Léon Degrelle el 31 de Marzo de 1994, justo cuando queríamos ofrecerle la sexta edición de uno de sus numerosos libros para mostrarle nuestra admiración y cariño y rendir homenaje a la vida y la obra de alguien que fue más que un simple autor de libros
Político jovencísimo que movilizó a grandes masas de su pueblo y estuvo a punto de conquistar el poder a los 30 años –carrera frustrada por la guerra–, era también un escritor incansable con decenas de obras que aúnan una forma de escribir amena y clara a un contenido apasionante, como ha sido toda su vida, más trepidante que cualquier novela de aventuras.
Comandante de la División de Voluntarios Valones en el Frente del Este, soldado excepcional, héroe de la bolsa de Tscherkassy (un Stalingrado victorioso para los alemanes), que alcanza la graduación de General de las Waffen-SS al finalizar la guerra, era también un formidable orador. Lider carismático, luchador incansable incluso en el exilio y hasta avanzada edad, contaba a sus ochenta y siete años con más proyectos y libros por escribir y publicar de los que un hombre joven podría siquiera soñar.
Conoció personalmente al Führer, de quien pronto se convirtió en uno de sus más fieles seguidores, y aquél reconoció en Degrelle al joven dirigente que podría jugar un papel de primer orden en la construcción de la Nueva Europa, nombrándole Volksführer.
Tras los últimos enfrentamientos bélicos en los que Degrelle tomó parte en 1945, en tierras de Pomerania, alcanzaría, en un vuelo rocambolesco, las costas españolas y quedó así unido para siempre a nuestra patria. Exiliado desde 1945, vivió en España sin perder en ningún momento las ganas de luchar que otros muchos olvidaron pronto.
Acabada la guerra, para Léon Degrelle, como para Rudolf Hess y muchos otros, la lucha no hacía sino empezar, con otros medios, en otros frentes, pero de forma todavía más difícil y mucho menos agradecida, enfrentándose a una gigantesca maquinaria propagandística que se regocija, hasta el día de hoy, manchando y negando el derecho a la verdad a los vencidos, sea con acusaciones falsas o con historias hollywoodianas alentadas –¡y altamente premiadas!– por el sionismo mundial.
Disfrutar de sus libros, entrevistas y discursos, impresos, grabados o filmados nos darán una idea del fuego que ardía en el interior de este alma, nacida el 15 de Junio de 1906, para conducir a los hombres hacia el bien, la verdad, la belleza y la grandeza.
Hasta sus casi 88 años, con un ritmo vital que todos le hemos envidiado siempre y del que se ha sentido orgulloso, seguía dispuesto a ganar la carrera a aquéllos de su generación que siguen falseando lo que realmente aconteció en el Siglo XX, en esta gran batalla metafisica de la Historia entre las fuerzas del bien y las otras.
Entretanto Léon Degrelle ya es historia. La noche del Jueves Santo de 1994, a las 23.30 horas, fallecía en un Hospital de Málaga, hace ahora nueve años. Él habría deseado que el destino de sus cenizas se ubicase, entre otros, en el Monasterio de El Escorial, lugar por él preferido, como admirador de Felipe II y el alto significado que para Europa tuvo el austero emperador, sobre cuyo reinado de la catolicidad no se ponía el sol. Aunque su pueblo natal, Bouillon, hubiese sido el lugar más lógico, la unión mística con el Héroe de la II Guerra Mundial harían llegar sus restos hasta las montañas del Obersalzberg.
Aun después de muerto sigue suscitando el escándalo. Se discutió en numerosas cartas a los medios si tenía o no derecho a las esquelas publicadas en los periódicos.
MI AMIGO LEON DEGRELLE
Amante del arte y de la belleza, ha sido para mí, en mis ya treinta años de dedicación a sus mismos ideales y mientras fui dirigente de una organización que heredaba idéntica cosmovisión del mundo, un camarada, un líder y un ejemplo.
Sentirme identificado con él no fue dificil: amor por el arte y la cultura, católico, nacionalsocialista, admirador y colaborador del Héroe de la II Guerra Mundial y luchador incansable por el futuro de Europa, me di cuenta que este hombre marcaría para siempre no sólo mi vida, sino la de muchos otros jóvenes para quienes en el futuro seguirá siendo fuente de inspiración.
Los jóvenes que hoy temen defender sus convicciones, jamás podrán imaginar lo que los combatientes del Frente del Este llegaron a dar por la defensa de Europa. Pero también muchos de aquellos combatientes de primera línea, comprensiblemente cansados y desalentados tras la derrota y los años de prisión, y pensando más en la reconstrucción material de Europa que en la continuación de una lucha que parecía irremediablemente perdida, bajaron la guardia y rehuyeron el combate en la "paz".
Y ahora, ¿qué queda de Léon Degrelle? Sin duda su obra, un centenar de escritos que, gracias a editores dinámicos y amigos fieles, se van traduciendo y editando al español. Me alegro de que haya muchos que con su esfuerzo personal colaboran en esta tarea. Por mi parte, me comprometí con él a mantener constantemente editadas sus obras. Y en ello estamos. Tras el secuestro del primer volumen (“Hitler para 1.000 años” también llamado “Memorias de un fascista”), he aquí una nueva edición de "Autorretrato de un fascista" (también titulado “Firma y rubrica”), con numerosas ilustraciones nuevas y desconocidas. Incluso las que nos muestran al Degrelle que, mayor y en el exilio, seguía dedicándose, como orador incansable, a despertar las conciencias dormidas de los jóvenes europeos.
Pero de él nos ha quedado, antes que nada y sobre todo, su ejemplo.
Los que han tenido la enorme suerte de conocerle en persona, guardan además la imagen viva, ardorosa, electrizante, de una personalidad que ha hecho historia y que fue consciente, hasta el final, de la importancia que tenía pasar el testigo a las nuevas generaciones. A estos miles de personas que vivieron sus mitines masivos o sus conferencias, les será, sin duda, un Norte y un punto de referencia en sus propias vidas. A los cientos de miles de lectores en todos los idiomas europeos, una fuente de inspiración y un mito real, que en el futuro formará entre las leyendas auténticas de la cultura europea. Y también sus advertencias y predicciones políticas. Insistió siempre en sus conferencias en el despertar del sufriente pueblo ruso y la aparición posible de un joven que les llevara a la reconstrucción nacional. O en su confianza en el pueblo alemán, su honradez, cultura, fortaleza y buen hacer, que le llevaría sin duda a ponerse nuevamente a la cabeza. Y la indispensable colaboración de rusos y alemanes si en el futuro Europa debía ser salvada, una vez solidificada la amistad con los franceses.
Por mi parte, se fue para siempre un amigo.
Era sin duda un jefe espiritual y un modelo. Pero a través de los frecuentes encuentros y llamadas, los trabajos conjuntos, las conferencias en Barcelona cuando yo era muy joven, o los mítines en Madrid, las visitas y entrevistas, creció un mutuo aprecio personal, que tanto él como su amable esposa y familia siempre me recordaron.
Tuve oportunidad de convivir con él en la intimidad de su hogar, que tuvo a bien abrir para mí durante muchos días, mientras trabajábamos juntos de forma incansable en uno de los nuevos proyectos. Indeleble en mi memoria permanece la semana que estuve invitado en su casa de Málaga, a solas con él y su esposa, trabajando, conversando, intercambiando impresiones, hablando de arte, de cultura, de política, de religión y del futuro, compartiendo su misma mesa y sus horas de descanso. Al finalizar aquellos días me diría con su buen humor habitual: "Pedro, es Vd. la primera persona que convive conmigo en la intimidad del hogar, cuando yo me muera podría escribir algo al respecto, por ejemplo ‘Una semana con Degrelle’, ¡hágalo!".
Lo que sin duda haré es contribuir a que la opinión pública conozca la verdad sobre la vida, la obra y el pensamiento de Léon Degrelle, que será de gran utilidad en los avatares sociales y políticos internacionales que se avecinan y que él predijo en tantas ocasiones.
Hablando con la familia comentaba el recuerdo que teníamos suyo. El de un hombre íntegro y bueno, como esposo, como padre y como político. Pero ser bueno no significaba para él ni ha de ser para nosotros ser condescendientes con la maldad o la estupidez, antes al contrario, duros y firmes, si bien sabía perdonar y olvidar, pues ello forma parte de la doctrina. Era también un hombre de los que dan ánimo y seguridad a todos, desde su dedicación total y desde su fe absolutamente coherente con su vida. Y no digo esto porque sea la hora de los elogios, sino porque estoy seguro de que, si los que me leen saben de quién se trata, o tuvieron el honor de conocerle en persona, pensarán que aún me estoy quedando corto. Era, sobre todo, un hombre generoso que ponía el corazón en todo lo que hacía.
En este noveno aniversario de su desaparición, reciban sus familiares nuestra más sincera condolencia. Sus camaradas nuestra comprensión. Pero nosotros deseamos continuar su trabajo.
(*) Dicha edición sería posteriormente secuestrada por la policía autonómica catalana a instancias de un Fiscal General, conocido marxista entre sus exalumnos y antiguo miembro de Bandera Roja. Tras un proceso-espectáculo que pretendía imponer un nuevo índice de libros prohibidos, un juez de un Estado democrático y de derecho ordenaría destruirlos.
Publicado en Nuevo Orden
Imprescindible visitar la web de la asociación de amigos de León Degrelle
Cineforum Degrelle - 1a parte
Cineforum Degrelle - 2a parte
Cineforum Degrelle - 3a parte
León Degrelle. ¡¡Presente!!
Nuestro Honor se llama Fidelidad
Rudolf Hess: el solitario de Spandau
El 17 de Agosto de 1987, hace ahora 19 años, muere estrangulado por sus carceleros en la cárcel de Spandau (Berlín) Rudolf Hess, condenado en 1946 por los vencedores de la II Guerra Mundial a permanecer en esta prisión de por vida.
Hemos sido muchos los que dedicamos una parte importante de nuestra juventud a participar en las incesantes campañas por la libertad de Hess organizadas –en España- desde Cedade y desde la Hermandad Pro-libertad de Rudolf Hess y coincidiendo con esta fecha, un querido camarada me ha pedido que escribiera para esta web un pequeño recordatorio sobre Hess en el aniversario de su asesinato.
En una época como la actual en la que no existen los héroes y se han denostado hasta el infinito los valores del sacrificio, de la lealtad y del honor, se hace necesario resaltar lo que Hess ha representado y representa para los militantes europeos y para las nuevas generaciones: la Fidelidad.
Durante décadas, fueron incesantes las campañas en pro de la liberación de Hess en todo el mundo. Grandes personalidades del ámbito de la política y de la intelectualidad, en absoluto sospechosas de simpatías hacia el nazismo, pidieron el cese del trato inhumano e indigno del que era víctima Hess. Curiosamente ninguna de estas peticiones vino nunca de Amnistía Internacional ni de las distintas Iglesias (católicas o protestantes), ocupados en otros menesteres menos incómodos y seguramente mucho más gratificantes. .
Recogidas de firmas, miles de carteles, adhesivos, conferencias, encadenamientos, cartas a la prensa…constituyeron básicamente las campañas realizadas a favor de la liberación de Hess a lo largo de los años, pero lo que personalmente más intensamente se me viene a la memoria de aquellos tiempos fue la edición, con unos cuantos años de anticipación, del gran cartelón-esquela anunciando su muerte.
Efectivamente, todos sabíamos que desgraciadamente y a la postre, Hess acabaría muriendo en prisión y que como ese hecho era ineludible, lo mejor era estar preparados para ello. Con tal motivo Cedade editó un gran cartel con formato de esquela en la que, bajo el águila nacional-socialista, rezaba simplemente con grandes letras la frase: “HA MUERTO RUDOLF HESS. Ahora ya es libre”. Estos carteles fueron distribuidos oportunamente por toda España, incluso alcanzaron gran difusión por muchos otros países, y fueron pasando de unos camaradas a otros custodiándolos como si del legado de un tesoro se tratase, con una única consigna: empapelar las ciudades cuando se anuncie la muerte de Hess. Y damos fe que así se hizo.
El vuelo de Hess.
Aun hoy gravita sobre Rudolf Hess el gran enigma sobre su vuelo a Gran Bretaña.
Las razones por las cuales Hess en 1941 viajó a Escocia se pueden resumir en que él estaba convencido que una guerra en dos frentes sería fatal para Alemania. Tenía relaciones en Inglaterra debido a su estrecha amistad con Haushofer. Su pasión por el NSDAP, lo forzaban a buscar la mejor salida, que era hacer la paz con Inglaterra para atacar a Rusia y obtener el "Espacio Vital" que, según Haushofer, era imprescindible para Alemania. No era hombre de ganar puntos ni hacer favores basándose en la intriga política, pero no tenía poder suficiente en el del estado, tal como lo tenía, por ejemplo, Goering. En ese momento, las voces más significativas estaban en un nivel distinto al del partido.
¿Es la pérdida relativa de poder, lo que obliga a Hess a hacer su famoso vuelo a Escocia? Es posible, pero es más factible que su decisión haya sido más motivo de su inquebrantable fe en el Fuhrer y en Alemania, que le hacía ver el panorama con más claridad desde un peldaño más abajo en la escalera del poder. Hess creía en Hitler y en su Mein Kampf, donde el Fuhrer mostró su convicción de que quería la paz para Europa y no un enfrentamiento con Inglaterra. Pero es difícil creer que su decisión no tuvo la aprobación de Hitler, debido precisamente a su fidelidad.
El 10 de mayo de 1941, Rudolf Hess, arriesgó su vida para lograr la paz. Pilotando un “Messerschmitt”, logró burlar la vigilancia de las patrullas de la RAF y aterrizó en Escocia. Su propósito era entrevistarse con el duque de Hamilton, antiguo amigo suyo y muy influyente en la Corte. Hess confiaba en que el duque de Hamilton le ayudaría a conseguir una entrevista con Jorge VI y con Churchill para convencerles de que “el Führer no quiere continuar esta guerra insensata” y de que el verdadero enemigo estaba en Rusia.
Hess proponía, nuevamente, una paz-empate, a condición de que se dejaran manos libres a Alemania frente a la URSS. Como garantía de las intenciones del Reich de cumplir lo pactado, el mismo Hess se ofrecía como rehén. No hay que olvidar que, en el momento en que Hess se presentó en Inglatera con su misión de paz, Alemania aparecía como muy probable vencedora. Inglaterra había sido batida en todas partes, en Francia, en Bélgica, en Noruega, en Yugoslavia, en Grecia, en Creta, en Libia, … incluso en los mares. Todos sus aliados continentales habían sido sucesivamente arrollados, y Roosevelt seguía sin conseguir envolver a Norteamérica en el conflicto, al lado de Inglaterra. En 1941 Alemania era la clara vencedora en todos los frentes. Y en ese momento de superioridad militar evidente, el vencedor tendió la mano al vencido.
Pero Hess no consiguió entrevistarse con el Rey, ni con Churchill, que lo mandó encarcelar mientras estaba viendo una película de “los hermanos Marx”. En vez de considerar, al menos, la posibilidad de detener la matanza entre pueblos europeos y, en caso de desacuerdo, permitirle regresar a su Patria, el gobierno británico trató al mensajero de paz, que fue allí en misión de paz, como un prisionero de guerra corriente y, más tarde, como un criminal de guerra, en la farsa y la parodia pseudojurídica de Nürenberg.
Rudolf Hess, que había ido por su propia voluntad a Inglaterra a ofrecer la paz, fue condenado a cadena perpetua por “criminal de guerra” en la cárcel de Spandau, donde permaneció en solitario encerrado en una pequeña celda de esta prisión-fortaleza hasta su trágica muerte a los 93 años. Tras ello, la prisión fue derruida.
Del prólogo de Jorge Mota al libro “Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler”
«¿Sirve de algo poner flores? ¿Sirve de algo, algo, diría yo?
Han pasado los años, Hess, pese a los buenos deseos de Cirlot no se ha convertido en un mártir. Se ha convertido en un desconocido. Ahora la tumba acoge a la esposa y también al hijo. Por fin se han reunido.
Rudolf Hess ha sido olvidado, pero ha de ser considerado un ejemplo no sólo para la ideología que siempre defendió, sino para cualquier persona honesta. Los hechos son demasiado cercanos como para poder ser juzgado con objetividad. Cuando por fin se publiquen los documentos secretos sobre el caso Hess, quizás entonces será el momento de poder juzgar al hombre, al héroe, por encima de las actitudes políticas. Hess, uno de los hombres más relevantes del III Reich decidió abandonar su país, dejar a su esposa e hijo e intentar la paz con Inglaterra.
Es un caso único en la historia, profundamente humano y excepcionalmente emotivo. Hess no voló a Inglaterra en 1944 con la guerra casi perdida. Marchó en el momento de máximo esplendor, cuando él mismo estaba convencido de la victoria de Alemania. Su actitud fue pues, totalmente desinteresada y absolutamente espiritual. El vuelo de Hess es uno de los acontecimientos más heroicos e idealistas de la historia mundial. Y ese hombre que lo dejó todo por la paz, fue siempre fiel a sus ideas y nunca quiso renunciar a ellas.
Toda una vida encerrado no bastó para doblegarle. De la misma manera que Tomás Moro, fue un ejemplo de firmeza en sus convicciones —que han de admirar tanto amigos como enemigos—, y es de esperar que tarde o temprano, se convertirá en símbolo de la Fidelidad que, junto con la compasión, es la virtud más excelsa y de la que más necesitados estamos.
Muchas personas lucharon por la libertad de Hess. Algunos creando obras de arte o componiendo o interpretando bellas canciones, otros recogiendo firmas, los de más allá haciendo diseños o publicando libros o encadenándose...
Todo este trabajo habrá valido la pena si con el paso de los años Hess es reconocido como un ejemplo de hombre de honor para el cual la paz en Europa fue más importante que su propia vida y su propia libertad»