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La memoria de la Otra Europa

8 de mayo de 1945: Erase un fragmento de un Heinkel 111

8 de mayo de 1945: Erase un fragmento de un Heinkel 111

De cómo un joven donostiarra cogió un trozo del avión nazi de Léon Degrelle que se estrelló en La Concha en 1945 y lo conservó durante más de 60 años.

DV. Los periódicos ni tan siquiera hablaron de ello. Ni al día siguiente, ni en posteriores. ¿Acaso no es noticiable el hecho de que un avión nazi realice un aparatoso aterrizaje de emergencia en la playa de La Concha con cinco pasajeros? ¿Cómo es posible que la prensa de la época no reflejara un acontecimiento que, en la actualidad, forma parte de la memoria visual e histórica de San Sebastián?

Todo ocurrió en la mañana del 8 de mayo de 1945 cuando un Heinkel 111 irrumpió súbitamente en los cielos donostiarras. Había partido en la medianoche de ese mismo día, desde una improvisada pista de despegue cercana a Oslo, Noruega, y cruzado media Europa sin repostar. En su interior viajaban cinco personas. Ninguna resultó muerta tras el violento posado en el arenal de la Bella Easo, aunque una de ellas, la más importante del pasaje, tuvo que pasar 15 meses ingresado en el Hospital Militar Mola, en el edificio que alberga los actuales Juzgados, en Duque de Mandas.
 
El herido en cuestión era Léon Degrelle, político fascista belga y amigo íntimo de Adolf Hitler que, al igual que sus compañeros, huyó de la derrota. El día anterior, el Alto Mando Alemán había anunciado la rendición incondicional de todas las tropas, finiquitando así las hostilidades de la II Guerra Mundial en el Viejo Continente. Europa volvía a ser libre y Degrelle no tenía cabida en ella, de ahí su apresurada y épica huida.
 
Así, lo último que podía convenir a España y al régimen de Franco es que el país se convirtiera -como así resultó ser, en algunos casos- en una vía de escape para las figuras más prominentes del régimen alemán. De ahí que el accidente no quedara reflejado en ninguno de los cuatro periódicos que, por aquel entonces, se publicaban en la ciudad. Nadie escribió noticia alguna sobre ello, ni tan siquiera una breve línea, ni tan siquiera una letra.
 
No ocurrió así con los donostiarras que se acercaron al lugar. Pocos minutos después del accidente, decenas de personas se arremolinaron en torno al aeroplano para contemplar ese prodigio que había caído del cielo. Aunque la marea baja había facilitado el aterrizaje, el piloto no pudo evitar chocar contra una de las rocas que emergen en la parte más occidental de la playa. El impacto, a más de 300 kilómetros hora -según las memorias del propio Degrelle- provocó que la nave se desviara hacia el mar, donde, finalmente, se paró. Los primeros en tomar contacto con el avión y los accidentados fueron varios marineros que ayudaron a evacuar a los heridos. Minutos después, comenzaría a llegar la marabunta de gente.
 
El colegio desierto
 
José María S. A. contaba con 17 años por aquel entonces. La mañana del 8 de mayo acudió al colegio del Sagrado Corazón, ubicado en la calle Sánchez Toca. Cuando llegó, no vio alma alguna, por lo que pensó que, erróneamente, había asistido a las clases en un día festivo. No fue así: pronto le informaron de que un avión acaba de hacer un aterrizaje forzoso en la bahía de la Concha, donde se encontraban sus compañeros de clase. José María marchó corriendo a la playa con la esperanza de ser testigo del acontecimiento y fue en las inmediaciones del actual edificio del Eguzki donde halló el Heinkel 111, recién estrellado, sutilmente anclado en la orilla. La tripulación ya había sido evacuada pero, todavía, no se había creado el pertinente cordón de seguridad. Por no haber, no había ni policías que evitaran que niños y curiosos se acercaran a la nave.
 
Así, José María y otros niños aprovecharon para arrancar varios trozos del avión de Degrelle, íntegro tras el aterrizaje, pero con numerosas abolladuras y desgarros en su fuselaje. Tras el choque con la roca, el aeroplano había acabado en la orilla del mar, de ahí que los niños se mojaran sus pantalones bombacho en pos de los codiciados fragmentos. José María logró el suyo tras mucho forzar el armazón del avión, regresó al colegió a las nueve de la mañana -donde se le dispensó a él y a sus compañeros una severa reprimenda- y guardó el trocito durante los siguientes 64 años. Este donostiarra octogenario recuerda a la perfección todos los hechos y los recita con la misma precisión con la que están volcados en los libros de historia o en las propias memorias de Degrelle, que tituló el capítulo en el que se enmarcan estos hechos De Stalingrado a San Sebastián. Mientras tanto, nos muestra la reliquia del Heinkel 111, pequeña, casi diminuta, centimétrica, y, todavía, con algunos restos de la pintura gris del fuselaje original.
 
Tras el accidente, los restos del avión fueron trasladado a Logroño -lo sabemos gracias a la documentación que nos facilitó al respecto Ramón Barea, autor del libro Gipuzkoa 1940 sobre la presencia nazi en el Territorio Histórico- y Léon Degrelle se quedó en España hasta el fin de sus días.
Años después, José María S.M. cursó la carrera de Arquitectura Técnica y hoy en día disfruta, junto a su esposa, de la jubilación. Por supuesto, guarda con cariño el modesto fragmento de aquel avión que huyó de Noruega en el crepúsculo de la II Guerra Mundial, atravesó media Europa y cayó en la bahía de La Concha hace exactamente 64 primaveras.

Desde el ABC: Rudolf Hess; El suicidio del último nazi

Desde el ABC: Rudolf Hess; El suicidio del último nazi

Según la versión oficial, el jefe del partido nazi se ahorcó a los 93 años con un cable eléctrico en la cárcel de Spandau, pero muchos dudan aún de aquella tesis.

El suicidio, «lait motiv» de la muerte de la mayoría de los mandatarios del Tercer Reich, acabó también con la vida de Rudolf Hess, el útlimo representante del terror nazi. Desde el propio Hitler y su esposa, Eva Braun; al ministro de propaganda, Goebbels, junto a su mujer y sus cinco hijos; pasando por el lugarteniente del «Führer», Göring… hasta Hess, el líder del partido nazi, que (según la versión oficial) se quitaba la vida a los 93 años.

«El hombre que soportó impasible millones de muertes, no pudo resistir su soledad», publicaba ABC tal día como hoy de 1987. El prisionero más antiguo de la Segunda Guerra Mundial ponía fin a casi cincuenta años de encierro en Spandau, «la prisión mejor protegida del mundo», después de que fuera condenado en el Juicio de Núremberg por las decisiones tomadas como ministro Hitler.
 
El único inquilino de Spandau
 
Desde 1966 hasta 1987 fue el único inquilino de aquella fortaleza controlada por las cuatro potencias vencedoras y proyectada para albergar a 500 prisioneros. En ella estuvieron recluidos muchos de los líderes nazis sentenciados también en Núremberg, pero fueron muriendo o siendo liberados hasta 1966. Los dos últimos: Albert Speer y Baldur von Schirach, ministro de guerra y líder de las Juventudes Hitlerianas, respectivamente.

Era vigilado por 600 soldados y 50 agentes, en una prisión de 696 celdas para él solo

Pero la condena de Rudolf Hess era de cadena perpetua y desde 1966 le vigilaban a él solo 600 soldados rusos, estadounidenses, británicos y franceses, además de 50 agentes de Alemania Occidental, en una prisión de 696 celdas que costaba cerca de 100 millones de pesetas de entonces al año.
 
Las medidas de seguridad para un hombre que ya era anciano eran impensables: la circundaba una primera línea eléctrica, luego un muro de seis metros de altura que contaba con numerosas cabinas acristaladas de vigilancia y, por último, un contramuro de cinco metros de alto que, durante la noche, lo iluminaban potentísimos focos.
 
Entre el suicidio y el asesinato
 
Según la versión oficial de la primera autopsia, Hess había muerto estrangulado con un cable eléctrico, alegando que se trataba de un suicidio. Pero la familia dudó de la tesis oficial y encargó una segunda autopsia, que determinó que su muerte fue por asfixia y no por suspensión. Desde entonces, el misterio rodeó siempre la muerte del político nazi, dudándose entre la tesis oficial del suicidio y la del asesinato.
Si los suicidios del «Führer» y los demás mandatarios se produjeron tras el desenlace de la Segunda Guerra Mundial y el fracaso de la aventura imperial nazi, la de Hess, 46 años después, sugirió alguna sospecha: «¿Por qué este hombre, de noventa y tres años, ha esperado a suicidarse hasta 1987? ¿Por qué, casualmente, los interrogatorios a que se sometió a Hess durante su estancia en Inglaterra no pueden publicarse hasta el año 2017, treinta años justos desde 1987? ¿Por qué un Cuerpo de guardia que ha cuidado del prisionero durante tantos años le ha dejado entrar solo en una cabaña del jardín, donde apareció ahorcado?», se preguntaba ABC.
 
 
Su hijo, Wolf Rüdiger Hess, mostró su desacuerdo con el dictamen, asegurando que su padre se encontraba en buenas condiciones psicológicas y que el tipo de suicidio que se le imputaba era físicamente imposible para él.
 
Margaret Thatcher
 
Dos años después de aquello, el gobierno de Margaret Thatcher se negaba a facilitar a la Policía británica los informes relativos a las sospechosas circunstancias de su muerte, tales como los que recogía la investigación oficial realizada por los servicios de información de las Fuerzas Armadas.
La sombra del misterio sobre el suicidio del que fuera la mano derecha del «Fuhrer» crecía. Según la BBC, una enfermera que cuidó del dirigente alemán durante sus últimos cinco años de vida, el prisionero fue asesinado. Y según el funcionario que halló el cuerpo 40 minutos después de que falleciera, el reo mostraba huellas de un forcejeo para defenderse, además de asegurar que sus manos se hallaban completamente inutilizadas por la artritis y «no podía hacer ni el nudo de los zapatos».
 
«No trato de juzgarle, pero como hijo existen algunas preguntas que me gustaría que me respondiera», comentaba Wolf a ABC en 1970. Aquellas dudas no pudieron ser saciadas jamás, pues tenía prohibido hablar de los años comprendidos entre 1933 y 1945 durante la media hora de visita al mes a la que tenía derecho.
Fuente: ABC

Encuentra alguna diferencia entre estos dos miserables

Encuentra alguna diferencia entre estos dos miserables

"Los penados enfermos muy graves con padecimientos incurables, según informe médico, con independencia de las variables intervinientes en el proceso de clasificación, podrán ser clasificados en tercer grado por razones humanitarias y de dignidad personal, atendiendo a la dificultad para delinquir y a su escasa peligrosidad."

  Esta es la ley que se aplica a los hijos de puta en España, esta es la ley que se aplica a los amigos, esta es la ley que aplica el partido popular.

 Uribetxebarri es un psicópata enfermo... pero no de cancer, este payaso está muy jodido de humanidad, así lo ha demostrado una y otra vez con sus acciones. Encerrar a una persona en un zulo y dejarlo ahí metido hasta que reviente o vaciar cargadores por la espalda a guardia civiles son acciones propias de los psicópatas y sin embargo nunca a sido tratado como tal.

 En España y para la inmensa mayoría, es otro de los factores del "conflicto vasco" y si encima se es de izquierdas al camarada Bolinaga hay que darle una salida digna.

 Para Antonio Basagoiti, presidente del PP en Vascongadas, el mierdecilla de Bolinaga puede dar gracias de vivir en una nación donde no se aplica las leyes de ETA (ni ninguna otra añadiría yo) pero yo creo que lo que de verdad deberá agradecer el mierdecilla es vivir en un país donde gobierna el PP, eso si es de agradecer para esta carroña.

 Nos quieren vender la moto de que estaban obligados a dejarlo libre: de que solo están cumpliendo la ley, por mucho que les disguste (a unos mas a otros menos); de que no había otra opción. Pero lo cierto es que podían haberlo dejado reventar hasta el final encerrado.

Así lo hicieron con otros mejores  (1), con verdaderos soldados políticos y los dejaron pudrirse entre rejas, cuando no los asesinaron directamente  (2). Pero ellos eran los malos y Bolinaga es solo un producto del sistema, al que hay que acojer cual hijo prodigo que vuelve al redil.

 Yo no veo ninguna diferencia entre los dos miserables de la foto, ambos solo saben dejar dolor y llanto a su paso, ambos solo merecen mi desprecio.

 

Notas:

 (1) Francisco Albadalejo fue condenado a 63 años por el caso Atocha, murió en la cárcel en 1985 por un cancer, se le negó esa humanidad que hoy Rajoy le concede a Bolinaga.

(2) Rudolf Hess fue asesinado en la carcel de Spandau el 17 de agosto de 1987

 

 

 

Solo añadir un texto impecable aportado desde el blog de la asociación In memoriam Juan Ignacio,

 

VICTIMAS Y VERDUGOS (A la memoria del GC MARIO LEAL)

Las paredes acallan el gemido
de la madre herida que aun respira.
Su hijita yace en el colchón muerta.
¿cuántos se le han echado encima?
¿un pelotón?, ¿una compañía?
La niña se convirtió en mujer.
Y la mujer en cadáver

A. Solzhenitsin, "Noches prusianas".



Anónimo estudiante de las confrontaciones bélicas, jamás me ha interesado en demasía ni el armamento, ni la estrategia; carezco de formación militar fuera de la obligatoria en mi juventud y mi interés por estos temas no va más allá del complemento lógico del observador de batallas.
Lo que de verdad me ha interesado desde que me inicie en esta "afición", ha sido el lado humano. Desde las causas de cada conflicto, hasta las consecuencias, pasando en este recorrido por los protagonistas - directos o indirectos - y por el paisaje tras la batalla.
No sabría precisar, empero, cuál es considerada la primera batalla de la historia, ni siquiera la última.
Pero sí sé, de Perogrullo, que la primera fue con palos y piedras y la última con "misiles inteligentes" capaces de entrar por el tiro de una chimenea del objetivo previamente seleccionado a kilómetros de distancia.
La "guerra inteligente", tiene gracia el contrasentido.
La humanidad ha perfeccionado su forma de matarse a medida que evolucionábamos en educación y cultura y desarrollábamos organismos vigilantes de la "paz mundial".
Pasamos en esta siniestra evolución, del enfrentamiento cara a cara, vertiendo con tus propias manos la sangre de tu enemigo y viendo cómo por tu acción, se le escapaba la vida, a las armas de destrucción masiva.


Como decía al inicio, no entiendo de armamento, pero un poco sí, de víctimas.
Tal vez por ese motivo, no soy ajeno al conocimiento de la única arma que se ha mantenido invariablemente en todos los conflictos a lo largo de la historia. Siempre dispuesta y siempre eficaz. Naturalmente, estoy hablando del arma que el hombre carga entre sus piernas.
La violación ha sido tradicionalmente un arma fundamental en los ejércitos y la prueba es que se ha mantenido con testarudez a lo largo de los siglos.
Ha servido tanto como incentivo a la soldadesca en un asedio, como castigo a los defensores o como último fin de la conquista, degradando y humillando a la parte más débil del territorio conquistado.

Arrancaba con los sobrecogedores versos del nobel de la paz Alexander Solzhenitsin, que supongo escribió tanto para descargar su conciencia, como para llamar la atención ante la barbarie de ese acto. El escritor, a sus 27 años, comandante del Ejército Rojo, fue uno de los primeros en aproximarse a Berlín. Testigo de miles de violaciones y asesinatos, “Y la madre suplica al soldado que la mate“, abominó toda su vida hasta que falleció en 2008, de su incapacidad para detener aquella horda brutal de sangre impulsada por el mismísimo Stalin.
Desde la lujuria de los turcos en las puertas de Bizancio, hasta la guerra de los Balcanes, la agresión sexual ha sido el arma más temida por la población no combatiente y como hemos podido comprobar, ha sido -conscientes de este hecho- impulsada por mandos y dirigentes políticos.

ETA lleva más de medio siglo librando contra los españoles, la más abyecta y cobarde de las guerras.
Lejos de aquellos enfrentamientos entre hombres que citábamos, donde olías a sangre y sudor de tu enemigo, los “gudaris“ son guerrilleros de esquina y disparo a traición. Son la canalla más vil que jamás conoció el noble pueblo Vascongado. Maestros de matanzas indiscriminadas desde el cobijo del control remoto, ratas embozadas que sorprenden en las sombras, delatores raudos cuando son detenidos. Despojos humanos en cualquier sociedad.
Pero eso, ya lo sabíamos.

Recientemente la madre del Guardia Civil asturiano Mario Leal Baquero, asesinado hace 27 años por esta chusma, ha sido invitada por el otrora Benemérito Cuerpo a una exposición de homenaje a las víctimas.
Seria un detalle bonito, si no fuera porque en 27 años nadie se ha acordado de ella. Ni de sus hijos. Ni de nada. Tanto es así, que hasta en el juicio contra el cobarde que asesinó por la espalda a su hijo mayor, nadie se dignó personarse para acompañarla en tan duro trance.
Algo huele mal alrededor del partido que nos gobierna.
Algo que suena a rendición y entreguismo.
Algo fétido planea sobre la sangre de los que murieron en el cumplimiento de su deber o simplemente por ser Españoles de bien.
Algo destila putrefacción y podredumbre cercando a las víctimas de ETA.

 

Algo que recuerda con demasiada crudeza aquella arma poderosa de los vencedores sobre los vencidos: la humillación, la ignominia, el asco, la vergüenza.
Si el Partido Popular confirma ser el cobarde que ejecute la violación de las víctimas, habrá que señalarlo para siempre y sin perdón, culpable de alta traición y como tal, tratados.
JUAN ANTONIO LÓPEZ LARREA
 
 

 

A la una y cuarto de la madrugada del viernes 6 de diciembre de 1985 la banda terrorista ETA asesinaba en Mondragón (Guipúzcoa) al guardia civil MARIO MANUEL LEAL BAQUERO. El agente se encontraba en el interior de su vehículo, vestido de paisano, en el aparcamiento de la vieja estación de Renfe de Mondragón, cuando tres miembros del grupo Txantxagorri de ETA lo vieron y decidieron, sobre la marcha, asesinarlo. Los pistoleros, que iban encapuchados, acribillaron a Mario a muy corta distancia con armas automáticas, según agentes de la Ertzaintza, cuyo puesto local estaba a escasos doscientos metros del lugar del atentado. El guardia civil recibió media docena de impactos de bala y falleció en el acto. En el lugar de los hechos se recogieron siete casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN del año 1979.
Los dos pistoleros de la banda huyeron en dirección a Vitoria en un Renault 5 de color verde en el que les esperaba un tercer terrorista. Nada más conocerse la noticia, efectivos de la Guardia Civil montaron controles en los alrededores de Mondragón.
A las dos de la madrugada el cuerpo del guardia civil continuaba todavía en el interior del vehículo en el que fue ametrallado, a la espera de que el juez procediera al levantamiento del cadáver. A primera hora de la mañana del 6 de diciembre quedó instalada la capilla ardiente en el cuartel de la Guardia Civil de Arechavaleta. A las cinco de la tarde el féretro con los restos mortales de Mario cubierto con la bandera de España fue llevado a la Iglesia de la Asunción de la localidad guipuzcoana, donde se celebró el funeral. Al mismo asistieron el director general de la Guardia Civil, general Sáenz de Santamaría, y el delegado del Gobierno, Ramón Jáuregui, además de otras autoridades civiles y militares, mandos de la Policía y representantes de partidos políticos.
La indiferencia y el despreciocon el que los vecinos de Arechavaleta presenciaron las honras fúnebres por el guardia civil asesinado escasas horas antes fueron descritos por Ramón Jáuregui en su libro El país que yo quiero. Memoria y ambición de Euskadi (Planeta, 1994):

"Entramos en la iglesia y estamos solos. Delante, los guardias compañeros, las autoridades, el alcalde y la familia; los bancos, detrás, virtualmente vacíos. Al salir y ver el cuadro se me pasó por la cabeza una escena de la película La muerte de Mikel. Todo el pueblo de Aretxabaleta asistía al espectáculo desde la plaza, impasibles, como si con ellos no fuera la cosa; incapaces de sentir sencillamente pena por el dolor que desfilaba delante, que expresaban los familiares (...). Arriba, en un balcón sobre la plaza, algunas risas, en chirigota hacia el ceremonial, mientras la procesión se ponía en marcha (citado por Alonso, R., Florencio Domínguez, F., y García Rey, M. Vidas Rotas, Espasa 2010, pág. 549)."

Los autores del asesinato de Mario Leal fueron los mismos que mantuvieron secuestrado a José Antonio Ortega Lara en Mondragón durante 532 días. Una de las pistolas que se incautó en el zulo donde mantuvieron al funcionario de prisiones fue utilizada en el asesinato del guardia civil. En marzo de 2000 la Audiencia Nacional condenó como autores del asesinato de Leal Baquero a José Miguel Gaztelu Ochandorena, José Luis Erostegui Bidaguren y Jesús María Uribetxeberria Bolinaga a sendas penas de 33 años de cárcel por el asesinato del guardia civil.

Mario Manuel Leal Baquero tenía 29 años. Era natural de Avilés (Asturias), estaba destinado en el cuartel de Arechavaleta desde dos años antes de ser asesinado, y estaba pendiente de ser trasladado a Asturias. Estaba casadoy tenía una niña, Beatriz.
Uno de sus asesinos, Uribetxeberria Bolinaga, actualmente se encuentra en la lista de reinsertables por el PP por presunta enfermedad.

Ruhe in Frieden Kamerad, immer in unsere Herzen!

Ruhe in Frieden Kamerad, immer in unsere Herzen!

Ante la infamia Descansa en paz camarada, ¡Siempre en nuestros corazones!

Compagnia Dell'Anello: Concerto del ventennale (1997)

 

Concierto completo, Lórien Productions

Massimo Morsello: Scusate... ma non posso venire (1996)

 

Concierto íntegro, Trifase/Rupe Tarpea Productions

Amici Del Vento: Le più belle canzoni ... (1993)

 

Concierto íntegro, Excalibur Productions.

Cita obligada: Otoño en Madrid 2012

Cita obligada: Otoño en Madrid 2012