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La memoria de la Otra Europa

Caminos de Europa: Diksmuide

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En la red: Diksmuide

Egida Aurea : La mia Piccola Guerra

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En la red: Egida Aurea

Abelardo Pons: Recordando a Paco el Metralleta

Abelardo Pons: Recordando a Paco el Metralleta

Francisco Alcocer González nació hace 87 años en Bilbao, siempre presumió de ser vasco y español.

 

Siendo niño le sorprendió el Alzamiento Nacional en Tarancón, su familia era muy conocida pues era el sobrino de la famosa Condesa de Retamosa.
La historia de esta familia fue especialmente dura y terrible, pues las hordas rojas asesinaron sin piedad a varios familiares de Paco, a la Condesa le arrastraron su cadáver por todo Tarancón, previamente de haber sido brutalmente torturada y mutilada, le arrancaron los pechos.

 

Ese terrible episodio marcó la vida de un niño, que juró no quedaría impune semejante atrocidad.

 

Paco fue detenido siendo un niño, estuvo en una checa y me contaba la anécdota que el jefe de la misma decía a Paco: “A mí no me vas a engañar, tengo mucho mundo recorrido”. El salvaje torturador era un guardagujas de tren. Gracias a la intervención de una persona del servicio de “La Condesita” como era conocida popularmente en Tarancón, Paco pudo salvar su vida siendo un niño.

 

Siendo jovencísimo se alistó en la Legión y posteriormente se presentó voluntario a la Gloriosa División Azul. Pronto regresaría a España mutilado, sin una pierna.

 

Durante muchos años se dedicó a venta en el castizo rastro madrileño, viviendo en la mismísima Plaza de Lavapiés.

 

Conocí a Paco con apenas 18 años cumplidos, en una comida después del acto del Cine Morasol, recién fallecido el Caudillo. Creo fue a partir de ese momento cuando Paco recobró su juventud perdida y empezó a ir siempre con nosotros. Era curioso, pero él decía encontrarse mucho mejor al lado de los jóvenes, pues lógicamente eran mucho más guerrilleros y combativos.

 

Pronto empezamos a llamarle "metralleta", pues era tar ta ta ta mudo. Ese ta-ta-ta, en la crueldad inconsciente de nuestra juventud, hizo que le llamáramos “Paco el Metralleta”.

 

Siempre fue hombre de primerísima línea de combate, a pesar de sus limitaciones naturales, que nunca le menguaron su ardor combativo. Si tuviera que narrar los cientos de intervenciones en las que vi a nuestro Paco, siempre despreciando el peligro, serían interminables.

 

Montejurra 76, en la que un puñado de falangistas fueron a defender la sagrada cima. Deben tomar nota los falangistas actuales, cómo cuando iba a ser profanado por la chusma roja el alto de Montejurra, unos falangistas fueron los que defendieron durante varios días el sitio, impidiendo la llegada de los marxistas. Tengamos en cuenta que Paco siempre se consideró falangista y visceral antimonárquico.

 

Recuerdo también a Paco en el acto del Frontón Anoeta en San Sebastián, en el famoso tiroteo con jóvenes pro etarras, que vieron como era “profanado su territorio “. Corrieron como ratas.

 

Nunca le tembló el pulso, ni le importó ser en numerosas ocasiones detenido. En varias ocasiones fui a recogerte a los calabozos de la DGS, a las Salesas e incluso también a Carabanchel. Salió como entró, con su dignidad intacta. Jamás vendió a un camarada, a pesar de la insistencia y coacciones de los sicarios del sistema.

 

Siempre estuvo al lado de los jóvenes, curiosamente era miembro de Fuerza Joven, con más de 50 años; así decidimos tenerlo siempre a nuestro lado, le nombramos intendente de Fuerza Joven, encargándose de la logística y venta de productos nacionales para financiar nuestras actividades.

 

Cuando por los motivos de todos conocidos, Juan Ignacio decidió crear el Frente de la Juventud, no dudaste en ningún momento cual era tu lugar, al lado de los tuyos, los que siempre estuvieron a tu lado en aquellos difíciles momentos, que con gran acierto ya se conoce como “La transición de plomo”.

 

Y fuiste uno de los fundadores del Frente de la Juventud.

 

Valga como dedicatoria, las palabras escritas por nuestro camarada Jesús Fernández de Landa, que reproduzco a continuación:

 

"Hoy ha fallecido un personaje del fascismo madrileño, Francisco Alcocer, más conocido como Paco el Metralleta. Definir su personalidad sería llenar páginas con historias y anécdotas; los fascistas madrileños de la transición convivimos muchas veces con él, actos, juergas, detenciones, peleas.....el humo de mil batallas se respiraba cuando escuchabas sus relatos, tantas y tantas vivencias!!.
Joder qué perra es esta vida que con tanto hijo de puta suelto tienen que ir muriendo las personas más leales que yo conocí.
Querido Paco, no creo que nos aguarde el cielo, al fin de cuentas siempre hemos preferido el fuego. Algún día volveremos a encontrarnos; guárdame un sitio a tu lado, mi estimado camarada y allí en los infiernos volveremos a reír a y a cantar nuestras viejas canciones de guerra".

 

Paco vivió como quiso y murió con la dignidad de los mejores, en la paz de Dios y con los últimos sacramentos.

 

La pólvora y la sangre fueron siempre tu estandarte; firmeza, nobleza, hidalguía y honor, tus virtudes.

 

Desde anoche, cuando miro al cielo, veo una estrella nueva, brilla de una forma especial y es tu lucero, Paco Metralleta.
 
Fuente

En la red: In Memoriam Juan Ignacio

En la red: In Memoriam Juan Ignacio

 

Juan Ignacio González Ramírez, secretario nacional del Frente de la Juventud, fue asesinado en el portal de su casa en Madrid el 12 de diciembre de 1980. Muchos años después su muerte sigue sin resolverse. Se trata del único crimen político de la transición española cuyos autores han quedado impunes. Nosotros nos negamos a olvidar nuestro sentido del deber y reivindicamos, antes, ahora y en el futuro, la memoria de Juan Ignacio González y el esclarecimiento de su asesinato

Asociación In Memoriam Juan Ignacio González:

Enlace del blog de la asociación

Paco... descansa en paz ¡¡camarada!!

Paco... descansa en paz  ¡¡camarada!!

Esta madrugada ha muerto nuestro camarada de tantos años y tantas vivencias de lucha continuada que desde su puesto en la calle Goya esquina a Núñez de Balboa (Madrid) nutrió a distintas generaciones de su espiritu revolucionario y portador de la eterna llama, D.Francisco Alcocer González, más conocido como Paco el Metralleta.

El velatorio se efectuará en el Tanatorio Norte de Madrid (detrás del Hospital Ramón y Cajal) de 13 h. a 16 h. (se ruega a todo el entorno falangista que lleven sus camisas azules por expreso deseo de Paco).

A las 18 h. se le rendirán los honores pertinentes y se depositarán 5 rosas, donde tenía su puesto.

Dios le guarde y le dé Descanso Eterno (Q.E.P.D.)

Fuente: Asociación I.R.A (Asturias)

Asociación Cultural IN MEMORIAN Juan Ignacio González

El verano también da espacio para trabajar.En breve se constituye la asociación cultural IN MEMORIAN Juan Ignacio González. Os informaremos de nuestras actividades y de nuestro trabajo para los actos del 31 aniversario en el próximo diciembre ... Esperamos aportar mucho más los 365 días del año.No parar hasta conquistar. Han vuelto para sumar y luchar.

Después de crecer enarbolando una idea, de vivir intensamente cada batalla, después de encontrarnos en las puertas de la gloria, después de haber vivido con honor, no podíamos terminar nuestro camino con la mirada perdida ni con el sentimiento de la rendición ante el presente, olvidando nuestro pasado ….

Os agradecemos vuestra divulgación. Contamos con todos para vuestras canciones y poema, vuestro murales y pintadas, vuestras ideas, vuestro brazos y vuestra fuerza.

Entre todos podemos, la belleza está en la acción.

¡Esto es Europa, imbéciles!. En algunos europeos todavía late el espíritu de la vieja Esparta

¡Esto es Europa, imbéciles!. En algunos europeos todavía late el espíritu de la vieja Esparta

Infokrisis.- Soplan vientos de conflicto en Europa Occidental. Nuestra clase política ha creído que puede comprar y vender a cualquiera. Han creído –insensatos– que comprarán al Islam como han comprado a los sindicatos o desmovilizado a la sociedad civil. Hay creído que bastarían las vanas palabras que seducen a las masas occidentales –“multiculturalidad”, “integración”, “derechos de las minorías”, “mestizaje”, “laicismo”, “alianza de civilizaciones”- para aplacar al Islam, civilizarlo y encarrilarlo por la senda por la que discurre Europa desde el Renacimiento. Insensatos, ingenuos y, si se nos apura, tontos de baba, aquellos por cuya mente hayan pasado estas peregrinas ideas.

Escribimos estas líneas justo cuando en Dinamarca se ha detenido a un grupo de fanáticos que intentaban preparar un atentado contra el autor de las caricaturas de Mahoma publicadas hace ahora dos años. Cuando se tiene como vecinos a gente así cualquier convivencia es imposible. Es el Islam: está en Europa, entre nosotros, ha llegado para convertir nuestro continente en “tierra islámica”. ¿Podíamos pensar que iba a ser de otra manera? Están en su derecho, es lo que prescribe su fe. Al menos creen en algo, por extraño, lejano e inaceptable que a nosotros nos parezca.

La diferencia demográfica juega a su favor y la estupidez de nuestra clase política también. Cuando, hacia el 2020, existan sobre nuestro continente 15 millones de islamistas, no cabe la menor duda de que la vida en la Vieja Europa será completamente diferente.

No albergamos la menor duda sobre el resultado terrible de la confrontación para la que tenemos fecha fija y que adquirirá los rasgos de una guerra civil, racial, religiosa y social. Ellos sólo quieren guerras santas.

Pues bien, no se van a encontrar solamente a un grupo de políticos incapaces y corruptos, habituados a la componenda, al pacto y a la traición, no van a encontrar solamente a usureros que solamente piensan en comprar al peso a otros para luchar por sus propios intereses, ni van a encontrar solamente a colgados con un porro entre los labios, esnifadores habituales de coca o pastillosos compulsivos. Van a encontrar a hombres y mujeres dispuestos a luchar por lo que es suyo, por su futuro y el de sus hijos, en nombre de los viejos valores que han hecho a Europa.

En este combate, como en todos los que vale la pena luchar, habrá vencedores y vencidos. O el resultado de esta lucha será la islamización total de Europa a lo largo del siglo XXI, o el combate se saldará con su expulsión de la sagrada tierra de Europa… no hay –tampoco aquí– una tercera vía.

Volverán a la tierra que nunca debieron abandonar. Vinieron en pateras y algunos volverán en cargueros a sus costas, a la otra orilla del Mediterráneo. Pero no irán solos. En las bodegas irán también esos políticos responsables del conflicto. A fin de cuentas los islamistas luchan por el triunfo de una idea, mientras que nuestra clase política lucha solamente por medrar, sin mesura y sin freno. Aparte del escupitajo en la cara, éstos no merecen nada más que un billete de ida a la otra orilla del Mediterráneo.

Que nuestra clase política se vaya haciendo a la idea de que la confrontación es inevitable como la única salida para evitar la islamización del continente, y que esa confrontación terminará con el advenimiento de una nueva situación en la que la vieja clase política responsable de la confrontación, junto a la clase política europea cuya incapacidad y estupidez habrá hecho posible el que se llegue a la misma –por su ambición desmedida, por su irresponsabilidad, por la dejación de su responsabilidad histórica- no tendrá lugar en el nuevo amanecer de Europa.

Hay un texto que debe ser considerado como inspirador por parte de todos los que estén dispuestos a asumir un lugar en la lucha en defensa de la libertad de Europa y de la supervivencia de la cultura de nuestros padres. Es la carta escrita por un soldado espartano la noche antes del desenlace de la batalla de las Termópilas. Leedlo, porque entre sus líneas se respira todavía el aroma que dio a Europa los mejores momentos de su Historia:

 

Yo, que he de morir mañana…

“Yo, que mañana he de morir, escribo estas letras a la luz de unas antorchas esperando que amanezca. Contemplo el resplandor de las estrellas, y su brillo es muy diferente de la lobreguez que envuelve a los cadáveres que se extienden frente a mí, los mismos que tiñen de rojo el barro que piso, y cuyo olor acre me repugna tanto como saber que mañana yo seré uno más entre ellos. Yo, Agatocles, soldado espartano, hago guardia en el desfiladero de las Termópilas, sé que hoy nos han rodeado, y que este lugar será mi tumba, y al pensarlo mi estómago se encoge de frío, como si la gelidez de la muerte quisiera invadir ya mi cuerpo. Por eso escribo con mi letra menuda, y al hacerlo mis manos dejan de temblar y siento que mis temores se difuminan. No, no intentar huir al resguardo de la oscuridad; en su lugar escribo, y estas letras hablarán por mí cuando yo esté muerto, ellas explicarán por qué acepto mi destino; sí, serán ellas las que darán cuenta de los motivos de los que aquí esperan la muerte.

De nosotros, los espartanos de la guardia del rey Leónidas, dicen que somos hombres justos, que fuimos elegidos entre aquellos que más despreciaban las riquezas y el lujo, y que nunca nos hemos dejado corromper por el oro; pero en verdad yo os digo que quien dice esto miente. En Corinto vimos por primera vez oro y plata en abundancia, y nos arrojamos sobre él ansiosos de botín, pero al poco vimos al hermano pelear con el hermano por una copa de plata, o a hombres que habían luchado codo con codo disputar por una esclava de ojos verdes.

Leónidas nos vio poseídos por la codicia y nos convocó en el ágora. Allí arrojó lo que le había correspondido al suelo y dijo: «Ahí tenéis mi parte, mataos por ella». Los trescientos hombres de su guardia nos avergonzamos y nos desprendimos de nuestras riquezas de igual manera. Desde esa noche abandonamos los palacios de mármol y dormimos fuera de la ciudad, al cobijo de nuestras tiendas de lino. Todos los hombres del ejército de Esparta nos alabaron y dijeron: «Éstos son hombres justos que no se dejan corromper», pero se repartieron nuestro oro, y a nosotros no nos importó, porque habíamos visto el precio de la opulencia, y nos pareció tan alto que ni uno solo de los trescientos tuvo ánimo para permanecer en la ciudad.

Por eso, cuando distinguimos a Jerjes en la colina vestido de seda engarzada con piedras preciosas, le despreciamos. Sin embargo, aquella misma tarde nos ofreció un carro cargado de oro a cambio de dejar el paso franco y nosotros sentimos de nuevo el gusano de la codicia en nuestro interior, y creo que nadie se vio libre de desear esas riquezas y abandonar el desfiladero y vivir; pero Leónidas se puso frente a nosotros. Él nos conoce y por eso no habló de honor, gloria, o patria, porque sabía que en esta ocasión esos términos sonarían huecos a nuestros oídos frente a la palabra vida. «Quizás alguno todavía desea vivir en Corinto», dijo, «el que quiera puede coger su parte y abandonarme. Al que lo haga le recomiendo que cargue mucho oro para olvidar el rostro de los amigos que deja atrás, y le hará falta aún más para olvidar la sangre de los que morirán por su traición más allá del desfiladero». Eso dijo, y luego guardó silencio, y nadie se movió, y ni uno solo de noso­tros arrojó las armas, y por un momento, sólo por un momento, nos regocijamos de estar allí junto a nuestro rey. Así fue, y quien diga lo contrario merece la muerte.

De nosotros, los espartanos de la guardia del rey Leónidas, dicen que somos hombres de gran valor, que no tememos la muerte y despreciamos el filo de las armas de los enemigos. Yo, en verdad os digo, que quien dice esto miente, que al ver las filas del enemigo erizadas de armas se nos encoge el corazón y tememos el corte del acero y el dolor de las heridas; pero mucho peor que este dolor nos parece sufrir el desprecio del amigo que combate a nuestro lado, la vergüenza de la mujer que espera nuestro regreso, o el repudio del anciano que un día luchó por nosotros. Por todo eso dominamos nuestros temores y luchamos poseídos de una furia salvaje que resplandece en nuestros ojos, pero esa mirada no es de odio al enemigo, sino de espanto por saber que la parca camina siempre a nuestro lado y que cualquiera puede ser el próximo. Así es, y quien diga lo contrario merece la muerte.

De nosotros, los espartanos de la guardia del rey Leónidas, dicen que somos hombres leales y luchamos por la libertad de los ciudadanos helenos, por la justicia y la ley, pero en verdad yo os digo que quien dice esto miente. Mañana al amanecer embrazaremos nuestros escudos y, tras empuñar las lanzas, se escucharán nuestros himnos de guerra resonar en el desfiladero, y cargaremos contra las hordas de los bárbaros. Yo avanzaré hombro con hombro ocupando mi puesto en la falange cerrada, y sentiré el calor, la luz del sol, el olor del hierro, el sudor de los hombres, sabiendo que todo eso lo haré por última vez. Y mi lanza se llenará de sangre, y mataré diez bárbaros, o cien, o mil, pero esto valdrá de poco, porque mi vientre será atravesado por las lanzas del enemigo y moriré, pero no lo haré por la libertad de los helenos, ni por la justicia y la ley, ni siquiera moriré por Esparta. Moriré por no verme esclavo, arrastrando la cadena de la servidumbre por los desiertos de Media; moriré por vengar a Agesilao, mi amigo, al que vi caer ayer atravesado por una flecha egipcia; moriré junto a Arquíloco, que me ha cubierto el flanco con su escudo en diez batallas y mañana me lo cubrirá por última vez; moriré por Leónidas, que nos conduce a la muerte, pero al que le estamos agradecidos porque antes hizo de nosotros hombres.

Mañana, cuando la noche caiga, de la guardia del rey Leónidas sólo quedará un grupo de cuerpos sin vida, y después un puñado de huesos, y después un puñado de polvo, y después nada. Quizás entonces, cuando se haya olvidado el nombre de Esparta, e incluso el vasto imperio del Rey de Reyes haya sucumbido al olvido, alguien recordará nuestro sacrificio y verá que por nuestra muerte fuimos justos, valientes y leales, y todo lo que no llegamos a ser en vida, y entonces dirá: «los espartanos de la guardia del rey Leónidas murieron hace mucho, pero su recuerdo permanece inmortal». Así será, y quien diga lo contrario merecerá la muerte.

© Ernesto Milà – InfokrisisInfokrisis@yahoo.es

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