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La memoria de la Otra Europa

Organizaciones Políticas

La B.U.F: La batalla de la calle del cable (1936)

La B.U.F: La batalla de la calle del cable (1936)

Pedimos disculpas por la mala traducción del texto 

Uno de los mitos más grandes sobre el BUF es la “batalla supuesta” de la calle del cable cuando se alega que el 4 de octubre de 1936, el conjunto de Stepney se levantó como uno para prevenir un marzo por el BUF con el este - extremo de Londres. Había ciertamente una confrontación que el día, pero cualquier confrontación había era terminantemente entre el policía en un lado y los comunistas/los simpatizantes izquierdistas en el otro. Había viajado la mayoría abrumadora de quien incluso no vivió en el Este-Extremo pero de quién allí de las varias partes del país.

Los comunistas habían estado organizando tal demostración del “anti-Mosley” por algunas semanas, y muchos de ésos arrestaron que el día vino de tan lejano como Glasgow - un pozo sabe la “plaza fuerte comunista” en esos días. Otros que participaron en la “batalla” con el policía que el día era criminales judíos locales - Gato “punto” 1and tres de sus gamberros (punto funcionaron una raqueta lucrativa de la protección en los comerciantes judíos locales) estaba también entre ésos arrestados. Sin embargo, de los millares de miembros y de partidarios de BUF que recolectaron en el extremo del este de Londres que día no se arrestó, ni estuvo implicado ningunos en cualquier confrontación adentro o calle cercana del cable.

El mito popular es que era la comunidad local que se levantó espontáneamente contra el BUF y el Mosley, pero ése no está tan. requirió la organización mucha de los comunistas alcanzar su éxito indudable en Londres del este que día. En Carver de 1946 H.W., el presidente de los comunistas de la ciudad de Stepney, tomó el crédito a nombre de su partido cuando él dijo:

Era el partido comunista que organizó esa lucha y era frente a la oposición de sus propios líderes que mucha gente de trabajo ensambló el fight.2

Después de que una serie de bien-apoyado las marchas a través del extremo del este de Londres que había atraído poca oposición, Mosley decidiera a celebrar una reunión total el 4 de octubre de 1936 para marcar el cuarto aniversario de la fundación del partido. La intención era que el BUF debe montar en la calle Mint real en 2.30 P.M. para una inspección de Mosley. Esto sería seguida por un marzo a través del extremo del este y él debía hablar en el carril de color salmón, Limehouse, en 5 P.M.; Camino de Stafford, arco, media hora más adelante; Cuadrado del parque de Victoria en 6 de la tarde y la calle de Aske, Shoreditch, en 6.30 P.M. 

Las súplicas de los alcaldes de las ciudades del este de Londres para que el marzo sea prohibido fueron no hechas caso por sir Juan Simon, la secretaria casera. La comisión del policía, sir Philip Game, instalado campo establece jefatura de la colina de la torre y bosquejaron a 6.000 guardias y el conjunto de la división montada adentro al área.

El BUF comenzó a montar en P.M. 1.25 pero él había sido apropiado por un grupo de algunos 500 o tan los comunistas que estaba ya allí, con el comunista “trabajador diario” que era vendido en Leman y calles del cable. Por 2.15 que era estimado que había alrededor 2.000 comunistas y manifestantes del anti-BUF en el área de Aldgate, sobre la mitad de el cual había bloqueado el camino comercial en la esquina de Gardiner. En 3 P.M. el BUF, aún en calle Mint real, ahora sumó alrededor 2.000 incluyendo mujeres y los cadetes y cuatro vendas. 

En 3.30 P.M., sir Philip Simon después de recibir informes del policía del potencial para el apuro decidía que él no tenía los recursos para mantener los comunistas y el BUF separados y por lo tanto prohibió el marzo. Él en lugar de otro permitió que el BUF marchara al oeste a través de la ciudad y el BUF quitó en 4 de la tarde, terminando su marzo en la casa de Somerset en el filamento en 4.30 P.M.

La “batalla real” no se refirió a ellos, pues no habían sido permitidos para marchar a lo largo de la calle del cable que día. Mientras tanto los comunistas en calle del cable habían volcado un camión; la madera expropriated de la yarda de un constructor, junto con los ladrillos con los cuales lanzar al policía. El cristal quebrado fue derramado a través del camino para obstaculizar y dañar los caballos del policía y la batalla entre el policía y los comunistas duró por algunas horas, cabalmente había docenas de policía dañado y de 70 detenciones. 
 
Un informe especial del policía del rama del noviembre de 1936 concluyó 3: 

“El grito general era que la población entera de Londres del este se había levantado contra Mosley y había declarado que él y sus seguidores no deben pasar y que no pasaron debido al frente sólido presentó por los trabajadores de Londres del este. Esta declaración está, sin embargo, lejos de reflejar exactamente la situación. 

Hay evidencia abundante que el BUF ha estado ganando terreno constantemente en muchas partes de Londres del este y tiene ayuda fuerte en los districtos tales como Stepney, Shoreditch, verde de Bethnal, Caballo de alquiler y arco. Puede él ninguna duda que el elemento ingobernable en la muchedumbre Comunista-fue inspirado muy en gran parte. Vieron a un número de comunistas activos bien conocidos en, o acercar, los puntos donde ocurrió el desorden real. Mientras que las tentativas por el partido comunista de levantar el excedente del entusiasmo la “derrota fascista” eran faltas comparativas el BUF, durante la semana que seguía la prohibición de su marzo, condujo la serie más acertada de reuniones desde el principio del movimiento.

En Stepney, Shoreditch, verde de Bethnal, alimenta Newington y Limehouse, muchedumbres estimadas en varios millares de gente (el ser más alto 12.000) montada y acordada los altavoces una recepción entusiástica; la oposición era o no existente o insignificante y ningún desorden ocurrió ".

Diez días después de esta confrontación infame entre los comunistas y el policía, el BUF marchó con eficacia a través del extremo del este. 

Según Juan Warburton: “Mosley celebró una reunión en cuadrado del parque de Victoria; una reunión unannounced pero la gente sabía que venía Mosley esa noche. El mensaje destellaba a través. En el extremo el iba a hablar en Limenhouse. Te dijeron que el no podría marchar allí. “Muy bien,” él dijo, “caminaré.” Y las muchedumbres lo siguieron. Pues él caminó los pares de millas había muchedumbres detrás de él y de cantar. Gritos de “buen viejo Mosley”, gente que se inclina fuera de sus abajo ventanas para intentar sacudarir su mano. Había este gran movimiento total de la ayuda”. 4 

“En las elecciones del marzo de 1937 el BUF votó 23 por ciento del voto en el verde de Bethnal; por ciento l0.3 en Limehouse y 14.8 por ciento en Shoreditch. … el tamaño de su voto era una sorpresa incluso a ésos en tacto con el extremo del este” - el observador, 7 de marzo de 1937.

El hecho es allí era ayuda considerable en el extremo del este de Londres para la unión británica a partir de 1936 a 1939, y esto fue reflejada en ambos el número grande de los miembros de BUF del extremo del este de Londres, y en el alto número de votos el BUF recibió en las elecciones de LCC.   

1.James Morton - punto 1998 de Gato
2.EM, 26 de diciembre de 1947.
3.Public registra la oficina - MEPQ 2 3043 
4.John Warburton, entrevista con James Morton el julio de 1999

Publicado en OswaldMosley.com

Portugal: Manifestación del Frente Nacional

Ledesma Ramos: Qué son las JONS

Ledesma Ramos: Qué son las JONS

 

Los orígenes. Fe política militante. La maravilla y el orgullo de ser españoles. Lo primero, la acción. Buscamos haces, juntas. Al servicio de una mística de juventud y de violencia. Imperio y pan. La glorificación de las masas.
¡Viva España!

(EL FASCIO se encuentra al nacer con el hecho gratísimo de que existe en España una organización de juventudes, las JONS, disciplinada en torno a ideales muy afines a los nuestros. Pondremos a disposición de estos grupos, verdaderos fascios de jóvenes combatientes, una página de nuestra revista, desde la que lanzarán sus consignas, sus razones y sus gritos. Hoy, uno de los fundadores más destacados, Ramiro Ledesma Ramos, señala los orígenes, las rutas y las metas de las JONS.)

Sentido nacional

He aquí nuestra conversación con Ledesma Ramos:

—¿...?

—Localice usted el nacimiento y creación de las Juntas de Ofensiva Nacionalsindicalista en la hora misma en que suspendió su publicación «La Conquista del Estado», víctima del rigor policiaco de Galarza, y tanto como eso, de la atmósfera de entontecimiento demoliberal que se respiraba en España –derecha, izquierda y centro– hasta hace unos meses. «La Conquista del Estado» desapareció hace ya un año y medio; pero sus veinticinco números denunciaron antes que nadie toda la mentira, toda la ineficacia, toda la candidez y todo el peligro de desviación y hasta de traición nacional que representaban aquellos pobres principios decimonónicos de las jornadas abrileñas. Y no era eso oposición a la República, como tal. No. Pues ante nuestra vista estaba bien cercano el pobrísimo impulso y el fracaso terminante de la Monarquía. Era otra cosa: teníamos sentido nacional español, ansia de servicios eficaces a la cultura y a la tierra que constituían nuestro ser de españoles; sabíamos quién era el enemigo –las organizaciones marxistas, poderosas y violentas–, y nos creíamos, por último, en posesión de las técnicas más precisas para debilitarlo.

—¿...?

—Y entonces, abrazados a una interpretación militante de nuestra fe política, dimos paso a las JONS, donde, repito, los grupos de jóvenes lectores que se habían adherido a la consigna de resurgimiento nacional propagada en nuestro periódico, colaboraron durante un año en una tarea silenciosa y resignada, con perfecta cohesión y disciplina. Nos sostenía un espíritu vigilante, seguros de que muy pronto el pueblo español sentiría la necesidad de defender a la desesperada su derecho a una Patria y a una cultura que él mismo había creado. Pues la presencia angustiosa de tres realidades, de tres amenazas, como son: los separatismos roedores de la Unidad, la ola marxista antinacional y bárbara operando en nuestro suelo; la ruina económica y el paro constituyen peligro suficiente para que la gran mayoría de los españoles, o por lo menos la minoría más heroica, tenaz y responsable, aceptasen el compromiso de una acción política encaminada a recuperar la fortaleza de la Patria y la prosperidad económica del pueblo.

La eficacia política

—¿...?

—No hay política, eficacia política, sin acción. No interesa tanto a las JONS atraer millones de españoles a sus banderas como organizar cientos de miles en un haz de voluntades, con una disciplina y una meta inexorable que atrapar. El nombre mismo de nuestros grupos, las Juntas señala la primera preocupación del partido, la de promover a categoría activa, militante, el mero existir pasivo y frío que caracteriza hoy la intervención política del pueblo.

—¿...?

—Sí. Delimitamos, por ahora, el sector de nuestras propagandas. Sabemos que el espíritu y la táctica de las JONS, es decir, sus ideas y su estilo de acción, sólo puede ser aceptado por la juventud española universitaria y obrera. Esto es, hijos de burgueses y proletariado joven, unidos en dos logros supremos: el resurgimiento de la grandeza y dignidad de España y la elaboración de una economía nacional, de sentido sindicalista, corporativo, sin lucha de clases ni marxismo. Sólo la juventud sabe que las instituciones y procedimientos que sirven de base al Estado liberal-burgués son una ruina en nuestro siglo, capaces tan sólo de despertar la adhesión y el entusiasmo de las gentes viejas. Y sólo ella sabe también que no hay licitud política alguna a extramuros de una idea nacional indiscutible, irrevisable, y que para mantener en su más firme pureza esa fe nacional, ese sentimiento de la Patria, es hoy necesario formar en unas filas uniformadas y violentas que contrarresten y detengan las calidades temibles del enemigo rojo.

El pueblo español

—¿...?

—En efecto: imperio y pan. No hay grandeza nacional y dignidad nacional sin estas dos cosas: un papel que realizar en el mundo, en la pugna de culturas, razas y regiones que caracteriza el vivir humano del planeta; un pueblo satisfecho, de coma y alcance, un nivel de vida superior, o, por lo menos, igual que el de otras naciones y países. Pero hay más. Si la economía nacional ha de ser próspera, es decir, lo necesariamente rica para asegurar el esplendor vital del pueblo, el primer factor es el de tener como base una pujanza y una fortaleza nacionales, una capacidad productora y un optimismo creador, imperial, que sólo consiguen y atrapan los pueblos que aparecen en la historia formados apretadamente en torno a la bandera de su Patria. Por ejemplo, la España del siglo XVI. Y hoy, el fascismo italiano.

—¿...?

—Nada es hoy posible sin un orden, una disciplina y una colaboración activísima de las masas. Quien rechace o prescinda de las masas como de algo molesto y negativo está fuera del espíritu español de nuestro siglo, de la realidad que ahora vivimos. Las JONS aceptan, acogen y comprenden en su verdadera significación esa especie de glorificación de las masas a que asistimos hoy. Y por ello creemos que la única garantía de que pueda lograrse en España un orden permanente, una fecunda disciplina española, es aceptar, o más aún, reclamar la presencia palpitante del pueblo, de las masas españolas. Demostraremos al marxismo que no nos asustan las masas, porque son nuestras. Es, pues, tarea del partido, primera justificación del partido, el encontrar los moldes, los perfiles recios, durables y auténticos sobre que volcar la colaboración, efusividad y fuerza creadora del pueblo español. El marxismo encrespa las masas e inutiliza su carácter de españolas, movilizándolas bajo consignas negativas y rabiosas. Las hace bárbaras, insolidarias y hasta criminales. Al contrario de eso, las JONS intentarán ofrecer, aclarar y señalar a las masas hispánicas cuál es la ruta del pan; es decir, de la prosperidad y del honor; esto es, de su salvación como hombres libres y como españoles libres. Sabemos bien que sólo será libre el pueblo español cuando recobre su ser, su coraje y su fuerza –que viene negando o desconociendo desde hace dos siglos– y proyecte todo eso sobre el cerco enemigo que le ataca.

Moviles de índole nacional

—¿...?

—Nuestra negación radical es el marxismo. Nuestra afirmación primera, la grandeza y dignidad de España. Claro que estos dos afanes pueden compartirlos asimismo –en la letra, no en el espíritu– los sectores burgueses de izquierda; pero las JONS saben bien que sólo coronando esos propósitos con una política de sacrificio y de violencia, de realidad nacional y no de farsa parlamentaria, de heroísmo en la calle popular frente a los rojos, pueden ser obtenidos rotundamente. Esperamos, pues, la adhesión inmediata de esas juventudes burguesas de izquierda, ilusionadas hasta ahora por los mitos del siglo XIX, ingenuos, candorosos, y lo que es peor, ineficaces y blandos ante el enemigo.

—¿...?

—Las JONS constituyen, puede decirse, un partido contra los partidos. No admitimos como lícitos en política otros móviles que los de índole nacional. España va a la deriva, gobernada por el egoísmo de los partidos, que hacen jirones la unanimidad histórica de España, su capacidad de independencia y sus defensas esenciales. Queremos el partido único, formado por españoles sin calificativo alguno derrotista, que interprete por sí los intereses morales, históricos y económicos de nuestra Patria. Queremos la dictadura transitoria de ese partido nacional, forjado, claro es, en la lucha y asistido activamente por las masas representativas de España. ¡¡Dictadura nacional frente a la dictadura del proletariado que propugnan los rojos y frente a los desmanes de la plutocracia capitalista!! Hasta conseguir las nuevas instituciones, el nuevo orden español, el nuevo Estado nacional de España. Nada nos liga a la España liberal y blanducha anterior al 14 de abril. Nada nos impide, pues, comenzar nuestro camino desde esta situación republicana que hoy existe. Pero, repito, la historia de España es gloriosa, formidable. Algunos de sus Reyes, magníficos jerarcas, geniales creadores de alma nacional, y de ellos estamos orgullosos ante el mundo. Ahora bien: hoy España, el pueblo español, vive una forma republicana de gobierno, y las JONS declaran que se librarán mucho de aconsejar al pueblo su abandono. En todo caso, ni Monarquía ni República: el régimen nacional de las JONS, el nuevo Estado, la tercera solución que nosotros queremos y pedimos.

Revolucionarias y católicas

—¿...?

—Las JONS se consideran revolucionarias. Por su doble índole de partido que utiliza y propugna la acción directa y lucha por conseguir un nuevo orden, un nuevo Estado, subvirtiendo el orden y el Estado actuales. Somos, en lo económico, sindicalistas nacionales. Tenemos en nuestro programa la sindicación forzosa de productores, y desde los Sindicatos de industria a la alta Corporación de productores –capital y trabajo–, una jerarquía de organismos nacionales garantizará a todos los legítimos intereses económicos sus rotundos derechos. Otra cosa es en nuestra época caos, convulsión, ruina de los capitales y hambre del pueblo. Sólo nosotros, nuestro sindicalismo nacional, puede hacer frente a todo eso, aniquilando la lucha de clases y la anarquía económica.

—¿...?

—¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España. Pero quede bien claro que las JONS aceptan muy poco, se sienten muy poco solidarias de la actuación política de los partidos católicos que hoy existen en España. Viven éstos apartados de la realidad mundial, y al indicar como metas aceptables las conquistas y los equilibrios belgas, denuncian un empequeñecimiento intolerable de sus afanes propiamente nacionales, españoles.

—¿...?

—Sí. ¡Viva España! Vamos a airear este grito, haciendo que las masas lo hagan resonar con orgullo. Una de las más tristes cosas, de tantas cosas tristes como se ofrecían a los españoles desde hace sesenta años, era esta realidad de que el grito de ¡Viva España! fuese considerado como un grito reaccionario, al que había que proscribir en nombre de Europa y del progreso. ¡Oh, malditos!

Domicilio de las JONS, en Madrid:
Calle del Acuerdo, 16

Publicado en El Fascio Madrid, 16 de marzo de 1933

Foto: Avanguardia Nazionale (1968)

Foto: Avanguardia Nazionale (1968)

El movimiento nacionalsindicalista durante la transición

El movimiento nacionalsindicalista durante la transición
1. Precisiones previas

Prácticamente desde el momento en que el proceso de transformación política del postfranquismo superó las diatribas en torno a su planteamiento reformista —defendido desde las esferas del poder establecido—rupturista —propio de la izquierda radical y la ultraizquierda— o de ruptura pactada —planteado por algunos sectores liberales avanzados y, sobre todo, por una socialdemocracia aún imperfecta, no desligada completamente del marxismo—, la profundización en el fenómeno que comenzaba a denominarse la transición comenzó a traducirse en numerosos textos. Lo que en un principio se limitaba al desarrollo de propósitos políticos, económicos y sociales fue concretándose —muy especialmente desde la promulgación de la actual Constitución en diciembre de 1978— en estudios parciales, limitados en el tiempo, el espacio o el propósito, que darían lugar a una ya amplia bibliografía1. Con la llegada de los socialistas al poder tras su victoria electoral en octubre de 1982 —momento que puede considerarse como hito del fin de la transición, aunque lógicamente sólo un paso más en la lógica evolución política continua de la sociedad española— se abre ya la etapa en que la transición pasa a ser objeto de investigación histórica, coincidiendo con la recuperación en España de la Historia Política y el auge en nuestro ámbito cultural —occidental y mediterráneo— de la Historia del Tiempo Presente.
 En esa abundante bibliografía, acrecentada en los últimos tiempos con motivo del vigésimo aniversario de la muerte del general Franco, encontramos obras de las más variadas características, aunque entre las más populares se hallan las memorias, las recopilaciones de artículos y los relatos periodísticos2. Tanto en obras de este calibre como en otras de mayor profundización metodológica3 se ha destacado el papel del rey en este proceso —curiosamente, fueron autores extranjeros los primeros en profundizar en esta línea4—, sin olvidar la trascendencia de la Unión de Centro Democrático y —por qué vamos a negarlo— del mismo Partido Socialista. Sin embargo, el papel jugado por la Falange resulta prácticamente silenciado, incluso por los propios falangistas que tuvieron algún tipo de protagonismo en alguna de las etapas del período y que han publicado con posterioridad sus memorias5. Posiblemente, la razón estribe en que el papel jugado por estos personajes no resultó a la postre demasiado brillante, como tampoco lo fue el de aquellos falangistas que se encontraban en la otra orilla del poder. No fue aquella la oportunidad de la Falange; durante el franquismo pasó el tiempo de intentar —al menos— la revolución nacionalsindicalista, y a la muerte del Caudillo otras fuerzas reclamaron para sí el protagonismo histórico que los falangistas habían dilapidado.6
 Con estos condicionantes, es inevitable creer que la historia del falangismo se cierra lustros atrás, con la muerte de Franco o incluso en el fracaso institucional de Arrese. Pero lo cierto es que la bandera rojinegra de la Falange siempre ha encontrado alguien que —con mayor o menor acierto— la ondeara frente a las adversidades y también —por qué no decirlo— quien la enarbolarse errónea o espuriamente. De forma que existe una historia falangista que llega hasta el día de hoy, aunque los historiadores apenas le hayamos prestado atención7. Hoy, cuando el pasado más inmediato reclama su justo lugar en la historia, la transición política en España parece un proceso definitivamente cerrado y nacionalsindicalismo un proyecto político que al menos merece el derecho a ser conocido —tanto más por quienes desean proseguir la aventura de la Falange—, parece llegado el momento de reconstruir ese pasado. Ardua tarea es ésta, en la que el primer paso será la recopilación de materiales muy dispersos, fuera de archivos, recogidos si acaso en colecciones particulares de difícil acceso, dada la escasez y reducida fiabilidad de fuentes bibliográficas, como las obras de Enest Milá o los volúmenes de la editorial Albia8. Por eso, en esta intervención de hoy apenas nos proponemos una primera aproximación a la historia del movimiento nacionalsindicalista durante la transición, abriendo una línea de investigación social, política e histórica de la que quizá dentro de algunos años podamos comenzar a recoger frutos.
 Existe un detalle intencionado y en absoluto nimio al que entiendo debe prestársele cierta atención. Cuando hasta ahora nos hemos referido a la historia de la Falange no hemos querido circunscribirnos a los estrechos límites de un nombre o una sigla. La Falange fundacional desapareció con el Decreto de Unificación de 1937, y la posterior conversión del partido único en el Movimiento Nacional disolvió aún más la posibilidad de aludir con el nombre de Falange a un grupo político concreto. Además, las peculiares circunstancias que ha atravesado la familia falangista —no sólo durante el franquismo, sino con posterioridad, e incluso también durante el período republicano— hace que nos parezca más correcto la utilización de la expresión movimiento nacionalsindicalista para aglutinar bajo su aparente ambigüedad a cuantos personajes, corrientes y grupos se hayan autoproclamado falangistas.
 
2. Componentes del movimiento nacionalsindicalista

 Ya en otro lugar tuvimos ocasión de referirnos a esta cuestión9, pero es esta una oportunidad en la que nos parece útil recordar los diferentes sectores en que el movimiento nacionalsindicalista se desgajó como consecuencia de la Unificación. No nos confundamos. Tampoco el movimiento nacionalsindicalista durante el período republicano fue el frente monolítico que todos han presentado. La disparidad de orígenes de sus militantes —desde upetistas y fascistas al uso hasta cenetistas—, la variedad conceptual y de personalidad de los Fundadores y la propia evolución de los sucesos —la aparición de La Conquista del Estado hasta la clausura definitiva de locales en la primavera trágica de 1936, con la creación de las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalistas, el Movimiento Español Sindicalista y posteriormente de Falange Española, la intervención de monárquicos reaccionarios, la fusión de los grupos liderados por José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma, la posterior exclusión de este segundo...— son factores que hicieron del movimiento nacionalsindicalista una pluralidad desde sus mismos orígenes, y es ésta una circunstancia que no ha variado hasta el presente.
 Cuando realizamos nuestro primer acercamiento a la oposición falangista al régimen de Franco, establecimos para su análisis tres bloques en absoluto estancos, más bien categorías permeables, a la que habría que sumar la familia de los falangistas colaboracionistas, aquellos entregados al régimen franquista, acomodados en las estructuras del régimen, prácticamente conformes con el papel meramente coreográfico que a la Falange se le había otorgado cuando definitivamente fue postergada en beneficio de católicos, tecnócratas y otras especies. Hablábamos entonces de la Falange crítica, encarnada por quienes desde dentro de la estructura del Movimiento Nacional aspiraban al cumplimiento de los postulados doctrinales nacionalsindicalistas, prescindiendo de vías clandestinas y radicales. Normalmente, estos falangistas se encontraban encuadrados en las organizaciones juveniles del Movimiento y en las Asociaciones discrepantes del oficialismo movimientista. El sector más ligado al mito hedillista aglutina a los falangistas que actuaron en la clandestinidad y al margen de las escasas vías que proporcionaba el Movimiento, aunque no perdieran el contacto con él de forma absoluta nunca. Es lo que llamamos entonces Falange alternativa. Junto a estos bloques, existió un grupo de militares más o menos cercano a la Falange que en su momento pudo asimilarse a la Falange crítica, representado fundamentalmente por los generales Juan Yagüe Blanco y Agustín Muñoz Grandes y del que formarían parte jóvenes oficiales surgidos de las filas del Frente de Juventudes. De todos estos bloques, acaso el único que se desactivó con el paso del tiempo fue el de los militares, sobre los que se cebó el espíritu de cuerpo, de forma que el período de la transición se abrió con la presencia de las familias alternativa —que, aunque sólo sea a efectos expositivos, relacionaremos con experiencias como la de Falange Española de las JONS (Auténtica) o Falange Española Independiente—, crítica —en la que podemos destacar por su importancia a los Círculos José Antonio— y, lógicamente, la Falange colaboracionista, que quedaría aglutinada entonces en torno a la personalidad de Raimundo Fernández-Cuesta.
 Además, debemos considerar un factor de cierta trascendencia para comprender no pocas actitudes personales, y cuya valoración escapa a cualquier capacidad de medida. Nos referimos a una cierta corriente de asimilación que arrastró a no pocos miembros de la Falange crítica —especialmente a los excombatientes— a alinearse en las posiciones de los colaboracionistas a la vista de los ataques que padeció desde su muerte la figura del general Franco. Pese a su posicionamiento inicialmente crítico —conocemos varios casos de falangistas recluidos en su vida profesional o aún perseguidos por el régimen franquista—, a partir de ese momento pesó sobre ellos su condición de soldados de Franco, cerrando filas en torno a la memoria del general que les llevó a la victoria y que proporcionó a España —estos son los términos de su discurso— cuarenta años de paz. Como reacción irreflexiva que es, resulta muy difícil comprenderla desde postulados racionalistas, y esto fue causa de no pocos conflictos en el seno del movimiento nacionalsindicalista durante el período, cuando esta humana fidelidad se convertía en el cuerpo de una actividad política que debía mirar hacia el futuro.
 
3. Los precedentes de la transición

 Aunque bastantes autores señalan el comienzo del período de la transición en el momento mismo del fallecimiento del general Franco —registrado oficialmente en las primeras horas del 20 de noviembre de 1975, el trigésimo noveno aniversario del fusilamento de José Antonio—, no hay quien duda en señalar sus orígenes con anterioridad, retrotrayéndose incluso a hechos como el conocido como Contubernio de Munich10. Nosotros preferimos situarlo —especialmente en el caso que nos ocupa— en el año 1972, cuando José Antonio Girón de Velasco pronunció un discurso en Valladolid ante más de cinco mil falangistas —convocados por los excombatientes de la Primera Bandera de Castilla— en el que planteaba la canalización de la pluralidad en el seno del Movimiento Nacional a través de tres tendencias, algo que suponía la racionalización del régimen pero que, sin duda alguna, no satisfacía las aspiraciones democráticas liberales.
 El siguiente hito se encuentra dos años más tarde, en 1974, con las primeras actuaciones de Carlos Arias Navarro como Presidente del Gobierno en sustitución del Almirante Carrero Blanco, asesinado por ETA en diciembre del año anterior. El 12 de febrero de aquel año, el presidente Arias proclamó en su discurso ante las Cortes algunos principios aperturistas que dejaban paso al asociacionismo político. La reacción de ciertos sectores involucionistas del Movimiento —entre los que se encuentran los falangistas colaboracionistas— no se hizo esperar mucho tiempo. Hasta el propio ministro Secretario General de Movimiento, José Utrera Molina, se sorprendió cuando, coincidiendo con la fecha de conmemoración de los combates de la Sierra de Alcubierre, Girón de Velasco hizo pública una declaración política, reproducida íntegramente en el diario oficial Arriba —a la sazón, dirigido por Antonio Izquierdo—, en la que se acusaba al Gobierno de pretender «que los españoles pierdan la fe en Franco y en la Revolución Nacional». El Gironazo contra el espíritu del 12 de febrero surtió su efecto, pero el proceso aperturista sólo se retrasó.
 De hecho, poco tiempo después se pusieron en marcha en el seno del Movimiento las primeras asociaciones políticas, con el fin de abrir una senda para la —como se decía entonces— «concurrencia de criterios y contraste de pareceres». Comenzó así la larga marcha para la recuperación del nombre de Falange Española de las JONS, algo que —según el testimonio de Raimundo Fernández-Cuesta11— Franco sólo estaba dispuesto a que se concediera a la asociación en que figurasen José Antonio Girón —acaso el falangista con mayor ascendencia sobre el viejo general— y el propio Secretario General de la Falange en tiempos de José Antonio. Aún así, la asociación promovida por los citados y otros históricos falangistas como Manuel Valdés Larrañaga —primer Jefe Nacional del SEU—, Agustín Aznar Gerner, José María Gutiérrez del Castillo y Eugenio Lostau, y en la que figuraban otros falangistas de la siguiente generación, no pudo inscribirse con el histórico nombre en virtud de la interpretación oficial del Estatuto Regulador de las Asociaciones, de forma que se constituyó finalmente bajo el nombre de Frente Nacional Español.
 
4. En el inicio de la transición
 
 Muerto Franco y, meses después, puesto Adolfo Suárez al frente del gabinete ministerial, se produce el primer avance de la transición, al aprobar las Cortes Españolas, con el sólo voto en contra de 92 procuradores, el hasta entonces proyecto de Ley del Derecho de Asociación Política. Una de las enmiendas a la totalidad del proyecto fue presentado y defendido por Fernández-Cuesta. No es cuestión de resumir ahora su intervención, en la que abogó por el carácter perfectible de las instituciones del franquismo, pero acaso resulte ilustrativo este párrafo con el que justificaba su actitud:
 
  Libre mi ánimo del influjo de cualquier egoísmo o ambición personal, al presentar esta enmienda, lo hago en definitiva, por la firmeza de mis convicciones en punto tan trascendental de la doctrina de la Falange, como es la admisión de los partidos políticos, por lealtad a ella; no por sentimientos nostálgicos, sino en razón de la valía intrínseca de esa doctrina, por el deseo de que quede bien definida la posición de cada uno, y de que se oigan en este recinto esas palabras de afirmación y lealtad; sin gran esperanza de la eficacia de las mismas en el presente, pero con mucha sobre el juicio que merecerán en el futuro. Y por el deseo, también, de servir al pueblo español y al Rey, como antes he servido a ese mismo pueblo y a Franco.12
 
 Mientras tanto, otras organizaciones falangistas trataban igualmente de acomodarse a la nueva situación. Se trata de un período sumamente confuso, en el que el trasvase de hombres y siglas es continuo. La permanente e indiscrimanada utilización del nombre de Falange Española de las JONS por diversas organizaciones no facilita la labor de identificación, y sólo un pormenorizado análisis cronológico y nominativo de los sucesos —con la colaboración de los protagonistas— permitirá algún día el esclarecimiento de los hechos, algo que no es nuestro propósito realizar en este momento. Sin embargo, es preciso dibujar al menos las líneas seguidas por los grupos más importantes, para conocer su situación en el momento en que la transición política en España rueda a mayor velocidad, el segundo lustro de los años setenta.
 Los Círculos José Antonio —nacidos al amparo del Movimiento, pero integrados por falangistas que se querían libres de lo que el Movimiento significaba— crearon en 1970 las Juntas Promotoras de FE de las JONS, posicionándose de esta manera en una situación que creían ventajosa para recuperar el viejo nombre cuando se iniciase la liberalización efectiva del régimen franquista, al tiempo que preconizaban una unidad de los falangistas que estaban muy lejos de lograr. Los incidentes de Alicante de ese mismo año —cuando la policía bloqueó la ciudad levantina para impedir  que la Falange no oficial conmemorara allí el aniversario del fusilamiento de José Antonio— creó para las Juntas Promotoras un halo que atrajo a numerosos falangistas dispersos. En 1972 alcanzaría la presidencia Diego Márquez, momento en que aquellas demostraciones pasaron a denominarse Concentraciones Nacionales de Falange Española, si bien los problemas se cebaron sobre su organización, hasta el punto de que cuando en la IV Concentración —celebrada en Toledo— tomó la palabra el titular de la Secretaría General del Movimiento, Manuel Valdés Larrañaga fue interrumpido. El tumulto consiguiente se saldó con la suspensión temporal de los Círculos y la definitiva de las Concentraciones.
 Por otra parte, un grupo de falangistas pretendió durante todo el franquismo mantener viva la llama del nacionalsindicalismo al margen del movimiento. Herederos de la tradición de la Falange Española Auténtica nacida como respuesta a la forzada Unificación13, actúan con el común referente de la figura del segundo Jefe Nacional, Manuel Hedilla, lo que no quiere decir con su apoyo o respaldo. Así, surgen esfuerzos aislados de muy diferente carácter, como la Alianza de los Sindicalistas, la Organización de Recobro Nacional Sindicalista (ORNS), las Juntas de Agitación Nacional Sindicalistas (JANS), el Frente Nacional de Trabajadores (FNT) o el Frente de Estudiantes Sindicalistas (FES). En la década de los sesenta se crea el Frente Sindicalista Revolucionario (FSR), en el que participan Narciso Perales y hasta el propio Manuel Hedilla, quien dos años más tarde creará el Frente Nacional de Alianza Libre (FNAL), que pasará a ser dirigida por Patricio González de Canales a la muerte de éste en 1970. De la estrategia de ambas organizaciones surgirá más adelante Falange Española de las JONS (Auténtica).14
 El Frente de Estudiantes Sindicalistas tuvo como inspiradores a Sigfredo Hillers de Luque y Ceferino Maestú, y en su inicio se nutrió de alumnos disidentes de la Escuela Nacional de Mandos "José Antonio". Durante muchos años, el FES fue la viva voz del movimiento nacionalsindicalista en la Universidad, ahogada en la manipulación de unos y el desprecio de otros hacia el SEU. Su actividad se incrementó durante un tiempo con la creación de la Unión de Trabajadores Sindicalistas y las Juventudes Falangistas, mientras buscaban una cierta cobertura legal a través del Círculo Ruiz de Alda y la Asociación Juvenil Octubre. Acaso su principal preocupación fuera el dogmatismo doctrinal y la pureza de estilo, algo que resultaría poco compatible con sus esfuerzos unitarios, en los que al parecer se empeñaban todos los grupos falangistas... por separado.
 No obstante, las reuniones, los encuentros y aún las actividades conjuntas fueron nota predominante de este período de la historia del movimiento nacionalsindicalista. Las discrepancias —empero— fueron siempre mayores que la voluntad de unidad, y ninguno de esos intentos alcanzaron definitivamente el objetivo propuesto. Algunos, incluso, acabaron en auténticas batallas campales entre camaradas, reiterándose una y otra vez el referente histórico de los sucesos de Salamanca de 1937, aunque afortunadamente sin víctimas mortales. Acaso uno de los intentos que más posibilidades tuvo de prosperar fue el de las sesiones unitarias del llamado Club Don Hilarión, organizadas a instancias del FES, y a las que inicialmente asistieron representantes de los dos extremos del movimiento nacionalsindicalista, tanto los llamados hedillistas del FNAL como los colaboracionistas. Pronto los primeros se desligaron del proyecto de constitución de lo que sería el Frente Español por la común intransigencia entre estos y los históricos del Movimiento Nacional. Al poco tiempo, los Círculos José Antonio anunciaron su intento de legalizar la asociación Falange Española, desvinculándose así de los resultados de estos encuentros. El enfrentamiento entre Raimundo Fernández-Cuesta y los representantes del FES no se hizo esperar, y se tradujo incluso en roces con miembros de la Vieja Guardia. Al final, aquel proyecto político lo llevaron adelante sólo los hombres de Raimundo.
 En toda esta historia de desencuentros, sólo fue posible un acuerdo, el Pacto de Matute, llamado así por haberse firmado en los locales de la antigua Delegación del SEU en la citada plaza madrileña el 28 de junio de 1976. Lo hicieron las Asociaciones Juveniles Amanecer y Octubre, así como las Juventudes Falangistas y Jóvenes Falangistas; la Asociación de Antiguos Miembros del SEU; los Círculos José Antonio, Ruiz de Alda y Cuatro de Marzo; las Agrupaciones Bandera Roja y Negra y Nacional de Hermandades de Banderas de Falange; el Frente de Estudiantes Sindicalistas y el Frente Nacional Español. De esta forma, quedaron prácticamente autoexcluidos los falangistas de tradición hedillista, mientras que los seguidores de Hillers suplían su ya escasa fuerza militante con la presencia de todas sus entidades organizativas. Estos grupos acordaron que aquel que obtuviese legalmente la denominación Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista abriría el oportuno proceso constituyente para la integración de todos los españoles fieles a las doctrinas de José Antonio.

  Lo importante es conseguir este objetivo. De lograrse, y nos parece que nadie podrá impredirlo, tomamos la firme resolución de reunirnos bajo nuestra bandera roja y negra todos los Nacionalsindicalistas, en igualdad de condiciones, sin privilegios jerárquicos o condicionamientos de cualquier clase. Sin Jefaturas establecidas de antemano, los falangistas, democráticamente, fijaremos nuestra posición política y elegiremos los cuadros de mando.15
 
 Con manifiesta habilidad gubernamental, el histórico nombre fue finalmente concedido al Frente Nacional Español de Raimundo Fernández Cuesta, lo que se hizo efectivo en el Registro de Asociaciones Políticas el 1 de octubre de 1976, por otra parte cuadragésimo aniversario de la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado. A partir de ese momento, la interpetación que el grupo de Raimundo realiza de lo pactado no concuerda con el sentir general, exigiendo la integración sin más de los restantes grupos en la nueva FE de las JONS, al tiempo que mantenía conversaciones preeelectorales con diferentes asociaciones políticas surgidas del seno del Movimiento —como la suya— y de claro tinte conservador. Las protestas fueron tales que no pudo negarse a la celebración conjunta del 29 de octubre mediante un gran mitin unitario que podía significar —esta vez sí— el comienzo del final de la dispersión, en el que tomarían la palabra Sigfredo Hillers, Eugenio Lostau, Tomás Marco y el propio Raimundo Fernández-Cuesta. Lo que allí ocurrió fue en realidad el final del principio. Invitados unos, emboscados otros, allí estaban mezclados Blas Piñar y Gonzalo Fernández de la Mora, neo-nazis, falangistas históricos... Una aséptica alusión a Franco por parte del primer orador —Hillers de Luque— provocó un inmenso altercado que acabó finalmente con el acto y con todas las esperanzas de revalidar el Pacto de Matute.16
 Para favorecer aún más la confusión, las autoridades gubernativas concedieron el empleo de variantes del histórico nombre a diferentes grupos. Así, los miembros del FES —ahora transformado en Frente Español Sindicalista— y sus entidades satélites crearon la Falange Española Independiente, que sin embargo careció siempre del impulso de su organización predecesora, encerrada en cierto sectarismo doctrinal. Sin apenas práctica en la vida política activa, su existencia se mantuvo lánguida por años. Los Círculos José Antonio se legalizaron el 14 de noviembre de 1976 como Partido Nacional Sindicalista, pero jamás lograron estabilizarse en la nueva situación política. Sólo Falange Española de las JONS (Auténtica) se encontraba en aquellos momentos en cierta situación de privilegio. Mientas los demás grupos se afanaban infructuosamente en la recuperación del nombre histórico y la unidad, los hombres del FNAL, junto con las Juntas de Oposición Falangista (JOF) y el Frente Sindicalista Unificado (FSU), comenzaron a actuar como si de hecho ellos fueran los continuadores de la histórica Falange, claramente dentro de lo que llamamos la tradición hedillista. Consecuentemente, en un congreso celebrado en mayo de 1976 quedó designada la nueva Junta Nacional,  presidida vallisoletano Pedro Conde Soladana, considerado el IV Jefe Nacional tras José Antonio, Hedilla y Narciso Perales.
 Mientras tanto, el proceso de transformación política seguía su curso, y la Ley de Reforma Política abrió paso a los partidos. Fue uno de los momentos de gran paradoja, pues mientras FE de las JONS defendía en las Cortes su posición contraria al proyecto de ley17 y pedía el voto negativo en el referéndum convocado al efecto para el 15 de diciembre de 1976, FE de las JONS (Auténtica) —sin representación en la cámara pero con mayor presencia en la calle— propugnaba el boicot a lo que entendía como un plebiscito, coincidiendo así con las principales fuerzas de la izquierda española.
 Las elecciones celebradas seis meses después clarificaron enormemente el panorama en el seno del fragmentado movimiento nacionalsindicalista. Además de Reforma Social Española —partido de extraña ideología aparentemente socialdemócrata liderado por Manuel Cantarero del Castillo, quien acabaría en la conservadora Alianza Popular, y constituido a partir de la Asociación de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes—, concurrieron a la convocatoria los Círculos José Antonio, Falange Española de las JONS (Auténtica) y la Alianza Nacional 18 de Julio, de la que formaba parte Falange Española de las JONS junto con lo más granado de la tradición carlista y Fuerza Nueva. Aunque esta Alianza fue —de todas estas fuerzas citadas, y con el apoyo de la Confederación de Combatientes— la que obtuvo mayor número de sufragios —algo más de sesenta y siete mil en toda España—, la que logró mejor posición fue la Falange auténtica, que presentada en solitario superó por poco los cincuenta mil votos.18 ¿Todo un triunfo?
 
5. El período de desarrollo constitucional
 
 Lo cierto es que, a partir de este momento los problemas en FE de las JONS (Auténtica) no iban sino a multiplicarse. Un desmedido afán por radicalizar su discurso de izquierdas, un cierto maximalismo doctrinal, continuas crisis entre dirigentes de diferente nivel... crearon un ambiente nada propicio para aprovechar su ventajosa situación de liderazgo del movimiento nacionalsindicalista. De hecho, la escisión  que pondría fin a esta situación no debe sorprendernos hoy a nadie.19 El tercer Congreso de la organización —febrero de 1978— se saldó con la ruptura definitiva, pese a la vida independiente que aún llevarían ambos sectores durante un tiempo. El grupo aglutinado en torno a la figura de Miguel Hedilla, Falange Española Auténtica (FEA) —que inicialmente arrastraría al veinte por ciento de los efectivos auténticos—, eligió como Jefe Nacional a Ana María Fernández Llamazares, desarrollando una ilusionada pero surrealista actividad política. Con el tiempo, se hizo cargo de la dirección del partido José Luis Puértolas hasta su extinción. Por su parte, Pedro Conde abandonaría a mediados de 1979 la dirección de FE de las JONS (Auténtica), siendo sustituido por Jesús Esteban, a quien sólo unos meses después seguiría el aragonés José Manuel Bardají. La Falange autoproclamada "de izquierdas, revolucionaria y autogestionaria" fracasó en su empeño, pero tuvo la nobleza de reconocerlo, al darse por extinta el 23 de diciembre de 1979. La mayor parte de los militantes de estas organizaciones que realmente aspiraban a reconstruir el complejo la tradición de la vieja Falange con los mimbres de los tiempos nuevos —hacemos excepción de los evolucionaron hacia militancias extremas en la izquierda— se replegaron en lo que podríamos llamar sus personales cuarteles de invierno.
 Indudablemente, el sector del movimiento nacionalsindicalista más beneficiado por esta situación fue Falange Española de las JONS, la organización liderada por Raimundo Fernández-Cuesta. Pese al exclusivismo de su actitud frente a otros grupos que reclamaban igualdad de condiciones para acceder a la pretendida unidad, lo cierto es que a su seno fueron llegando —poco a poco, y en muchos casos por iniciativa personal— falangistas provenientes de diferentes organizaciones, muchos de ellos con la secreta esperanza de modificar la línea del partido desde dentro, algo a lo que el propio Fernández-Cuesta animaba verbalmente, pero a lo que oponía todas las trabas posibles. Su primer gran triunfo vino de la mano de la Agrupación Nacional de Hermandades de Banderas de Falange, que el 12 de noviembre de 1976 ingresó en bloque en FE de las JONS, corroborando con su actitud la interpretación realizada por los históricos colaboracionistas del conocido Pacto de Matute.
 Lo cierto es que Falange Española de las JONS fue en aquellos sus reinicios una organización fácilmente adscribible a la extrema derecha. Su actitud era acorde con los sectores más inmovilistas del extinto Movimiento Nacional, y en muchas ocasiones actuaba como mera acólita de Fuerza Nueva, el hermano mayor. La parafernalia de sus actos pretendía ser mal remedo, no ya de la propia de los tiempos heroicos, sino de la estética fascistizante de la postguerra. Con una visión política que hoy a todos se nos antoja claramente errónea, FE de las JONS trató de recrear los referentes históricos de la Falange fundacional, prácticamente limitando su actividad pública al mantenimiento del calendario de los fundamentales actos de su breve vida: aniversarios de la Fundación, de la muerte de Matías Montero, de la fusión con las JONS, de la batalla de Alcubierre, el Día de las Falanges Gallegas, el asalto al Cuartel de la Montaña... Incluso, asumió para sí la organización de un acto necrológico cuyo desarrollo resultaba trascendental para la identificación del grupo: el traslado a pie desde la Ciudad Universitaria de Madrid hasta el Valle de los Caídos, en la noche del 19 al 20 de noviembre, de dos coronas: una para José Antonio Primo de Rivera y otra para Francisco Franco. Su primer periódico se proclamaba heredero de la histórica cabecera F.E., mientras las referencias al Régimen del 18 de Julio y el Caudillo Francisco Franco eran una constante.
 La falta de visión política resultaba palmaria, y las contradicciones en su seno eran cada día mayores. Por iniciativa de jóvenes universitarios valencianos, en 1977 renacería el SEU, aunque entonces como un mero apéndice del partido. Con esto, comenzaron a ingresar en sus filas jóvenes falangistas que no habían vivido ni la República, ni la Guerra, ni el Movimiento, y que poco a poco demostraron que eran capaces de pensar por sí mismos. Por esta y otras vías, en FE de las JONS recalaron numerosos falangistas que —sin las premuras de la edad o las urgencias revolucionarias de quienes llevaban ya mucho tiempo luchando por los mismos objetivos— estaban dispuestos a cambiar la Falange desde dentro. Así, se abrió una fase de expansión del partido por todo el territorio nacional, que poco a poco fue sustituyendo a los auténticos en su papel de máximos representantes del movimiento nacionalsindicalista. Este crecimiento —no espectacular, desde luego— actuaba como imán para atraer a más falangistas, incluso a algunos que abominaban de la dirección encabezada por Raimundo Fernández-Cuesta.
 Una vez más, con ocasión de las elecciones generales de 1979, Falange Española de las JONS se alió con Fuerza Nueva, contando en esta ocasión con la colaboración de los Círculos José Antonio, que buscaban en ésta ocasión para sobrevivir. Fernández-Cuesta —segundo en la lista por Madrid— estuvo muy cerca de conseguir su escaño, objetivo que sólo logró Blas Piñar, quien de esta forma confirmaba su liderazgo en la extrema derecha. La Falange acusó el golpe, pero fueron los Círculos José Antonio los realmente perjudicados, padeciendo por este motivo una tremenda sangría en sus ya exiguas filas de militantes. Posiblemente fuera ésta la razón de mayor peso que llevó a sus dirigentes a optar por la integración de los Círculos en FE de las JONS, lo que finalmente ocurriría el 28 de abril de 1979, alcanzando Diego Márquez la Subjefatura Nacional, compartida con Manuel Valdés.20 Paradójicamente, este hecho provocó que algunos militantes —con Antonio Jareño a la cabeza— abandonaran la disciplina del partido y, unidos a organizaciones marginales como el Frente de Unificación Falangista Aragonesa o la Unidad Falangista Leonesa, formaron el Movimiento Falangista de España (MFE).21
 La intentona golpista del 23 de febrero de 1981 fue una auténtica sorpresa para la Falange, cuya capacidad política era tan reducida que ni siquiera era capaz de prever lo que se anunciaba en la prensa. De hecho, su actuación siempre iba a remolque de los acontecimientos, y su discurso resultaba monocorde, con continuas referencias a los escritos clásicos de José Antonio. Falange Española de las JONS seguía siendo la organización de los falangistas colaboracionistas con el régimen de Franco; pero estos poco a poco dejaron de tener la exclusiva, y comenzaron a oírse voces de protesta, tímidas y fácilmente acalladas en un principio, pero más ardorosas a medida que transcurría el tiempo.
 En esta compleja situación —en la que convivían el exaltado discurso de tono revolucionario con la efigie del Caudillo en los bazares provinciales— se convocaron las elecciones generales de 1982. En esta ocasión, las reticencias falangistas y el engreimiento de Blas Piñar impidieron la habitual coalición, y Falange Española de las JONS presentó candidaturas de forma independiente. Con la tradicional escasez de fondos, FE de las JONS estuvo presente en los medios, ocasión que dilapidó sin remedio. Y ello, por dos razones. La primera, porque la imagen ofrecida en nada favorecía a la organización. ¿Qué podía decir al elector una imagen de Raimundo, con gorra de plato, junto a Franco, en el estadio del Real Madrid, durante la celebración del Congreso Nacional de Falange en 1953? La otra razón, porque al finalizar la campaña propagandística, el Jefe Nacional anunció por televisión la retirada de las candidaturas con el fin de no restar vigor a otras fuerzas antimarxistas que podrían hacer frente al PSOE, cuya victoria electoral parecía inevitable. Esta decisión levantaría no pocas ampollas entre aquellos falangistas que la entendieron como una nueva claudicación ante los conservadores.
 Finalmente, Fernández-Cuesta optó en 1983 por retirarse de la vida política activa. Aunque hizo su anuncio en el mes de febrero, no sería hasta el 23 de julio cuando se efectuase el relevo. Cuatro candidaturas fueron presentadas y aceptadas por el Consejo Nacional: la de Antonio Gibello, quien se retiraría en el momento de exponer su programa ante la Asamblea; la de Manuel Valdés, claramente continuísta; la de Dionisio Martín Sanz, que se entendió entonces como una maniobra de Girón de Velasco, aún no sabemos con qué intenciones; y la de Diego Márquez Horrillo, que en aquel momento —pese a las acusaciones de falta de carisma22— representaba una verdadera posibilidad de cambio. El candidato oficialista quedaría en el último lugar, mientras que Diego Márquez doblaría en número de votos —obtuvo 81— a Martín Sanz.
 Con el triunfo socialista en las elecciones del 28 de febrero de 1982, se abría el epílogo de la transición en España. Comenzaba el momento del cambio. ¿Lo era también para la Falange?
 
6. La oportunidad del cambio
 
 Lo cierto es que el sector más reaccionario de la Falange saludó al nuevo Jefe Nacional con una verdadera carga de profundidad. A los pocos días de la elección, el SEU celebró en Candelario (Salamanca) un campamento en el que, además de las tradicionales actividades de este tipo de reuniones, pretendía estudiar el proyecto de Ley de Reforma Universitaria. Durante aquellos días, las presiones de los seuístas contra su Jefe Nacional, Antonio Tuero González —impuesto por la antigua dirección del partido—, crecieron de forma alarmante al oírle criticar sin mesura al nuevo Jefe Nacional y afirmar que éste había rechazado su renuncia al cargo. Cuando Diego Márquez asistió a la clausura del campamento, tuvo que reconocer que dicha renuncia no se había efectuado en la debida forma, y se vio obligado a anunciar que lo haría de manera expresa en lo siguientes días. Pero no fue así, y en el mes de septiembre la revista Tiempo publicaba un extenso reportaje sobre aquel campamento plagado de mentiras e inexactitudes proporcionadas —junto con unas fotografías ad hoc— por un supuesto falangista arrepentido.23
 La Asamblea Nacional del SEU celebrada poco tiempo después pareció liquidar los problemas con la expulsión de Tuero y el nombramiento —tras reñida elección— de Juan Oliveros como Jefe Nacional. Sin embargo, la historia fue muy diferente. La actitud de los nuevos dirigentes del SEU no parecía resultar muy acorde con el espíritu que se pretendía insuflar a la nueva FE de las JONS, y las tensiones personales afloraron en la organización universitaria con una fuerza inusitada. A medida que transcurrían los meses, la situación se fue deteriorando hasta tal extremo que, cuando al fin se afrontó el relevo en la Jefatura Nacional del SEU —lo que se hacía coincidir con un movimiento estatutario dirigido a independendizarlo orgánicamente de Falange—, la reunión acabó en batalla campal a las puertas del local de la Cuesta de Santo Domingo. Tras unas escasas semanas de reconstrucción urgente de la estructura nacional del Sindicato, se alzaría con la Jefatura Nacional el estudiante madrileño Miguel Muñiz García, elegido en Asamblea el 14 de abril de 1984.
 Pese a estas y otras dificultades, los nuevos dirigentes de Falange Española de las JONS —en su mayor parte vinculados a lo que fueran los restos de los Círculos José Antonio— iniciaron una tímida modificación de planteamientos en la histórica organización, en muchos casos arrastrados por las circunstancias y empujados por el ímpetu de los falangistas que creían al fin llegado el momento de cambiar las cosas. Aunque Diego Márquez solicitó un plazo de un año antes de efectuar un relevo general en los cuadros provinciales de mando, el discurso general del partido fue variando con rapidez. Acaso el ejemplo más palmario de cuanto decimos se encuentre en el análisis de la prensa editada por la Jefatura Nacional.
 Ante los reiterados fracasos de FE de las JONS en su intento de recuperar las históricas cabeceras periodísticas de la organización —en manos del organismo Medios de Comunicación Social del Estado24—, se había optado por la política de hechos consumados, iniciando la edición de una publicación que remedaba el título del más importante semanario del período republicano: Arriba... los valores hispánicos. Para este proyecto, la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda recabó la colaboración de prestigiosas firmas periodísticas pretendidamente azules de su entorno. El resultado no podía ser otro: el nuevo Arriba parecía un suplemento del órgano de los excombatientes, El Alcázar. Incluso, se imprimía en los talleres de Dyrsa, la sociedad editora de aquél. Con la llegada del nuevo equipo, el tono del periódico comenzó a cambiar, e incluso su aspecto externo. Poco a poco, las relaciones entre FE de las JONS y El Alcázar fueron haciéndose cada vez más difíciles. El primer paso para la ruptura definitiva surgiría con la aparición de un nuevo grupo político que —jugando con la idea de la unidad de las llamadas fuerzas nacionales— intentaría cubrir el espacio dejado por la disolución de Fuerza Nueva. Ante las pretensiones de la Confederación Nacional de Combatientes de que Falange Española de las JONS se integrase en las nacientes Juntas Españolas, la negativa fue rotunda, sin ofrecer oportunidad a la más mínima duda:

  Ante la noticia aparecida en la prensa sobre la aparición de un nuevo partido político que recibirá el nombre de Juntas Españolas de Integración, con la pretensión de "adaptar a 1984 la doctrina del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera", la jefatura nacional de FE de las JONS desea manifestar, con todo el respeto que merece la nueva formación política y los hombres que la configuran, que sólo a los falangistas que como tales actúan bajo la disciplina de la organización que fundara José Antonio les cabe el honor y la obligación de actualizar la doctrina nacionalsindicalista, labor en la que están empeñados actualmente los militantes de FE de las JONS.
  Si a los promotores del nuevo partido les preocupa el vacío creado por la desaparición de determinadas fuerzas nacionales, consideramos que difícilmente podrán llevar a cabo esta labor, pues parte de una premisa totalmente falsa al entender que los militantes de dichos partidos desaparecidos aceptaban pura y totalmente la ideología nacionalsindicalista.
  En cualquier caso, Falange Española de las JONS no entrará a formar parte de las JEI, en contra de los rumores que sobre esta cuestión hayan podido circular.25
 
 Rotas de esta forma las hostilidades, sólo faltaba desenganchar el vagón del tren ultraderechista. Los enfrentamientos con El Alcázar eran permanentes, aguardando a la oportunidad más propicia, que llegó con la reunión de la VII Asamblea General, en enero de 1985. La información aparecida en el órgano de la Confederación sobre el desarrollo de la primera jornada no fue satisfactoria para la Falange, de forma que la propia Asamblea acordó por unanimidad dirigirse al director del citado medio —el mismo Antonio Izquierdo que propició el Gironazo— para expresar su malestar. Ante la negativa del director de El Alcázar a recibir copia del acuerdo de la Asamblea, la Jefatura Nacional decidió insertarlo en la portada del siguiente número de Arriba. El número fue compuesto en los talleres de Dyrsa en la forma habitual, pero a la vista de su contenido Antonio Izquierdo exigió la retirada de aquel texto. Aquella actitud —claramente improcedente, a los ojos de los falangistas— ofreció la oportunidad de oro, y ya aquel número de Arriba fue definitivamente impreso en otros talleres.
 Lo cierto es que aquella etapa de la Jefatura Nacional de Diego Márquez supuso un cambio de orientación política trascendental, aunque no exenta de peligros que —a la postre— acabarían manifestándose como más que puras entelequias. En un comienzo, apenas parecían haber cambiado las cosas. En noviembre de 1983, la Falange volvió a portar las dos coronas hasta el Valle de los Caídos —no sin fuertes reticencias por parte de la juventud militante— y la organización estuvo presente en la tradicional conmemoración del 20-N. Pero al año siguiente todo fue distinto, en un inequívoco gesto por recuperar la identidad perdida de FE de las JONS. «La Falange y los falangistas estamos hartos de que todo el mundo se crea con derechos suficientes para decidir lo que la Falange tiene que hacer, tiene que pensar y tiene que creer», fue la respuesta del Jefe Nacional ante las públicas protestas de la extrema derecha por la negativa a portar un año más una corona hasta la tumba de Francisco Franco y asistir a la manifestación del 20-N.26 Esta resuelta actitud hizo saltar de ira a los representantes de aquella Falange colaboracionista que aún copaban el Consejo Nacional de FE de las JONS. Veinticuatro consejeros nacionales encabezados por Raimundo Fernández-Cuesta —y entre los que se encontraban personajes de renombre y trayectoria como Pilar Primo de Rivera, José María Gutiérrez del Castillo, Diego Salas Pombo, Dionisio Martín Sanz, José Utrera Molina, Jesús Suevos o Manuel Valdés—, a través de un escrito publicado a toda plana en El Alcázar conminaron al Jefe Nacional a un pública rectificación, al tiempo que afirmaban salvar su responsabilidad «retirándose de los cargos que ostentan en la organización». Una sacudida de este calibre pudo hacer temblar las estructuras de la Falange, pero en aquel momento Diego Márquez se supo apoyado por la militancia más activa y respondió punto por punto a todas las acusaciones, aceptando expresamente la dimisión colectiva27.
 Aún perduró durante algún tiempo esta política de gestos. Surgió una nueva oportunidad con la convocatoria del prometido referéndum sobre el ingreso de España en la OTAN. En ocasiones anteriores, FE de las JONS se había manifestado con confusas declaraciones partidarias del ingreso, previo cumplimiento de determinadas condiciones —de carácter plenamente nacionalista— que desde luego no se hallaba en condiciones de exigir. En esta nueva etapa, se reabrió nuevamente el debate y —ante las presiones de ciertos sectores recalcitrantes— daba la impresión de que se resolvería nuevamente por la senda de la dialéctica perversa. Finalmente, ante la Asamblea Nacional —y tras un agrio debate— Diego Márquez y otros miembros jóvenes de la Junta Nacional del partido no votaron a favor del texto oficial de resolución, optando por apoyar la moción alternativa —partidaria del rotundo voto negativo en la inminente consulta popular—, que resultó mayoritariamente apoyada.
 Gestos como éste abrieron posibilidades para la integración de ciertos sectores minoritarios del movimiento nacionalsindicalista en FE de las JONS. Grupos como Unidad Falangista Montañesa se incorporaron a Falange sin apenas resistencia, favoreciendo de paso el relevo en una conflictiva provincia como era la de Cantabria. En cambio, la aproximación del Movimiento Falangista de España resultó inviable. Como consecuencia de un casual encuentro en los pasillos de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense entre Diego Márquez —que acudía a pronunciar una exitosa conferencia— y Sigfredo Hillers —profesor en aquel centro—, éste último apoyó la incorporación de sus muy exiguas huestes a FE de las JONS, aunque nunca disolvió formalmente FEI.
 Lamentablemente, aquellos fueron los únicos logros de aquella política efectista, que no efectiva. La recuperación de la identidad de FE de las JONS exigía un esfuerzo callado y diario que no se realizó con el suficiente vigor. El necesario relevo en las estructuras provinciales del partido no se realizó, y los Jefes Territoriales fueron convirtiendo sus respectivas jurisdicciones en auténticos virreinatos. De esta forma, surgieron contradicciones como las planteadas en Galicia, donde en nombre de FE de las JONS se continuaba exaltando innecesariamente al régimen del 18 de Julio, sin que desde la Jefatura Nacional se produjese reacción alguna. Esta indefinición real, junto a la falta de apoyo por parte de aquellos otros miembros del movimiento nacionalsindicalista que ya habían caminado esta senda años atrás y no parecían dispuestos a volver a recorrerla, facilitó que colaboracionistas de segundo orden —auténticos inasequibles al desaliento— recuperaran parte del peso específico perdido en los primeros momentos de la Jefatura Nacional de Diego Márquez.
 La falta de sentido político real resultaba evidente, y el primer gran fracaso vino de la mano del Primer Congreso Ideológico. Era éste un proyecto que Diego Márquez diseñó dentro del plan de recuperación de la identidad, y que puso en marcha en los primeros momentos. Pero aquella ocasión de crisis no resultaba la propicia para la serena actualización ideológica, y el proyecto fue discretamente aparcado. Cuando la ilusión renovadora comenzó a dar paso al desencanto, la reacción de los dirigentes fue reactivar el Congreso Ideológico como una vieja promesa pendiente de cumplimiento. Mas continuaba sin ser el momento, y desde luego no eran aquellos los métodos. Lo que pudo ser una oportunidad trascendental de sosegado estudio se convirtió en una concatenación de reuniones asamblearias y seminarios desordenados que concluyeron con la redacción de unas ponencias definitivas, resumidas en 33 Afirmaciones Fundamentales que terminaron por no contentar a nadie.28 En un tremendo error de cálculo, se intentó proporcionar cierta espectacularidad a la aprobación de aquellas Afirmaciones, organizando un acto en la explanada de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Pero la asistencia de militantes no fue tan amplia como se esperaba, y aquella mañana fría de octubre los cielos se abrieron sobre la sierra madrileña y diluvió cuanto quiso.
 
7. El final de una etapa
 
 Aquél era el momento para cerrar una etapa con balance —pese a todo— ciertamente positivo. Así intentó hacérselo ver el Presidente de la Junta Política y responsable del Congreso Ideológico —Santiago Fernández Olivares— al Jefe Nacional al presentarle su dimisión, al tiempo que solicitaba a Diego Márquez que hiciese lo propio. Pero las cosas transcurrieron por otros cauces.
 Con la permanencia de Felipe González en la Presidencia del Consejo de Ministros hasta 1996 puede darse por cerrado definitivamente el período de la transición democrática en España, límite cronológico de esta exposición. Lo que ocurriera en el seno del movimiento nacionalsindicalista tras la clausura de aquel Congreso Ideológico en realidad está todavía sucediendo hoy. Este tiempo que acabamos de repasar resulta —como hemos visto— harto complejo. No es posible buscar culpabilidades absolutas ni eximir de total responsabilidad a nadie. Posiblemente, los más inocentes fueran los falangistas de a pie, que han padecido durante estos años una proverbial desorientación. En todo caso, con sus renuncias y errores, retrocesos y rectificaciones el movimiento nacionalsindicalista ha pervivido en un mar de dificultades, lo que ya es de por sí un pequeño pero suficiente triunfo que puede proyectarse hacia el futuro.
 A partir del 2 de julio de 1995, Gustavo Morales es elegido jefe nacional y termina la Falange del Silencio para dar paso a la Falange de la Calle.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

1 José A. GÓMEZ YÁÑEZ, "Bibliografía sobre la Transición a la Democracia en España" en Fosé Félix TEZANOS, Ramón COTARELO y Andrés de BLAS (eds.), La transición democrática española, Madrid : Sistema, 19932, p. 807-855, recoge numerosos textos aparecidos hasta 1982.
2 Por referirnos a algunos títulos, señalaremos la recopilación de Carlos SECO SERRANO Al correr de los días : crónicas de la transición, Madrid : Complutense, 1994; la obra colectiva coordinada por Santos JULIÁ, Javier PRADERA y Joaquín PRIETO Memoria de la transición, Madrid : Taurus, 1996; el reportaje de Julia NAVARRO Nosotros, la transición, Madrid : Temas de Hoy, 1995; o el reportaje de Victoria PREGO Así se hizo la Transición, Barcelona : Plaza & Janés, 1995.
3 Javier TUSELL, La transición española a la democracia, Madrid : Historia 16, 1991, fue el primer manual monográfico sobre el tema.
4 Philippe NOURRY, Juan Carlos : un roi pour les républicains, Paris : Centurión, 1986; Charles T. POWELL, El piloto del cambio : el rey, la monarquía y la transición a la democracia, Barcelona : Planeta, 1991; Joaquín BARDAVÍO, Las claves del rey : el laberinto de la transición, Madrid : Espasa Calpe, 1995.
5 Manuel VALDÉS LARRAÑAGA, De la Falange al Movimiento (1936-1952), Madrid : Fundación Nacional Francisco Franco, 1994 ; Pilar PRIMO DE RIVERA, Recuerdos de una vida, Madrid : Dyrsa, 1983; Raimundo FERNÁNDEZ-CUESTA, Testimonio, recuerdos y reflexiones, Madrid : Dyrsa, 1985. Sólo algunos detallan aquellos sus últimos momentos de vida pública con informaciones de cierto valor. Es el caso de José UTRERA MOLINA, Sin cambiar de bandera, Barcelona : Planeta, 1989 ; o José Antonio GIRÓN DE VELASCO, Si la memoria no me falla, Barcelona : Planeta, 1994.
6 Luis GARCÍA SAN MIGUEL, Teoría de la transición : un análisis del modelo español, 1973-1978, Madrid : Editora Nacional, 1981, p. 158: «La Falange pudo haber hecho (o intentado al menos) su revolución bajo el franquismo, pero no pasó de ser el sector 'social' del Movimiento.»
7 Apenas unas líneas le dedica a la Falange de la transición Sheelagh ELLWOOD, Prietas las filas : historia de Falange Española, 1933-1983, Barcelona : Crítica, 1984.
8 Ernest MILÁ, Falange Española, 1937-82. Los años oscuros, Barcelona : Alternativa, 1986; Pedro CONDE SOLADANA, F.E. de las J.O.N.S. (Auténtica), Bilbao : Albia, 1977; Diego MÁRQUEZ, Círculos José Antonio, Bilbao : Albia, 1977.
9 Rafael IBÁÑEZ HERNÁNDEZ, "La oposición falangista al régimen de Franco (1937-1975) : consideraciones sobre una cuestión inédita" en Congreso de Jóvenes Historiadores y Geógrafos : actas, Madrid : Universidad Complutense, 1989, p. 625-637. Con posterioridad, Francisco BLANCO, "Grupos falangistas opuestos al franquismo, 1963-1975" en Javier TUSELL, Alicia ALTED y Abdón MATEOS (coords.), La oposición al régimen de Franco. Estado de la cuestión y metodología de la inbestigación, Madrid : Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1990, t. I, vol. 2,  p. 453-467.
10 Véase la obra colectiva Cuando la transición se hizo posible : el "Contubernio de Múnich", Madrid : Tecnos, 1993.
11 FERNÁNDEZ-CUESTA, op. cit., p. 261 y ss.
12 Citamos partir de la versión incluida en Las asociaciones políticas en las Cortes, [Madrid] : Frente Nacional Español, [1976]. También en FERNÁNDEZ-CUESTA, op. cit., p. 381-390.
13 Armando ROMERO CUESTA, Objetivo: matar a Franco (La Falange contra el Caudillo), Madrid : Barbarroja, 19942.
14 Además del ya citado libro de Pedro Conde, podemos encontrar una versión oficial en el libro de Javier MORILLAS Una brecha para la revolución de España, [Madrid] : Falange Auténtica, 1978.
15 El texto íntegro del acuerdo aparece reproducido por Manuel Antonio TUERO MADIEDO, ...Y traerán prendidas cinco rosas(Falange: la historia, la doctrina), [Barcelona : autor], [1979], p. 254-255, aunque no cita a todos los firmantes antedichos.
16 Versiones de lo sucedido en el libro de MILÁ, op. cit., p. 34-36, y José Luis RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, Reaccionarios y golpistas. La extrema derecha en España: del tardofranquismo a la consolidación de la democracia (1967-1982), Madrid : Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1994, p. 198-199.
17 Raimundo FERNÁNDEZ-CUESTA, Observación general al proyecto de Ley de Reforma Política, [Madrid] : Falange Española y [sic] de las JONS, [1976].
18 Alianza Nacional 18 de Julio, 67.326; FE de las JONS (Auténtica), 50.926; Círculos José Antonio, 8.184; Falange Española Independiente, 855. FE de las JONS se presentó en solitario en tres provincias, recabando para sí 20.639 votos. Fuente: Base de Datos de Indicadores Sociales y Económicos.
19 Con todos sus errores de calificación, puede verse la anticipación del hecho en el libro de Ernesto Cadena (seudónimo de Ernest MILÁ) La ofensiva neo-fascista, Barcelona : Acervo, 1978, p. 169.
20 El texto del acuerdo en FERNÁNDEZ-CUESTA, op. cit., p. 395-396.
21 Mariano SÁNCHEZ SOLER, Los hijos del 20-N. Historia violenta del fascismo español, Madrid : Temas de Hoy, 1993, p. 102.
22 ELLWOOD, op. cit., p. 260.
23 Carlos CARNICERO, "La nueva Falange prepara guerrillas urbanas" en Tiempo 71 (19 sept. 1983), p. 24-29. La portada de la revista presenta este escandaloso titular: "La Falange se echa al monte".
24 Juan SÁNCHEZ RADA, Prensa: del Movimiento al Socialismo. 60 años de dirigismo informativo, Madrid : Fragua, 1996.
25 "Aclaración necesaria" en Arriba... 7, p. 1.
26 "Carta del Jefe Nacional a Antonio Izquierdo" en  Arriba... 8, p. 1.
27 En Arriba... 8, p. 2-3. Con posterioridad, la hermana de José Antonio fue aceptada nuevamente como miembro del Consejo Nacional del partido.
28 Véase, a modo de ejemplo, el trabajo de Luis Miguel VILLEGAS MARTÍNEZ Comentario al Primer Congreso Ideológico Nacional Sindicalista, Madrid : Proyecto Fénix, 1989.
 

El movimiento nacionalsindicalista durante la transición.
Una aproximación
Rafael Ibáñez Hernández
Universidad de Verano de la
Fundación José Antonio
4 de agosto de 1997
Castilnovo (Segovia)

Asoc Cult Tornasol

Asoc Cult Tornasol

MADRID Miércoles, 18 de marzo de 1998

Veinte «ultras» agreden a tres estudiantes de izquierda dentro de la facultad de Derecho

Tuvieron que ser atendidos de diversas contusiones en el hospital

JOSE LUIS MARTIN
MADRID.- Una veintena de jóvenes, presuntamente de ideología ultraderechista, agredió ayer a tres estudiantes en la facultad de Derecho de la Universidad Complutense. El grupo de ultras irrumpió en el vestíbulo de la facultad a las 11.00 horas. Convenientemente distribuidos, comenzaron a retirar todos los carteles de la Unión de Estudiantes Progresistas y de Izquierda (UEPI), una asociación estudiantil. A continuación, se dirigieron al local de la UEPI, en la segunda planta, y agredieron a P. I., de 19 años, y estudiante de segundo de Derecho; a R. G. , de 19 años, quien cursa primero de carrera; y a M., todos miembros de la asociación. Los jóvenes fueron atendidos de varias contusiones en la cara y extremidades en el Hospital San Carlos, y fueron dados de alta a las pocas horas.

Los agresores, quienes aseguraron pertenecer a la asociación Tornasol, con local en la misma facultad, y de ideología ultraderechista, huyeron del recinto sin dificultad, según señalaron a este periódico varios testigos presenciales. Un profesor de Filosofía de Derecho, de quinto curso, observó la llegada de los ultras a la facultad. «Eran alrededor de 20, de complexión fuerte la mayoría de ellos, y con cara de malas pulgas. De repente empezaron a arrancar los carteles, la mayoría de los cuales se oponía a la designación de Pinochet como senador vitalicio en Chile», dijo ayer este profesor, quien prefirió omitir su nombre. DIVERSAS CONTUSIONES.- Con los carteles en las manos, los intrusos se dirigieron a la zona donde están los locales de las asociaciones, en la segunda planta. «Yo estaba en el local con P., cuando alguien entró a decirnos que estaban arrancando nuestros carteles de las paredes. Salí para ver qué ocurría y me los encontré de frente», explicaba ayer R. G. a su salida del hospital, con fuertes contusiones en el rostro y en la pierna derecha. En ese momento, según los testigos presenciales, uno de los ultras comenzó a agredirle de forma contundente.

Después salió P. I., a quien otros intrusos le propinaron una paliza. A M. le rompieron la camisa y, además, le robaron el reloj. «No paraban de darnos puñetazos, empujones y patadas, eran 20 contra tres», decían ayer los agredidos. En medio de la refriega, a uno de los agresores se le cayeron al suelo unas tijeras de gran tamaño, y en varias ocasiones amenazaron de muerte a los tres estudiantes. «Nos llamaron "rojos de mierda" y "melenas asquerosos", y también dijeron que la próxima vez nos iban a rajar de arriba abajo», manifestó ayer R. La agresión finalizó con la intervención de Paulino, uno de los bedeles de la facultad de Derecho, quien amenazó con denunciarles en el decanato. Los atacantes, según testigos presenciales, «tenían pinta de fachas: vestían bien, algunos con gafas de sol y con el pelo muy engominado».

El origen del incidente se remonta al pasado lunes. Ese día, los estudiantes de izquierdas retiraron un cartel anónimo que decía Gracias, Pinochet. Un miembro de la UEPI manifestó ayer a este periódico: «Lo quitamos porque contradecía los principios democráticos fundamentales de cualquier asociación universitaria y porque no estaba firmado». Los diez carteles de la UEPI retirados ayer por los ultras contenían la opinión de la asociación sobre el ex dictador chileno, el aborto, unas jornadas sobre el Sáhara y un documento acerca del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. ASOCIACION FASCISTA.- Los estudiantes agredidos apuntaban ayer directamente a la asociación Tornasol como responsable de los hechos. «Al menos han dicho que pertenecían a Tornasol, y esta asociación es de carácter fascista, muy próxima al Sindicato Nacional de Estudiantes, también ultraderechista», indicaban. En la mañana de ayer, ningún miembro de esta organización se encontraba en el local que tienen en el mismo centro universitario en el que se produjeron los incidentes. Como declaración de principios, un folleto clavado en la puerta arremetía directamente contra las universidades «como centro de difusión de movimientos guarro-anarquista, okupa, pacifista, insumiso, etarra, etcétera». Los estudiantes agredidos decidieron ayer denunciar en la comisaría las agresiones y amenazas sufridas.

Los alumnos denuncian la pasividad del decano

La Unión de Estudiantes Progresistas y de Izquierda criticó ayer «la pasividad del decanato y del rectorado» por la actitud antidemocrática de algunas asociaciones universitarias. Los agredidos se dirigieron ayer al decanato, donde fueron atendidos por el secretario, José Rubio San Román. Este tuvo, a juicio de los estudiantes, «una actitud chulesca y desconsiderada; no se preocupó por lo que había pasado y se limitó a decir que mandemos un escrito». Las quejas de los alumnos también se refieren al rector de la Complutense, Rafael Puyol, y al decano de Derecho, José Iturmendi, quienes «no tienen ninguna actitud con las posturas antidemocráticas, las ignoran». La facultad de Derecho es lugar de reunión habitual de grupos universitarios de extrema derecha, como CEDADE y Bases Autónomas.

«Esta facultad está plagada de asociaciones fascistas, como Tornasol, y otras que se enmascaran bajo la apariencia de entidades culturales», decían ayer los alumnos. Ayer, únicamente el responsable de Seguridad de la Complutense se dirigió a los miembros de la UEPI, a los que recomendó «evitar cualquier tipo de provocación». El pasado día 20 de noviembre, fecha en la que la ultraderecha española conmemora los fallecimientos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, los jóvenes de la UEPI denunciaron la presencia de ultraderechistas con porras ante la puerta de su local. «La respuesta que nos dieron en el vicerrectorado es que hasta que no hagan algo, no se puede actuar», dijo ayer uno de los estudiantes. El decanato de la facultad animó ayer a la UEPI a denunciar los hechos en comisaría para, a continuación, abrir una investigación interna sobre lo ocurrido y el trasfondo ideológico de las asociaciones.

MADRID Jueves, 26 de marzo de 1998

Manifestación contra los «fascistas» de Derecho

Los universitarios convocan hoy una marcha en protesta por las agresiones
PEDRO SIMON
MADRID.-En la universidad casi todos saben quiénes son, pero nadie se atreve a levantarles la voz: disponen de local, lucen su parafernalia ultraderechista por los pasillos, cuelgan sus carteles dando gracias al sanguinario ex dictador Augusto Pinochet y defienden la pena de muerte sin reparo. La facultad de Derecho de la Complutense se ha convertido, por deméritos propios, en el vivero de colectivos ultras. La agresión de la pasada semana, cuando miembros de Tornasol (asociación neofascista vinculada a la Alianza por la Unidad Nacional de Sáenz de Ynestrillas) apalearon a tres estudiantes de izquierda, ha vuelto a levantar la voz de alarma. Hoy, a las 11.30 horas, se ha convocado una manifestación contra las agresiones fascistas. Partirá de la propia facultad y se dirigirá al rectorado para protestar. Los agredidos denuncian que estas asociaciones «reciben subvenciones y participan con el beneplácito del rectorado».

No es la primera vez que se producen ataques de este tipo. Hace siete años, ultraderechistas de la propia facultad reventaron la puerta del local de la Unión de Estudiantes Progresistas-Estudiantes de Izquierda (UEP-EI) y se llevaron todo el archivo de los socios. En 1994, unos desconocidos incendiaron la puerta de la misma sede, cuando había alumnos dentro, y en los últimos años son habituales las amenazas con pintadas o agresiones con gases tóxicos. Para disponer de local en la facultad se requiere remitir dos memorias de actividades anuales (una al vicerrectorado y otra al vicedecanato de alumnos) y presentar, al menos, 50 firmas actualizadas de socios. «Hace seis años que Tornasol no presenta estos requisitos y, aun así, sigue con local», afirma un miembro de la UEP-EI. Según ellos, ésta es una muestra de la connivencia de José Iturmendi, decano de Derecho, con estos grupúsculos extremistas. Ni el decano ni el rector han contestado a estas acusaciones.

¿Quién está detrás de la planta segunda de la facultad de Derecho? Tornasol, Frente de Estudiantes Sindicalistas, Teoría y Práxis, Testimonio 2000... Estas son las más conflictivas:

Tornasol.- Su última acción ha sido la agresión, el pasado martes, a estudiantes de izquierda que habían osado criticar a Pinochet. El grupo tiene presencia desde 1979 y está vinculado a la Asociación Resistencia Nacional de la Juventud, del pintoresco Ricardo Sáenz de Ynestrillas. La raza, la patria, la pena de muerte, son sus directrices. Nunca están en su local.

Frente de Estudiantes Sindicalistas.- Sección universitaria de la Falange Española Independiente. Ponen un cartel semanal sobre José Antonio Primo de Rivera. En las últimas elecciones claustrales tuvieron varias decenas de votos.

Teoría y Praxis.- Integrado por miembros del partido ultra Democracia Nacional y por simpatizantes del colectivo neonazi Bases Autónomas. Publican un boletín en el que hablan de una misión político-social a la que dicen deberse. ¿Racistas? Miguel, estudiante de segundo de Derecho y uno de sus cabecillas, responde: «Nosotros conocemos a un chico de color que se llama Edison, encima de ser negro es discapacitado, pero no le hacemos nada y le dejamos entrar en el local».

Testimonio 2.000.- Ultracatólicos, guardan excelentes relaciones con Teoría y Práxis. Contra el aborto y a favor de la pena de muerte.

Un mechero anónimo intenta quemar locales ultras en Derecho de la UCM Martes, 5 de marzo de 2002

Dos despachos pertenecen a los grupos extremistas Tornasol y SEU; el otro, al Club Taurino.

JAVIER GOMEZ

Los hechos ocurrieron, se cree, un 19 de enero en la Facultad de Derecho. Nadie ha hablado sobre ellos hasta ahora. Aquel día, alguien intentó prender fuego a los locales de las asociaciones Club Taurino, SEU y Tornasol, estas dos últimas pertenecientes a los círculos ultras del centro. Hoy, más de un mes después, sin una denuncia o comunicado del decano José Iturmendi, la mayoría de las asociaciones de la facultad ha hecho público un texto en el que piden al decanato «que tome las medidas oportunas para garantizar unas condiciones dignas [...] y, concretamente, mayor seguridad».

Como si de una novela negra se tratase, cada detalle esconde un reguero de pistas que, sin embargo, no ha permitido revelar todavía al culpable. El 19 de enero no es una fecha cualquiera: un sábado, en la semana previa a los exámenes, reúne todas las características para que nadie pueda descubrir lo que ocurre en el desangelado pasillo de las asociaciones, sito en la segunda planta de Derecho.

Cuando varios estudiantes se pasaron por allí, el lunes siguiente, descubrieron destrozos en las puertas, pintadas, una puerta la del Club Taurino calcinada, vertidos de gasolina... «Nos dijeron en el decanato que en dos días estaría todo limpio. Al final, tuvimos que hacerlo nosotros», expone Fernando, del SEU (nombre de la asociación estudiantil próxima a la Falange).

Miriam, del Club Taurino, reconstruye su interpretación de lo ocurrido: «Lo extinguió el mismo que provocó el fuego, porque ya había prendido y los carteles pegados a la cara interior de la puerta habían ardido. Quizás se asustó». Segunda pista.

SILENCIO DECANAL. El decanato ha ofrecido la callada por respuesta. CAMPUS pudo saber ayer que nadie de la facultad informó al Rectorado de lo ocurrido. Una vez contactados, su versión fue la siguiente: «Parece ser que alguien ha intentado ahumar el Club Taurino, probablemente grupos contrarios a los toros». Su única iniciativa ha sido revisar la documentación de las asociaciones que disponen de despachos (ver apoyo).

Aún era posible distinguir, el pasado viernes, un cerco de suelo carbonizado ante la renovada y simplona puerta de madera que se ha colocado en el umbral del Club Taurino, y marcas de gasolina bajo las puertas de otros locales.

«Es evidente que también intentaron quemar los nuestros, pero no lo consiguieron», apunta un miembro del SEU. Ningún miembro del tercer grupo afectado, Tornasol, apareció en la reunión de las asociaciones. Fuentes del alumnado vinculan a este colectivo con el partido Alianza por la Unidad Nacional (AUN), de Ricardo Sáenz de Ynestrillas.

Falta, no obstante, uno de los ingredientes básicos de la novela negra. Contamos con un culpable desconocido, al que todos sitúan ajeno a la facultad. Un supuesto móvil: agredir a tres asociaciones del círculo ultraconservador de Derecho. Un modus operandi: gasolina bajo la puerta, un mechero del que sale la chispa, un incendio consumado y dos frustrados. Mas no hay investigación. Ni un sagaz Hércules Poirot, ni un socarrón Carvalho, ni un astuto Maigret, ni un descreído Montalbano. El motivo estriba en que no hubo denuncia alguna: ni por parte de los directamente afectados, ni por parte de las autoridades de la facultad.

«El decanato no ha hecho nada, y menos con el tema de la seguridad, aunque se lo hemos pedido repetidas veces», acentúa Luis Pelegrina, de la asociación Estudiantes de Derecho (ED). «Nos pilló en exámenes y ha sido un golpe duro. Queríamos haberlo denunciado antes, con el resto de asociaciones, pero es difícil poner a todo el mundo de acuerdo», se justifica Miriam.

Pese a todo, la falta de certezas no impide a las asociaciones implicadas tener su propia versión del culpable. «Grupos de extrema izquierda» apunta uno. «Ecologistas y gente de ultra izquierda», responde otro. «Pero gente de fuera de la facultad», coinciden todos.


Para saber mas: Asociacion Tornasol y el foro

El Frente de la Juventud

El Frente de la Juventud

En 1977, Fuerza Nueva era el principal partido de la “oposición nacional”. A partir de las primeras elecciones democráticas, a pesar de obtener unos modestos resultados, la campaña sirvió para dinamizar interiormente el partido de tal manera que tras el verano de ese año, en septiembre, todas las delegaciones habían salido reforzadas y en algunas la afiliación se realizaba en riada. En aquellas circunstancias, se cometieron errores que luego se pagarían y que derivaban de la proximidad del franquismo y de que en las filas de la “oposición nacional” se concibiera la política tal como se había realizado antes en las estructuras del Movimiento: uniformes, militarización del partido, etc. La imposibilidad de educar políticamente a la riada de militantes que afluía, hizo que la conciencia política fuera sustituida por la disciplina de las estructuras militantes.

    En la práctica, allí donde existían buenos responsables políticos, era posible que estas estructuras militarizadas funcionaran a pleno rendimiento, y allí en donde no se daban estas circunstancias, el remedio fuera peor que la enfermedad. De entre todos los responsables políticos de la época en contacto, tanto con la cúpula del partido como con las bases, destacaban dos afiliados: José de las Heras y Juan Ignacio González Ramírez, el primero como Secretario General del partido y el segundo como responsable del servicio de orden.

    Se vivían momentos excepcionalmente fluidos. El curso 1978-79 fue el año que perdieron, académicamente hablando, la mayoría de estudiantes que militaban en las “fuerzas nacionales”. Se vivía en un estado de movilización permanente: campaña contra el referéndum constitucional, campañas sucesivas contra el terrorismo, campañas por la unidad nacional, manifestaciones por la recuperación de Gibraltar, manifestaciones constantes contra la política de UCD y contra la labor taimada y disolvente del PSOE, mesas de propaganda constantes, movilizaciones militantes para afrontar a los grupos agresivos de izquierda y de extrema-izquierda, provocaciones llegadas de los más distintos ambientes... Un estado de vigilia permanente en la que era difícil concentrarse en los estudios, en el trabajo o en cualquier otra actividad social.

    Pero esta fluidez abarcaba también los cerebros y las ideas. Para algunos militantes de Fuerza Nueva empezaba a parecer claro que el franquismo había muerto y que muy difícilmente las fuerzas que tuvieron protagonismo el 18 de julio de 1936, volverían a tenerlo en el nuevo período creado.

    En Barcelona se produjo la primera ruptura de militantes, creándose el Frente Nacional de la Juventud (FNJ).

    En Madrid, el potencial explosivo interior fue acumulándose hasta producirse la ruptura en 1978 que se llevó a varios cientos de militantes de Fuerza Joven en Madrid, Valladolid y Valencia. Con este núcleo se fueron también José de las Heras y Juan Ignacio González que asumieron la dirección del nuevo grupo: el Frente de la Juventud.

    Todas las escisiones que se han producido en la historia de los partidos políticos han seguido el mismo proceso: inicialmente, el grupo disidente aborda un trabajo político frenético para intentar superar al grupo del que se ha escindido. Cuando el ritmo de trabajo decae, se contempla que, tanto los escindidos como la matriz, han salido debilitados y que no todos los escindidos siguen en actividad, ni la matriz se ha debilitado completamente, reforzada de nuevo por quienes han cubierto las bajas creadas por la escisión.

    Esta situación fue percibida, tanto en Barcelona como en Madrid, a mediados de 1979 y fue uno de los motivos que indujo a la aproximación del Frente Nacional de la Juventud y del Frente de la Juventud y a la subsiguiente integración de los primeros en la estructura de los segundos. Poco después tuvo lugar el Primer Congreso del Frente de la Juventud en el local del Centro Cubano de Madrid, resultando elegida una dirección compuesta por Juan Ignacio González, José de las Heras y Ernesto Milá. A los pocos meses, a finales de junio de 1980, éste último, a raíz de una manifestación ilegal convocada en Barcelona, tuvo que exiliarse, permaneciendo éste en contacto con la dirección del Frente y reuniéndose en varias ocasiones en París con sus representantes.

    En ese momento, lo que el Frente de la Juventud mantenía era una estrategia “revolucionaria”. Se trataba de actuar desde el punto de vista extraparlamentario, pero sin crear fricciones con aquellas otras organizaciones que asumían trabajar políticamente con una vocación parlamentaria. Se trataba de favorecer la formación de un fuerte partido parlamentario similar al MSI, precedido por una vanguardia revolucionaria, similar en Italia al papel que realizaban Ordine Nuevo y Avanguardia Nazionale.

    Sólo más adelante, cuando se evidenció que Fuerza Nueva se encontraba con graves problemas, incluso de ilegalización, por las acciones de algunos elementos irresponsables de sus bases (Caso Yolanda) y cuando se evidenció también que existían provocaciones dirigidas desde el Ministerio de Interior para aislar y culpabilizar a Fuerza Nueva, pareció aconsejable contactar con otros grupos dispersos, para constituirse como partido político. En conversaciones mantenidas en París y Madrid (octubre de 1980), se abordó este plan y se decidió ponerlo en marcha. Pero en ese momento, ya estaba en marcha la “conspiración del 23-F”.

    Determinados medios militares contactaron con el Frente de la Juventud, ofreciéndole participar en la conspiración y en el desencadenante, con un cometido concreto. Sin embargo, entre diciembre de 1980 y los primeros días de enero de 1981, el Frente de la Juventud fue literalmente barrido de la escena política. Primeramente, Ernesto Milá, exiliado en París, fue falsamente responsabilizado de haber participado en el atentado de la rue Copernic en París. Medios de la seguridad del Estado española filtraron a través de sindicatos policiales franceses de izquierda, un dossier sobre Milá, realizados a partir de las confidencias de un abogado barcelonés. Milá, que hasta ese momento había podido moverse fácilmente en Francia, debió extremar sus medidas de seguridad y abandonar el vecino país; pocos días después resultaba asesinado Juan Ignacio González al volver a altas horas de la noche a su domicilio, después de haber estado con los camaradas madrileños del Frente. Tres semanas después, José de las Heras y treinta militantes del Frente de Madrid y Valencia, fueron detenidos en una redada que acabó con ellos en la cárcel, posteriormente se tradujo en pesadas condenas de cárcel y en el exilio de varios. En apenas un mes, el Frente de la Juventud había sido completamente desarticulado y todos los miembros de su dirección habían sido objeto de medidas represivas que iban desde la prisión hasta el asesinato.

    A partir de este momento, se hizo evidente el realismo político: las fuerzas contra las que el Frente de la Juventud intentó reaccionar y construir una alternativa política, eran demasiado fuertes como para poder seguir desafiándolas. Se imponían nuevas vías y, llegados a este punto, cada militante se sintió libre de adoptar la medida que creyó conveniente. En 1983, el Frente de la Juventud, oficialmente, se disolvió, ingresando algunos de sus miembros en el Movimiento Falangista de España y la mayoría sumiéndose en un estado de “reserva activa” en sus domicilios, con sus familias, a fin de reestructurar sus vidas tras cinco años de actividad frenética.

    Del Frente de la Juventud, quedaron más de una cincuentena de militantes represaliados y condenados a distintas penas de cárcel, una docena de exiliados, algunos de los cuales tuvieron que sufrir represión, encarcelamiento y tortura en países sudamericanos y el recuerdo de nuestro camarada asesinado Juan Ignacio González, el primero entre todos nosotros al que, quienes lo conocimos, apreciamos desde el primer momento.

    Podemos decir que, personalmente, hemos conocido a dirigentes políticos y “dirigentillos”; los primeros tienen unas cualidades que los hacen diferentes al resto de la militancia: no dudan, saben lo que hay que hacer, unen la discreción a la movilidad, son inaprensibles, miran directamente a los ojos y siempre tienen la energía interior y la fuerza suficiente como para imponerse a los demás, sacar de todos los militantes el máximo de energías y ser los primeros en las movilizaciones. Juan Ignacio González era de estos. Tenía una sensibilidad particular para la acción política y una discreción notable para moverse en ambientes difícil sino peligrosos.

    Los enemigos del Frente de la Juventud repetían la cantinela incesante de que “éramos una escisión generada por Presidencia del Gobierno”. Era completamente falso. Nadie más que la propia dinámica de aquella época, el activismo que se vivía, el radicalismo de las ideas y de la misma situación política, hizo posible la existencia del Frente de la Juventud. Nadie nos “teledirigió”, nadie nos “controló”, nadie “nos financió”, nadie… y la prueba es que, de entre todas las organizaciones juveniles y políticas que surgieron en la transición, ninguna pagó un tributo tan alto de exilio, cárcel, sangre y muerte, como el Frente de la Juventud. Esto es ya de por sí elocuente y dice mucho de la fidelidad a sus ideales de quien fue nuestro jefe político, nuestro organizador, nuestro camarada y nuestro amigo: Juan Ignacio González, de cuyo asesinato, este año 2005, se cumple el veinticinco aniversario.

    Algunos no olvidamos ni tenemos necesidad de olvidar lo que hicimos cuando éramos jóvenes y teníamos un ideal para vivir y una aventura que realizar. Nuestro ideal fue el patriotismo y nuestra aventura tuvo un nombre: Frente de la Juventud. Juan Ignacio se quemó en este ideal. Nosotros, que lo compartimos con él, estamos obligados a recordarlo en este 25º aniversario de su asesinato y a exigir que se esclarezca, de una vez y para siempre, quién fue el autor material y el inspirador intelectual de su asesinato.

Para conocer mejor la historia del Frente de la Juventud y la figura de su secretario general asesinado por el sistema hace 25 años es imprescindible visitar la web Juan Ignacio ¡¡ JUSTICIA!! lugar en donde hemos extraido este artículo.

Acerca del Movimiento Tacuara

Acerca del Movimiento Tacuara

Dos formas de ver la historia por Roberto Bardini

El domingo 16 de noviembre, el diario La Nación, de Buenos Aires, publicó un comentario de Luis Alberto Romero sobre dos libros más o menos recientes que tratan el mismo tema. El artículo de Romero se titula “Años de plomo” y se refiere a Tacuara, historia de la primera guerrilla urbana argentina, de Daniel Gutman (editorial Vergara-Grupo Zeta, 333 páginas) y Tacuara: la pólvora y la sangre, de mi autoría (editorial Océano, 254 páginas). Desde ya pido disculpas por dedicar este espacio a un tema que me toca de cerca.
 

La Nación es un diario de tendencia liberal conservadora. Desde hace más de un siglo representa a los sectores agrícola-ganaderos, es portavoz de la llamada “alta sociedad” –si por eso se entiende a la Sociedad Rural y al Jockey Club, entidades de los terratenientes locales– y vocero de la Unión Industrial Argentina. Periódico antiperonista y, en general, antipopular, se alineó con la última dictadura militar (1976-1983), aplaudió el desguace neoliberal encabezado por el incalificable Carlos Menem y hoy coloca bajo el microscopio al presidente Néstor Kirchner, a quien considera casi un rojo.

Tacuara es un fenómeno que, a 37 años de su extinción, permanece en una especie de “noche y niebla” para las nuevas –y no tan nuevas– generaciones. Todavía hoy cuando se menciona al movimiento juvenil que conmovió la década de los 60 en Argentina, periodistas e intelectuales caen el lugar común y la frase hecha: “grupo nazi” o “banda fascista”. En cambio, en un artículo titulado “Los jóvenes fascistas descubren su país”, publicado en el semanario uruguayo Marcha en 1967, Eduardo Galeano observó prematura y lúcidamente,:

Del mismo tronco original provienen los tacuaras que terminaron en el peronismo de izquierda y los que se sumaron al peronismo de derecha, los que abrazaron el marxismo-leninismo y los que ofician de guardaespaldas de ciertos burócratas sindicales; los que pintan, todavía, en los muros, cruces svásticas y consejos: “Degüelle un comunista por día”. De la misma fuente salieron las viudas de Hitler y los devotos de Perón, Mao y Fidel. (...) Definiéndose por lo que rechazaba, pero sin una idea clara de lo que buscaba, de ideología prestada, imprecisa y contradictoria, Tacuara continuó desprendiendo, hasta el fin, subgrupos que se fueron separando como consecuencia de la lucha interna de tendencias (...). Casi todos los grupos terroristas de derecha que han sobrevivido, provienen de aquella matriz, y dentro del peronismo hay núcleos de todos los matices, desde los marxistas hasta los rosistas, que salieron de Tacuara: todas las posiciones y todas las actitudes reflejan hoy, desde la desintegración, lo que fue aquella heterogénea congregación de jóvenes furiosos unidos por sus mitos y su estilo.
Al final de mi libro (y pido otra disculpa por autocitarme) menciono el caso de muchos ex tacuaras que se desgajaron del tronco original y en los años 70 continuaron militando en otras organizaciones políticas, armadas o no:
Hoy, a la distancia, son mirados con rencor por los nacionalistas a secas, con desconfianza por los sectores “liberales” o “democráticos” y con desdén por los izquierdistas “científicos”. El imaginario colectivo argentino, estimulado por formadores de opinión –locales y foráneos– “tramposos”, tiende a mezclar en el mismo lodo a los nacionalistas ultramontanos que colaboraron con la dictadura militar y a los nacionalistas revolucionarios masacrados por esa misma dictadura.

El norteamericano David Rock, por ejemplo, llega al colmo de la simplificación. Según él, “los nacionalistas mantuvieron vivas arcaicas ideas clericales y escolásticas (...). Sus consignas se convirtieron en un medio para lanzar a las masas a la calle. Indujeron, a su vez, a los militares a verse a sí mismos como «la última aristocracia» y como los guardianes de «un territorio sagrado y del estilo de vida Occidental y Cristiano», que sólo debían responder ante Dios y la Historia”.

Hubo, sin embargo, nacionalistas que se diferenciaron notoriamente de estos esquemas y esa diferenciación los llevó al “encierro, el destierro o el entierro” como a miles de otros militantes populares. Entonces Rock los denomina “ultraizquierdistas”.

Luis Alberto Romero es hijo del historiador José Luis Romero (1909-1977), considerado un “ humanista”. Es profesor en Historia (Universidad Nacional de Buenos Aires), profesor de Historia General en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y docente de las maestrías en Ciencias Sociales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y de la Universidad Nacional de Tucumán. Ha publicado Sectores populares, cultura y política: Buenos Aires en la entreguerra (con Leandro Gutiérrez, 1995), Volver a la historia (1997), Grandes discursos de la historia argentina (con Sylvia Saítta, 1998) y Argentina. Crónica social del siglo XX. Ha sido director académico de la colección "Historia visual argentina", publicada por el diario Clarín, y de la colección "Los nombres del poder", del Fondo de Cultura Económica.

Mi amigo Néstor Gorojovsky, del Partido de la Izquierda Nacional, escribió acerca de él en un mensaje divulgado el 12 de noviembre de 2002 por internet:

“El historiador Luis Alberto Romero es uno de los figurones indiscutibles del mortecino Olimpo gorila. Heredero y albacea intelectual del reaccionario medievalista y «socialista» ilustrado José Luis, quien fuera el hombre de la Revolución Libertadora en la Universidad de Buenos Aires, Luis Alberto no ha llegado a los kilates académicos de su progenitor. Pero sí mantuvo intacto el gorilismo y el odio a la causa nacional democrática. Es así que, cuando en 1983 el Proceso Militar transmutó en Proceso Constitucional, Luis Alberto Romero se convirtió en uno de los principales referentes universitarios del alfonsinato. En ese carácter, y mientras sus conmilitones sufrían el permanente acoso de la clase trabajadora liderada por Saúl Ubaldini, Romero buscaba refugio en los tiempos pre-peronistas, indagando la construcción de un sujeto histórico obrero pacífico e integrado”.
Luego de leer el comentario de Romero en La Nación, me llegó un mensaje de Rolando Mermet (rmermet@yahoo.com.ar), del Centro de Estudios Nacionales Arturo Jauretche, donde a fines de marzo de 2003 presenté Tacuara: la pólvora y la sangre. En ese mensaje, Mermet incluye el texto que leyó Roberto Baschetti, uno de los presentadores del libro. Y aclara que ese escrito –al que, con atrevimiento, titulé “Anatemas y estigmas al por mayor”– permaneció inédito desde aquel día. Gracias a Rolando, RODELU ofrece una novedad a sus lectores.

Baschetti es técnico en Publicidad y sociólogo. Primer Director del Centro de Investigaciones de la Biblioteca Nacional (CIBINA), de Buenos Aires, publicó más de diez obras de historia política argentina, entre las que se destacan Documentos de la Resistencia Peronista 1973-1976, Rodolfo Walsh, vivo, Documentos 1970-1973: de la guerrilla peronista al gobierno popular y Eva Perón - Bibliografía 1936-2002. También ha escrito colaboraciones para libros que analizan la influencia del Che Guevara y John William Cooke en el proceso revolucionario argentino. Actualmente trabaja en un libro sobre la vida y la militancia del poeta montonero Francisco “Paco” Urondo.

Así es que hoy decidí ceder mi espacio en rodelu a los comentarios de Romero y Baschetti, convencido de que uno y otro encarnan dos formas distintas de ver la historia. Seguramente hay otras perspectivas para analizar el pasado reciente, pero ofrezco las que ahora tengo a mano. Los lectores de esta publicación electrónica no mastican vidrio y podrán sacar su propias conclusiones.


Años de plomo

Luis Alberto Romero

La coincidente aparición de dos libros periodísticos referidos a Tacuara nos permite conocer en detalle una organización política poco estudiada, importante por sus acciones espectaculares en la década posterior a la caída de Perón, y sobre todo, por haber sido la escuela de varios militantes de notoria actividad luego de 1966.

En sus años de esplendor, a principios de los años sesenta, el Movimiento Nacionalista Tacuara tenía una organización extendida y laxa, que acogía militantes con experiencias y expectativas variadas. Antes que una agrupación orgánica, fue un plexo de movimientos y corrientes. Recogió en primer lugar la militancia católica nacionalista, fuerte en los años anteriores a 1946 y revitalizada en 1955. Eran viejos cuadros, formados junto al padre [Julio] Meinvielle o a algunos intelectuales europeos nostálgicos del III Reich, que habían recalado en nuestro país. A ellos se sumaron muchos jóvenes con escasa formación política, quizá proveniente de las lecciones de algún profesor enrolado en el revisionismo histórico.

Para muchos, fue la primera experiencia política, estimulada por la reacción contra el gobierno militar de la Revolución Libertadora, al que se acusaba de liberal, antinacional y antipopular. La creciente atracción del peronismo proscrito y los aires revolucionarios de la Revolución Cubana alentaron la incorporación de nuevos contingentes e hicieron crecer la agrupación. En un momento, las nuevas opciones políticas --como la Revolución Cubana-- pusieron de manifiesto diferencias de ideas y objetivos. Comenzó entonces el proceso de división y finalmente cada uno de los militantes buscó un rumbo distinto.

Por entonces, Tacuara apareció asociada con algunos hechos espectaculares y reveladores: el asalto al Policlínico Bancario en 1963, el asesinato de Raúl Alterman en 1964, quizá por ser judío, quizá por ser comunista, el "Operativo Cóndor" (un aterrizaje en las Islas Malvinas en 1966). Ya los grupos estaban diferenciados y los destinos fueron notablemente diversos. Algunos de quienes pasaron por Tacuara llegaron a los partidos armados; otros, al peronismo duro o al matonismo sindical. Muchos rodearon al general [Juan Carlos] Onganía y algunos aparecieron entre las bandas parapoliciales o las fuerzas del terrorismo estatal. El subjefe de Tacuara, Joe Baxter, terminó militando en el ERP [Ejército Revolucionario del Pueblo] mientras que el jefe, Alberto Ezcurra Uriburu, tomó los hábitos y junto al Vicario Castrense hizo en 1976 la apología del terrorismo de Estado. Otro dato significativo: el 20 de junio de 1973, en Ezeiza había ex militantes de Tacuara a la cabeza de uno y otro bando.

Tamaña dispersión, largamente testimoniada en estos dos volúmenes, tiene que ver con lo que aparece como el rasgo más característico de Tacuara. No los unía una ideología, en el sentido más clásico del término, sino una actitud, un sentimiento y una forma de entender la acción política, en términos de "tono sostenido", camorra, agresión, violencia física y finalmente terrorismo. Un arco que sus militantes recorrieron quizás un poco antes que otros, pero que en definitiva fue similar al de una buena parte de la sociedad argentina en la década del setenta.

Los dos libros aquí comentados son diferentes y en cierto modo complementarios. Bardini militó en Tacuara cuando era un adolescente de catorce años. Su testimonio, a la distancia, combina los recuerdos –corroborados por una buena investigación periodística– con sus experiencias posteriores, que lo llevan a resignificar algunas de sus vivencias juveniles. Su trabajo muestra la riqueza, pero a la vez los límites y los riesgos que tiene el uso de la memoria de los protagonistas para los investigadores. Gutman es un joven periodista, que enfoca la cuestión de manera distanciada. Su libro, ampliamente apoyado en la prensa y en entrevistas, carece de la pasión y las vivencias del de Bardini, pero la exposición es ordenada, clara y metódica.

Ambos libros se encuadran en el género periodístico. Una investigación histórica requiere además una crítica más exhaustiva de las fuentes y testimonios, y sobre todo, una contextualización más amplia del problema: los procesos sociales y culturales que se cruzan en la experiencia de Tacuara son complejos y diversos. Las obras de Gutman y de Bardini contribuyen con una primera versión, un borrador, de este fragmento del pasado reciente. Hay en ellos una invitación al trabajo de los historiadores profesionales, que están comenzando a incursionar sistemáticamente en esta etapa de nuestro pasado reciente


Anatemas y estigmas al por mayor

Roberto Baschetti

Tacuara: “Variedad de caña maciza, de hasta 10 metros de alto y de follaje muy denso, con la corteza lisa y sin espinas, con abundantes ramificaciones en sus nudos”. Ésa es la definición que puede encontrarse en el Diccionario del español de Argentina, editado por Gredos.

Repasemos parte de la definición: “Caña maciza, corteza lisa y sin espinas, con abundantes ramificaciones en sus nudos”, una excelente

aproximación por la metáfora a esa otra tacuara, mezclada con pólvora y con sangre, que da el título a este magnifico libro de Roberto “Tito” Bardini.
Porque lamentablemente, pólvora y sangre fueron elementos que en abundancia y con generosidad se desparramaron por todo el contorno de nuestra argentina a partir de 1955, cuando un golpe de estado oligárquico, dio por tierra con el segundo gobierno constitucional de Juan domingo Perón e inauguro una serie de dictaduras militares y/o gobiernos civiles debilitados y digitados desde los Estados Unidos.

El sistema, hábil para detectar a los revolucionarios y aislarlos del conjunto, hizo caer sobre los muchachos de tacuara anatemas, estigmas y excomuniones al por mayor. “Bandidos, delincuentes, terroristas, fascistas, nazis, desequilibrados mentales” fueron solo algunos de los adjetivos calificativos que les regaló la prensa del establihsment para denigrarlos. Veremos que no todos sus componentes eran iguales y pensaban del mismo modo.

Los acusadores, parecían olvidarse que en Argentina la violencia política no nació con los tacuaras, sino como dije antes, con la interrupción del orden constitucional. Veamos la cantidad de hechos de violencia que se sucedieron con anterioridad al 29 de agosto de 1963, fecha del asalto al Policlínico Bancario por el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (mnrt):

1. Bombardeos a Plaza de Mayo en junio de 1955. Único caso en la historia, en que las fuerzas armadas de un país (en este caso aeronáutica y marina) bombardean a connacionales a cielo abierto.

2. Golpe militar del 16 de septiembre de 1955 (Revolución Libertadora) que derroca a un presidente constitucional elegido democrática y libremente por el 62.49% de los votos.

3. Intervención y conculcación de derechos a la Confederación General del Trabajo, que por entonces nuclea a casi 6 millones de trabajadores

4. Instauración del decreto ley 4161 que prohíbe al peronismo.

5. Robo del cadáver de Eva Perón por fuerzas armadas que se decían “occidentales y cristianas”.

6. Adhesión al Fondo Monetario Internacional, con lo que comienza nuestra larga marcha hacia la degradación económica.

7. Fusilamiento de soldados y civiles peronistas en junio de 1956, sin juicio previo.

8. En 1958, [Arturo] Frondizi sube con los votos peronistas y traiciona el mandato popular y el pacto establecido con Perón

9. En consonancia con los dictados del FMI, Álvaro Alsogaray lanza un plan económico de austeridad (que será de austeridad para los trabajadores solamente y de acumulación de riquezas para la oligarquía terrateniente y las empresas extranjeras).

10. En enero de 1959, es ferozmente reprimida la toma y posterior huelga del frigorífico Lisandro de la Torre defendido por los trabajadores para evitar su desnacionalización.

11. Frondizi apela a leyes represivas e implanta el Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado).

12. El 18 de marzo de 1962 gana la elección a gobernador en la provincia de Buenos Aires, la fórmula peronista Framini-Anglada. Frondizi anula las elecciones.

13. El gobierno de [José María] Guido (1962-1963) tiene el triste privilegio de provocar el primer secuestrado-desaparecido de la argentina: Felipe Vallese, militante de Juventud Peronista y delegado gremial metalúrgico.

Como bien dice en el prólogo del libro José Steinsleger: “¿Cómo éramos? Éramos violentos. Violentados más que violentos. antes de cumplir los 10 o 15 años asistimos al inicio sangriento de la desintegración nacional que hoy sigue legal y pacíficamente por lo social”.

 Los jóvenes de Tacuara, como tantos otros jóvenes, pelean por cambiar el mundo de acuerdo a su ideología y a la visión que tiene del mismo. Desconfían y aborrecen a esa democracia liberal que solamente ha logrado hundir aun más al país. Y están convencidos (los de Tacuara y muchos otros jóvenes más que luego vendrán) que solamente la muerte puede apartarlos de su cometido: “Patria o muerte”, dicen los seguidores de Fidel y el Che; “Perón o muerte, viva la patria”, dirán los muchachos de la jp setentista; “A vencer o morir por la Argentina”, exclamarán los jóvenes del prt-erp para ese mismo tiempo; “Volveremos vencedores o muertos”, afirman ahora, estos pibes de la cruz de Malta.

Al respecto resulta muy útil exhumar un artículo de John William Cooke, aparecido en Marcha, con motivo de que la justicia de Uruguay debía pronunciarse sobre la extradición de José Luis Nell, requerido por la justicia argentina como presunto integrante del comando del mnrt que asaltó el Policlínico Bancario de Buenos Aires. Allí dice Cooke: “La trayectoria de Nell ejemplifica la de muchos jóvenes que iniciaban su vida política hace mas o menos una década en medio de las frustraciones de una argentina manejada por una minoría rapaz que abdicaba de nuestra autodeterminación política y económica, mientras el pueblo, súper explotado y proscrito, no lograba traducir su protesta en una lucha efectiva por la toma del poder. debo omitir referirme al complejo de circunstancias que llevó a un sector de la juventud a ver en las organizaciones nacionalistas de extrema derecha el camino para terminar, por medio de la acción directa, con este estado de cosas. Pero, en la medida que los impulsaba un auténtico fervor popular y patriótico, fueron percibiendo la naturaleza de ese nacionalismo violento, reaccionario y folklórico, que tras el fuego de su retórica no ofrecía un programa revolucionario sino saldos y retazos ideológicos trasplantados a los fascismos europeos. Sus núcleos paramilitares, lejos de ser dispositivos de combate revolucionario, eran engranajes del establishment…”

Pibes que, como bien explica Bardini, “tienen entre 14 y 16 años, la mayoría pertenece a la clase media y son considerados chicos bien. Muchos son alumnos de colegios religiosos que antes estaban reservados a la oligarquía terrateniente o a la alta burguesía provincial”. Pero concluido el conflicto entre enseñanza laica o libre “un nuevo aluvión juvenil –cito nuevamente a Bardini- llega de los barrios periféricos y desborda la capacidad de absorción de tacuara. Lo nuevo ahora, son los apellidos tanos, gallegos y sirio-libaneses, las solicitudes de afiliación que llegan de Flores, Lanús, Quilmes, Avellaneda: es el medio pelo”

Andrés Castillo aclara sobre su incorporación a esa organización que “casi todos los chicos del barrio entran a Tacuara, pero nosotros –ahí adentro- seguíamos manteniendo nuestra identidad peronista. Nos integramos por el tema del nacionalismo, de la violencia, de la verdad de los puños y las pistolas, por encima de lo racional…”.

A partir del fenómeno peronista, entonces, también en Tacuara tal como sucede en sus antípodas políticas (en el Partido Socialista y en el Partido Comunista, por ejemplo), comienzan a dividirse las aguas.

Roberto Bardini con paciencia de artesano va desgranando, en este libro que hoy presentamos, cada una de las diferentes alternativas que ofrecía aquella Tacuara original: la ruptura hacia la derecha de la Guardia Restauradora Nacionalista, el nacimiento del Movimiento Nueva Argentina funcional al peronismo, el surgimiento del Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT), desde donde muchos de sus militantes se integrarán al peronismo revolucionario, es decir, a la tendencia revolucionaria del peronismo.

A posteriori, Bardini se preocupa en Tacuara, la pólvora y la sangre por recuperar las biografías de aquellos militantes más paradigmáticos que comenzaron su militancia política en dicha organización. Queridos compañeros como Alfredo Ossorio, Jorge Caffatti, Tomislav Rivaric, Carlos Dasso, Edgardo Salcedo, Joe Baxter y José Luis Nell, entre tantos otros.

Un Joe Baxter lúcido e implacable en sus definiciones, que supo apuntar al enemigo agazapado, cuando en un acto realizado en Filosofía y Letras afirma: “No solo hay liberalismo cipayo e izquierdismo cipayo: hay también nacionalismo cipayo”, que son aquellos que “creen que la batalla por la soberanía argentina se jugó en la Cancillería de Berlín en 1945”. Para luego afirmar: “Hay una tradición nacionalista equivocada que hace que muchos militantes nacionalistas terminen siendo delatores policiales o fuerzas de choque de la oligarquía”. Concluirá su alegato advirtiendo: “Hacer antisemitismo ahora es crear un problema artificial de tipo divisionista. El problema no se da entre blancos y negros, católicos y judíos, sino entre explotadores y explotados”.

Un Tomislav Rivaric que, apresado por su participación en el asalto al Policlinico Bancario (29 de agosto de 1963), tuvo la valentía de no deslindar responsabilidades, pese a los graves cargos que afrontaba.

El juez que entendía en la causa lo interrogó de la siguiente manera:

- Dígame, Rivaric, ¿usted se bajó antes del vehículo porque se arrepintió y no quiso participar de la segunda parte del delito?

Posiblemente, Tomi, como cariñosamente lo apodaban sus compañeros, hubiese podido ocultar la verdad para lograr más rápidamente su libertad o reducir sustancialmente la pena, si respondía afirmativamente a la pregunta del juez. Sin embargo, su respuesta fue un ejemplo de compromiso con su causa:

- No, señor juez, yo me bajé del vehículo porque ya había cumplido mi parte y porque así lo había dispuesto la organización.

La importancia fundamental del libro que hoy presentamos radica en que aniquila, destruye, pulveriza a todos esos formadores “tramposos” de opinión –de aquí y del exterior– que se empeñan, se afanan y tergiversan para poder mezclar en el mismo lodo, por meter en la misma bolsa, a los nazionalistas ultramontanos que colaboraron con la última dictadura militar, por ejemplo, con los nacionalistas populares y revolucionarios, secuestrados, torturados y desaparecidos por esa misma dictadura. Los primeros –nazis y fascistas– defendían la perpetuidad de un orden injusto y desigual, arcaico y ultramontano por donde se lo mire. Los segundos peleaban por una patria justa, libre y soberana, con salud, trabajo y educación para todos, “combatiendo al capital” como dice la olvidada estrofa de la Marcha Peronista y también luchando y presentando batalla contra el imperialismo donde quiera que el mismo se encuentre.

Roberto Bardini, dando a conocer el libro de su autoría, Tacuara, la pólvora y la sangre, que hoy nos reúne y nos convoca, sigue asumiendo el compromiso de decir la verdad, de ponerse del lado del pueblo y de enfrentar a los poderosos, aunque le cueste, como alguna vez, amenazas contra su vida, la persecución despiadada y el exilio obligado.

20 de Noviembre de 2003

© Roberto Bardini
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