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La memoria de la Otra Europa

Gustavo Morales: Falangistas contra Franco, los azules fusilados en 1942

Gustavo Morales: Falangistas contra Franco, los azules fusilados en 1942

El año en que los camisas azules cayeron en el paredón de los nacionales, a la par que el Estado seguía usando el acompañamiento coreográfico nacionalsindicalista

Finalizada la Guerra Civil, en plena Segunda Guerra Mundial, en distintos puntos de España se sucedieron los incidentes. Algunos falangistas manifestaron abiertamente su rebeldía ante un régimen que no consideraban el suyo; algunos de ellos acabaron frente a un pelotón de fusilamiento de los nacionales, sus camaradas de armas. El fracaso de la última experiencia azul de entonces desde dentro del sistema, los sindicatos de Gerardo Salvador Merino, llevó a algunos falangistas a instalarse en la clandestinidad y la acción subversiva.

Hay casos llamativos por el apellido. Marciano y Pedro Durruti, hermanos de Buenaventura, el líder anarquista asesinado el 20 de noviembre de 1936, eran falangistas. Pedro había sido miembro del grupo anarquista leonés Paz y Amor en septiembre de 1932. Cayó en las sacas republicanas. El caso más interesante es el de Marciano, quien ingresó en Falange en febrero de 1936, avalado por José Antonio Primo de Rivera, y el 1 de abril le entregaron el carnet número 1.501 de FE de las JONS. Su hermana Rosa Durruti le bordó el yugo y las flechas. Marciano realizó gestiones para un encuentro entre Buenaventura Durruti, líder de la Federación Anarquista Ibérica, y Primo de Rivera. Marciano a punto «estuvo de ser estrangulado por su propio hermano cuando le llegó con la embajada» (Garcival 2007). Sí hubo un encuentro con Ángel Pestaña el 3 de mayo de 1935. A la reunión con el líder sindicalista asistieron José Antonio y Diego Abad de Santillán. La reunión la facilitó la amistad existente entre el líder sindical, Marciano Durruti y el falangista Lluys Santa Marina, inventor de la camisa azul. Pestaña se había separado del anarquismo con el Manifiesto de los Treinta y criticó frontalmente a Moscú, donde estuvo como delegado en una reunión de la Internacional: «Pueblos encaminados a la libertad no darán nunca déspotas».

Marciano tuvo aún peor suerte con las derechas. En 1937 fue detenido por los nacionales y encerrado en el penal leonés de San Marcos, donde ya estuvo Quevedo. Más tarde, el grafista Siro habló de él: «Me metieron en la cárcel con Durruti. A él lo fusilaron. Me dijeron: a usted le toca mañana. Les propuse que mejor montábamos un periódico. Me sacaron de la cárcel y creamos Proa. Lo hice yo. No había visto una linotipia, pero la necesidad crea el órgano. Hasta que apareció uno que me denunció por rojo. Yo era sindicalista».{1} «Según el sumario del consejo de guerra celebrado contra él entre el 21 y el 22 de agosto de 1937, Marciano Durruti iba proclamando con absoluto descaro, en público y en privado, ideas corrosivas como... la subordinación del Ejército a la Falange»{2}. Fue el sumario 405/37:

«RESULTANDO que Marciano Pedro Durruti Domingo, vecino de León, que fue elemento de confianza de la organización anarquista y por ello y su participación en una huelga ilegal encarcelado en 11 de diciembre de 1933 y que en 10 de octubre de 1934 estuvo detenido a disposición del Comandante Militar de esta Plaza por considerársele como directivo y complicado en el movimiento sedicioso de aquellos días y ser elemento muy significado de la FAI, ingresó posteriormente en Falange Española de Madrid. La suposición de que fue a esta última organización con el propósito único de servir de enlace con la de su procedencia y al servicio de ésta, aparece robustecida con la desaparición del fichero puesto bajo su custodia y que según rumor insistente fue a parar a la Dirección General de Seguridad y del cual se tomaron los datos para practicar detenciones y fusilar ya iniciado el Movimiento a un buen número de afiliados a la JONS de Madrid, y probada plenamente con su conducta posterior.
RESULTANDO que iniciado el Movimiento Nacional apareció de nuevo en León procedente de zona roja y de nuevo consiguió ser admitido en Falange captándose la confianza de los Jefes, y abusando de ella y firme en sus ideas arraigadas de marxista, no desperdició ocasión de difundirlas buscando desmoralizar y escindir la apretada y compacta retaguardia Nacional; y así, el día 4 del corriente mes y sobre las veintitrés o las veinticuatro horas se presentó en el domicilio del Alcalde de Armunia Don Lucio Manga Rodríguez en unión de otros individuos y en presencia del Alcalde citado y otros dos vecinos del pueblo hizo las manifestaciones de que él sabía que en aquella localidad se había notado entre el vecindario cierto malestar con ocasión de celebrarse el aniversario del Movimiento Nacional atribuyéndolo a que el pueblo indicado en su mayoría era contrario a aquél. Que había que trabajar y llevar a Falange el mayor número de personas, importando poco que fueran socialistas o comunistas, puesto que el objeto era crear un partido fuerte para en su día hacerse dueños del poder y que todos los mandos fueran falangistas, ya que el Ejército, en el que había demasiadas estrellas, quería mangonear, siendo así que el saludo debía hacerlo el Ejército a Falange. Que la campaña debía comenzar con el desprestigio de la Guardia Civil poniendo en circulación la especie de que en los primeros días del Movimi= ento había cometido asesinatos, abandonando en el monte los cadáveres de sus víctimas. Añadió, para mejor convencer a sus oyentes, que contaban con los Guardias de Asalto y estaba preparado en Valladolid el personal designado para ocupar los cargos y que era necesario realizar estos planes antes de terminar la guerra, siendo preferible morir en la retaguardia que morir en el frente, conceptos que repitió el día 14 del corriente mes en el Café Central, en presencia de varios individuos...
FALLAMOS que debemos condenar y condenamos a Marciano Pedro Durruti Domingo como autor responsable de un delito de adhesión a la rebelión con circunstancias agravantes, a la pena de MUERTE.»

Marciano Durruti, con 26 años de edad, «bajo y fuerte como un legionario romano», fue fusilado por un pelotón vestido de azul en El Ferral de Bernesga, León, a las seis de la tarde del 22 de agosto de 1937. La acusación real era participar en la conspiración hedillista. La derecha hizo correr el rumor de que era «un atracador como su hermano Buenaventura».

Marciano fue asesinado en zona nacional, de nada le sirvió el carnet falangista ni el apellido. Acaso fueron agravantes en León. Muchos pensaron que su ingreso en Falange se había producido para salvar la vida, como ocurrió en otros casos y que dio origen a la expresión «failangista». Marciano coincidió con José Antonio en la cárcel Modelo de Madrid. Pero mientras el líder falangista era trasladado a Alicante, Marciano Durruti fue liberado gracias a gestiones de su madre que usó la fuerza del apellido probablemente ante la CNT-FAI. En cuanto pudo, Marciano se pasó a zona nacional pero cometió el error de volver a León donde era conocido por sus andanzas anteriores, de carácter anarcosindicalista.

Narciso Perales se refiere al fusilamiento: «Yo, también como tú soñé toda mi vida con la revolución. Pero es obvio que no con la de Buenaventura Durruti, sino con la de José Antonio, con la que también soñaron Pedro Durruti, falangista antiguo, fusilado en Barcelona [sic], al comenzar la guerra, y Marcelo [sic] Durruti, fusilado en León por los enemigos de la Falange, poco después de su incorporación a ella. Estoy seguro de que la muerte brutal de sus dos hermanos fue para él [Buenaventura] –que era ante todo un hombre bueno– un terrible dolor que sólo pudo mitigar en el fragor de la lucha» (de Guzmán 1977).

Otras fuentes{3}, como Perales y Siro, hablan de otro hermano falangista, Pedro Durruti:

«El día 22 de agosto se produce un asalto de milicianos republicanos a la Cárcel Modelo de Madrid con la liberación de presos comunes y el asesinato de numerosos políticos de derechas o falangistas, como Melquíades Alvarez, José María Albiñana Sanz, Fernando Primo de Rivera, Pedro Durruti (falangista y hermano de Buenaventura Durruti), el general Osvaldo Capaz Montes (el general Capaz fue quien tomó posesión del territorio de Ifni para España), el aviador falangista del vuelo Plus Ultra Ruiz de Alda, los ex ministros y diputados José Martínez de Velasco, Manuel Rico Avello y Ramón Álvarez Valdés, el ex comunista y actual falangista Enrique Matorras y el militar José Fanjul Sedeño, entre otros. Fue efectuado por la checa oficial de Fomento [...] con la ayuda de milicianos de la checa del Cine Europa. Comenzó como un registro el día 21 y la matanza continuó el día 23. Se buscó como excusa un incendio que fue provocado por presos comunes [...]. Ante los incidentes acudieron a la prisión el director general de Seguridad y prisiones, Manuel Muñoz, y el ministro de Gobernación, general Sebastián Pozas, que no tomaron ninguna medida [...]. Los bomberos apagaron el fuego, los milicianos dejaron en libertad a los presos comunes, hicieron salir a los funcionarios de prisiones y comenzó la matanza [...] continuó con las grandes sacas de noviembre (principalmente Paracuellos del Jarama)»{4} «Pedro Durruti cayó en las sacas republicanas de las cárceles de Madrid en 1936» (Cervera Gil).

El falangista J. Pérez de Cabo, autor del libro Arriba España, prologado por José Antonio Primo de Rivera en agosto de 1935{5}, es fusilado por un pelotón del Ejército en Valencia, en 1942. No fue el único. Pérez de Cabo fue el primero en escribir un libro sobre Falange. De él dice Primo de Rivera:

«Cierta mañana se me presentó en casa un hombre a quien no conocía: era Pérez de Cabo, el autor de las páginas que siguen a este prólogo. Sin más ni más me reveló que había escrito un libro sobre la Falange. Resultaba tan insólito el hecho de que alguien se aplicara a contemplar el fenómeno de la Falange hasta el punto de dedicarle un libro, que le pedí prestadas unas cuartillas y me las leí de un tirón, robando minutos al ajetreo. Las cuartillas estaban llenas de brío y no escasas de errores. Pérez de Cabo, en parte, quizá –no en vano es español–, porque estuviera seguro de haber acertado sin necesidad de texto alguno, veía a la Falange con bastante deformidad. Pero aquellas páginas estaban escritas con buen pulso. Su autor era capaz de hacer cosas mejores. Y en esta creencia tuve con él tan largos coloquios, que en las dos refundiciones a que sometió su libro lo transformó por entero. Pérez de Cabo, contra lo que hubiera podido hacer sospechar una impresión primera, tiene la virtud rara entre nosotros: la de saber escuchar y leer. Con las lecturas que le suministré y con los diálogos que sostuvimos, hay páginas de la obra que sigue que yo suscribiría con sus comas. Otras, en cambio, adolecen de alguna imprecisión, y la obra entera tiene lagunas doctrinales que hubiera llenado una redacción menos impaciente. Pero el autor se sentía aguijoneado por dar su libro a la estampa, y ni yo me sentía con autoridad para reprimir su vehemencia, ni en el fondo, renunciaba al gusto de ver tratada a la Falange como objeto de consideración intelectual, en apretadas páginas de letras de molde. El propio Pérez de Cabo hará nuevas salidas con mejores pertrechos, pero los que llevamos dos años en este afán agridulce de la Falange le agradecemos de por vida que se haya acercado a nosotros trayendo, como los niños un pan, un libro bajo el brazo»{6}.

El falangista Pérez de Cabo era un teórico en ciernes del nacionalsindicalismo. Francisco Blanco da cuenta de los proyectos que presenta ante secretario general de Falange Española:

«En uno de los informes emitidos por el falangista Juan Pérez de Cabo para el Secretario General Fernández-Cuesta, se calificaba a Méjico de ‘el pueblo mejor preparado para nuestra Revolución’. Ilusionado de un pueblo mestizo que ‘admiran al héroe por instinto, porque descienden de dos pueblos heroicos’ y además ‘[…] les seduce la gesta heroica de la España nacional’. Pérez de Cabo, conocedor de las colonias españolas americanas pensaba que la revolución falangista era fácilmente exportable a aquel país. Llegó incluso a esbozar un plan de ‘nueva conquista de Méjico’, a partir de la toma de los sindicatos CROM (Confederación Regional Obrera Mejicana) –de carácter nacional y sindical– y de la FROC (Federación Regional Obrera Comunista) a la que apuntilla Pérez de Cabo ‘cree ser comunista. Pero no lo es’. El terreno lo suponía abonado este teórico del falangismo: Ejército favorable, veteranos de la revolución también y una colonia española simpatizante con el movimiento español rebelde aunque ‘Ninguno tiene la menor idea de nuestra doctrina’. Planes, en donde la impresión de aventurerismo no queda ausente, pero que revelan a un profundo conocedor y sobre todo a un activista de gran originalidad. Análisis en los que esperaba hasta la comprensión y apoyo yanqui en el movimiento obrero–militar que se conseguiría y en donde llegaba a ver al Presidente Roosevelt casi como un aliado (‘[…] pues Roosevelt es, quizás sin sospecharlo, un pretotalitarista’). Estas ideas cuanto menos sorprenden porque muestran una realidad diferente a la que hemos tenido sobre aquel país. La utopía creadora y revolucionaria de Pérez de Cabo no iba a llegar en absoluto. Pero junto a ese hiperoptimismo que más parece fruto de la euforia romántico-revolucionaria, se observa una visión ‘diferente’, tanto en cuanto a las pretensiones del autor del Arriba España como a la que tradicionalmente se mantiene sobre Méjico. La nación que no reconoció nunca al Régimen de Franco, que propuso su condena internacional, que fue lugar predilecto del exilio republicano, resultó también ser uno de los espacios donde la Falange se movió con mayor intensidad. En 1939 el Sinaia, el Ipanema y el Mexique llevaban a Méjico tres barcos cargados con exilados y a cargo de la SERE. Ese mismo año y al terminar la guerra civil española, el responsable falangista Alejandro Villanueva, experto conocedor de las Falanges de América, llegaba a hablar de un 95% de la colonia ‘simpatizantes de nuestra España’».{7}

Pérez de Cabo trabajaba en ‘Auxilio Social’ de Valencia cuando le acusaron de apoderarse de fondos. Dicen que vendió en el mercado negro unas partidas de trigo para obtener financiación para la Falange clandestina en 1942. Había estado en diciembre de 1939 en la fundación de Falange Auténtica en la casa madrileña del coronel Emilio Rodríguez Tarduchy, jefe de Provincias de la Falange originaria, que había sido miembro de la Unión Patriótica del general Primo de Rivera y de la Unión Militar Española. La primera Junta de Mando quedó formada por el presidente, el propio Rodríguez Tarduchy; el secretario, el periodista González de Canales; y los vocales Daniel Buhigas, ex jefe de Falange de Villagarcía y anterior miembro de la Vicesecretaría de Acción Popular; Ricardo Sanz, de Asturias; Ventura López Coterilla, de Santander; Luis de Caralt, de Barcelona; José Antonio Pérez de Cabo, de Levante; Gregorio Ortega Gil, de Canarias, y Ramón Cazañas, nombrado jefe de Melilla por José Antonio y quien intentó canjearle por familiares del general Miaja. González de Canales pidió a Pérez de Cabo que resolviera el problema de financiación. La solución le costó la vida.

Armando Romero indica que fue el general Varela, deseoso de acabar con la «insolencia falangista» quien descubrió la acción de Pérez de Cabo y forzó su juicio y su condena a muerte. En la misma página de un periódico que anuncia su ejecución, se publica la concesión de una medalla al valor por su heroísmo en la guerra. Pérez de Cabo buscaba dinero para la Junta Política clandestina. «Debe tratarse de uno de los pocos casos en que una infracción administrativa se saldaba con la pena capital»{8}. En la pugna entre militares y falangistas, éstos pagaban con la muerte. En 1942 Narciso Perales y Patricio González de Canales vuelven a ser detenidos. Otros falangistas lo pasarán peor.

El 16 de agosto de ese año en el Santuario de Nuestra Señora de Begoña de Bilbao el bilaureado general Varela asiste a Misa en sufragio por las almas de los requetés muertos del Tercio Nuestra Señora de Begoña en la Guerra Civil. Los hombres con boinas rojas son centenares. Después de la misa, los carlistas se reunieron fuera de la iglesia coreando consignas monárquicas y cantando estribillos antifalangistas, se oían gritos de «¡Viva el Rey!», «¡Viva Fal Conde!», «¡Abajo el Socialismo de Estado!», «¡Abajo la Falange!», e incluso dijeron haber oído los falangistas «¡Abajo Franco!». Tres falangistas bilbaínos paseaban con sus novias por las inmediaciones. Berastegui, Calleja y Mortón. Ante la algarabía tradicionalista, gritan «¡Viva la Falange!», y «¡Arriba España!», lo que los carlistas tuvieron por provocación, enzarzándose en una ensalada de golpes. Pasaron por la zona otros cinco falangistas, que acudían a Archanda, para ir después a Irún, a recibir a algunos repatriados de la División Azul. Eran Jorge Hernández Bravo, Luis Lorenzo Salgado, Virgilio Hernández Rivaduya, Juan José Domínguez, Roberto Balero y Mariano Sánchez Covisa. Al pasar por Begoña, apercibidos de la paliza que les daban los carlistas a sus camaradas, por inferioridad numérica, ante los gritos de las novias, acudieron en su ayuda. Juan José Domínguez dispersó a los carlistas tirando dos granadas. Los falangistas fueron a denunciar los hechos en la comisaría de Policía. Y los carlistas hicieron lo mismo, cargando la mano, al acusar a los falangistas de «ataque al Ejército», por la presencia de Varela, quien, en el vestíbulo del hotel Carlton de Bilbao prometió: «Se hará justicia. Yo me encargo de ello».

En el juicio se tuvo en cuenta el hecho de que los veteranos falangistas estuvieran presentes allí y de que llevasen armas, incluidas granadas de mano, «indicaba su intención premeditada de provocar disturbios»{9}. Uno de ellos, Juan Domínguez, inspector nacional del SEU, lanzó una granada que no explotó y, a continuación, otra que explosionó e hirió a varios de los presentes. Alfredo Amestoy cifra el resultado en «70 heridos leves, carlistas en su mayoría. El general Varela, presente, se adjudicó sin razón ser él el objetivo del supuesto atentado». «Los falangistas Domínguez y Calleja, que han sido detenidos, son dos ex divisionarios que han ido expresamente a cazarle (…) Varela habla con varios colegas de armas que están en sintonía y extraen la conclusión de que el momento es oportunísimo para asestar el golpe de gracia a la Falange» (Palacios 1999: 387) Varela aprovechó el incidente como una oportunidad para acusar a la Falange en general y a Serrano Suñer en particular. Explicó el caso como un ataque falangista contra el Ejército, envió a tal efecto un comunicado a los capitanes generales de toda España, sin consultar con Franco. Varela y otros generales exigían una compensación inmediata, hasta el punto de que la conversación grabada entre Varela y Franco fue tan exaltada que sobrepasó los límites de las buenas maneras. En ella Varela acusa a Franco de no gritar nunca «Viva España» a lo que el Generalísimo le contesta: «Porque doy el ‘Arriba España’ (…) es un grito más dinámico (…) mientras que el ‘Viva España’ es un grito decadente».{10}

Los carlistas agrandaron las cifras a 117 heridos, tres de ellos graves, 25 con pronóstico reservado y cuatro de ellos muy graves de los que, más tarde, murieron tres a consecuencia de las heridas recibidas: Francisco Martínez Priegue, Roberto Mota Aranaga y Juan Ortuzar Arriaga.

El general Castejón, al que Varela presenta como camisa vieja lo que niega el propio Franco, presidió el consejo de guerra y firmó la sentencia el 24 de agosto. El resultado fue la condena de los falangistas Hernando Calleja, subjefe provincial de FET de Valladolid; Juan Domínguez, inspector nacional del SEU; Hernández Rivadulla, periodista, y Mariano Sánchez Covisa, excombatiente de la División Azul. Dos de ellos fueron condenados a muerte, el vieja guardia de Valladolid Hernando Calleja Calleja y Juan José Domínguez. Calleja salvó la vida por ser caballero mutilado de guerra.

Los esfuerzos llevados a cabo por figuras relevantes de la Falange, como Narciso Perales, Miguel Primo de Rivera, Girón, Valdes, Guitarte, Ridruejo, Tovar e incluso por el führer Hitler, que concedió a Domínguez una prestigiosa condecoración alemana, no sirvieron para salvar la vida del falangista, al que se llegó a difamar como espía de Inglaterra. De nada le valió a Domínguez su calidad de ‘vieja guardia’, muy activo en la creación del falangismo andaluz. «En Sevilla, Narciso Perales y Juan Domínguez ponían a punto una sección local, integrada por una treintena de estudiantes, que se revelaría enseguida de las más activas de la naciente Falange»{11}. Tampoco le tuvieron en cuenta los servicios prestados en ocasiones señaladas, antes de la guerra, como el tiroteo de Aznalcóllar, donde Narciso Perales y él habían arrebatado la bandera enemiga en el ayuntamiento de Aznalcóllar, rescatando a la par a varios camaradas, en medio de una refriega de tiros del 9 largo. Durante la guerra, Domínguez pasó repetidas veces de una zona a otra en la Guerra Civil, en misiones de información{12}.

El 20 de agosto de 1942 Franco presidió una concentración falangista en Vigo. En ella habló de peleas mezquinas, de torpes luchas entre hermanos y se refirió a que en España intentan retoñar pasiones y miserias. Tres días después en La Coruña, el mismo Franco se pregunta: «Camaradas del Ejército y de la Falange, ¿habrá diferencias que puedan desunirnos?». Evidentemente las había{13}. Los militares tenían a uno de los suyos en el poder y no lo querían compartir; los falangistas habían sido la vanguardia en la lucha contra la sangrienta república y ponían la forma que vestía al nuevo Estado y algunos creían que también aportaban parte de la esencia.

Serrano Suñer cuenta que le dijo a Franco: «Desde luego es intolerable que la intervención irresponsable de media docena de falangistas en una concentración en la que se grita ‘¡Viva el rey!’ y hasta –creo– algún ‘¡Muera Franco!’, se presente como una pugna entre la Falange y el Ejército [...] A ese chico no se le puede matar. Ya sé que por mucho que allí se gritara a favor del rey, eso no le autoriza a tirar una bomba. Pero no ha habido muertos, él no es más que un alocado idealista, y lo hizo además porque creía que iban a matar a un compañero. Hay que castigarlo, sin duda, pero el castigo no puede ser la muerte». Lo fue.

Cuando el obispo de Madrid le pidió al Caudillo clemencia para Juan José Domínguez, Franco le contestó enigmático que tendría que condecorarlo pero ha de ejecutarle.

El 1 de septiembre de 1942 Domínguez fue fusilado. Cuando ya estaba en capilla le permitieron coger a su hija Mari Celi, que a los cuatro meses era tan pequeña que pudo pasar entre dos barrotes de la celda. Alentó Juan José a su viuda, una gallegoleonesa del pueblo de Cacabelos, y le comunicó que seguía firme en su fe y moriría brazo en alto.

«Cuando fue colocado ante el piquete de ejecución, en el verano del 42, Juan José Domínguez cantaba el Cara al sol [...]. Fue el mismo día que Hitler concedía al ‘mártir’, acusado en España de ser espía británico, la Cruz de la Orden del Águila Alemana»{14}. Acaso sea un factor más que impulsó al general Varela a exigir dureza. El militar, que llegó de soldado a capitán general, era más carlista y anglófilo tras su matrimonio con la tradicionalista millonaria vasca Casilda Ampuero.

La Falange de Bilbao –más mujeres que hombres, como ha contado la viuda de Juan José Domínguez– se hizo cargo del cadáver del falangista, estuvo allí enterrado hasta que la familia lo llevó a una sepultura propia, en el cementerio del pueblo madrileño de Galapagar.

Serrano Suñer lo explicaba así poco antes de morir: «Lo de Begoña fue un suceso lamentable, pero no hubo ni fuerza ni unión ni para salvar a Domínguez ni para mantener el poder. En aquel momento vivíamos con un dinamismo trepidante, pero Franco, en seguida, se dio cuenta de que esos falangistas que parecían tan intransigentes, los Arrese, los Fernández-Cuesta, los Girón, venían a comer de la mano. Y ése fue el principio del fin. El gran amigo de todas las horas, Dionisio Ridruejo, dimitió de todos sus cargos el 29 de agosto y lo mismo hizo Narciso Perales, Palma de Plata y el tercer hombre en el mando de la Falange después de José Antonio y Hedilla. Fue por eso por lo que yo propuse que la Falange fuera ‘dignamente licenciada’» (Amestoy 2002).

Celia Martínez, la viuda de Domínguez, reconoce: «Narciso Perales se movió lo indecible, pero con su dimisión el día 29, por la pena de muerte a mi marido, ya no tuvo influencias. Incluso fue confinado». En 1942, siendo gobernador civil de León, Perales dimite y es desterrado durante más de un año en el Campo de Gibraltar. Desde allí maniobra para espiar la base británica de Gibraltar y analiza la posibilidad de volar el polvorín. La rebeldía contra Franco y la exigencia de llevar a cabo el proyecto nacionalsindicalista tenía aliados evidentes y no entre los anglosajones. Hicieron planes audaces y limitados dada su capacidad. Como dijimos, en 1943 Perales intervino en sabotajes en Gibraltar que costaron la vida de dos jóvenes españoles de 23 y de 19 años como vimos en el epígrafe anterior «División Azul».

La bomba de Begoña se politizó íntegramente. Por un lado estaban los que rodeaban a Franco, en especial Arrese, que pensaban que había que castigar al camisa vieja para complacer al Ejército. Por otro, la gente de Girón, entonces y siempre el rebelde Narciso Perales. Algunos jefes del carlismo franquista y del falangismo militante, como protesta, abandonan las filas de FET y de las JONS.

Hay otros casos de falangistas muertos en la inmediata postguerra. Son casos de lenta investigación. «José Fernández Fernández, Vieja Guardia de la Falange, Medalla Militar Individual, asesinado el 28 de agosto de 1942, contra las tapias del cementerio de Alía, junto con sus padres y otros vecinos de las localidades de La Calera y Alía (Extremadura), por cuestionar la autoridad del entonces teniente coronel de la Guardia Civil, Manuel Gómez Cantos, al intentar evitar que fusilara a toda aquella gente».{15} Estos casos evidencian que los roces fueron muchos. De forma especial cuando los falangistas empezaron a comprender que las promesas postbélicas de un Estado nacionalsindicalista eran como la definición del horizonte: una línea imaginaria que a medida que uno se acerca, se va alejando. El poder lo detentaban quienes tenían las armas y Franco sobre todos.

«La desradicalización que estaba llevando a cabo [José Luís] Arrese entre las bases de la Falange era un proceso lento y progresivo que necesitaría algunos años para completarse. Mientras tanto, seguía creciendo el resentimiento de los oficiales hacia los falangistas en general y Serrano en particular. Algunos de los generales más abiertos le exigieron personalmente a Franco que echara a su cuñado del Gobierno. Los falangistas radicales mantuvieron reuniones subversivas con los oficiales del Partido Nazi, mientras generales destacados comentaban entre ellos sobre la necesidad de llevar a cabo cambios básicos en el Gobierno español. El General Antonio Aranda, el mayor entrometido de la comandancia, alardeaba con los diplomáticos británicos –de quienes, al parecer, recibió enormes sobornos– de ser el líder de una ‘junta de generales que planeaba derrocar a Franco’, aunque no hay duda de que era una exageración»{16}.

Para Franco los falangistas seguían comportándose como niñatos a quienes gustaban las broncas y las bravuconadas. Así se lo expresará con desprecio el Caudillo a su médico personal: «Vicente, los falangistas, en definitiva, sois unos chulos de algarada»{17}. Para Franco todas estas algaradas azules no harían sino deteriorar más el prestigio de España en el exterior. A principios de ese mes, Franco había desencadenado la crisis ministerial. El 2 de septiembre de 1942, siguiendo la táctica fernandina de ‘golpe al burro negro y golpe a burro blanco’, el Caudillo había cesado a Valera en el Ministerio del Ejército, a Galarza en Gobernación y a Serrano en Asuntos Exteriores{18}. Franco eliminaba las presencias más molestas cuando era necesario acercarse a los Aliados y también se deshacía de las espigas más altas de su Gobierno, oyendo los tañidos de la campana de Huesca. En el caso de Serrano también pesó su adulterio abierto y fructífero. Varela como ministro del Ejército y Galarza de Gobernación habían manifestado excesiva independencia en una dictadura cuando tras el incidente de Begoña despacharon mensajes a los capitanes generales y gobernadores civiles de toda España sin consultar con Franco.

Por el referido fusilamiento, como quedó dicho, dimitieron los falangistas Narciso Perales y Dionisio Ridruejo. Éste había escrito al comprender la diferencia entre el partido real y la promesa azul: «La Falange (…) no es ni siquiera una fuerza. Está dispersa, decaída, desarmada, articulada como una masa borreguil (…) De la ‘Falange esencial’ no me voy»{19}. Franco quiso dar satisfacción a los camisas viejas, comprendía que el fusilamiento había sido necesario para calmar a sus compañeros de armas pero se estaba produciendo un terremoto en el partido único. Nombró a Blas Pérez González, amigo de José Antonio Girón, para sustituir a Galarza en las responsabilidades de interior. «El elegido para Gobernación no se quitaba el uniforme de Falange ni para dormir y era amigo de Girón» (Merino 2004). Blas Pérez González había sido catedrático de Derecho en la Universidad de Barcelona y era comandante del Cuerpo Jurídico Militar. «Varela era más difícil de sustituir y Franco terminó por poner en su puesto al general Carlos Asensio, que era proalemán, pero muy leal y eficaz»{20}. Por consejo de Carrero Blanco, para evitar la imagen de una crisis con vencedores y vencidos, también fue destituido Serrano Suñer el dos de septiembre de 1942, que dejó de ser ministro de Asuntos Exteriores y presidente de la Junta Política de FET.

Los sinsabores de los falangistas no habían acabado ese año. Rafael García Serrano, voluntario falangista navarro, ganó el premio nacional de literatura ‘José Antonio Primo de Rivera’ con su novela La fiel infantería, sobre la vida en los frentes. A pesar del galardón recibido su obra fue censurada por el clero. Fue editada, casi completa, en 1964, unos 22 años después.

Aunque no quedan huellas aparentes en los periódicos de la época de las actuaciones falangistas rebeldes, sí las hay en los expedientes gubernativos. «La existencia de rebeldes falangistas en torno a una ‘Falange Auténtica’ queda demostrada por los intentos de reprimirla desde el Ministerio de Gobernación. En 1943, el antifalangista Galarza cursaba al Ministro Secretario General un escrito en el que se interesaba por las relaciones entre miembros de una denominada ‘Falange Auténtica’ y la Secretaría General del Movimiento, ya que se iba a proceder contra aquéllos».{21} La represión no fue multitudinaria. Los reclusos falangistas fueron concentrados en la prisión de Alfaro, en Logroño. Los militantes detenidos en otras cárceles estaban acusados de delitos comunes, como fue el caso de Pérez de Cabo.

No sería el único año de la represión contra los falangistas revolucionarios, que Franco había iniciado en 1937, pero sí fue el año en que los camisas azules cayeron en el paredón de los nacionales, a la par que el Estado seguía usando el acompañamiento coreográfico nacionalsindicalista.

Notas

{1} Entrevista a Siro de Verónica Viñas, en:
www.diariodeleon.es /reportajes/noticia.jsp?CAT=3D345&TEXTO=3D4306775].

{2} Gonzalo Garcival, «El hermano falangista de Durruti», Crónica El Mundo, 1º abril 2007.

{3} foros.diariovasco.com/foroshist/read.php?v=3Dt&f=3D2&i=3D90346&t=3D90346

{4} Testimonios perso.wanadoo.es/jorgegroj/testimonios.htm

{5} José Antonio Primo de Rivera, Obras Completas
www.rumbos.net/ocja/jaoc0137.html

{6} José Antonio Primo de Rivera, Obras Completas, pag. 648/649, www.plataforma2003.org/diccionario-falange/diccionario_p.htm.

{7} Francisco Blanco, ‘La proyección de la Falange en México’, El Rastro de la Historia, nº 11. [www.rumbos.net/rastroria/rastroria11/lindo_querido.htm].

{8} Francisco Blanco, «Hacia una historia del FES», El Rastro de la Historia, nº 14. [www.rumbos.net/rastroria/rastroria04/Historia_FES_III.htm].

{9} Diccionario falangista
www.plataforma2003.org/diccionario-falange/diccionario_b.htm#begoña,atentado

{10} La conversación está recogida por Laureano López Rodó en el anexo de La larga marcha hacia la monarquía. Aparece extractada en La España totalitaria de Jesús Palacios.

{11} Julio Gil Pecharroman, José Antonio Primo de Rivera, retrato de un visionario, Temas de Hoy, Madrid 1996, página 179.

{12} ‘Juan-José Domínguez: falangista fusilado por Franco’, El Rastro de la Historia, nº 12 [www.rumbos.net/rastroria/rastroria12/dominguez_.htm].

{13} Laureano López Rodó, La larga marcha hacia la monarquía, Plaza & Janés, Barcelona 1979, pág. 31

{14} Alfredo Amestoy, ‘El falangista que fusiló Franco’, El Mundo (1/09/2002) [www.el–mundo.es/cronica/2002/359/1030952812.html].

{15} El ave fénix maldita [www.falange-autentica.org/article.php?sid=3D299].

{16} Stanley G. Payne, ‘Tensión política interna. España época: primer franquismo 1942 Franco y la Segunda Guerra Mundial’,
http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/7386.htm

{17} Vicente V. Gil, Cuarenta años junto a Franco, Planeta, Barcelona 1981, página 31.

{18} César Vidal, «Enigmas de la historia y 4. ¿Intentó Hitler derribar a Franco?», revista.libertaddigital.com/articulo.php/1275767536

{19} Jesús Palacios, La España totalitaria. Las raíces del franquismo: 1934-1946, Planeta, Barcelona 1999, pág. 396-398.

{20} Heleno Saña, El franquismo sin mitos, Ediciones Grijalbo, Barcelona 1982, pág. 267.

{21} Francisco Blanco et al «Hacia Una Historia Del F.E.S. (II)» El Rastro de la Historia, nº 3, [www.rumbos.net/rastroria/rastroria03/historia_FES_II.htm].

Fuente

El falangista que fusiló Franco

El falangista que fusiló Franco


Cuando fue colocado ante el piquete de ejecución, en el verano del 42, Juan José Domínguez cantaba el «Cara al sol». Las balas amigas acabaron con la vida del único falangista fusilado por el Caudillo. Fue el mismo día que Hitler concedía al «mártir», acusado en España de ser espía británico, la Cruz de la Orden del Águila Alemana. Sesenta años después, la viuda de Domínguez y el «cuñadísimo», Serrano Suñer, se dan la mano y cuentan toda la verdad

ALFREDO AMESTOY


Durante 60 años se negó a darle la mano. Hoy, incluso se la ha besado. Él es un anciano que el día 12 de septiembre cumplirá 101 años. Ella pronto será octogenaria. Y no es que la aún guapa mujer Celia Martínez, gallegaleonesa de Cacabelos, haya olvidado que en aquel terrible agosto de 1942 nadie, ni siquiera el todopoderoso Ramón Serrano Suñer, pudo salvar la vida de su joven marido Juan José; lo que ocurre es que el tiempo le ha enseñado muchas cosas.

¿Cómo podía entender ella entonces, con 19 años, que la mujer de Serrano Suñer, la hermosa y dulce Zita, no hablara con su hermana Carmen, la esposa de Franco, para que el Caudillo conmutara la pena de muerte que un tribunal militar había puesto a su marido? ¿Es que Serrano Suñer no era capaz de hacer algo por Juan José? No este Serrano Suñer, venerable y beatífico centenario, sino el hombre de 41 años que hablaba con Hitler y con Mussolini, ministro de Asuntos Exteriores que tenía una División (la Azul) combatiendo en Rusia y medio millón de falangistas controlando Gobierno, municipios y sindicatos en España.

Celia no lo podía entender. Ahora, Ramón se lo ha explicado en su casa de Marbella en presencia de los hijos: el embajador Fernando Serrano Suñer, de 70 años, y Mari Celi, la hija del falangista fusilado que a los cuatro meses era tan pequeña que pudo pasar entre dos rejas para que su padre la besara en la celda cuando ya estaba en capilla.

Todo había comenzado el 16 de agosto de 1942, con los sucesos de Begoña. El choque entre falangistas y tradicionalistas se saldó, tras el lanzamiento de una granada de mano por los primeros, con más de 70 heridos leves, carlistas en su mayoría. El general Varela, presente, se adjudicó sin razón ser él el objetivo del supuesto atentado (la granada se arrojó en el exterior de la basílica bilbaína cuando Varela aún no había pisado la calle).

El suceso, que serviría a Franco para domeñar a la Falange y destituir a los tres ministros más influyentes del Régimen (Galarza, de Gobernación; el anglófilo Varela, del Ejército y cada vez más carlista por su matrimonio con la tradicionalista y riquísima vasca Casilda Ampuero, y Ramón Serrano Suñer, de Exteriores), se saldó con el sacrificio de Domínguez. De los ocho falangistas implicados en la pelea con los carlistas, dos fueron condenados a muerte, Calleja y Domínguez, pero a Calleja se le conmutó la pena capital por ser caballero mutilado y haber perdido una pierna en la Guerra Civil.

Franco aprovechó lo ocurrido para reafirmar su poder personal, aprovechándose del pulso entre el Ejército (con el apoyo de monárquicos y la derecha más reaccionaria) y la Falange, el partido único.Relevó a su cuñado, el germanófilo Suñer, tres días después de que, por el referido fusilamiento, dimitieran los falangistas puros Narciso Perales y Dionisio Ridruejo. Cuenta Girón que se atribuyó a Carrero Blanco la sugerencia del cese de Ramón Serrano Suñer. Algo que Franco quería, pero no sabía cómo hacer desde muchos meses antes. Hoy, Serrano Suñer, a punto de cumplir 101 años, resume en la clave de lo que ocurrió:

-«Lo de Begoña fue un suceso lamentable, pero no hubo ni fuerza ni unión ni para salvar a Domínguez ni para mantener el poder.En aquel momento vivíamos con un dinamismo trepidante, pero Franco, en seguida, se dio cuenta de que esos falangistas que parecían tan intransigentes, los Arrese, los Fernández Cuesta, los Girón, venían a comer de la mano. Y ése fue el principio del fin. El gran amigo de todas las horas, Dionisio Ridruejo, dimitió de todos sus cargos y lo mismo hizo Narciso Perales, Palma de Plata y el tercer hombre en el mando de la Falange después de José Antonio y Hedilla. Fue por eso por lo que yo propuse que la Falange fuera "dignamente licenciada"».

Girón siempre se opuso a ello, y eso explica quizá que la viuda de Domínguez lo haya defendido siempre. Para Celia es intocable.«Si no llega a ser por Girón, no sé qué hubiera sido de mi hija y de mí. Narciso Perales se movió lo indecible, pero con su dimisión el día 29, por la pena de muerte a mi marido, ya no tuvo influencias.Incluso fue confinado; pero siempre conté con él. José Antonio Girón trató de convencer a Franco, pero ya estaba todo envenenado.Un grupo numeroso de generales, manejados por Varela, le amenazaban con ir a El Pardo, exigirle la disolución de la Falange y el establecimiento de una dictadura militar. Franco llegó a decirle a Girón no ya que mi marido era un espía británico, sino que era un agente al servicio de los americanos».

Gracias a Girón, madre e hija pudieron viajar en coche hasta Bilbao para despedir a Domínguez. «Llegamos el 31de agosto; precisamente cuando se daba a conocer la sentencia que tenía ya el enterado de Franco». Se alojaron en el hotel Alemania. Una falangista, Emilia Santos, de la Sección Femenina, les llamó el día 2, a las ocho de la mañana, para decirles que habían oído una descarga procedente de la prisión de Lerrínaga. A la viuda no le dejaron ver el cadáver. Se la llevaron a Madrid.

Al día siguiente fue el entierro. Una docena de falangistas de Bilbao, más mujeres que hombres, presenciaron cómo se sepultaba el cuerpo en una fosa gratuita cavada en un descampado del cementerio de Derio. Al cabo del tiempo, sus restos fueron exhumados para trasladarlos a una sepultura más digna. Allí permaneció hasta 1988, cuando su viuda, Celia, adquirió una sepultura en el camposanto de Galapagar, en Madrid.

La Falange de Bilbao se ocupó durante muchos años de que no faltaran nunca cinco rosas en la tumba de Domínguez y que su hija Mari Celi no echara en falta vestidos, juguetes y, luego, libros.«Vivimos de una paga que me consiguió Girón, en un piso de la Obra Sindical del Hogar que él me facilitó y estiramos durante 10 años las 90.000 pesetas que nos dieron para salir adelante».

Aún recuerda la viuda cómo circuló el rumor de que habían recibido en desagravio nueve millones de pesetas. «Esa fue la última patraña urdida en torno a Juan José, un hombre fuera de serie que fue inmolado como un cordero». Había nacido en Sevilla. En los años 30, de acuerdo a la lírica dannunziana, el peligro era lo que luego se llamó activismo. Juan José nació para el activismo y para la actividad. De familia humilde, huérfano de padre (de padre y de madre cuando le fusilan a los 26 años), fue seducido por el mensaje joseantoniano con apenas 16 años y decide trasladarse a Madrid para escuchar el discurso del fundador de la Falange.Lo hace en bicicleta y con un duro en el bolsillo.

Su historial comienza antes de la Guerra Civil. En Aznalcóllar intentó quitar la bandera republicana izada en el Ayuntamiento. Abren fuego sobre él y Narciso Perales (quien salvó la vida de Arrese cuando le iba a fusilar Queipo de Llano y quien intentó salvar la vida de Domínguez inutilmente cuando le iba a fusilar Franco). Es José Antonio Primo de Rivera personalmente quien le defiende en los tribunales por aquello.

Durante la guerra bate una auténtica marca cruzando, en misiones arriesgadas, seis veces de la zona nacional a la zona roja, con los correspondientes retornos. Fue capturado en varias ocasiones.Poseía, concedidas por José Antonio, dos condecoraciones: Aspa Roja y Aspa de Plata.

El 1 de abril de 1940, en la madrileña Castellana y mientras se celebra el primer desfile de la Victoria, conoce a una muchacha que le enloquece. Ella tiene 18 años; él, 23. Domínguez sigue a la chica hasta su casa, en Sagasta, 19. Se llama Celia, pero él siempre la llamará Piruchiña. Domínguez enseguida deja a las claras su carácter valeroso. Lo hizo cuando, pocos días después, sube a hablar con su madre para decirle que quiere casarse con su hija, y cuando, 16 meses más tarde, le escribe desde la celda, 10 horas antes de la ejecución, para decirle: «Querida Piruchiña Te ruego, a ser posible, que te unas en matrimonio con cualquiera de mis camaradas del actual cautiverio que te harán feliz y cuidarán de nuestra pequeña con el mismo celo y cariño que yo pudiera hacerlo».

Tras el 39, Domínguez se dedicó al Servicio de Información. Las condiciones económicas en que vivía hacen descartar su condición de agente doble. Hicieron creer a Franco que trabajó para el Intelligence Service americano. Según su viuda, en 1942 se dedicó al trazado del cable de Francia a la Línea de la Concepción.¿Para controlar el paso de submarinos ingleses por el Mediterráneo o para preparar un ataque alemán a Gibraltar?

Ignorar qué pasaba en el mundo a finales de julio de 1942, impide comprender los rocambolescos sucesos de Begoña. El 15 de julio, Alemania ya tenía preparada la Operación Ilona para invadir, primero, el País Vasco y, luego, toda España. El 7 de junio, el Führer había comentado que «los curas y los monárquicos se habían confabulado para hacerse con el poder en España». Si la Guerra Civil estallara otra vez no le extrañaría, decía, «ver a los falangistas obligados a hacer causa común con los rojos para librarse de esa basura monárquicoclerical».

¿Fue esta información, que ignoraban incluso los falangistas que actuaron en Begoña, la que obligó a Franco a sacrificar a Domínguez? Porque, en el fondo, él, como Calleja, Rivadulla, Hernández Bravo y los demás, habían reaccionado en Begoña cuando oyeron «¡Viva el rey!», «¡Abajo el socialismo de Estado!», e incluso «¡Muera Franco!». La situación demencial de aquellos días se concreta en la respuesta de Franco al obispo de Madrid, que le pide el indulto. «Tendría que condecorarle, pero le tengo que fusilar».

Hitler, desde Alemania, pondría en ridículo al Caudillo concediendo a Juan José Domínguez, el mismo día de su ejecución, el 1 de septiembre de 1942, la Cruz de la Orden del Águila Alemana.

Celia, la viuda, sabe que su marido fue fusilado por «razones de Estado». En 1964, el general Castejón, el militar que presidió el consejo de guerra y firmó la sentencia a muerte, le confesó: «Firmé en contra de mi voluntad». El hombre le había solicitado una entrevista para pedirle perdón y descargar su mala conciencia.

Sólo la víctima estuvo a la altura de las circunstancias. Juan José Domínguez llegó al extremo de negarse a aceptar una fuga que se había preparado. «Se consiguieron», explica Celia, «dos millones de pesetas para comprar a dos funcionarios de prisiones.Tenían un barco para la huida, que hundirían para simular un naufragio. Los guardianes estaban dispuestos, pero era tal el pavor que le entró a Jorge Hernández Bravo, por las represalias que podrían tomar contra él, que mi marido renunció a perjudicarle con la fuga».

En el testamento que redactó la noche antes de morir, llegó a justificar «la inconsciencia de Franco y la debilidad impropia de un general». Celia -también su hija- siempre ha estado orgullosa de su marido. «Murió cantando el Cara al sol y con la camisa azul, pero sólo la primera estrofa, porque la Guardia Civil tuvo buena puntería. Apenas pudo terminar de decir: "Ella había bordado aquella camisa en rojo ayer"».

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Jeroni M. Mas Rigo: Manuel Azaña y el proceso de José Antonio en Alicante

Jeroni M. Mas Rigo: Manuel Azaña y el proceso de José Antonio en Alicante

Se comentan los «Apuntes» (no los Diarios) de Manuel Azaña relativos al proceso de José Antonio Primo de Rivera en Alicante, que demuestran que el bombardeo que sufrió la ciudad levantina, el dia 5 de noviembre de 1936, determinó la suerte del líder falangista

Introducción

En 1990, en la editorial Pre-Textos, Enrique de Rivas Ibáñez edito, comentó y anotó los Apuntes de Memorias y Cartas de Manuel Azaña. Se trata de unos textos manuscritos del que fuera presidente de la República Española durante la Guerra Civil. Estos apuntes –que no notas, como señala el propio autor– contienen una información valuosa sobre aspectos de la Guerra Civil. En este trabajo me limito a recoger aquéllos que se refieren al proceso y fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera en Alicante. Como la información que nos dan es, en general, desconocida, me ha parecido interesante reproducir y anotar estos textos.

En las Memorias políticas y de guerra de Manuel Azaña hay dos huecos hasta ahora inexplicables, según Enrique de Rivas. El primero, que es el que aquí nos interesa, abarca desde el 20 de febrero de 1936 hasta los sucesos de principios de mayo de 1937 en Barcelona. Es por eso que estos apuntes adquieren una especial importancia para todos los que estamos interesados en sacar a la luz todo lo relativo al proceso del fundador de Falange. En relación a estos fragmentos o bocetos caben dos posibilidades: una, que jamás fuesen desarrollados, lo cual nos impedirá conocer los «antecedentes» del proceso y, posterior, fusilamiento de Primo de Rivera. Otra, es que el texto definitivo se halle «extraviado».{1} Según el editor y anotador de los textos (pág. 12):

«La pérdida de algunos de sus papeles aún antes de salir de España en 1939, atestiguada por él mismo en una carta de 1940 a Juan José Domenchina, y el secuestro de casi todo su archivo el 10 de julio de 1940 a manos de la policía franquista y de la Gestapo alemana, inducen a pensar que los Apuntes de memoria no están completos. Quizá por esta razón la editorial Oasis de México, al publicar las llamadas Obras Completas de Azaña, no quiso incluirlos en ellas, por considerarlos un borrador fragmentario sin elaborar. Pero tampoco se puede descartar la posibilidad de que su exclusión de aquella edición no fuera debida a motivos de índole particular o intereses de algún grupo político, ya que la publicación de las Memorias de Azaña suscitó en su momento, en algunos círculos de españoles desterrados en México, una callada pero eficaz oposición».{2}

Hay que mencionar también que todo lo relativo al sumario de José Antonio permanece todavía sumido en las tinieblas. Así, no sé de nadie que haya visto el sumario: no está en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca ni tampoco aparece en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. Ningún autor de los que han escrito sobre el proceso (Carlos Rojas, Ian Gibson, Julio Gil Pecharromán, César Vidal, Stanley Payne, Fernando Díaz Plaja, José Barrionuevo...) han trabajado con el sumario original. Tampoco lo han visto los falangistas Agustín del Río Cisneros y Enrique Pavón Pereyra que publicaron, en 1963, Los procesos de José Antonio. Todos ellos se basan en el libro de Francisco Bravo José Antonio ante la justicia roja (1941){3}, que recoge el sumario instruido contra José Antonio. Pero Bravo, que tampoco ha consultado el original, da pocos detalles y se limita a decir que: «Una feliz casualidad permitió que a las manos del autor, cronista de la Falange y biógrafo de José Antonio, llegase una copia de las actuaciones del sumario». Ahora bien, y esto es importante, Bravo no transcribe íntegramente el sumario, sino que hay lagunas considerables y elimina sistemáticamente cualquier referencia al nombre del primer fiscal designado para el caso: Juan Serna Navarro.{4}

El juicio de Alicante fue siempre un tema espinoso para el régimen franquista. José María Mancisidor no pudo publicar el texto taquigráfico del juicio oral hasta el año 1963, después de vencer las trabas de la Secretaria General del Movimiento y del Ministerio de Información y Turismo, y en una editorial secundaria y poco conocida. Pero, no pudo evitar que el texto sufriese mutilaciones. Así, por ejemplo, se suprimió del escrito de conclusiones definitivas, que formuló la defensa, esta frase: «que José Antonio Primo de Rivera se ofreció al Gobierno de la República, en la persona del Sr. Subsecretario de Agricultura Sr. Martín Echevarría, para gestionar la deposición de su actitud por parte de los rebeldes y disminuir así los efectos de la rebelión».{5} Según José María García de Tuñón Aza, «Sobre el juicio se publicó hace años una edición clandestina de la transcripción de su texto que difiere a lo publicado por Mancisidor. Esa edición, que no hemos localizado, parece haber sido leída por muchas personas que así lo han testimoniado».{6} Federico Enjuto Ferrán, juez instructor del sumario, el 25 de agosto de 1938 escribe una carta al Presidente del Consejo de Ministros, Juan Negrín, dándole cuenta del interés que tienen los agentes de Franco en obtener las Memorias que piensa escribir sobre el proceso.{7} No dejar de ser sorprendente, también, que los papeles que dejo José Antonio en Alicante, recogidos por Indalecio Prieto, y entregados a su sobrino y heredero Miguel Primo de Rivera, en 1977, no fuesen publicados hasta casi veinte años después, en 1996, obedeciendo a altas instancias. Pero eso no es todo, resulta que Miguel Primo de Rivera, el hermano que compartió prisión con José Antonio, escribió unas memorias de su estancia en la cárcel que, curiosamente, se interrumpen el 21 de julio de 1936.{8}

Apuntes de Azaña

Conversación con Just{9} acerca del destino de P.[rimo] de Rivera – Con Funes,{10} para que alargue el proceso – Cuando le telefoneo para lo del salvamento de P.[rimo] de Rivera, me cuenta que acaba de enterarse de los 52 fusilamientos de Alicante{11} – Lo de Murcia{12} [Texto 1, líneas 127-132].

Reaparición del proceso de P.[rimo] de R.[ivera] Antecedentes – Motivos de mi repugnancia – Lo ha fusilado Alicante, después del bombardeo – Gestiones del Gobernador: nadie se atrevió a tomar la responsabilidad{13} – Terribles represalias{14} – Idea errónea de Esplá{15} de lo que es la función del Gob[ier]no. en materia de indulto: cree que es una revisión – La Bibesco{16} – Carta de M.[iguel] P.[rimo] de R.[ivera]{17} [Texto 2, líneas 197-203].

[Irujo]{18} Se entrevistaba con Torrobia,{19} delegado de Burgos – Lo que le dijo de mí, sobre P.[rimo] de Riv.[era] – Le digo a Largo{20} lo que hace Irujo – Reprimenda de Largo – Dimisión de Irujo consultada a Bilbao – (Texto 3, líneas 195-198].

Le cuento [a Ossorio]{21} mi intervención a favor de P.[rimo] de R.[ivera] – «Quizas ha sido una pifia» – No comprendo su transformación [Texto 7, líneas 186-188].

Comentario

Estos apuntes manuscritos de Manuel Azaña acreditan los siguientes extremos:

1) Que el presidente Azaña y los ministros Just y Ruiz-Funes, todos ellos de Izquierda Republicana, no deseaban la muerte del líder falangista. Es más, Azaña se refiere a la repugnancia que le produjo el fusilamiento.

2) Que es cierta la afirmación de Ximénez de Sandoval en lo referente a las gestiones de la princesa Bibesco.

3) Que el presidente recibió la carta que le dirigió Miguel Primo de Rivera solicitando el indulto para su hermano.

4) Pero lo más importante de estos apuntes es la aseveración de que a José Antonio « Lo ha fusilado Alicante, después del bombardeo».{22} En mis anteriores trabajos sobre el proceso de Alicante, he manifestado que en mi opinión fueron dos las circunstancias que determinaron la condena muerte del líder falangista: una, el nombramiento del anarquista Juan García Oliver como ministro de Justicia, en sustitución del republicano Manuel Ruiz-Funes,{23} y la otra –mucho más decisiva que la primera– el bombardeo que tuvo lugar, en la madrugada del día 5 de noviembre, sobre el puerto de Alicante, que ocasionó dos muertos y un herido.{24} Como consecuencia de dicho ataque aéreo, la Comisión de Justicia de Alicante cursó un telegrama al subsecretario de Justicia solicitando urgentemente, «dada situación de ánimos consecuencia bombardeo», el nombramiento de Vidal Gil Tirado{25} como fiscal especial en la causa instruida por Federico Enjuto Ferrán. Al principio de la Guerra Civil, los bombardeos marítimos y aéreos, por pequeños que fueran, provocaban tal pánico entre la población que daban lugar a represalias en las dos zonas contra los presos políticos. Este bombardeo, además, tuvo un efecto añadido al creer la población de Alicante que se había roto un pacto tácito: que la ciudad no sería bombardeada mientras José Antonio viviese.{26} En la noche de ese día 5, hay que situar el motín que hubo en la cárcel para linchar al fundador de la Falange. Para evitarlo Federico Enjuto, juez instructor del sumario, durmió en unas colchonetas al pie de la celda acompañado por sus dos hijos mayores, Carmen y Jorge.{27}

El bombardeo de Alicante fue ejecutado por la escuadrilla italiana que operaba desde Mallorca. Ahora bien, ignoramos quién dio la orden. Pues, si por una parte la Aviación Legionaria dependía teóricamente de Franco, en la práctica actuaba con absoluta autonomía. Pero, suponiendo que los italianos actuasen por su cuenta, cómo se explica que nadie les hubiese advertido que, sobre todo en aquellas fechas, no se podía atacar aquella ciudad levantina. Máxime si tenemos en cuenta que el 20 de octubre ya habían intentado bombardearla, según informó el cónsul inglés.{28}

No quiero acabar estos comentarios sin hacer referencia al artículo que escribió Enrique de Aguinaga titulado «José Antonio y Azaña» (ABC, 6-6-1996):

«Del infructuoso desvelo de Azaña por salvar a José Antonio hay un indicio confirmado por el doctor Francisco Vega Díaz (Sevilla, 1907-Madrid, 1995) que, según sus propias palabras, no quiso «llevarse al otro mundo» el secreto guardado escrupulosamente durante cincuenta y cinco años: el mensaje que, en noviembre de 1936, entregó personalmente a José Antonio en la cárcel de Alicante.
Con precisiones minuciosas, el doctor Vega relata en «Ultimidades» cómo, envuelto en extremadas precauciones y complicadas instrucciones, Amós Salvador, «antiguo y gran amigo de Azaña»,{29} le encomendó «un sobre privadísimo», sin señas, que habría de entregar en mano a una persona hasta la que llegaría siguiendo una misteriosa cadena de enlaces prevenidos.
Finalmente, a solas con él, en una dependencia de la cárcel de Alicante, el doctor Vega reconoció al destinatario del mensaje: José Antonio Primo de Rivera. Como saludo, en un diálogo escueto, uno y otro recordaron sus encuentros distantes del Café Lión, en las tertulias de «La Ballena Alegre». En seguida le entregó el sobre.
José Antonio abrió el sobre y extrajo un papel, manuscrito. Lo leyó y releyó. Sólo hizo un comentario: «No podía esperar menos de él. Lo agradezco con toda el alma».{30} Luego añadió: «Cumplo con el compromiso, aunque me gustaría conservar este papel». El propio José Antonio saco de su bolsillo una caja de cerillas, encendió una y el doctor Vega deshizo la ceniza con los dedos. Antes de ser reintegrado a su celda, José Antonio se despidió del mensajero con un apretón de manos y con estas palabras: «¿Volveremos a vernos en «La Ballena Alegre»? Pienso que no...»
Después, con la misma acumulación de precisiones, Vega relata cómo dio cuenta del cumplimiento de su misión, cómo quedó comprometido a no comentarla y cómo, años después, asistiendo de un gran infarto de miocardio a Amós Salvador, que falleció en 1963, éste le reveló que el mensaje entregado a José Antonio provenía de Azaña.»

Notas

{1} A finales de diciembre de 1996, la hija del general Franco, Carmen, hizo entrega al Estado español de tres cuadernos de diarios de Azaña, que le habían sido sustraídos a su cuñado, Cipriano Rivas Cherif, que los custodiaba en el consulado general de España en ginebra. Estos tres diarios abarcan el período comprendido entre el 22 de julio de 1932 a 26 de agosto de 1933.

{2} Enrique de Rivas, Comentarios y notas a «Apuntes de Memoria» de Manuel Azaña, p. 12.

{3} Esta obra, como todos los libros falangistas de primera hora, con la excepción de la biografía apasionada, que escribiera en 1941 F. Ximénez de Sandoval, y puede que alguno más, no ha sido jamás reeditada. Todo ello resulta, como mínimo, sospechoso.

{4} La última referencia oficial al sumario la tenemos en el escrito que el ministro de Justicia, en fecha 31 de mayo de 1937, ante la conmoción interna e internacional por el fusilamiento de José Antonio, dirigió a Francisco Javier Elola solicitando «se sirva remitir a este Ministerio el sumario que como Juez Especial de los delitos de rebelión y sedición ha instruido contra el inculpado José Antonio Primo de Rivera, posteriormente sentenciado por el Tribunal Popular de Alicante». Elola era presidente de Sala del Tribunal Supremo, comisionado para instruir el expediente general sobre el movimiento de rebelión militar, con extensión en todo el territorio nacional.

{5} El escrito de conclusiones definitivas no se publicó íntegramente hasta el año 1992, en el tomo I de los Documentos Inéditos para la Historia del Generalísimo Franco, editado por la Fundación Nacional Francisco Franco. Al parecer, el Generalísimo tenía la costumbre de custodiar documentos que no le pertenecían.

{6} Cf. «José Antonio y la República», Oviedo: Ediciones Tarfe, 1996, 2ª edición, p. 162.

{7} La carta se halla parcialmente reproducida en mi trabajo «Federico Enjuto Ferrán. Instructor del sumario de José Antonio en Alicante» (Altar Mayor, nº 94, julio-agosto 2004, p.909-926).

{8} Estas memorias inconclusas están reproducidas en Papeles póstumos de José Antonio, Madrid 1996, p. 211-234. Según nos indica la portada del libro, se trata de «los escritos que recogió Indalecio Prieto y que el general Franco intentó conseguir, infructuosamente, desde que tuvo conocimiento de su existencia hasta el fin de sus días».

{9} Julio Just Jimeno (¿?- 1976), de Izquierda Republicana, fue nombrado ministro de Obras Públicas el 15 de septiembre de 1936. La conversación debió tener lugar con motivo de la toma de posesión del cargo de Just.

{10} Mariano Ruiz-Funes (1889-1953), prestigioso penalista, de Izquierda Republicana, era a la sazón ministro de Justicia y abandonó el Gobierno, por decisión propia, con motivo de la remodelación del 4 de noviembre de 1936. Ruiz-Funez manifestó a Juan Serna, fiscal designado para intervenir en proceso de José Antonio, que convenía ir despacio en la tramitación del sumario, aunque para ello hubiese que infringir la normativa. Lo mismo le comunico Indalecio Prieto, a la sazón ministro de Marina, a Federico Enjuto Ferrán, juez instructor del sumario incoado a José Antonio. Ruiz-Funes figuraba, como ministro de Agricultura, en el gobierno de reconciliación nacional que propuso Primo de Rivera a principios de agosto de 1936. Véanse mis trabajos: «Juan Serna y el proceso de José Antonio en Alicante» Altar Mayor, nº 91 (febrero-abril 2004), p. 506-551, y «El proceso de José Antonio en Alicante. Cronología», Altar Mayor, nº 96 (noviembre-diciembre 2004), p. 1191-1201.

{11} Se trata de los falangistas de la provincia de Alicante que, el 19 de julio de 1936, quisieron sumarse al golpe de Estado. Después de un juicio, fueron ejecutados el 12 de septiembre de 1936. El Tribunal estaba presidido por Vidal Gil tirado.

{12} El 13 de septiembre de 1936 las milicias asaltaron la cárcel y asesinaron a los detenidos.

{13} Puede que aluda al comunicado que Francisco Valdés Casas, gobernador civil de Alicante (22 de febrero de 1936 a 13 de julio de 1937), dirigió, quizás siguiendo instrucciones del Gobierno, a los partidos políticos y organizaciones sindicales de la provincia con el fin de evitar la ejecución. Este comunicado contenía un cuestionario dónde, entre otras cosas, inquiría: «¿Interesa la ejecución inmediata de la pena, ya que existe anunciado oficialmente, el ataque aéreo desde Baleares a esta provincia –cuyas pruebas están a disposición de los partidos en el Gobierno Civil–, o interesa el aplazamiento de dicha pena hasta el momento oportuno o conmutación a cadena perpetua?» Este comunicado no obtuvo ninguna respuesta. También es posible, y a ello puede que se refiera Azaña, que el gobernador, que mantenía contactos con los alemanes para un posible canje del preso, apelara al Gabinete para que no se ejecutase la pena de muerte. Según Garcia Oliver, cuando se dio cuenta en el Consejo de Ministros de la sentencia del Tribunal de Alicante, se produjo un «silencio de plomo»; Cf. El eco de los pasos (París: 1978), p. 342-343.

{14} Seguramente, se refiere al segundo bombardeo efectuado en Alicante, durante la noche del 28 de noviembre de 1936, con el resultado de tres muertos y veintiséis heridos. En represalia, las masas asaltaron la Cárcel Provincial y fusilaron, en las tapias del cementerio, a 53 presos.

{15} Carlos Esplá Rizo (1895-1971), de Izquierda Republicana, fue nombrado ministro de Propaganda, en la remodelación del 4 de noviembre de 1936. Es posible que Esplá, que era alicantino, pensase que el indulto significase desautorizar al Tribunal de Alicante.

{16} Elizabeth Asquith (1897-1945), esta escritora era hija del Primer Ministro inglés Herbert Asquith y esposa del príncipe Antoine Bibesco, embajador de Rumania en Madrid (1927-1933). La princesa, según F. Ximénez de Sandoval, «habló personalmente por teléfono desde Londres con Manuel Azaña, con quien tenía también amistad, según relata éste en sus Memorias famosas. Azaña, desde Barcelona, respondió a la Princesa que sentía muchísimo la situación de José Antonio Primo de Rivera, por quien no podía interceder, «pues él era también prisionero»»; Cf. José Antonio. Biografía apasionada (Madrid, 8ª edición, 1980), p. 549. En sus Diarios, en la anotación correspondiente al 22 de abril de 1933, escribe Azaña: «Anoche, en la embajada de México, la Bibesco tuvo la ocurrencia de proponerme que me presentaría al hijo de Primo de Rivera». Entre las pertenencias y papeles personales que dejó José Antonio en Alicante, recogidos por Indalecio prieto, había un telegrama firmado Elisabeth: «Je pense a toi. Love.» (París, 29 de febrero de 1936). ¿Se trata de la princesa Bibesco?

{17} Se refiere sin duda a la carta que Miguel Primo de Rivera dirigió, el 19 de noviembre de 1936, al Presidente de la República, solicitando el indulto de su hermano. Escribe Miguel: «Yo estoy seguro que V.E. en su claro juicio, tiene bien señalados y conceptuados a los hombres públicos de España, y también lo estoy de que entre los pocos a quienes reconoce un espíritu abierto y tolerante, tan necesario en estos momentos, concede un puesto a mi hermano José Antonio». El editor de los Papeles póstumos de José Antonio, su sobrino Miguel Primo de Rivera, anota que el hecho de que la carta «se conservara entre sus papeles hace pensar que no fue tramitada». La explicación más plausible es que la carta que guardaba Miguel era una copia, si bien hay que reconocer que entre los papeles inéditos de Azaña no ha aparecido el original. De todas formas, como dice Enrique Rivas, «El inventario hecho por la Dirección General de Seguridad en 1940 incluye documentos (principalmente cartas) que no han sido hallados. También se tiene conocimiento de que algunos documentos están en manos de personas o instituciones que no han podido ser identificadas».

{18} Manuel de Irujo y Ollo (1891-1981), del Partido Nacionalista Vasco, era ministro sin cartera y, según Julio Jáuregui, votó a favor del indulto de José Antonio («Irujo y José Antonio», Diario 16, 27-08-1980).

{19} No he podido localizar este personaje. Es sabido que en Burgos se ubicaba la Junta Técnica, en funciones de gobierno de la zona «nacional».

{20} Francisco Largo Caballero (1869-1946), dirigente socialista, como Presidente del Gobierno firmó el enterado del Consejo de Ministros, lo que equivalía a la denegación del indulto. Largo no quiso asumir su responsabilidad y, años después, mentirá: «Estábamos en sesión con el expediente sobre la mesa, cuando se recibió un telegrama comunicando haber sido fusilado Primo de Rivera en Alicante. El Consejo no quiso tratar de una cosa ya ejecutada y yo me negué a firmar el enterado» Cf. Mis recuerdos (México: 1954).

{21} Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946), antiguo maurista, había sido ministro de Fomento (1919) y, durante la Dictadura, fue nombrado consejero de Estado (1928), a pesar de la dura oposición que había mostrado al General Primo de Rivera. Curiosamente, en sus Memorias (1945) no menciona este nombramiento. En el período republicano, fue diputado y presidió la Comisión Jurídica Asesora (1931), ya durante la guerra civil, fue embajador en Bélgica, Francia y Argentina. Azaña, en sus Memorias políticas y de guerra, anota [el 17 de junio, 1937]: «Cuando Ossorio supo, porque yo se lo conté, mi intervención personal para librar a José Antonio del asesinato que iban a perpetrar algunos fanáticos de Alicante, se quedó callado. «¡Cómo! ¿Le parece que he hecho mal? ¿Me he excedido?», «No sé, no sé...», «¿Resultará que ha sido una pifia». «Por qué no...?»» Ossorio nunca perdonó al dirigente falangista que mantuviera una actitud crítica a su gestión como decano del Colegio de Abogados de Madrid. Sobre la intervención de Azaña, que evitó que José Antonio y su hermano Miguel fuesen paseados, a principios de agosto de 1936, puede consultarse el documento que obra en el Archivo Carlos Esplá y que reproduje, como anexo b), en mi trabajo «Federico Enjuto Ferrán...», op. cit.

{22} Es obvio que Azaña, cuando se refiere a que «lo ha matado Alicante», no culpa a todos los habitantes de la ciudad. Como escribió, en 1961, el que fuera alcalde republicano de Alicante, hasta dos meses antes del fusilamiento de Primo, Lorenzo Carbonell Santacruz: «La triste y lamentable guerra civil del 36 al 39, en la que todos los españoles expansionaron su locura, proporcionó a Alicante la gran desgracia de que en ella se fusilara al gran joven J. Antonio Primo de Rivera. No lo mataron los alicantinos ni Alicante; fue la circunstancia de la lucha, ajena a la voluntad de Alicante y de los alicantinos» (carta al Director de la Misión de Operaciones de los Estados Unidos en España, reproducida por Vicente Ramos en su libro Lorenzo Carbonell, Alcalde popular de Alicante, p. 250-251).

{23} Según T. López Zafra, secretario del Juzgado Especial que instruía el sumario, García Oliver, que iba acompañado del subsecretario Sánchez Roca, dijo a Federico Enjuto y a Vidal Gil que José Antonio debía ser condenado a muerte; Cf. declaración prestada por López Zafra en la Causa General. La entrevista de la Comisión con el ministro, en Valencia, debió tener lugar en la noche del sábado siete de noviembre. Según Sánchez Recio, la designación de García Oliver como ministro de justicia fue el factor determinante para que en la administración de justicia se impusiera la «normalidad revolucionaria»; Cf. Justicia y guerra en España. Los tribunales populares (1936-1939), p. 14. En realidad, García Oliver no tenía ningún interés especial en desear la muerte del dirigente falangista. Lo que ocurría era que el Gobierno carecía de toda autoridad sobre los comités de milicianos de la ciudad levantina. Así, según Sánchez Roca, el Gobierno «quería evitar, a toda costa, conflictos con los partidos locales, ya que los problemas de los frentes exigían toda su atención»; así lo cuenta José Rodríguez Olazábal, presidente de la Audiencia Territorial de Valencia durante la guerra, en su libro La Administración de Justicia en la Guerra Civil (Valencia, 2ª edición, 1996), p. 78. La situación se le complicaba al ministro por dos circunstancias: una, la difícil situación militar de Madrid, y, la otra, que precisamente los que mandaban en Alicante eran los anarquistas.

{24} Según Vicente Ramos, el ataque aéreo fue protagonizados por tres aviones: dos de protección y un bombardero, que, a muy baja altura, arrojó diez bombas. Durante el bombardeo, los buques alemanes e italianos, surtos en el puerto, mantuvieron su alumbrado. «A raíz de este primer bombardeo, muchísimos vecinos practicaron el éxodo nocturno a las casas de la huerta y lugares cercanos comenzando así a tener realidad lo que, no mucho más tarde, se denominó la «Columna del Miedo»»; Cf. La Guerra Civil (1936-1939) en la provincia de Alicante (Alicante 1974), tomo I, p. 139-142. Alan Hillgarth, vicecónsul británico en Palma (Mallorca), en el Memorándum Nº 17 on the situation in Majorca, fechado el 13 de noviembre de 1936, hace constar que «la noche del 4 al 5 de noviembre hubo una incursión aérea sobre Alicante, llevada a cabo por seis bombarderos desde Son Sant Joan. Los seis regresaron»; debo la información al monje e historiador Josep Massot i Muntaner, véase su libro El cónsul Alan Hillgarth i les Illes Balears (1936-1939) (Barcelona 1995), p. 98.

{25} Vidal Gil Tirado, a quien los nacionales le habían fusilado un hijo en Badajoz, ya había demostrado su dureza como Presidente del Tribunal Popular de Alicante. Gil substituyó a Juan Serna Navarro, éste era un hombre de gran entereza y de grandes conocimientos jurídicos, que, de acuerdo con Ruiz-Funes, pensaba pedir una pena de pocos años de cárcel para el procesado. Pocos días después del fusilamiento de Primo de Rivera, el Gobierno, a propuesta de García Oliver, recompensó a Gil y a Enjuto nombrándoles magistrados del Tribunal Supremo. Gil sería, seis meses después, el primer presidente del Tribunal Central de Espionaje, Alta Traición y Derrotismo, nombrado por Manuel de Irujo. Juan Serna, después de la guerra, sería condenado a doce años de reclusión mayor.

{26} El que fuera director de El Socialista, y ministro de Gobernación durante la guerra, Julián Zugazagoitia, escribe: «En Alicante habían pasado de los furiosos arrebatos colectivos en que se pedía la inmediata ejecución del caudillo falangista, a la convicción de que en tanto viviera la ciudad no sería bombardeada»; Cf. Guerra y Vicisitudes de los Españoles (edición de 1978), tomo I, p. 259.

{27} Jorge Enjuto, ya fallecido, fue secretario general del Partido Socialista Popular, cargo que desempeñó hasta la fusión con el Partido Socialista Obrero Español. Dirigió la Fundación Pablo Iglesias y ocupó la Cátedra de Filosofía de la Universidad de Alcalá de Henares.

{28} En el Memorando nº 14, de 25 de octubre, daba cuenta de que, el 20 de octubre, tres bombarderos Breda, con una autonomía de siete horas de vuelo, habían atacado Alicante. En el Memorando Nº 15, de 30 de octubre, rectifica y dice que debería haber dicho que: «El 20 de octubre tres bombarderos fueron en dirección oeste con un cargamento completo de bombas y regresaron cuatro horas y media después sin las bombas. Afirmaron que habían bombardeado Alicante» [la cursiva es mía]; Cf. El cònsol Alan..., op. cit., p. 81-82 y 88, Obviamente, los italianos se apuntaron un tanto que no realizaron.

{29} Amós Salvador Carreras (1879-1963) firmó en nombre de Izquierda Republicana el programa del Frente Popular y fue ministro de Gobernación en la primavera de 1936.

{30} A diferencia de las derechas que lo motejaban de «monstruo», Primo de Rivera sentía sincera admiración por el líder republicano. Así, Alejandro Salazar, jefe del SEU, en relación a la reunión de la Junta Política de FE del 20 febrero de 1936, anota en su Diario: «José Antonio está desconocido. Nos ha expuesto su fe ciega en Azaña. Cree que ha de conseguir una labor de revolución nacional».

Autor y fuente: Jeroni M. Mas Rigo

José Antonio, su vida (documental)

Cronología de la Falange: Fechas históricas del nacional sindicalismo (1931-2004)

Cronología de la Falange: Fechas históricas del nacional sindicalismo (1931-2004)

Recopilación a cargo de FE JONS (Cordoba)

Serrano Suñer: Que Dios nos niegue el descanso

Serrano Suñer: Que Dios nos niegue el descanso

Desde Alicante, lugar de su martirio, hasta la piedra de El Escorial, donde descansan, el traslado de los restos de José Antonio se ha producido, a lo largo de media España, en una línea de autenticidad sin quebradura.

Así pasaron, en diez jornadas funerales, por los caminos llenos de luz de Levante y las llanuras sin límites de Castilla y de la Mancha –tierra y cielo absoluto de los que él habló- en las horas del día, bañadas del buen sol de otoño, y en las noches heladas y claras que cubrieron de escarcha las filas apretadas de camisas azules formadas en la ruta.

José Antonio fue, todo y siempre, autenticidad; mientras vivió y cuando, sin un solo gesto de nerviosa y falsa arrogancia, esperaba la muerte con aquella serena paz de espíritu que le permitió despedirse de nosotros en los términos conmovedores de su testamento, y de sus últimas cartas, ya preparado a comparecer ante Dios Nuestro Señor y conservando toda su verdad de hombre que le hace decir que nunca es alegre morir a su edad.

El, con quien la vida tan pródiga era, la ofreció –y la rindió- a la idea de una Patria mejor, en tiempos en los que el heroísmo era singularmente difícil, porque sólo podía producirse entre riesgos y sanciones y no tenía posible encuadramiento en un sistema de ofensiva poderosamente organizado, con las colaboraciones que ofrecen la compañía y el ejemplo en medio del general cumplimiento del deber, ya por puro impulso moral, ya por la coacción eficaz de las tesis penales de Código.

Y al resolverse a entregar la vida joven a su inmensa idea de la Patria seguro estaba de que no cosecharía ninguna recompensa para su personal disfrute, porque sabía que a la hora de los premios, de la justicia tardía y de las alabanzas, las campanas y los redobles de tambores recogerían el eco profundo de su sacrificio.

Porque así fue, a las observaciones que se hicieron sobre que esta hora de España, todavía difícil, no fuera la mejor para hacer el traslado, opuso la Junta Política la consideración de que no interesaba en él lo fácil ni lo aparente ni nada que no tuviera en la realidad su más exacta correspondencia. Quisimos que el pueblo español, sin falsas apariencias ni preparaciones artificiosas, mostrara al paso del despojo mortal de José Antonio la verdad que dentro de sí llevara, y la que dentro llevaba era ese espectáculo conmovedor e impresionante que en todos caminos y en todos los lugares nos ha ofrecido.

Y así ha sido en este Madrid donde él predicó primero las grandes verdades de España a una España falsificada y envilecida, y donde padeció la iniciación de su calvario. En esa Cárcel Modelo –llena de dolor y de recuerdo- por donde ayer pasamos. (En la plaza de la Moncloa, sin otra convocatoria que la del corazón, ¡cuántas mujeres vimos ayer congregadas junto a los muros de la prisión, de aquellas que todos los días allí llegaban –estremecidas- cuando era «checa» máxima de Madrid!)

Importa mucho hacer a todos notar que la profunda actitud de la capital ante el cortejo no la ofrecía un pueblo históricamente tornadizo o miserablemente adaptado ( como pueden charlar gentes atolondradas que nada saben ni entienden de lo que fue); allí estaba físicamente de rodillas la España dolorosa; la que ha padecido el mayor sufrimiento que la Historia registra; y allí, al paso de José Antonio, símbolo de la pureza heroica de una juventud como él sin ambición ni afán pequeño, lloraba la madre al hijo y el hermano al hermano y la novia al camarada a quien bordó la camisa que le sirvió de mortaja, igual fue en la cadena sin fin de rosarios rezados por el clero en todos los altos del entierro, donde, con él, pedimos por todos los caídos por Dios y por España.

Cierto que, junto con aquella granzota fervoroso, hubo también en las calles de Madrid otras gentes que fueron neutras o cómplices en los crímenes de la revolución roja; pero, asimismo, éstas estaban sobrecogidas ante el mensaje del héroe joven cuya vida abatieron cuando luchaba por devolver a España su destino y por que fuera Patria de todos y a ninguno regateara el pan ni la justicia.

Aquella actitud de todas las gentes era fervor y dolor; pero significaba también promesa y exigencia. Juramento de seguir tan alto ejemplo y de servirlo con la vida hasta la muerte. Significaba la convicción en lo popular de que el inmenso sacrificio de España sólo tiene lícita desembocadura en una empresa nacional y no en cualquier absurda y oportunista especie de «neomonroísmo», que i8nterior o exteriormente pudiera formularse en cuanto a la posesión de España, para alzarse con el patrimonio de todos.

Un grave silencio de muerte a todos traía el recuerdo –y a muchos el remordimiento- de un día terrible y decisivo en que, saliendo al paso a la extrema avanzada de la anti España, un soldado hecho a las más duras pruebas de la guerra, puro en amar y en servicio de la Patria, en la hora crucial de la Historia acudió a su llamada, y con la preparación que le dieran trabajo y estudio, pudo afrontar los grandes problemas que planteó, con apremiante urgencia, la improvisación de un Ejercito poderoso enmarcado en la aptitud de sus cuadros profesionales el espíritu y el esfuerzo victorioso del pueblo español que ahora ha mostrado muy claros sus sentimientos, y que tan bien entiende las formas y las ideas mejores de la Falange, que, sobre todo él, actúa su poder de contagio y proselitismo.

Ante ti, José Antonio, renovó ayer la juventud española, inasequible al desaliento, su propósito de luchar y vencer las resistencias que se opongan a tu gran ambición. Bien sabemos que los grupos más visibles y con los que a diario tropezamos, no son el pueblo; son los mismos con los que tú tropezaste. Son aquellas gentes que quisieron desconocer tu esfuerzo y la calidad y el alcance de tu pensamiento. No nos importa su presencia, como tampoco la de una turbia floración de demagogos fáciles –que seguramente no habrán de faltarnos-, y que a tu verdad cierta, rigurosa y exigente pretenderán oponer postulados más cómodos y halagadores, y mentirán, con palabrería confusa, en especulación inmunda, metas más ambiciosas. Pero, como el árbol evangélico, por sus frutos los conoceréis, porque en sus torpes afanes encubrirán malamente una realidad inferior que no será nada sino humo disipado entre falacias.

Don Ramón Serrano Suñer: Publicado en ARRIBA, el 20 de marzo de 1960

Documental: Ya viene el cortejo (1939)

Director: Juan de Orduña

Como deciamos ayer... (1988)

Como deciamos ayer... (1988)

El presente manifiesto no pretende ser un programa, sino simplemente un punto de partida que sirva para que este “Eje Nacional-Revolucionario” se articule, se encauce y se uniformice ideológicamente. La asociación VANGUARDIA NACIONAL REVOLUCIONARIA (VNR) es un movimiento joven de carácter social, patriótico y combatiente, que intentará conseguir para España una política de TERCERA POSICIÓN.

VANGUARDIA NACIONAL REVOLUCIONARIA reclama el derecho de la juventud a protagonizar la historia de su tiempo.

EL HOMBRE

- Consideramos al hombre como un ser trascendente, pilar básico de toda reglamentación de la relaciones sociales.

- Al mismo tiempo proclamamos la desigualdad entre los hombres (No existen dos hombres iguales). Negamos el igualitarismo nivelador que atiende únicamente a cuestiones de cantidad, y no de calidad.

- Creemos en la persona como valor superior por encima de cualquier otro, incluido el estado.

CULTURA

-Entendemos por CULTURA todos los logros, conocimientos e ideas que una Raza o Pueblo ha forjado a lo largo de su historia y alberga dentro de sí.

- Rechazamos radicalmente la “cultura” del sistema, a la que consideramos la culpable de la anulación del espíritu rebelde, inconformista y contestatario de la juventud.

- Creemos en la cultura Europea común, sin renegar de nuestro peculiar genio hispano.

- Consideramos que la educación debe ser libre y gratuita (al menos en sus niveles primarios).

- Entendemos que las personas deben educarse íntegramente, y no recortar su preparación a una parcela concreta; creemos en “mentes pensantes”, no en autómatas.

- Exigimos una inmediata reforma universitaria. La Universidad tiene que volver a ser un centro de unión de maestro y discípulos.

 

EUROPA

- Concebimos a Europa como una gran Nación. Creemos en la existencia de una cultura y una mentalidad Europea que está por encima de las ideologías partidistas.

- Exigimos la unidad de todos los hermanos europeos, tanto del Oeste como del Este.

- Frente a la aberración de “unir” a Europa mediante pactos económicos, afirmamos la existencia de una cultura común europea, superior a todas aquellas que la forman.

- Rechazamos radicalmente la colonización militar y cultural americana en Europa. Por la recuperación de nuestra identidad europea.

- Entendemos que EUROPA constituye una unidad cultural dentro de su pluralidad, y que los periodos más florecientes de su historia fueron aquellos en los que estuvo más cerca o se consiguió su unidad espiritual.

- Por todo ello, en una época como la que atravesamos, en la que las naciones son incapaces de sacudirse el yugo imperialistas, se atiende a unidades geográficas y continentales que agrupen a hombres del mismo sentido y pensamiento: aquellos que se identifican más con la Idea, y para los cuales tiene más valor el ser solidarios de una misma idea que de una misma patria.

- Concebimos a Europa como tercera fuerza capaz de, mediante la creación de un eje con el tercer mundo, estar en condiciones de batir el dominio del imperialismo americano y la influencia rusa.

ESTADO

- Entendemos por Estado justo aquel que respeta las nociones de hombre, Personalidad, Jerarquía y Libertad. Y este Estado no es otro que el Estado Orgánico y comunitario.

- Estado Orgánico es aquel en que el poder no depende de las fluctuaciones del electorado, ni está dividido entre las distintas minorías que lo componen.

- Estado Orgánico es aquel que está deslindando de las nociones de centralismo y autonomismo, un tipo de Estado y de sociedad que encuentre su unidad en la identidad ideológica y funcional de la clase política dirigente, y su diversidad en las distintas funciones que cada órgano social debe cumplir autónomamente para alcanzar sus fines.

- Es aquel Estado en que el poder está depositado en manos de una clase política dirigente, élite de la nación que destaca de las masas ejercitando su voluntad de poder y guiando a éstas con su ejemplo y acuación. Este Estado constará de diferentes asociaciones de bases federadas para alcanzar sus fines, es decir, la creación de un marco adecuado para el desarrollo del hombre y su libertad, enseñanza, economía………..

- La polémica entre centralismo y autonomismo desaparece: la unidad de la clase política dirigente hace que la nación permanezca unida, y esa misma unidad favorece la descentralización del Estado.

 

 

ESPAÑA

- Consideramos a España como realidad histórica forjada con el esfuerzo y la sangre de nuestros antepasados a través de los siglos. Creemos que España es una personalidad viva, es un legado que debemos transmitir a futuras generaciones.

- Reconocemos la extensa diversidad de la tierras de España, al mismo tiempo que proclamamos su unidad frente al actual sistema autonómico y frente al centralismo trasnochado.

- Afirmamos la total independencia de España: por la desmantelación de las bases americanas instaladas en nuestro territorio.Por nuestra desvinculación de la OTAN.

- Exigimos para España un puesto preeminente en los destinos de Europa y del mundo.

EL SISTEMA

- Nuestra lucha no va dirigida contra un partido ni contra un programa político concreto. Luchamos contra un sistema, el liberal - burgués, y su consecuencia: el comunismo.

Podemos ver cómo tanto el liberalismo como el comunismo son grados de un mismo mal.

- Rechazamos radicalmente el modo de vida burgués que lo único que busca es la comodidad y la seguridad. Contra el culto al bienestar económico y a la seguridad mediocre-burguesa, acción revolucionaria. El hombre como centro mismo de la historia.

- Frente a la moral burguesa de usura, afán de lucro, hedonismo y mediocridad, afirmamos la ética Nacional - Revolucionaria, activa, vital, superior, heroica, aventurera, combatiente.

Como consecuencia, rechazamos tanto el sufragio universal como el parlamentarismo y la partitocracia, derivaciones todos ellos del sistema liberal-burgués.



“No somos de derechas ni de izquierdas; pero si resulta absolutamente necesario situarnos en términos parlamentarios, repetimos que nos encontramos a medio camino entre la extrema-derecha y la extrema-izquierda, por detrás del presidente, dando la espalda a la asamblea”


Arnaud Dandieu







JUVENTUD

- Consideramos que la juventud es la única fuerza capaz de acabar con el Sistema. El sistema es consciente de esto, y de ahí su interés en neutralizar a la juventud mediante el consumismo.



Los jóvenes actualmente son una máquina de consumir que engulle todo lo que se pone a su alcance: moda, rock, informatismo, video manía, drogas, sexo … Gracias a todo esto, el sistema consigue tener conforme a la juventud, anulando su espíritu que por naturaleza es rebelde, contestatario y revolucionario.



- Nosotros los Nacional - Revolucionarios, reivindicamos una juventud sana tanto físico como moralmente. Una juventud contestataria y combatiente, con una metas superiores, capaz de rebelarse contra un sistema que trata de neutralizarla y estrangular sus inquietudes.

- Por un Hombre nuevo: antiburgués porque desprecia la vida cómoda, porque reclama la unión esencial entre la vida y el riesgo, porque exige todo de sí mismo, porque mantiene una concepción superior de la vida, anti-igualitaria y heroica.

- Como rechazo a la nivelación, propugnamos una nueva aristocracia, una ética del Honor. Contra el conformismo de la juventud, afirmamos que la juventud, por si misma, es inconformismo, sacrificio, audacia, disidencia, rebeldía.







VANGUARDIA NACIONAL REVOLUCIONARIA Julio de 1988