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La memoria de la Otra Europa

Protagonistas de la transición (I): Juan Carlos

Protagonistas de la transición (II): Adolfo Suarez

Protagonistas de la transición (II): Adolfo Suarez

Adolfo Suárez González (Cebreros, Ávila, 25 de septiembre de 1932) es un abogado y político español. Fue Presidente del Gobierno de España entre 1976 y 1981, siendo el primer presidente democrático tras la dictadura del general Franco.

Le fue concedido el ducado de Suárez, con grandeza de España y es caballero de la Orden del Toisón de Oro.

Etapa de formación y primera trayectoria política

Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca, desempeñó diferentes cargos dentro de las estructuras del régimen franquista de la mano de Fernando Herrero Tejedor, un falangista vinculado al Opus Dei,[1] que fue su protector desde que le conoció, cuando Herrero era gobernador civil de Ávila. De esta forma, en 1958, pasa a formar parte de la «Secretaría General del Movimiento» ascendiendo, en 1961, a Jefe del Gabinete Técnico del Vicesecretario General, procurador en Cortes por Ávila en 1967 y gobernador civil de Segovia en 1968. En 1969 es designado Director General de Radio Televisión Española, donde ya había desempeñado otros cargos entre 1964 y 1968; permaneció en este cargo hasta 1973.

En abril de 1975, nuevamente de la mano de Herrero Tejedor, es nombrado Vicesecretario General del Movimiento, cargo que ocuparía hasta la muerte de su mentor el 13 de junio de ese año.
El 11 de diciembre de 1975, entra en el primer gabinete de Arias Navarro formado tras la muerte de Franco, por sugerencia de Torcuato Fernández Miranda, Adolfo Suárez es nombrado Ministro Secretario General del Movimiento.

Su proyección hacia la titularidad de la Presidencia del Gobierno aumentó considerablemente gracias al apoyo de la Corona y el apoyo popular a sus políticas reformistas. El 9 de junio de 1976, en un discurso sobre la Ley de Asociaciones Políticas en las Cortes antes de su elección citó unos versos de Antonio Machado (exiliado debido al avance de las tropas franquistas durante la Guerra Civil):

...y permitidme para terminar que recuerde los versos de un autor español:


«Está el hoy abierto al mañana
mañana al infinito
Hombres de España:
Ni el pasado ha muerto
Ni está el mañana ni el ayer escritos.»

.
Presidente del Gobierno español

Cuando en julio de 1976 el Rey Juan Carlos I le encargó la formación del segundo gobierno de su reinado y el consiguiente desmontaje de las estructuras franquistas, Suárez era un perfecto desconocido para una mayoría del pueblo español. No obstante, a sus 43 años, con no pocas dificultades, fue capaz de aglutinar a un grupo de políticos de su generación que habían llegado a las convicciones democráticas por diversos caminos. Supo reunir, junto a falangistas «conversos» como él, a socialdemócratas, liberales, democristianos, etc. y, entre 1976 y 1979, desarbolar el régimen franquista con la complicidad de las fuerzas antifranquistas como el PSOE y, especialmente, del Partido Comunista de España y su líder, Santiago Carrillo, que denominó a Suarez como un "anticomunista inteligente".

En esta tarea contó con la ayuda de Torcuato Fernández Miranda, entre otros, que logró la autoliquidación de las Cortes franquistas y sacar adelante el Proyecto de Reforma Política ante una recelosa oposición democrática y con la colaboración del Teniente General Manuel Gutiérrez Mellado, encargado de tranquilizar y controlar, en lo posible, a las altas esferas militares, compuestas en su mayor parte por militares que habían participado en la guerra civil y, por tanto, proclives al régimen franquista.

Primer presidente democrático

El 15 de junio de 1977, por primera vez en España desde 1936, se celebraron elecciones generales libres. Adolfo Suárez se alzaba como vencedor de las mismas, al frente de un conglomerado de formaciones de centroderecha, aglutinadas en torno a su persona, bajo las siglas UCD (Unión de Centro Democrático). Las Cortes salidas de aquellas elecciones, convertidas en constituyentes, aprobaron la Constitución, que el pueblo español refrendaba el 6 de diciembre de 1978.

El 3 de marzo de 1979, Adolfo Suárez ganaba por segunda vez unas elecciones generales, e iniciaba su tercer mandato como presidente del Gobierno. Su primer error en este periodo fue evitar la presentación de su programa de gobierno ante el Congreso lo que le puso en contra de algún grupo, como el Partido Socialista Andaluz, que pensaba apoyarle. Por otra parte, el triunfo en la elecciones generales quedó muy en segundo plano tras el acceso de la izquierda a los principales ayuntamientos del país tras las primeras elecciones municipales de abril. El acuerdo entre el PSOE y el PCE permitió que las grandes ciudades españolas fueran gobernadas por alcaldes de partidos de la oposición.

Fue una etapa de gobierno llena de dificultades políticas, sociales y económicas. En 1980, el PSOE presentó una moción de censura que, aunque derrotada de antemano, deterioró aún más la imagen de un Suárez desprovisto de apoyos en su propio partido. Finalmente la falta de sintonía con el Rey Juan Carlos y las tensiones crecientes en su propio partido, le llevaron a presentar su dimisión el 29 de enero de 1981. En su mensaje al país afirmó:

Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España.

Esto dio pie a pensar que renunciaba por la presión de los militares. Esta teoría pareció confirmada por el intento de golpe de estado que tuvo lugar durante la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo. Sin embargo, algunos autores, Javier Cercas, Javier Tusell y Charles Powell entre ellos, insisten en el cansancio y la falta de apoyo de la Corona como principales factores para su dimisión.

En 1981, el rey le concedió el título de duque de Suárez por su papel en el proceso de transición.

[editar] Vida política posterior

Poco después de su dimisión creó junto a otros ex dirigentes de UCD el partido Centro Democrático y Social (CDS), con el que se presentó a las elecciones del 28 de octubre de 1982, siendo elegido diputado por Madrid. Revalidó su escaño en 1986 y 1989, pero en 1991 dimitió como Presidente del CDS tras los malos resultados de su formación en las elecciones municipales y abandonó definitivamente la política.

En 1996 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por su importante contribución a la Transición Española a la democracia, de la que se le considera el gran artífice, junto al rey Juan Carlos de Borbón.

Tanto su esposa, Amparo Illana Elórtegui, como su hija mayor, Marian Suárez Illana, padecieron y murieron de cáncer (Amparo en 2001 y su hija en 2004). Amparo murió el 17 de mayo de 2001 a los 66 años, en su casa de Madrid, tras haber sido operada en 1994 en la Clínica Universidad de Navarra del cáncer de mama que padecía. Mariam murió casi 3 años después, un 8 de marzo de 2004 a los 41 años en Madrid. Otra de las hijas de Suárez, Sonsoles Suárez, presentadora de televisión, también ha sufrido cáncer. Suárez tiene otros tres hijos: Adolfo, que fue candidato del Partido Popular a la presidencia de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha en 2003, Laura y Javier.

Fue precisamente su hijo Adolfo quien, en el transcurso de una entrevista para el programa Las cerezas de Televisión Española emitido el 31 de mayo de 2005, hizo público que el ex presidente Suárez padecía una demencia senil degenerativa, o mal de Alzheimer, desde hacía dos años, por lo que ni siquiera recordaba haber sido Presidente del Gobierno y no reconocía a nadie, respondiendo únicamente a estímulos afectivos.[2]

En 2005, desde el programa Protagonistas de Luis del Olmo (Punto Radio) se le hizo un homenaje al que se sumaron Suárez Illana, Santiago Carrillo, y los cuatro siguientes Presidentes del Gobierno.

El 8 de junio de 2007 y con motivo del trigésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas, el rey Juan Carlos le nombró caballero de la insigne Orden del Toisón de Oro por su importantísima actuación en la Transición española, el cual le fue entregado el día 16 de julio de 2008[3]

El 23 de septiembre de 2007 se publicó una entrevista inédita hecha en 1980 en el periódico ABC.[4]

Protagonistas de la transición (III): Torcuato-Fernandez Miranda

Protagonistas de la transición (III): Torcuato-Fernandez Miranda

Torcuato Fernández-Miranda Hevia (Gijón, 10 de noviembre de 1915 – Londres, 19 de junio de 1980) fue un político español, profesor de Derecho Político de Juan Carlos I y considerado por muchos el estratega del proceso de Transición en España. Duque de Fernández-Miranda, fue Presidente de gobierno de forma interina durante finales de 1973, tras el asesinato de Carrero Blanco.

Fernández-Miranda estudió Derecho y obtuvo una plaza de catedrático de Derecho Político. Se inició en política ocupando el cargo de Secretario General del Movimiento, el partido único del régimen del general Franco entre 1969 y 1974. Este período final del franquismo fue un periodo de creciente conflictividad social, a la que la dictadura respondió con represión, y en el cual algunos políticos se habían dado cuenta de la difícil supervivencia de la dictadura tras la futura muerte del dictador.

Fue uno de los encargados de la tarea de educar políticamente al entonces príncipe de España Juan Carlos, ya anteriormente nombrado «sucesor en la Jefatura del Estado con el título de Rey», siendo su profesor de Derecho político.

Durante el breve período en el que Carrero Blanco ejerció la presidencia del gobierno, Torcuato Fernández-Miranda ejerció el cargo de vicepresidente, e incluso de forma interina la presidencia tras el asesinato del almirante, el 20 de diciembre de 1973.

Fernández-Miranda fue uno de los principales candidatos a suceder a Carrero Blanco en la Presidencia del Gobierno, pero su declarada independencia política (no formaba parte de ninguna de las «familias» del régimen) y la proximidad de Carlos Arias Navarro, antiguo alcalde de Madrid, a la esposa de Franco Carmen Polo de Franco y al yerno del general Franco, Cristóbal Martínez-Bordiú, hizo que la balanza se inclinara en favor de éste, pese a que, como ministro de Gobernación en el momento del atentado, fue criticado por su incompetencia. El período final del régimen de Franco, en el que se produjeron los últimos fusilamientos del franquismo en 1975 estuvo presidido por Arias.

Fernández-Miranda fue consultado por el rey sobre sus preferencias en cuanto a ser nombrado Presidente del Gobierno o Presidente de las Cortes. Su respuesta fue: «Majestad, el animal político que llevo dentro me pide la presidencia del gobierno, pero creo que le seré más útil desde la presidencia de las Cortes». Es, pues, nombrado Presidente de las Cortes, cargo que llevaba aparejada la Presidencia del Consejo del Reino, sucediendo a Alejandro Rodríguez de Valcárcel. Desde esta posición pudo orientar al rey acerca de los entresijos del sistema político postfranquista controlando y desmontando, desde dentro, los resortes de poder que todavía tenía el llamado «búnker».

A la muerte del general Franco, el príncipe Juan Carlos de Borbón es coronado rey de España el 22 de noviembre de 1975 y, a cambio de poder nombrar Presidente de las Cortes a Fernández-Miranda, confirma a Carlos Arias como Presidente del Gobierno, puesto que éste no quería dimitir, argumentando que su nombramiento por Franco expiraba en 1979.

Torcuato era partidario de reformar las Leyes Fundamentales del Reino mediante sus propias disposiciones para llegar así a la democracia evitando vacíos legales. En palabras del propio Fernández Miranda, se trataba de ir «de la ley a la ley a través de la ley».

La idea de Torcuato Fernández-Miranda era establecer un sistema con dos partidos políticos, uno conservador y otro de tipo más liberal, y que en su opinión podía ser el Partido Socialista Obrero Español (histórico) que presidía Rodolfo Llopis, y que se caracterizaba por ser más moderado que el PSOE Renovado del interior, encabezado desde 1976 por Felipe González, Alfonso Guerra, Javier Solana y Enrique Múgica, tras la escisión del Congreso de Suresnes.

Tras la dimisión, forzada por el rey, de Arias Navarro, en el verano de 1976, coincide con el rey en que el elegido para presidir el Gobierno fuese Adolfo Suárez González, un joven y ambicioso político, que había sido apadrinado dentro del régimen por el ministro franquista Fernando Herrero Tejedor y que, al igual que Fernández-Miranda y el propio Herrero, había pasado por la Secretaría General del Movimiento. Para ello, mueve los hilos del Consejo del Reino a fin de que en la preceptiva terna de candidatos se encuentre Suárez, tal y como deseaba el monarca. Éste, y no otro, es el significado de las enigmáticas palabras que pronunció Fernández-Miranda cuando, a la salida de la última sesión del Consejo del Reino, y con los tres nombres ya decididos dijo: «Estoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que me ha pedido».

Torcuato Fernández-Miranda fue el autor material de la Ley para la reforma política, instrumento legal que permitió desmontar el régimen franquista legalmente con la aprobación de las propias Cortes nombradas por el general Franco y conocida como el «hara-kiri franquista». Cuando el gobierno de Adolfo Suárez no encontraba una salida políticamente viable para resolver el problema legal que suponían las Leyes Fundamentales del Reino, que mantenían el franquismo, Torcuato se retiró un fin de semana a su casa de la sierra madrileña y elaboró un sencillo texto que entregó a Suárez con estas palabras: «Aquí te dejo esto que no tiene padre». Tras leerlo, el presidente del gobierno lo trasladó al Consejo de Ministros comentando que creía tener la solución al problema. Ese texto se convirtió en la Ley para la reforma política.

Tras su aprobación, y fijadas las normas y condiciones para unas elecciones libres y democráticas en España, Fernández-Miranda, considerando que su labor ya estaba cumplida, dimitió de su cargo antes de que se celebraran las primeras elecciones legislativas de la democracia, el 15 de junio de 1977. El rey lo nombró senador por designación real en esas Cortes Constituyentes y, en premio a su inestimable labor, como símbolo de su mayor respeto y consideración a su antiguo profesor, le concedió el título de duque de Fernández-Miranda y caballero de la Orden del Toisón de Oro, máxima condecoración que concede el rey.

Retirado de la política, tras varios desencuentros con Adolfo Suárez, se encontraba en Londres ultimando los detalles para la creación de una empresa de consultoría jurídica cuando sufrió un grave ataque cardíaco. Murió el 19 de junio de 1980 en un hospital de la capital británica.

Debe ser considerado uno de los cuatro verdaderos artífices de la Transición española junto al rey Juan Carlos I, Adolfo Suárez y Santiago Carrillo.

Protagonistas de la transición (IV): Joaquín Ruiz-Gimenez

Protagonistas de la transición (IV): Joaquín Ruiz-Gimenez

Joaquín Ruiz-Giménez Cortés (Hoyo de Manzanares, Madrid, 2 de agosto de 1913 - Madrid, 27 de agosto de 2009 ) fue un catedrático, político y abogado español.

Hijo de Joaquín Ruiz Jiménez (1854-1934), ministro liberal en el gobierno del conde de Romanones y alcalde de Madrid en cuatro ocasiones, Joaquín Ruiz-Giménez Cortés militó desde muy joven entre los estudiantes católicos, de cuya organización fue presidente. Estudió derecho en la Universidad de Madrid y fue presidente de la organización internacional "Pax Romana" (1939-46). Doctor en Derecho y licenciado en Filosofía y Letras, obtuvo en 1943 la cátedra de filosofía del Derecho y fue titular de la misma en las universidades de Sevilla, Salamanca y Madrid.

Director del Instituto de Cultura Hispánica (1946-1948) y embajador ante la Santa Sede (1948-1951) durante las negociaciones del Concordato (firmado finalmente en 1953), fue nombrado ministro de Educación Nacional en 1951, iniciando un proceso de reformas de las instituciones docentes; para ello se rodeó de colaboradores liberales: nombró a Joaquín Pérez Villanueva como director General de Enseñanza Universitaria, a Pedro Laín Entralgo rector de la Universidad de Madrid y a Antonio Tovar de la Universidad de Salamanca. Tuvo que dimitir en 1956 ante las dificultades de su empresa y su enfrentamiento con los elementos más inmovilistas de la dictadura del ejército. Durante estos años tuvo a sus órdenes en el Instituto de Cultura Hispánica y como secretario general técnico a un joven Manuel Fraga.

Desde entonces fue acercando sus planteamientos políticos a los de la oposición al régimen. Unos disturbios estudiantiles le enfrentaron al ministro de la Gobernación y pusieron al régimen en un aprieto, que se saldó con su destitución (1956). En 1961, el general Franco le nombró consejero nacional del Movimiento. En 1963, fundó la revista Cuadernos para el Diálogo, foco de protesta de los democristianos avanzados, de los que fue cabeza en los últimos años de la dictadura.

En 1975, año de la muerte del general Franco, participó en la creación de la Plataforma de Convergencia Democrática desde su adscripción al ala izquierda de la democracia cristiana. En 1977 presentó su candidatura a diputado por Izquierda Democrática dentro de la Federación de la Democracia Cristiana. Derrotado en las elecciones de 1977, se retiró de la política.

Vicepresidente del Instituto Internacional de Derechos Humanos. El grupo parlamentario del PSOE, con amplio acuerdo de la oposición, lo eligió en diciembre de 1982 para ser el primer Defensor del Pueblo de España, cargo de nueva implantación en la democracia española; concluyó su mandato el 30 de diciembre de 1987. Presidente de UNICEF-España (1989-2001).

En la Biblioteca de Derecho de la UAM se puede consultar la colección bibliográfica donada a la Universidad. Su archivo, compuesto fundamentalmente por correspondencia personal y oficial, conferencias, informes, fotografías, documentos personales y documentación relativa a sus etapas en UNICEF, como Defensor del Pueblo y otros cargos públicos, está depositado en la Biblioteca de la Universidad Carlos III de Madrid.

Joaquín Ruiz-Giménez, falleció en su domicilio de Madrid a los 96 años, tras sufrir un infarto cerebral, en la mañana del 27 de agosto de 2009.

Protagonistas de la transición (VI): Martín Villa

Protagonistas de la transición (VI): Martín Villa

Rodolfo Martín Villa (Santa María del Páramo León, 3 de octubre de 1934), político y empresario español.

Estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica de Madrid y pertenece al Cuerpo de Inspectores de Finanzas del Estado. Vinculado con el Sindicato vertical en la época franquista, ocupó diversos altos cargos a lo largo de los años de la dictadura franquista.

  • Jefe Nacional del Sindicato Español Universitario (1962-1964).
  • Presidente del Sindicato de Papel, Prensa y Artes Gráficas.
  • Delegado provincial de Sindicatos en Barcelona (1965)
  • Director general de Industrias Textiles del Ministerio de Industria (1966)
  • Secretario general de la Organización Sindical (noviembre de 1969)
  • Gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Barcelona (1974)
  • Ministro de Relaciones Sindicales (1975)
  • Procurador en Cortes (Legislaturas VII, VIII, IX, X)

Con Carlos Arias Navarro fue Ministro de Relaciones Sindicales en diciembre de 1975, en el primer gobierno de la monarquía.

Después de ser nombrado Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno al comienzo de la transición democrática, en julio de 1976 ocupó la cartera de Gobernación hasta abril de 1979, siendo uno de los personajes claves de la transición.

Se integra como independiente (sector azul o de ex franquistas) en la Unión de Centro Democrático, al tiempo que era designado senador real en las Cortes Generales de 1977. Más tarde sería elegido Diputado al Congreso por la provincia de León en la candidatura de la Unión de Centro Democrático.

Era popularmente conocido como "la porra de la Transición", debido a la excesiva dureza que empleaba en reprimir manifestaciones obreras y estudiantiles. En esos años supuestamente se le implicó en la organización de varios atentados terroristas[1] contra determinados movimientos revolucionarios, como: Caso Scala contra la anarcosindical CNT[2] o el Intento de asesinato a Antonio Cubillo(líder independentista canario)[3]. En esos años tuvo a sus órdenes al conocido como "supercomisario" Conesa, famoso durante el franquismo por sus brutales prácticas de tortura con los detenidos. En relación a la pujanza de la CNT manifestó, siendo ministro del Interior: "No me preocupa ETA, quienes de verdad me preocupan son los anarquistas y el movimiento libertario".

Volvió al gobierno en septiembre de 1980 con la cartera de Ministro de Administración Territorial. Leopoldo Calvo-Sotelo lo confirmó en el mismo puesto en febrero de 1981 al convertirse en presidente del Gobierno después del fallido intento de golpe de estado. En diciembre del mismo año se convirtió en Vicepresidente primero del Gobierno, hasta julio de 1982.

Con la disolución de la UCD, se incoporó al Partido Demócrata Popular de Óscar Alzaga para integrase más tarde, en 1989, en el Partido Popular, de cuya mano volvió a obtener el acta de Diputado.

Fue comisionado del Gobierno para el desastre del Prestige. Ha sido presidente de diversas empresas y corporaciones industriales, entre las que destacan ENDESA entre 1997 y 2002, de la que en 2006 es todavía Presidente de honor. En la actualidad (2006) es Presidente de Sogecable, nombrado por Jesús Polanco.

Protagonistas de la transición (VII): Manuel Fraga Iribarne

Protagonistas de la transición (VII): Manuel Fraga Iribarne

Manuel Fraga Iribarne (Villalba, Lugo, 23 de noviembre de 1922) político español.

Fue ministro de Información y Turismo entre 1962 y 1969, durante el gobierno de Francisco Franco, así como vicepresidente del Gobierno y ministro de la Gobernación inmediatamente después de su muerte, entre diciembre de 1975 y julio de 1976, bajo la presidencia de Carlos Arias Navarro. Fundador del partido Reforma Democrática, embrión de Alianza Popular y a su vez del Partido Popular, el principal partido de derecha en España, fue uno de los Padres de la actual Constitución Española de 1978. Líder de la oposición a Felipe González durante los años ochenta del siglo XX, presidió la Xunta de Galicia entre 1990 y 2005.

Inicios y formación (1922-1961)

Aprendió francés desde niño de su madre vasco-francesa.

Formado en Derecho, Política y Economía, Fraga ingresó en el cuerpo de letrados de las Cortes en 1945 e inició carrera como diplomático en 1947. Se licencia con Premio Extraordinario, es alférez de la Milicia Universitaria y Letrado de las Cortes con el número uno, el mismo con el que ingresa en la carrera diplomática y obtiene la Cátedra de Derecho Político.

Ejerció cargos políticos importantes en distintos órganos del estado desde 1951 en los gobiernos del dictador Francisco Franco. En 1951 es designado secretario general del Instituto de Cultura Hispánica. En 1953, el ministro de Educación Nacional, Joaquín Ruiz-Giménez Cortés, le nombró secretario del Consejo de Educación y, dos años más tarde, secretario general técnico del Ministerio. Entra así a formar parte de un equipo que intenta un primer avance en la democratización de la Universidad y una cierta apertura del sistema educativo. Fracasada la tentativa, deja el cargo con la destitución del ministro al año siguiente.

En 1956 es subdirector del Instituto de Estudios Políticos, cargo desde el cual pasa a a ser Delegado Nacional de Asociaciones en 1957.

Catedrático de Derecho Político desde 1948 (Valencia), obtuvo la plaza de Teoría del Estado y Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid en 1953. Conjugó la docencia con sus cargos políticos, con algún breve paréntesis, hasta 1987, año de su jubilación como profesor.

Ministro de Información y Turismo (1962-1969)

Desde el 10 de julio de 1962, como Ministro de Información y Turismo con el general Franco, promovió el desarrollo de la industria turística, sobre todo favoreciendo la imprescindible relajación de la estricta moral pública imperante en los años anteriores. De estos años es el eslogan Spain is different! ("¡España es diferente!"), interpretado por algunos como una justificación encubierta del régimen político del franquismo.[cita requerida]

Es leal a la dictadura pero partidario de la apertura del régimen. Sus principales logros al frente del ministerio son: potenciar el turismo; la Ley de Prensa e Imprenta (conocida como ley Fraga), que relaja la Ley anterior de 1938 eliminando la censura previa; la potenciación de la red de Paradores Nacionales, etc.

Los ingresos por turismo se convirtieron rápidamente en el principal capítulo de la economía nacional y, sumados a los envíos del numeroso contingente de emigrantes, sirvieron para permitir una mejora considerable de las condiciones de vida de los españoles a través de la entrada de divisas. Como una consecuencia indirecta, las nuevas costumbres traídas por los turistas se convirtieron en un factor más de debilitamiento del régimen, identificado con un catolicismo preconciliar.

Organizó también la campaña XXV años de paz para celebrar los veinticinco años transcurridos desde la victoria nacional en la Guerra Civil.

Por otra parte, en tanto que ministro portavoz informó de la ejecución de prisioneros políticos. Por ejemplo en el caso del dirigente comunista Julián Grimau, ejecutado en 1963. La condena de Grimau provocó una gran campaña de rechazo en el exterior, que no logró salvarle la vida. Fraga justificó la ejecución y a fecha de hoy aún no ha expresado su arrepentimiento.


Fraga nunca ha admitido obligación alguna de retractarse por su participación en el anterior régimen, en el que propició varias reformas, formando parte de los dirigentes más aperturistas del franquismo.

De hecho años después comentaría que fue la Guerra Civil y la posterior situación política anormal las que le llevaron a entrar en política para contribuir a la normalización de la política española[cita requerida].

Tras el accidente sufrido en 1966 por un bombardero estadounidense, a consecuencia del cual se produjo una fuga radioactiva y la caída de varias bombas de hidrógeno una en el mar y tres en tierra, dos de las cuales esparcieron material radioactivo en una superficie de 226 hectáreas, Fraga se bañó en Palomares en un intento de calmar a la opinión pública y demostrar que no había riesgo alguno.

Ese mismo año presentó una Ley de Prensa, conocida como Ley Fraga, que, suprimió la censura previa, teniendo el efecto de permitir una mayor libertad de prensa, a raíz de ella se produjo, sin embargo, el secuestro del diario ABC en 1966, y dos años después el del Diario Madrid, que terminó con la simbólica voladura de su edificio en 1971. No obstante, supuso un avance importante en su momento.

En 1967 se encarga de la Ley de Libertad Religiosa, que supone una mayor permisividad con las religiones no católicas. En 1968 es comisionado del gobierno para la descolonización de Guinea Ecuatorial.

Cesó en su cargo al producirse una crisis en el gobierno franquista el 29 de diciembre de 1969.

Embajador en Londres (1973)

En 1969, año del estado de excepción que se produjo en torno al proceso de Burgos, cesó como ministro. Fraga aprovecha el caso Matesa para hacer daño a los tecnócratas de Carrero Blanco en el gobierno, varios de los cuales estaban implicados en dicho caso. Como ministro portavoz le da al caso toda la publicidad que puede. Franco toma una medida salomónica destituyendo, tanto a los ministros corruptos, como a los que dieron publicidad al tema.

Después de ser ministro y embajador en Londres, ocupa los escaños de procurador en Cortes y consejero nacional del movimiento.

Abandona temporalmente la política para trabajar en la empresa privada. Ocupa el cargo de director general en la fábrica de Cervezas El Águila de Madrid.

En 1973 va en la terna que presenta el Consejo del Reino, junto a Carrero Blanco y Raimundo Fernández-Cuesta, al general Franco, para que éste designe presidente de gobierno.

Ese mismo año fue nombrado embajador en el Reino Unido, cargo que ejerció hasta la muerte de Franco, vendiendo en el exterior una imagen aperturista de España y contando con el socialista Fernando Morán, que después sería ministro de Exteriores, como cónsul general en Londres. No obstante cuando un piquete de protesta intenta asaltar la embajada española Fraga Iribarne apunta en su diario: "Les hice saber que tenía dos escopetas del doce cargadas con perdigones del cuatro".

En torno a la personalidad de Fraga se funda (como sociedad mercantil, puesto que las asociaciones políticas aún no se permiten) un club político denominado GODSA (Gabinete de Orientación y Documentación, S.A.), que desde 1974 se convertirá en una de las asociaciones políticas (aún se evita el nombre de partidos políticos) que permite el denominado espíritu del 12 de febrero, con el nombre de Reforma Democrática. Frente a la ruptura con la legalidad franquista, aboga por una línea reformista que permita llegar, sin convulsiones y de manera controlada, a un régimen democrático y de autonomías regionales.

Vicepresidente y ministro de Gobernación (1975-1976)

En 1975 fue nombrado vicepresidente y ministro de Gobernación (cargo equivalente al actual de Interior) del gobierno de Carlos Arias Navarro, en el primer gobierno del rey Juan Carlos.

En estos tiempos convulsos, fue un polémico ministro que acometió dos tareas: llevar a cabo la necesaria reforma política que condujera sin fisuras sociales a una democracia de corte occidental y mantener el orden y la seguridad en la calle en tiempos tan convulsos, con el fin de no conceder la iniciativa a las fuerzas de izquierdas.

Bajo su mandato en el Ministerio en 1976, acuñó la frase «La calle es mía», tras el intento de la oposición de manifestarse el Primero de Mayo, al cual se negó. En esta época también se producen incidentes con las fuerzas de seguridad del Estado: los Sucesos de Vitoria (1976), donde la Policía Armada mató a 5 obreros e hirió a más de 100 personas o la "Operación Reconquista" o sucesos de Montejurra, con dos muertos y varios heridos. Estos acontecimientos debilitaron su imagen de reformista y hombre de centro. En relación con los sucesos de Vitoria, de 3 de marzo de 1976, el Parlamento Vasco, en junio de 2008 aprobó resolución reprobatoria de la actuación del político gallego en relación con los mismos. Continuaron actuando los escuadrones de la muerte en el sur de Francia formados por elementos de extrema derecha apoyados por Policía y Guardia Civil. Las denuncias de torturas acreditadas en los informes de Amnistía Internacional aumentaron[cita requerida].

Mantuvo reuniones con dirigentes de la oposición como Felipe González y permitió la celebración del XXX Congreso Confederal de la UGT, sindicato todavía ilegal (Madrid, abril de 1976) en el cual Nicolás Redondo fue elegido secretario general.

Apoyó una primera pero reducida amnistía. El 19 de junio de 1976 el afamado periodista Cyrus Sulzberger publica en el New York Times que Fraga le ha manifestado que habrá que legalizar al Partido Comunista tras unas primeras elecciones democráticas. Esto le ocasiona una grave erosión por parte de los inmovilistas del régimen, que agitan contra él los prejuicios anticomunistas.

Durante esta época fue, junto al ministro de Exteriores, José María de Areilza, motor de la reforma política. Sin embargo, estos dos ministros divergían del presidente Arias, que no acababa de avanzar en la superación del franquismo.

El fracaso del gobierno de Arias se saldó con el nombramiento, como nuevo presidente, del que había sido secretario general del Movimiento, el joven Adolfo Suárez. Éste consiguió aglutinar a elementos muy heterogéneos, desde miembros del régimen de Franco partidarios de una reforma profunda hasta centristas del interior que habían disfrutado de una relativa tolerancia, en el partido que se llamó UCD. Fraga, junto a Areilza, era uno de los candidatos favoritos por parte de la prensa liberal para presidir el nuevo gobierno, pero finalmente se quedó fuera del mismo.

Reforma Democrática y Alianza Popular

Fraga no encontró acomodo en UCD, al considerar que era él quien debía liderar el proceso de reforma política, y no Adolfo Suárez, en quien finalmente recayó dicha misión.

En 1976 organiza el partido Reforma Democrática, que va encuadrando inicialmente sobre todo a políticos activos del régimen de Franco proclives a una apertura, frente a posturas contrarias a la reforma como las de Girón o Blas Piñar.

El 23 de septiembre de 1976 funda Alianza Popular (AP) una federación de fuerzas de derecha, partidarias de una democracia de corte europeo y de limitadas autonomías regionales que frenase el avance social del marxismo y del separatismo. En un primer momento, parece que Fraga se dispone a formar un partido de centro junto con José María Areilza y Pío Cabanillas. Sin embargo, finalmente, el ex ministro de Gobernación se alía con siete ex políticos franquistas, que formarían los llamados por la prensa "siete magníficos", casi todos ex ministros de Franco y, por lo tanto, de la derecha más conservadora.

Junto a Fraga, forman la coalición derechista Gonzalo Fernández de la Mora, Laureano López Rodó, Cruz Martínez Esteruelas, Federico Silva Muñoz, Licinio de la Fuente, Gregorio López Bravo y Enrique Thomas de Carranza.

Al fundarse Alianza Popular, Fraga dice "creemos en la democracia, pero en la democracia con orden, con ley y con autoridad". Alianza Popular trata de ejercer "una acción que tiende a que una gran parte de las fuerzas conservadoras del país formen un grupo que acepte las reglas democráticas y del sufragio". La nueva fuerza política cuenta en sus filas con 183 procuradores de las Cortes.

En junio de 1977 se celebran las primeras elecciones democráticas, siendo Manuel Fraga el candidato a presidente del gobierno por Alianza Popular. Esta fuerza política, que se consideraba heredera del "franquismo sociológico" y creía que tenía serias posibilidades de ganar las elecciones, sólo obtuvo 16 diputados, por debajo del 10% de los sufragios y alrededor de un millón y medio de votos. Como era de esperar, fue el centro de Suárez (UCD) el que ampliamente las ganó.

Durante 1977 y 1978 colabora en la redacción de la Constitución Española, formando parte de la ponencia en representación de AP, junto a los centristas Cisneros, Pérez Llorca y Herrero, el socialista Peces-Barba, el comunista Solé Tura y el nacionalista catalán Miquel Roca.

Su contribución a la Constitución y al consenso es importante en estos años. Presenta al líder comunista Santiago Carrillo en una conferencia del Club Siglo XXI. Su actitud conciliadora, abierta y proclive al consenso, consigue que los grupos más a la derecha abandonen AP.

La travesía del desierto, hacia la gran derecha

Fraga abandona brevemente la política en 1979 convencido de haber fracasado en su intento de crear una fuerza política de centro-derecha que disputara el poder a un Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que estaba abandonando el marxismo. Sin embargo, en breve retornaría para tratar de dar a su partido, AP, una cara más centrista y moderada, integrando a nuevas personas.

En estos años acuña el concepto de mayoría natural, espectro sociológico dominante que abarcaba las clases medias votantes del centro y la derecha. Pacta con Areilza y Osorio la formación de una coalición más centrada que intenta conectar con lo que entendía era un sector mayoritario en la población.

Pero su mensaje no cala todavía en el cuerpo electoral: en las elecciones de 1979, encabeza Coalición Democrática consiguiendo un grupo parlamentario de apenas 10 diputados y poco más del 6% de los votos: atraviesa la denominada travesía del desierto aguardando a que llegue el fin de una cada vez más inestable UCD.

El 23 de febrero de 1981, Manuel Fraga se encontraba en el Congreso cuando se produjo el intento de golpe de Estado conocido como 23-F. Fraga se enfrentó a los golpistas, y les llegó a decir que o le dejaban salir a él y a todos los diputados o les disparaban.[1]

Tras la intentona golpista, fue recibido por el Rey junto al resto de líderes de partidos nacionales y al presidente del gobierno.

Jefe de la oposición (1982-1989)

En las primeras elecciones al Parlamento de la Comunidad Autónoma de Galicia, ensaya un cierto viraje autonomista que le permite alcanzar la victoria y el Gobierno regional para su candidato Gerardo Fernández Albor, un galleguista de perfil moderado. Es el primer aviso para una UCD en descomposición que deja abierto el espacio de centro derecha.

Alianza Popular forma en 1982 una amplia coalición con el Partido Demócrata Popular y el Partido Liberal, ambas formaciones procedentes de la UCD, así como con partidos regionalistas de Aragón, Navarra y Valencia.

En 1983 Cambio 16 publica que el jefe de seguridad del presidente de Alianza Popular, Manuel Fraga es Rodolfo Eduardo Almirón vinculado a la organización terrorista argentina de ultraderecha conocida como la Triple A.

La Coalición Popular obtuvo un 26% de los votos en las elecciones de 1982 y 1986, convirtiéndose Fraga en jefe de la oposición. En cierto modo, Fraga es el gran triunfador de estas elecciones, tras Felipe González, ya que consigue que su fuerza política pase de 9 a 106 diputados y de menos de un millón a más de cinco millones de votos. Se convierte así, con el hundimiento de UCD, en referente del centro-derecha.

Constituído en jefe de la oposición al socialista en el gobierno Felipe González, realiza una política proclive al entendimiento en los grandes temas de Estado, aunque con alguna excepción sonada como la petición de abstención en el referendum para la integración en la OTAN.

En 1986, tras el fracaso de Alianza Popular en las elecciones al parlamento vasco, dimite y se retira temporalmente de la política. Dejando en el cargo de presidente de AP a Miguel Herrero, el cual se mide con Antonio Hernández Mancha en un congreso del partido que gana el segundo.

Eurodiputado

En 1987 encabeza la candidatura de los populares al Parlamento Europeo, convirtiéndose en eurodiputado.

Hernández Mancha lidera el partido hasta 1988. Tras una fracasada moción de censura contra Felipe González y los discretos resultados de AP en las locales, autonómicas y europeas de 1987, es relevado de la dirección del partido por su fundador, Manuel Fraga.

En 1989 se celebra el congreso de la refundación, AP pasa a ser el Partido Popular, integrando ahora ya en solo partido a todo el espectro centrista, liberal, democristiano y conservador que había representado anteriormente la Coalición Popular. El entonces presidente de Castilla y León, un joven José María Aznar, es designado candidato a la presidencia del gobierno.

Presidente de Galicia (1989-2005)

Fraga decide entonces volver a su tierra, Galicia, y presentarse a las elecciones al Parlamento gallego. Ofrece un programa abierto al galleguismo y un mensaje de recuperación de la dignidad de la autonomía gallega en un momento en que gobernaba un tripartito (PSdG-PSOE, Coalición Galega y Partido Nacionalista Galego), fruto de una moción de censura. La derecha siempre había vencido en tierras gallegas, pero con su candidatura el PP, en coalición con una fuerza nacionalista moderada (Centristas de Galicia), obtiene, por fin, la mayoría absoluta.

Fraga ejerce un fuerte liderazgo durante 14 años. Defiende la identidad cultural gallega dentro de España con la idea de la autoidentificación y un autonomismo avanzado con su propuesta de administración única, inspirada en técnicas político-administrativas propias del federalismo de ejecución. Fue una etapa en la que el Partido Popular en Galicia tuvo una indiscutible personalidad propia que llegaba a todos los intersticios de la sociedad gallega. Su reverso político fue el líder nacionalista Xosé Manuel Beiras con el que sostuvo memorables enfrentamientos políticos y un corto período de entendimiento.

Sus detractores le acusan de fortalecer las redes de poder provincial en las que descansa el tradicional caciquismo gallego y de establecer un control de los medios de comunicación gallegos por la vía de convenios y subvenciones. Le hacen responsable de una política desarrollista escasamente planificada. Proliferaron parques empresariales en zonas de nula vocación industrial, concentraciones parcelarias sin real interés agrario e inversiones dispersas al servicio de líderes locales con escasos efectos multiplicadores. Recuerdan que su período es el de la consolidación del feismo urbano, de la destrucción de valores paisajísticos gallegos (monocultivo de eucalipto, minicentrales eléctricas, parques eólicos, macroplantas de acuicultura y canteras en espacios de alto valor natural) y el de la colosal contaminación de las rías. El macroproyecto arquitectónico de la Cidade da Cultura ha sido objeto también de vivas controversias.

Sus partidarios hacen hincapié en los avances en electrificación y telefonía rural, el desarrollo de la viticultura y el saneamiento ganadero, la mejora de las carreteras interiores, la defensa de la conexión con la Meseta mediante autovías, el despegue espectacular del desarrollo turístico a mediados de los noventa y la eficaz ayuda a decenas de miles de emigrantes en Argentina y Uruguay, durante la aguda crisis económica que padecieron estos países a principios de siglo XXI (corralito). Destacan la política de extinción de incendios forestales que pasó de 100.000 hectáreas quemadas en 1989 a un promedio de 20.000 en los años de su mandato. Recuerdan que, con Manuel Fraga, Galicia obtuvo transferencias competenciales que la colocaron a un nivel de autogobierno puntero equiparable al de Cataluña.

Manuel Fraga fue uno de los presidentes autonómicos pioneros en desarrollar una activa acción exterior, algo que se creía vedado para las comunidades autónomas en función de la competencia del Estado central en materia de relaciones internacionales. Fueron polémicas sus buenas relaciones con Fidel Castro, influidas por el hecho de que la familia de Fraga había vivido en Cuba, mientras que el padre de Fidel era gallego.

Contribuyó a la mutación del espectro político gallego. Sus posiciones galleguistas y las redes locales de poder hicieron desaparecer a Coalición Galega y el nacionalismo de centro. Aumentar al 5% el número de votos necesarios para conseguir representación, acabó aglutinando al nacionalismo de izquierdas en torno al BNG, que llegó a ser, en sus dos últimas legislaturas, la segunda fuerza política en Galicia.

Como consecuencia del hundimiento del petrolero Prestige cerca de las costas gallegas a finales de 2002, Fraga fue muy criticado por la inacción y división desatada en el seno su gobierno, entre los que demandaban una mayor exigencia hacia el Gobierno de Aznar y los que optaban por la sumisión. Aznar acabó imponiendo la salida del gobierno de su delfín (Xosé Cuíña Crespo), ofreciendo a cambio un Plan de infraestructuras conocido como Plan Galicia. La masiva contestacíón en las calles, azuzada por el colectivo nacionalista Nunca Máis, no impidió que, pocos meses después, el PP saliera ganador de las elecciones municipales en la mayoría de las poblaciones costeras afectadas por la marea negra, aunque con retrocesos significativos en las ciudades y villas de tamaño medio (Vivero, Ribadeo, Monforte, Carballo...).

En las del 2005, siendo ya uno de los mandatarios en activo más ancianos del mundo, volvió a ganar las elecciones por amplio margen respecto del segundo partido en número de votos pero perdió la mayoría absoluta. La alianza de gobierno entre PSdeG y BNG impidió que Fraga obtuviera de nuevo la presidencia de la Junta de Galicia, la cual pasó a Emilio Pérez Touriño (PSdeG).

En la actualidad (2005-)

Fraga ocupa un puesto de senador designado por el Parlamento gallego, cargo para el que fue elegido en el 2006 con 74 votos de los 75 que conforman el parlamento autonómico. En marzo del 2008 vuelve a ser designado senador autonómico por Galicia, esta vez con los votos del Bloque Nacionalista Galego y del PSOE. Su partido optó por abstenerse en esta votación.

Es uno de los políticos en activo más ancianos del mundo y se dedica a la escritura de libros (donde supera los 80) y a dar conferencias. Fraga ocupa, desde 1990, el cargo honorífico de presidente-fundador del PP.

Presidió, al ser el senador más longevo, la mesa de edad en la constitución de la cámara alta en 2008, donde aprovechó para recordar su idea de reformar el Senado en un sentido autonomista.

Fraga sigue teniendo una posición propia con eco por sí misma dentro de su partido. Ha defendido posiciones claras en polémicas internas. Así ha mostrado su simpatía por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, en quien ve un líder capaz de captar el voto progresista, ha defendido la reforma del Estatuto de Andalucía pese a la adjetivación como nacional que contiene para esa comunidad, ha advertido de los peligros de hacer seguidismo a la cadena radiofónica de los Obispos (COPE) por sus posiciones que él juzga demasiado extremistas, ha abandonado una votación en el Senado para no ir en contra de una de sus ideas autonomistas (la participación autonómica en la designación de los magistrados del Tribunal Constitucional) y ha animado a una línea reformista sin renunciar a los valores tradicionales de la derecha española.

En 2007, en unas declaraciones a El Faro de Vigo, comparó a Franco con Napoleón, afirmando que "el franquismo ha sentado las bases para una España con más orden", y respaldó las declaraciones de Jaime Mayor Oreja, dirigente del Partido Popular que se negó a condenar el franquismo. Consideró que la España de la década de 1930 "’no era para vivir", comentando el asesinato de Calvo Sotelo. Al mismo tiempo criticó al Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, "todo esto de la Memoria Histórica ... un intento de ir a contramarcha de la historia".[2]

En 2009 declaró a El Faro de Vigo que Ava Gardner le había invitado a tomar unas copas, pero que el la rechazó y eso le sentó mal a la diva.[3]

[editar] Vínculos intelectuales con Hispanoamérica

[editar] Estrechos vínculos intelectuales con Puerto Rico

  • Las Constituciones de Puerto Rico, Madrid & Santiago de Compostela, (1953)

Publicación pionera sobre la historia política de Puerto Rico y el controvertible debate sobre si el actual estatus es un “Estado Libre Asociado” o una “colonia con cadena más larga” de los Estados Unidos de América (según descrito por el prócer graduado de la Universidad Harvard, de origen paterno vasco, don Pedro Albizu Campos).

Sobre esta obra el mismo Fraga Iribarne expresó:

"Cierra el libro un trabajo extractado de mi libro Las Constituciones de Puerto Rico (Madrid 1953). Es quizá el que más a fondo trabajé en su día, y por lo mismo el que más he dudado en reproducir. Sin embargo, he optado por hacerlo, convencido de que si, por una parte, el indudable progreso económico realizado desde entonces podría tener más amplio reflejo en algunas de sus partes; por otra, se han agravado algunos de los problemas entonces apuntados, en la discrepancia creciente de ciertos aspectos de la política oficial y la tradición católica del país [de Puerto Rico]. Pero no quiero dejar de hacer expresa constancia aquí de la profunda impresión que me hizo, en 1960, la visita en Nueva York a las oficinas que allí mantiene la Administración puertorriqueña para ayudar y orientar a sus emigrantes en la gran metrópoli (6), y en 1968 una visita oficial a la isla [de Puerto Rico], cuando estaba a punto de terminar la larga etapa del P.P.D. (Partido Popular Democrático, a su vez, rival del fenecido Partido Republicano Puertorriqueño y del aún vigente Partido Independentista Puertorriqueño)[4]
David Stern llamó la atención sobre mi actitud crítica, señalando su coincidencia con al de V. Marcantonio en la Cámara de Representantes (de Estados Unidos de América)[5]

[editar] Vínculos intelectuales con Cuba y Puerto Rico

Dijo sobre Cuba:

"Más allá de las diferencias ideológicas, y nunca lo hemos negado, Fidel Castro... es uno de los muchos símbolos de este mundo hispánico que tantas veces fue glorioso, estuvo dividido, fue despreciado injustamente y es un símbolo de independencia.[6] "

[editar] Obras

  • La acción declarativa (1944)
  • Así se gobierna España (1949)
  • El Congreso y la política exterior de los Estados Unidos (1952)
  • Las Constituciones de Puerto Rico, Santiago de Compostela, 1953
  • La educación en una sociedad de masas (1954)
  • El Gabinete inglés (1954)
  • Balmes, fundador de la Sociología positiva en España (1955)
  • Don Diego de Saavedra y Fajardo y la diplomacia de su época (1955)
  • La familia española ante la segunda mitad del siglo XX (problemas y soluciones)(1959)
  • La familia y la educación en una sociedad de masas y máquinas (1960)
  • Estructura política de España: la vida social y política en el siglo XX (1961)
  • Horizonte español (1965)
  • El desarrollo político (1972)
  • El Estado y la Iglesia en España (1972)
  • Cánovas, Maeztu y otros discursos de la segunda restauración (1976)
  • Alianza Popular (1977)
  • Los fundamentos de la diplomacia (1977)
  • La Constitución y otras cuestiones fundamentales (1978)
  • La crisis del Estado Español (1978)
  • Después de la Constitución y hacia los años 80 (1979)
  • El debate nacional (1981)
  • España, entre dos modelos de sociedad (1982)
  • El cañón giratorio: conversaciones con Eduardo Chamorro (1982)
  • El cambio que fracasó (1986)
  • España bloqueada (1986)
  • De Santiago a Filipinas, pasando por Europa (1988)
  • Galicia ayer, hoy, mañana (1989)
  • Galicia en España y en Europa (1990)
  • La cultura gallega, pasado, presente y futuro (1990)
  • Álvaro Cunqueiro: dos discursos (1991)
  • Galicia en el concierto regional europeo (1991)
  • A Galiza e Portugal no marco europeu (1991)
  • De Galicia a Europa (1991)
  • La Galicia del año 2000 (1993)
  • Administración única: una propuesta desde Galicia (1993)
  • Da acción ó pensamento (1993)
  • Ética pública y derecho (1993)
  • El futuro del estado autonómico (1996)
  • Galicia fin de milenio (1997)
  • Cánovas del Castillo, cien años después (1897-1997) (1997)
  • Ciencia y tecnología: desafío político y administrativo (2000)
  • Las claves demográficas del futuro de España (2001)
  • Final en Fisterra (2006)
  • Sociedad y valores (2006)

Protagonistas de la transición (VIII): Gabriel Fernando Cisneros Laborda

Protagonistas de la transición (VIII): Gabriel Fernando Cisneros Laborda

Gabriel Fernando Cisneros Laborda nace en Tarazona (Zaragoza), el 14 de Agosto de 1940 y fallece en Murcia el día 27 de Julio de 2007.

Hace el Bachillerato en Soria, el Preuniversitario en Zaragoza y se licencia en Derecho entre Oviedo y Madrid completando sus estudios en Ciencias Políticas y Periodismo.

Ingresa por oposición en el Cuerpo General Técnico de la Administración Civil y  ocupa plaza de Jefe de Sección del Gabinete Técnico del Ministerio de Trabajo desde 1964 hasta 1969. Entre 1967 y 1969 se ejercita como columnista del Diario Pueblo hasta que es nombrado Delegado Nacional de la Juventud puesto que ocuparía hasta 1972.

En Octubre de 1971 fue elegido Consejero Nacional por la provincia de Soria, siendo esta la fecha inicial de su larga andadura en las Cortes Españolas.  El 9 de enero de 1976 fue nombrado Director General de Asistencia Social en el Ministerio de la Gobernación, cargo del que dimitió en abril de 1977 a fin de tomar parte en las elecciones de ese año.

Como militante de la Coalición Unión de Centro Democrático sale elegido Diputado en las legislativas de 15 de Junio de 1977  puesto que ocupa ininterrunpidamente hasta el momento de su muerte. Formó parte de la Ponencia Constitucional de la que saldría la Carta Magna de 1978 por lo que recibe el nombre de "Padre de la Constitución"

El 3 de Julio de 1979 sufre un intento de secuestro por parte de dos miembros de la ETA del que consigue evadirse no sin salir malparado por una veintea de balas que sus captores le alojan en varias partes del cuerpo logrando sobrevivir al atentado.

En esa legislatura fue Director General de Coordinación Periférica de la Administración del Estado y Secretario General de Relaciones con las Cortes cargo que abandonó para presentarse a las nuevas elecciones de 1982 siendo nuevamente elegido Diputado de UCD por la provincia de Soria ocupandose desde entonces del puesto de Portavoz Adjunto de su grupo en el Congreso y finalmente de la Secretario General de UCD.

En 1988 se incorpora al Partido Liberal del que es elegido miembro de su Comité de Dirección y en 1987 se integra al nuevo Partido Popular tras la refundación de Alianza Popular. En las elecciones de 1989 fué elegido Diputado del PP por la provincia de Burgos y en el Congreso se incorpora a las Comisiones Constitucional y la del Reglamento siendo elegido miembro de la Ejecutiva del partido en el X Congreso de 1990.

Reelegido diputado por Burgos en los comicios de 1993, 1996 y 2000, en mayo de 1996 fue elegido Secretario General del Grupo Popular en el Congreso, cargo que mantuvo en la VII Legislatura (2000). En ésta integró la Diputación Permanente y la Junta de Portavoces, y fue vocal de las comisiones Constitucional, Justicia e Interior, Reglamento.

El 7 de febrero de 2002 fue elegido, junto con el socialista Josep Borrell, representante del Parlamento Español en la Convención para la Reforma de la Unión Europea. Se integró en el grupo de trabajo dedicado a la Carta de los Derechos Humanos.

El 7 de octubre de 2003 firmó, junto a los otros ponentes de la Constitución la denominada Declaración de Gredos, en apoyo de la Carta Magna. Fue reelegido diputado popular por Zaragoza en las generales del 14 de marzo de 2004. Tras la constitución del nuevo Parlamento, en el que el PP pasó a la oposición, fue elegido el 2 de abril vicepresidente tercero en la Mesa del Congreso.


Colaborador habitual de prensa, fue galardonado, entre otras, con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, la Gran Placa de Honor y Mérito de la Cruz Roja Internacional, la Encomienda de la Orden de Cisneros y la Orden del Mérito Constitucional. El 5 de diciembre de 2003 el Consejo de Ministros le concedió, junto al resto de los ponentes de la Constitución, el Collar de la Orden del Mérito Civil.

Knut Hamsun: Escritores destruidos por el bien

Knut Hamsun: Escritores destruidos por el bien

Se cumplen 150 años del nacimiento del noruego Knut Hamsun, premio Nobel que destruyó su futuro apoyando a los nazis. No fue, ni es hoy, el único perseguido.

En Europa acogemos a los represaliados del islam que escribieron obras de arte y tuvieron que huir por no ser suficientemente cuidadosos. El arte de ser cuidadoso ha acompañado a los europeos en distintas épocas oscuras, pero siempre hubo valientes que dijeron lo que tenían que decir pesase a quien pesase. El héroe ruso Bulgakov, que desafió a Stalin dando su verdad sobre la URSS con su novela Corazón de perro y más tarde le escribió una carta suplicándole el exilio, es quizás uno de los ejemplos que más emocionan. O Stefan Zweig, que tuvo que alejarse de los que habían sido sus amigos intelectuales por decir que la I Guerra Mundial era un acto de inconsciencia. Acogemos en París al afgano Atiq Rahimi, un novelista de estilo descarnado que tiene en España otro hogar literario gracias a las traducciones de Siruela y Lengua de Trapo. Cuidamos de la seguridad de Salman Rushdie, condenado a muerte por los ayatolás por su novela Los versos satánicos. Escuchamos al hombre que, tras el velo de Yasmina Khadra, disecciona con novelas naturalistas la realidad podrida de Argelia. Y a lo largo de la historia, ¿cuántos no habrán venido aquí y a EEUU buscando el derecho de hablar sin encontrar la muerte o el ostracismo?

La moral reinante siempre vence al escritor con el arma más peligrosa: el silencio. Pero la moral islámica ortodoxa no es la única que ha silenciado, porque no sólo los que entran en nuestro esquema moral han quedado mudos en la historia de la literatura. Hay tantos esquemas morales... Mikel Azurmendi y Fernando Savater viven fuera de su patria chica por hablar claro sobre el nacionalismo radical. La diferencia con los anteriores es que estos dos son ensayistas y su escritura es vecina de la política. ¿Qué hay de Ayaan Hirsi Ali, la somalí que denuncia la situación de la mujer en los países islámicos, o el difunto Samir Kassir, brutalmente asesinado por preferir un islam moderado y defender la idea de que los árabes tuvieron su ilustración en momentos en que el monstruo fanático dormía? Los ejemplos de arte acallado o denostado por una mala decisión, a veces una decisión abyecta, son numerosos y dispares. El factor común es la muralla que separa los lectores y las obras: la red de desconocimiento, la ignorancia, el prejuicio. Hay personas que dedican la última parte de su vida a enmendarse y buscar la redención por sus actos equivocados.

Hay otros que cometen el error en sus últimos momentos y van a la tumba con un cortejo fúnebre de hostilidad. Para hablar de ejemplos dolientes es necesaria una gradación, porque los crímenes de los escritores son como los del resto, desiguales: Raúl Barón Biza, autor de El desierto y su semilla (Ed. Fahrenheit 451), destruyó la cara de su mujer con ácido antes de suicidarse. Knut Hamsun, premio Nobel en 1920, hirió al país que lo consideraba su hijo predilecto cuando apoyó la invasión nazi de Noruega. El francés Céline fue condenado a muerte por su colaboración con los hitlerianos. Mircea Eliade lloraba cuando el Eje se desmoronaba. Cuando las ideas o los actos son nefastos, como en estos casos, escritor y obra se escinden. La vida está hecha de leyes que castigan al criminal y, mientras el corazón palpita, la ley es buena. Si Barón Biza se adelantó a la ley pegándose un tiro, haciéndose esa fotografía del perfecto monstruo, y a Hamsun lo hundieron en la miseria los tribunales médicos de la renaciente Noruega, ¿no fue suficiente castigo? El caso de Barón Biza y su crimen es algo sobre lo que nadie pondrá la defensa, pero su obra no deja de ser magnífica por ello, pese a compartir el trasfondo vil del escritor.

La obra continúa con vida después de la existencia benigna o maligna del autor, pero frecuentemente el juicio moral sobre él (la persona) hace metástasis en la obra. No tenemos por qué comulgar con las ideas de escritores que amamos. ¿Debe García Márquez condenar el castrismo? ¿Fue más inteligente que el resto Albert Camus al alejarse del estalinismo cuando sus coetáneos hablaban del asesinato masivo con la boca pequeña? ¿Es el giro al liberalismo de Vargas Llosa algo más o menos malo que la comodidad en el viejo socialismo de José Saramago? Hay quien piensa que defender a un escritor que apoyó a los nazis es inmoral. Quizá es un acto de justicia artística.

Knut Hamsun


Se cumplen 150 años del nacimiento de Hamsun, al que algunos llaman nazi. Cuando el rey de Noruega viajó a su antigua casa en 1992 y dio la mano al hijo de Hamsun, uno de los diarios de mayor tirada escribió: “Harald V da la mano al hijo de un traidor”. Camilo José Cela hizo de Hamsun una emocionante defensa: “Se equivocó con su apoyo a Vidkun Quisling y su gozo ante el invasor alemán no fue un prodigio de oportunidad, pero su fallo fue dejarse arrastrar por los engañosos y melodiosos cantos de sirena de la política”. Knut Hamsun nació en Noruega en 1859 y murió en 1952. Pasó hambre, buscó fortuna en EEUU sin encontrarla, publicó 37 obras y ganó el premio Nobel de Literatura en 1920. Veinticinco años después quedó fascinado por el III Reich y apoyó al nazismo que invadía su país, regaló su medalla del Nobel a Goebbels y dijo que Hitler había sido un “luchador por la humanidad y el derecho de todas las naciones”, palabras de las que no se desdijo jamás hasta su muerte en 1952.

Quien toma partido por la idea equivocada tiene muy mala fortuna, pero es peor si esa idea resulta además derrotada y maldita. Diego Moreno, editor de Nórdica, que sacará antes de fin de año la primera biografía sobre Hamsun en español, llama la atención sobre una curiosa paradoja: si el nazismo hubiera triunfado en Europa, la obra de Hamsun seguiría teniendo exactamente la misma calidad, aunque él fuera un héroe. Kirsti Baggethun vive en España y se ha convertido en una promotora de la obra literaria de Knut Hamsun. Sus traducciones son las primeras directas del noruego en nuestro país y abren una brecha de conocimiento en la ignorancia. Hasta los años sesenta la publicación española de Hamsun fue bastante sólida (y mediocre, con traducciones del alemán y un aspecto de novela romántica en la mayor parte de los libros) pero con la Transición y la necesidad de publicar a quienes habían sido censurados la estrella distante declinó.

El incoherente nazismo


Dice Kirsti Baggethun que “escritores por encima de toda sospecha defienden a Hamsun como autor”. ¿Ocurrió esto antes o después de su resbalón político? Thomas Mann dijo que “nunca antes alguien mereció tanto recibir el premio Nobel”, homenaje al que se sumó Maxim Gorki, pero esto ocurrió en el 29. Franz Kafka se refirió a La bendición de la tierra con palabras muy elogiosas, también antes de que el noruego cometiera su crimen. Walter Benjamin demostró su admiración por Vagabundos, pero el autor murió en 1940, de forma que se fue a la tumba sin saber lo que deparaba a los admiradores de Hamsun. Saltando en el tiempo, encontramos palabras elogiosas de Paul Auster, quien dice que “en Hambre se plantea un pensamiento nuevo sobre la naturaleza del arte”. Pero, ¿qué pasó cuando todos le dieron la espalda? Esta indefinición ha sido la constante en todo lector relacionado con Knut Hamsun. Kirsti Baggethun cuenta que a la muerte de Hamsun los periódicos dedicaron escuetas necrológicas al que había sido el paladín de las letras junto a Ibsen. “Precisamente porque estaba en lo más alto, su caída fue terrible –explica–, pero nadie entiende por qué hizo lo que hizo, el país se quedó absorto y se ha mantenido así, entre la ira y la reflexión, durante cincuenta años”.

Poco después de su muerte, mientras los periódicos bogaban entre el desprecio y la discreción, se editaron sus obras completas y la edición tardó muy poco en agotarse. Frases como “no digas a nadie que estoy leyendo a Hamsun” comenzaron a escucharse en voz baja: la obra de Hamsun se estudiaba en la escuela, se emitía en forma de radionovela por la emisora estatal, pero toda mención al autor era... incómoda. Esta incoherencia dolorosa, mezcla de admiración por una obra y dolor por el ángel caído, fue atenuándose con los años. En 2009, año del sesquicentenario de su nacimiento, se ha construido en Hamaroy, donde tuvo su última residencia, una espectacular torre diseñada por Holl, torcida y negra: el Centro Hamsun, homenaje y recuerdo de una vida con doble sentido. Se han celebrado festivales y conferencias, se ha reeditado, ha vuelto a los medios de forma más positiva.

Eso sí, sigue habiendo voces disonantes: colectivos de memoria sobre el Holocausto, políticos de ambas tendencias ideológicas. En la plaza de Grimstad, donde los tribunales lo condenaron, se erige hoy un monumento en su honor que alguien decoró después con esvásticas. La reina de Noruega respondió entonces a la indignación diciendo que los homenajes a Hamsun serían una lección contra el totalitarismo. Repasando su última obra, La senda por la que crece la hierba, Kirsti Baggethun nos dice que Hamsun no se defiende de forma escandalosa. Sencillamente espera a que la tormenta pase, habla de lo que fue su amor por la vida rústica, su creencia en el individuo libre, y espera que “dentro de 100 años todo se haya olvidado”. El tiempo pasa mientras su genialidad sigue brillando en los libros. Europa, la que acoge a las víctimas de todas las ideologías, comienza a perdonar a los que más daño le hicieron. Porque toda obra de arte es un bien indispensable.

Autor: Juan Soto Ivars

El mismo día en el que recibió la sentencia, ese anciano de ochenta y nueve años garabateó la última frase del manuscrito que se convertiría en su último libro, Por las sendas donde la hierba crece: "

San Juan 1948. Hoy el Tribunal Supremo ha emitido el veredicto y yo pongo punto final a mi obra".

Obras de Knut Hamsun

- Hambre (descargar)

- Pan (descargar)